Gracias por los RW! A todos y todas.

Con el paso del tiempo, las cosas entre ellos evolucionaron lentamente, poco a poco. Las pesadillas mejoraron paulatinamente, y aunque Harry siempre estaba dispuesto a atenderle, de noche o de día, la creciente seguridad de Draco fue haciendo remitir sus accesos de terror. Otro motivo de preocupación se abrió paso en su mente, pasados unos meses, cuando el miedo dejo de ser el principal motor de sus acciones. Para vergüenza del joven Slytherin, las reacciones de su cuerpo – naturales, pero extrañas para él, ya que le llenaban de desconcierto y nuevas dudas - le hicieron buscar ayuda, cualquier ayuda, porque ciertamente estaba confuso e inseguro, pero no podía pregúntale a Harry, al menos esto no.

Los elfos tampoco eran una opción, así que resignadamente, Draco volvió sus ojos hacia la única opción, aparte de los libros: Sirius. Sonrojado y mortificado, el adolescente le hizo la escabrosa pregunta al fantasma, - la primera de muchas - y este agradeció estar ya muerto, porque si no, estaba seguro de haber sufrido un infarto por la impresión. Flotando lentamente sobre la cama hasta sentarse en ella, el hombre le miró con ojos preocupados y rascándose la cabeza murmuró:

-Mmh… exactamente, ¿Qué quieres saber, Draco?

Bajando los ojos y eludiendo su mirada el joven murmuró entre dientes:

-¿Alguna vez…lo hiciste con un chico?

Sirius dilató los ojos y asintió levemente. No le gustaba el cariz de la conversación, pero sostuvo la mirada adolescente y Draco añadió:

-¿Fue…agradable para ti? ¿Y para …él?

La comprensión llegó súbitamente al Merodeador y este afirmó sinceramente. Viendo la incredulidad reflejada en los ojos del joven murmuró muy suavemente:

-Incluso aunque no hubiera sentimientos entre nosotros, el sexo era mmh…placentero.

Draco aun no le creía, pero el fantasma insistió, depositando su mano helada en su hombro.

-No hay nada que temer si tu compañero es gentil contigo, Draco…

El rubio murmuró con los ojos cerrados y los puños apretados, casi entre dientes:

-¿Y si no lo es? ¿Entonces qué?

Suspirando pesadamente, con tristeza –Sirius sabía a grandes rasgos por lo que el muchacho había pasado, Harry tendía a ser muy vocal en sus propias pesadillas y además, en más de 5 años habían hablado de casi todo – el fantasma meneó la cabeza. ¿Podría alguna vez Draco superar el terror imbuido en sus memorias?

-Le dices que pare, Draco. Le…explicas lo que no te gusta y lo que sí.

Tras una vacilación, Sirus susurró casi inaudiblemente:

-Harry nunca te lastimaría de esa manera.

Draco abrió los ojos súbitamente, sorprendido y esperanzado. Eso no se le había ocurrido, realmente. Y una tímida sonrisa se esbozó en su cara, iluminando sus facciones. Alentado por la positiva reacción, Sirius le recomendó un libro, uno muy educativo, antes que afrontar más preguntas, y que abrió los ojos del adolescente. El sexo no parecía ser exclusivamente lo que él conocía, había más, mucho mucho más y su curiosidad le llevó a leer y releer el pequeño tomo, e incluso a buscar más información adicional, aunque sus inquisitivas y escabrosas preguntas dejaban a Sirius mortificado y dándose cabezazos contra la pared.

Los tres meses iniciales se convirtieron después en seis meses, y más tarde en un año. Draco llevaba tiempo devanándose los sesos en busca de un regalo para el cumpleaños de Harry, oficialmente y según su propia edada el decimoctavo, aunque Draco sabía realmente que eran muchos más, perdida la cuenta de cuantos eran realmente. Mientras entrenaban, a solas en su cama, o cabalgando, Draco pensaba en el perfecto regalo, sin llegar a conclusión alguna.

Así que esa noche, tumbado en la cama, mirando el techo sin poder descansar, suspiró y se deslizó lentamente hacia la sala de entrenamientos, buscando aclarar sus pensamientos, totalmente desvelado. El fantasma de Sirius se le unió y murmuró:

-¿Pesadillas, sobrino?

Denegando, el rubio lanzó desganadamente una maldición contra la pared y en esta se abrió un negro cráter, estallando en chispas multicolores, con un suspiro del rubio. Draco había crecido durante su estancia en la Mansión, no tanto físicamente como emocionalmente y ahora, esos pequeños detalles, le hacían sentir muy inquieto.

Es solo… que quiero regalarle algo a Harry, y no encuentro nada adecuado….

El fantasma meditó un momento y murmuró:

-Bueno, siempre puedes preguntarle a sus padres no? Seguro que Lily tiene alguna idea…

Más animado, el rubio siguió al fantasma hasta la galería de retratos y carraspeó ante el vacío lienzo, haciendo notar su presencia. Rodando los azules ojos, realmente, ¿Qué esperaba el chico? En algo tenían que entretenerse, no? Y siendo un recuerdo embebido en un cuadro, no había muchas mas opciones…

Sirius se sentó en su forma canina, paciente, mientras sonidos extraños surgían de detrás de la cortina azul que ocultaba parte de la trasera del cuadro, suspirando. Estas se agitaron y Lily emergió, sonrojada y arreglándose el pelo y la túnica, Draco sonrió en respuesta, los ojos de Lily eran exactamente iguales a los de Harry, y su gesto se ensancho aun mas, al ver emerger a James, recolocándose las gafas y deslizando las manos por el pelo en un gesto nervioso que Harry había heredado.

Los ojos verdes se iluminaron, y una sonrisa brilló en el rostro de la dama. Draco era un buen chico y tanto ella como su esposo estaban muy contentos de que Harry tuviese compañía. Conocían a grandes rasgos lo que le había sucedido, y habían sido un apoyo para ambos en momentos difíciles, alentándoles a perseverar.

Tras escuchar su problema, los dos adultos charlaron largo rato entre ellos, al parecer debatiendo hasta llegar a una conclusión.

-Bien Draco.

Murmuró James, abrazando a su esposa por la cintura.

-Creemos que hay algo que Harry valoraría mucho, y que no puede conseguir por sí mismo.

Esperanzado, Draco sonrió asintiendo y miró a Sirius.

-¿Qué es y donde lo consigo?

James alzó su mano derecha, enlazada a la de su esposa y mostró el anilló con el sello familiar, haciendo destellar las piedras del anillo de pedida. Los ojos de Draco se dilataron y musitó con voz débil y acongojada:

-¿Los anillos?...¡Oh Merlín! NO me digáis que…

James asintió, serio de nuevo y Draco palideció como el papel.

-Nos enterraron sin quitárnoslos, y quisiéramos que Harry los tuviera. Evidentemente, el nunca podría…

Con apenas un hilo de voz el Slytherin susurro:

-¿Dónde?

-En el cementerio del Valle de Godric, Sirius puede mostrarte las tumbas…

Susurró Lily en voz baja.

-Será peligroso…¿Puedo salir de la Mansión?

La mujer asintió y añadió:

-La paradoja temporal se moverá y expandirá contigo, Draco. Las antiguas protecciones deben estar aun en pie, y todas las chimeneas estaban conectadas a nuestra antigua casita, aunque todo este derruido, la chimenea estará en pie… el cementerio no está lejos…

Los retratos murmuraron algunos consejos más, así como el encantamiento preciso y el joven buscó la chimenea más próxima, en uno de los despachos. Con Sirius a su lado, murmuró con decisión, avanzando en las llamas verdes:

Casa Potter, Valle de Godric

Y desapareció succionado por el torbellino de llamas.

Emergió tosiendo entre cenizas en lo que parecía ser un saloncito, casi derruido. Lentamente observó sus alrededores, notando que solo se mantenía en pie tres paredes y la chimenea. Las escaleras que conducían al piso superior estaban casi destruidas. El rubio vio que el techo había desaparecido en la mayor parte, las vigas de madera retorcidas hacia afuera, como si hubiese sido reventadas por alguna explosión.

Incluso, después de tantos años, el residuo de magia que desprendían aquellas paredes era enorme. Draco se estremeció pensando en la cantidad de magia que se había desplegado en aquel pequeño lugar. Desechando esos pensamientos, se envolvió en su capa de invisibilidad y seguido de un fantasmal Sirius en forma de Grim – augurio de muerte - caminó decidido hacia el cementerio.

Ocultos por las densas sombras, alcanzaron el cementerio, desierto y vacío. Durante un rato, Draco simplemente se arrodillo ante las lápidas, la cabeza inclinada, presentando sus respetos silenciosamente a los difuntos padres de Harry.

Una cosa es que los retratos opinasen que debía recobrar los anillos, y otra, que los espíritus de los muertos opinasen lo mismo. Si no les convencía podía acabar muerto por profanar sus tumbas.

Con una espina de rosal se pichó la yema del dedo, y trazó en precisas runas su ruego en la lapida de Lily. Tras un rato, un susurró en la brisa murmuró:

"¿Qué buscas aquí, Draco?"

-Vengo a buscar algo que debió quedar en poder de vuestro hijo. Vuestros anillos.

Sirius ladró desde una tumba cercana, sobrecogido, y atreviéndose a acercarse un poco más:

-¡Es cierto Lil! ¡Draco vive con nosotros en Loch Black Manor!

-Son para su cumpleaños…

Murmuró el adolescente, notando la brisa enroscarse en torno a él, vacilante y curiosa a la vez. El viento frio le rozó la cara, y el joven se quedó quieto, notando la tenue presencia explorando, sutil como la bruma, y real como las losas de mármol.

"Mmh… tienes un extraño vínculo con Harry, incompleto, pero muy fuerte…tendrás que despertar a James también Draco, no estoy segura aun…"

Cogiendo aliento, el joven atendió el ruego, pese a eso era desfavorable para él. No podría hacer frente a dos espíritus a la vez, pero lo hizo de todos modos. Repitió su invocación de sangre, y hasta Sirius, que era un fantasma, pareció estremecerse, sobrecogido.

Los ojos azules del perrazo miraron a las frías lápidas y anheló poder descansar junto a ellos. Oh si, sus cuadros le hacían compañía, pero no era lo mismo, Sirius no hubiera escogido por si mismo esta vía, la muerte, la paz, era preferible a esta existencia incompleta. Su vida había sido destruida, tras 12 años en Azkaban, ni su magia ni su mente volvieron a ser las mismas, sus recuerdos, los que le hacían anhelar el descanso, eran los de los Merodeadores. Habría cruzado al otro lado sin dudarlo, pero su sentido del deber le hizo quedarse, escuchando el desesperado llamado de la sangre, de Harry, totalmente abandonado ahora a su suerte…No después de conocer su destino, no después de oír su desgarrada súplica, no podía abandonarle, así que Sirius se había quedado, ligado a él, por sangre y amor.

Un áspero crujido de las hojas secas pareció murmurar:

"¿Qué quieres Draco?"

"Cálmate James, es el futuro compañero de Harry…"

Susurró la brisa, arrastrando las hojas lejos de él. La brisa veraniega hizo oscilar las ramas de los árboles, y los secos tallos del césped a su paso, enredándose entre los árboles del cementerio, antes de aplacarse por completo.

"Te daremos lo que pides Draco…a cambio de una cosa"

Murmuró el viento entre las ramas fragantes de los rosales y los jazmines, agitando las frágiles flores a su paso. Vacilante, el joven asintió suavemente, los ojos relucientes con decisión, aguardando la petición de los espíritus.

"Hablaremos a través de tu boca cuando se los entregues, Draco ¿Llevarás nuestro mensaje?"

Draco bajó los ojos a las lápidas, contemplando las runas sanguinolentas en su blanca superficie pulida. Era una decisión difícil. Si permitía voluntariamente a los espíritus entrar en su cuerpo, poseerle aunque fuese temporalmente, nada le garantizaba que luego abandonaran su cuerpo. También sabía que estando dentro de el, verían todos sus recuerdos y percibirían sus sentimientos. Y eso podía ser muy bueno, o muy muy malo. Suspirando levemente - después de todo, eran los padres de Harry, así que se aventuró a confiar en sus buenas intenciones – cerró por unos segundos los ojos, los puños apretados, y abriéndolos de nuevo, decidido y superando sus miedos, murmuró:

-Acepto. Pero os prevengo, mis recuerdos, no son…agradables. Espero que no os horroricen demasiado.

Las suaves brisas veraniegas le envolvieron, alborotando su pelo platino y su túnica, formando un remolino en torno a él, y se extinguieron súbitamente, mientras dos anillos se materializaban en el mármol, rodeados de un brillo dorado, dejando las pulidas superficies limpias y relucientes.

Draco guardó cuidadosamente en un pañuelo los dos anillos, y se apresuró a regresar a la mansión, con Sirius trotando a su lado, cabizbajo y deprimido, el rabo entre las patas.

Mentalmente agotado, se dejó caer en su cama, sin tan siquiera molestarse en desnudarse por completo, tras enseñarles brevemente los anillos a los retratos.

Harry notó en los días y semanas siguientes el cambio en el aura del joven, débil, pero perceptible, y su ligera ansiedad, su nerviosismo y expectación. No dijo nada durante días, pero aguardó impaciente, sabiendo que Draco estaba tramando algo, una sorpresa y sonrió mentalmente.

El regalo de Harry para su decimoctavo cumpleaños, fue impresionante. Además de un conjunto de ropa, el hombre le obsequió con el título de propiedad de un par de Thestrals, un joven semental, casi un potro aun y una yegua con su primer potrillo, recién domados, procedentes de sus nutridos establos. Aparte de Hogwarts, no era conocida ninguna otra manada domesticada en Inglaterra, por la mala reputación de las criaturas. Así que una pareja bien domada como aquella tenía un gran valor…bien, ciertamente, eran algo muy especial.

Pasaron gran parte de la tarde montando en los animales, volando sobre los terrenos y el lago, Draco en el joven semental y Harry en otro joven macho, dejando a la yegua descansar y amamantar a su cría. Los animales eran silenciosos y rápidos, y las mejillas de Draco se sonrojaron con el viento y el ejercicio.

Harry era un tutor muy exigente y durante el último año había sacado a relucir hasta el último gramo de potencial físico y mágico de Draco, forzándole al límite, empujándole a superarse cada vez un poco más. Y Draco había recobrado gradualmente su seguridad y parte de su orgullo, aunque aun tenía ciertas dificultades con la magia sin varita, a partir de cierto nivel, Harry esperaba que la continuada práctica eliminase sus problemas de control.

Su recuperación anímica había sido más lenta que la física, pero en los últimos meses de su larga estancia, Draco ya no parecía receloso, e incluso buscaba a veces la proximidad o el contacto con el hombre, aunque sus demostraciones de afecto no pasasen nunca de abrazos o ligeros besos fraternales. La relajación del muchacho se reflejaba en el ánimo y el talante de su anfitrión, haciéndole sonreír abiertamente ante las pequeñas diabluras de su rubito o sus interminables bromas con Sirius.

Pronto fue la víspera del 31 de agosto, y Draco notó el suave cosquilleo que a veces le recordaba la presencia de otros entes en su mente, observando y aprendiendo. Entrenaron un rato, y después se pusieron a charlar, leyendo recostados juntos en el mismo diván en la biblioteca, antes de comenzar con sus rutinas nocturnas antes de acostarse.

Draco esperó, impaciente, en pijama y bata, duchado y listo para entregar su regalo. Apenas habían dado las 12, y comenzado oficialmente el cumpleaños de Harry, cuando el rubio muchacho cruzó el corredor y tocó suavemente en la puerta de Harry.

Con aire sorprendido, preocupado y somnoliento – hacia meses que Draco no tenía pesadillas – el moreno abrió, vestido tan solo con unos bóxers, para encontrar al rubio en pijama ante su puerta.

-Feliz cumpleaños Harry…

Sonriendo suavemente, los ojos llenos de ilusión, el moreno dejó pasar al adolescente y se apresuró a coger una camiseta, aunque los ojos de Draco chispearon ante su torso desnudo, dorado y musculoso, adornado por los enormes tatuajes, la marca del paso por su cuerpo de las dos serpientes que hacía meses habían recobrado un cuerpo físico permanente, y que ahora campaban a sus anchas por los jardines privados, disfrutando del buen clima veraniego y persiguiendo ratones. Tímidamente, el muchacho murmuró:

-Tengo un regalo para ti, pero primero, alguien muy especial quiere hablar contigo…

Los ojos de Draco se pusieron en blanco, ante la mirada preocupada de Harry, que le sujetó por los brazos, temiendo que el joven fuese a desmayarse, y su voz cambió, volviéndose más dulce y suave, la voz de su madre, una voz que el joven apenas había oído más que en recuerdos y procedente del retrato de la galería.

-Hola hijo mío…

-Hola Harry.

Añadió otra voz mucho mas ronca y grave, la voz de su padre. Lágrimas de sorpresa, alegría y emoción llenaron los verdes ojos del hombre, poniendo un nudo en su garganta. Harry estaba dividido, increíblemente feliz y al tiempo sobrecogido y algo asustado, viendo el rostro indiferente y vacío de Draco, que permanecía inmóvil ante él, los ojos vueltos hacia atrás, susurró:

-¿Mamá, papa? ¿Sois…realmente vosotros? ¿Pero…cómo?

-Si cariño. Te queremos Harry, y siempre estaremos contigo. Draco habló con nosotros, en busca de un regalo…y ha sido muy valiente para conseguirlo. No lo dudes jamás, te ama profundamente, aunque aun le asuste reconocerlo.

-Estamos muy orgullosos de ti, Harry. Cuídale bien, el muchacho ya ha sufrido bastante.

-Ya lo sé papá. Yo también estoy enamorado de él…¿Os parece bien?

-Claro que sí, Harry, Draco te hará muy feliz, estoy segura…

-Tenemos que dejarte ahora, cachorro, pero estamos contentos de haber podido verte durante un tiempo, a través de los ojos de Draco. Un abrazo…

El cuerpo de Draco abrazó varonilmente a Harry y este cerró los ojos, abandonándose a las sensaciones. Una pesada túnica de combate y unas manos fuertes y recias, seguras, le envolvían y hasta le pareció notar el ligero aroma de una loción de afeitado. Durante unos instantes, Harry se sintió realmente en los brazos de James, y entonces la ilusión cambió. Inmediatamente, Harry sintió unas manos delicadas y suaves, acariciando su cabello, ordenando los negros bucles, un perfume dulce y femenino envolviéndole, el roce de unos labios en su mejilla mientras una larga cabellera ondeaba junto a él.

Draco parpadeó una, dos veces, confuso y se encontró a sí mismo, abrazando a Harry, mientras este reposaba su cabeza en su hombro. Su respiración se aceleró y Harry le notó a él de nuevo, a Draco entre sus brazos y murmuró, vehemente, besándole en la mejilla y apretándole más contra su cuerpo.

-Gracias, Draco. Nunca nadie me había regalado nada igual.

Volviendo a parpadear con aire desconcertado, el rubio se giró y le miró perplejo. Rebuscó apresuradamente en su bolsillo jadeante y exclamó a media voz:

-Pero…si aun no te he dado mi regalo!

El joven moreno tomó el pequeño estuche y lo abrió con suavidad. Sobre el terciopelo, reposaban dos anillos. El de pedida de su madre y el sello familiar de su padre. Ahogando una exclamación de sorpresa, acarició las joyas y extrajo el sello de la cajita. Era un antiguo trabajo, mezcla de oro rojo y oro blanco, entrelazados entre sí, con el escudo familiar labrado en su superficie, orlado por pequeños zafiros en torno a los esmaltes del sello, representando una espada de plata sobre un rio de sangre atravesando un campo verde.

El moreno se deslizó el anillo en el dedo corazón de la mano derecha y este se ajustó a él, inmediatamente, reconociéndole como heredero y actual cabeza de familia. Harry ya lucia en la mano izquierda otro anillo, un simple aro de oro blanco, con un gran ónice bellamente labrado en forma de rosa en cuyo tallo se enroscaba una pequeña serpiente de plata. Era el anillo familiar de los Black, herencia de Sirius.

Sonriendo suavemente, Harry extrajo el anillo de su madre, una banda de platino con diamantes y esmeraldas talladas en forma de pequeños corazones y lo estudio un rato, y después miró a Draco con rara intensidad. Sonrojándose, Harry murmuró:

-¿Me harás el honor de aceptarlo, Draco?

EL rubio respingó levemente, pero tras un segundo, sonrió suavemente y murmuró:

-El honor es mío, Harry.

Le tendió la mano izquierda, y el moreno la tomó en la suya, levemente sorprendido ahora.

"¿Esta realmente aceptándome?"

Draco vio su vacilación, y añadió ensanchando la sonrisa, mientras movía levemente su anular:

-Vamos, se que aun no estoy totalmente listo para todo lo que esto representa, pero quiero aceptar el compromiso, entregarte mi promesa, de que algún día, aun no sé cuando, seré completa y totalmente tuyo.

Los ojos verdes se incendiaron, llenándose de fogosidad, y Harry deslizó el anillo en la mano del muchacho, radiante de alegría y felicidad, sellando su compromiso. Draco sonrió, y con timidez, rozó apenas sus labios sonrosados con la boca llena y jugosa de su prometido, azorándose inmediatamente después, bajando los ojos, pero mucho más seguro que antes.

Harry le contempló extasiado, y le acarició el cabello, viéndole enrojecer aun más. Detuvo la caricia, lo que menos deseaba era asustarle de nuevo, ahora que por fin, el muchacho parecía confortable con él como para entregarle tan firme promesa. Durante un rato, se miraron el uno al otro, en silencio, notando danzar las emociones en su interior.

Inclinándose sobre él, susurró mientras le daba un levísimo beso en la mejilla.

-Me has hecho muy, muy feliz, Draco. Buenas noches, amor mío.

Draco se arreboló nuevamente, y sus ojos bajaron al suelo por un instante, antes de cobrar valor para alzar la mirada, mirando a los verdes ojos de su prometido. Casi tartamudeando, preguntó en un susurro:

¿Puedo…dormir contigo, Harry? ¿Por favor?

El hombre vacilo interiormente. Su propio control y dominio sobre si mismo eran buenos, pero ¿Sería capaz de resistir con Draco tumbado a su lado? Sin embargo, la mirada suplicante y anhelante del rubio le hicieron asentir, era incapaz de negarle nada, suspirando pesadamente, preparándose mentalmente para una larga noche de tortura, tenerle tan cerca y al tiempo, tan lejos…

Draco entendió su duda y murmuró vacilante:

-Me estaré quietecito, lo prometo, y no te molestaré.

Con voz enronquecida, acariciándole de nuevo la mejilla, el moreno denegó y susurró:

-Tú nunca me molestas Draco. Tan solo es que no quiero que te asustes de nuevo…

EL Slytherin asintió en silencio y vio como el joven hombre rebuscaba en su armario un pijama, y desaparecía en el baño. Tras un rato sospechosamente largo, el moreno emergió, sonrojado y con los ojos excesivamente brillantes. Draco se apresuró a entrar a su vez, bajando los ojos y convencido de que el hombre acababa de dedicarse a algo más escabroso que usar el WC o lavarse los dientes. Su olfato lobuno ratificó la idea, pese a los hechizos refrescantes, y por un lado halagado y por otro, avergonzado, el rubio se apresuró a usar el WC y retornar al dormitorio, donde el moreno aguardaba ya en el lecho.

Deslizándose entre las sabanas de seda, el rubio se acomodó en su lado de la cama, con timidez y miró hacia el hombre que ya estaba recostado en las almohadas. Poco a poco se acercó a él, mirándole a los ojos, viéndolos relucir con flecos de oro en la tenue luz que aun iluminaba la estancia y rozó su mano. Harry cerró sus dedos en torno a los del muchacho y este sonrió una vez más. Con súbito valor, Draco se movió un poco más y se acopló a su costado, recostando la cabeza en su hombro y susurró casi inaudiblemente:

Buenas noches Harry…

Besándole en la frente, el moreno respondió:

Buenas noches Draco.

Durante un largo rato, solo los sonidos de sus respiraciones fueron audibles y los ojos de plata del muchacho se cerraron poco a poco, su cuerpo relajado y cálido entre sus brazos. Cuando creyó que el chico estaba dormido, el moreno le acarició el suave y largo cabello, apartándolo de su frente y susurró casi inaudiblemente:

-Buenas noches...amado mío…

Los labios de Draco se curvaron en una casi imperceptible sonrisa y el joven se apretó más contra el firme cuerpo murmurando a su vez, somnoliento:

-Te quiero…