Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-Capítulo 9-
Cuando me desperté más tarde que de costumbre, pues James no iría a trabajar hasta que no le hicieran algún otro encargo, bajé a la cocina con la esperanza de encontrar allí a Jasper, pero no había ni rastro de él. Supuse que continuaba durmiendo, y no le culpaba.
Me senté en una silla cuando tuve mi café preparado, y se me quitó el hambre cuando James hizo acto de presencia en la cocina. Continuaba muy enfadada con él por su vergonzoso comportamiento en casa de nuestros amigos, así que esperaba una buena explicación por su parte.
–Buenos días –se acercó para darme un beso en los labios, pero yo ladeé la cara y sólo pudo besarme en la mejilla. – ¿Estás enfadada?
– ¿Crees que no tengo motivos para estarlo?
James resopló y se sentó en la silla que había a mi lado.
–Lo siento.
– ¿Qué es lo que sientes?
–Haberme comportado como un idiota durante la cena.
– ¿Sólo durante la cena? También te comportaste como un idiota cuando decidiste cobrarles de más a Edward y a Bella.
–Necesité muchos materiales que no son baratos, Alice. Además, tardé dos semanas más de las que había previsto en construir el dichoso granero, y creo que Jasper se merecía algo de dinero por haberme ayudado.
–Pero son nuestros amigos, se supone que deberías haberles hecho una rebaja. Pero no, tú tenías que subir el precio.
–Ayer te dije que no son mis amigos, sino los tuyos.
– ¿Y eso a qué viene?
–A mí nunca me han gustado demasiado. Bella va de perfecta, y Edward… no soporto su actitud.
Parpadeé, sorprendida ante sus palabras. ¿Y llevaba tres años creyendo que James sentía simpatía por ellos?
– ¿Por qué no me has dicho esto hasta ahora?
–Porque a ti te caen bien y son los únicos buenos amigos que tienes aquí.
Me rasqué la cabeza, confundida.
–Pero… aún así no deberías haber subido el precio de la obra. Si tardaste más en construir el granero no fue culpa de ellos, James. Y me parece que Edward se ha encargado personalmente de hablar con Jasper sobre su parte del dinero.
–Ya, y como Jasper es tan perfecto y tan bondadoso, ha rechazado el dinero –masculló con desdén.
Parpadeé, sorprendida de nuevo, sin poder creerme lo que estaba oyendo.
–James, no te entiendo. ¿A qué vienen esos celos?
–No estoy celoso de Jasper –me aclaró con dureza, observándome con furia en los ojos.
Tragué saliva y me dije a mí misma que era mejor no tentar a mi suerte. James jamás lo aceptaría y no ganaría nada insistiéndole.
–Claro, perdona –no sabía cómo se lo hacía, pero al final siempre era yo la que terminaba pidiendo disculpas. –Sigo pensando que te portaste mal con Edward y con Bella. Y deberías haberme dicho que no te agradaban tanto como yo pensaba.
–Jamás me lo preguntaste, pero supongo que ya da lo mismo.
Fruncí el ceño, y estaba dispuesta a quejarme por tener que ser siempre yo la culpable cuando Jasper entró en la cocina.
–Buenos días a los dos –nos saludó con una amplia sonrisa.
Me di cuenta de que se entretuvo más en sonreírme a mí que a James, pero decidí no darle importancia.
–Buenos días. ¿Quieres un café? –me ofrecí, pues también debía preparárselo a mi marido.
–No te diré que no –se sentó al lado de James, que respiró hondo y fingió sonreír.
Aquel gesto no me pasó desapercibido y consiguió hacerme sentir mal, pero me limité a proseguir con lo mío.
–Ayer se me olvidó decirte algo.
Ladeé la cabeza cuando pensé que James me hablaba a mí, pero me equivoqué, pues se lo decía a Jasper, así que continué preparándoles el desayuno.
– ¿Ah, sí? Pues dime.
–No adivinarás con quién me encontré ayer por la mañana.
–Mmm… –supe que Jasper estaba pensando en las posibilidades cuando lo escuché rumiar. –Ni idea.
–Con Margaret.
Fruncí el ceño al escuchar el nombre de una mujer, y me dirigí a la mesa con dos tazas de café una vez las tuve preparadas. Me senté al lado de mi marido y los miré a los dos con una ceja alzada.
–Gracias –me dijo Jasper con una sonrisa cuando dejé la taza delante de él, y después volvió a mirar a James. – ¿Qué Margaret? –preguntó, desconcertado.
James asintió en silencio, dándole un sorbo a su café.
–La señora Barrows.
–Sí, hombre –Jasper parecía estupefacto y divertido a la vez. – ¿Maggie Barrows?
–La misma.
Yo, por mi parte, no me estaba enterando de nada.
– ¿Aún vive en Seabrook? –inquirió Jasper más sorprendido que antes.
–Sí. Me he encontrado con ella en alguna ocasión, y siempre me para en medio de la calle para hablar. No sabes lo contenta que se puso cuando le conté que habías vuelto durante una semana.
Carraspeé levemente, intentando que me prestaran atención.
–Lo siento, pero hace rato que me he perdido. ¿Se puede saber quién es la tal Maggie Barrows?
–Pero si ya la conoces –me dijo James. –Es aquella señora que vive en la casa azul situada en las afueras de Seabrook. ¿Sabes de quién te hablo?
Sí que lo sabía. Me había topado con ella en alguna ocasión, y sólo habíamos intercambiado algunas palabras cuando me había visto con James, pero nada más.
–Sí, sé quién es. Sabía que tú la conocías, pero no sabía que Jasper también lo hacía.
El aludido sonrió con culpabilidad y le dio un sorbo a su café.
–Sí que la conocemos, y muy bien. Nos pasábamos los veranos molestándola.
Abrí los ojos, sorprendida.
– ¿En serio?
–Sí. Éramos bastante traviesos, la verdad –admitió Jasper, haciéndome sonreír.
–Pues sí. Me pidió que te dijera que fueras a visitarla –prosiguió James.
– ¿Que vaya a visitarla? ¿Tanto me echa de menos?
James se encogió de hombros.
–Tiene ganas de volver a verte.
–Podríamos ir los dos –propuso Jasper. –Ya sabes, para recordar viejos tiempos.
–Yo paso. Es una mujer muy pesada, y me duele la cabeza de sólo oírla decir "hola". Si quieres, ve tú a visitarla.
Me pareció muy grosera aquella respuesta por parte de James, así que me decidí a responder:
–Pues a mí me encantaría conocerla mejor. Seguro que tiene muchas cosas que contar de vosotros dos.
Jasper me miró durante un segundo, y después volvió su atención a su taza de café.
–En ese caso… ¿quieres que vayamos tú y yo?
–Me encantaría. Podemos ir esta tarde.
Jasper asintió con una leve sonrisa y apuró su café.
– ¿Seguro que no te apetece acompañarnos? –le pregunté de nuevo a James.
–Seguro. Ya me reiré de vosotros cuando regreséis con jaqueca.
Puse los ojos en blanco, y decidí que sería divertido pasar la tarde en compañía de una señora que podría explicarme cómo eran James y Jasper de pequeños. No obstante, por la tarde, cuando Jasper y yo salimos de casa y nos metimos en el coche, comenzaron a asaltarme algunas dudas.
– ¿Crees que la señora Barrows estará bien de la cabeza?
Jasper me miró con una ceja alzada, y después se encogió de hombros.
–Supongo que sí. Que yo recuerde, siempre fue una mujer muy activa y alegre. Pero hace muchos años que no la veo, así que quién sabe.
Su respuesta no consiguió tranquilizarme.
– ¿No le molestará que vayamos sin avisar?
– ¿Por qué te planteas todas esas preguntas ahora y no antes?
Aquella cuestión por parte de Jasper me hizo reír.
–No tengo ni idea –suspiré, y continué conduciendo hasta que una nueva pregunta apareció en mi mente: – ¿Está casada?
–Sí, con el señor Michael Barrows. Recuerdo que le encantaba la jardinería y que en el jardín trasero tenía un huerto. No sé cómo estarán ahora.
–Pronto lo descubriremos.
Llegamos a la casa de los Barrows antes de lo previsto, y ambos bajamos del coche con bastante indecisión. En aquel momento, de lo único de lo que estaba segura era de que ni Jasper ni yo estábamos seguros de que aquella visita sorpresa resultara ser buena idea.
Nos acercamos a la puerta principal, y me quedé maravillada ante la belleza de aquella casa azul. No era muy grande, pero sí muy acogedora, al menos por fuera. Me percaté de que el jardín delantero estaba decorado con un sinfín de flores de distintos colores y especies, y de que el porche en el que nos encontrábamos se encontraba en perfectas condiciones.
Jasper me miró y asentí una vez con la cabeza, indicándole que tocara el timbre. Cuando lo hizo, respiré hondo un par de veces, y dejé de hacerlo en cuanto la puerta se abrió delante de nosotros.
Jasper carraspeó y se metió las manos en los bolsillos con nerviosismo.
–Buenas tardes, señora Barrows. Seguro que usted no me recuerda, pero…
– ¡Cielo Santo, pero si eres Jasper Whitlock! –aquel grito consiguió asustarme, y abrí los ojos desmesuradamente cuando vi a la señora Barrows sujetando a Jasper por el cuello de su camisa para abrazarlo. – ¡No puedo creer que hayas venido a verme, pequeño bribón!
Aquel apelativo me hizo sonreír, y tuve que morderme el labio cuando Jasper se separó de ella lentamente, después de haberla abrazado también.
–Me alegro mucho de volver a verla.
–Y yo a ti, jovencito.
Entonces, la señora Barrows reparó en mí y sonrió ampliamente.
–Buenas tardes –me apresuré a saludarla, deseando que conmigo no fuera tan efusiva.
Gracias al cielo no lo fue. Se limitó a tenderme la mano y yo se la estreché cariñosamente, sorprendiéndome al darme cuenta de lo suave que era su piel. Aparte de eso, estuve segura de que años atrás la señora Barrows había sido una joven muy hermosa, pues sus rasgos me indicaban que así había sido; con sus grandes ojos azules y la piel clara, a pesar de que en aquel momento su cabello estaba repleto de canas.
–Estoy encantada de conocer a la esposa de Jasper –comentó con los ojos brillantes.
Aquel comentario logró sonrojarme, así que me apresuré a sacarla de su error:
–No, no soy su esposa. Soy la esposa de James.
La señora Barrows me miró con atención.
–Ah, cierto. Me temo que ya nos habíamos visto antes, ¿verdad?
–Así es.
Entonces la señora Barrows abrió mucho los ojos.
– ¡No puedo creer lo grosera que soy! Pasad, por favor –nos abrió la puerta totalmente para que pudiésemos entrar.
Si la casa ya me había gustado por fuera, por dentro terminó de maravillarme. El suelo de madera y las paredes revestidas de cuadros antiguos consiguió transportarme a una época muy lejana, al igual los muebles viejos repartidos por toda la casa. Me di cuenta de que no faltaban fotografías en ninguna de las salas por las que pasamos, hasta que finalmente la señora Barrows nos pidió que nos sentásemos en un sofá. Ella hizo lo mismo, acomodándose en un sillón muy mullido de color marrón.
–No sabes la ilusión que me hace verte después de tantísimos años, Jasper.
El aludido le sonrió con afecto, consiguiendo llenarme de curiosidad.
–James me ha dicho esta mañana que se la encontró ayer…
–Por favor, soy una anciana, pero no soporto que me traten de usted –se quejó, y cuando me miró a mí supe que aquella advertencia también me incluía, por lo que asentí en silencio.
Jasper se rió y negó con la cabeza.
–Como quieras. James me ha explicado vuestro encuentro, y me ha parecido una buena idea pasarme por aquí para volver a verte.
–Y muy bien que has hecho.
Entonces me miró a mí, y no supe qué decir.
–Alice sentía curiosidad y quería saber de qué nos conocemos –le explicó Jasper.
–Ah, así que quieres que te explique las mil y una travesuras que me hicieron tu marido y Jasper, ¿verdad? –me preguntó la señora Barrows con una amplia sonrisa.
–Me encantaría.
Ella asintió en silencio y se acomodó en el sillón.
–Y hablando de James, ¿dónde está?
–Él… no se encontraba demasiado bien. Ha preferido quedarse en casa –intervine.
–Claro. Supongo que no le apetecía escuchar la cháchara de una vieja.
Fruncí el ceño, pero cuando vi que Margaret sonreía, dejé de hacerlo. Si ella se lo tomaba a broma, yo también.
En ese momento escuchamos unos pasos lentos a través del pasillo, y vimos aparecer por la puerta a un hombre encorvado que caminaba ayudado por un bastón.
–Ah, Michael, mira quién ha venido a vernos –la señora Barrows se puso en pie lentamente, pero se apresuró a ayudar a su marido a acercarse a nosotros.
Jasper se levantó del sofá y yo lo imité, para hacerle al hombre la tarea más fácil.
–Caray, cuánto has crecido, muchacho –Michael abrió los brazos cuando estuvo a nuestro lado y rodeó con ellos a Jasper, dándole palmadas en el hombro. –Hacía muchos años que no nos veíamos, ¿eh?
–Demasiados.
–La última vez que nos viste, Maggie y yo aún éramos jóvenes.
Su mujer lo observó con una ceja alzada pero sin dejar de sonreír.
–Me temo que ya éramos viejos, Michael.
Aquella conversación me hizo reír, y fue entonces cuando el señor Barrows reparó en mí.
– ¿Pero quién es esta hermosa jovencita? ¿Tu novia?
Volví a sonrojarme. ¿Por qué todo el mundo pensaba que Jasper y yo éramos pareja? ¿Es que lo llevábamos escrito en la frente o algo por el estilo?
–No, soy la esposa de James –repetí, estrechando la mano que Michael acababa de tenderme.
–Oh, sí, sí. James. Es cierto, recuerdo haberte visto en alguna ocasión por el pueblo.
Asentí lentamente, y tanto Jasper como yo volvimos a sentarnos en el sofá.
–Ya que estoy de pie, ¿os apetece tomar un café o un té? –nos preguntó Margaret.
Esperé hasta que Jasper asintió y pidió un café, y yo lo imité.
– ¿Tú quieres uno, Michael?
–No, gracias. Debo continuar con el huerto.
Margaret asintió y comenzó a caminar hacia la cocina.
– ¿Quieres que te ayude? –me ofrecí para no sentirme mal.
–No, cielo, no te molestes. No tardaré nada.
Entonces, el señor Barrows se sentó en el asiento que había ocupado su esposa minutos antes y nos miró con gentileza.
– ¿Qué os ha traído aquí? –Jasper le explicó otra vez el motivo de nuestra visita, consiguiendo que el hombre se echara a reír. –Si tuviéramos que explicar todas vuestras diabluras, estaríamos aquí hasta el día del juicio final.
En aquel momento la señora Barrows entró de nuevo en el salón con una bandeja, y sin poder evitarlo me puse en pie para ayudarla. Le sostuve las tres tazas que había sobre la bandeja y las coloqué en la mesita que se encontraba delante de nosotros.
–Gracias, Alice.
Michael se levantó y dejó que su esposa se sentara de nuevo.
–Si no os importa, he de continuar mi trabajo en el huerto.
–Claro que no, Michael. Si te necesitamos ya te avisaremos.
El señor Barrows salió del salón a paso lento, y después su esposa nos miró fijamente a los dos.
– ¿Por dónde empiezo?
Hello! Esta vez no he tardado demasiado en actualizar, ¿verdad? Tengo en cuenta que en este capítulo no pasa nada emocionante, pero como digo siempre, las cosas se irán dando poco a poco. Además que los señores Barrows me parecen muy entrañables (y más a medida que los vayamos conociendo un poco más ;P)
Espero que os haya gustado el capítulo de hoy y que me lo digáis con un review. En principio volveré a actualizar el domingo, pero todo dependerá de mi tiempo y de mis deberes.
¡Hasta pronto! Xo
