Advertencias de siempre, los personajes no me pertenecen salvo Nanako, (al menos de momento) inspirado todo en el hilo del anime pero con cambios en el argumento, etc, etc... Gracias a todo aquel que lea esto, de verdad.

Capítulo 10

-¡Sal, niñata desagradecida! ¡No puedes esconderte! ¡Voy darte una paliza por esto!

Otra vez vuelve a gritar por encima del sonido de la tormenta. Está muy enfadado después de haberle golpeado con esa jarra... Creo que se está acercando a mi escondite ¡Piensa, piensa, piensa!

Rodeo el pozo sin levantarme mientras mi tío se acerca enfurecido. Veo que ha sacado su katana y vuelve a gritarme que salga, riendo después.

Me levanto cuando estoy detrás de él, cojo la piedra que hay en el suelo y lo ataco por la espalda...Pero me descubre antes.

El blande la katana contra mí en un movimiento rápido que logro esquivar de milagro, aunque me corta al rozarme en un brazo y comienza a sangrar. Tengo tanto miedo que ni siquiera lo noto.

-¿¡Te crees que puedes engañarme, mocosa?! –Me grita mientras me agarra con una mano, zarandeándome para después tirarme contra la tierra mojada.

Dejo de escuchar lo que me dice por el miedo y retrocedo sin dejar de mirarlo, porque vuelve a colocarse en posición de ataque. Agarro un puñado de tierra y se lo tiro a los ojos. Deja caer el arma.

-¿En serio crees que puedes hacerlo, Nanako? –Me pregunta burlándose de mí, con una sonrisa que odio. Trago saliva mientras intento convencerme de que puedo, no debo pensar, sólo hacerlo. Hacerlo para librarme de su tortura.

Él intenta atacarme y entonces cierro los ojos fuerte, reacciono deprisa escuchando un leve quejido por su parte, que la lluvia no puede callar. Abro los ojos y no puedo parpadear mientras veo la espada clavada en el estómago de mi tío.

Se la saca y cae en la tierra, manchándola de sangre mientras se acerca a mí intentándome agarrar. Me mancha con el líquido carmesí la ropa mojada y la cara, pero no me muevo hasta que cae muerto, tratando de decirme algo.

Tengo que irme, quiero irme de esa casa que me trae tantos y tan malos recuerdos. Todo se acabó por fin, pero... Lo he matado y eso está mal, muy mal.

Con confusión y miedo recojo el sable y salgo del patio de la casa tratando de limpiar la sangre de la hoja de forma nerviosa. Lo he matado... ¿Qué va a pasar ahora? ¿No debería sentirme mejor? Tengo miedo y sigo escuchando sus gritos en mi cabeza.

Nanako abrió los ojos súbitamente despertando de aquella pesadilla.

Tras unos segundos de recuperación se levantó lentamente tratando de alejar aquellos recuerdo del pasado, para después salir al patio del dojo y sentarse mirando la nada, mientras el amanecer iba llegando, cubriéndolo todo de luz.

La chica pasó largo rato allí sentada contemplando el cielo cambiante, pensando en aquel recuerdo que su subconsciente había traído de vuelta, como tantas veces había ocurrido.

No escuchó los pasos de Kenshin acercarse por el pasillo, dándose cuenta de que alguien se acercaba cuando ya estaba también fuera, saludándola de forma escueta. Ella respondió de igual forma, alejando sus cavilaciones de una buena vez.

-¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Algún problema?

-Ocúpate de tus asuntos, Battousai. –Agregó con frialdad mientras empezaba a trenzar su larga cabellera, poniéndose en pie. -Aún anda suelto ese loco que atacó a tu amigo, tienes trabajo. Y yo también.

Acto seguido, la chica se metió en el interior de la vivienda, preparándose para salir y continuar con su investigación, mientras Kenshin pensaba de nuevo en las piezas del puzzle sobre el ataque hacia Sanosuke.


Antes de que anocheciera, Nanako salió del último bar de la ciudad después de apenas haber conseguido algo de información útil. La chica se sentía enfadada y cansada tras varios días sin encontrar rastro del asesino, ni nada sobre el grupo que la perseguía.

Caminaba distraída por una de las calles de la ciudad de vuelta al dojo cuando chocó levemente con alguien, a quien miró por su mala educación, ya que pretendía continuar sin decir nada. Antes de que esta se quejara, se sorprendió al observar a aquel hombre alto que portaba una katana, y respondía a la descripción que habían hecho las autoridades sobre el falso Battousai.

-Tú, quieto. –Ordenó con frialdad mientras desenvainaba su espada, amenazándole. –Eres el que se hace llamar Battousai, ¿no?

-Eres muy observadora. –Se burló el hombre alzándola vista, sin darle importancia a la amenaza de la joven.

-¿Quién quiere matarme y por qué? Sé que estás involucrado con ese tal Shishio.

-No me importa qué quieren de ti, ni por qué razón. Yo sólo hago el trabajo sucio eliminando a los que les molestan en sus planes. Pero créeme, si me hubieran encomendado el trabajo ya estarías muerta, pequeña. Y espero que llegue el momento, he visto que eres un buen rival.

-Por qué haces eso, qué buscas con matar. –Preguntó asqueada, sin comprender ese gusto del mal por el mal.

-Soy un samurái, niña. No podrías entenderlo.

-Eres un asesino que usa el nombre de otro, nada más.

-Espero con ello que salga de su agujero y me brinde un combate digno de veras. –Agregó sonriendo maliciosamente, para después girarse y proseguir con su camino, ignorando los gritos de la chica.

Nanako iba a seguirlo para atacarlo cuando paró escuchando unos gritos, no muy lejos del lugar donde se hallaba. Entonces, girándose instintivamente tratando de ver algo, lo perdió de vista al volverse, sorprendiéndose enormemente al ver que había desaparecido.

Tras murmurar con enfado un mierda, envainó su arma y corrió hacia los gritos imaginando lo que había ocurrido al andar cerca ese hombre.

Efectivamente la chica dio en el clavo, vislumbrando el cadáver de un hombre tendido en una de las calles cercanas. Entre la multitud pudo reconocer una cabellera pelirroja, encontrando a Kenshin.

-¿Qué ha ocurrido?

-Acabamos de hallarlo muerto, no hay duda de quién ha sido. –Dijo mostrándole una de las notas típicas del falso Hitokiri, mientras un par de policías llegaban a la escena, dando órdenes a la multitud, que comenzó a alejarse.

-Acabo de cruzarme con él. Te busca a ti, ¿sabes? –Añadió mirándole fugazmente. -Quiere luchar contra alguien de su condición.

Kenshin giró el rostro para mirarla, pero la morena ya había vuelto a contemplar el crimen.

Pocos segundos después el grupo de gente se hizo a un lado cuando una mujer llegó a la escena junto a otro policía, quedando en shock al contemplar aquel cadáver. Tras aceptar que aquel que yacía era su marido, comenzó a llorar y gritar, dejándose caer junto al muerto, abrazándolo con desesperación.

La espadachina contempló durante escaso tiempo aquello a ceño fruncido, mientras su corazón comenzaba a acelerarse, a la par que su mente, trayéndole horribles recuerdos de la mañana en que encontraron a su padre.

La chica relajó sus facciones sin poder apartar la mirada de las dos personas, rememorando una y otra vez sus propias vivencias, intercambiando los recuerdos con la realidad a la vez que su corazón se aceleraba más, y su respiración se agitaba con ella, haciendo que le costara respirar normalmente.

Trató con todas sus fuerzas de adueñarse del control de su cuerpo y mente de nuevo sin conseguir éxito alguno, dejándose atrapar más por los demonios, que la conducían incluso hasta el día en que encontró el cuerpo sin vida de su madre en casa. La casa en la que había vivido siempre, con su familia... Aquella a la que jamás iría a volver.

Cuando el aliento comenzó a faltarle y sus ojos no podían estar más abiertos contemplando aquel horror por partida doble, Nanako giró en un movimiento seco y raudo, comenzando a correr a toda prisa en dirección contraria mientras jadeaba, luchando por liberarse de aquel nudo que oprimía su pecho.

Kenshin mantuvo la vista fija en la morena sin comprender nada, hasta que pudo atisbar el problema, sintiendo aquella ya familiar sensación de culpa que lo obligó a salir de entre la multitud y correr tras ella.