Tercer día sin saber absolutamente nada de Naomi. Ya había desistido en llamar y dejarle mensajes en el contestador, ya que éste, a estas alturas, me avisaba de que estaba lleno y de que no entraría ninguno más.

- ¿Dónde estarás Naomi? - me pregunté entre pensamientos.

La casa se me caía encima, el estrés del trabajo me estaba machacando, pero, sobre todo, era el no tener noticias de mi hermana lo que estaba acabando conmigo. Mierda ¿Cómo podía lidiar con todo esto?

En mi mente no paraba de decirme que estaría con L, y sabiendo como era el detective por oídas, podría ser que le hubiese reclutado para el caso, sin dejar que avisara a nadie de ese hecho, pero joder, Naomi, pese a todo, podría encontrar la manera de ponerse en contacto conmigo sin que L se diera cuenta.

Conocía a la perfección la manera de actuar de mi hermana como agente del FBI- Bien era verdad que se concentraba de lleno en sus casos, hasta tal punto de olvidarse que había un mundo exterior que seguía existiendo más allá de sus investigaciones, pero lo cierto era que tarde o temprano llamaba o ponía algún sms con escuetas palabras como "Estoy trabajando, pronto hablamos.", y con ello ya sabía que andaría sumergida en un alguna investigación de la que no había que interrumpirla. Tarde o temprano siempre volvía, pero tres días habían pasado...

Tres días, bueno, definitivamente, no era para tanto. En otras ocasiones había estado más perdida. Recordaba el caso de BB de los Ángeles, el que le catapultó en su carrera y en el que también estaba metido de por medio aquel L. Se involucró tanto en aquello, que incluso llegó a pasar un mes hasta volver a saber de ella. Entonces ¿Por qué me preocupaba ahora tanto? Claro, si contamos con que su prometido estaba muerto porque había sido asesinado por un tío conocido como Kira que mata a cualquiera que se le opusiera, y que encima, tiene unos superpoderes que le permiten hacerlo con tan solo saber el nombre y la cara de su víctima... así que no es que fuera cuestión de preocuparse, sino de volverse loca.

Para colmo hacía un día que había ido a la Jefatura de Policía para intentar ponerme en contacto con L, y aún no había tenido respuesta alguna. ¡Malditos inútiles! después de todo lo que me marearon para al final hablar con ese que no se llamaba Suzuki y que, a mi parecer, era un auténtico inepto. Lo peor era que se trataba del encargado de pasar toda la información que los civiles podían tener sobre Kira a L. Seguro que no había sido lo suficientemente claro en su explicación ante el detective, o no se había enterado de nada de lo que yo le había dicho y al comunicarse con él, éste no hubiera considerado interesante mi llamada. Estaba segura... sino ¿Por qué todavía no se habría puesto en contacto conmigo? Con toda la información que facilité, yo lo hubiera hecho al segundo de enterarme. O quizás Suzuki fuese Kira y ahora estaría planeando como matarme sin que los otros policías sospechasen de que justo, la chica que llamó con información reveladora, fuese asesinada... Las pistas falsas que había dejado para encontrarme, al fin y al cabo, no eran muy complicadas ¿no?

Tenía que haber acompañado a Naomi. Lo tenía que haber hecho ¡Es que soy estúpida! No tenía ni idea de porqué me había dejado convencer por mi hermana para dejarla sola en aquel momento donde se iba a exponer abiertamente como oponente de Kira, decidida a atraparle. ¿En qué estaba pensando para dejarme convencer? Más aún, cuando tenía todo clase de malos presentimientos...

Presentimientos... malos... Éstos se presentaban ante mi como unos mensajeros con susurros que gritaban las peores noticias, y según pasaban las horas, los minutos, los segundos, se me hacía más difícil acallarlos.

Decidí cocinar algo para distraerme. No me podía engañar a mi misma: llevaba varios días sin comer y sentía que iba a desfallecer en cualquier momento. Toda la situación en la que ahora me veía, había hecho que me olvidase completamente de algo tan vital como era alimentarse. ¡Dios! Me estaba volviendo loca.

Me acerqué a la nevera y abrí su puerta. Menuda estampa más poco alentadora. Estaba completamente vacía, salvo por un cartón de leche ya caducado, la mitad de un limón podrido y un par de porciones de tarta de nata con fresas. No puedo negar que el desánimo llegó raudo y veloz hasta mi. Sentía que todos los sucesos que estaban pasando en mi vida me superaban, uno por uno, y me sentía tan sola... Cogí el limón y lo tiré a la basura, luego el cartón de leche y lo vacié en el fregadero, para luego enviarle al mismo destino que había sufrido su compañero amarillo. Con la tarta me quedé algo pensativa... quizás aún estuviera buena. Metí el dedo índice en la nata y probé. Mmmmm... exquisita. Sé perfectamente que después de días sin comer, una tarta no es lo más idóneo para volver a llenar el estómago, pero tenía tanta hambre y tan pocas ganas de salir a comprar... así que cogí una cuchara y comencé a devorar una deliciosa porción. De todas formas, era una solución momentánea y tarde o temprano, tendría que abastecer mi casa de comida, pero como ya dije, mis ganas de ir al supermercado brillaban por su ausencia. Quizás debería comprar algo online y que me lo trajeran a casa... ¡Sí! Esa era muy buena idea.

Con el plato en una mano y la cuchara en otra, mientras seguía comiendo, me acerqué a mi portátil, que lo había dejado en la mesita de café del salón. Cuando me senté en el sofá y dejé de lado mi tentempié, lo cogí para ponerlo en mi regazo y buscar la web del super.

¡Un momento!

¡Estaba encendido!

¿Lo había encendido yo?

No, porque, de hecho, desde hacía un día, o quizás dos, no tocaba el ordenador. Y yo no soy de las que lo deja encendido, y más después de tantos días sin usarlo. En una ocasión, había leído que los aparatos electrónicos eran canales de entrada para energías de otras dimensiones, y puede que fuera muy supersticiosa, pero desde entonces, cada vez que no iba a usar algún objeto electrónico, lo apagaba inmediatamente. Pero, entonces ¿Por qué estaba ahora encendido mi ordenador?

Me fijé, y para más detalle, mi correo electrónico estaba abierto. Pero ¿Qué...? ¿Los virus de hoy en día eran capaces de hacer eso? ¿Qué estaba pasando?

No entendía nada y menos aún cuando vi que tenía un email de Hina ¡Pero si hacía dos horas que había estado en mi casa! ¿Por qué me había enviado un correo hacía apenas cinco minutos? Quizás se hubiera dejado algo en casa, pero conocía a la perfección a mi amiga y yo sabía que tanto si se hubiera olvidado algo en mi apartamento, como si se tratase de cualquier otro asunto, me hubiera llamado por teléfono, no se hubiera puesto en contacto conmigo por correo.

Por un momento decidí que no tenía que abrir ese mensaje. Seguro que era un virus. Era la única explicación razonable que podía dar a: que mi ordenador estuviera encendido, justo con mi correo abierto y además con un mensaje de Hina enviado hace cinco minutos... Pero, ¿y si el email tenía algo que ver con la Compañía de Ballet o la Escuela? En definitiva, ¿Por qué Hina me habría enviado un email?

En esos momentos. sentí que mi curiosidad me vencía en esa batalla que estaba teniendo conmigo misma. Me maldecí por no tener una voluntad más fuerte y abrí el correo electrónico. Quizás me convirtiera en la Pandora del siglo XXI y aquel mensaje sería la nueva Caja de Pandora...

Danielle Wallace:

Desde el momento en que ha abierto este correo electrónico, se ha puesto en marcha un dispositivo de comunicación de emergencia del que, automáticamente, usted se ha convertido en responsable para poder llevarlo a cabo.

Por favor, siga con minuciosa atención las instrucciones que le voy a explicar, puesto que no habrá otra ocasión para que pueda realizarlas.

Acceda a la página web de .co y registrese con el diminutivo que se puede formar con su nombre: Elle. Una vez hecho, ingrese en la sala para "mayores de 40", canal número cinco. Cuando lo haga, abra un mensaje privado al usuario llamado SweetCoffe y espere indicaciones.

Tiene cinco minutos, a partir de este momento, para hacer lo que se le ha escrito en las líneas anteriores. No se demore. Esta cooperación es de vital importancia.

L

Pd.- Esta es la manera más segura y menos complicada de poder contactarla, por lo que me he tomado la libertad de usar el correo electrónico de tu compañera. Discúlpeme si se ha sentido invadida.

… ¿¡Invadida!? ¿¡Comunicación de emergencia!? ¿¡Yo responsable!? ¿¡Acceder a una web de citas!? ¿¡SweetCoffee!? ¿¡L!?... ¿¡L!?... ¡L!

Esto no podía estar pasando. Bueno, sí que podía estar pasando porque, de hecho, es lo que había buscado al ir a la Jefatura de Policía, pero no me había imaginado que todo fuera a ocurrir así, de esta manera tan surrealista. Tuve que leer otras cuatro veces cada palabra de aquel mensaje para terminar de creérmelo. ¿En serio el prestigioso detective L quería ponerse en contacto conmigo a través de una web de busca-parejas por internet? ¿Qué sentido tenía aquello? Yo imaginaba que daría conmigo y que me llamaría por teléfono, pero no esto... ¿Podría ser una broma? No, porque nadie sabía que había estado en la Jefatura preguntando por L. Mi madre e Hina si sabían que había ido a denunciar la desaparición de Naomi, algo que era lógico de hacer consciente a la policía, teniendo en cuenta que era la prometida de uno de los agentes del FBI que investigaba el caso Kira, pero me había ahorrado el contarlas las conclusiones que habíamos sacado mi hermana y yo, y que había buscado todas las maneras posibles para transmitírselas a L. Sabía hasta que punto era peligroso meterse en este juego, por lo que decidí mantenerlas al margen, así que... No. No era una broma. Este era L. ¿O quizás Kira haciéndose pasar por L? Tendría que tener mucho cuidado...

Miré el reloj y quedaban dos minutos para cumplir con las instrucciones. Ingresé con rapidez en la web y me registré con el nick de Elle. Mayores de 40... canal 5... ¡Había mucha gente! No podía creer que hubiesen tantas personas que utilizasen ese medio para encontrar el amor. Y yo que creía que pese a los avances tecnológicos, el contacto humano siempre estaría por encima, pero ya veía que no...

Bajé el cursor buscando los nicks que empezaran por "s" y lo ví.

SweetCoffee.

¿Cómo le debía saludar? "Hola, soy Danielle Wallace", "Buenas tardes, he seguido las instrucciones tal y como me ha dejado en el mail"... Me estaba comiendo mucho la cabeza.

- Hola - escribí. Era un saludo educado y simple, sin complicaciones.

Esperé un minuto hasta que respondieron.

- Veo que ha sido capaz de llegar hasta aquí en el tiempo acordado. Felicidades.

¡Será engreído! ¿¡Qué me tomaba por gilipollas!?

- Tratándose usted de quien pienso que se debe tratar – no podía asegurar al 100x100 si estaba chateando con L, un subordinado o el mismísimo Kira, y de si esa sala de chat era segura como para dar nombres - Veo que ha sido capaz de localizarme tras dejarle ayer las pistas a su incompetente subordinado. Felicidades.

- ¿Incompetente? - respondió con rapidez.

- Suzuki y su revelación del sistema de cambio de nombres que tienen, pero, eso ahora, no tiene importancia – tecleé.

- Entiendo. – escribió. Tras un pequeño rato añadió. - Tranquila, podemos hablar sin temor por este medio, así que puede dirigirse hacía mi como L.

- ¿Es usted L? - quería creer que sí, pero no las tenía todas conmigo.

- Sí.

- ¿Cómo podría demostrarlo? - le di a enter - Si bien es cierto que puedo estar hablando con L ¿Quién me dice que no es usted Kira?

- Si fuese Kira ¿No cree que ya le hubiera matado?

- De hecho, creo que aún no me hubiese matado, pero sí lo estaría planeando.

- Explíquese. - se mostraba interesado por mi opiniones.

- Bien. Kira está infiltrado entre los investigadores del caso o en su entorno. Eso lo sé por Raye Penber... - hice una pausa para pensar levemente como iba a transcribir mis pensamientos – De modo que, teniendo ese dato presente, sumando a que Raye está muerto, su prometida desaparecida ¿No sería curioso que también muriese yo, familiar directo de los dos, inmediatamente después de esos sucesos y más aún, sabiendo que fui a la Jefatura a denunciar la desaparición de mi hermana y, más importante, diciendo que tengo información sobre el caso? - hice una pausa para descansar mis dedos – Creo que si Kira me matara inmediatamente, sería muy estúpido por su parte. Sería peor que ponerse un cartel de neón en la cabeza poniendo "Yo soy Kira".

La respuesta tardó un poco en llegar.

- Su capacidad de razonamiento es sorprendente, señorita Wallace. Le felicito nuevamente.

En serio ¿Este tío de que iba?

- Por eso digo que puede ser L o Kira – añadí.

- Muy bien. - escribió – He de suponer que, tomando al pie de la letra su conversación con el agente de la Jefatura que le atendió y Suzuki, estaba muy unida a su hermana como para que ella le compartiera información sobre el caso y sus averiguaciones. ¿Estoy en lo cierto?

- Sí, sí lo está – contesté.

- Entonces, deduzco que también, en su día, Naomi Misora le contaría todo acerca del Caso del Asesino en Serie BB de los Ángeles. - de hecho sí. Podría narrar la historia de ese caso al detalle. Naomi no es que me lo contara una vez, sino mil veces – Creo que el nombrarle el nombre del caso es suficiente para demostrar que yo soy L. - leí después de haber rememorado algunos detalles de aquella aventura de Naomi.

- Recuerdo que mi hermana mencionó que aquellas investigaciones las realizó a espaldas del FBI – anoté – pero su resolución quedó patente en su curriculum que, para alguien de la policía, sería muy fácil de encontrar.

- De acuerdo – pese a que la conversación estaba siendo escrita, tenía la sensación de que estaba irritado – Entonces, pregunte cualquier cosa sobre ese caso.

- Bien – pensé por un momento en alguna cosa que fuera imposible de decir sino se fuera L o Naomi - ¿Cómo se ponía L en contacto con mi hermana?

- La primera vez, al igual que he hecho con usted, hackeé el correo electrónico de Raye Penber, pero eso solo fue porque necesitaba un primer contacto y hacerla consciente de que estaba interesado en sus servicios. - envió para luego seguir con su explicación – Nuestro primer diálogo fue después de que leyera el email, cuando accedió al tercer bloqueo de la tercera sección del servidor Funny Dish. Yo mismo le pedí en el mensaje que hackeara el firewall. Posteriormente, y para el resto del caso, fue a través del móvil, con un número que había decodificado cinco veces y que era totalmente seguro.

Increíble, palabra por palabra tal cual me contó Naomi. Incluso con algún dato más como el tercer bloqueo y la tercera sección de los que no estaba segura si sabía o no me acordaba ya... Me tuve que tragar mi orgullo.

- Sí, definitivamente, es usted L – escribí emocionada.

- Me alegro de que ya esté segura. – envió, pero aún seguía escribiendo – Ahora lea con atención. Nuestra charla se ha alargado y este es un canal de chat que he dispuesto yo mismo con una fecha de caducidad. El resto de chateadores creen que es una ampliación de los servicios de la web, pero en realidad, no es así. Estar rodeados de más gente que busca pareja y en un canal fabricado por mi, han permitido que contactarnos sea seguro, pero no es una medida duradera - si, tenía lógica lo que decía - En tres minutos desaparecerá este servidor.

- ¡Un momento! - tecleé lo más rápido posible – ¿Y cómo volveré a ponerme en contacto con usted? - aún no le había dicho de las averiguaciones de Naomi y mías y el chat este se cerraba.

- Cuando este canal de contactos se cierre, baje inmediatamente a la portería de su edificio, le aseguro que su portero no se encontrará allí. - ¡Já! Eso habría que verlo, mi adorado portero era como el capitán de un barco: el último en abandonarlo o sino, moría con él. - Busque donde guarda las llaves de repuesto de los apartamentos en la caja fuerte que se encuentra debajo su mesa. La combinación es: 550659. En el compartimento donde verá sus llaves habrá una pequeña caja negra. Cójala y vuelva a su piso. Una vez en su casa, abra la caja y encienda el teléfono.

Y se cortó todo. El chat aquel se había caído tal y como dijo L.

Dejé el portátil a un lado y me recosté en el sofá. De mi cuerpo salió un suspiro que parecía haber sido provocado por haber estado soportando durante un rato todo el peso del planeta Tierra. Definitivamente, todo esto era muy fuerte. Había perdido toda esperanza, pero L se había puesto en contacto conmigo. No lo voy a negar, pero tenía ganas de llorar en ese mismo instante. La muerte de mi cuñado, los problemas con mi padre, la presión del trabajo, la desaparición de mi hermana, notar el aliento del peligro todo sobre mi nuca... todo, absolutamente todo me ejercía una fuerte opresión en el pecho que no iba a aguantar por mucho tiempo, pero ahora L, el mismísimo L, me había tomado en cuenta como para haberse puesto en contacto conmigo. Me sentía tan feliz, que eso es de lo que tenía ganas: de llorar, porque por fin la justicia comenzaba a actuar.

Demasiadas emociones, pero tenía que serenarme, aún tenía algo que hacer.

Acaricié a Cherry y me puse un jersey que podía hacer las veces de vestido. Aún seguía con el mallot puesto de los ensayos en mi terraza. Me calcé unas zapatillas y cogí las llaves. Cuando salí, vi que tuve la suerte de que el ascensor estaba en mi piso y sin dudarlo, me metí en él para luego pulsar el botón de la planta 0. Aún estaba reticente a creer que mi portero no estuviera en su puesto de trabajo, por lo que en el trayecto comencé a pensar cualquier excusa para distraerlo y abrir la caja fuerte. Pero cual fue muy sorpresa que al salir del elevador, vi que la portería estaba desierta...

Desde luego parecía que L borraba todos los obstáculos que se interponían en el camino de sus decisiones.

Pasé al cuartito donde estaba la mesa con la caja fuerte. Me aseguré antes de que no hubiera nadie alrededor. Toda precaución era poca.

- 550659 – dije en alto mientras apretaba los botones con los números correspondientes.

La caja se abrió al instante y pude ver que se dividía en numerosos compartimentos, cada uno con la llave de cada apartamento de todo el edificio. Busqué el que debía ser el mio y, efectivamente, había una pequeña caja.

Sin distraerme mucho más, cerré la caja fuerte y salí lo más rápido que pude, no quería ser descubierta.

En el ascensor no pude evitar soltar una carcajada. Parecía James Bond, pero en versión femenina, con tanta misión y tanto secretismo...

Una vez de vuelta en mi salón, abrí la cajita. La sorpresa que me llevé cuando vi que se trataba del último móvil que había salido al mercado, me es imposible de describir. Este L no se andaba con tonterías. Observé, que también la caja contenía un pequeño papel. El código PIN, claro. Encendí el teléfono y marqué los cuatro número que ponía en el pequeño trozo de hoja.

Nada más ser encendido sonó el teléfono. Descolgué.

- Soy L – oí a la ya famosamente voz sintética del detective. Desde que había lanzado el duelo por televisión a Kira, todos los canales de televisión lo habían estado repitiendo todos los días.

- Danielle – contesté.

- Por favor, proceda a contar que es lo que sabe. – dijo sin más.

- Bien – me senté en el sofá – Por donde empezar... - dije en alto, pero más bien para mí.

- A ser posible, por el principio – puse los ojos en blanco ¿Es que se lo tomaba todo literalmente?

- Verá L, primero quiero dejarle constancia de que yo no tenía ni idea de la verdadera razón de la estancia de mi cuñado y mi hermana en Japón – expliqué – Todos los que les conocíamos, creíamos que era porque el agente Penber quería conocer a mis padres antes de la boda con Naomi. De hecho, pensando que era así, les ofrecí mi casa para que se quedaran durante su estancia. Y ahora que lo pienso – recordé - Raye siempre se mostró más insistente en ir a un hotel, pero al final le convencí de que en mi piso estarían mejor. - dije - Mi apartamento no es muy grande y un día, como debían de creer que yo estaba dormida, les oí hablar. Hablaban sobre que Raye estaba siguiendo a alguien, pero no dijeron mucho más. - paré esperando que quizás tendría alguna pregunta, pero no fue así, así que continué - Eso me hizo darme cuenta de que Raye estaba aquí por alguna razón más que desconocía. Como ha supuesto antes, mi hermana y yo estamos muy unidas, así que no dudé ni un momento en preguntarle que es lo que estaba pasando. Ella me confesó que Raye estaba metido en el caso Kira, concretamente, que tenía como misión investigar a la policía japonesa y a su entorno, ya que usted sospechaba de que el propio Kira estaba infiltrado entre ellos.

- ¿Naomi Misora le comentó a qué policías estaba siguiendo Raye Penber? - preguntó.

- No – contesté – Ni ella lo sabía. Raye fue muy discreto hasta con Naomi, contándola solo lo esencial. Además, ella está retirada del FBI – obvié la razón del porqué – así que él quería mantenerla lo más al margen posible.

- Prosiga – dijo.

- Bueno. El caso es que no supe más hasta la muerte de mi cuñado. En esos momentos Naomi estaba más preocupada en vengar su muerte que en llorarle.

- Sí. Entiendo.

- Yo no quería que mi hermana cometiera ninguna locura, y más viendo como acabó Raye, así que tras insistir mucho y convencerla, ambas nos pusimos a investigar con lo que sabíamos – además lo hice porque estaba en deuda con ella, pero eso, no se lo contaría - Raye le contó a Naomi que un día que estaba siguiendo a un sospechoso, éste subió a un autobús que fue secuestrado. A mi hermana eso le llamó mucho la atención y no le pareció que fuera una mera coincidencia, es más, el propio Raye le confesó tiempo después del suceso, que por la situación se vio obligado a enseñar su identificación.

- Lo único que Kira necesita para matar es el rostro y el nombre de su víctima.. – pese a la voz sintética, pude notarle bastante pensativo.

- Sí, creo que es más que evidente que Kira estaba en ese autobús – dije – Además, el secuestrador apareció en la televisión días antes del secuestro porque intentó atracar un banco. Naomi y yo llegamos a la conclusión de que Kira es capaz de controlar los actos de las personas antes de asesinarlas.

- Estoy de acuerdo. Yo mismo he llegado a ese punto con mis investigaciones. - pues sí que era listo, era uno de los descubrimientos que teníamos Naomi y yo, y que, precisamente, queríamos contarle.

- Kira debió de enterarse de la infiltración de los agentes del FBI en Japón, por eso pudo orquestar lo del secuestro del autobús, para que mi cuñado se viera obligado a enseñar su identificación. No lo debió de matar de inmediato porque hubiera sido como revelar al instante quien es al asesinar a una persona nada más conocer su nombre y su rostro, más aún cuando se trataba de uno de los investigadores del caso. Creo que dejó que los días pasaran para elaborar un plan de como hacer que Penber le facilitara toda la información de los agentes enviados antes de matarlo.

- Impresionante – le oí decir, pero no sabría muy bien si lo dijo por el poder de Kira o por lo que le estaba contando. - Dígame, Danielle Wallace ¿Hubo alguna muerte en el secuestro?

- De hecho, sí. El secuestrador murió atropellado justo cuando bajó del autobús – y ahí iba la gran deducción a la que llegamos juntas, mi hermana y yo – Tanto Naomi como yo pensamos que Kira tiene el poder de matar de otras maneras aparte del ataque al corazón.

No podría asegurar cuánto, pero tras revelar esa información, estuvo callado por mucho tiempo, tanto, que creía que había colgado.

- Danielle Wallace – oí por fin, y parecía muy serio - ¿Quién dedujo que Kira puede manipular los actos de la persona antes de ser asesinados y, sobre todo, que puede elegir la manera de morir de sus víctimas, su hermana o usted?

- No sabría decirle, fue un trabajo de ambas. - dije con total sinceridad.

- No sea modesta – me dijo en un tono ¿borde? No estaba muy segura con esa voz retocada.

- Le juro que no sabría decir... - me puse a recordar el día en que Naomi y yo llegábamos a todas esas deducciones, allí, sentadas, en los taburetes que había tras la barra americana de mi cocina – No recuerdo.

- Memorice – me, literalmente, ordenó.

- Pero... - me estaba empezando a enfadar por aquellos modales que empleaba conmigo ¡Encima que le ayudaba! - ¿Qué importancia tiene eso? - para borde yo.

- Mucha – dijo seco.

- ¿Para el caso? - pregunté con el mismo mal tono que antes.

- Para mí - ¡ah! Vale... alguna clase de capricho tendría...

- Fui yo – dije tras un rato de pensar y recordar.

- ¿En ambas conclusiones? - inquirió.

- Sí – respondí – Pero que conste que no hubiera llegado a nada sin la ayuda de mi herm...

- Muchas gracias por su cooperación, Danielle Wallace – me cortó – Por favor, guarde este teléfono y no se lo enseñe a nadie. Sólo utilícelo en caso de que quiera ponerse en contacto conmigo o de que yo desee contactarla. Y una última cosa: destruya su portátil en un plazo de 24 horas después de haber finalizado esta llamada.

Y colgó.

Ese fue mi primer contacto con L y... deseaba matarlo. ¿¡Quién se había creído!?


Y hasta aquí el capítulo de la semana :D

¿Les gustó?

Nos vemos pronto ^^