No estoy segura de si respondí o no los reviews, pero por si acaso lo olvidé, mil gracias.


CAPITULO 9

CAMPANADAS DE PERDICIÓN

Una semana había transcurrido desde el ataque, la ciudadela aún se recuperaba de los horrores del asalto, los muertos habían sido sepultados, los heridos atendidos y las reparaciones en las estructuras comenzadas a hacer.

Los anaranjados pintaban el horizonte y Ogata pensó en Kanae, hacía semanas de su partida a las tierras lejanas de Larsarosa, quizás a su vuelta tendría algunas respuestas. Aunque si los hechos que acontecieron en la semana anterior eran algo por lo que guiarse, las noticias seguramente estaban lejos de ser buenas.

Larsarosa, una tierra habitada por pocos y liderada por sabios que practican una tradición de magia benevolente y pacífica, conocida por su fuerte conexión al reino espiritual y por ser mediadores entre la magia y el pueblo. Una tierra que solo algunos pueden encontrar, un lugar perdido al ojo común. Algunos dicen que en las venas de los habitantes de esas tierras la sangre humana se mezcla con la de antiguos y mágicos seres del bosque. Algunos otros afirman que son inmunes al influjo de la magia negra. Los últimos de su clase, dicen las leyendas. Lo cierto, es que entre ellos ocultos, viven los miembros de la sagrada orden de Bubonen, una antigua orden consagrada a la recopilación y custodia del saber y la tradición mágica. Sabios, eruditos y guardianes que trascienden de edades, géneros y en algunos casos, especies. Aquellos que también tienen como tarea custodiar la cámara de Hselymet*, una cámara subterránea y oculta, protegida por sellos rúnicos y cerraduras arcanas, donde se guardan las más impías y peligrosas reliquias mágicas.

Si los sueños proféticos de Kanae estaban en lo correcto, los Bubonen debían ser advertidos, pues un gran peligro se cernía sobre ellos. Ogata todavía recuerda el relato del sueño de Kanae.

Una gran arboleda iluminada por la suave luz de la luna, una lluvia de estrellas, la niña y la lechuza, esta última imponente como un guardián descansa con sus alas abiertas sobre su hombro. Y cómo la niña parece reconocer su presencia en aquella arboleda.

Todavía recuerda la mirada torturada de Kanae cuando le habló del frío, de los gritos, de la una vez gloriosa lechuza con las alas rotas, de los susurros en la oscuridad; y aún siente el terrorífico escalofrío en su espalda cuando recuerda la descripción de un antiquísimo y poderoso sello dorado, uno de una majestuosa lechuza de alas abiertas sobre un libro, siendo roto. Nunca lo había visto en persona, solo unos pocos elegidos de la orden de los Bubonen lo habían hecho, su padre uno de ellos.

La gran lechuza, un símbolo que milenariamente ha hecho referencia al saber, al conocimiento, no solo de lo que está a la vista, sino de lo oculto, de lo que no resulta evidente, de lo que pasa desapercibido a los demás, de lo que se esconde en las profundidades más sombrías. La gran lechuza que ayuda y protege durante la noche, la bendita por las estrellas, que guarda en los tiempos de oscuridad. Capaz de ver donde el resto solo percibe oscuridad.

No cabía la menor duda, en los sueños de Kanae el gran sello de la cámara de Hselymet había sido roto.


Algunas semanas atrás.

Silencioso, demasiado silencio fue la primera impresión de Kanae al poner pie en la remota en Larsarosa. Incluso para un lugar como aquel escondido entre las montañas, este tipo de silencio solo trae malos augurios. No es el silencio en el que tu espíritu encuentra paz, y tu alma se sosiega, no, este silencio es el espectral que estremece los huesos y se aferra bajo tu piel.

El silbido del viento de las montañas susurra muerte, sus pies tropiezan con un cuerpo y sabe que ha llegado demasiado tarde, no necesita imaginarse lo que ha ocurrido, lo ha visto.

—Kanae.

Da un respingo cuando cree escuchar una voz que ninguno de sus acompañantes parece haber escuchado.

—Kanae.

El llamado es más fuerte y siente como si la jalaran en una dirección que no conoce.

—Kanae.

Sus pies han empezado a moverse, en la lejanía escucha la voz del capitán de su escolta ordenando que busquen sobrevivientes, ella sabe que no los hay; dos de los guardias tienen la intención de seguirla, pero los detiene, lo que quiera que hubiese acabado con todas esas vidas, había dejado esas tierras mucho antes que ellos llegaran, habían obtenido lo que buscaban.

La voz en su mente y sus pasos la guían a una arboleda, la misma arboleda de sus sueños, llena de robles altísimos de gran belleza, acebos, tejos, fresnos, pinos y manzanos. Y allí al igual que en sus sueños está el gran avellano, que se erige en el medio como algún tipo de deidad, y es como si el avellano la llamara. Camina lentamente y cuando está a unos pasos de distancia, encuentra a la niña que por muchas noches ha visto en sus sueños. Por un momento el pánico aletea en su pecho. ¿Cómo puede estar viva entre tanta muerte?

La voz de antes irrumpe de nuevo en su mente.

—No represento ningún peligro, Lady Kanae. He estado esperando por ti.

—¿C…Cómo?

—De la misma manera que puedes ver trozos del futuro, mi señora. De la misma manera que sabías del mal que recaería sobre estas tierras.

—Te he visto antes…

—María, mi nombre es María y ya nos hemos conocido, ya habías visitado la arboleda, ya habías conocido a Pixy, dijo señalando la ahora etérea figura de la lechuza en su hombro.

—¿Cómo sobreviviste?

—Muchos sacrificaron su vida para que yo viviera, mi señora. No fue mi elección, pero fue el designio de las estrellas. Solo sé que mi destino está ligado al tuyo y al de otros a quienes aún debo encontrar. Las runas han sido deshechas, los cerrojos rúnicos han sido eliminados y el gran sello ha sido roto. Una gran sombra se cierne sobre el futuro. Debemos estar preparados.

Kanae dejó flotar en su mente la pregunta que tanto la molestaba desde que vio el ataque en sus sueños.

—¿Por qué no lucharon?

La voz infantil susurró nuevamente en su mente.

—Somos seres pacíficos, mi señora. Todavía compartimos un lazo profundo con la naturaleza y nuestros ancestros. Nunca heriríamos intencionalmente ninguna otra forma de vida, incluso si se tratara de un alma terriblemente atormentada.

—¿Eras una de las guardianas, no es así?

—Sí, mi señora, era una guardiana, como mis antepasados lo fueron antes de mí.

—¿Eres… Humana?

—Parte de mí lo es… Pero en mis hombros recae el peso y la sabiduría de los que estuvieron antes de mí.

Kanae vio a María mirar el horizonte, con ojos tranquilos, pero entristecidos.

—Deberíamos regresar, puedo sentir la intranquilidad de tus acompañantes. La noche es peligrosa, será mejor quedarnos aquí por hoy, ya mañana podremos partir.

Kanae hizo el intento de detenerla, guardiana o no, era solo una niña y ningún niño debería ver jamás la estela de muerte que había dejado a su paso quien fuera que hubiera hecho eso; pero sus esfuerzos fueron en vano. María caminó hacia la villa, algunos de los hombres que habían llegado con Kanae habían comenzado a dar sepultura a los muertos, si estaban sorprendidos por la presencia de la niña, no dijeron nada y prosiguieron con su labor. Kanae observó a María todo el tiempo, el cabello castaño que caía en cascada más allá de su espalda, el cuerpo menudo de una infante de 5 años que no debería conocer más que juegos y risas, sin embargo, sus ojos de un verde como nada que hubiese visto jamás, parecían cansados y viejos como el mundo, María era la viva imagen de una contradicción andante, un alma vieja en el cuerpo de una niña. Ella no había dicho más, solo se sentó debajo de un viejo árbol mirando al horizonte y Kanae entendió que esa era su manera de honrar y llorar a sus muertos. Había muchas preguntas que hacer, pero habría un tiempo para hacerlas.

El último cuerpo fue sepultado poco antes que el sol empezara a esconderse en el horizonte y Kanae vio a María ponerse de pie. Notó entonces las docenas de mariposas, revoloteando sobre las improvisadas tumbas. Las mariposas, mensajeras de Hyläunx, las viajeras que cruzan las almas a través del velo que separa los mundos de los vivos y los muertos.

Un suave plegaria, un lamento, un réquiem a los muertos acarició su mente, un cántico que se escucha como una y mil voces, llenas de pena, con un aliento de paz y consuelo.

Oh Hyläunx, tú que viajas entre el mundo de los vivos y los muertos,

Tú, que cruzas el velo gracias a la ligereza de tu vuelo,

Tú, que das paz con el brillo sin igual de tus alas,

Calma la pena de las almas,

Guía sus pasos a través del bosque de los mil caminos.

Reúne sus almas de vuelta con la gran madre.

Enomentuvalmë/lvë, meldor, serë*.

Algunos días después se encontraron cabalgando a través de las montañas rocosas de Cenarion, alejándose cada vez más de la capital y adentrándose cada vez más en las que hasta hace pocos años fueran tierras del desaparecido reino de Ahnvae. En la distancia podía vislumbrar la costa y un poco más allá las Islas del Silencio. Kanae empuñó con fuerza sus manos en las riendas del caballo, su sueño aún fresco en su mente. La sangre bañando las naranjas hojas de arce y katsura, las explosiones, la muerte. La capital bañada por el fuego. Deberían estar yendo hacía la capital para advertirles, no alejándose de ella.

—Haces lo correcto, Kanae —susurró la voz en su mente.

Volteó a ver a la niña que cabalgaba en la montura de uno de sus escoltas.

—¿De verdad? —empujó la pregunta a través de su mente.

—No hay nada que podamos hacer para detener lo que has soñado, es demasiado tarde, la rueda está en movimiento; pero hay algo que podemos hacer, hay algo que necesitas ver, algo que solo tú puedes entender.

—¿Qué es eso que necesito ver?

—El comienzo de la oscuridad —dijo mirando hacia el valle que se extendía entre las montañas.

Los ojos de Kanae viajaron al que un día debió haber sido un valle hermoso y ahora era más parecido a un desierto, un lugar estéril donde solo crecían espinos y aún se erguían los tallos secos de lo que una vez debieron ser frondosas zarzas. Un lugar olvidado, uno que hablaba de miseria, dolor y muerte.

—Bienvenida al valle de Ghoul.

...


Notas

*Hselymet: Malditos

*Enomentuvalmë/lvë, meldor, serë: Volveremos a encontrarnos, amigos, paz.

*En algunas culturas las mariposas tienen un significado espiritual como las encargadas de ayudar a las almas a cruzar entre el mundo de los vivos y los muertos. En algunas otras se cree que las mariposas blancas son reencarnaciones del alma de los niños muertos