¡HOLA! ESPERO QUE LES GUSTE ESTE CAPITULO Y POR CIERTO PUEDE QUE LA SIGUIENTES SEMANAS ME DEMORE EN SUBIR EL SIGUIENTE CAPITULO ¿Por qué? PUES TENGO MUCHO QUE HACER
*FORRAR CUADERNOS
*PREPARAR UTILES Y COMPRARLOS DX
*AVANZAR CON UN FIC DE INUYASHA EL CUAL RESULTO SER BASTANTE DEMANDANTE POR LA TEMATICA QUE MANEJA
* TENGO QUE REACOMODAR MIS HORAS AL NUEVO HORARIO QUE ME DEN EN LA ESCUELA Y EL PROBABLE NUEVO TRABAJO QUE CONSIGA.
EN FIN… UNA DISCULPA ANTICIPADA EN CASO DE QUE NO PUBLIQUE EN LAS SIGUIENTES SEMANAS
SALUDOS.
Primera parte: Marcas de carruaje.
Un carruaje elegante surcaba las calles de Kumamoto levantando a su paso hasta a los muertos que había por su camino.
…o…o…
Me había levantado muy temprano y como resultado todos seguían en los brazos de Morfeo, así que me dispuse a tomar un poco de té y ver el amanecer con toda tranquilidad, de no ser por una persona que se apareció para perturbarme en todo sentido.
Con mi plan en mente baje las escaleras despreocupada hasta que unas kunai chocaron con el muro que estaba a mi lado sacándome un susto. Intente moverme pero escuche una voz.
—No muevas ni un musculo, —me advirtió— porque si lo haces te vas a rebanar la piel.
—¿Que? —pregunte—
—Te explicó… veras, las kunai que lance tienen atados hilos de metal de katana los cuales son sumamente filosos, así que, si te mueves un poco, te arriesgas a perder un brazo o a caer en mil pedazos.
—¿Quién eres? —pregunte—
—Debes estar bromeando,—salió de su escondite—, las preguntas las hago yo… ¿Quién eres y que haces aquí?
—¡MISAO! —Grito Sanosuke— déjala, no es enemigo, es una amiga, no hay peligro.
La pequeña y delgada mujer de negro y azul de un tirón alejo aquellas armas mortales de mí.
—Misao— Hablo Sanosuke nuevamente—¿Qué haces aquí?
—El señor Takemura viene en camino, —Dijo un hombre muy alto—, hay un par de asuntos de suma importancia que tiene que discutir con ustedes.
—Nosotros veníamos a asegurar el lugar… ya sabes cómo son sus visitas.
—¡¿VISITA?! ¿Pero cómo? Nunca se nos notificó.
—Yo no lo sé, pero deberías prepararte para recibirlo.
—tienes razón.
Sanosuke corrió por toda la casa pregonando "Takemura Sama." De inmediato un ajetreo impresiónate comenzó a darse en la casa.
Casi una hora después pude ver a todas las mujeres con sus mejores sedas, las "sirvientas" con su uniforme de ninja y a los hombres con su uniforme de facción el cual tenía los escudos de señor Takemura, señor de Kumamoto en la espalda y en la parte frontal.
—¡Kaoru! —Me llamo Megumi—¿de verdad piensas recibir al señor Takemura vestida así?
—Pero, pero si llevo mis mejores ropas, Kenshin me ayudo a escogerlas.
—Risa fingida— y Kenshin que va saber de lo que una mujer debe usar para una situación como esta.
—Pues no lo sé, de hecho yo no sabía, así que me ayudo.
—La próxima vez que quieras ayuda con la ropa, llámame a mí no ha Kenshin, el seguramente no sabe cómo vestirse para cada tipo de ocasiones. Solo tiene que usar su uniforme y ya está muy bien vestido.
—Ser hombre es igual de sencillo en esta y en todas las épocas.
—¿Cómo?
—No nada Megumi… pero, ¿entonces que me pongo? No tengo mucha ropa y la que tengo ya es usada.
—Tu tranquila, de esto me encargo yo.
Subimos a la habitación que compartía con Sanosuke, me sentía muy incómoda estando ahí.
Megumi comenzó a buscar entre sus cosas y saco de entre ellas un kimono color verde olivo con dibujos de hojas en un verde más oscuro.
—Meg… no puedo…
—nada, nada, úsalo.
Me vestí con el kimono prestado y baje las escaleras para llegar a la estancia donde todos menos los tres cabecillas o sea Kenshin, Sanosuke y Enishi, esperaban al señor Takemura.
Después de una media hora el señor Takemura por fin llego a la facción, nos hicieron ir al recibidor y formarnos para hacer una reverencia.
Los dos ninjas que había tenido el "placer" de "conocer" en la mañana caminaban enfrente del señor Takemura, un hombre joven pero con las líneas de expresión marcadas en los ojos, de coleta alta y buenas ropas.
El hombre de gesto endurecido era muy amable y se encargaba de saludar cordialmente a todos y cada uno de los habitantes de esa casa.
Cuando por fin llego mi turno me sentía muy nerviosa porque aunque sabía cómo hacer una reverencia no podía comparar mi porte con el de mujeres que fueron educadas para verse hermosas y elegantes en cada instante. Así que hice la reverencia lo mejor que pude y al terminar de hacerla el señor Takemura me tomo de la muñeca y pregono.
—Ella es una cara nueva—no me soltaba la muñeca— ¿porque no se me informo sobre esta chica?
Sanosuke con el sudor marcado en las sienes intento arreglar la situación.
—Ella es solo una invitada temporal, no se le informo porque realmente no tiene relevancia, solo es una visita de Himura, nadie importante se lo aseguro.
—Himura—Dijo el hombre—todo lo relacionado con Himura en estos momentos es de vital importancia… desde lo ocurrido con Gein, "Himura" es un tema de interés colectivo… Himura—llamo autoritario el hombre— ven un momento, ¿Quién es la chica?
—Es una amiga.
—Himura, tienes privilegios pero no abuses de ellos y menos en esta situación… en fin, que te parece si me la presentas.
—Si señor—Afirmo Kenshin— ella es Kamiya Kaoru residente de Kumamoto y una gran amiga mía, ella es la chica que me encontró después del ataque.
—Mucho gusto mi señor. —respondí lo mejor que pude, me temblaban las piernas—
—Supongo que puedo hacer una excepción con usted señorita Kamiya.
El imponente hombre me hiso una reverencia pequeña y se retiró con Kenshin, Sanosuke y Enishi a discutir.
—como saben Gein era un traidor, era un informante para ser más preciso. Al haber ejecutado a Gein terminamos entrando en una rencilla con el pueblo vecino, para el que Gein trabajaba… eh venido a pedirles que escondan a sus mujeres, hijos y —miro a Kenshin— familiares puesto que sus cabezas tienen precio en este y otros pueblos… además Gein no es el único espía, hay algunas personas más… Aoshi,—Llamo al ninja más alto—, investiga a Kamiya en estos momentos no podemos dejar cabos sueltos.
El ninja se retiró dejando sola a la pequeña y ágil mujer.
—no es cien por ciento seguro que ataquen, puesto que solo hay rumores. Pero estas son medidas preventivas que no podemos darnos el lujo de evitar.
Después de discutir un montón de temas más la reunión se dio por finalizada cuando Aoshi entro con una hoja, la cual entrego al señor Takemura.
-Kamiya Kaoru
-Origen: Kumamoto
-Acusada de robo, desmentido por Battousai Himura, Yukishiro Enishi y Sagara Sanosuke.
-Sin padres biológicos.
-Fue investigada por Gein, la chica no tomo relevancia en sus investigaciones
-Aproximadamente 20 años.
Todo en la investigación de Aoshi se veía normal de no ser por un pequeño detalle que desafortunadamente y en pésimo momento salió a la luz.
-No presenta lazos sanguíneos, de compromiso matrimonial o matrimonio consumado con Himura…
- está en las listas de la casa de seguridad registrada como esposa de Himura Battousai.
Al leer esto el hombre agradeció a Aoshi la información y fue en busca de Kenshin.
—Tu "amiga" fue investigada—Dijo sentándose junto a Kenshin— y en los resultados dice que la registraste como tu esposa en la casa de seguridad, ¿Qué tienes que decir a tu favor?
—Nada señor—Contesto serio kenshin—
—Pues entonces escóndela en otro lugar, ya di la orden y la chica no será recibida en la casa de seguridad.
—Pero mi señor…
—Estoy siendo agradecido con la chica por lo que hiso por ti, pero, en otra circunstancia la chica seria condenada a la pena de muerte solo por esa acción—el hombre se levantó— y tú también serias condenado por engaño y prácticamente traición de confianza… así que sácala de aquí que ahora es peligroso.
Después de una charla más con Sanosuke el hombre se retiró en su elegante carruaje.
—Kaoru—me llamo Kenshin con los ojos tristes y furicos a la vez—
—¿Qué sucede? — Le conteste sonriente. —
—¿Has perdido a alguien que te importa? —Pregunto de repente. —
—Pensé en mi familia—si lo eh hecho—Conteste decaída— a mis padres, a toda mi familia.
—¿Cómo superas la perdida? —Pregunto sentándose en una pequeña banca junto al lago artificial de la casa—
—Simplemente no lo superas—me senté a su lado— porque mientras los recuerdes ellos no se han ido de tu lado.
—Y si no lo superas ¿Qué haces?
—Aprendes a vivir con el sentimiento de que algo te falta, sigues tu vida como si siguieran ahí de manera física claro esta ¿Por qué la pregunta?
—Porque…perdí a alguien que me importa demasiado.
—Tranquilo—acerque mi mano a su cabeza, pero antes de poder tocarla se movió incómodo y se levantó del lugar. —
—Kaoru—Dijo con una voz extraña—empaca tus cosas, vamos a salir esta noche.
—¿Salir? ¿A dónde?
—Después te digo.
Kenshin se retiró a hablar con Sanosuke y yo me fui a empacar todas mis cosas como Kenshin me había indicado.
— ¡¿Y dónde se supone que la deje?! No tiene familia y no la puedo dejar con la mía, porque seguro están escondidos
—No lo sé amigo. Pensaremos en algo.
—¡Pues piénsalo ya!
—Oye, cálmate no me presiones… ¡no espera! Presionarme fue buena idea.
—Claro…
—Ya sé dónde esconderla.
—¡¿Dónde?! —Pregunto Kenshin—
Tiempo más tarde nos encontrábamos Kenshin y yo en una carreta. Cuando llegamos a lugar no me imaginaba a que rayos podríamos ir ahí, excepto a orar.
—Kenshin—Le llame desconcertada—¿Qué hacemos aquí?
—Más temprano hablamos sobre perder a personas importantes…
—¿Me?… ¿vas a dejar aquí?
—Es temporal—me respondió— hay un problema y las tenemos que esconder.
—¿Y la casa?
—¿Lo sabias?
—Megumi—respondí simplemente—
—Descubrieron que no eres nada mío y por lo tanto no podemos esconderte ahí, así que, Sanosuke y yo no las arreglamos para hacer que los monjes te cuiden durante este tiempo haciéndote pasar por sacerdotisa.
Un monje muy anciano salió a recibirnos.
—Buenas noches—Dijo el monje—
—¡Kenshin! —Comencé a llorar— no, no, no me dejes aquí… ¡me prometiste que no me ibas a dejar sola!
—Lo sé, pero no te deje sola, estas en buenas manos—me miraba con un gesto dolido—
—¡No! —me abrace de el—no te vayas—Rogué—
—¡Ya basta! ¡Aléjate! —grito autoritario, logro intimidarme y hacerme retroceder. —
—Monje—hablo—cuídela mucho, si yo no regreso por ella lo hará el otro hombre que vino conmigo o en su defecto uno llamado Yukishiro.
Kenshin comenzó a irse con un caminar desganado, pero lo detuve.
—¡Kenshin! —Le grite y este volteo con una mirada fulminante— si no eres tú el que regrese por mi… diles a Sanosuke y a Enishi que de aquí no me voy a mover—corrí cerca de él y le susurre— porque eres el único que me interesa.
Kenshin me miro unos segundos, segundos en los que me perdí en su mirada purpurea y ambarina.
Finalmente Kenshin se acercó a mí y me dio un abrazo, uno tan cálido que podría compararse con un abrazo materno después de una situación desagradable.
Cuando termino de abrazarme me mantuvo muy cerca de él y me dijo.
—El sentimiento es mutuo.
Y me dio un pequeño y rápido beso en la mejilla, dejándome sorprendida, feliz y muy conforme con verlo partir en aquella carreta.
Segunda parte: descontrol en carruaje.
En su momento llegue a pensar que estar en este templo me seria tranquilo, pero no podía dejar de pensar en Kenshin, lo extrañaba demasiado. Los monjes llegaron a pensar que moriría de depresión así que me encomendaban a los dioses en sus oraciones. Lo sé porque llegue a escucharlos orar.
Escuche muchos rumores sobre la facción de Kenshin, incluso que el señor Takemura había decidido ejecutarlos a todos como castigo por… no recuerdo que cosa.
Un día casi un mes después de que Kenshin me dejo en este templo aquel carruaje apareció frente a las puertas del mismo.
Era el señor Takemura y quería hablar conmigo.
—Yo no sé, —hablo el señor— ,que tipo de control ejerces en Himura, pero desde que te escondieron aquí el regreso al estado en el que lo dejaron las otras.
—"Las otras" debe referirse a Tomoe y a Oyuki—pensé—
—En fin—continuo— hay serios problemas, hay muchos espías en la ciudad, mis facciones están infectadas desde lo más profundo de sus raíces… debes irte de aquí, ya no es seguro… pero tranquila, esta vez no te iras sola.
El hombre amablemente me aseguro mucha tranquilidad al lugar que iba y después comenzó a contarme como había cambiado Kenshin en solo tres semanas.
El caminar tan peculiar que le caracterizaba se había esfumado como niebla en medio día, actuaba el cien por ciento del día y trataba al cien por ciento de las personas de la misma manera que lo hacía justo antes de hacer saltar la sangre de su hoja metálica.
—aunque es uno de mis hombres más fuertes y más inteligentes—continuo el hombre—aun no descubro al cien por ciento como dominarlo, es de personalidad cambiante, es como un camaleón, si tú se lo permites tendrá mil colores, pero si no lo haces será uniforme.
—Él no es un camaleón, es un ser humano y todos somos así, solo que en algunas personas es más notorio que en otras y no puede dominarlo. Porque no es un animal.
—Supongo que tú descubriste el secreto—me dijo el hombre—
—Tal vez—respondí—
El hombre se retiró del templo dejándome sentada en una banca del jardín del templo… esperando como todos los días.
Tercera parte: solo espera
Mi espera no fue tan larga, tal vez un par de horas más habré permanecido en el templo. Porque de la nada logre divisar a Kenshin con su coleta pelirroja meciéndose al son de su extraño caminar.
Nuca sentí tanta felicidad de verlo regresar. Deje mi escoba de lado y corrí a su encuentro.
—¡Keny! —Grite con cariño, logrando sacarle una sonrisa.—
—¡Kao! —me llamo siguiéndome el juego. —
—Lo abrace cual koala a un eucalipto— te extrañe mucho, te quiero mucho ¿me extrañaste? —dije casi sin respirar—
—Tranquila, si no respiras puedes ahogarte—Dijo cómico—
—Calla grandísimo bobo
—Reímos un poco pero Kenshin mato de un solo golpe la alegría— debemos irnos, aquí no es seguro—me miro ceñudo— ¡apresúrate! ve por tus cosas—ordeno—
—Lo mire extrañada—¿Qué?
—Muévete, yo me encargo de los monjes.
Kenshin agradeció a los monjes y les dio un poco de dinero para cubrir mis gastos, después de eso nos fuimos.
—¿De dónde sacaste dinero?
—Lo juntamos entre todos para poder agradecer a los monjes por cuidarte
—Le sonreí— ¿A dónde vamos Kenshin?
—Muy lejos, nos vamos a Okayama.
—¿Okayama? Pero es muy lejos
—Lo sé, pero, es un lugar seguro y eso es lo que importa.
Llegamos a la facción como última parada, no vi a Megumi y Sanosuke, no vi a nadie.
—Ellos ya se fueron, somos los últimos.
—Comprendo.
Kumamoto no quedaba desprotegido, había cientos de personas cuidando de él y del señor Takemura, pero nuestras cabezas eran joyería costosa, así que el señor Takemura decidió escondernos en todas partes del Japón.
Kenshin y yo en Okayama, Megumi y Sanosuke en kobe, Enishi en Osaka, las señoras Tsubaki y Tsubame y Hiromi en Shizuoka, todos en todas partes muy lejos el uno del otro.
El trayecto de Kumamoto a Okayama fue muy largo y cansado.
En carreta luego en barco después caminando y por último en carreta nuevamente.
Kenshin se mantenía muy callado, me ocultaba algo.
—Kenshin—lo saque de sus pensamientos, el solo me miro—¿Qué ocultas? —Tome el toro por los cuernos—
—En Okayama tenemos una casa esperándonos, en Okayama soy un pescador y tu su esposa
—Su esposa—dije en voz baja, el me escucho —
—No somos de Kumamoto somos de Tottori, soy un pescador y tu mi esposa, nos mudamos de Tottori porque no teníamos dinero para vivir ahí y la casa es heredada de tu madre recién fallecida de una enfermedad pulmonar, tu padre murió en altamar, también era pescador y mis padres siguen en Tottori, mi madre es costurera y mi padre pescador, son Kyoko y hiko himura, no olvides eso.
Me quede pasmada, era una historia construida, una mentira bien planeada.
El me miraba expectante.
—¿Y cómo tengo que llamarte?
—kenshin, no tienes que llamarme de otra manera… es un nombre como cualquier otro.
Termino de hablar y finalmente el matrimonio Himura llego a Okayama.
