Fic
Cajita de Amor
Capítulo 10
La familia
En Lakewood, dos camionetas llegaban agotados por el viaje, pero un pequeño, brincaba con renovada energía, haciendo sonreír a Rose, quien meditaba al haber pensado que su padre no le permitiría viajar con su hijo, Anthony.
"- El será mi hijo Rose, no te preocupes, es un Andrew, no se parece a Eugenio. Tienes que amarlo, hija. Es tu bebe, pero… comprende, eres soltera y… deseo solo lo mejor para ti, no quiero que tu vida se vea truncada por un hijo, pues el pequeño no tiene la culpa de nada, si lo ves…
- ¡No quiero verlo!, ¡no quiero verlo!, ¡no puedo verlo!…
- Mi amor, te juro que se parece a ti y a tu hermano. Si tu madre estuviera aquí, las cosas serían distintas, pero…
- ¡Llévatelo! No lo quiero ver…
Su padre con violencia y desesperación le alzaba la voz, notándose que ya estaba enfadado, pues si él pudiera librar a su hija de la responsabilidad, lo haría, pero jamás lo mandaría a un orfelinato, no sabiendo que su madre había sido abandonada en un lugar así.
- ¡Es un Andrew! No lo vas a rechazar, ¡Oíste! Es mío y no permitiré que lo rechaces.
Durante meses, fue amamantado por una nodriza en Lakewood, no quería que nadie supiera que había nacido, Anthony. Sus abuelos, cuidaron del pequeño por esos meses, aun con toda la tragedia que Rose había pasado, ellos se mantuvieron ecuánimes y serenos, hasta que su hijo tomaba la decisión de volver a casa, el pequeño ya tenía un año cuando regresaba a Escocia y ahora Rose, no tenía más remedio que verlo y cuidar de él, al no contar con su abuelita Candy para que lo vigilara. Sin querer, el pequeño mostraba un parecido a su abuelo William Anthony, mucho más que a su hermano o a su bisabuelo Albert.
Los años que cumplía, ella como hermana mayor, al no estar su madre al comienzo se trataba de un hermanito, pero verlo sonreír, sus logros y sus avances, hicieron sacar a la madre que era y que escondía de manera celosa, ante todos."
Hoy verlo de nuevo en Lakewood, la hacía recordar que ahí había nacido su pequeño, sería y mirando a su abuela, comentaba
- Podrías darme la habitación que está cerca de las rosas.
- Por supuesto, mi amor. Nadie más la ha usado, solo tú, ahí estarás bien, es muy fresca y huele delicioso.
- No me gusta molestarlos, sé que está a un lado de la de ustedes, pero…
- ¡Oh no! Nunca has sido molestia, hija. Para mí es muy bello tenerte cerca, y a mi nietecito también.
- Tu bisnieto, abuela.
- Si hija, pero que más da, es nuestro ¿Verdad?
- Si, Abuela. Es nuestro.
- Cuando se fue, sentí que los años me caían encima, pero verlo correr, me hace sacar energías y añorar que aunque ya nada es igual y… las rosas no florecen tan bello como antes, verlo a él aquí… es olvidarme de todo lo demás.
- Si. Sabes, Abuela… aquí me siento en casa, mucho mejor que allá. Ahora me siento madre de mi hijo, mientras que cuando estaba allá, era como… tener que fingir todo el tiempo ser la hermana de él.
- Hija, tu puedes hacer lo que desees. Aquí hay negocios de tu padre, los cuales administra George y puedes trabajar y ocuparte, tu abuelo puede ayudarte a que, vuelvas a desarrollar tus dotes administrativos, tu pequeño estará muy bien aquí, veras que nada le faltará.
- No quería darte más trabajo, abuela.
- No lo haces. Pero me gustaría llevarlo a clases, con otros niños, así como es aquí, rodeado de pequeños que te hacen comprender de distintas maneras como el ser humano, puede desenvolverse, para sopesar los caracteres distintos que tienen quienes nos rodean.
- Creo que tienes razón. Lo hemos sobre protegido demasiado, si lo deseas, solo hablémoslo con el Abuelo y que nos dé su opinión.
- Creo que le gustará mucho. Sobre todo que vayamos juntos por él. Así podremos caminar y traerlo.
- Es mucha distancia, porque no, en el transporte escolar.
- Paso a paso, hija. El transporte se lleva mucho tiempo de calidad, que podemos gozar tu abuelo y yo con el niño.
- Como quieras, Abuela.
En Escocia, en la entrada de la mansión, varios hombres se apilaban al ver a Eugenio sosteniendo algo que unos no comprendían y analizaban, mientras Albert y su padre, solo buscaban una forma de cobrar su osadía. Marie que se mantenía tras la muralla que habían formado sus hijos y sus sobrinos, escuchaba atenta.
- Tienes la desvergüenza de presentarte de nuevo en mi hogar. Con una mirada filosa lo retaba William Anthony, al ver que ya era un hombre bastante fuerte y no un haragán delgado como lo era años atrás.
- Vine por Rose, me entere que tenemos un hijo y… Albert hizo una sonrisa de lado expresando burla y solo agregaba
- ¡Estúpido! ¿De dónde sacaste esa idea? Mi hermana jamás ha tenido hijos.
- Me lo estas ocultando, ¡cuñadito!
En dos zancadas Albert al escuchar la burla con la que le decía cuñado, se fue directo a los golpes, haciendo que todo se perdiera ahí, la sensatez y la cordura se fueron de lado. Eugenio estaba solo, no traía guardias, ya que no los habían dejado entrar desde los portones principales, los hombres que estaban ahí, no entraban en la disputa, solo los dejaban defenderse.
Cuando Eugenio había abusado de su hermana, Albert estaba fuera del país, siempre había guardado un inmenso coraje, al no haber estado en casa para defender a su hermana, hoy, al no entrar directo su padre a la defensa, dejaban que los ánimos se terminaran por expresar.
Archivald y Stear, tenían las quijadas intrincadas, al ver al hombre ese reclamando un hijo. Pero Tom y Terry, solo veían como se desfogaban a los golpes y como ambos hombres se daban con toda la fuerza, aun sin meterse ningún guardia, pues William, levantaba los brazos para que nadie interviniera.
Mientras tanto, desde el ventanal, Candy y su abuelo Terry, observaban detalladamente todo, abrazados al ver que habían llegado a los golpes y que nadie los detenía
- ¡Abuelo! ¡No!
- ¡Espera! No está solo, deja que pase lo que tiene que pasar. Creo que le hacía falta a ese hombre, encontrarse con alguien de su medida, vaya, parece que Albert tiene un nieto bien entrenado.
- ¡Abuelo!
- Te había contado que… en mi juventud, darse unos buenos golpes, ayudaba a refrescar las ideas.
- ¡Por Dios! ¡Abuelo!
- Solo espera, que padre en su sano juicio, deja a su hijo darle una buena tunda a un visitante. Parece que ese hombre vino a provocarlo, así que es bueno que se tope con lo que necesita, hija.
- Pero… ¡Que absurdo!
- Mira, se defiende bien. Me recuerda a su abuelo, así de alto y bueno para los golpes, ¡eh!
- Tengo que ir.
- ¡No! Candy, no te metas en esa discusión, si estás ahí, podrías distraerlo, desde aquí, nadie nos ve, y estamos en palco de honor. ¡Tranquila hija! Mira están ahí los guardias, parece que, su propio padre, lo está permitiendo.
- No me parece correcto.
- Quien dice que es correcto, entrar a la fuerza a un hogar y gritar tonterías.
Después de varios golpes, Eugenio ya sangraba, los golpes fueron bastante fuertes y aunque acertaba a defenderse y Albert había recibido algunos buenos ganchos, parecía que lo alentaba a darle aun más fuerte y al recibir un solo golpe, se le devolvían con mayor intensidad, dejándolo en el suelo. Al finalizar y ver que Eugenio ya no se defendía, Albert se alejaba dándole la espalda.
- Lo veremos legalmente. Dijo de forma apenas audible, Eugenio. Albert giraba y con una sonrisa de suficiencia le respondía.
- Has lo que quieras, no hay nada que puedas reclamar, pero si mucho que puedas perder y de eso me hare cargo. Si te enfrenté, es porque no estuve aquí antes. Pero me da igual lo que hagas, si acabé contigo con los puños, acabaré contigo, si intentas afectar a cualquier miembro de mi familia.
- Mi hijo, debe tener seis años. Tu madre había muerto, cuando tu padre registró un hijo. Eso nadie se lo creerá. Esta vez no estaré solo. Marie salía por un costado abrazaba a William y comentaba,
- El cree que nuestro hijo, ¿es de Ross?
La cara de asombro de Eugenio, al ver a una mujer sin conocerla, diciendo que tenía un hijo de William, el padre de Ross, dejaba sin palabras a Eugenio, quien los golpes del rostro, lo hacían ver extraño, al expresar su sorpresa.
Pero en el otro costado cuatro hombres, miraban a Marie, incrédulos. Terry, Tom, Archie y Stear. Pensaban la frase dicha. Eugenio, se levantaba del suelo y comentaba,
- ¿Es usted, su mujer?
- Si, desde hace tiempo tenemos un hijo, se llama Anthony, como mi esposo. Y… tiene seis años.
Golpeado y pensativo, caminaba el kilometro de ingreso desde la mansión a los portones principales. Vigilado por todos, quienes algunos giraban a buscar la mirada de Marie, para ver una explicación, Pues Tom y Terry, no consideraban esa mentira oportuna. Sino más bien, salvadora. Tom se acercaba a ella y agregaba,
- Mamá, nos iremos mañana con el abuelo, no queremos problemas, tu sabes lo que esta sucediendo.
- Si hijo, solo un poco de justicia para Rosemary, y un leve descanso para una familia que requería una madre.
- Pero…
- Pero nada, hijo. Cuando me case con William, temía que tu abuelo me los quitará, que viniera por ustedes y que no los dejara salir de Inglaterra, al ir para allá. Cuando llegamos, tu abuelo estaba aquí y mis temores se difuminaron, al ver como apreciaba a la familia a la que yo había pedido apoyo. Hoy simplemente, William y yo vimos en el aeropuerto a ese hombre, el que abuso de su hija, cuando eran novios, violándola en contra de su voluntad, dejándola sumergida en una tristeza e inseguridad. Es ahora tu hermana, Tom.
Viendo hacia Terry, que estaba en su habitación, escuchando a su madre y a su hermano, ella agregaba,
- Estará mejor Candy, con ustedes. Nadie en su sano juicio perjudicaría a mi hija, teniendo un par de hermanos tan cerca y un abuelo tan deseoso de protegerlos. Terry con una tristeza en la mirada le respondía,
- ¿Y tu madre? Ya no estarás con nosotros.
- Siempre estaré con ustedes, la comunicación es inmejorable, y algún día harán sus vidas y tomaran sus caminos, pero… William me dio una oportunidad para ayudarme y al hacerlo, termine en una oportunidad, de hacerlo igual. Si lo analizas, tu padre me dejo hace muchos años, nadie podría negar que Anthony, no es hijo mío. Y Rosemary, se lo llevó con sus abuelos, por orden de su padre. Que mejor protección para ella que estar en el lugar menos imaginado por Eugenio.
- Mamá, siempre pensando en los demás.
- Hijo, tu abuelo ha estado solo por mucho tiempo, es justo que estén un tiempo con él. Candy, esta molesta por mi matrimonio, no me lo dice, pero al igual que tu, no están contentos con esto que yo acepte.
- No es eso, mamá. Negaba Terry mintiendo, cuando era real lo que ella decía, pero ella lo rebatía de inmediato.
- ¿Me vas a mentir, hijo? ¿A mí?
- Candy está enamorada de tu hijastro. Es mejor que estén lejos.
- ¡Dios! No lo pensé, yo…
- En Inglaterra ella estará bien.
- Me iré a hablar con ella. Tom la detenía y agregaba,
- No te preocupes, la descubrí con él ayer. Parece que no les importa su matrimonio, ellos siguieron su relación.
- ¿Qué?
- Parece que ellos tenían una relación y tampoco nos informó. Tal como usted, al casarse.
- Lo siento. Las cosas se dieron y… Terry la abrazaba y agregaba,
- Ya es adulta e hiciste bien, te ves feliz y… hasta me siento mejor, saberte protegida aquí.
Candy curaba con cuidados a Albert, quien tenía algunos golpes y ella, se lamentaba y molesta reclamaba, haberse ido a los golpes, pero el solo notaba como sus delicadas manos, untaban un poco de crema, en los supuestos dolores que el manifestaba.
- ¿Te duele aquí?
- ¡Oh, sí!
- No debiste dejarte llevar, como si con eso se solucionaran las cosas.
- No se solucionan, pero se siente muy bien. Sonreía al sentir las caricias suaves. Cuando ya terminaba, hacía un mohín por molestia, y el aprovechando que estaban a solas, le tomaba la barbilla y le daba un beso, al darle las gracias por sus atenciones.
- Al menos te tengo para mí solito, antes de que te vayas.
- ¿Iras a verme?
- Todo el tiempo, tengo una casa allá. Veras que saldremos a pasear y… buscaré estar cerca de ti, cada que tengas vacaciones. Buscaré que coincidan mis descansos. Ella sonreía y de manera efusiva lo abrazaba, lastimándolo sin querer y escuchando una pequeña queja del paciente adolorido
- ¡Lo siento!
- Yo también.
Albert, le tomaba de nuevo el mentón y ella le abrazaba del cuello de manera delicada, haciendo de ese beso, algo más elevado de tono.
Si no lo leo, no lo creo, bien dicen que la paciencia es una virtud, pero este fic, ya requiere mas que paciencia, tolerancia, amor y sobre todo... desenlaces y final
Deseando poder hacerlo lo antes posible... aquí un capitulo màs de esta bella historia, deseando sea de su agrado y que pronto le demos un final.
Gracias por no olvidarse de este bello fic.
Un abrazo a la distancia
Mayra Exitosa
