Emmett POV
Dejé mis pensamientos aflorar libremente, por fin. Sin Edward en mi cabeza podía ahora pensar tranquilo en cómo matar al maldito con mis propias manos. Desde el momento en que lo vi llegar a la residencia, con aquella fingida timidez, inmediatamente supe que era él, y afortunadamente Edward no estaba en esos momentos en los alrededores para descubrir lo que pasaba por mi cabeza. Claro que conocía a Royce, pero mi ángel no lo sabía; me había dedicado a buscar toda información de él después de que ella me contó su trágica historia, hasta que di con periódicos de la época, y con la mismísima familia King, que aún lloraba la partida repentina y misteriosa de su heredero. Nunca se me cruzó por la mente el final repentino que su vida había tomado; verlo como vampiro, con ojos escarlata, tez blanca y más refinado a cómo se veía en las fotos de época, pero reconocible a mi retina. El rostro de Royce King II era uno que había decidido no olvidar, por diversos motivos, pero especialmente por uno: Conocer a la perfección al único hombre que tuvo el privilegio de verla sonreír todo el tiempo, y así también se dio la libertad de borrarla en una noche.
En décadas, las facciones de Royce siempre habían estado en mi memoria, no como algo constante, pero si presente. Estaba presente en cada mirada triste o perdida de mi ángel, cada vez que luego de hacer el amor con Rosalie le besaba tiernamente sus cabellos para acunarla en mis brazos, cómo lo merecía desde la primera vez. Cada vez que alguna noticia de similar violencia surgía en los periódicos y Rose pasaba una mala tarde perdida en sus recuerdos revividos. Royce siempre estuvo presente entre nosotros, de una u otra forma, y el hecho de que ella lo convirtiese en vampiro, en vez de matarlo, fue casi una suerte del destino a mi favor. Si el recuerdo de Royce estaba vivo, y él también en cierto modo, era mi oportunidad de terminar con ambos.
Todo fue dándose de forma fácil para mí, excepto cuando Edward llegó y tuve que controlar mis pensamientos, pero apenas él partía a otro lado, mis planes se construían solos en mi mente. Me entusiasmaba de sobremanera la idea de que él era un vampiro ahora, y me daría pelea.
Todo parecía declinar cuando se ponían de acuerdo en sacarme de casa, pero les seguí el juego, primero porque leían mi mente. Alice no me preocupaba, -ella seguramente había visto mis decisiones- pero como la conocía, sabía perfectamente que dejaría mi plan marchar a mi gusto. No así mis hermanos, quienes buscaban excusas poco constituidas, sin embargo pude salirme con éxito, y más del que esperaba. Sólo tenía perderme en el bosque, y en el trayecto enviarle el mensaje a Edward; cómo lo conocía, sabía que partiría a buscar a Bella en el instante que se enteró de un posible peligro, y sin duda pediría apoyo a Jasper, quien con su mentalidad de ejército no se negaría. Entonces tendría a Royce para mí solo. ¡La hora había llegado!
Nunca había sentido tanta adrenalina en… ¡décadas!
Las ansias de llegar luego a casa, en dónde Royce estaría si la suerte seguía de mi parte, se acrecentaban aún más, con cada paso que daba. Procuré tomar un desvío para no toparme con Edward y Jasper, y por supuesto, apagué el teléfono de Bella que aún tenía en mi poder. Me sorprendía a mí mismo en cómo planeaba todo tan rápido en mi cabeza, incluso con el poco tiempo que disponía y los riesgos que implicaba. Quería hacerlo solo, sin ayuda, ni aunque la necesitase; conocía mis capacidades, y a pesar de no poseer ningún don, mi fuerza era sin duda suficiente.
Al llegar a casa, sin dudarlo ni registrar, entré en el garaje, en donde estaba la cuerda que necesitaba. Único implemento externo que usaría, además de una caja de cerillos.
-¿Ryan? –Le llamé por su falso nombre en cuanto entré en la casa para cruzar hasta la terraza. Sentía su olor cerca, cómo lo había memorizado para el momento de encontrarlo.
Al llegar a la terraza, su aroma se profundizó. Colgué la cuerda enrollada en mi brazo derecho, a la altura del hombro, y caminé entre las sillas de mimbre, buscando a Royce con la mirada, atento a cada movimiento y sonido.
-Pensé que habían partido todos. –Lo escuché hablar con tranquilidad, desde el segundo piso. Miré desde la terraza y él saltó desde el balcón de mi habitación con Rosalie, directo al suelo. Llevaba en sus manos una prenda de mi ángel, la cual llevó a asquerosa nariz para olfatearla con gusto.
-Debo decir que me sorprendí. –Comencé a platicarle con tranquilidad, y cierto sarcasmo, sentándome en una de las sillas de mimbre de la terraza. –Nunca se me pasó por la mente que estuvieras… vivo. O cómo estés.
-Te recuerdo que somos lo mismo.
-No me compares contigo, basura. –Lo interrumpí, con tranquilidad en mis palabras a pesar del contenido. –Como iba diciendo, me bastaron segundos para reconocerte, y lo entretenido fue que ella no sabía que yo había buscado tu foto. ¡Ninguno de ellos sabía que yo te había reconocido! –Lancé una risa típica mía, alzando los brazos. –Pero finalmente, al verte sentado en mi living, mientras todos habían salido, me dediqué a planear éste momento, el de por fin tenerte frente a frente.
Alcé mi mirada para encontrarme con la suya directamente. Su expresión no infundía temor, sólo un cinismo puro y la ironía a flor de piel. La prenda de Rosalie seguía en sus manos, como un tesoro que había encontrado. Comenzaba a preguntarme desde cuando nos había seguido, y cuantas prendas más habían terminado en su poder.
-Voy a matarte, y ambos lo sabemos, -dije con naturalidad- pero acá no. Tengo un excelente lugar de pelea.
-Yo no quiero pelear contigo, payaso. –Se bufó.
-Oh, si quieres. –Le guiñé un ojo, levantándome de la silla y ordenándola como estaba, con todo cuidado. –No fuiste un hombre hace ocho décadas… Ésta es tu oportunidad de demostrar tu hombría, cobarde.
-Te recuerdo que sí demostré que soy bastante hombre. Ella te lo puede decir. –Me sonrió de lado, con ironía, alzando la prenda para olerla una vez más. Controlé mis impulsos como si el mismísimo Jasper estuviera allí.
-Eres tan poco hombre, que te aterra enfrentarte conmigo, por eso te has escondido todos éstos años. Por eso siempre has estado en la sombra… Porque sabes que en menos de cinco minutos serías cenizas. ¿O acaso no sabes cómo se mata a un vampiro? Te lo enseñaré, personalmente.
Fue suficiente palabrería para Royce, incluso para mí que ya comenzaba a perder los estribos, y terminaría de alguna forma destruyendo la mitad de la casa en la pelea, lo cual no quería que pasara. Esme había dedicado tiempo… ¡Y no sabía por qué carajos pensaba en cosas así en estos momentos!
-Bien, vamos. –Royce accedió, encogiéndose de hombros como si fuese un mero trámite.
Me bufé con ironía. La pelea se veía fácil para mí, desde el primer momento en que la planeé, pero si había algo que había aprendido con Jasper y sus estrategias de guerra era que no debía confiarme, por muy fácil que se viera el trabajo. Pensaba en ello caminando junto al tipo, con normalidad como si uno de los dos no fuese a morir en instantes. Aún así me mantuve alerta en todo momento, esperando que el cobarde me atacara cuando estuviese desprevenido, cómo era esperable. Pero no fue así, al menos a la hora de pelear, sí era un hombre.
Al llegar a la zona acordada, vigilé los alrededores con un rápido vistazo, sólo en caso de que mis hermanos estuvieran y me arruinaran la entretención, entrometiéndose en mi pelea. Pero estábamos solos.
Dejé la cuerda colgada de una rama, mientras que Royce se paraba al otro extremo del "campo de pelea", imitando mis movimientos y colgando la prenda de Rosalie en árbol. Intercambiamos una última mirada antes de alistarnos para atacar, sin previos avisos, sin marca de partida, simplemente al azar y la suerte del destino. Me moví, corrí, aún cuando él no lo hacía, pero seguí adelante, hasta detenerme en mitad del camino cegado por la visión de mi cabeza.
"Pasaré mañana a visitarte en el banco, querido." La visión de una Rosalie humana, de ojos azulados, risueña, se apoderó de mi mente, bloqueando todo pensamiento. Moví mi cabeza y restregué mis ojos para poder continuar el ataque, pero sólo alcancé a ver a Royce carcajeándose ante mí, en unos metros de distancia. Fue entonces que llegó la segunda visión a mi cabeza.
"Cuando nos casemos, seremos la pareja más admirada por todos los medios y sociedad." Su voz, más aniñada e inocente, acompañaba su imagen ingenua en un parque de Rochester, bajo un soleado día, pero su piel se mantenía blanca, sin los diamantes de ahora. Los ojos azules le brillaban de tal manera que creí verlos violeta en un instante, hasta que los cerró para reír un momento, tan naturalmente.
"Hoy iré a ver a Vera, una vieja amiga. Seguramente llegaré tarde a casa así que no creo." La visión cambió de lugar. Rosalie estaba en un lugar cerrado, y yo veía todo desde el punto de vista de alguien más. Royce.
-Ella prácticamente se entregó en bandeja. ¡Ella quería eso! –Royce habló, terminando las visiones en mi cabeza, dejándome algo aturdido por el confuso momento vivido.
-¡Cállate! –Encolerizado me lancé nuevamente al camino sin terminar, para poder matarlo de una vez, pero una nueva visión llegó a mi cabeza. Una que jamás quise ver ni siquiera por imaginación, una visión que cuando Rosalie me explicó a grandes rasgos, quise olvidar inmediatamente de mi memoria.
-¡Ella quería eso! ¡Ella lo disfrutó Emmett! ¿Por qué crees que luego me transformó? ¡Para buscarme! ¡Tú no eres nadie para ella! –Comenzó a gritar triunfante mientras me enviaba esas imágenes a mi cabeza que intentaba evadir. Grité, me tapé los oídos para dejar de oír su llanto, intenté tapar mis ojos pero las visiones estaban en mi cabeza.
Me concentré entonces en las mismas visiones, repasando las anteriores que Royce me obligaba a ver. De entre sus recuerdos me enfoqué en aquella imagen de Rosalie en el parque, sonriendo bajo la luz del sol, humana, ojos azules o violetas, risueña e inocente. Era como intentar ver un canal de televisión con mal tiempo. Las visiones actuales interferían, pero comencé a concentrarme más en ella, en su rostro humano, en ella, sólo en ella. En Rosalie… riendo.
A ciegas, o mejor dicho, nublado con un angelical rostro de una joven de la década 30', en un vestido crema, pude finalmente concentrarme en mi meta: Royce. Aventé mi cuerpo en contra del suyo, hasta que topamos con un árbol que amenazó con caerse. La imagen cesó, pero no el rostro del ángel que debía vengar. Ella seguía en mi cabeza, y por ella mis fuerzas se incrementaron, así también mi agilidad, hasta que en el forcejeo una mano fue desprendida del brazo. El grito desgarrador de Royce se hizo eco en el bosque, espantando a unas cuantas aves al paso.
Tenía la ventaja. Su mano fue a parar a un par de metros, a los pies de un árbol, en dónde le esperaría el resto del brazo que comenzaba a sacar con rapidez. Lo arranqué hasta el hombro, sin siquiera concentrarme en lo que me decía; palabras incoherentes y algunas bastante claras, pero me concentré en mi objetivo: El otro brazo.
A velocidad sobre-humana comencé a arrancar el otro brazo, con tanta naturalidad que se desprendió desde el codo en el primer forcejeo y presión. Dejé lo que quedaba del brazo en su cuerpo, ya que era imposible hacer algo con eso, y reuní los pedazos con los otros en la base de un árbol a dos metros.
Fui por las piernas. Costaron un poco más, ya que en un pequeño descuido el maldito logró morderme un brazo, y su ponzoña me afectó por un segundo. Recordé las cicatrices de guerra de Jasper y lo admiré por su valentía.
Luego de un arduo trabajo, las piernas de Royce fueron extraídas de su cuerpo, dejando el cuerpo desmembrado pero vivo. Mientras no sacara su cabeza, Royce aún tendría conciencia y sobre todo, dolor.
La cuerda tenía su propósito claro. Tomé el cuerpo de Royce, evitando sus mordidas, y lo trasladé a unos metros de donde había dejado las piernas y brazos, para comenzar a atarlo al tronco de un árbol, con una vista privilegiada. Intentó zafarse más de una vez, hasta que finalmente ocupé toda la cuerda en mantenerlo apegado. Asegurándome que no se saldría, y siempre con la imagen de mi muy humana Rosalie en la mente, me dirigí al primer montón de brazos, y prendí fuego. Royce gruñó, y yo me bufé una vez. Tomé entonces, las piernas y me dirigí al otro extremo de la vista periférica que tenía el vampiro desmembrado, para hacer lo mismo, hasta que las hogueras comenzaron a sacar su humo morado, junto con el aroma dulzón quemado.
Fui entonces hasta Royce, quien tenía una extraña mezcla de risa tétrica y sufrimiento. Intentó llenar mi cabeza de aquellas imágenes nuevamente, pero simplemente cerré mis ojos para verla solo a ella: Mi humana Rosalie.
El cerillo se prendió, entre los gritos y risas de mi ángel, mis recuerdos y los de él, juntos en mi cabeza, consumidos lentamente por el fuego que se propagó con facilidad en su cuerpo desmembrado. Las llamas se comportaban con rebeldía, alcanzándome a la poca distancia que había dejado, pero no me moví; no hasta que un par de pares de brazos me tomó con fuerza para inclinarme hacia atrás. Jasper se percató de la mordedura en mi brazo, y apoyó su mano en mi hombro de manera amistosa.
-Lo siento Emmett. –Bella rompió el silencio, acercándose a mí para rodear mi cuerpo con el suyo, tan pequeño en comparación. La dejé abrazarme pero no se lo devolví, y cuando finalizó, me fui a una roca a perderme en todos las imágenes que tenía en la cabeza en ese momento. En cómo Rosalie me había ocultado la verdad durante tanto tiempo. En cómo ocurrieron los sucesos aquella fría noche. Los gritos, sollozos, lágrimas. El rostro de un ángel sin risas.
Era todo tan confuso, pero había terminado. Lo había finiquitado, de la peor y más violenta forma, canalizando la ira y la cólera guardada por décadas, cumpliendo la venganza que nunca llevé a cabo.
-Emmett –La voz del ángel me llamó, no en mi mente ésta vez.
No alcé mi cabeza para encontrarme con ella, como siempre, pues tenía que borrar aquel recuerdo reciente para poder verla a la cara sin largarme a gritar sollozos de dolor sin lágrimas.
-Emmett perdó—
-Gracias. –La interrumpí, sin alzar la voz en absoluto, si no con suma tranquilidad. Tomé una bocanada de aire antes de poder levantarme de aquella roca y enfrentarme con sus ojos. Extrañé por un momento el azul violeta de la visión, pero el dorado me ofrecía eternidad y realidad. –Indirectamente me has hecho un favor enorme. Logré calmar mi ansia de venganza… -dirigí una rápida vista hacia las cenizas, rodeadas por mis tres hermanos – y de paso tuve un regalo inesperado.
Junté mi mano con la suya, entrelazando nuestros dedos para luego llevar la unión a su rostro fino y delicado, rozándolo con el mismo equivalente. Su expresión aún denotaba preocupación así que simplemente hice lo que mejor sabía hacer: Sonreír.
-Eras una hermosa…Realmente hermosa, humana. –Susurré sólo para nosotros, sin darle mayor explicación de cómo obtuve aquella información, y ella así lo prefirió también, asumiendo quizás algunas cosas. –Si te hubiera conocido así, seguramente me tendrías igual de bruto enamorado como ahora.
Logré, con éxito, una sutil sonrisa en su rostro, como aquella niña de mis visiones, que reía sin problemas, optimista ante la vida, sin recuerdos ni tormentos, sin pasado. Era mi Rosalie en su total humanidad; ochenta años después había retornado.
Esa tarde volvimos a casa, más humanos y unidos que nunca.
Fin.
NOTA AUTOR:
POR FIN TERMINÉ! Un review para saber si les ha gustado…Siempre es bien recibido! Abrazo chics!
NO OLVIDENAGREGARME AL FACEBOOK! (Entren a mi perfil de fanfiction para link).
Excepto:Esa persona que me agregó hace poco bajo el nombre de un Rp de Rosalie, y ella sabe muy bien quien es, y quien soy yo, así que señorita plagio, no me venga a agregar para seguir copiándome ideas, que ya bastante me copiaste cuando pertenecía al Role Player y LO SABES, por muy tonta que te hagas.
