Bueno, bueno, después de mi último capítulo recibí desde insultos (muy cariñosos Leni) hasta amenazas de muerte (No Liz?) jajajaja…pero me encantó! Sigan amenazándome chicas, eso me da más ánimos a continuar esta bella historia! La pregunta ahora es …qué pasara? Jojo! Ahí le va el siguiente capi!

(Agradecimientos al final)


—Sí, claro. Entonces estaría bien confirmarlo para después de la sesión de fotos.

Listo Ren, gracias. Y lamento haber interrumpido tu sueño pero necesitaba confirmación de esta entrevista lo antes posible por culpa del horario matutino.

—Sí, francamente interrumpiste mi "sueño".

Oh, lo siento, lo siento mucho.

—Sólo estaba bromeando, ya estaba levantado. Entonces, así quedamos. Muchas gracias, Yashiro. Buenos días.

Ren colgó el celular y suspiró mientras que se recostaba contra la pared de su sala. No había mentido al decir que habían interrumpido su sueño, puesto que si bien no estaba durmiendo, había estado en un sueño cuando estuvo en esa habitación con la mujer de la que estaba enamorado abrazada a él.

Minutos antes…

Mientras Ren y Kyoko seguía besándose sobre la suave cubierta de la cama de huéspedes, una música al fondo comenzó a sonar.

¿Mi celular? —pensó Ren—Tendrá que esperar.

—¿No es ese tu celular? —Le preguntó Kyoko en un instante el que pudo liberarse de los labios de su novio para tomar aire.

—Que vuelvan a llamar.

Y tanto él como ella parecían estar más que de acuerdo con esa idea, sin embargo el celular siguió sonando y cuando por fin se calló, empezó a sonar el teléfono de la casa. Al entrar en la contestadora se pudo escuchar la voz de Yashiro.

¿Ren? ¿Ren? Si estas allí contesta por favor…Necesito confirmar contigo una entrevista muy importante que te han ofrecido ¿Ren? ¡Ren, despierta!

Ren no quería despertar, pero la insistente voz de Yashiro no lo dejaba tranquilo y la manera en que Kyoko lo miró mientras le decía "Será mejor que veas qué es lo que necesita" lo obligó a dejar el cómodo lugar en el que se encontraba.

¿Y ahora qué? ¿Volver a entrar a seguir lo que empecé?

Le parecía improbable, el ambiente se había enfriado y eso le había hecho, en parte, recobrar la cordura acerca de lo que estaba haciendo.

Tal vez lo mejor sería entrar como si nada hubiera pasado, estoy seguro de que Kyoko también debe de haber reaccionado ante esta pausa que tuvimos que tomarnos. ¡Maldición! Fui demasiado lejos, todo lo que me prometí que no haría para no asustarla lo hice… Pero, ella parecía tan complacida con mis caricias y besos y, su piel, su olor…

Ren dio un largo suspiro mientras recordaba cada segundo que había pasado en el cuarto de huéspedes, pero luego de un momento se dijo a sí mismo que lo que había pensado era lo correcto, de seguro Kyoko también estaría ya cambiada o vestida y podrían salir para calmar los ánimos. Ren se reincorporó y abrió la puerta de la habitación.

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Lo había visto salir por la puerta y en cuanto se cortó la voz de Yashiro por el altavoz, reaccionó. Estaba echada, semidesnuda y agitada. Kyoko se levantó y se sentó en el borde de la cama tomando una almohada para cubrirse el pecho. El corazón comenzó a latir fuertemente contra sus costillas.

¿Pero qué estaba haciendo? ¿Cómo…cómo es que esto terminó así?

Kyoko estaba confundida y asustada, pero sabía que también ella había participado gustosa de cada uno de los besos, caricias y roces que entre Ren y ella se habían dado. Ahora le toco ponerse roja recordando que tan atrevida había sido en algunas cosas que había hecho. Se abrazó más fuerte a la almohada, volteó la mirada y vio su camisola en el suelo a los pies de la cama, tirada.

Podría hacerlo—pensó—podría vestirme e irme de aquí.

Sí, Kyoko podía hacerlo, pero por algún motivo no se movió ni un solo centímetro de su posición. De repente, llevó su mano hacia la parte de atrás de su oreja y con los dedos rozó el sendero que los labios de Ren habían recorrido hacía sólo unos instantes, los condujo por su cuello hasta que, bajando, chocó contra la almohada que la cubría. Era cierto, él la había probado, la había besado más allá de lo que ella le había permitido a alguien.

¿Pero qué digo? ¡Si jamás he dejado que alguien me bese excepto a él! Pero…yo…

Y su cabeza volvió a inundarse con los ardientes recuerdos de hacía pocos minutos, haciendo que su corazón lanzara la sangre que bombeaba a una velocidad insospechada. Fue el sonido de la puerta lo que la hizo reaccionar y vio a Ren cambiar la expresión tranquila que vestía a una asombrada cuando entró al cuarto.

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Al entrar en la habitación, no pudo menos que sorprenderse al ver a Kyoko aún en la cama, abrazada a una almohada y con su camisola aún en el suelo.

—…

—…

Ninguno mencionó palabra. Ren la observó, estaba algo despeinada, con las mejillas encendidas y podía ver parte de su espalda desnuda tras esa almohada. Le parecía que estaba tan hermosa.

Kyoko lo miró fijamente y no le cabía aún en la cabeza como un hombre tan espectacular como el que tenía al frente podía estar enamorado de ella. Su torso desnudo parecía tan perfecto como si estuviera tallado a mano, y ella había estado recostada en ese pecho, lo había acariciado y disfrutado de la textura del mismo contra la yema de sus dedos.

Ren se acercó hacia ella y se sentó a su lado en la cama. No se miraron, de alguna manera el ambiente estaba cargado, ambos sabían que el siguiente movimiento era crucial, podía desatar la pasión que ambos sabían que estaban escondiendo y negando en lo más profundo de ellos o podía hacer que todo quedara allí, como si nada hubiera pasado; era como si una corriente de electricidad corriese entre ellos por la cercanía que tenían.

Finalmente, fue Ren el que sin poder evitar robar una mirada a la espalda de Kyoko, a su cuello desnudo, a sus sonrojadas mejillas, a sus pequeños y nerviosos gestos, se rindió.

— ¿Estás segura? —Le preguntó y dirigió sus ojos a los de ella—No quiero que hagas algo porque creas que yo reaccionaré de alguna manera ante lo que decidas.

Kyoko sabía esto, sabía que si le decía que prefería irse inmediatamente o que la dejara sola para que pudiera vestirse, él no se enojaría. ¿Qué debía hacer?

Ren observó cómo Kyoko parecía debatir algo dentro de ella: bajó la mirada, la subió, se mordió los labios y regresó nuevamente a sus ojos. Con una gran sorpresa, vio cómo su cabeza se movía lentamente dando una callada afirmación. Esto fue casi suficiente para que lanzara todos sus sentidos por la ventana, pero decidió mantener aún algo de su autocontrol. Tomó su rostro con una mano y con otra, le acarició la parte interna del muslo hasta llegar a tocar su parte más íntima con los dedos sobre la tela de lo que quedaba del pijama. Kyoko dejó escapar una expresión de sorpresa.

—Lo que pasó hace un momento no es nada en comparación a lo que sucederá si me das tu permiso y esto—dijo presionando un dedo contra ella, provocándole un pequeño gemido—sería sólo el comienzo… Kyoko…—y juntó su frente contra la de ella— ¿estás realmente segura?

Ren sintió como Kyoko se separó de él e intentaba deshacerse de sus manos. Este gesto lo tranquilizó, pero sólo unos escasos segundos, inmediatamente después, Kyoko se sacó la almohada que la protegía y se quedó expuesta frente a él, extendiendo los brazos.

Decir algo más, era completamente inútil, Ren la abrazó fuertemente y se dejó embriagar en lo que ese momento significaba para ambos. Kyoko le devolvió el abrazo queriendo pegarse lo más que podía, intentando demostrarle con cada gesto lo que él le hacía sentir. Parecía ridículo tal vez, que ella, una persona que había desechado el amor por completo estuviese allí en ese momento, voluntariamente aceptando a un hombre. Apenas eran dos meses lo que tenían juntos, no habían tenido una cita formal y ese día todo había empezado como un ensayo de escena, pero nada de eso importaba, cualquier cosa que no fuera Ren, no tenía ningún valor en el mundo en ese momento para Kyoko. No había vuelta atrás.

Luego del abrazo, Ren se soltó un poco, pero sólo para levantarla de la cama cargada y llevarla a su propia habitación, entró con ella en brazos y cerró la puerta tras ellos. La acostó suavemente en la cama y tomó su mano delicadamente, sin dejar de mirarla, cerró los ojos y posó un tierno beso en ella. Kyoko soltó un suspiro al ver y sentir esta acción pero pronto, su cuerpo volvió a estremecerse al descubrir que al abrir Ren los ojos, su rostro mostraba la expresión del Emperador de la Noche más seductora que hubiese visto hasta ese momento.

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La habitación de Ren no tenía aire acondicionado propio, pero parecía que alguien había encendido la calefacción al máximo. Apasionados besos eran los que se encargaban de cargar más el ambiente de las cuatro paredes. No fue mucho tiempo que Ren la estuvo besando, nuevamente decidió bajar hacia sus senos para proseguir con su degustación, sin embargo, ahora no se conformó sólo con eso, una de sus manos se estaba encargando de retirar el short y la trusa. Kyoko estaba consciente de que ahora estaba completamente desnuda ante él y no podía evitar sentir vergüenza. Ren se levantó y se posó sobre ella, observando con detenimiento cada parte de su cuerpo.

—Eres realmente hermosa—le dijo.

Kyoko no podía creer a sus oídos y menos aún cuando su cerebro estaba contado todas las imperfecciones que ella creía tener.

No tengo mucho pecho, estoy algo subida de peso, tengo un lunar algo grande en la cadera, jamás en mi vida me he depilado, no tengo ropa interior linda… ¡Pero qué…!

Kyoko había detenido su línea de pensamientos al sentir a Ren besando su pubis e intentando separar sus piernas para, obviamente, pasara a otro lado.

—¡Ahí no!

—¿Por qué no?

—Eso…eso…está sucio y…ehhh…

—¿Qué parte de ti podría estar sucia? Y aunque así lo fuera, así me gustas. Permíteme, por favor…o mira, toma, cúbrete con esto—le dijo Ren mientras le daba una almohada. Sabía que por más de que estuviese allí por su propia voluntad, no podía evitar sentir miedo y vergüenza, así que si se cubría el rostro, tal vez sería mejor para ella. Kyoko no dudó un segundo en hacerlo y se quedó tendida, tiesa como una tabla al saber que pronto Ren la miraría por completo.

Si bien uno de los motivos de Ren era el observar y probar cada parte de su anatomía, el otro de ellos era el prepararla para lo que vendría, al ser su primera vez, lo más probable es que su cuerpo no reaccionara de manera normal por la cantidad de sentimientos encontrados en ella aparte del deseo.

Entre besos y caricias y ruegos y palabras, Ren por fin consiguió separar las rodillas de Kyoko quedando frente a la parte más íntima de la chica coronada por vellos oscuros en su monte de venus. La vista de esta zona inexplorada lo hizo conmoverse y, sin pensarlo dos veces, se lanzó a probarla. Un fuerte estremecimiento recorrió la columna de Kyoko, lanzando espasmos por el resto de su cuerpo, la lengua de Ren pasaba sobre ella como si estuviese comiendo un helado, sus dedos acariciaban sus muslos y su vientre, y su aliento caliente provocaba que se le pusiera la piel de gallina.

Ella no supo cuánto tiempo estuvo así, resistiendo las húmedas caricias de Ren, sin embargo, él ya sabía que todo estaba bien cuando sentía como ella sin que nadie le dijese nada, abría más las piernas, o pegaba más su cadera a su rostro, el punto final se dio en cuanto ella se había liberado de la almohada que la cubría y, aunque aun estaba con los ojos cerrados, su expresión denotaba un gozo que iba más allá de las palabras. Ren se sentía bien allí donde estaba, ella sabía de una manera deliciosa, producía un néctar dulzón que él podría tomar por el resto de su vida, el escuchar los bajos jadeos por parte de Kyoko lo animaban a seguir explorando cada vez más, y mientras volvía prisionero su clítoris, supo que no existía otra mujer que lo hubiese hecho sentir así: emocionado, excitado, conmovido, amado. Ren pensaba que no podría haber nada mejor que disfrutarla de esa manera…Pero estaba equivocado.

Cuando decidió que su cuerpo ya estaba listo para él, se movió, sin separar los labios de su piel, aun dando cortos besos por cada centímetro que avanzaba, apoderándose nuevamente de sus suaves senos, lamiendo la piel sobre su garganta, llegando finalmente a sus labios y entrelazando su lengua con la de ella.

—Sabe raro—dijo ella—¿A ti te gusta? —Preguntó tímidamente

—Sabe exquisito porque sabe a ti. —Le respondió él mientras acariciaba su vientre—Para mí, es más que suficiente el saber que eres tú.

Kyoko sonrió. Ren la cubrió de pronto con una sabana.

—¿Pasa algo?

—Nada, sólo dame un segundo

Kyoko pudo ver que Ren se estaba desvistiendo, esta sería la segunda vez que lo tendría en frente completamente desnudo y estaba algo nerviosa y bien que tenía razón. Al bajar Ren sus bóxers, Kyoko pudo observar que no era pequeño, o al menos, no lo parecía, el miedo se apoderó de ella nuevamente al pensar que algo así tendría que entrar en ella.

Ren se acostó al lado de ella bajo la sábana y la abrazó.

—¿Te cuento algo curioso? —le preguntó

—Sí

—Estoy realmente nervioso.

—¿¡Ehhh!?

—El sentirte aquí a mi lado, tan cerca, tan… mía, me pone nervioso y hasta incluso me da algo de miedo. Eres tan preciada para mí y realmente deseaba atesorarte y cuidarte todo el tiempo que pudiera, pero ahora, al tenerte así, no creo que pueda contenerme más si me pides que me detenga en algún momento.

Kyoko se abrazó más a Ren y empezó a acariciar su espalda mientras besaba sus brazos, su pecho y su cuello.

—Sé que no me harás daño.

Ren no dijo nada, le acarició el rostro y se dio la vuelta para sacar un preservativo de su mesa de noche. Kyoko, al darse cuenta de esto, lo detuvo.

—No quiero.

—¿Qué?

—Ahhh…pues…Yo siempre quise que mi primera vez fuese sin nada de por medio, ni siquiera eso.

—Pero Kyoko…

—¡Sé los riesgos que conlleva, pero podría tomar una pastilla después! Por favor, esto es lo único que te pido…Yo…quiero sentirte sólo a ti, Ren.

En medio de todo, Ren lo entendió y Kyoko tenía razón, podía comprarle una PAE luego…

—Está bien, mi princesa, mi niña hermosa, pero sólo esta vez. ¿De acuerdo? No es bueno que estés tomando esas pastillas cada dos por tres.

—Te lo prometo, sólo esta vez.

Ren regresó el preservativo a su sitio y se dio la vuelta para besar a Kyoko. Las caricias nuevamente elevaron la temperatura del cuarto, los besos eran cada vez más y más atrevidos, en un momento dado, Ren se encontraba entre las piernas de Kyoko, con ambas manos al lado de su rostro y Kyoko tenía sus manos en la espalda de Ren pasando sus brazos por debajo de los de él. Ren empezó a empujar, lento pero firme, hacia el interior de Kyoko, apenas lo hizo pudo ver como ella cerraba los ojos y parecía que le estaba doliendo algo.

—Tranquila, relájate, si no lo haces, te dolerá.

—Perdón

—No tienes que pedir perdón mi niña, solo relájate ¿sí?

Kyoko asintió con la cabeza, pero la tarea no era sencilla, entre sus piernas sentía algo duro empujando dentro de ella con fuerza y encima, dolía. Se sentía tan frustrada y lo sintió aún más cuando vió que Ren fruncía el ceño y lanzaba un gruñido por lo bajo.

—¿Estás bien? ¿Hice algo mal?

—No, no Kyoko, estoy bien…es sólo que…

—… ¿qué?

—Tengo que hacer esto…—dijo. Y antes de que ella pudiese decir algo más de una sola y rápida arremetida Ren rompió la barrera virgen que protegía la entrada de Kyoko. Un corto pero fuerte grito escapó de la garganta de Kyoko y Ren pudo sentir como sus uñas se estaban clavando en su espada.

¡Dios! Es demasiado estrecha, si no me controlo podría terminar en cualquier momento.

—Perdóname Kyoko, —le dijo limpiándole una pequeña lágrima que había escapado de sus ojos— pero si lo hacía lentamente, ibas a sufrir más. Y francamente, creo que estoy demasiado excitado, si seguía así, todo hubiera terminado…

—Estoy bien—le dijo ella entre grandes suspiros—de verdad, estoy bien.

Ren la besó y no hizo ningún otro movimiento, esperando a que su cuerpo se acostumbrara al extraño invasor dentro de él. Kyoko fue relajándose poco a poco, y se fue sintiendo cada vez mejor, sin embargo, el que estaba sufriendo ahora era Ren, dentro de esa estrecha, caliente y húmeda cavidad, sintiéndose cada vez más apretado puesto que cada vez que un espasmo recorría a Kyoko, sus músculos se contraían contra la masculinidad de Ren, provocando escalofríos en él. Decidió empezar a moverse, lentamente al principio para no herirla, mientras no dejaba de besarla.

El vaivén era lento, pero él sentía que a Kyoko aún le dolía: cuando lo besaba, lo mordía más fuerte que de costumbre y sus uñas, se estaban clavando profundamente en su piel.

Si no puede soportarlo será mejor que salga, no quiero verla sufrir así, esto se supone que sea placentero para ambos.

Y pensando esto, Ren intentó salir. Dios sabe como Kyoko se dio cuenta de sus intenciones y sorprendiendo a Ren, cerró sus piernas sobre su cintura, llevó sus uñas hacia el mismo sitio y jaló de él fuertemente hacia ella.

—¡Ah!

Ambos habían lanzado un gemido y Kyoko movía más su cadera contra Ren intentando decirle que no se fuera.

—Por…favor…Ren…

Ren no necesitaba oír más, nuevamente empezó a poseer a Kyoko, ahora con un poco más de fuerza que la vez anterior, pero ¡Dios! Las emociones de ambos eran tan diversas y parecidas al mismo tiempo. En Kyoko el dolor fue dando paso poco a poco al placer y resultaba maravilloso estar entre los brazos de Ren, besándolo, abrazándolo, recibiéndolo dentro de ella, ahora era suya, lo sabía y no habría manera de que alguien pudiese cambiar ese hecho.

Ren por su lado, que antes había estado seguro de que no había nada mejor que probarla, comprobó que esto era mucho mejor. Con cada movimiento, cada entrada, cada salida, un fuerte calor se apoderaba de sus sentidos, obligándolo a querer tomar por completo a esta mujer que se encontraba debajo de él. Sí, mujer, porque ella había dejado de ser una niña y se había transformado en una mujer desde el primer momento en el que fue él el que se hizo dueño de su inocencia.

¿Quién podría describir dos corazones humanos en el momento más puro de entrega? Besos, palabras, caricias, lágrimas, sudor, pasión, calor, humedad, jadeos, gritos, suspiros, gemidos…Un sinfín de expresiones de cariño era lo que entre Ren y Kyoko batallaba.

Ren la acariciaba y penetraba cada vez más fuerte, más violentamente y Kyoko lo disfrutaba en sobremanera e intentaba acariciarlo, besarlo, decirle todo lo que estaba sintiendo en ese momento pero no podía, tan sólo esperaba que su cuerpo se fundiera con el de él hasta que no supieran en donde empezaba uno y terminaba el otro.

—Kyoko…Kyoko…

—Ren…

—Yo voy a…

—En mí—le dijo entre gemidos mientras le tomaba el sudado rostro—hazlo en mí…

Y ante la sorpresa de Kyoko, Ren se separó de ella, levantó una de sus piernas llevándola hacia su hombro y con una de sus manos, empezó a masajear su clítoris mientras seguía entrando y saliendo de ella.

—No…si haces eso…yo

—Justamente por eso lo hago…Llega, Kyoko…—dijo mientras mordía su tobillo.

Kyoko no podía más, la estimulación fue demasiado para su cuerpo y con cortos gemidos cargados de placer, de lo más profundo de su cuerpo fluyó su primer orgasmo obligándola a arquear la espalda. Y con ella, Ren se dejó llevar, llegando por completo y directamente dentro de ella, provocando que mordiese el pequeño hombro de Kyoko al caer nuevamente sobre ella, cansado, exhausto, pero feliz…Ren Tsuruga era el hombre más feliz sobre la tierra en ese exacto segundo.

Entre agitadas respiraciones voltearon a verse el uno al otro, se sonrieron, se besaron y se abrazaron disfrutando de su primera experiencia haciendo el amor.

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—Kyoko…Kyoko…debes despertar mi amor. Vamos…

—Mmmm… ¿Ren? ¿Qué pasó?

—Nada, es sólo que deberías asearte, si quieres luego puedes seguir durmiendo.

—¿Me quedé dormida? —dijo Kyoko sentándose rápidamente en la cama, sin embargo, pronto se dio cuenta de que se estaba mareada.

—Tranquila, tómatelo con calma. Me levanté y te dije que iría a la farmacia y me dijiste que fuera tranquilo, que harías algo de comer para mi regreso, pero te encontré profundamente dormida y realmente me da pena tener que despertarte, pero como te dije, deberías asearte y también, mientras antes tomes esta pastilla, mejor.

—Lo siento, ahora mismo iré a hacer algo—dijo mientras intentaba levantarse pero se dio cuenta de que le dolían las piernas y las caderas.

—No seas tonta, hoy no harás nada, a lo mucho, dejarás que te cuide todo el día. ¿Está bien?

—Yo…mmm…me duele todo.

—Ehhh…sí, lo siento. No pude contenerme como pensé que podría.

—No, no lo lamentes, el hecho de sentir este dolor me hace saber que todo lo que pasó fue real, que no fue un sueño. Yo soy quien lo siente, sé que no te sentiste bien y que…

—¿Pero qué dices?

—Es que, al comienzo, estabas frunciendo el ceño y parecía como si estuvieses soportando algo muy duro y yo no estaba relajada y sé que has tenido novias antes y que…

—Callada—dijo Ren poniéndole una mano en la boca—Eres realmente tonta. ¿Acaso tienes idea de lo que me has dado el día de hoy Kyoko? Te entregaste a mí, por completo y sin reparos, y no hay nada, nada en absoluto, que pueda quitarme eso, y es algo que pienso atesorar hasta el día en que me muera, porque te lo voy diciendo: No-Pienso-Dejarte-Ir-Jamás.

A Kyoko se le llenaron los ojos de lágrimas mientras abrazaba a su novio con fuerza y sentía la felicidad embargarla.

—Y con respecto a lo de que parecía que estaba sufriendo—dijo ahora Ren con una pícara sonrisa—es que tú no sabes lo increíblemente placentero que se siente estar en ti, mi niña. Temía volverme loco al tenerte de esa manera. Y en realidad, me estoy equivocando, ya no eres una niña, eres una mujer…Mi Mujer…

—Decídete, soy una o soy otra…

—Eres mi hermosa niña-mujer. La mezcla perfecta de inocencia y seducción.

—Estás loco—le dijo Kyoko riendo.

—Loco por ti. Siempre por ti. Anda vamos, tómate esto—le dijo dándole un vaso con agua y una pastilla—La siguiente tienes que tomarla en 12 horas.

—Me muero de sed…y tengo mucha hambre…

—Me lo imaginé. Llamaré a algún delivery, tú intenta meterte a la tina que ya la dejé llena con agua caliente. —Y dándole un beso en la frente y otro en los labios, salió de la habitación.

Kyoko tomó la pastilla y toda el agua de un solo sopetón. Realmente tenía sed. Intentó levantarse lentamente y se envolvió con la sábana. Aún podía sentir a Ren en su cuerpo y, en cierta manera, eso la hacía sentir bien. Hubo algo que le dio curiosidad y volteó a ver la cama.

Una mancha mediana de profundo color carmín se extendía sobre la sábana de Ren. Kyoko tomo aire y exhaló despacio. Su virginidad yacía en medio de un gran mar blanco de hilos de algodón y el hecho de saberlo, la hizo sonreír.


nickita021: Espero de verdad que este cap te haya gustado Nickita!

Sake22: Jajajaja...Lamento haberlas dejado con las ganas, pero es necesario de vez en cuando para tenerlas al pendiente del siguiente capitulo! Ojala y esto haya satisfecho tus ansias de lemon!

sakuraliz23: Y por fin! El tan esperado Lemon! Ahora si pues, ya despues de este capi es más facil arrastrarlos a situaciones como estas más seguido...jojojojojo

Stefyue: Si el anterior te dio paro cardiaco, espero que este te haya casi matado tocaya! Lo hice con mucho cariño!

G-Dragon-sama: Wiiii! Muchas emociones encontradas es lo que me gusta hacer sentir, me alegro mucho el haber podido provocar eso en tí!

kuroneko: Nyaaaaaaaaaaa...el amor, el amor...nyaaaaaaaaa

Hikaryzz: Actualización para ti!

Chamorra: Jajaja, yo también me imaginé todas las fotos, como te habrás podido dar cuenta, las tres primeras estan ya dibujadas por el mangaka...Pero las dos siguientes, ya son sacadas de mi imaginación para el Fan Service! Deberían darnos uno a nosotras!