Capítulo diez


Nunca había dado por hecho que iba a dolor así. No era un dolor que hubiera sentido antes, era diferente, no era ardor, picazón o algo similar. Era pura necesidad. Su sangre quemaba en sus venas mientras su cuerpo tenía espasmos, el sudor recorriendo cada centímetro de su piel, pegando la ropa, haciéndole sentir incómodo; y el aroma de Sherlock en su habitación era una cruel tortura de lo que necesitaba. Pero John no lo quería. Su cuerpo anhelante llamaba por Sherlock pero su mente le decía que una unión ahora sería el fin de algo bueno.

Estaba confiando en la relación que surgía entre ellos. Pero esto era imposible, la necesidad de su cuerpo era enorme; supuso que se trataba de todo el tiempo en que no tuvo ciclos y este ahora le estaba cobrando factura… ¿O será que este dolor surgiría siempre que entrara en calor? No, imposible, nunca había escuchado de otros omegas que se sintiera tan fuerte, sin embargo era consciente que nunca había puesto atención a ellos y sus experiencias.

Alguien entró y en automático comenzó a rogar, necesita un alivio, algo que curara su sangre contaminada y su cuerpo herido. Lágrimas de esperanza salieron de sus ojos, pero no era Sherlock y eso lo lamento con cada parte de su cuerpo.

-¿Cariño, estás bien?

No, no estaba bien y aunque amaba a su madre no era lo que necesitaba. Melissa, detrás de Camyl, lo miraba analíticamente, no pasó mucho tiempo cuando ella pareció notar lo que necesitaba; ella lo comprendería, ella era beta… Ella le traería a Sherlock.

-Por favor… -Habló, el sonido de su voz extraño incluso para sí mismo. –Sherlock… -Imploró, miró a Melissa directamente, ella podría llevarle a Sherlock, -por favor… -y en un acto lejos de razón, simplemente estiró la mano hacía Melissa. –Por favor…

Camyl los miró pero a John no podía importarle menos, su cuerpo vibrante, el dolor aumentaba cada vez más y llegó al punto en que simplemente no sabía qué hacer. Escalofríos corrían a través de cada nervio, no podía razonar lo suficiente y cada instante era mucho peor que el otro. No podía creer que eso estuviera pasándole, sencillamente no sentía que esto debiera sucederle a él. Era complicado y, ciertamente, deseaba tanto que esto se fuera.

La impotencia dolía más que cualquier otra cosa que hubiera pasado antes, sin embargo su mayor preocupación era evitar que su cuerpo se desintegrara en sudor y calor. Pronto Melissa salió de su habitación dejándolo con su madre. Pero John no le necesitaba, nunca la había necesitado. No como ahora necesitaba a Sherlock.

-Cariño. –Camyl se acercó. –No entiendo cuan doloroso puede ser… Pero deberías pensar con la cabeza John; esto te hace daño a ti tanto como a él. Los omegas… nunca han pensado en este momento en nada más que sí mismos.

Realmente deseo prestarle atención, aceptar lo que su madre decía. Pero fue imposible. En su necesidad de Sherlock, John se cerró a todo, no podía escuchar nada más que la necesidad de su cuerpo. Era tan doloroso y tan sorprendente que su mente colapso.

Haberla escuchado habría demostrado que su madre estaba equivocada, sin embargo no pudo. Camyl lo vio en la cama, retorcerse por el dolor, como era evidente que no había nada que ella pudiera hacer decidió dejar de estorbar y marcharse.

~O=O~

Era como tener la casa llena de teteras y teteras hirviendo de Early Gray. Mycroft suspiro con cansancio, la desesperación en su cuerpo latía en alguna parte que no conocía de sí mismo, pasó una mano sobre su cabello cobrizo y lo despeinó a su paso, enseguida volvió a peinarlo y hundió la cabeza entre sus manos. Tal vez lo mejor sería marchar de casa y volver luego. Probablemente cuando volviera no vería de nuevo a John, después de todo Sherlock pensaba llevárselo. Pese a ello mientras esos dos no se unieran nada tendría que cambiar, sus planes seguirían acorde a lo ya decidido; el propio John le ayudaría con su deseo de ejercer en el ejército. Todo estaba a su favor.

Era su primera vez y, seriamente, le tomó por sorpresa. La puerta de su estudio se abrió (la mansión Holmes estaba dividida entre todos sus habitantes, su madre y padre en la zona norte, Sherlock y John en la zona este y el área oeste le pertenecía a él y la presencia de 'Anthea'), en su mente la idea de Anthea era clara, ella era la única persona que podía ingresar al lugar, sin embargo ella siempre golpeaba la puerta y por primera vez Mycroft no lo notó.

El golpe recibido en plenitud lo aturdió; Mycroft retrocedió, el dolor en la mejilla era doloroso y el olor de Sherlock en su área le ofendió como nada lo había hecho nunca. Estaba mareado y tal vez por eso estaba razonando como un simple humano.

-¡Tienes a Anthea! –Gritó su hermano, sin embargo ese grito pareció más un rugido. -¡Deja de buscar a John! Él será mío… ¡Él es mío!

Lo pensó, claramente estaba aturdido porque no pudo pensarlo demasiado rápido, sin embargo lo consiguió. Devolver el golpe sería estúpido de su parte, lo peor que podría hacer en ese momento, lo mejor (tomando en cuenta el estado de John) era ignorar a Sherlock para fastidiarlo y entonces dejarlo marchar a donde fuera que quisiera irse. Son esa acción saldría de este lío.

Sherlock siempre había creído que vivía fuera de sus instintos y es porque no conocía a Mycroft, había congelado todo su lado alfa hasta el punto que sólo obtuvo lo mejor de ese mundo y lo mejoró, su oído, su olfato y su tacto; libre de cualquier sentimiento o pensamiento alfa había vivido lo que solo unos cuantos de su especie podría imaginar, o ni siquiera hacerlo. Sherlock no sabía lo que era libertad.

Por eso mismo a Mycroft le dolió notar que la había perdido.

Empujó el puño y golpeo a Sherlock en la mandíbula, no fue duro (una parte de él contenida), sin embargo Mycroft disfruto cada segundo del contacto de su puño contra la piel blanda. Vio retroceder a Sherlock hasta que su cuerpo larguirucho chocó contra uno de sus libreros mientras se sujetaba la mandíbula. Mycroft se acomodó el traje, claramente no serviría de nada cuando notó que Sherlock se le arrojaba.

Era la primera vez que peleaban físicamente (normalmente sus peleas podían durar horas, horas de dialogo hiriente, irónico y elocuente; normalmente no había un ganador), Sherlock estaba mostrando mucha más fuerza de la que aparentaba (todo debido a John y su estado), pero Mycroft no estaba atrás.

La bergamota en el aire era tan alentadora que les hacía temblar con adrenalina y terror; ambos condenados al notar que su libertad se iba al desagüe, notando lo que tal vez todos notarían porque estaban siendo imprudentes.

Madera, madera de un bosque en el que acaba de caer una llovizna. Ambos se separaron tan rápido que Sherlock terminó con el trasero en el suelo y Mycroft recargado en su escritorio; entonces Melissa entró al lugar. Con tres dedos en frente podría notar lo que había pasado ahí, era tan evidente que Mycroft sintió cada parte de él arrogarse y una capa de vergüenza. Sherlock levantándose del suelo no era diferente.

Su madre fue cuidosa en no hacer algún comentario, ella podría saber lo que había sucedido ahí pero no las razones; Mycroft podría saber las razones pero nunca las aceptaría. Melissa se dirigió a Sherlock.

-No encontraras mejor momento: Hoy tienes que unirte a John.

Las palabras cayeron pesadas en la atmosfera ya pesada, Sherlock se tensó. -¿Por qué?

-Es su primer ciclo y, aunque fue inducido, es un calor… su fertilidad es segura. Normalmente esto no pasa. –Melissa se acercó a él.

Impregnación, Sherlock arrugó las cejas. –No puedo hacerlo.

La forma en la que dijo ese 'puedo' hizo quemar algo en el cuerpo de Mycroft, le hizo temblar con rabia, pero se mostró estoico, no caería dos veces esta noche. No por la misma razón.

-No entiendes. –Soltó rápidamente Melissa. –Alguien como John, el simple hecho de tener un ciclo es la felicidad, pero que ese ciclo sea fértil es una oportunidad de entre muchas. –Melissa miró al suelo al notar que sus palabras no surtían efecto. –Tal vez no tengas una oportunidad igual.

Sherlock chasqueó la lengua. –Eso no importa, no estoy interesado en hacerlo ahora.

Melissa se veía confundida y Mycroft podía entenderla. -¿A es punto eso importa? ¿Realmente no estás interesado? John está aquí, en calor y te necesita.

Algo vibró en la atmosfera, fue Sherlock. –Él no me necesita, no necesita de nadie. –Melissa abrió la boca, Sherlock la hizo callar. –Pasará su calor y seguirá siendo John, esto es temporal madre.

Fue rápido, sin embargo no fue algo que Sherlock no pudiera retener, sin embargo lo permitió, de una zancada Melissa estaba frente a él y una fuerte bofetada fue soltada a Sherlock. Estaba temblando. Se trataba de esa empatía que los omegas compartían entre ellos mismos, no había duda.

-¡No lo entiendes! –Sherlock ni siquiera la miró, su rostro ladeado aún por el golpe. –Yo me equivoque y lo evadí, pero mi primer ciclo fue algo tan normal, tanto que no sufría, no era tan doloroso como lo fueron muchos otros más. –Ella tomó el rostro de Sherlock con dureza y le obligó a mirarla. –Pero John está teniendo un ciclo fértil, el dolor de la usencia es tal que mata…

-No va a morir.

-Pero deseará estarlo.

Las palabras fueron frías y por ende nadie se movió, un poco del dramatismo de los Holmes. Sherlock se alejó de las manos de su madre y salió del estudio.

Melissa soltó un suspiro mientras dejaba que su cuerpo callera contra los cojines del sofá, su cuerpo se notaba tenso, se le veía cansada. John había llegado a trastornarlos a todos.

-No creas que te has librado, ¿qué ha sucedido aquí antes que llegara?

Los ojos de ella subieron hasta él. Mycroft se encogió de hombros. –Piensa que yo provoqué que todo sucediera, que esa melodía fue culpa mía.

Cuando su madre lo miró supo que no le había creído, pero Mycroft no pensaba decir nada más.

~O=O~

Camyl lo vio subir las escaleras, a Sherlock Holmes, el alfa que había tomado a su hijo y quería decir tantas cosas pero cerró la boca y se colocó entre él chico y la puerta. A este punto sabía que no había realmente nada que pudiera hacer. Sherlock simplemente podría arrojarla a un lado, tenía la fuerza para hacerlo, siendo o no un alfa.

-No puedes entrar. –Soltó, era lo único que tenía, palabras. –Si lo haces saber que causaras daño a John.

-Ahora mismo se está causando daño, ¿qué diferencia haría?

-Eso es temporal… Lo que piensas hacer es permanente.

Sherlock la miró directamente, Camyl notó sus ojos, no era algo que esperara. –Sé lo que hago, no pienso lastimar a John.

Si todo se trata de John y lastimarlo ella no tendría problema. Pero las cosas eran más de lo que ella podría manejar; pero se excusó, esto no debió de haber pasado. Todo fue culpa del Instituto. Ella hizo todo lo que podía hacer.

-Lo mejor sería que lo dejaras volver al Instituto. –Soltó Camyl. –Si todo se trata de esa ley hay muchos otros omegas que pueden ayudarte. John no pertenece a tu lado.

Sabía que había golpeado algo de Sherlock, tal vez orgullo, realmente no le importaba; pero debía de pararlo y hacerle entender, sin decir mucho, que ellos no pertenecían el uno al otro. John sólo tenía un destino y el suyo no era con ese chico. Nunca lo fue y nunca lo sería.

-Pensé que estaba de acuerdo con esta unión.

Ella nunca lo estuvo, Camyl se vio obligada a aceptar cuando el Instituto mandó una circular a su casa diciendo que John había sido asignado a alguien importante, alguien con un grado alto en el gobierno. No tuvo problema hasta que Melissa Holmes se plantó en su casa.

-L-lo estoy. –Pero de nuevo, nada podía hacer. –Pero lo estás lastimando… Y él va a lastimarte a ti.

Un poco de sinceridad daría credibilidad a lo que estaba intentado decir. Sin embargo no funcionó, lo supo, lo sintió y le pesó.

-Voy a intentar que no sea de esa manera.

Sherlock Holmes tenía algo que nadie en esa familia tenía, sinceridad. No parecía encontrar la mentira como algo útil, era evidente que escondía mucho de sí mismo, pero no mentía y por esa razón ella perdió. Ese chico era serio y por esa razón Camyl lo dejó pasar.

~O=O~

John lo olió y por ello su cuerpo vibró más fuerte y duro, todo su cuerpo convulsionándose de agonía y expectación, esperando lo que iba a pasar, estaba deseoso y sólo deseaba acercarse a la puerta y tomar a Sherlock desde ahí. Pero su cuerpo estaba tan pesado que sólo pudo arrastrarse al borde de la cama y observar el momento en que Sherlock entró. Su atrayente cuerpo entrando suavemente, su olor perforándolo todo; John murió de goce a la vez que más lubricante salía de su cuerpo.

-Sherlock…

Gimió mientras estiraba una mano en dirección del moreno. Sherlock se acercó a él y tomó su mano, el contacto mando escalofríos de placer a todo su cuerpo, no pudo evitar mostrarlo al retorcerse entre las sabanas.

-Sherlock…

El más alto se acercó hasta quedar frente a él, entonces se dejó caer de rodillas frente a John y sintió más placer cuando sus dedos acariciaron la palma y dorso de su mano. Realmente no podía más, lo necesitaba tanto que le hacía daño.

-Te… necesito…

Los ojos de Sherlock, cerrados, se abrieron lentamente y le miraron, fue una mirada diferente, pero estaba tan fuera de sí que sólo podía admirar el bello color azul que tomaba posesión de lo poco que le quedaba. Si es que realmente, en ese momento, algo quedaba.

-Sherlock…

La cabeza de Sherlock se recargó en la cama, al lado del estómago de John, toda su cara hundida en las sabanas que ahora olían a bergamota. La mano aun acariciando a John y John aun derritiéndose por dentro. Todo fuera de control a su alrededor y poco podía entenderlo.

-No me necesitas John… No me necesitas… No me necesitas. No me necesitas.

Comenzó a repetir, pero a oídos de John sonaba a algo así como un balbuceo. No podía entenderlo, sólo quería que se moviera y comenzara a amarlo como se supone debía de hacerlo, pero Sherlock estaba ahí, como si hubiera muerto sobre la cama mientras repetía algo como si fuera un mantra.

-John… puedes más que esto. Tú lo sabes… Yo lo sé. No me necesitas.

Algo de lo que dijo lo alteró.

-John, puedes más que esto…

Ah. Se trataba de esto. –No… ¡No puedo!

Sherlock separó la cabeza de las sabanas rápidamente y lo miró directamente, lo detectó, era determinación.

-Lo tienes John. –Sherlock tragó saliva y John admiró como la manzana de adán se movía suavemente, era excitante. –Tú y yo tenemos algo que no puedo dejar que se pierda por esto.

¿Había algo entre ellos? Era mentira. Sherlock no lo consideraba y ahora lo estaba rechazando cuando más lo necesitaba. Necesitaba que lo tomara y le hiciera sentir pleno y seguro, que lo amara. Eso es lo que necesitaba de Sherlock, lo que el moreno podría darle ahora.

Que le hiciera sentir como un maldito omega.

Se desinfló. La mano de Sherlock se sintió helada entre sus manos.

~0~

¿Muy corto? Yo lo sé, me disculpo por ello pero en vista que aquí revelo más de lo que hubiera deseado lo cortó mucho antes, sin embargo eso significa que el próximo se hizo más largo ya que tuve que juntar parte de este capítulo con el siguiente. Desee subirlo antes, pero terminé una tarea hace poco y quería releer esto tomando en cuenta que hace mucho que lo escribí. Aunque siento que realmente no podía leerlo, el sueño come todo de mí.

-Nixse.