Vengo tarde, lo sé, lo siento mucho. Fue el partido de Chile v/s Colombia, yo trabajo en una Botillería (local de venta de licores) y estuvo lleno de gente todo el puto día y ni siquiera ganaron. Pero ah, que nada se interpondrá con Leana y sus locuras, he dicho :v

Y bueno, esto se viene un poco más caliente. Porque me gusta Teppei. Porque Ōtsubo es muy varonil pero ¡es bueno tejiendo! Me mata, en serio. Así que bueh. PWP –inserte corazón-

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Ōtsubo x Teppei: "Kiyoshi había escuchado a Nebuya decir que la resistencia de Ōtsubo era insana. En ese momento, con las manos contra la fría muralla y las piernas temblando, comprobaba que aquello era cierto incluso fuera de la cancha."


A veces solo se necesita química

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Kiyoshi había escuchado a Nebuya decir que la resistencia de Ōtsubo era insana, porque el chico era capaz de atrapar un rebote y encestar incluso al final de un partido. En ese momento, con las manos contra la fría muralla y las piernas temblando, comprobaba que aquello era cierto incluso fuera de la cancha.

¿Cuántas veces Ōtsubo se había corrido ya? Tres, o quizás cuatro, ya había perdido la cuenta cuando el mismo se había corrido por tercera vez.

Ōtsubo embestía sin piedad, entrando y saliendo, como si fuese su primera ronda. Lo tenía aferrado por las caderas y Teppei lo agradecía, porque sus piernas apenas respondían, sentía que en cualquier momento caería contra la cerámica del piso.

—Mierda, necesito el baño —escuchó a alguien decir desde afuera y Teppei se estrechó por reflejo, arrancándole un gruñido al azabache, que lejos de inmutarse, agarró sus caderas con más fuerza.

Ni siquiera se molestaba en reprimir sus gruñidos, Teppei podría jurar que el sonido acuoso de ese pene entrando, golpeando su trasero, se escuchaba hasta la habitación contigua.

—Está ocupado, podríamos ir al de Kobori, está en el departamento de al lado —contestó otro chico y Teppei reconoció su voz, era Kensuke, entonces cayó en la cuenta de que el otro debería ser Okamura.

Kiyoshi no estaba seguro de si la fiesta ya habría terminado, aunque el sonido de la música era amortiguado por esas cuatro paredes, así que supuso que todo seguía movido en el living. Ya había perdido la noción del tiempo, entre el alcohol y las risas, el ambiente propio de una fiesta de universitarios.

Porque, para su suerte o quizás su condena, muchos se habían mudado a Tokio para poder estudiar y al conocerse desde antes, habían decidido arrendar departamentos contiguos. Era un edificio exclusivo para chicos de universidad y era recomendado por los senpais que eran un año mayor, entre ellos Miyaji y Ōtsubo, que también vivían allí.

Así que las fiestas estaban a la orden del día y no era una mala idea, al fin y al cabo, debían crear más lazos al estar tan lejos de la familia y la tierra natal. "La unión hace la fuerza" había dicho él mismo al brindar en el inicio del festejo.

Pero la bebida, la música y todo el ambiente le pasaron la cuenta.

—Mierda, Teppei, me voy a correr —jadeó Ōtsubo contra su cuello, raspando con los labios al hacerlo y el castaño alzó más las caderas para que siguiera golpeando ese punto que iba a hacer que se corriera sin siquiera tocarse.

Kiyoshi lo sabía porque era bisexual, lo diferente en ese caso era que nunca había sido el pasivo. Pero no había nada de que arrepentirse, no con ese pene duro y caliente deslizándose en su interior con furia.

En América había sido cuidado por Alex, así que siempre se mantuvo tranquilo en cuanto a fiestas o sexo, pero al regresar y separase de sus abuelos para iniciar su camino; esa sensación de libertad, de tener tu propia vida en tus manos al fin, le daba la posibilidad de poder descubrir, vivir y repetir las experiencias que le gustaran.

Como esa.

Kiyoshi gimió cuando se corrió, jamás creyó que su voz pudiera dar tal alarido, pero ahí estaba, boca abierta y temblando de pies a cabeza. Acabó sólo con el roce de su próstata, el chorro constante de su orgasmo contra la muralla. Pero el azabache no tenía piedad, siguió moviéndose, agarrándolo de los brazos y jalándolo hacia atrás, hasta que su boca pudo morder la nuca de Teppei con fuerza.

—¡Ōtsubo! — Se quejó el castaño, medio adolorido y excitado, porque su cuerpo seguía sensible.

Con esa voz, el azabache se corrió de nuevo, pero esta vez Kiyoshi sintió el calor bañar sus entrañas, los condones ya se habían acabado, no es como si anduviera con la caja en los bolsillos.

Kiyoshi ya no pudo sostenerse y cayó, con Ōtsubo pegado a su espalda, ni siquiera había salido de su interior. Estaba de rodillas en el piso, con el azabache jadeando en su nuca y vio su propio semen en la pared, se estaba escurriendo. Era tan vulgar que sonrió de medio lado, porque Ōtsubo se veía tan serio, quizás hasta conservador, sin embargo, estaba allí, aún enterrado en el hombre al que se había follado cuatro veces en el baño del departamento que compartía con su ex compañero de equipo y amigo, Miyaji.

El alcohol ya se había disipado bastante, aunque Teppei no sabía si se sentía tan entumecido por ello o por lo brutal que había sido el azabache.

—Necesito una cama —soltó el castaño con voz rasposa y estaba seguro que había sido consecuencia del grito anterior.

Ōtsubo se movió, saliendo de su interior y lo ayudó a levantarse. Pero Teppei apenas podía sostenerse, sus piernas le fallaban como a un ciervo recién nacido. Se concentró en no caer de nuevo, tensando las piernas lo más que podía.

El azabache le tendió la playera que antes le había quitado y observó las marcas rojizas y otras que se tornaban moradas en esa espalda. Teppei tenía la marca de sus manos en las caderas y en su nuca relucía el mordisco que le había dado, al parecer había roto la piel.

—Lo siento —dijo Ōtsubo acariciando la zona herida con la punta de los dedos, suavemente.

—¿Eh? Ah, no te preocupes, no soy una chica, no tienes que tener tanto cuidado —respondió el castaño sonriéndole relajado—. Aunque imagino como has dejado a tus parejas anteriores.

Obtuvo un gruñido como respuesta, porque Teppei tenía razón. Ōtsubo no era muy activo sexualmente por ese motivo, por su resistencia y porque a veces no controlaba la fuerza que usaba, así que las chicas nunca habían tenido una segunda vez con él.

Pero ahí estaba Teppei, muy diferente a las idols de las que él era fanático. Era alto, corpulento, su cuerpo era duro y firme, pero flexible. Ōtsubo no podía dejar de pensar en lo sexy que eso le parecía, en lo mucho que lo ponían las marcas que él mismo había dejado en su piel morena y en el hecho de que a Teppei aquello no le molestaba, que estaba igual satisfecho.

Era su primera vez con un chico y había sido perfecto, desenfrenado, inolvidable.

—Lo siento, no quería tocar terreno incómodo —dijo Teppei al verlo ensimismado en sus pensamientos.

—No es eso —le rebatió el más alto, negando con la cabeza suavemente, ya estaba comenzado a dolerle por la luz y la cerveza que bebió—. Puedes quedarte… digo, si quieres, no es necesario que, ya sabes, sólo…

—Me quedaré —lo interrumpió el castaño sonriendo suave, aunque en sus ojos se veía algo más: satisfacción, deseo. Ōtsubo tragó con fuerza. Lo vio avanzar y sintió esos dedos rozar los cabellos cortos de su nuca—. Aunque no me molestaría que se repitiera —. Lo besó, agarrando su labio inferior con toda la boca y succionando, para luego meter la lengua hasta el fondo. Lo sintió gruñir y supo que a Ōtsubo le había gustado aquella propuesta—. Aunque más adelante —dijo cuando se separaron, con el gesto apenado y el azabache asintió, sonrojándose sin saber exactamente porqué.

—Mi futón es grande, iré a prepararlo mientras tanto.

Ōtsubo salió del cuarto de baño y Teppei soltó una risa nasal. ¿Quién iba a pensar que todo aquello ocurriría? Que aunque sólo habían conversado algunas veces, habían terminado teniendo sexo duro en el baño de su departamento y que encajarían tan bien.

Pero a pesar de su rudeza, también estaba seguro de que Ōtsubo era dulce, como cuando se disculpó por aquella mordida, y ese contraste le gustaba. Porque Teppei también era demostrativo, pero también gozaba de un buen revolcón.

Presentía que aquello no terminaría allí, con sexo entre cuatro paredes. Pero no diría nada, dejaría que aquello fluyera y sabía que Ōtsubo se dejaría arrastrar por las sensaciones vividas, por querer repetir todo lo que sintieron.


Sus reviews siempre son amados...

Besos de gato~