El zorro caminaba por la fiesta al lado de su nueva pareja, que le cogía el brazo. Ella estaba muy ilusionada, y no paraba de hablar de lo mucho que se estaban divirtiendo y preguntando sobre que harían después. La chica de Nick iba muy elegante, con un vestido azul que resaltaba sus lindos ojos y su pelaje. Nick también iba elegante, con un traje negro y la corbata de siempre. Sus ojos color verde no paraban de mirar a su al rededor. Aún así, respondía con diversión y amabilidad a la chica que acompañaba, y ambos reían juntos con todas las bromas que el zorro hacía.

Judy cruzó el camino con Nick, y miró con una extraña ira a Nick y a su nueva novia raposa de ojos color azul y pelaje tan rojizo como el mismo fuego. Ella estaba acompañada por Bob Carrotson, pero por alguna razón no estaba cómoda.

Nick apenas la miró, estaba muy ocupado con su acompañante. La coneja iba con un vestido violeta tan profundo como sus ojos, y un colgante que el zorro le regaló el día de su cumpleaños una vez. Llevaba las orejas gachas, pues algo se rompió en su corazón. Ahora lo veía claro todo, ahora sabía como se sintió Nick, ahora sabía lo que es que no te correspondan.

A Nick ya parecía no importarle, realmente se veía feliz ahora. Se lo estaba pasando bien con esa chica de su misma especie, cosa que le encendió los celos en Judy...

Un día antes

Era una mañana espléndida y Zootopía amaneció con energía. Todo se había arreglado y ahora todo tenía un color más brillante.

Se iba a celebrar una fiesta para celebrar la derrota de Rebellion Prey y Alan Bosh, donde irían todos los oficiales de todas las oficinas de policía de la ciudad y sus alrededores.

Nick se despertó con una nueva chispa de valor en su ser. Resulta que Judy le dijo que Bob Carrotson se marcharía a Bunnyburrow de nuevo, y que seguramente iban a romper su relación, pues cada uno tenía su trabajo y no tenían tiempo de estar viajando de un sitio a otro.

El zorro fingió empatía por la tristeza de Judy, cuando en realidad su corazón brincaba de alegría. Era su oportunidad: iba a invitarla a la fiesta, y allí le confesaría los sentimientos que esconde en lo más profundo de él.

Finnick, su viejo amigo, vino a visitarle esa mañana, y Nick intuyó que vino solo para pedirle dinero, como hacía a veces. Él nunca se negó, en la ZPD ganaba bastante y el zorro fennec fue su única compañía durante años... De alguna manera se sentía en deuda con él.

Esa mañana, Nick se estaba preparando para ir a trabajar, cuando el otro zorro llamó a su puerta. Nick fue a abrirle, pensando que era Judy, pero no resultó ser ella.

—¿Finnick? ¿Otra vez necesitas dinero?

—¿Por qué piensas eso? ¿Es que me tomas por aprovechado?

—No, pero te conozco. ¿Cuánto necesitas?

—Agh, está bien. Cincuenta —confesó él.

—Algún día tienes que encontrar un trabajo decente.

—Tú no me das órdenes. Me gusta vivir así —enunció el zorro fennec sin más.

— Pues no siempre voy a poder darte dinero, por suerte Judy y yo lo compartimos a veces.

—¿Cómo te va con esa coneja?

—Ah...Bien, ¿por qué lo preguntas?

—Puede que sea bajito, pero no ciego —insinuó. Nick resopló, y le invitó a entrar a su antiguo socio.

—Pues, estaba pensando en invitarla a la fiesta —admitió Nick.

—¿Por qué no te buscas a alguien de tu especie? Conozco a algunas que estarían encantadas de acompañarte. Es mejor que te olvides de ella, Nick. Es una coneja, y tú un zorro. No vais a poder estar juntos nunca... ¿Qué pensarán los demás? Se te va a destrozar el corazón. Quien avisa no es traidor.

—Quiero ir con ella, no con otra.

—Como quieras, después no vengas arrepintiéndote de lo que vas a hacer —comentó tras un resoplido.

—En fin, toma el dinero, voy a trabajar.

El zorro fennec salió por la puerta antes que él, y miró a Nick mientras este cerraba la puerta.

—Bueno, pues que te vaya bien. Cualquier cosa no dudes en pedírmela, conozco a una chica perfecta para ti.

—Sí, sí, andando. Finnick empezó a caminar para volver a su furgoneta, cuando Nick dijo:

—¿Ni un beso de despedida a tu antiguo padre?

—¡Cállate Piberius!

Tras el duro día de trabajo, Judy y Nick habían quedado en cenar en un restaurante. Nick pensó que ese sería el momento oportuno para invitar a la coneja a la fiesta, y no podía fallar. Incluso le traía un detalle para intentar enamorarla de una vez.

Ese día cogió algunas flores que sobraban de uno de sus vecinos que era gruñón y molesto, según él , y las juntó para hacer un pequeño ramo.

Llegó al restaurante antes que ella, cosa que le resultó extraño... Ella nunca llegaba tarde a ningún sitio, eso era cosa de Nick.

Pasaban los minutos, y se empezó a impacientar. Su estómago rugía, y no quería pedir hasta que Judy viniera... Le iba a enviar un mensaje cuando apareció.

Junto a Bob.

—¡Hey, Nick! Perdón por el retraso, Bob se quiso apuntar y su coche se estropeó...

—¡Perdón, Nick! No quería retrasaros.

—Judy, esta noche era solo de los dos...

—Lo sé, pero Nick, dijiste que no te molestaba que...

—Es igual. Como tardaste tanto ya tengo que irme... —Se levantó de la mesa con una chispa de ira y se marchó sin mirar atrás.

—¡Nick, espera! —vociferó Judy.

—Que disfrutéis de la cena. —Salió del restaurante a toda velocidad y se marchó a su casa.

Después de todo lo que había pasado Judy seguía sin entenderlo. ¿Bob no se iba a marchar? ¿Por qué lo volvía a traer a una noche que se supone que era solo de ellos dos? Prometió ser amigo de ese conejo, pero había veces que le resultaba imposible, pues su corazón pedía otra cosa y su cerebro lo intentaba retener...Pero cada vez era más difícil.

Entró a su apartamento dando un portazo y dejó las flores sobre la mesa. Se lanzó al sofá y ahí se quedó un buen rato, pensando y mirando una foto de Judy y él. Ya ni notaba como rugía su estómago, pues tenía el corazón destrozado. ¡Quería llevarla a la fiesta! Quería conquistarla, pero la vida siempre le ponía obstáculos.

El golpe continuo de la puerta lo sacó de sus pensamientos y se levantó en seguida. Entreabrió la puerta y sus ojos conectaron con los de la conejita, que lo miraba preocupada.

—Nick...¿Va todo bien?

—¿Vienes sola?

—Sí. Dime lo que ocurre... —Quiso saber, aunque suponía lo que le ocurría.

—No me ocurre nada, Judy.

—Escúchame bien, Nicholas Wilde, te conozco desde hace muchísimo tiempo y sé con seguridad cuando mientes. Déjame pasar.

—Está bien —cedió él, abriendo más la puerta para que pasara. La coneja pasó dentro del hogar y se sentó en el sofá. Él se sentó a su lado.

—Cuéntame...

—Es que me molesta que traigas a alguien sin avisar en una noche que es solo para nosotros...

"¿Sólo eso, Nick...?" pensó la coneja para sí misma.

—Lo siento, tienes razón... —admitió arrepentida —, debería haberte preguntado. ¿Me perdonas?

Judy bajó las orejas y lo miró con cierta pena. Puso su pata sobre la de Nick y posó la cabeza en su cuerpo..

—Perdóname —pidió con los ojos brillantes. Él se rindió y resopló...No podía resistirse.

—Conejita boba, claro que te perdono —habló él acariciándole la cabeza.

—Gracias, Nick —le sonrió.

Sus miradas conectaron con profundidad y esbozaron una sonrisa sincera y llena de cariño. Sus corazones empezaron a palpitar con un extraño poder y un brillo especial iluminó sus ojos. Judy estaba realmente confusa, su mente era un hervidero de pensamientos y sentimientos confusos que no parecían llegar a nada...Parecía un laberinto y solo uno de los dos chicos que quería tenía el mapa para salir de él. Uno de ellos tiene la verdadera llave de su corazón. ¿Pero quién?

Nick se contuvo en el deseo de besarla y abrazarla, y rompió aquel intenso lazo entre sus miradas.

—¿Y Bob no se iba?

—Ah... S-sí... Verás...al final hemos decidido seguir con lo nuestro. Él me llevará a la fiesta de mañana, y cuando se vaya mantendremos una relación a distancia, me visitará todos los fines de semana.

—Ah...

—¿Pasa algo...?

—No, nada. Yo supongo que me quedaré en casa.

—¿No vendrás a la fiesta? Es la fiesta de la ZPD, y somos compañeros. ¡Si no vas yo no iré!

—¿En serio? No, Judy, no pierdas una ocasión así. No se hacen fiestas todos los días.

—Me da igual, Nick. No pasa nada... Organicemos una cena con televisión y juegos en tu casa, solos tu y yo. ¿Vale? Nos lo pasaremos como en una fiesta.

—¿De verdad? En serio, Judy no tienes porque...

—¡Shh! Calla, bobo. —Le cogió la pata y le sonrió—. Ahora... ¿vemos una película?

—Claro, pero de terror no.

—Zorro miedoso.

La fiesta empezaba a las siete, y ya eran las seis menos cuarto. Nick miraba por su ventana, pensativo. Se sentía algo mal por que Judy no iría a la fiesta, y todo porque él no iría. Ella se merecía lo mejor y ser feliz, aunque fuera con otro.

Le hubiera gustado llevarla él, cogerle la pata y acompañarla, ambos vestidos elegantes, con rostros eufóricos y llenos de emoción...Y bailar, bailar juntos, ignorando su diferencia de estatura...

Nick paró de pensar en eso y siguió preparando la comida para la coneja y él. Había organizado una noche de televisión con palomitas, juegos y comida. Quería hacer esa noche especial para Judy, para compensarla por no ir a la fiesta por él. Le había costado trabajo y cierta pereza prepararlo, pero mereció la pena.

En ese instante, la conejita lo llamó por el teléfono. El zorro lo cogió tan rápido como pudo y contestó.

—¿Zanahorias? Más te vale que estés preparada, porque he organizado una gran...

—Nick... ¿Podemos dejarlo para otro día? Me he puesto bastante enferma.

—¿Qué? ¿Estás bien? Si quieres puedo ir a tu casa a cuidarte, voy a...

—No, no hace falta. No quiero contagiarte. Mañana te veo, ¿vale?

—Esta bien... Mejórate, conejita boba.

—Zorro bobo.

Nick no se podía quedar de brazos cruzados. Si su amiga estaba enferma, tenía que cuidarla. Y le daba igual contagiarse; cuidar de ella parecía que era su deber ahora mismo. Así que preparó algo de comida y salió hacia el apartamento de Judy.

Pero de pronto, vio como Judy caminaba junto a Bob. Ambos iban muy elegantes; cosa que demostraba que iban a la fiesta.

Judy miraba de un lado a otro, como si tuviera miedo de que alguien le viera. Como si le hubieran prohibido ir a la fiesta y estuviera yendo a escondidas.

Se dieron un beso y sonrieron antes de meterse en el coche de Bob. Una punzada de dolor mordió a Nick. Le había mentido, le había dicho que estaba muy enferma, solo para no ir e irse a la fiesta con Bob. Si quería ir se lo podría haber dicho, pero no tenía que mentirle.

El zorro se sintió muy herido con eso. Apretó los puños, y una llama de enfado se encendió en sus ojos. Todo lo que había preparado para ella, se iba a la basura, todo lo que había hecho con cariño y con intención de sorprenderla.

"Es mejor que te olvides de ella, Nick."

"No vais a poder estas juntos nunca"

"Conozco a algunas que estarían encantadas de acompañarte"

Las palabras de Finnick sonaron en su mente en ese momento. ¿Y si tenía razón? ¿Y si debía olvidarse de ella? No iba a poder darle lo que ella deseara... Quizás debía olvidar, empezar de nuevo, conocer a otras... Tal vez así pudiera sacar el flechazo que siente por Judy. Pero aquella flecha estaba demasiado clavada en su corazón.

Volvió a su casa tan rápido como pudo, y se lanzó al sofá. Miró el ramo de flores que había dejado en la mesa. Tomó una decisión, tras un suspiro y una respiración profunda cogió el teléfono y marcó el móvil de su amigo.

—¿Finnick? preséntamela.

POV Judy

No podía dejar de pensar en que estaba haciendo mal. Le había dicho a Nick que no iría a la fiesta, pero aquí ahí estaba, en el coche de mi novio yendo hacia allá. La consciencia me estaba castigando de un modo insoportable. Pero Bob tenía muchas ganas de ir, y le veía tan ilusionado que no pude decirle que no.

Nick es muy listo, va a descubrir que si he ido a la fiesta. Me siento mal por ello... Él estaba muy emocionado preparando nuestra noche, y seguro que está decepcionado y frustrado. Bob me convenció para ir... ¿¡Qué es lo que he hecho!? Esta no soy yo, yo no miento a nadie, y mucho menos a Nick... ¿Qué me está pasando? ¿Qué intento demostrar con esto?

La voz de Bob me saca de mis pensamientos en ese momento.

—¿Lista?

—Sí —afirmé algo insegura.

Bajamos del coche y nos dirigimos a la sala de fiestas. Al primero que vimos fue a Clawhauser y nos saludó con una gran sonrisa. Estaba sentado en una mesa llena de comida, típico de él. Ese leopardo me cae fenomenal, es uno de mis mejores amigos... Me aconseja siempre y es muy divertido charlar con él y compartir canciones de Gazelle.

Bueno, pues estuvimos un buen rato saludando a todos los oficiales y a sus parejas, y nos llevaron a la mesa que se nos había designado. Muchos me preguntaban que donde estaba Nick, yo solo les decía que no quiso venir, por que es la verdad...

¡Ya están esos ojos verdes en mi mente! No entiendo que me pasa, pero esa sensación me hace sentir tan vulnerable...

No me di cuenta de que Bob me estaba hablando, estaba inmersa en mis pensamientos y no le escuchaba.

—¿Judy, estás bien?

—Sí, sí... Es solo que...

No pude acabar, pues en ese momento entraron dos nuevos animales a la fiesta. No me costó reconocer el rostro de mi amigo Nick, con una sonrisa. ¡Había venido! seguro que se iba a enfadar conmigo como me viera. Mi alma se dividió en dos...Una parte quería ir con él, decirle la verdad, disculparme y divertirme junto a él en la fiesta y el baile... Pero otra quería salir corriendo de ahí.

Otro animal caminaba a su lado. Era una raposa de ojos azules como el cielo que llevaba un vestido azul, que iba genial con sus ojos, y un colgante dorado. En ese momento, sentí como un manojo de celos estaba creciendo en mi interior, y no podía retenerlo. Se agarraron de las patas y fue entonces cuando ese manojo se fue haciendo más grande. ¡Odio sentirme celosa! es una sensación desagradable...

Una pantera les guió hacia la mesa donde estábamos Bob y yo. ¡Nos habían puesto en la misma! ...Bueno, era algo obvio, Nick y yo somos mejores amigos y compañeros...

—¿Nick...?

—Hola, Judy. ¿Ya estás mejor?

—¿Q-quién es?

—Es Sheila, Finnick me la presentó...bueno, básicamente me obligó a traerla... Y no me arrepiento.

—Nick es increíble... Tú debes de ser Judy, ¿no? Nick no paraba de hablar de ti en todo el camino. ¡Encantada de conocerte!

—Lo mismo digo...

Pasamos unos minutos hablándonos y conociéndonos. No me caía bien esa chica... No sé, pero había algo en ella que me hacía pensarlo. Presentía algo, pero no sé si solo es un síntoma de los celos que estaba sintiendo.

Por un segundo, olvidé por completo que había ido con Bob, y sólo miraba a Nick y a Sheila. Me sentía fatal. Llegó un punto en la conversación en la que los únicos que hablaban eran Bob y Sheila. Entre nosotros había cierta incomodidad que no sabría explicar.

—Nick, ¿podemos hablar a solas un momento? —pregunté.

—Claro, Judy —aceptó, y se levantó para acompañarme.

Nos dirigimos hacia fuera del edificio, y al girarme vi como Sheila me miraba de una manera distinta esta vez...

Hacía algo de frío fuera, pero me daba igual, quería disculparme con él. Estuvimos en silencio unos minutos, hasta que él dijo:

—¿Qué pasa?

—¿Estás enfadado por haber ido a la fiesta sin decírtelo?

—No, Zanahorias; no estoy enfadado por haberme mentido...Y por teléfono además.

—Nick, lo siento mucho... De verdad, me arrepiento...

—Es igual, coneja. No te preocupes.

Actuaba como si no le importaba, pero sé que está molesto. Sé que está furioso conmigo...

—¿La acabas de conocer?

—Sí, Finnick me obligó a ir con ella...Bueno, no está nada mal. Es muy simpática y linda.

—Sí...

—Me vuelvo dentro.

—Nick...

Pero no me respondió. Se dio la vuelta y se dirigió a la puerta para volver a la fiesta. Yo, con las orejas gachas, volví también dentro e intenté disimular el sonido de mi mundo derrumbándose en mí.

Bob me preguntó que si me ocurría algo, yo solo dije que no, que me dolía un poco la cabeza.

Empecé a sentirme muy incómoda. Sheila coqueteaba con Nick delante de mí, y él sonreía con esa mirada pícara... Él había encontrado a alguien de su especie y se había olvidado de mí. ¿Ya no me quería? ¿Qué había pasado con aquel mensaje? Se veía feliz ahora... Le había perdido, tuve una oportunidad y la desperdicié. Espera... ¿Qué acabo de decir?

No sé si estoy enamorada de Nick, todo me da vueltas y no puedo descifrar lo que pasa en mi interior. Tal vez es pasajero.

La raposa y yo a menudo cruzábamos miradas tensas, no sé por qué. Empezó a hablar con indirectas y de una manera de hablar fría pero que fingía se percató de eso, solamente yo, al parecer...

POV Normal

Los cuatro se levantaron para ir a la pista de baile y divertirse un rato, pero solo dos de ellos estaban disfrutando de la fiesta. Judy miró a Nick, pero él apenas la miró. Ella sintió rabia, celos, tristeza y dolor por dentro.

Cuando empezaron a bailar, ella se movía sin ganas, con movimientos apagados y orejas caídas Nick se estaba riendo y bailando con Sheila; y Judy no podía aguantar más. Se dirigió a Nick, dispuesto a llevárselo para hacer las paces, pero la raposa, al verla venir, le dio un empujón disimulado que hizo que la coneja cayera al suelo.

—¿¡En serio!? ¿Olvidas que soy policía?

—¿Qué haces, Judy? —dijo Nick.

—¡Me ha empujado! —declaró, ignorando las miradas de los animales.

—Uy, habrá sido sin querer, bonita —comentó Sheila —, eres tan bajita que no me di cuenta.

—¿Ves? Ha sido un accidente. Deja de montar escenitas, Judy.

Judy sintió ganas de llorar, de gritar y de irse corriendo de ahí. Pero lo único que hizo fue mirar a Sheila a los ojos, en una guerra de miradas entre las dos. Nadie la creía, Nick no la creía. ¿Su amistad había acabado?

La coneja apretó los puños y bajó las orejas, mientras aguantaba las lágrimas. Nick la miró durante unos segundos, y un rayo de tristeza pasó por sus ojos, pero desapareció rápido.

—Judy —habló Bob —, tranquilízate, ¿quieres ir fuera?

—Sí, por favor... —aceptó, antes de mirar a Nick

—Gracias, Nick... Por haber sido mi mejor amigo...

—Judy... —pronunció Nick, mientras la coneja y su novio se iban a fuera.

—Al fin solos los dos —expresó Sheila, apoyando su cabeza en el hombro del zorro.

—Ahora vuelvo, Sheila. Quédate aquí —pidió, al mismo tiempo que iba detrás de la otra pareja. El rostro de Sheila mostraba frustración. Seguramente la iba a dejar plantada...

—¿Estás mejor aquí?

—Sí, gracias.

—¿Qué pasó? ¿De verdad te empujó?

—¡Sí! Tienes que creerme.

—Te creo, t creo. No te preocupes.

Hubo un rato de silencio en ese instante. Al conejo se le vino a la mente algo que quería pedirle a la coneja. Quería decirle algo muy importante, pero no encontraba las palabras. Finalmente, pudo decir:

—Ven conmigo a Bunnyburrow, Judy.

—¿Q-qué?

—No quiero separarme de ti. Una relación a distancia es difícil...

—Ya, pero, Bob...

—Cásate conmigo —soltó de repente antes de darle un beso —, ven conmigo.

Judy se quedó de piedra. No sabía que hacer ahora, ni sabía lo que quería. En Zootopía estaba su hogar, su trabajo, sus amigos...Nick...

Pero Bob lo había dicho con tanta ilusión y pasión en sus ojos que la coneja estaba tremendamente hecha un lío.

Quizás esta era su única oportunidad de estar con alguien. Con Nick tal vez no tendría futuro... La sociedad no iba a ver bien que un zorro y una coneja estuvieran juntos. Tal vez debería olvidar al zorro, ser solo amigos, si es que la perdona algún día... Puede que con Bob tuviera un mejor futuro, puede que con él sea más feliz, misma especie, cero problemas... Todo eso estaba pensando Judy, indecisa.

Pero se autoengañaba.

—Oh, Bob...Estoy tan halagada...

—¿Aceptas? —le tendió la pata.

Ella estaba apunto de cogerle la pata con una gran sonrisa, pero en ese momento Nick irrumpió en donde estaban ellos. Se sentía triste, frustrado, decepcionado, enfadado, celoso...

—¡No! —gritó —¡no te la lleves!

—¡Nick!

—¿Vas a aceptar? —intervino el zorro.

—Yo...

—Responde...

—Bob, ahora entro...Ve y haz compañía a Sheila.

—Eh...Vale... —aceptó él algo molesto. Luego se fue, cruzando una mirada de recelo con el zorro y volvió a entrar.

Nick y Judy se quedaron solos. El silencio los envolvía y creaba una atmósfera tensa entre ellos. Él rompió el silencio.

—¡No puedes irte!

—¡Nick, escúchame!

—¿¡Es que me vas a dejar solo!? ¡No vayas, no te cases con él! —gritó celoso—, me uní a la ZPD por ti. ¿Y ahora piensas dejarlo? ¡No pienso dejarte ir!

—¡Oye! ¡Tú no me mandas ahora, no tienes derecho a decidir en mi vida!

—¿¡Es qué vas a dejarlo todo, Judy!? ¿Por ir tras ese conejo idiota?

—¡No hables así de él! ¿¡Desde cuando te importa!? ¿Qué te ha hecho él?

—Desde que apareció en nuestras vidas, Judy, me lleva molestando desde ese día. ¡Todo es culpa de él! ¡Nos lo ha estropeado todo!

—¡Nicholas Piberius Wilde, ni se te ocurra hablar así de él ni una sola vez más!

—¡Tú tampoco me mandas, coneja!

—¿¡Pues sabes qué!? No iba a aceptarlo, ¡pero ahora sí! ¡No quiero ser más tu amiga! No me di cuenta de que eras así ¡tú eres el que lo ha estropeado todo! ¿No lo ves? —soltó.

Esas palabras golpearon al zorro, y le hizo estallar de rabia.

—¡Haz lo que quieras! ¡Vete y ya! ¡Que seas feliz con ese!

—¿¡No estabas molesto conmigo!?

—Sí, lo estoy. —Nick bajó el tono de voz. Judy se arrepintió de lo que había hecho. De todo. ¡Estaban peleándose de nuevo! No quería estar así.

—Perdóname, Nick...

—¡Me mentiste, Judy! Te preparé una gran noche de juegos y televisión, y me mentiste. ¿Qué amiga hace eso?

—Una mala amiga. ¡Vale, tu lo has dicho! Soy una mala amiga. ¿Algo más?

—¡Debiste habérmelo dicho! Ya no sé si puedo confiar en ti.

—¡Que vale! ¡Sal de aquí! Si no confías en mí vete, sal de mi vida.

Las lágrimas abandonaron a Judy en ese momento. Le dio la espalda al zorro y lloró como nunca antes había llorado. Su mejor amigo y ella estaban gritándose como nunca antes. Todo estaba estropeado entre ellos, y se estaban creando eternas cicatrices, que se abrían cada vez más, separándoles mediante un precipicio sin fondo.
Nick se quedó en el lugar, mirándola en silencio... Se arrepintió de haberle hablado así.

—¿Aún sigues aquí? ¡Vete, ve con echa chica tan guapa! Espero que seáis felices juntos... Seguro que os irá bien...

—Judy... —pronunció Nick, extrañado por lo que acababa de decir la coneja.

—¡Vete, idiota! ¡Déjame! Quiero estar sola, eres...eres...

—Judy... ¿Estás celosa de Sheila?

—No quiero hablar de eso.

—¿Por qué estás celosa?

—Cállate.

—Judy, respóndeme. ¡Por favor! —exigió Nick con un tono frío. Judy no aguantó más.

—¡Por que te quiero, idiota! ¡Eres un pedazo de idiota que me ha enamorado! ¡Ahora fuera! —dijo entre lágrimas.

Nick avanzó hacia ella con una expresión seria, decidida y enfadada. Judy lo miró atentamente mientras evitaba dejar de llorar, en vano. El zorro la acorraló en la pared, se agachó y en un rápido movimiento selló sus labios con los de ella.

La besó como siempre había soñado, como tanto tiempo había ansiado. No pudo más, estalló y dejó escapar sus sentimientos, que ahora eran evidentes.

La coneja se sorprendió, pero respondió al beso. Se agarró a su cuello, sintiendo los labios de Nick tan dulces como siempre soñó. El pelirrojo la estrechó contra él, mientras mil emociones atravesaban su cuerpo y su corazón bailaba y gritaba eufórico.

Ambos sintieron el calor de aquel beso, y escucharon sus latidos que sonaban como dulces cantos. El universo se paró a su alrededor y parecía que solo había un lugar...Un lugar cálido y lleno de paz, aquel lugar que solo estaba en el corazón del otro. Se sentía tan correcto ese momento que profundizaron el beso.

Ese beso fue el mejor que tuvo en su vida. Mucho mejores que los que Bob le había dado... Ahora sabía quién tenía en realidad la verdadera llave de su corazón.