Gäel miraba duramente a su hermana, alternándolo con un estudio receloso a los otros dos individuos. Uno estaba dispuesto a saltar de un momento a otro, y el otro... El otro parecía tener problemas con la justicia. Éste último saludó haciendo tintinear sus grilletes.

- Disculpa que no me levante para cumplir con formalidades. Pero prefiero quedarme aquí sentado mientras decidís qué hacer. – Expuso el pelinegro.

El lican frunció el ceño ante el comentario del extraño sujeto y volvió toda su atención hacia Irya con una mirada dura como el acero.

- Son extranjeros. Ninguno de ellos es bien recibido en estos tiempos de guerra y lo sabes.

Thor, imprudentemente, dio un paso hacia ellos, mediador, a punto de decir algo. Pero los hombres a su mando pronto enseñaron sus dientes, amenazadores y en guardia. Así que el dios del Trueno se lo pensó mejor y retrocedió.

Irya tragó saliva, se sentía completamente anulada, incapaz de defenderse desde su destierro.

- Vienen exactamente por eso, Gäel. Si nos dejas proseguir nuestro camino, te juro que la guerra acabará.

No le convenció. El líder hizo otro movimiento y cuatro de sus hombres fueron a retener a Thor. Los tres primeros se los sacó con empujones fieros de encima, consternado.

- ¡Venimos en son de paz! ¿No escucháis? ¡Quitadme las manos de encima! – Gruñó.

Loki rotaba los ojos ante el nuevo espectáculo, entendiendo que si ya se habían desviado suficientemente del camino, ahora lo harían más aún. No llegarían a su destino ni en esta vida ni en la siguiente. Cuando consiguieron reducir al grandullón, arrastraron a Loki hasta ponerlo en pie.

- ¿Es que no voy a poder descansar ni un maldito momento?- Farfulló sin ganas siquiera de asesinar a quienes interrumpían su recuperación.

- ¡Maldita sea, Gäel! ¡Te estoy diciendo la pura verdad, déjales!- Espetó Irya, atónita a lo que ocurría a su alrededor. Pero no tardó en pasar al enfado, empujando a su hermano.- Si haces esto por lo que pasó entre nosotros... - Apretó los labios – Te pido que nos escuches al menos.

Gäel hizo otro gesto y también la inmovilizaron a ella.

- No te atrevas a agredir a tu líder una sola vez más. Recuerda cuál es tu lugar - Se ahorró llamarla hermana y miró a los otros dos.- Ahora hay una nueva ley por aquí.

Primero reducir y luego preguntar. Os llevaremos a un lugar apartado y allí buscaremos respuestas. Si no tenéis nada que ocultar, seréis liberados. Pero si sois el enemigo... recordareis este día.

Y dio media vuelta, tomando la marcha y alejándose del río. Los demás los siguieron y Loki se quedó con la duda.

- ¿Con qué lo recordaremos se refiere a que nos dejará con vida?

Irya intentó quitarse de encima al par de hombres que la sujetaban, aunque era inútil.

- ¿Ahora ni tan siquiera soy tu hermana? - Le miraba incrédula, dolida y furiosa a la vez. El bruto de su hermano siempre había tenido la mente demasiado cerrada.

Thor se giró hacia su hermano, aún forcejeando un poco entre empujones.

- Cállate Loki... - Estaba enfadado, y mucho. Con su martillo, nada de aquello hubiera pasado.

Irya atendió a la conversación al no recibir respuesta alguna de Gäel e intentó girarse mientras caminaban con dificultad.

- Tranquilos... lograré convencerle.- Tragó saliva, susurrando para sí - Espero.

Aún agotado, Loki siguió la marcha a empujones y llegó a la conclusión de que su descanso debería volver a esperar. Tendría que encargarse de sacarlos de otro aprieto más, por mucho que Irya les alentase. Total, solo había estado a punto de morir, ¿para qué recuperarse de nada? Por suerte para él, no tardaron en llegar al campamento improvisado de la tribu.

Había tiendas construidas con los mismos materiales primarios con los que parecían vivir en el día a día, como auténticos salvajes.

Gäel los hizo parar cuando todo el mundo pudo verlos llegar.

- Llevar a esos dos a la jaula. Irya que se quede conmigo. – Ordenó a sus hombres.

Irya frenó al llegar al campamento, tomando aire. Lo que había sido una aldea agradable y próspera, se había convertido en un maltrecho conjunto de tiendas improvisadas. No pudo evitar que se le hiciera un nudo en el estómago. Se giró para mirar a los dos hermanos, intentando influirles tranquilidad. Su hermano no les haría daño... De momento.

Un niño castaño, vestido con un pequeño taparrabos y un chaleco de piel, corrió hasta Gäel, no tendría más de ocho años.

- ¡Padre!

Ella bajó la mirada al niño. La última vez que lo vio, apenas era un bebé.

- ¿Rickon? – Los ojos de la rubia parecieron tornarse vidriosos.

Gäel lo saludó con una amplia sonrisa, despeluchándole cuando se le abrazó a la cintura.

- Sí, es Rickon. Ha crecido fuerte y sano, librándolo como pude de la desolación. Pero no pude estar ahí para todos...- Murmuró de pronto afligido, recuperándose en cuanto dirigió otra mirada a Irya, ya libre. - ¿Y tú? ¿Dónde estuviste tú? ¿Compartiendo cama con el enemigo?

Loki observó la escena mientras los arrastraban lejos de allí, encontrándose pronto rodeado de fuertes maderas que hacían de barrotes para una celda hundida en el barro.

Irya fulminó con la mirada a su hermano, cruzándose de brazos con algo de frío, aun empapada por las aguas del río.

- Me conoces muy poco si piensas eso... Y siento lo de... Yuria - No estaba segura de que se refiriera la hembra de su hermano, pero lo suponía - Para tu información, los asgardianos me llevaron con ellos. Pero te aseguro que no fue por voluntad propia.

Rickon miró curioso a su tía, sin saber quién era, pero tampoco le interesaba tanto. Cuando uno de sus amigos gritó llamándole, él crío salió corriendo a jugar.

Irya lo siguió con la mirada, afligida, no lo había visto crecer.

- Me recuerda a ti...

Thor, mientras, golpeaba con fuerza uno de los barrotes, enfurecido.

- ¡Esto no puede estar pasando!

Loki observó impasible a su hermano y acabó sentándose en un rincón. Ya estaba empapado, ¿qué más daba algo más de barro?

- Pensándolo bien... Voy a descansar un rato. Si puedes parar de maltratar la jaula, mucho mejor, no quiero ser sepultado por una pira de troncos. Gracias. – espetó.

- Una maldita jaula de madera... ¡Si tuviera aquí mi Mjölnir...! - Thor gruñó terminando por sentarse, no se resignaba.

Gäel clavó su mirada en ella después de que el niño marchase, habiendo escuchado bien.

- ¿Asgardianos? ¿Estás diciendo que esos dos son los mismos que invadieron y masacraron nuestras tierras? – El lican no podía creer lo que estaba escuchando.

Irya se mordió el labio, era una completa bocazas.

- No... Quiero decir, sí. A ver... Es complicado. En realidad, técnicamente los dos son traidores a Asgard, ¿sabes? Están aquí sin que el jefe lo sepa... Claro, traidores, mira al moreno. ¿Por qué sino iba a llevar grilletes? - Se encogió de hombros, nerviosa - Oye... Escucha, vienen a terminar con la guerra. ¿Comprendes?

Gäel la escrutaba con la mirada sin saber qué creer. Fuese como fuese, su mentalidad se había reducido a acabar con todo habitante de aquel odioso mundo, fuese o no responsable directo de la guerra.

- ¿Y qué piensan hacer ellos para arreglar esto? ¿Resucitar a todos los inocentes muertos injustamente? ¿Pueden hacer eso? ¿Devolverme a mi mujer? - Esta vez hablaba desde el odio, echando una mirada furibunda por la dirección en la que habían desaparecido aquellos dos. - Aléjate de ellos, Irya, o terminarás compartiendo su mismo hoyo. - Sentenció antes de darle la espalda para marchar a su contienda.

Irya le siguió con un gruñido casi animal. No tardó en plantarse delante de él, frenándole.

- ¡Espera maldita bestia! ¡Escúchame! Si esos asgardianos consiguen el Okur se largarán, ya no habrá más guerra ni más muertos, ¿entiendes? Esa piedra a nosotros sólo nos da dolores de cabeza, nos descontrola, nos quita nuestra magia... Que se la lleven, da igual.

Gäel frenó sin más alternativa, mirándola con desconfianza, recordando lo inestable que era su furia.

- ¿Y tú que sabrás? Vuelve a tu exilio, dónde debes estar, que yo me encargaré de lo que nos conviene al resto.- La apartó de un empujón y siguió hablando en voz alta para que le escuchase.- Además, ¿quién te dice que nosotros no andamos buscando lo mismo? ¡Esa piedra nos dará la victoria absoluta!

Irya intentó frenarle de nuevo. Ahora tenía sus músculos tensos y sus colmillos extendidos, se estaba enfadado de verdad.

- ¡Nunca podrás con Asgard, nunca! ¡Si les das el Okur evitarás miles de muertes! ¡¿Es que no lo entiendes?!

Gäel le rugió como respuesta, mostrando los suyos propios, más grandes y amenazantes.

- ¿Y las otras miles de muertes? ¡Esto no terminará sin devolverles todo el dolor que han causado! ¡No descansaré hasta verlos muertos a todos!

Irya no vio venir que alguien se había adelantado desde atrás, dándole un fuerte golpe en la cabeza antes de que su transformación pudiese ir a más.

Irya iba a contestarle, cuando sintió el golpe y, con un quejido seco, cayó de bruces al suelo, inconsciente.

Gäel se calmó al verla en el suelo y ordenó a su hombre transportarla hasta la misma celda que los otros dos.

- Vigílala, que no escape.

En la jaula, Loki suspiró y apoyó la frente en un tronco, resignado a escuchar los gruñidos incesantes de Thor. Desde luego era mucho pedir que le dejara descansar. En esas que bajó la mirada y tuvo que verlo dos veces para creerlo: Sus dedos eran azules. Alarmado, los ocultó rápidamente. Lo que le faltaba, que el Okur hiciese mella también en él.

Thor se giró extrañado hacia su hermano, dejando de gruñir por unos instantes, alzando una ceja.

- ¿Y a ti qué te pasa? ¿A qué viene esa cara? – preguntó secamente.

Loki volvió rápidamente la mirada a Thor, sorprendido de que ahora le atendiese a él.

- ¿Porqué no te metes en tus propios asuntos? Sigue quejándote, vamos, que eso nos ayudará de mucho.

Thor se incorporó levemente, sin fiarse.

- ¡Te he preguntado que qué te pasa! - Estaba enfadado y eso de que su hermano le ocultase cosas no le gustaba en absoluto. Cogió con fuerza su brazo, instándole a que le mostrase las manos.

Loki miraba incrédulo a su hermano, sin entender a qué venía tanto escándalo, y cuando le obligó a mostrar sus manos, le arreó un codazo en el estómago, temiendo de él.

- ¡Aléjate de mí, idiota! ¡¿Qué cojones pasa contigo?!

Thor apenas se quejó por el golpe, pero sí le hizo recuperar la compostura y quedarse quieto, estar sin el martillo comenzaba a poder con él. Alzó sus ojos y vio a uno de esos hombres cargando el cuerpo de Irya. Se tensó, incorporándose con un nuevo gruñido de furia.

- ¡¿Qué le habéis hecho, malditos salvajes?!

Loki tragó saliva e intentó calmarse cuando Thor se centró en el bulto que traían hasta allí. Cuando reconoció a Irya, se inclinó para verla mejor. Dos hombres entraron con lanzas obligando a retroceder a la fiera que estaba hecha Thor mientras el otro la dejaba allí dentro.

- Cálmate o te calmaremos, bastardo.- Le amenazó uno antes de salir aprisa y cerrar tras ellos.

El moreno ya estaba junto a ella, encontrando el golpe.

- Se recuperará.

Thor les contestó golpeando la jaula de nuevo, enfurecido, para terminar volviendo a sentarse.

- ¿De verdad ese hombre es su hermano? ¿Cómo puede hacerle esto? ¿Encerrarla como a una delinc...? - Se aclaró la garganta, nervioso, cambiando de tema y quitándose su propia capa, echándosela por encima a la muchacha - Será mejor que la abriguemos un poco.

Loki arqueó una ceja ante su insinuación y por suerte el rubio supo callar a tiempo. Cogió la capa y la arropó mejor y, en esas, recordó que estaba mostrando sus dedos aún de color jotun. Miró a Thor y lo encontró con los ojos clavados en ellos, demasiado tarde. Suspiró cansado y volvió a sentarse con la espalda pegada a los barrotes.

- El Okur nos cambia a todos. No solo absorbe energía, sino que potencia nuestra verdadera naturaleza. Sacará a la luz lo peor de cada uno, como es el caso de mis orígenes.

Thor parpadeó un par de veces al ver los dedos de su hermano. Azul... No se acostumbraba a verlo así. Tragó saliva, mirando entonces de nuevo a Irya. Prefería no tocar el tema de su color de piel, quería mantener esa paz relativa.

- ¿Eso significa que Irya tampoco podrá controlarse? – preguntó el rubio.

Loki lo miró de reojo, sabiendo que no quería conocer la reacción de Thor si lo veía con aspecto jotun, por muy buenas palabras que le dedicase sobre la igualdad entre ambos respecto al tema. Sabía que no lo digeriría bien.

- Exacto. Puede que se convierta en ese monstruo enorme y nos despedace por el camino. Mi esperanza es que esa parte siga enamorada de mí. - Sonrió levemente al recordar a la gran loba. La echaba de menos. - Thor, hagan lo que hagan con nosotros, prométeme que no les dirás nada.

Thor tragó saliva disimuladamente. Como esa chica despertara y se transformase, estaban los dos muertos. Aún la recordaba despedazando a guardias asgardianos en la aldea. Pero las palabras de su hermano le hicieron salir de su ensimismamiento.

- ¿De qué estás hablando? ¿De... lo tuyo? - Sonrió algo forzado, alzando una ceja - ¿Y por qué? Seguro que le tienen más cariño a tu raza que a la mía.

Loki puso los ojos en blanco. A aquel patán había que explicárselo todo.

- No, idiota, me refiero a nuestros planes. A todo. Si empezamos a responder a sus interrogatorios, cuando ya no les interese saber nada más, nos matarán sin dudarlo. Hay que mantenerlos entretenidos hasta que se nos ocurra cómo salir de aquí.

Thor frunció ligeramente el ceño ante el insulto.

- Sabes que soy perfectamente capaz de aguantar cualquier tortura... - Hinchó el pecho, orgulloso - No diré ni palabra, pero... - Desvió la mirada hacia la chica. Se la veía tan delicada, tan débil - ¿Y ella? ¿Crees que ya habrá dicho algo?

Loki observó a Irya, sin habérselo preguntado antes. ¿Sería capaz de contar algo sobre ellos? Al momento recordó lo ingenua e idealista que podía llegar ser y suspiró resignado, ya sabiendo la respuesta.

- Que Odín nos guarde de la muerte... – susurró, sin pensar.

Thor, pese al momento, no pudo evitar reír al escucharle.

- No creo que padre atienda mucho a tus oraciones... - Tomó aire, ahora serio, mirando a su alrededor - Ese Gäel no piensa con claridad. Quizá sea ese pedrusco u otra cosa... Pero está cegado por el odio que nos tiene, se lo he notado. Si seguimos aquí, acabaremos muertos. Y de una manera muy poco agradable. Tenemos que inventarnos algo.

Loki ya tenía trazados sus propios planes, pero obviamente, no pensaba compartirlos con el grandullón temerario, o lo echaría todo a perder. Sólo tuvieron que esperar hasta el anochecer para enfrentarse a lo que les tenían preparado.

Los sacaron de la jaula, despertando de malos modos a Irya, y los llevaron inmovilizados y a rastras hasta la gran hoguera que habían encendido, donde los guerreros los esperaban en círculo, quedando ellos en el centro.

Gäel apareció entre la multitud, observándoles unos largos segundos antes de preguntar a los hermanos.

- ¿Quien de los dos está dispuesto a hablar y salvar así su vida? – Preguntó decidido, para que todo su pueblo le escuchase.

Irya se despertó desubicada y con un tremendo dolor de cabeza. Cuando ya estaban frente a la hoguera, intentó dar un paso al frente y de nuevo hablar con su hermano, pero sólo sirvió para que uno de esos grandullones volviera a sujetarla.

Thor miró a Loki en silencio para luego clavar sus ojos azules en Gäel.

- Esto no es necesario... - Le miró de arriba a abajo, intentando ser lo más educado posible - Como te llames.

Gäel no contestó, solo pasó su mirada a Loki, esperando su respuesta.

- Opino igual que él. No hay nada que decir. - Sonrió falsamente.

El lobo asintió, pasando al plan B.

- Está bien. Vosotros lo habéis querido. Será por las malas. Jen, trae el hierro - Le pidió a un chico pegado a la hoguera que, al momento, le entregó con cuidado la vara de punta candente.

Loki echó una mirada a Thor, temiendo que todo se torciese.

- ¿Y bien? ¿Vais a hablar ahora o empezamos a marcaros como a bestias?

Irya sintió como se le revolvía el estómago, sin reconocer a su hermano.

- ¡¿Pero qué haces?! ¡¿Desde cuándo actúas así?! – preguntó incrédula y horrorizada a partes iguales.

La rubia intentó de nuevo caminar hacia él, pero volvieron a sujetarla. Su raza comenzaba a parecerse a los asgardianos… Y eso no le gustaba.

Thor bajó la mirada ante hierro candente, frunciendo el ceño.

- Oh, sí, desde luego. Podríamos hablar como líderes civilizados o comportarnos todos como animales, ¿Verdad? Es más... - Se encogió de hombros, mirando a Loki con una sonrisa irónica - Ni tan siquiera has preguntado nada, hermano de Irya.

Loki miró a Thor en plan "¿Eso es lo mejor que se te ocurre?", pero no podía culparlo. Aquella era una situación complicada y lo mejor sería tomar medidas drásticas con aquel sádico.

- Genial, ya tenemos ganador - Dijo Gäel, teniéndosela reservada al rubio que iba de héroe.

Obligaron al asgardiano a arrodillarse delante del líder y éste, sin más, marcó el cuello de Thor con un horrible sonido.

Odinson ni tan siquiera tuvo tiempo de reaccionar, pero tampoco gritó ante la quemazón. Sólo emitió un grave gruñido de dolor, tensando los músculos, tanto que los cuatro hombres que lo sujetaban tuvieron que hacer verdaderos esfuerzos para contenerle.

Loki se removió en su sitio, ahogando cualquier reacción delatadora, pues el lobo clavó rápido su mirada en él.

- ¿Sois asgardianos? Contesta.

Irya chilló al ver eso.

- ¡Te has vuelto completamente loco!

Loki miró un segundo a Irya con reproche por intervenir.

- ¿Y a ti qué te importa? – Respondió.

Gäel se acercó hasta Loki, amenazante, colocándole el hierro candente apenas a unos centímetros de su rostro, ignorando a su hermana por completo.

- Quitadle la coraza al rubio... Esta va a ser una noche muuuuuy larga.

Fue entonces cuando Irya perdió el control por completo. Con un rugido animal lanzó a uno de los hombres que la sujetaban por los aires y, en apenas un segundo, una enorme loba oscura se alzaba sobre el cuerpo inconsciente del otro. Miró a su alrededor con un gruñido, realmente enfadada. Acaban de despertar a la bestia, literalmente.

Loki había alzado el rostro con actitud retadora sin apartar la mirada de su captor, sin dejarse intimidar aunque el calor lo quemase tan cerca. Pero ambos perdieron rápido el contacto visual, alarmados por el monstruo que acababa de aparecer. El hechicero se echó a un lado y buscó con la mirada a Thor, mientras la gente ya corría en busca de armas o se transformaba en otras bestias igual o más grandes que Irya.

El primero en atacar a la enorme loba fue directo a su cuello. Irya aterrizó sobre el suelo, aplastada por el enorme lobo. Ésta rugió retorciéndose ante el mordisco, comenzando a sangrar, pero pronto lo apartó de un fuerte zarpazo. Se incorporó entre jadeos y dio con Loki, corriendo hacia él.

Thor había aprovechado para dejar K.O. a un par de hombres que lo sujetaban, terminando con los otros dos en pocos segundos. Nadie hería al hijo de Odín sin terminar pagándolo.

Rickon, que descansaba en la tienda familiar, salió al exterior ante el alboroto, asustado.

- ¿Padre? – Preguntó el niño, desorientado.

Loki vio venir a la lican tan embalada hacia él que retrocedió temiendo lo peor, terminando por caer de bruces, tropezando con a saber qué. Rápidamente buscó algo a su alrededor para defenderse, pero, siendo realistas, no había tiempo.

Irya frenó en cuanto llegó hasta él. Le observó unos segundos, posando sus ojos violeta en las esposas, sin entender. Fue entonces cuando se tumbó sobre su cuerpo, cubriéndole el rostro de lametones. Ella también le había echado de menos.

Loki parpadeó para asimilar que de nuevo se iba a salvar de lo que parecía una muerte segura. La loba aún le reconocía. Con un gemido al sentir todo su peso sobre él, intentó apartarla pero lo atacó a lametazos.

- ¡Para, para! ¡Maldito bicho! ¡Éste no es el mejor momento para eso! - Pero no lo decía de malas. Ya veía que el cariño era mutuo.

Thor se incorporó y vio a su hermano cubierto por esa enorme bestia. No dudó en saltar sobre ella y rodearle el cuello con sus fuertes brazos, intentando asfixiarla.

- ¡Corre! – Le gritó a su hermano.

Irya rugía zarandeándose, intentando defenderse.

Al ver aterrizar a su hermano sobre el enorme cuerpo del animal, Loki al fin pudo levantarse.

- No, Thor. ¡Para! ¡Ella no es el enemigo!

Al momento, otro enorme lobo arroyó a ambos y Loki se quedó allí en medio, sin saber qué hacer. Miró alrededor de aquel extraño caos y para su fortuna, sus ojos dieron a parar con el crío de Gäel. Con una sonrisa torcida creada por una nueva idea, fue directo a él.

Mientras, Irya y Thor aterrizaron apenas a unos metros. La loba se incorporó algo mareada y, al instante, de nuevo tenía a Gäel sobre ella. Su propio hermano era quien le había derribado. Éste rodeó el cuello de la hembra con sus potentes fauces, pero en ningún momento buscó hacerle daño, sólo presionaba, intentando controlarla. Parecía acostumbrado a hacerlo.

Thor se incorporó y miró a su alrededor entonces, buscando algún arma. Sin su martillo se sentía desnudo.

- Hola, pequeño.- saludó Loki a Rickon con un tono perverso cuando estuvo a pocos pasos de él.- No tengas miedo, no voy a hacerte daño.- Aún con esa promesa, el niño no le creyó en absoluto, dando un dudoso paso atrás. Pero Loki no tardó en alcanzarlo e impedir que huyese, rodeándole con sus propias cadenas, pegándole la espalda a su propio cuerpo y tensando los grilletes a la altura del fino cuello del crío. Luego se giró hacia el campo de batalla y rugió - ¡BASTA!

Todos se giraron hacia él o, al menos, los necesarios. Gäel vio así a su hijo y cualquier otro pensamiento desapareció de su mente. Rickon estaba en peligro. Soltó a su hermana y corrió a gruñir amenazante al prisionero, quedando a unos metros prudenciales.

- Ahora vas a escucharme. O mato al niño. ¿Irya? – Advirtió Loki, sonriendo fríamente.

La loba tosió, angustiada por la falta de aire. Tardó unos segundos en incorporarse, pero pronto corrió hacia Loki obedeciéndole, para sorpresa de todos.

Rickon observaba a su padre entre lágrimas, las cuales intentaba esconder, porque los hombres no lloraban.

- ¿Padre, qué está pasando? - habló debilmente entre el llanto que aguantaba y el miedo.

Thor se incorporó agotado y, pese a que ese niño significaba el pasaporte hacia su salvación, no podía tolerarlo.

- Loki... Por Odín, suéltalo.

Irya miró a su alrededor tensa, posando los ojos en su hermano, sin ser capaz de reconocerle. Si intentaba algo, saltaría sobre él.

Loki sonrió satisfecho, de nuevo al mando de la situación. Solo entonces destensó ligeramente la presión contra el niño, aún impidiéndole marchar.

- Thor, cállate. Ya has hablado suficiente. - Entonces se volvió hacia Gäel, con una sonrisa tan amable como fingida - Creo que no nos hemos presentado. Mi nombre es Loki, de Jotunheim, y quiero hacerte una suculenta propuesta. Sin muertes. - Miró un instante al niño - Y contigo como vencedor de la guerra. Te traeré el Okur con la condición de que nos dejes marchar. Podrás quedarte con el asgardiano como seguro, pero yo me llevo a tu hermana.

Thor escuchó sus palabras sin poder creérselo. Maldito traidor...

Gäel, que no despegaba sus enormes ojos del pequeño, bajó las orejas dubitativo. Por primera vez se le veía débil. Si su hijo moría, ya no le quedaba nada. Posó luego sus ojos en Irya. Estaba diferente, animal. En el fondo sabía que su verdadera hermana no tenía culpa de nada. Al fin, miró a Loki, intentando disimular todo ese cúmulo de sentimientos.

- ¿Y para qué quieres a mi hermana? - No, eso no le cuadraba. Y quería saber porqué.

Loki sonrió descarado, comentando con obviedad.

- Bueno, no creo que tú la quieras rondando por aquí. Visto que yo soy el único que consigue sacar lo mejor de ella, lo más recomendable es que me acompañe en mi viaje, ¿no crees? De un modo u otro, todo lo que hago te beneficiará a ti. Haz lo que quieras con el principito, pero a mi vuelta, lo quiero de una pieza. Tengo una cuenta que saldar y me gustaría que tú me ayudases a asegurar ese momento a mi vuelta. ¿Qué me dices?

Thor dio un paso hacia él. Se la había vuelto a jugar y, por un momento, había sido tan estúpido de creer en él.

- Te juro que cuando vuelvas te mataré...

Gäel lo mandó callar de un gruñido amenazador y, tras un gesto de cabeza, dos lobos comenzaron a acercarse a Thor, obligándole a retroceder. El rubio, completamente desarmado, no era tan estúpido de enfrentarse a ellos.

El líder de los lobos dio un paso hacia Loki y su hijo, a lo que Irya contestó con un pequeño gruñido, desconfiada.

- Trato hecho. Devuélveme a mi hijo.

Loki no se movió del sitio, sólo expuso sus manos ante él, aún con el niño allí.

- Libérame y lo liberarás a él - Señaló a Thor con un movimiento de cabeza - Las llaves las tiene él. Quítaselas. - Aún tenía el control y pensaba sacarle el mayor provecho.

Rickon sollozó débilmente llamando lastimero a su papá, a lo que Loki le susurró para animarle.

- Tranquilo pequeño, tu padre va a hacer lo debido para ponerte a salvo.

Thor estaba siendo guiado, sin tan siquiera tocarlo, de nuevo hacia la jaula. Gäel ordenó a uno de sus hombres que se acercara y el rubio, con los ojos clavados en su hermano, quitó las llaves de su cinto para ofrecérselas: No arriesgaría la vida de ese niño.

El hombre cogió las llaves y se acercó lentamente hacia Loki, temeroso de que hiciera alguna tontería con el hijo de su líder. Temblando, comenzó a intentar abrir las esposas, pero estas eran extrañas, complicadas para él.

Loki esperó empezando a impacientarse por la simpleza de aquellas gentes que en su vida habían tocado un cerrojo.

- Vamos, que no tengo todo el maldito día.

Al fin, el lican lo logró y el niño automáticamente salió corriendo hacia su padre.

Loki se miró las muñecas libres y magulladas, sintiendo el cosquilleo de la magia recorriéndole de nuevo de pies a cabeza, como un soplo de aire fresco. Apretó los puños y las heridas sanaron al momento. Con una sonrisa que daba miedo, sintiéndose poderoso después de tanto tiempo, volvió su mirada a Gäel.

- Es un trato, lican. Me volverás a ver dentro de muy poco.

Uno de los lobos se alzó a dos patas y, finalmente, empujó a Thor dentro de la celda, a lo que este contestó con un gruñido de furia.

Gäel se transformó al instante para abrazar a su hijo con fuerza, nunca había pasado tanto miedo como en ese momento. Posó los ojos en Loki, serio.

- Si no cumples tu palabra... Te juro que recorreré cada palmo de tierra hasta encontrarte - Posó los ojos en su hermana, la cual no dejaba de mirarlos, esperando órdenes de Loki. El líder bajó la mirada con un suspiro. La echaba demasiado de menos - ... Cuídala – Casi pareció suplicárselo.

Loki pensó que no podía estar más equivocado si creía que tus capacidades primitivas tenían algo que hacer de tener que encontrarlo de entre todos los rincones del universo. Si quería esconderse, nadie podría dar con él. Asintió burlón a su amenaza e hizo un gesto a Irya para partir.

- La cuidaré. Aunque tú no hayas sabido hacerlo en tu miserable vida.- Miró un momento al niño, como compadeciéndose de su suerte, y luego les dio a todos la espalda hasta perderse en la oscuridad de la noche, junto a la loba.


Antes de nada... ¡Sentimos la tardanza! Las dos hemos estado ocupadas y el poco tiempo que teníamos libres pues... No teníamos ganas de editar, jaja. ¡Pero ya hemos vuelto!

Esperamos que el tiempo que ha pasado sólo haya servido para alimentad vuestra sed de capítulos. Así que aquí tenéis el 10... Y prometemos que, a partir de ahora, seremos más puntuales.

Esperemos que os guste y seguimos agradeciendo cada review. ¡GRACIAS!

¡Un saludo!