Estáis divididas, la mitad queréis matarme y la otra mitad no porque os quedaríais sin capítulos xDD Me siento halagada ^^
Bien, en este capítulo os vuelvo a recomendar encarecidamente que escuchéis la música ^^
Desde el -AHORA— y hasta el final, escuchad esta canción: www (punto) youtube (punto) com (barra) watch?v=5anLPw0Efmo (My immortal, Evanescence)
Desde el –AHORA2— y hasta el final, escuchad esta canción: www (punto) youtube (punto) com (barra) watch?v=JeI4Ft8P7ks (Broken, Seether y Amy Lee)
Capítulo 9: La resolución del caso
Eustass Kid estaba tumbado en la cama, con los brazos y piernas extendidos y apenas unos calzoncillos y una camiseta de tirantes puestos. La única razón por la que dejaba que Trafalgar Law tuviese la cabeza apoyada en su estómago con el horrible calor de aquella tarde de verano era que, por alguna razón a la que no era necesario darle muchas vueltas, el moreno siempre estaba frío, y tenerlo así era agradable.
Que la mano de Kid entonces decidiese, prácticamente por voluntad propia, bajar a la cabeza de Law y comenzar a enredarse en su pelo no era por otra cosa más que el fresquito que daba.
-Oye, Trafalgar.
-¿Mh? –Fue la respuesta de Law, que no se movió de su posición acurrucada en la cama, utilizando a Kid de almohada.
-Cuando acabemos con todo esto, cuando Doflamingo esté muerto, ¿qué va a pasar?
-¿A qué te refieres? –Preguntó Law, que sonaba medio dormido.
Cómo es que el hombre podía dormir siquiera era algo que Kid no entendía muy bien.
-Quiero decir, ¿qué vas a hacer tú? ¿Te vas a quedar dándome la lata hasta que me muera o qué?
Entonces el moreno se levantó, haciendo que la mano de Kid cayera sobre su estómago. Law lo miró, y en su rostro no había ni rastro de la sonrisa burlona o satisfecha que el pelirrojo había esperado.
Kid supo que algo no iba bien.
-Una vez lo que me retiene aquí desaparezca, tendré que irme.
-¿Qué? –Kid se incorporó también en la cama, mirándolo con los ojos muy abiertos. Estaba de coña, ¿verdad?
-Eso es lo que me dijeron.
-Pero, ¿y si hay algo más que te retiene?
Law negó con la cabeza.
-No, es algo que me dejaron muy claro.
-¿Entonces qué? ¿Doflamingo la palma y tú desapareces, así sin más? –Preguntó Kid, tratando de mantenerse tranquilo, apretando con fuerza los puños cerrados.
-Bueno, tendré unos días de margen, pero sí, básicamente…
Se quedaron un momento en silencio hasta que Law, esbozando una sonrisa que no se reflejaba en sus ojos, dijo:
-Parece que vas a poder librarte de mí, después de todo, Eustass-ya.
Sin pararse a pensar siquiera, Kid le dio un puñetazo a Law y lo tiró de espaldas sobre el colchón, colocándose sobre él.
-¡No digas eso ni en broma! –Le gritó, agarrándolo de las muñecas. -¡No tiene ni puta gracia, ¿me oyes?!
La sonrisa se borró de la cara de Law, devolviéndola a la expresión seria de antes, y este, levantándose como pudo en aquella posición, rozó sus labios con los de Kid.
-Lo siento.
Estaban tumbados en la cama, ambos desnudos y abrazados bajo las mantas, Kid ignorando la baja temperatura del cuerpo de Law a pesar del frío del invierno.
Era de noche, llovía y hacía dos horas que habían vuelto de matar a Vergo en aquella calle desierta.
-He decidido algo –habló Kid, sus labios prácticamente rozando la frente de Law al hacerlo.
-¿Vas a teñirte el pelo de verde? –Preguntó Law, medio adormilado, con la cabeza apoyada en la almohada y contra el cuello de Kid.
-No. Voy a irme contigo.
Law levantó la cabeza tan deprisa que le dio un golpe a Kid en la nariz. Ignorando las protestas del pelirrojo, exigió:
-Dime que estás de coña.
Con una mano sobre la nariz, Kid respondió, negando con la cabeza:
-No, hablo muy en serio.
-¡¿Es que eres imbécil o qué?! ¡¿Vas a matarte así, sin más?! –Gritó de nuevo Law, apretando las mantas con los puños.
-Creo que eso lo has dejado claro muchas veces. Y sí, voy a "matarme así sin más", como has dicho.
-¿Y qué hay de tu vida? –Cuestionó Law, su voz bajando a casi un susurro, el tono más intimidante que tenía y que Kid había escuchado en contadas ocasiones.
-No tengo demasiada. Desde luego, Killer se cabreará, y probablemente me patee el culo cuando nos volvamos a ver, pero, a parte de él y del taller, y esto suena jodidamente cursi pero no tengo otra forma de decirlo, mi vida eres tú.
Law se quedó sin palabras, mirando fijamente a Kid, que estaba totalmente serio y no le había apartado la mirada en ningún momento.
-… Sigue siendo una gilipollez –dijo al cabo de varios minutos. –Son solo unos años. Y, quién sabe, a lo mejor hasta encuentras a alguien menos pesado que yo –intentó bromear Law.
Kid resopló.
-No creo que aguantase a alguien menos pesado que tú –respondió, llevando una mano a la nuca de Law y atrayéndolo hacia sí.
-Eso es una contradicción, Eustass-ya –susurró Law contra sus labios.
-Me importa una mierda –declaró Kid antes de besarlo, empujándolo hacia atrás con cuidado y tumbándolo en la cama sin separarse de él en ningún momento.
-AHORA-
Marco y Ace caminaban lo más deprisa que podían por los pasillos del hospital sin llegar a correr, dirigiéndose a la primera de las dos habitaciones que les había dicho el médico con el que habían hablado nada más llegar.
Esa mañana habían ido al taller solo para descubrir que Eustass Kid se acababa de marchar, al parecer cogiéndose el resto del día libre por "motivos personales", y que el vehículo de Donquixote Doflamingo había estado esos últimos días en el taller, pero que acababan de llevárselo.
Nada más salir de allí y volver a entrar al coche habían recibido el aviso de la explosión.
Al llegar, el sitio era un desastre. La calle y las fachadas de los edificios cercanos estaban destrozadas, había una multitud de asustados y morbosos civiles agolpada contra el cordón policial, y las cosas dentro no pintaban muy bien.
Les informaron de que tenían un muerto, el conductor, al que tratarían de separar de los restos del vehículo en la morgue. Había habido tres heridos, a los que se acababan de llevar al hospital: Donquixote Doflamingo y uno de sus hombres estaban gravemente heridos a consecuencia de la bomba, y un hombre pelirrojo, al que habían identificado como Eustass Kid por su permiso de conducir, tenía una herida de bala en el pecho.
Junto a Doflamingo encontraron una pistola que acababa de ser disparada.
Y ahora, habiendo salido a toda prisa de allí en cuanto tuvieron los datos, estaban en el hospital, yendo a la habitación de Doflamingo. El médico les había dicho que, de momento, estaba consciente. El guardaespaldas había fallecido durante el traslado al hospital.
El hombre estaba tumbado en la cama, tapado hasta mitad del pecho con la sábana y vestido con una simple bata de hospital, una escena muy diferente a la estrafalaria ropa con la que estaban acostumbrados a verlo. El pitido de las máquinas a las que estaba conectado y su respiración siendo los únicos ruidos que se escuchaban dentro de aquella habitación.
Era la primera vez que Marco lo veía sin gafas.
-Vaya, hola detectives –los saludó, su característica sonrisa apareciendo en sus labios, en cuanto abrieron la puerta. Su voz sonaba con mucha menos fuerza que de costumbre.
-No creemos que pase de esta noche.
Aquellas habían sido las palabras del médico cuando le habían preguntado por su estado.
-Doflamingo –Lo saludó Marco. Ace hizo un gesto torpe con la mano, sin saber muy bien cómo comportarse en aquella situación.
-¿Ya os han dado las buenas noticias? Me muero –dijo Doflamingo, levantando los brazos y extendiéndolos en un gesto bastante melodramático antes de dejarlos caer de nuevo a ambos lados de su torso.
-¿Y eso son buenas noticias? –Saltó Ace. Por su expresión nada más decirlo, era obvio que no había podido contenerse.
Doflamingo se rio.
-El nieto de Garp, supongo. Tan impulsivo como tu abuelo –observó. –Claro que son buenas noticias, chico, esto os quita de encima todo ese montón de casos que tenéis abiertos con mi nombre.
-Está muy tranquilo para ser alguien que se enfrenta a sus últimas horas de vida –comentó Marco, observándolo atentamente. Era como si no le afectase la noticia de que se moría, o tal vez como si no se hubiese sorprendido cuando lo médicos se lo dijeron, algo que no podçia haber pasado hacía más de media hora.
Doflamingo volvió a reírse, y esta vez comenzó a toser por culpa de la acción.
Cuando hubo recuperado la respiración y la capacidad de habla, dijo:
-Digamos que esta experiencia ha sido muy reveladora para mí.
Marco lo miró, extrañado, sin ocurrírsele nada a lo que pudiera estar refiriéndose.
Encogiéndose de hombros, decidió que si el hombre quería ser misterioso hasta el final era cosa suya, y fue a darse la vuelta para marcharse.
-Espera –llamó Doflamingo.
Marco se detuvo. Ace, que ya tenía la mano en el pomo de la puerta, lo imitó. Ambos se giraron a mirarlo.
-Vas a ir a ver al chaval, ¿no? Dile… dile que estamos en paz.
Marco se quedó mirándolo un momento, evaluándolo. Aquello le hizo pensar en la frase anterior del hombre y en que, tal vez…
Ahora entendía que estuviera tan tranquilo.
-¿Con chaval te refieres a Kid… o a Law? –Preguntó.
Doflamingo pareció quedarse congelado por un momento, obviamente no habiéndose esperado que Marco supiera aquello, antes de, otra vez, comenzar a reírse.
-¿Puedes verlo? Vaya casualidad –calmándose un poco y tratando de ponerse serio, respondió a la pregunta. -A ambos, supongo. No tendría sentido que fuera solo uno.
Marco asintió con la cabeza y los dos hombres salieron, dejando en la habitación a la última víctima del asesino en serie que llevaba años matando sin dejar ni rastro.
El asesino en serie que se moría al final del pasillo.
-Hemos tenido que sedarlo y, agentes, no creo que vaya a despertarse. No van a poder hablar con él.
Eso había dicho el médico. Marco sabía que, aunque no fuesen a poder hablar con Eustass Kid, tal vez podrían obtener algunas respuestas.
Esa suposición se confirmó cuando, a través de las rendijas de la persiana abierta que había tras la ventana de la habitación que daba al pasillo, vio a un joven sentado en la cama de Eustass Kid, de espaldas al cristal, con la cabeza ligeramente inclinada hacia el hombre con el que estaba sentado.
Marco miró a Ace, y Ace miró a Marco.
Ambos asintieron y, adelantándose, el rubio abrió la puerta de la habitación que ocupaba Eustass Kid.
Trafalgar Law no les hizo ningún caso cuando entraron, sabiendo que muy probablemente no podían verlo, y tampoco se movió cuando Ace se acercó a la ventana y cerró la persiana, bloqueando la entrada de la luz del pasillo y dándoles algo de intimidad.
Marco aprovechó para estudiar la escena frente a él.
Eustass Kid estaba, al igual que Doflamingo, tapado hasta la mitad del pecho, con una bata de hospital puesta y conectado a las máquinas, solo que él tenía los ojos cerrados y no parecía responder al joven que, sentado a su lado, le apretaba con fuerza una mano sin dejar de mirarlo.
-No va a salir de esta –habló Marco, con voz suave.
Trafalgar Law dio un minúsculo bote en la cama y giró el torso, sin levantarse ni soltar la mano del pelirrojo, para mirar a los dos hombres que habían entrado en la habitación. Su expresión era de asombro, asombro que no cubría ni de lejos la tristeza que ocupaba su rostro.
-¿Podéis verme?
Fue Ace el que respondió, asintiendo con la cabeza.
-Si la poli está aquí he de asumir que nos habéis descubierto, ¿no?
Ace y Marco se miraron.
-Si te refieres a que Eustass Kid es el asesino al que perseguimos, sí, lo sabemos –respondió Ace.
Law sonrió amargamente y miró un momento a Kid antes de volver a centrarse en ellos.
-Supongo que ya da igual. ¿Qué queréis saber? Para eso estáis aquí, ¿no?
Esta vez fue Marco el que habló.
-¿Por qué?
Law se rio, una risa que no tenía nada de humor en ella. Una sonrisa torcida y bastante perturbadora ocupó su rostro.
-¿De verdad tienes que hacer esa pregunta, eh, Marco?
Marco pudo sentir la expresión de asombro formarse ante aquella última palabra. Ace, junto a él, soltó una pequeña exclamación.
-¿Cómo sabes mi nombre? –Preguntó, tratando de permanecer tranquilo.
-Me acuerdo de ti, llevaste mi caso. Te estuve siguiendo un tiempo, no tenía nada mejor que hacer -explicó Trafalgar, encogiéndose de hombros.
Aquello hizo que una nueva pregunta se formase en la mente de Marco. Y, aunque se imaginaba la respuesta, la hizo de todas formas.
-Si hubiésemos resuelto tu asesinato, ¿habría cambiado algo?
Trafalgar Law lo miró a los ojos y, en el tono más directo que Marco había escuchado en su vida, respondió:
-No. Les prometí que me vengaría de ellos, y eso he hecho. –Entonces bajó la cabeza para mirar de nuevo a su compañero. –Esto no formaba parte del plan –murmuró.
-¿Kid? –Preguntó Ace, inseguro.
Law asintió con la cabeza.
-Tenía que quedarse hasta que la bomba estallase y entonces marcharse, pero hace un par de semanas se le metió en la cabeza que quería venirse conmigo y no pude convencerlo. Eustass-ya es demasiado cabezota para su propio bien. –Volvió a reírse amargamente. –Creo que eso es evidente.
Marco se sintió algo incómodo, comprendiendo que allí había algo mucho más profundo de lo que parecía a simple vista. Iba a decir que se marchaban ya cuando recordó lo que Doflamingo le había pedido.
-Hay algo más –comenzó. Law levantó de nuevo la cabeza. –Antes hemos pasado por la habitación de Donquixote Doflamingo. Enhorabuena, supongo, no va a recuperarse.
El hombre sonrió, la misma sonrisa siniestra que les había dirigido antes.
-Es la mejor noticia que he oído en todo el día.
Marco y Ace se miraron, definitivamente incómodos esta vez, y el más joven carraspeó.
-Nos ha dado un mensaje para ti. –Law ladeó un poco la cabeza con curiosidad. –Para ambos en realidad: dice que estáis en paz.
La sonrisa de Law se suavizó bastante con eso.
-Vaya, eso está bien.
Law devolvió su atención de nuevo a Kid y los dos policías salieron de la habitación sin decir nada más. Después de todo, ¿qué le decías al chico muerto cuyo novio, porque estaba claro que eso es lo que eran, se moría?
-AHORA2—
Law no hizo caso de la puerta cerrándose, toda su atención centrada en Kid, a quien habían sedado nada más llegar al hospital. En la ambulancia el pelirrojo había recobrado el conocimiento y, al ver la cara de Law, que seguía teniendo el rastro de las lágrimas en ella, había tratado de tranquilizarlo. Como resultado, los paramédicos habían creído que deliraba y de ahí los sedantes.
-Joder, tenías que hacerlo, ¿verdad? –Le habló, aunque sabía que no podía oírlo.
Inclinándose sobre él, sin soltarle la mano, Law le apoyó la otra en la mejilla y le dio un beso en la frente. Después apoyó su frente contra esta y se quedó mirándolo, ignorando que las lágrimas, de nuevo, comenzaban a caer de sus ojos y sobre la cara de Kid. Para cualquier persona, parecería que era Kid el que lloraba.
-Maldito imbécil. Te habría esperado, joder…
Dejó de sentir la respiración de Kid en su rostro milésimas de segundos antes de escuchar un agudo y estridente pitido que ocupó toda la habitación.
Cerrando los ojos, Trafalgar Law se mordió el labio inferior y, sin dejar de llorar en silencio, besó los inmóviles labios de Eustass Kid.
Una mano se apoyó en su hombro y Law se sentó de nuevo, girándose y encontrándose frente a frente con un rostro pálido, falto de cejas, con ojos rojos.
-¿Se puede saber por qué lloras? -Preguntó Kid, dedicándole una amplia sonrisa. –Es un poco estúpido, ¿no te parece?
-Estás muerto… -susurró Law.
Kid se encogió de hombros.
-Eso parece.
-Estás muerto.
-Que s- Un puñetazo en la cara interrumpió lo que había querido decir.
-¡Jodido imbécil! –Gritó Law, levantándose y soltando la mano del cuerpo de Kid, que cayó pesadamente sobre la cama. -¡¿Por qué tenías que hacerlo, cabronazo?! –Law se abalanzó sobre un aturdido Kid, golpeándolo de nuevo y empujándolo contra la pared justo cuando un par de enfermeras entraban a desconectar la maquinaria.
-¡¿Pero qué coño te pasa?! –Gritó Kid, tratando de atrapar sus brazos y llevándose un golpe en el ojo derecho por ello.
Finalmente, Kid consiguió sostener los brazos de Law contra su cuerpo con ambas manos, dándoles la vuelta y atrapando al moreno contra la pared.
Las enfermeras se giraron, sobresaltadas, cuando el suero portátil a un lado de la cama se cayó al suelo sin razón aparente.
Reteniendo a Law contra la pared, y metiendo una pierna entre las del moreno para evitar que tratara de darle patadas, Kid habló de nuevo:
-¿Estás más calmado?
-¡No, no estoy más calmado! –Siguió gritando Law, tratando de soltarse. -¡Eres un capullo de mierda! ¡¿Por qué tenías que matarte, eh?! ¡¿Por qué tenías que matarte por mí, gilipollas?!
Sin soltarlo y en silencio, Kid se agachó y besó una de las mejillas de Law, llevándose el rastro de lágrimas consigo y pasando a la otra, limpiándolas también.
-No llores, anda, que no te pega nada –dijo, hablando en un tono suave que contradecía la frialdad que pudieran transmitir esas palabras. –Admito que soy gilipollas, y puedes pegarme si quieres, pero no pienso arrepentirme. Estoy muerto, vale, ¿y qué? Tú también –dijo con firmeza. -Así es mejor, ninguno tendremos que pasarnos años solos echándonos de menos el uno al otro. –Las manos de Kid soltaron los brazos de Law. -Porque, por pesado que puedas llegar a ser, te echaría de menos, y creo que tú a mí también.
Law permaneció callado, fulminando el pecho de Kid con la mirada. Cuando levantó la cabeza, la mayoría del enfado había desaparecido de sus ojos.
-No podías tomarte unas pastillas o algo, ¿no? Tenías que hacer que te pegasen un puto tiro.
Kid sonrió, amplia y torcidamente.
-Las pastillas son de cobardes, y esto ha sido más interesante.
-Jodido loco suicida –masculló Law, pasando los brazos alrededor del cuello de Kid y poniéndose de puntillas para besarlo con desesperación. Kid lo rodeó por la cintura, apretándolo con fuerza, y le devolvió el beso.
Por una vez, le daría la razón a Law.
Continuará
¡NO SE HA ACABADO!
Aún queda el epílogo, que publicaré el viernes ^^
