Yuya: Me alegra saber que te gustó el cap, venía pensando en explicar un poco de su pasado desde hace rato, pero no encontraba el momento.
Disclaimer: Los personajes de las películas Frozen y Rise of the Guardians no me pertenecen, pertenecen a Disney y DreamWorks respectivamente.
La nieve se arremolinaba en su habitación, mientras la princesa de Arendelle se retorcía entre sueños, clamando por un auxilio que no llegaría. Tenía los ojos cerrados mientras todo a su alrededor se iba volviendo más y más frío. Algunos guardias habían intentado abrir la puerta, pero con la pared de hielo que se había formado encima, la tarea se tornaba un tanto imposible.
- ¡Alteza! ¿Se encuentra bien? - Exclamó uno de los guardias, haciendo que la joven despertara de golpe.
Echó una mirada alrededor, tratando de recuperar el aliento. A pesar de despertarse recién sentía que había pasado una semana en vela. Puso una de sus manos sobre su frente, sintiendo su propio sudor congelado. Aquel sueño había sido tan real, había sentido como una obscuridad viva recorría su propia piel, enterrándola en un mar de pesadillas, donde solo podía escuchar las voces de su familia pedir auxilio en medio de la tormenta que los sepultó en el mar.
- ¡Princesa Elsa! ¡Responda por favor! ¿Esta todo bien? - Volvió a preguntar el mismo guardia de antes, debatiéndose si era mejor escuchar a la joven gritar o el silencio absoluto.
La aludida levantó la cabeza, observando su entorno completamente congelado. El frío no le preocupaba, a pesar de estar con un camisón ligero se sentía bastante a gusto con la temperatura. Lo que sí le alteró fue el observar como toda la habitación estaba cubierta de hielo, más del habitual. Resopló largamente mientras vaciaba su mente, haciendo un movimiento con sus manos para, al menos, reducir la cantidad de hielo presente.
- Solo fue un sueño -. Respondió alterada la de Arendelle, repitiéndose tales palabras para convencerse a si misma -. Solo fue un sueño... Pueden... Pueden retirarse.
Los guardias intercambiaron miradas dudosas, el tono de la princesa no convencía ni al más despistado de todos. Pero cierto era que no podían abrir la puerta por vaya uno a saber qué. Todos suspiraron resignados, retirándose un poco mientras esperaban que descara un poco. La joven solía tener pesadillas más frecuente de lo que cualquier ser humano debería ser capaz de soportar, algunos lo adjudicaban al hecho de no tener más familia, haber tomado cargo de un reino a una temprana edad tras una tragedia, su constante soledad, y diferentes variables más, que hacían que aquellos que supieran de las pesadillas tuvieran un gran respeto por la joven. Nadie se mantendría cuerdo sufriendo noche si y noche también.
Por su parte, la princesa se levantó de su lecho, para luego dirigirse al balcón, donde sintió el viento helado recorrer cada parte de su cuerpo. El invierno estaba tan cerca que podía sentirlo, a pesar de que la situación de cualquier región se complicaba con el frío y las nevadas, a ella le tranquilizaba. Siempre le había agradado el frío, era parte de ella, y en el invierno sabía que no tenía nada que ver con su condición sino con el muy normal y natural cambio de las estaciones.
Se preguntó, como hiciera tantas otras veces, el cómo sería su vida sin aquella maldición. El sentir la necesidad de abrigarse ante las inclemencias del tiempo, tiritar ante la brisa invernal, el desear beber algo humeante solo para quitarse el frío de adentro... Era mejor enfocarse en esos elementos cotidianos y no los que alterarían el transcurso de su vida, tales como apartarse de su hermana. Gruñó, era mejor detener esos pensamientos, sabía muy bien el curso que seguirían y lo que menos quería en aquel momento era desatar una tormenta - otra vez -.
Volteó, apoyando ahora su espalda en la baranda, observando el interior de su habitación. El hielo, como siempre y sobretodo cuando tenía pesadillas, cubría buena parte de la estancia, había incluso rincones donde el hielo formaba picos afilados. Cerró los ojos, vaciando todo pensamiento, repitiendo internamente "escondelo, no sientas, no lo muestres". Extendió ambas manos, moviéndolas en círculos, haciendo uso de toda su concentración para que aquel desagradable hielo desapareciera.
Cuando volvió a abrir los ojos suspiró aliviada al observar como todos los picos habían desaparecido, y aunque la habitación estuviera total y completamente cubierta de escarcha, los "niveles de hielo en la habitación" ya estaban más cerca del razonable. Soltó una leve risilla con ese pensamiento, nunca habría un nivel razonable de hielo con ella presente, pero al menos ya no era tan desesperante como antes.
Haciendo acopio de toda la paz que podía reunir, volvió a acostarse en su lecho, abrazando de forma infantil una de sus almohadas. ¿Qué diría la gente si la viera abrazar aquel objeto como si fuera una niña asustada de la noche? Probablemente hablarían de su inmadurez, que cómo alguien así podía dirigir un reino... Y luego pensó en el de Burguess, le conocía poco y nada, pero estaba segura de que más que criticarle, le felicitaría por una actitud tan... ¿Humana? ¿Sincera? Espera... ¿Estaba pensando en el duque? Negó varias veces antes de esconder la cabeza entre los almohadones, mejor poner la mente en blanco y dormirse, nada de pensar en duques con poderes de hielo y esas cosas.
Casi como si fuera un castigo por parte del pueblo por haberse permitido un día libre para ir a coquetear con el de Ravensay, la sala de escarcha estaba atestada de gente. No es que normalmente no se llenara, pero es que ahora había literalmente personas esperando en los corredores por ser atendidos por la princesa, la cual por su parte estaba ahora lidiando con un incipiente dolor de cabeza. La mayoría de la gente parecía esperar algún cambio visible en ella, y se tomaban su tiempo para hablar sobre el asunto que los traía allí, varios titubeaban, como si estuvieran improvisando en el momento.
- Yo... Su alteza... Es sobre... Sobre -. Intentaba decir un hombre rechoncho, no parecía tener más de 30 años, pero ya había perdido buena parte de su cabellera, salvo la muy poblada barba pelirroja. Los años formando su máscara inexpresiva habían dado resultado, de otra forma su rostro hubiera denotado lo incómoda que estaba ante la situación. ¿Qué era lo que había atraído tanta gente a palacio?
Contuvo un bufido mientras intentaba suavizar su expresión, a ver si eso funcionaba para que el aldeano se relajara, inventara su excusa y pudieran pasar al siguiente, que rogaba no fuera otro chismoso. Aquel día iba a ser condenadamente largo, más incluso de lo habitual. Echó una mínima mirada al ventanal más cercano, a pesar de la escarcha que subría ambos lados del cristal, se podía notar que el astro rey apenas si había avanzado sobre el firmamento... En pocas palabras, al día aún le quedaban demasiadas horas por delante.
De pronto, un alboroto se escuchó desde los pasillos, o al menos uno superior al que llevaba todo el día. Pensó inicialmente en ignorarlo, mas luego de unos instantes este ya fue demasiado grande como para ello. La princesa hizo un gesto con la mano, solicitando silencio al ciudadano que seguía sin hacer su petición, mientras se ponía de pie, a la expectativa.
- Señor, excelencia, no puede irrumpir así -. Exclamó uno de los guardias al otro lado de las puertas, llamando aún más la atención de todos los presentes en la sala de escarcha, quienes voltearon a ver, atentos a lo que fuera a ocurrir.
- ¡Usted no me dice que hacer! - Respondió una voz chillona, cansinamente conocida para la princesa, quien comenzó a rogar internamente que no fuera quien creía. No llegó a ver antes de que uno de los guardias golpeara dos veces el suelo con su bastón, dándole une scalofrío a la de Arendelle.
- Su excelencia -. Comenzó a decir el guardia mientras Elsa se repetía internamente "que no lo diga" -. Alphonse de Weselton, duque de Weselton.
Y lo había dicho, si aquel día estaba siendo malo, ahora había empeorado subitamente, así también como la temperatura en la habitación comenzó a descender. Todos los rpesentes se observaron temerosos, aquel cambio de temperatura no era normal, ni siquiera en Arendelle. La gente se amontonó, en un vago intento de mantener un poco de calor, dejando el pasillo central despejado para que el duque pasara.
Elsa se mantuvo estoica en su lugar, aprovechando la altura de la tarima donde se ubicaba su suerte de trono para observar desde arriba al duque, no es que necesitara mucho, ya que el sujeto era incluso más bajo que ella, pero para una situación así, era conveniente demostrarle quien estaba sobre quien. El hombre en cuestión se acercó con paso presuroso, manteniendo una postura tensa, como si estuviera a punto de lidiar una batalla, se detuvo entonces a pocos pasos de la princesa, manteniendo una distancia inferior a la protocolar. Aquello no le daba buena espina.
- Alteza -. Saludó Alphonse, sin reverencia alguna, sin venia, sin ningún miramiento ante la presencia de la princesa. Una total falta de respeto.
- Excelencia -. Respondió, sin decir nada más, esperando que el duque se explicara por su total falta a las buenas costumbres en su forma de llegar.
- Quisiera... No. Exijo saber ¿Qué es eso que anda comentando la muchedumbre? ¿Qué tan ciertos son los rumores? - Soltó el duque, su tono de voz denotaba lo ofendido que se sentía. Y la princesa no podía más que indignarse ante las maneras del noble.
- Si planea exigir, quisiera saber a qué rumores se refiere, excelencia, lamento decirle que no tengo capacidad alguna para escuchar a través de los muros y, como podrá observar -. Comenzó a decir, extendiendo las manos para abarcar la habitaicón, señalando al gentío -. He estado atareada en el día de la fecha atendiendo los asuntos del reino. Por lo que quisiera solicitarle fuera más claro en sus palabras.
El de Weselton inspiró furiosamente, haciendo que su caja toráxica se expandiera un poco, en un burdo intento por verse algo imponente. ¿Acaso la joven le estaba tomando el pelo? ¿Hacerse la desentendida ante los rumores que corrían principalmente sobre ella? ¡Esto era un escándalo! A la vez que de ser ciertos, arruinaban todos sus planes, y por Dios que se aseguraría de que la joven no se interpusiera en ellos.
- Alteza, no se haga la indiferente -. Insisitó el de Weselton, molesto como el solo -. Todo el reino comenta que se le vio pasar coquetamente con el príncipe de Ravensay. ¿Qué tiene usted para explicarlo? ¿Qué clase de actitud es esa para una mujer que no esta comprometida? ¿Acaso piensa pasear del brazo con cada uno de sus pretendientes?
Su voz sonaba a insultos, con cada palabra acusaba a la princesa de una actitud que en su opinión no debía ser reprochable. Ella podía elegir con quien comprometerse y no tenía porqué darle excusas a cada uno, él ya había tenido su leve oportunidad de intercambiar un momento con ella, una oportunidad que había desperdiciado desde el primer momento. Elsa juntó entonces sus manos sobre su cintura, alzando levemente la barbilla, ella era quien gobernaba y era ella quien debía estar ofendida por la actitud del duque.
- Excelencia, primeramente debería recordarle que como su princesa, y futura reina, usted me debe respeto, no se le olvide -. Le regañó con aquel tono vacío que todos los que habían asistido a alguna sesión en la sala de escarcha o con la cámara de nobles conocían muy bien, era el tono que indicaba que bajo su máscara la joven estaba completamente hecha una furia -. En segundo lugar, no negaré que me permití compartir un día con el duque de Burguess, puede preguntarle incluso a los miembros de la guardia real que me acompañaron para cerciorarse de la veracidad de mis palabras -. Continuó explicando, antes de esbozar una tenue sonrisa maliciosa -. Y sobre su última acusación, sobre la cual usted no es nadie para decir nada sobre el tema, yo decidiré con quien pasearé del brazo y a quien invitaré con la mayor cordialidad posible a que se dedique a sus asuntos.
Mientras hablaba, la princesa dio un par de pasos en dirección al duque, quien por su parte retrocedió un poco, intimidado por la mirada vacía de la joven, así como notando por primera vez desde su llegada a la capital del reino el drástico descenso de la temperatura.
- Su alteza, se supone que -. Comenzó a decir el duque, pero la mirada de la rubia le generó cierto temor.
- Excelencia, todo lo que debía ser dicho, ya lo hizo, ahora le pido se retire de mi presencia -. Solicitó la joven antes de darse vuelta y volver a ocupar su asiento, desde allí dedicó una mirada a todos los presentes, para concluir en Kai -. Por hoy ha sido todo, las sesiones se retomarán mañana.
- ¡Esto es un ultraje! - Soltó indignado el duque, observando con furia a la princesa, quien le respondía con una amenaza tácita.
- Usted esta faltando a las buenas costumbres, así que le pido se retire, no me obligue a pedirle a los guardias que le indiquen donde esta la salida -. Respondió Elsa, desafiando al de Weselton con la mirada.
- No hay necesidad de llegar a tales extremos, su al-te-za, puedo llegar por mi propio pie -. Sentenció el duque, su tono de voz era una clara muestra de lo humillado que se encontraba en aquel momento. Aquella chiquilla insolente se había atrevido a rechazarlo abiertamente delante de la chusma, y pronto sería parte de los más jugosos chismes que recorrerían todo Arendelle, posiblemente llegando hasta Ravensay.
Volteó indignado, tratando de conservar lo poco que quedaba intacto de su orgullo, sintiendo la atenta mirada de la princesa sobre su espalda, a la vez que la temperatura de la habitación seguía descendiendo. Y tras la retirada del duque, todos los ciudadanos que parecían haber permanecido en shock durante la conversación de los nobles salieron de su ensoñación y dirigieron ahora su mirada en la princesa. Se debatieron levemente si la joven estaba furiosa o no, pero ante su determinación de terminar las sesiones por aquel día era claro que había mucho, mucho por comentar. Fue así que todos se fueron retirando dejando poco a poco aquella gran sala completamente vacía, salvando claro los guardias y a la joven, quien parecía ser la única que no se molestaba con aquel frío devastador.
La princesa se levantó para dirigirse a su despacho, donde como suponía, Kai le esperaba con todo preparado para tomar el té. El hombre no solía tomarse libertad alguna con la princesa, pero sabía que tras un enfrentamiento así ella estaría alterada. La conocía lo suficiente como para saber que tales enfrentamientos le desesperaban, la muchacha era en cierto punto, demasiado buena incluso para ella misma, por lo que solía sentirse afectada por cualquier afrenta.
- Gracias -. Murmuró bajamente la joven, sentándose tras el escritorio mientras se daba un leve masaje en las sienes.
- No tiene porqué agradecer princesa, es solo una atención para con usted -. Respondió el mayordomo mientras servía con sumo cuidado una taza de té para la rubia.
Tras unos momentos, la muchacha tomó la taza y dio un pequeño sorbo, sintiendo que aquel líquido se congelaba a medida que avanzaba por su cuerpo. Suspiró largamente antes de erguirse en su lugar, tratando de serenar su mente. Había estado demasiado cerca de perder el control, lo sabía, había sentido el frío recorrer sus arterias, como sus dedos se iban congelando, y al observar brevemente sus guantes se percató de la escarcha que les recubrían. Demasiado riesgo, demasiado que perder ¿Qué hubiera pasado si el duque no acataba su orden? ¿Si seguía intentando una oportunidad?
La desesperación, lo sabía, la temperatura seguía descendiendo sin detenerse, sabía que ahora probablemente su té estaría congelado, y si no lograba tranquilizarse otra tormenta golpearía la capital. ¿Cómo diablos se suponía que iba a controlar aquello? Levantó la cabeza, encontrando su mirada con la del mayordomo, este le observaba compasivo, tratando de no sumar nervios a la joven.
- Princesa, sé que usted indicó que por hoy no habría más sesiones -. Comenzó a decir Kai, sacando a la rubia de sus pensamientos -. Pero hay quien quiere verle.
Elsa hizo acopio de todo su absoluto autocontrol para no soltar un bufido mientras su mirada retomaba aquella expresión de piedra que le solía caracterizar. El mayordomo tomó aire, sabiendo que la joven estaba en las últimas de su paciencia.
- Kai... ¿Se puede saber quién solicita tal encuentro? - Preguntó la joven, conteniendo su molestia. Más valía que fuera de urgencia, de otra forma, todo se podría ir al cuerno.
- El duque de Burguess, alteza. Llegó poco antes que el de Wiseltonio, pero dada la actitud de este último prefirió hablar con usted en privado -. Se explicó el mayordomo, mientras Elsa le miraba con los ojos abiertos como platos, plenamente consciente de la escarcha cubriendo el lado interno de la ventana.
- Hazle pasar, lo esperaré aquí -. Indicó la rubia, juntando sus manos sobre su regazo -. Y Kai, por favor, trae algo de té... Este se enfrió.
