Hola queridos lectores! Espero que hayan tenido unos buenos meses… y si no, ps bah! Ya llegaran mejores.
POR TI
"Wallace!" Gritaba una vocecilla aguda corriendo a través de los árboles.
Wallace se levantó del pasto sin importar que alguien hubiese perturbado sus momentos de soledad. Es ella al fin y al cabo. Su trabajo es perturbarme la vida. Sonrió de medio lado al ver llegar a una pequeña castaña corriendo hacia él.
En esa época las cosas no podrían ir mejor. La excursión había sido uno de los mejores momentos de su vida y estaba a punto de terminar.
"Wallace! En qué piensas?" Preguntó mirando los ojos de la persona en cuestión.
"En que no quiero perderte" Respondió. Ella sonrió con calidez.
"No me perderás! Seremos amigos para siempre" Las cosas nunca le habían salido como quería. No tenía familia, no tenía hogar y tal vez, a la única persona que consideraba su amiga, era la única persona que deseaba no lo fuera.
Y entonces, en ese campamento, lo conoció. Aquella persona que le dio todo. Aquella persona a la que odió con todo su corazón.
"Mimi!, deja de jugar niña tonta! Vámonos!"
"No la trates así Yamato" Respondió un pequeño con un pelo muy parecido al suyo.
"Ahora vas a defender a los inocentes Washington" Sí hermano… A caso ahora sí vas a defender a los inocentes? O simplemente sientes lástima por nosotros?. Pensó con mucho odio en su interior. Mimi tomó su mano y eso fue suficiente para saber que no importaba. No importaba que su padre no lo hubiera reconocido luego de la muerte de su madre, no importaba que su medio hermano fuera un mequetrefe o que su nuevo empleador fuera un niño mimado. No, no importaba mientras ella siguiera ahí.
Pero con el tiempo las cosas cambiaron. Él se volvió el trabajador de la familiar Ishida, su guardaespaldas y mano derecha… Y con el tiempo, se empezó a dar cuenta de la amplia brecha que existía entre Mimi y él.
"Wallace… la señorita Tachikawa necesita que la devuelvas a su casa" Seguir órdenes no era lo suyo…pero por Mimi lo haría. No había necesidad que se lo pidieran. Pero dolía… dolía saber que nunca estaría a su altura. Que tenía que soportar en silencio cuando ella reía con Yamato, gemía con él y suspiraba por él.
"En verdad lo amas Mimi?" La castaña dejó de mirar las nubes.
"Si Wallace… lo amo más que a mi vida" Y a mí? Cuánto me amas? Porque solo puede amar a una persona más que a tu vida… Por que solo tienes una… Y solo una oportunidad para desperdiciarla. Y si la desperdiciaras en una de las personas, irremediablemente lastimarías a la otra. Por ello solo debe haber una persona en su corazón.
"De acuerdo Mimi".
"Te vendrás a vivir con nosotros Wallace? Convencí a Yamato para que seas nuestra mano derecha y el señor Ishida dijo que sí". Dijo Mimi con ojos soñadores.
Ese día… tal vez nunca se lo confesaría a sí mismo. Pero ese fue el día que empezó a planearlo todo. La manera de acercarse… la manera de alejarla de él… la manera de arrebatarle su corazón.
Después de tanto tiempo entendió su lugar. Pero ese lugar no le agradaba. Para nada. En especial cuando empezó a ver lo que sucedía en ese lugar.
"Yamato! Cómo crees que no me va a molestar! Encuentro una tanga roja debajo de la cama y debo decir `Ah Yamato encontré la ropa interior de tu amante así que por favor dile que no lo vuelva a hacer`?"
Yamato suspiraba con pesadez. "Vamos Mimi deja de hacer un escándalo por todo quieres?... En verdad eres muy fastidiosa"
"Entonces no lo niegas! No niegas que esa tanga es de una de tus zorras!"
Los quejidos se empezaban a notar. Mimi estaba llorando y eso le partía el corazón. No te la mereces Ishida. Le partía el corazón que ese imbécil no supiera apreciarla.
"Ya shhh deja de llorar. Seguramente es de Wallace. Le diré que no vuelva a traer sus conquistas a la casa"
Le partía el corazón que ella creyera que existía alguien más que ella en el mismo. Le partía el corazón no poder intervenir y decirle a su castaña que el idiota de su novio se acostaba con su mejor amiga. Le partía el corazón que ella sintiera tranquilidad en el hecho de pensar que no era su esposo… sino él.
Le partía el corazón tener que lastimarla como lo iba a hacer…
… Pero tenía que hacerlo.
… y lo haría.
Yamato corrió como alma que lleva el diablo y ya al frente de su casa, no sabía qué hacer. Debió haber pensado antes de salir despavorido antes que en una entrada heroica.
La electricidad estaba cortada. Ni siquiera el sensor de seguridad se había activado cuando trepó por las rejas. Wallace… no te atrevas… no te atrevas a ponerle un dedo encima. Pensó mientras trataba de llegar a la puerta de la cocina. Las cosas estaban muy calladas… excepto su corazón. Ya logrando alcanzar la perilla tuvo pensamientos confusos. Puede estar armado y matarme en un segundo. Gotas de sudor adornaban su varonil cara. No quería morir. Pero si ella moría… Daría lo mismo de cualquier forma. Sin Mimi, sabía que esta vez no podría continuar.
"Mimi…" Susurró. No se encontraba pensando con claridad. Las sombras se volvían cada vez más intensas y la necesidad de mirar hacia todos los lados era imprescindible.
Las escaleras eran enormes… La mansión estaba llena de recovecos. Prometo comprar algo más pequeño como querías pequeña. Lo juro. Muchas veces Mimi le había dicho que la mansión era tan grande que si entraba un ladrón probablemente nunca lo encontrarían antes que él los encontrara a ellos. Pero siempre pensó que era una idea sacada de las películas de terror. Totalmente inverosímil.
Subió con calma. Sus manos se deslizaban suavemente por la baranda hasta que pudo escuchar.
"Wallace por favor no lo hagas!" Decía una vocecilla llena de pavor. "No a mi hijo"
"Perdóname amor… Perdóname… Pero no entiendo… No entiendo por qué? POR QUÉ MIMI? POR QUÉ?"
"N-no lo entiendo Wallace… N-No entiendo de qué estás hablando?"
"Por qué lo perdonaste? Tanto daño Mimi… y lo perdonaste!... Hubiéramos podido evitarnos todo esto si no lo hubieras dejado entrar de nuevo"
"Wallace… Siempre fuiste mi amigo… No hagas esto por favor"
"Él no te merece pequeña, ni siquiera te ama. Lo único que quiere es tenerlo todo. No sabe lo que es perder. No te ama como yo… Tuve que soportar en silencio mientras te lastimaba y te traicionaba. Y aún así me pides que no haga esto"
"Wallace… tienes razón. Siempre fui una tonta. Siempre lo amé demasiado. Pero… Por favor… No me quites lo único que no considero un error. No pude elegir de quien enamorarme Michael" Mimi estaba llorando. Yamato lo podía sentir. Todo lo que decían era verdad. La culpa era de él. Por no merecerla. Por desearla tanto. Por no haberla amado lo suficiente. Estaba dispuesto a resarcir ese error. Totalmente dispuesto. Solo necesitaba la oportunidad. Dios por favor dame una última oportunidad..
"Meems… Lo siento. Pero no voy a permitir que ese idiota te vuelva a hacer daño"
Yamato llegó a la orilla de la puerta, donde se encontraba esa tenue luz. De pronto todo pasó en cámara lenta para él.
Un golpe sordo. Un quejido moribundo… Eso fue todo lo que Yamato pudo escuchar. Antes de abalanzarse a través de la puerta contra el agresor.
Y luego…
1…
2…
3… disparos…
"Yamato… Te amo tanto" Decía una pequeña castaña acurrucada en el dorso de su recién formada pareja.
"¿Te dolió mucho?" Preguntó él acariciando esos cabellos castaños que últimamente plagaban sus sueños y sus pesadillas.
"Mmmm sí un poco" Dijo ella soltando una risita nerviosa. Que si le había dolido? Como un demonio! Había tratado de calmar las lágrimas en la primera entrada pero no pudo. Luego fue un poco más placentero pero decir que lo había disfrutado…
Nop…
No mucho la verdad.
Yamato seguía con los ojos cerrados y suspiros acompasados. Lo había disfrutado. Más de lo debido… Había sido muy brusco la primera vez pero ella no se lo había reprochado. Pero es que no pudo evitarlo. Sentir por primera vez esa piel… esos labios… esos senos. Simplemente esa niña caprichosa lo estaba volviendo loco.
"Yama…"
"mmm"
"Ya no quiero seguir escondiendo esto… quiero contarle a los chicos que estamos saliendo juntos… Por lo menos podernos coger de las manos y evitar que esas resbalosas se te acerquen"
Yamato lo pensó varias veces. No sabía si quería eso. Pero esta noche lo valía todo. Ella pudo haberle pedido que le trajera la luna y él lo hubiera hecho. No la amaba… De eso estaba seguro… Pero un pedacito de su corazón se rehusaba a dejarla ir.
"De acuerdo."
La emoción fue visible en los ojos de la castaña… Tanto que él no pudo evitar cogerla de los brazos y colocarse encima… Como reafirmando una posesión. Eres mía… siempre lo serás. Pensó mientras cogía el control de esos labios que en ese momento lo hipnotizaban.
Era lo que necesitaba… lo único que necesitaba….
Entonces… En qué momento lo olvidé por completo? Pensó con tristeza.
Sus ojo se abrían lentamente dejando ver una luz blanca en el cuarto.
¿Dónde demonios estoy?
Unos ojos azules se posaron sobre él.
"Kari despertó! Mi hermano despertó"
De repente había mucha gente a su alrededor. Todos preocupados por él. Habían varios pares de ojos castaños pero ninguno del color que él buscaba. Dónde estaba? Su corazón latía a mil tratando de recordar los eventos de la noche anterior.
Dónde estaba su esposa?
"Mimi…" Dijo en un susurro.
Su hermano lo miró dubitativo.
"Dónde está Mimi? Tk…. Dónde está mi esposa?"
Todos se miraron pero Taichi fue el primero en hablar. Increíblemente en ese momento volvió a escuchar la voz paternal… La voz cargada de cariño hacia él cuando su mejor amigo lo reñía o simplemente discutían por cosas estúpidas.
"Yamato… Mimi está en la otra habitación"
Pero había algo más-
"Entonces qué está mal?" Dijo pasando saliva.
"Yamato… Mimi perdió el bebé"
Y justo cuando creyó que las cosas podían mejorar… Si este era el castigo por su pecado prefería la muerte. Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. No había podido defenderlos… de nuevo le había fallado. Ya había sufrido suficiente su pequeña castaña como para que eso sucediera. Ese bebé que cargaba con tanto anhelo. La razón por la cual se habían vuelto a unir… ya no estaba. Y él no sabía que le dolía más. Si la pérdida de su hijo no nacida o el hecho que ese lazo ya no estuviera ahí.
Sus manos se cogieron la cabeza con fuerza…
Ya no podría seguir adelante. Sin ella no lo haría. Si ella decidía dejarlo a un lado él se lo permitiría. Le concedería sus deseos. Pero él ya no estaría ahí.
Lo había entendido al fin… El amor era algo por lo cual él estaba dispuesto a dar la vida. Pero lo hizo muy tarde. Cuando su pareja ya no tenía nada que dar.
Vaya... de verdad cuando creemos tenerlo todo siempre se derrumba. No recorremos un camino lleno de escombros para nada. Siempre habrá alguien más. Porque el tiempo solo importa para el que lo desperdicia... Y aquel que se arrepiente de los momentos lindos. Mirando con nostalgia algo que no volverá a pasar.
Buena semana a todo.
