Capítulo 9.
Los moldes y… ¿veneno?
Las puertas del taller se abrieron de par en par dejando ver a Hefestos claramente cansado y de peor mal humor que antes. Las doncellas solo lo observaron y lo dejaron ser. Siempre era así cuando regresaba de una excursión, y más si era para ser un trabajo.
El dios entro al lugar algo concentrado cuando de repente se detuvo y miro alrededor. Algo parecía distinto, había algo que no cuadraba en todo ese lugar. Miro con detenimiento a las doncellas, pero seguían trabajando como de costumbre, seguían tan doradas. Las ollas seguían en su lugar, nada había cambiado realmente entonces ¿que lo preocupaba?
-¡Bah! Ya me estoy volviendo como Zeus… Seguro y luego me contagia.
Llamó a una de sus doncellas y le dio el material celeste que había logrado conseguir a duras penas. ¡Casi no lo conseguía!
-Llévalo y colócalo a fundir con las armaduras, asegúrate de no tirarlo. Límpialo, sepáralo en cuatro exactas partes y recién lo colocas. ¿Has entendido? –la doncella asintió antes de dirigirse a otra parte- Bien, ahora... los moldes. Athena esta vez no hará nada…. Aunque no puedo cambiar las constelaciones, sí podré darles una mejor forma y una mayor duración. Espero que esta vez, no sean estúpidos y las cuiden.
Colocó otra olla en uno de los fuegos libres que tenía y dejo caer el hierro ahí. Cruzo los brazos mientras pensaba un poco, tenía que hacerlas fuertes, seguras y más resistibles que antes.
-Si las hago solo fuertes, no serán compañeras. Pero si las hago solo compañeras, no serán realmente fuertes ni soportaran las batallas.- tomo unas arcillas y comenzó a moldear- A todo esto, el viejo imbécil no ha dicho nada sobre a quien se enfrentaran… ¿Sera alguno de mis parientes? ¿Alguien de otro lado?
Ya habían peleado contra Poseidón y Hades. ¿Qué más? ¿Eris? No… Estaba ocupada en otros asuntos y ya había sido derrotada una vez. ¿Deméter? Tampoco. Comenzó a darle algo de forma a la arcilla mientras seguía repasando la lista de dioses en la cabeza, sus manos se movían casi solas. Tenía que tener en cuenta que la armadura no solo debía ser fuerte y compañera, también flexible y liviana. Tenía una gran tarea por delante.
-¿Quién me falta? – Preguntó en voz alta pensando- Estoy seguro que Afrodita no se meterá con su hermana, no es tan boba. Ya le destruyeron a Troya por eso, aunque insisto en que fue culpa de Paris. ¿Quién más? –la arcilla en sus manos comenzaba a adoptar la forma de un casco, al parecer comenzaría a hacer la del dragón primero- ¿Apolo? No… También fue derrotado. Hera no piensa meterse… -frunció el ceño ante eso y golpeo con furia el molde que tenía en sus manos destruyendo el casco que había hecho- Hera… Ese nombre hace que hierva todo mi ser.
Mientras pensaba y seguía dándole forma a la arcilla, escuchó un ruido que lo hizo detenerse al instante. Alguien había roto algo. Frunció el ceño y miró hacia un costado, una de las doncellas estaba recogiendo unos pedazos de vidrio… Qué extraño, nunca antes había sucedido algo similar. Sus niñas no cometían errores. Pero… seguramente era porque hace rato no les daba órdenes.
-¡Tengan cuidado!- las regañó- ¡Les he dicho que traten los frascos con cuidado! No puedo andar saliendo cada tanto para recuperar lo que rompen, limpien bien eso y luego continúen vigilando las ollas, no quiero que se quemen.
Las doncellas hicieron un gesto que era propio de ellas, y siguieron con sus actividades. Hefestos solo las miro un rato antes de continuar. Era extraño, realmente extraño. No recordaba la última vez que se habían equivocado, bueno quizás era porque estuvieron un tiempo sin ordenes pero aun así….
Retomo el trabajo que había dejado con la arcilla. Esta vez dejo que sus manos tomaran el control de la forma, dejo que su energía fluyera y comenzara a tomar una verdadera forma de dragón. Cuando estuvo lista dejo el modelo a un costado y….
CRASH….
Volteó nuevamente y otra vez una de sus niñas había roto un frasco. Se quedó observando un poco hasta que notó algo muy peculiar. Se les quedo mirando a esas dos que estaban recogiendo. Sus movimientos, sus posturas, todo… Todo estaba mal. Frunció el ceño de nuevo y… Entonces lo notó.
-¡IMPOSTORES!
Las doncellas se levantaron de repente sorprendidas, mostrando por primera vez expresiones en sus rostros que hasta el momento se habían mantenido totalmente inexpresivos. Hefestos no les dio más tiempo, llegó hasta ellas en tan solo segundos y las agarro por el cuello lanzándolas al suelo. Al mismo tiempo que tocan el suelo, algo se rompe, y la apariencia de doradas desaparece dejando ver simples marionetas hechas de madera.
Con lentitud se apartó de esos pedazos de madera, se levantó sin dejar de observarlos… ¿Desde cuándo? ¿En qué momento? ¿Y por qué? Absolutamente todos sabían que entrar en el taller o un aposento de un dios sin el permiso podía causarle graves consecuencias. Se quejaría con Zeus, realmente mira que robar a sus niñas, sus preciadas niñas y convertirlas en madera. ¡Madera! Que descaro…
-Espera… -de repente se acordó de algo- Si mis hermosas doncellas no están… Las reales… ¿Quién….?
¡ESO ERA! ¡POR ESO HABÍAN ENTRADO! Hubiera deseado golpearse por no haberlo notado antes. Corrió hacia donde estaban las ollas, esperaba que no fuera demasiado tarde. Maldición, como no se había dado cuenta antes… Eso iba a costarle muy caro. Demasiado caro.
Cuando finalmente llegó a las ollas se detuvo en seco. Era tarde. No podía sentirlas. Incluso el detalle que las identificaba y mostraba su fortaleza había desaparecido. Las armaduras de los caballeros de Athena, estaban oficialmente selladas.
-¡ARGH! ¡HERMES TRAE TU MALDITO TRASERO AQUÍ! – Gritó mirando a una de las ventanas que estaba cerca del lugar- ¡VEN AQUÍ ESTUPIDO LADRON DE OVEJAS Y MISERABLE PALOMA DEFORME QUE TENGO PRISA!
En ese momento escuchó unos ruidos de alas y vio al instante al imbécil. Al parecer lo había escuchado.
-¿A quién le estas diciendo estúpido? ¡No tienes ni un mínimo de modales! ¡Tú no podrías ni robar estando todos dormidos! ¡Además es todo un arte no sabes que…!
-¡CALLATE! – Volvió a gritar y se le acerco- Tengo un mensaje para Zeus: hubo intrusos y el trabajo se arruinó. No hay modo de arreglarlo.
En ese momento la expresión algo ofendida del dios mensajero se puso seria. Si Hefestos mismo decía que no había forma de arreglar, era algo muy pero muy malo.
-¿Qué tan malo fue lo sucedido?
-Las armaduras han sido selladas. A nuestra "querida" Athena la han dejado sin sus caballeros. Ni el tío Hades llegó a pensar esto. Avísale a ella también, intentaré recuperar lo que se pueda pero…
Camino nuevamente hasta las ollas y miró el contenido. Ahora solo podía hacer armaduras fuertes y resistentes, además de flexibles. Su pensamiento de hacerlas compañeras… Ya no era más el adecuado. Desde el vamos ya no existían más armaduras sagradas, ya no eran ropajes dotados de energía y vida.
-Ya no se puede hacer más nada.
-De acuerdo, le diré al Crónida y a Athena que los ropajes han sufrido…-carraspeo un poco- un ataque.
-No intentes hacerlo más suave, ve y diles que están muertas. No hay forma de revivirlas.
