Disclaimer: Nurarihyon No Mago no me pertenece.

-Dialogo de los personajes-

"Voz interior que aparece en la cabeza de Yuki-onna"

Énfasis

Pensamientos de los Personajes y Sueños

Cap.9: Aquello que nos separa

-Hace mucho tiempo, tu padre y yo cometimos un pecado egoísta.- confeso – Justo aquí, matamos a Yuki-onna.

Las palabras del anciano dejaron en shock a Rikuo. ¿Mataron a Yuki-onna? ¡De qué demonios estaba hablando! No conocía a la mama de Tsurara, vio algunas fotos de ella junto al Hyakki Yakou de su abuelo pero jamás en persona y nunca tuvo curiosidad de saber porque dejo Tsurara sola. Hasta ahora.

¿Qué su abuelo y su padre la mataron? .Ridículo. Tenían que estar bromeando, ellos no podían ser capaces de tal atrocidad ¿o sí? El desfile nocturno de su padre era así parecido al suyo, no conocía más allá de las grandes maravillas que describían de su persona, no lo conocía en realidad.

Solo los vagos recuerdos de aquellos juegos infantiles que compartían, su tiempo junto, su sonrisa y finalmente, su muerte.

-E-Estas mintiendo-titubeo, preso de la angustia y el desconcierto.

-No, hace décadas nosotros nos encargamos de desaparecer a Setsura y nos apropiamos de su hija, Tsurara.- respondió, con voz firme y serena. Como si no tuviera remordimientos por ello. El momento había llegado, la verdad seria revelada, tan cruda y fría como realmente era.

-¡¿C-Como?- grito el chico, desesperándose, aquel hombre que admiro por sus hazañas, el abuelo que admiro por su tenacidad…eran…asesinos…despiadados asesinos.

¡Cálmate chico! –grito su voz youkai, estaba impaciente también, aunque se mantenía al margen.- Déjalo hablar y luego saca tus propias conclusiones.- le aconsejo.

El pelicastaño respiro profundo, intentando calmarse, parpadeo un par de veces y luego por fin le dio permiso al anciano de continuar su relato. El anciano sorprendido por el cambio de actitud repentino, continúo.

-Al igual que tú, busque youkai que tuvieran mis mismos objetivos, comencé a formar mi propio desfile. Aunque éramos pocos, teníamos mucho poder, temidos y respetados. Lo que cualquiera en aquel entonces querría.-relato, rememorando sus tiempos de gloria, con cierta nostalgia en la voz. – Pero me faltaba algo indispensable…

-¿Indispensable?- susurro el muchacho confundido ¿que querría el vanidoso de su abuelo más que poder y respeto?-¿Qué cosa?

-Amor- respondió firme, sorprendiendo a su nieto. Siglos antes de que conociera a tu abuela, busque sin cesar alguna persona que me interesara. Y la encontré.- su voz nostálgica, añorando volver los días atrás…queriendo cambiar el destino que le fue trazado.

-¿La madre de Tsurara?-pregunto el muchacho rápido, escucho muchas veces que la madre de su guardiana y ella misma eran muy parecidas. Teniendo eso en referencia, supuso que ambas eran hermosas, sumamente bellas.

-Así es, cuando estuvimos viajando encontramos un gran cantidad de youkais congelados y muertos en el camino. Y pensé en reclutar al causante de la masacre…-con una sonrisa sarcástica en su rostro. Lo que encontró no era precisamente lo que esperaba.

Las entidades de la oscuridad marchaban en grupo, imponentes y temibles, a través del nefasto sendero. El líder de cabellos blancos y mirada hechizante iba al frente, dirigiendo a todos se encontraba el gran "Nurarihyon". La transparencia del hielo, el frio del ambiente, la sangre en el suelo, daban señal de la fuerza que hubo en el lugar.

-¡Otou-san! ¡Despierta, por favor! ¡Otou-san!-gritaba la voz de una mujer en la lejanía, los finos oídos del peliblanco los percibieron, embelesados de la agudeza perfecta de la voz. Sin decir nada se adelantó, ordenando a sus súbditos seguirlo a una distancia prudente.

Muchos más cuerpos, esta vez atravesados por lanzas congeladas se apreciaban, el piso congelado en su totalidad, el pasto verde dejaba caer suaves gotas de agua que finalizaban congeladas antes de caer de las hojas. Una densa neblina se interpuso entre el líder, quien la traspaso sin improvistos, encontrando un escenario distinto al anterior.

Las áreas congeladas eran menores, algunas zonas estaban quemadas o incineradas en su totalidad. Los cuerpos aumentaron en todo un radio de doscientos metros, se, teniendo espacio solo para pisar. Varios árboles cortados y otros cristalizados, el piso con finos y peligrosos picos de hielo, y al medio del escenario una mujer de vestiduras blancas.

Largo cabello azulado, con raíces ¿celestes, blancas? Un kimono puro, cortado en diversas secciones con sangre, producto de cortes en la piel de la mujer. No veía sus ojos, solo escuchaba sus gritos y como zarandeaba ¿una serpiente? No era más grande…observo con mayor cuidado.

La gigantesca y alargada criatura estaba mal herida en muchas partes, tenía un corte profundo cerca a la cabeza. Sus escamas de un azul brillante, sus colmillos blancos, sus bigotes alargados de color negro, y el cuerpo cristalizado por sobre las heridas dando un tono de cristal, respirando agitadamente, quizás agonizando.

-¡No me dejes por favor! ¡Resiste, pronto podremos regresar a casa!- gritaba ella, zarandeando el cuerpo sin éxito, la acelerada respiración del dragón lanzaba un aliento frio sobre ella, aunque no le afectaba. El líder Nura se ocultó haciendo uso de su habilidad, rodeo el área, quedando justo a unos cinco metros de ambos youkais.

Pudo apreciar por primera vez el rostro de la mujer, su piel tan blanca como la porcelana, sus labios rojos, sus ojos dorados como el oro, su belleza singular. Ella lloraba, desesperada por la situación del dragón al que llamaba padre. Estaba lastimada, aunque parecía porque importarle en comparación a la irregular respiración del otro, los ojos cerrados pronto se abrieron lentamente, mostrando un tono azulado como el océano de su iris, mirando en dirección a Nurarihyon. Fijamente lo veía a los ojos.

¡Me ha visto!

La fémina dejo de sollozar de golpe, con fuerza alzo su brazo, meciendo su blanca vestimenta. Una sensación de alerta recorrió el cuerpo del ayakashi, un gigantesco pico de hielo emergió velozmente del suelo, lo iba a atravesar. Rápidamente uso su habilidad y reapareció un poco más lejos de ellos que antes, detrás de ella.

La ojidorada se levantó delicadamente, con cierto aire de majestuosidad digno de una reina. El dragón la seguía con la mirada, ella volteo y la triste y desconsolada mirada de antes se convirtió en un determinado deseo de aniquilar con su contrincante.

-Eso fue peligroso, mujer- dijo el peliblanco con burla. Estaba sorprendido, nunca creyó que alguien podría ver a través de su habilidad, menos en ese estado tan deplorable.

Ella no reflejo emociones en su rostro, simplemente volvió a alzar el brazo, señalando con el índice el lugar donde el ayakashi estaba de pie. Sus labios se movieron, pero no se escuchó nada provenir de ellos. Al segundo tres filosos picos de hielo intentaron atravesar al Nura, este salto con una expresión seria, evitando el ataque.

El aire se volvió frio, alertando al peliblanco, una espesa neblina lo envolvió cegándolo. Él por su parte volvió a reaparecer en otro lugar, cerca de los bosques. Un movimiento en falso, y el costado izquierdo de sus ropas fueron cortados por una lanza de hielo, la hermosa mujer lo estaba esperando.

-Demonios-susurro Nurarihyon por lo bajo, esquivando por los pelos el corte, la blanca figura rápidamente arremetió intentando hacer un corte lateral en él, que fue esquivado rápidamente.

La figura del Nura desapareció de nuevo, esta vez sumamente cerca del dragón, se agacho rápidamente hacia él, quedando frente a frente. Los ojos azules refulgieron de cólera, exhalando más fuerte su aliento.

-Eres tú- afirmo el Nura, al darse cuenta de que la persona que lograba precisar su ubicación no era la chica, sino él. De sus ropas saco una vieja katana, que recogió de entre los cuerpos que encontró en el trayecto. La desenvaino rápidamente y la alzo, dispuesto a cortar la cabeza del dragón. Lo haría, a esa velocidad no había forma que ella pudiera precisar donde estaba.

De entre la neblina, la mujer buscaba a su contrincante, cuando sintió que algo andaba mal. ¡Otou-san!

Las pupilas del dragón vieron detenidamente la filosa hoja de metal, esperando su muerte. Los insensibles ojos de Nurarihyon no expresaron piedad alguna y procedió a cometer el asesinato. Cerca, más cerca. Luego el golpe de algo chocando contra el suelo, giro la vista y su adorada "hija" dejaba caer su arma y corría hacia él.

Los finos y blancos brazos de la mujer rodearon el cuerpo varonil del líder, logrando evitar que cometiera su cometido. Ambos jóvenes rodaron juntos, lejos del dragón, la mujer pronto abrió los ojos; iban a chocar directamente contra un árbol. Y más allá de el ¡un risco!

Sintió unos fuertes brazos abrazarla, apretándola, protegiéndola. En medio de las vueltas pudo ver la mirada decidida de Nurarihyon, se aferró a él y pronto el costado izquierdo de ambos choco contra el frondoso pino, sus cuerpos se separaron, por la fuerza, estiro su brazo intentando agarrarse de la corteza. Pero no pudo, observo con miedo el risco al que caería, intento gritar y su voz quedo ahogada en su garganta.

-¡Sujétate!- grito la voz varonil, extendiendo su brazo y tomando a la pelinegra de la mano, evitando que cayera. Su brazo derecho se sujetaba al árbol, mientras con el otro la sostenía.

Ella lo miro confundida, sorprendida por su bondad. Apretó el agarre y se aferró su otra mano al brazo del varón. Pronto él empezó a tirar de ella, logrando alzar sus largas piernas que caían por el risco. Jadeando logro atraerla hacia si completamente, abrazándola para evitar que caiga de nuevo. Ella por su parte se apoyó en el árbol, aun entre sus brazos.

-¿Estas bien?- pregunto él, mirándola. Estaban algo cerca uno del otro, observando la cara más hermosa que había visto hasta entonces. Se sonrojo ligeramente y sonrió de forma picara para evitar que se notara tanto.

-¿Por qué?-pregunto ella, sin caer en los encantos del líder.

-Hmmm-musito él, buscando en su cabeza una respuesta lógica.- Eres demasiado hermosa como para morir, por eso- la alago, obteniendo un sonrojo que tiño su pálida piel.

La joven pareció recordar algo, y se alejó rápidamente de él, intento levantarse pero el golpe contra el pino empeoro la gran cantidad de cortes que tenía en el cuerpo y poco a poco comenzó a caer presa del dolor.

-No te esfuerces- le dijo él, sosteniéndola entre sus brazos y alzándola, ella evito mirarlo y se enfocó en un punto lejano. Nurarihyon pareció captar su angustia, recordando al dragón de antes, estaba muy malherido y ella lloraba.-Te llevare con él – le aviso, dando un gran salto, apresurándose en camino al supuesto padre de la mujer que logro robarle el aliento.

Al llegar el dragón respiraba más tranquilo, aunque sus heridas sangraban mucho más, ella bajo de sus brazos ni bien se acercaron, corrió en su auxilio. El dragón abrió los ojos pesadamente, y observo a la ojidorada sonriéndole delante de él. Miro al youkai restante y sonrió, como agradeciéndole. Ella acariciaba su escamosa piel, cantando una suave melodía para calmarlo.

-Es hora mi niña- dijo el, agonizando. La joven negó con la cabeza, abnegada a perder a su familiar, junto su rostro hasta él.-No llores- le pidió, sintiendo la tibieza de su lagrimas deslizarse por su hocico.

-No…no me dejes Otou-san-murmuro ella, negando con la cabeza y alzando su rostro bañado en lágrimas.-…por favor…-rogo.

-Hmm…sabíamos que pasaría…no estés triste, podremos vernos otra vez.-la consoló el dragón, sintiendo como su pulso se aceleraba, presa de un paro cardiaco.

-¡No!-grito ella, al sentir como las escamas se blanqueaban lentamente.- ¡No por favor! ¡DETENTE!-grito angustiado, con la voz ahogada en dolor.

-Hasta entonces…Setsura-chan…-susurro antes de cerrar los ojos, teniendo como última imagen el rostro lloroso de su hija.

-No…Otou-san…por favor…despierta- lo zarandeo, sin lograr que él abriera los ojos, las escamas azules adquirieron un tono blanco, y poco a poco iban desapareciendo como partículas en el aire.-Detente…-susurro ella con la voz dolida, sintiendo como la cabeza se desvanecía en partículas brillantes entre sus manos.

Su padre se había ido.

-¡SEIRYU OTOU-SAN!-grito ella al cielo, reclamando la pérdida de su único pariente. Sintió como el brazo varonil la consolaba, volteo triste su rostro, encontrando una expresión consoladora en él. Se abalanzo a sus brazos llorando todas las lágrimas y sufrimiento que su alma sentía en ese momento, que eran recibidas en los brazos del hombre que la había salvado. Con cuidado el acariciaba su cabello, tranquilizándola.

A partir de ese momento, como pago por consolar un dolor ajeno, salvar la vida de quien busco acabar con la suya; ella lo seguiría. Hasta tener de vuelta a su padre o sentir que logro pagarle el favor; estaría a su lado.

-Su padre era…Seiryu- menciono el ojimarron, recordando al dragón con el que lucho una noche. Entonces Seiryu era el abuelo de Tsurara, ella aún tenía un pariente. En el clan Houkou, tenía una "familia" ¿Qué pasaría si se lo dijeran? ¿Se iría? ¿Lo abandonaría? ¿Preferiría a su otra familia más que a la que poseía ahora? El Clan Nura, sus amigos, su lealtad, su vida…él mismo.

¿Me dejarías?

-Por Karasu Tengu sé que ya lo has visto, su poder es enorme y los otros tres son relativamente tan fuertes como él. Volviendo a lo de antes, Setsura se quedó a mi lado y acepto compartir Sakazuki conmigo temporalmente.-explico, riéndose por el recuerdo que significaba "temporal".

-¿Un Sakazuki temporal? ¿Qué es eso?- pregunto, sorprendido porque la lealtad de alguien se deba a un periodo de tiempo, como si fuera un préstamo.

-Jajaja-se rio el mayor, se preguntó lo mismo cuando ella se lo propuso. Que mujer para más orgullosa y terca.

-Quiero que intercambies Sakazuki conmigo, llevas viajando con nosotros un tiempo y tu "miedo" es lo que busco en un youkai.- pidió Nurarihyon, sintiéndose absurdo de tener que hacerlo, siempre eran "ellos" quienes se lo pedían. Parecía mas como pedir su mano en matrimonio, solos, sentados a la orilla de un lago mientras ella observaba sonriente la luna brillante.

La idea no le resultaba ilógica, ella era hermosa y perfecta en todo sentido, era fuerte, aguerrida, testaruda, inteligente, valiente, cariñosa, toda lo que algún hombre buscara estaba en ella. Siempre jugaban entre coqueteos que no llegaban más allá de los mismos, solo una muestra de cariño sin sentido para sentirse mejor el uno con el otro. Creyó que encontró a la mujer de su vida, la mujer que sería su esposa y para ella fue así también.

No obstante, ninguno de los dos pasaba el muro, saltaba y se arriesgaba a poner aquella amistad cariños que compartían con el otro. Por miedo quizás, por respeto, inseguridad ¿Quién sabe? No lo hicieron fin de cuentas, quedando como hermanos que se amaban, se amaban de verdad, de una forma muy peculiar.

-¿Sakazuki contigo?-bromeo ella, con su expresión burlona y picara. Al igual que él, ella podía jugar a tentar y mofarse del resto con su sarcasmo.

-No, con Gyuuki – le devolvió él la broma, viendo como la expresión de burla cambiaba a asco y repulsión en su hermoso rostro. Esos dos se repelían peor que perro y gato, parecía odio innato. Pero valla que le servía para molestarla.

-Idiota-murmuro ella, sacando los pies del lago, los poso delicadamente sobre el pasto, sintiendo un cosquilleo por el contacto. Rio suavemente, generando una sonrisa amplia en el rostro de su acompañante complacido por su felicidad. Ella se alegraba por cosas tan insignificantes que generaba gracia a los demás, contagiando alegría. Aquella era una Setsura que pocos conocían, y él veía muy seguido al estar a solas, para los demás era fría y algo descarada, mas no ante sus ojos.

-Temporal-dijo ella, volteando su dorada mirada hacia el peliblanco, sonrió más ampliamente, dando fuerza a su palabra. Despacio se levantó y acomodo sus ropas, camino despacio hacia el ayakashi que la observaba curioso a sus acciones y se agacho hasta quedar cerca de su rostro. Su cercanía hacia mucho que dejo de representar vergüenza, era una costumbre. –Te juro lealtad temporalmente-volvió a decir.

-¿Ah?-se quejó, que mierda era eso. Le estaba molestando o hablaba en serio. Temporal, lo hacía ver más como un préstamo que como lo que realmente era. ¿Acaso le caía tan "mal? - ¿De que estas hablando? Si no quieres basta con decir no y…

-Te equivocas-le interrumpió ella, poniendo un dedo sobre sus labios.-No puedo estar a tu lado por siempre porque estoy esperando a alguien. Cuando vuelva regresare a su lado, así que no volvería contigo. Si lo hiciera y me fuera cometería traición, por eso.- finalizo, viendo la incredulidad en los ojos de su orgulloso líder. Y una pisca de ¿celos? Se rio y comenzó a retirarse, sin duda ellos eran extraños.

-¡Oy! ¿A dónde vas? ¡Vuelve aquí que no he terminado de hablar contigo!-le grito el joven enfurecido ¡¿quién rayos estaría esperando esa tonta? Lo ponía de rayos.- ¡Setsura!- la llamo, captando su atención al usar su nombre, pocas veces lo hacía y sabía que a ella le afectaba de cierta forma.

Ella se detuvo de improvisto, giro completamente y sus mejillas se llenaron de carmín, estaba furiosa.

-¡Te dije que no me llames así, Baka!-grito ella, en dirección a su compañero. El peliblanco por su parte se rio a carcajada limpia, feliz de lograr molestarla. Ella se giró más rápido para llegar de vuelta a la base, siendo sorprendida por la aparición de Nurarihyon en frente suyo, impidiéndole el paso. ¡Que molesta habilidad tenía ese tarado!

-Falta completar el trato, Setsura- le dijo, extendiéndole un poco de sake que tenía guardado para la ocasión, ella inflo los cachetes y quiso pasar de él, evidentemente molesta.

-Quítate-siseo ella, como intentando demostrar que su enojo iba en serio. Aunque no lo era, solo buscaba molestarlo.

-No, no lo hare- reprocho, abriendo la botella de sake.-Vamos deja tu enojo y brindemos ¿quieres?-le pidió extendiendo la botella.

-Hmp-bufo, haciendo el rostro a un lado, con fastidio.

-Bueno como tú quieras- susurro divertido, abrió la botella rápidamente y le dio un largo trago, dejo caer el recipiente al suelo. El sonido llamo la atención de Yuki-onna y abrió los ojos, sintió como jalaban de su cintura, atrayendo su cuerpo a él. Sus rostros se observaron comprobando en mucho tiempo aquel sonrojo de vergüenza que perdieron hacia años. Refulgió la necesidad del espacio personal, pero los planes no eran esos. Los labios de Setsura fueron apresados por Nurarihyon, suavemente, sintiendo el sabor de sake que la llamo pidiendo más. Pronto el beso se volvió profundo, el líquido resbalo por las barbillas de ambos y ella termino por beber de su boca el sello de lealtad.

-A partir de ahora hasta que encuentres a quien buscas me deberás lealtad, protegerás lo que yo quiero proteger y yo te protegeré de igual manera Yuki-onna.- recito contra sus labios, dejando que el cosquilleo por el aliento femenino lo embelesara. –A partir de ahora estaremos juntos.

-Acepte que permanecería conmigo y así fue hasta algunos años después de que naciera tu padre.- aclaro , recordando como ella solía cuidar de él de vez en cuando.- Una semana después de que tu padre cumpliera sus catorce años Setsura me pidió hablar y dijo que era hora de marcharse.

-No puedes estar hablando en serio – le recrimino, sintiendo que su preciada Setsura se iría de su lado.-Eres la guardiana de Rihan y también la persona que le enseña a pelear, si te vas no será fácil.-advirtió, con cierto tono de tristeza en la voz, con rapidez se llevó más sake a la boca, en un vano intento por evadir lo que escuchaba.

-Lo entiendo pero debo irme, he encontrado a la persona que buscaba y tengo que volver a su lado.-respondió decidida, de una de sus mangas saco dos cartas y se las extendió.-Quiero que se las de a Rihan-kun.-pidió, la expresión de Nurarihyon cambio drásticamente pasando de nervios y dudas a indignación y cólera.

-¡Piensas irte sin despedirte! ¡¿Tanto vale una persona como para dejar a quien te acogió por cientos de años?-le grito furioso, ella por su parte no perdió los estribos y puso las cartas a un lado de la habitación, volvió a mirar a su Comandante y sonrió de forma relajante.

-Lo siento- se disculpó, se giró evitando el aura inestable que sentía en su compañero, tenía que irse, no era que quisiera hacerlo del todo. Obviamente los extrañaría, a Rihan, a su líder, a sus amigos…como no hacerlo. Por eso no podía despedirse, no era lo suficientemente valiente como para enfrentar el adiós.

Se retiró silenciosa, el Nura solo temblaba ligeramente apretando los dientes al no encontrar palabras que la retuvieran. Ella se lo advirtió, era temporal, pero los años y el cariño lo acostumbraron a verla. A su lado, como una amiga incondicional, una hermana cariñosa, alguien irremplazable. Para él y todos los demás en la Casa, también para su familia, con la que se llevaba de maravilla. Levanto la mirada rendido, la vio contemplar el árbol de sakura que se apreciaba frente a su cuarto, sonriendo iluminada por la luz de la luna llena.

Al igual que cuando intercambiaron Sakazuki, con la luna y su sonrisa. No pude evitarlo; la abrace. Sentí su cuerpo tensarse cuando la rodee entre mis brazos, para luego juntar sus manos con las mías. Oculte mi rostro en su cuello, respirando su dulce aroma envolvente, apreté más su cintura pegándola contra mí. Una gota fría cayo en mi mejilla, alce la vista y me di cuenta que lloraba, limpie su llanto a besos mientras ella ocultaba su mirada entre sus negros cabellos. No quería que la viera llorar, así de débil y triste.

Nos quedamos así, quise detener el tiempo, sus manos poco a poco perdieron la fuerza con la que sostenían las mías, tenía que marcharse. Entendí el mensaje y lo último que compartimos juntos fueron susurros, llenos de cariño.

-Cuídate mucho Setsura- me despedí en su oído, antes de depositar un beso cálido en su mejilla, separe mis brazos de su cuerpo y el cosquilleo por tocarla me ahogo.

-Gracias-me dijo, con esa voz tierna y firme que me llamaba la atención. Su viento helado el rodeo, dándole un aire místico y sensual. Un portal de transporte se abrió, de tonalidades rojizas, moradas y amarillentas, mostrando un fondo extraño.

Desde dentro se extendió la mano de una persona, algo tosca y con ligeras líneas rojas envolviéndola, Setsura volteo hacia mí y me sonrió dulcemente.

-Adiós- se despidió, le sonreí como pude y la ultimo que me dijo me saco la sonrisa más grande que tuve en mucho tiempo.- Te amo-

Luego tomo la mano que la invitaba y desapareció por mucho tiempo.

-Después de ese día ella enviaba cartas pero nunca nos dijo en qué lugar estaba

-¿Se encontró con la persona que buscaba?

-Sí, muchas de sus cartas lo decían, siempre enviaba una a mí y otra a tu padre. Pero después de un año dejo de enviarlas, poco después falleció Youhime.

-¿Por qué dejo de enviar cartas?-pregunto sorprendido porque ella perdiera contacto con sus seres queridos.

-No lo supimos, tu padre se vio muy afectado por la muerte de tu abuela, era joven e inexperto en batalla. Recuerdo que muchas veces enviaba a Karasu Tengu en busca de Setsura para que la traiga devuelta.

-¿Mi padre?- cuestiono.

-Estaba buscando una madre sustituta porque no podía afrontar el hecho que la verdadera estaba muerta, Setsura lo cuidaba mucho de pequeño y con el tiempo se volvió casi como su segunda madre.-le explico , recordando las repetidas veces que ambos discutieron porque Rihan la buscaba hasta en las rocas y él no lo apoyaba.

-¡¿Por qué no quieres buscarla?-grito el pelinegro enfrentando la actitud fría de su padre con respecto al tema.

-No tiene caso, se fue a donde quería y no tenemos por qué obligarla a volver.-respondió frio, exhalando el humo de sus pulmones.

-¡Le pudo pasar algo y por eso perdió contacto con nosotros! ¡No significa que este a salvo o no nos quiera ver Otou-san!-reclamo, acercándose más a su padre y arranchándole la pipa que tenía en la manos. A sus dieciséis años era bastante osado y directo para el gusto de su padre. Su progenitor lo miro con expresión de reproche, comenzando a enojarse por la terquedad que tenía.

-¡Ella no es tu madre! ¡Youhime ESTA MUERTA! ¡ACEPTALO!- le grito, levantándose y parándose frente a su hijo con un aura intimidante, mas aquello causo un efecto contrario en su hijo.

Rihan refulgió de furia ante las palabras del peliblanco, apretó su mano derecha hasta forma un puño, se abalanzo sobre el aun Supremo Comandante y le propino un fuerte puñetazo en el rostro.

El resto de los youkais de la casa se mantenía alejado de la zona de disputa, observando preocupados la gran tensión entre sus amos. El árbol de Sakura parecía reflejar toda la tensión acumulada, todos los pétalos rosados se desprendían de las ramas y revoloteaban a merced de las ráfagas de viento de manera violenta.

-¡¿Sabes porque quiero traerla?¡¿SABES PORQUE?- le grito, sorprendiendo al peliblanco, su hijo sobre él, con el puño en alto. Lloraba. Las gotas saladas se deslizaban en su rostro, de tristeza punzante y corazón desconsolado.- ¡PORQUE ELLA ME CONSOLARIA COMO TU NUNCA LO HAS HECHO!-declaro, golpeando de nuevo a su padre, la sangre broto de sus labios, pero no se quejó.

¿Qué clase de padre he sido?

Por la pérdida de su amada se abstuvo de ver a su hijo, excusándose de que le recordaban a la difunta. Lo alejo de su lado, y el resultado era aquel escenario. Rihan buscando a Setsura para que su corazón desahogara en sus brazos el vacío de su alma.

Los golpes continuaron, todos en el rostro, el Comandante no respondía ni evadía el ataque; dejando a su hijo desahogarse.

Todos los presentes veían con miradas amargas y acongojadas la escena, las mujeres lloraban y gemían de dolor al sonido de cada golpe, cada mancha de sangre en la madera, cada lágrima que el menor pelinegro dejaba escapar.

-¿Otou-san encontró a Setsura-san?

-No, paso dos años más buscándola y no la hallo. Termino por resignarse y empezó a formar su propio Hyakki Yakou.

-Entonces…ella no volvió- mirando con pena el tatami, que dolor debía ser perder a un ser querido. Lo conocía bien, era el dolor que el sintió al ver morir a su padre. Inaguantable y asfixiante.

-Te equivocas- lo corrigió, mirando el techo, como buscando recordar la sorpresa de aquel día.- Ella apareció en la casa, como si nunca se hubiese ido. Lo peor fue que la tonta trajo hasta a su novio.- se rio, recordando como miraba negativamente al youkai que la acompañaba, no era suficientemente bueno para su querida hermana, Setsura.

-Setsura-san regreso al Clan, aun así eso no explica lo que dijiste antes.- enfatizo Rikuo, sintiéndose perdido entre los recuerdos de su abuelo.

-Tranquilo, apenas y estamos comenzando Rikuo.- se burló el mayor, sintiendo la impaciencia de su nieto. El solo asintió y se puso cómodo, tenía muchas cosas que saber y entender; sobre todo si quería tener a Tsurara a su lado.

-Dijiste que trajo a su novio, quiere decir que Setsura-san dejo de comunicarse con el Clan por él.- argumento, intentando entender la falta de comunicación de la madre de su guardiana.

-No, cuando volvió nos contó que encontró a su padre y estuvo viajando a su lado. Todas las cartas las enviaba cuando llegaba a un lugar nuevo, pero Seiryu tenía meses perteneciendo a un Clan diferente.-volviendo la mirada a su nieto, que comprendió rápidamente a que Clan se refería.

-El Clan Houkou- respondió con fastidio, recordando el momento en que Kazuma le afirmo sus deseos por arrebatarle a Tsurara.

Ya te lo he dicho, estoy dispuesto a todo con tal de obtener lo que quiero.

-Sí, ella y Tetsuya pertenecían ya al Clan Houkou. Dijo que hubo algunos problemas y perdió contacto, nos pidió quedarse una temporada. Al parecer se unió para quedarse al lado de su padre.

-¿Tetsuya es el padre de Tsurara?- pregunto Rikuo, teniendo curiosidad por saber si aquel hombre estaba con vida.

-Lo era

-¿Ha muerto?

-No, desapareció. Un día Setsura llamo preguntando por él y resulta que el bastardo se fue dejándola embarazada.-menciono con rabia, recordando el rostro llorosa de Yuki-onna. Cuanto había sufrido por la ausencia de aquel hombre. Maldito Tetsuya.

-Las abandono- menciono con cierta pena Rikuo ¿Cómo fue capaz de dejar a su guardiana sin siquiera verla nacer? ¿Cómo pudo abandonar a su propia hija?

-Setsura se repuso y todos nos fascinamos con la belleza maternal que despedía. Era natural en ella y Tsurara era sumamente dulce, todo en aquel entonces era felicidad. Me reconcilie con tu padre gracias a Setsura y educamos a su hija como parte de nuestra familia, tu padre se emocionaba con la idea de tener un hijo para mimarlo tanto como a ella.

-La querían mucho ¿no es así, oji-san?- pregunto, sintiendo aquel aire tierno que emanaba del tono de su voz, que felices tiempos debieron ser.

-Demasiado diría yo, tu padre realizaba trabajos de contención y probaba la fuerza de su desfile nocturno cuando tenía la oportunidad. Todo marchaba bien hasta que un grupo se opuso a nosotros y hubo una pequeña guerra.

El iris marrón no perdió su tenacidad, entendiendo que comenzaban a llegar a la raíz de las palabras fatales que mención su abuelo en referencia a la muerte de Yuki-onna.

-Eran fuertes y tu padre aun carecía de experiencia en relación a batallas de gran calibre. Decidí acompañarlo y llevamos a toda nuestra artillería con nosotros. Cada youkai que podía pelear marcho con nosotros y no regresamos hasta una semana después a la Casa Principal. –recordó, sintiendo una punzada en el corazón, aquel cálido regreso se volvió un infierno ni bien divisaron la entrada.-Dejamos a las mujeres y niños aquí, Setsura y su hija también. Pero…-se detuvo, intentando deshacer el nudo que se formó en su garganta, su culpa, la culpa de Rihan, el dolor, la angustia; el TEMOR.

Aquello se asomó con fuerza, aflorando en sus memorias, lastimando su alma.

-¿Pero qué?

-Cuando volvimos la Casa Principal había sido aniquilada.

El escenario de la catástrofe se cernió sobre el Clan Nura ese día.

Un gran castillo de blancas paredes, tonos azulados y negros, de dos pisos, se electrizaba. La construcción parecía rajada de un lado por una grita azulada, enorme y amenazante. Siendo la única imperfección en ella, las grandes puertas se encontraban selladas por gigantescas cadenas, impidiendo la entrada de todos los demás youkais que rodeaban la Casa Oeste. En espera de que la esperanza no muriera esa noche.

Dentro, entre una gran sala de paredes de cristal, los cuatro dioses se encontraban situados sobre círculos escritos en lenguas extrañas. El dibujo de una estrella en el suelo, brillaba de tonos rojizos, los dioses ocupaban cuatro de las cinco puntas, con una vacante. Los símbolos de agua, tierra, fuego y rayo debajo de los cuerpos de cada dios destellaban en los mismos tonos rojizos, como con vida propia.

El recinto rodeado de columnas grises resquebrajadas, con un toque antiguo, denotaba lo sagrado que era.

En el centro del astro se encontraba el líder Houkou, teniendo en brazos a su amada Yuki-onna. Acariciando su rostro con el dorso de su mano, delicadamente como si tocara a una muñeca de porcelana. Los pies desnudos de Tsurara estaban ligeramente sumergidos en un pozo de aguas cristalinas y el borde de plata. La superficie era lo único visible, el fondo de aquel espacio era indescifrable, como si viniera desde el centro de la tierra.

-Apresúrate Kazuma- le riño el tigre blanco, mostrando sus colmillos.

-Cállate Byakko- le ordeno el ojivioleta, sintiéndose obligado por él a cumplir con riesgosa actividad.

-¿Qué tanto te importa esa niña? Sabes qué sino paso entonces…-insinuó, obteniendo una mirada de odio por parte del Houkou.

-Byakko está yendo demasiado lejos – le advirtió la tortuga negra, con un tono frio.

-Esto es duro para él y lo sabes – le recordó el dragón azulado, mirándolo con reproche.

-¿Para ti también no? Es tu nieta- se burló el tigre, al ver la expresión dolida del dragón hacia la jovencita guardiana.

-Pasara, ella volverá y te comerás tus palabras- le afirmo Kazuma, abrazándola contra su cuerpo, la apretó con fuerza y aspiro el aroma de sus cabellos, depositando un cálido beso en su frente y en sus rojos labios. Los demás miraron asombrados la muestra de cariño, pero no dijeron nada.- Vuelve conmigo Tsurara…por favor.- le pidió, sumergiéndola con delicadeza en las aguas, el cuerpo se sumergió y el color de las aguas cambio a un tono más azulado, haciendo destellar e símbolo de agua.

-Es hora de la prueba- afirmo Byakko, al instante todos desprendieron sus miedos, generando columnas de diferentes tonalidades. Suzaku refulgía en fuego mismo, el sello del fuego destallaba con furor; Genbu se vi rodeado de una cadena de rocas y el sello comenzó a rodearse de arena que giraba en círculos; Byakko desprendía sus rayos y acumulaba el viento a su alrededor, generando un ambiente de tormenta eléctrica en su sello; Seiryu con los ojos cerrados acumulo agua helada que lo rodeaba de pies a cabeza, como un listón que lo recorría; por último, Kazuma, en el centro.

Sus cabellos negros se alzaban a causa del aire, los cuatro elementos lo rodeaban en forma de anillos, sus pies se alzaron de la tierra, flotando en el aire, los aros elementales brillaron. Su cuerpo desprendió un miedo denso en forma de neblina rojiza, sus largos cabellos negros adquirieron alargados mechones rojos. Los rastros pelirrojos se hicieron más notorios, sus ojos violetas se abrieron, mostrando un tono denso de color rubí. En su cuello se forma una cadena de plata se formó, destellando, su cuerpo se desvaneció en la neblina para luego reaparecer entre ella. Su forma había cambiado, un pelaje negro como la noche con líneas surcantes de tonos rojizos en el lomo, al cuello una cadena con una estrella rojiza y violeta como dije, sus ojos fieros se abrieron mostrando el hechizante tono violeta. El lobo youkai había aparecido.

Flotando en el centro las torres de poder emanantes se dirigieron rápidamente al can, en los cuellos de cada dios hicieron aparición collares similares, Genbu tenía una tortuga negra; Suzaku un fénix en tonos fuego, Seiryu un dragón envolviendo la palabra "Om"* de color celeste y Byakko con la cabeza de un tigre rugiendo en tonos azul cristal.

La combinación rodeado al lobo de gran tamaño quien lanzo un ladrido al aire, el dibujo de la estrella y su dije centellaron al mismo tiempo y las aguas del centro comenzaron a moverse en forma de remolino, con Yuki-onna dentro.

Fuera de la Casa Oeste Futakuchi-onna y Kurama Tengu miraban preocupados la tempestad que se presenciaba en el cielo, el ritual dio inicio.

-Si ella no logra pasar la prueba…-musito con pena la pelinegra, mirando en dirección al recinto.

-Morirá – sentencio su compañero.

*Avance*

La prueba da inicio, mientras la verdad saldrá a la luz, poniendo a Rikuo en una encrucijada.

*Om: silaba hindú que significa que acerca el alma al cielo y la alivia de las preocupaciones terrenales y de los asuntos de los hombres. Cura de heridas profundas causadas por asuntos terrenales.

Aquí publicando luego de mucho , con un cap recontra extenso para su gusto , lamento que no se supiera el secreto , pero necesitaba hacer una especificación en cuento a Setsura y el Clan Nura … empiezo universidad y se me hará mas difícil escribir , así que posiblemente tarde mas pero no se preocupen , significara que los caps. ¡Serán más largos!

NECESITAN LEER ENCUENTRO DEUNA VIDA FUTURA SINO NO SE PODRA ENTENDER ¿OK? Los veo en otro capítulo see you!

Hubo un error al enumerar los capítulos así que a partir de este los enumerare bien , la relación entre Nurarihyon y Setsura es especial , son más que mejores amigos , pero saben que realmente no funcionarían como pareja así que se dejan llevar por simples caricias hasta que logren hallar a su pareja ideal.

PERDON ERRORES ORTOGRAFICOS

¡PLEASE REVIEWS! LONELYATHENA