CAPÍTULO 10: LA BECARIA
Huesos y Booth estaban en una nube. Su vida seguía siendo la misma pero, al mismo tiempo, había cambiado tanto.
Se seguían levantando temprano para trabajar, pero llegar al Jeffersonian y darse los buenos días con un apasionado beso hacía que la mañana resplandeciera.
Seguía habiendo asesinatos, pero los malos parecían menos malos cuando los atrapaban juntos.
Y seguían yendo al Diner a última hora, pero ya no era la última oportunidad para verse sino el principio de una intensa noche juntos.
Los fines de semana ya no aparecían como interminables paréntesis en los que echarse de menos, sino como breves oportunidades para explorarse el uno al otro y conocer juntos el mundo.
Seguían discutiendo a todas horas, y tenían que reprimir sus deseos en horario laboral. Pero ya no importaba. Toda la tensión acumulada podían descargarla después. Juntos.
El sexo era increíble. Lo habían deseado tanto. Se habían provocado tanto. Ahora el más breve roce desataba un torbellino de sentimientos.
Y si ella era buena en la cama Booth era el Capitán América. Era un amante generoso, dedicado, sensible, hábil, apasionado. De la misma manera que había descubierto sus contraseñas, se las había ingeniado para descubrir las zonas más excitantes de su cuerpo y cómo acariciarlas.
Y era tan sexy. Esa sonrisa traviesa, esos ojos intensos y su cuerpo… Tenía un cuerpo increíble. La mera visión del mismo la volvía loca. Tenía que acercarse y tocarlo. Todavía le costaba creer que podía hacerlo cuando quería. Que era todo suyo.
Y cómo la hacía sentir! Segura, protegida, mimada, adorada. Ya no estaba sola. Ahora tenía una familia de verdad. O el núcleo de ella.
Él tampoco se lo creía. Aquélla mujer tan increíblemente bella, tan inteligente y segura de si misma, se entregaba a él como una niña. Con toda confianza. Con todo su amor. Incondicionalmente. Y deseaba pasar junto a él cada segundo de su existencia. Ella hacía que se perdonara su pasado y confiara en el futuro.
Si ella lo amaba tanto no podía ser tan malo.
Aquélla mañana llegó tarde al Jeffersonian. Y no demasiado contento. Su jefe le había encomendado una tarea bastante incómoda. La formación de un becario. Era un tal Michelle, francés encima. Y al parecer tenía mucho talento pero poca experiencia sobre el terreno. Durante unos días iba a ser su sombra.
Odiaba trabajar en equipo, odiaba enseñar y odiaba que interrumpieran sus momentos con Huesos. Aún no lo conocía y ya le caía mal. Se lo estaba contando a Huesos todo compungido (a ver si ella lo consolaba), cuando Ángela les informó de que la persona que esperaban había llegado.
Pero en realidad no tenía nada que ver con lo que esperaban. Michelle no era el chico sabiondo e insoportable que se había imaginado Booth. Michelle era una preciosa francesita con cara de ángel, cuerpo de modelo y espectacular melena rubia. Booth se quedó sin habla. Igual que estaban Hodgins, Zack y el resto de personal masculino del laboratorio.
Claro, decía Huesos, Michelle en francés puede ser tanto nombre de chico como de chica. Booth, me oyes? Qué? Reaccionó. Qué te pasa? No, nada.
Hola soy Booth, le dio la mano a la chica. Yo soy Michelle. Y yo Brennan, interrumpió Huesos. No le gustaba cómo la cría esa miraba a Booth. Y él estaba muy raro. Se habría perdido algo?
Bueno, ahora que nos conocemos todos empezamos a trabajar. Si, claro. Verás, te explico cómo va esto.
Mientras iban hacia el coche, Booth le explicó a Michelle su sistema de trabajo. Ella parecía fascinada. De hecho lo estaba, aunque no precisamente por el método. Lo que la fascinaba era el profesor.
Cuando le dijeron que un veterano del FBI iba a ser su instructor se imagino al típico vejete gruñón. Pero este tío estaba cañón. De lo mejorcito que había visto desde que llegó a los USA. Y no llevaba anillo. Pena que tuvieran que aguantar a la plasta de su compañera. Sería un placer hacer horas extra con él.
Booth estaba encantado. La chica era un verdadero cielo. Por supuesto al lado de Huesos no tenía nada que hacer. Por muy guapa que fuera su Huesos era su Huesos. Y no había nadie como ella. Pero le gustaba su mirada admirada.
A veces al lado de su compañera se sentía un poco torpe. Sin embargo esta niña estaba muy verde. Y se veía que ardía en deseos de aprender todo lo que él le pudiera enseñar. Se sentía importante. Después de todo no iba a ser una tarea tan horrible. O eso se pensaba él.
Huesos, sin embargo, cada vez estaba menos encantada. Ella no era muy perspicaz para ciertas cosas, pero hasta un ciego se daría cuenta de que la francesita le estaba tirando los tejos a Booth. Delante de sus narices! Y él parecía feliz! Se habría equivocado con él? Sería el típico tío que una vez que te conseguía perdía el interés? Se habría fijado ya un nuevo objetivo?
No quería creerlo pero allí estaban los dos: celebrando con risas un comentario de Booth, mientras la mano de ella descansaba cómodamente sobre el brazo de él. Brennan empezó a ponerse mala. Qué demonios le estaba pasando? Habría querido coger a la tal Michelle y partirle el brazo. No quería que tocara a Booth. Era suyo.
Huesos, estás bien? Si, claro, muy bien. Aunque tal vez preferiríais que os dejara solos. Solos? Por qué? Claro que no. Vamos a hacer esto juntos, como siempre. Es casi la hora de comer. Vamos al Diner. Al Diner? No quería que la niña esa fuera con ellos al Diner. Era su sitio especial.
No, yo tengo mucho trabajo. Si eso como algo en el laboratorio. Seguro que él se ofrecía a acompañarla. Bueno, entonces la llevo yo solo. Tiene que probar las hamburguesas americanas como parte de su formación. Seguro que en Francia no tenéis nada igual. Estoy segura de que no.
Mierda. Todo le había salido al revés. Ahora se iban solos a comer. Entró en su despacho casi llorando. Cariño, qué te pasa? Le preguntó Ángela. Nada. Cómo que nada? Si estás a punto de echarte a llorar. Te has peleado con Booth? No, es la chica esa. La francesa? En cuanto la vio, Ángela supo que iba a traer problemas. Era demasiado espectacular.
Si, ella y Booth… Oh, Dios! No los habrás visto… No los habré visto qué? Ya sabes… No, no se. Dime de una vez qué ha pasado, mujer! Nada. Que ella no deja de tocarle y a mi me pone enferma. Y él se la ha llevado a comer al Diner. Y nada más? No. Qué alivio! Pensaba que había pasado algo.
Ángela ha pasado algo! Booth no me hace caso. Sólo está pendiente de ella. Cariño, es su trabajo. Además, tienes que acostumbrarte. Booth está buenísimo y las mujeres no van a dejar de revolotear a su alrededor. La cuestión es que él te quiere a ti y sólo a ti. Estás segura? Claro. No seas tonta y vete a comer con ellos. Tal vez tengas razón.
Se dirigió al Diner resuelta a marcar su territorio. Lo que vio cuando llegó la destrozó.
Se estaban besando! No se lo podía creer. Ahora que por fin había conseguido confiar en alguien… Cómo podía hacerle esto? Después de todo lo que le había dicho. Después de todo lo que habían compartido. Nunca más volvería a abrirse a nadie. Pensó en entrar y montar una escena pero le dolía tanto el alma…
Volvió a su despacho por pura inercia. Ahora Ángela si que se preocupó. Entre desgarradores sollozos consiguió contarle lo que había visto. Por una vez Ángela no supo qué decir. Sólo la abrazó pensando que tenía que haber alguna explicación. Booth no podía haber hecho eso.
Huesos, qué te pasa? Era Booth. Estaba en la puerta del despacho. Qué ha pasado Ángela? Por qué está así? Y aún lo preguntas. Vete. NO QUIERO HABLAR CONTIGO! Pero Huesos… Qué he hecho? Vaya día! Primero la cría esa se me tira encima y tengo que llamar al FBI para que le pongan otro instructor y ahora esto. Cómo?
La francesita. Yo pensando que la estaba impresionando con mis vastos conocimientos, y lo único que le parecía impresionante eran mis músculos. Estábamos comiendo tan tranquilos y se me abalanzó. Me la quité de encima cómo pude y renuncié a seguir enseñándole. Frivolizar así al FBI. Habrase visto!
Eso sin contar la falta de respeto hacia ti, Huesos. Enseguida le expliqué que tu eras la mujer de mi vida y que no iba a dejar que nadie se interpusiera entre nosotros. Y sabes qué me dijo? QUÉ? Las dos estaban pendientes de sus palabras. Que no quería interponerse entre nadie. Que sólo quería acostarse conmigo. Será francesa!
Pagué la cuenta y me largué. Y con el informe que le voy a hacer, no me extrañaría que la echaran del programa de formación. Menos mal que aún hay mujeres serias y sensibles como tú, Huesos. Pero dime, mi vida, qué te pasa?
Huesos, todavía llorando, se abrazó a él. Mi niña. Tranquila. Todo está bien. Ya estoy yo aquí y me ocupo de todo. Creo que sólo necesitaba unos mimos, dijo Ángela. Y por qué no me lo dijiste? Sabes que me encanta mimarte. Es mi deporte favorito.
Yo pensaba que preferías estar con la francesa esa. Serás tontita. No te llegaba ni a la altura del tobillo. Tú eres infinitamente más guapa, y además eres lista y dulce y, sobre todo, buena persona.
Huesos no le dejó seguir hablando y lo besó apasionadamente. Cuánto lo quería!
