Aquí me tienen con una nueva actualización, como siempre bastante alejada de la anterior, pero créanme que me ha costado mucho decidirme como plantear este capitulo que como se darán cuenta es decisivo. Quiero solo avisarle, que explicare algunos aspectos de este capitulo al final.


Capitulo 9


"Luna Roja"


Se removió incomodo sobre la cama, Y apretó los ojos mientras una gota de sudor recorría su cien. Su mente estaba sumergida en un sueño inconexo llena de imágenes dantescas que aún al más valiente harían temblar de pánico y asco.

No se veía así mismo en el sueño. Estaba ocupando un espacio de espectador a través de los ojos de otra persona, compartiendo una mente con el cuerpo anfitrión; viendo y sintiendo lo mismo, y a su vez conservando su propio pensamiento. Extrañamente tenía el conocimiento de que estaba soñando, pero no podía despertar haciéndolo todo más inquietante e insano, irritándolo en sobremanera. Odiaba sentirse atrapado en sus pesadillas.

Enfocó su visión en el cuadro ante él, y al igual que sus otros sueños el caos reinaba. Era una ciudad en llamas. Todo estaba ardiendo, y el sonido de disparos y detonaciones hacían eco por todos lados. No se sentía como un sueño, aunque su parte menos racional le decía que esto lo había vivido.

Observó todo con una mezcla de repulsión y familiaridad.

Se veía escalofriantemente real, podía percibir el calor del ambiente. Y el olor a sangre, pólvora y sudor. Se vio a si mismo manchado de sangre, sus manos estaban cubiertas de ella. De la nada apareció una criatura deforme, encorvada y con unos grandes colmillos.

-Esbirro patético. – se escuchó decir con desprecio. – Criatura blasfema, te daré el regalo de la muerte.

Lo siguiente que alcanzó a ver fue como lo despedazaba, la sangre lo empapó aún más, mientras que una extraña euforia lo envolvía desde el interior, era la adrenalina y el éxtasis fluyendo como ondas expansivas oscuras, por su mente haciéndole sonreír ampliamente.

Se escuchó reír, como un ronroneo oscuro. Pudo sentir la vehemencia y el regocijo por la muerte, mientras que su otra parte, se sentía repugnado. Nuevamente miró sus manos con asco, y se percató que usaba guantes, sentía la tela mojada con el liquido carmín, era consiente de su consistencia entre sus dedos.

A lo lejos escucho una voz femenina gritando instrucciones. Algo se le hizo familiar en eso, y pudo darse cuenta que su anfitrión se regodeó escuchándola, y pudo sentir que la cordura aplacaba la ansiedad y la indómita locura del hombre, domando al monstruo. Porque para Dimitri, ese ser con el que compartía sueños era eso, un jodido monstruo.

Mientras se acercaba con calma pudo divisar a lo lejos una mujer dándole la espalda y hablando, y por más que se esforzara al despertar, no era capaz de recordar como sonaba esa voz. La había escuchado muchas veces entre sus sueños, pero nunca había visto su rostro. Alta, espigada y elegante era algunas de los calificativos con que la describiría. Podía ver su larga cabellera rubia caer pos su espalda, resaltando con fuerza sobre el traje verde, de corte claramente masculino.

No terminaba de comprender porque la mujer de sueños, hablando en términos literales vestía de hombre. Escuchó como gritaba un poco más a un par de hombres y a un anciano, vestido de negro, que parecía ser un mayordomo.

Se cruzó de brazos, y se sintió sonreír como un depredador territorial. No sabía como, pero el monstruo la veía como suya, la sentía debajo de la piel, era de él. Y a su vez, ella lo dominaba, lo aplacaba sosteniendo un extraño poder sobre él. Algo similar a una cadena de hierro que lo retenía, con la que luchaba y contra la cual se rendía. Su mente no podía dar una explicación a lo que ellos mantenían, porque no era del todo lógica. Pero se sentía natural.

-Mi amo. – se vio hacer una ligera venía, con irreverente diversión. – Todo ha sido cumplido conforme a sus órdenes.

Pudo captar claramente como ella se cuadró aún más sin mirarlo. Se sintió fascinado por la fuerza que proyectaba esa silueta, sin ver su rostro, podía saber claramente que ella sonreía, sin miedo. – Haz cumplido tú misión, sirviente. – dijo, con un tono lánguido y desinteresado.

La indiferencia de su tono, lo hizo sonreír aún más ampliamente. Caminó con firmeza hacía ella, y con cuidado tomó su brazo. Dimitri sintió la adrenalina, y una extraña emoción le recorrió las venas. ¡Al fin la vería! Y no pudo más esperar expectante. Esa mujer sin rostro, tendría uno. Porque al fin se enteraría que no era proyecto de su mente.

-Amo, la escoltó. – escuchó hablar a la criatura que lo contenía.

Pudo ver ligeramente su perfil perfecto, y algo que parecían gafas, pero antes de que volteara completamente, sintió un frío tirón en el hombro que le hizo despertar bruscamente, y jadeante, manteniendo una opresión fría en el pecho. Quiso levantarse de la cama, pero un súbito dolor de cabeza se lo impidió. De pronto un ligero dolor de cabeza lo hizo apretar los labios, como un reflejo llevó su mano hasta su frente buscando disipar de alguna manera el malestar.

Gruñó con molestia, y se levantó del sillón en el que se había quedado dormido y se dirigió directamente al bar, tomó una botella de vodka y la abrió con brusquedad. Necesitaba urgentemente un trago, le urgía deshacerse de esa sensación de temblor, y de esa presión misteriosa que ahora se había extendido hacía su cabeza. Dio un largo sorbo directo de la botella, para luego soltar el aire lentamente.

Cansado dejó la botella sobre la mesa y afirmó las palmas de las manos en el mueble encorvándose un poco, mientras cerraba los ojos. El dolor de cabeza había menguado levemente, pero persistía esa sensación de resquebrajamiento. Era como si su mente estuviera a punto de romperse.

Apretó los parpados, buscando serenarse, y disipar todas las molestias que lo perturbaban para poder pensar con claridad. Y la voz de la misteriosa mujer de sus sueños, volvió a él, haciéndole abrir los ojos con sorpresa. No podía estar equivocado, sus instintos nunca le fallaban. Era la voz de esa mujer.

Rápido tomó su gabardina negra y cogió las llaves que e estaban sobre la mesa, para luego de un tirón brusco abrir la puerta, y salir del lugar como un torbellino. En la escalera se cruzó con Lana que venía subiendo con Mike, paso por en medio de ellos sin mirarlos. Este sorprendido, preguntó. – Dimitri, dónde…vas. – No alcanzó a terminar la pregunta cuando la puerta de entrada ya estaba siendo cerrada con violencia. – Que bicho le habrá picado esta vez. – comentó en voz alta, sin dejar de mirar el espacio por el que salió su superior.

A su lado, la mujer, se mordió los labios con una mueca indeterminada entre compungida, y molesta. – Alguno bicho con falda, y tacones. – escupió secamente. – Muévete Mike, tenemos trabajo que hacer. Que el todopoderoso Dimitri se las arregle como mejor pueda. – terminó comenzando a andar hacia el salón habilitado para que inteligencia operara.

El hombre enarcó una ceja incrédulo. Era su idea o su jefa estaba evidentemente celosa, frunció el ceño, algo se estaba cociendo hacía aquí, y por lo que acaba de ver era algo grande. Ese Dimitri seguro se había metido en problemas otra vez, y ni hablar del lío que armaría Lana una vez se calmaran las cosas.

Iba por sobre el limite de velocidad, pero su buena estrella le acompañaba, a esas horas ningún policía aparecería para importunarle. Llevaba los ojos fijos en la carretera, concentrado en el camino, no por precaución sino más bien buscando distraer su mente del dolor de cabeza que nuevamente lo atacaba con saña.

Apretó los dientes frustrado, por algún momento sopesó la posibilidad de detener el carro junto al camino y tomar un respiro. Pero su instinto le decía que debía llegar lo más pronto a su destino, que solo cuando estuviera en la puerta de esa casa las respuestas llegarían a él.

Así que sin meditarlo demasiado apretó el acelerador a fondo haciendo chirriar las ruedas contra el pavimento.


En la casa de las Sommers las cosas no estaban más tranquilas. Luego de que Victoria volviera con Lionel, cenaron silenciosamente en un ambiente reflexivo solo interrumpido por la charla animada entre el sacerdote y el más joven de la familia.

-Así que usted tío sacerdote, ¿vive en Italia? – cuestionó interesado.

Anderson río bonachonamente divertido con las preguntas. Era un diablillo encantador, tenía a quien salir. – Así es. Es un lugar precioso, especialmente la mia toscana.

-Oh, me gustan mucho los espaguetis La Toscana, madre los prepara con laurel y salsa de tomate.

El sacerdote sonrió entretenido, mientras asentía. – ¿Así, que eres un aficionado a la comida italiana?

Asintió con fuerza, para luego comentar en voz baja. – Pero madre prefiere preparar brócoli y pescado. – hizo una mueca. – Odio el brócoli y el pescado.

Alexander iba a responder a eso, cuando sintió una extraña presencia acercándose. Disimulado, buscó la mirada de Integra, la cual al sentirse observaba dejó de juguetear con tenedor y devolvió la mirada al hombre. – Se acerca… - dijo escuetamente, llamando la atención de ambas mujeres.

Integra abrió los ojos comprendiendo, y se dirigió a Victoria. – Sube al ático, quédate con Lionel ahí. No bajen hasta que yo suba por ustedes.

El niño frunció el ceño. – ¿Quien viene madre? No quiero subir al ático, quiero quedarme aquí. Contigo.

Integra se mordió los labios inquieta, pero no dijo nada, solo se agachó y besó la frente del niño. – Obedece a tú tía, hijo. Te quiero. – y sin más se dirigió a su pequeño estudio con Anderson pisándole los talones, necesitaría por precaución mantener un arma con ella.

Negó con la cabeza fastidiada, mientras los adultos se levantaban de la mesa. Jamás preguntaban lo que él quería hacer. Serás sonriendo nerviosamente se acercó al chico, y se arrodillo delante de él. – Te prometo, que después haremos algo que tú quieras, cariño. – le acarició la mejilla.

-¿Lo que yo quiera? – dijo con la voz esperanzada, olvidando su enojo.

-Así es pequeño malilla. – le tomó de la mano. – Subamos, ahora. – El chico asintió, mientras parloteaba las posibilidades.

En el estudio Integra cargaba su arma con destreza. – Estás seguro, que viene para acá.

Anderson afirmada en el marco de la puerta, se mantenía serio buscando la dirección de la presencia. – Sí. Pronto estará aquí.

-Demonios, no creía que sería tan rápido. – bufó, mientras guardaba el arma en su bolsillo. – ¡Solo han pasado seis horas!

-El sello debe estar resquebrajándose. – dijo con semblante adusto.

-Ellos te dieron alguna instrucción sobre lo que deberíamos hacer ahora. – preguntó con sequedad, pero con la preocupación bailando en sus ojos.

-Nada útil en realidad. – suspiró, encorvándose unos centímetros. – Supongo que la reacción de Alucard será impredecible.

Integra se afirmó contra la ventana mirando hacía el sacerdote con expresión concentrada. – Los sellos que mi familia puso sobre Alucard, ¿se mantendrán?

El sacerdote asintió lentamente, con un dejo pensativo. – En teoría debería ser así. Pero no es algo que pueda asegurar, puede que están los sellos, pero el estado en que se encuentren, es algo que ignoró.

-Demonios, esto es demasiado arriesgado. – señaló frustrada. – Anderson, si los sellos no están funcionando, o no se restauran no tendré ningún control sobre él. – todo lo dijo con tranquilidad, calculando sus posibilidades.

-En el peor de los casos yo podría darles tiempo para huir. – señaló asertivamente. – Puedo contenerlo lo suficiente para eso.

-Esperemos no tener que llegar a tomar esa opción. – terminó sombríamente. – Hay otra cosa que me inquieta de todo esto. No quise preguntarlo antes, para no alertar a Victoria – empezó con desazón, situación que no pasó desapercibida para el hombre, que no pudo dejar de sorprenderse ligero cambio de actitud.

-¿De que se trata?

-Es sobre mi hijo. – apretó los puños más preocupada de lo que ella misma aceptaría. – Cuando la esencia oscura vuelva a cada vampiro retomando su naturaleza, ¿qué pasara con mi hijo? – terminó con la voz levemente quebrada.

-Él también retornara a su esencia original. – terminó apenado, por darle una noticia que sabía no era alentadora. – Él es un damphir, esa es parte de su herencia.

Integra sonrió sin felicidad. – Esto era algo que temía que me confirmarás.

Anderson iba a decir algo más cuando escucharon que llamaban a la puerta con bastante violencia. Ambos se miraron y asintieron con cautela. Ya era hora.

Afuera, Dimitri, había mandando al demonio toda la propiedad mientras golpeaba la puerta con rudeza. El maldito dolor de cabeza no lo ayudaba en nada a bajar las revoluciones. La cabeza se le partía.

-Abre la puerta de una condenada vez. – dijo entre dientes, con el dolor lacerándoles las sienes. No supo como paso, ni siquiera se dio cuenta de lo que hizo, lo único que entendió en ese minuto era que la puerta se había abierto al parecer sola. Pero no reparando conscientemente en eso, solo entró al lugar, cada vez más mareado y desenfocado.

Cuando Integra y Anderson llegaron al pasillo, se encontraron a Dimitri afirmado en la puerta de entrada con muy mal aspecto, respiraba ruidosamente, y temblaba, mientras sostenía su cabeza con las manos como si el dolor que sentía era insoportable.

Aferró el arma entre sus manos y apuntando hacía él, cuestionó sobresaltada. – ¿Que le está pasando?

Sujetando una de sus bayonetas, Anderson respondió. – El selló se está resquebrajando, en cualquier momento él volverá. – guardó silencio un momento antes de decir. – Integra, necesito que te acerques a él.

-¿Qué? Para que quieres que me acerque.

-Es una corazonada. – agregó, sin dejar de mirar a Dimitri por si tenía que actuar.

-Necesitaras más que eso, para convencerme de meterme a la boca del lobo. No dejare huérfano a mi hijo por una corazonada tuya, Anderson. – le soltó con fastidio.

-Tú eres el cable de humanidad de Alucard. Sino, no puedes controlarlo tú, nadie podrá.

- Esto es verdaderamente genial. – fue todo lo que bufó, mientras caminaba hasta donde estaba el atormentado Dimitri.

Este por su parte a lo lejos podía captar algunas voces, pero no era capaz de procesar su identidad, cada vez su mente daba más y más vueltas, sentía que se partiría en dos. Sintió sus músculos tiritar con ligeros espasmos eléctricos, mientras su sangre se espesaba haciendo que sus venas dolieran.

Sin soltar su cabeza, se curvó en su postura. – ¡Que se detenga, este dolor! – rugió con fuerza. De pronto los cuadros comenzaron a temblar mientras las lámparas y las paredes crujieron con fuerza, algunos pequeños adornos de cristal y loza estallaron a su alrededor.

En su lugar el sacerdote solo aguardaba atento a su objetivo, debía evitar bajo cualquier concepto que algo le ocurriera a Integra, era la carta ganadora para arreglar este entuerto.

Integra que iba en la mitad del pasillo, corrió hasta él echando a volar sus aprehensiones de un inicio. A medio afirmar contra la puerta seguía luchando con un dolor que estaba fuera del entendimiento de los espectadores. Rápidamente se paro frente a él y apartó las manos con las que el hombre sujetaba su cabeza.

-Me escuchas Dimitri, necesito que resistas. Todo esto va a pasar. – dijo con algo de desesperación no teniendo una idea clara de cómo terminarlo, ya que todo seguía temblando a su alrededor incluido él, pero recordó lo que le había dicho Anderson "Tú eres el cable de humanidad de Alucard. Sino, no puedes controlarlo tú, nadie podrá."Así que se acercó aún más quedando afirmada contra él, para hablarle despacio y solo él escuchara. – Yo se que estás ahí. Que estás despertando y que no entiendes que pasa. Que te sientes débil y fuerte a la vez, y que sientes que tú cuerpo no lo resiste. En esa posición podía escucha claramente el palpitar de su corazón, y sentir el calor de su cuerpo, era Alucard, es toda la plenitud de humanidad. – Escucha mi voz Alucard, vuelve a mí.

Poco a poco el dolor remitió, Integra pudo sentir claramente como el compas del corazón fue serenándose, y sus músculos fueron aflojándose, las cosas dejaron de temblar, dejando todo el lugar silencio.

-Alexander, necesito que me ayudes. – llamó la mujer, intentando afirmar el peso del Dimitri, cosa que era bastante difícil por su complexión alta y fuerte. Solo unos segundos más el sacerdote pasó unos de los brazos del agente por sus hombros, mientras con su otra mano lo tomaba por el tórax afirmándolo contra él y sirviéndole de soporte.

-Esto no ha terminado. Debemos recostarlo en algún lado antes que comience de nuevo. – dijo con premura.

Eficientemente Integra despejo el salón, sacando la mesa de centro hacía un lado y estirando una manta sobre la esponjosa alfombra, confeccionando un improvisado lecho para acomodar a Dimitri. – Hay que recostarlo aquí. – señaló mientras ayudaba a situarlo.

Una vez colocado, el regenerador se levantó y se ubicó a unos metros de distancia alerta. Por su parte Integra se ubicó de rodillas a un lado, y se aseguró de revisar su pulso. – Su pulsó está muy lento.

-Entonces queda poco. Cuando su corazón deje de latir, terminara su humanidad y volverá a su naturaleza original.

Sin quitar su mirada del cuerpo tendido, dijo. – Podrías ir a ver como están Victoria y mi hijo. Ella también cambiara, y Lionel estará muy nervioso.

-No te preocupes yo me encargo. – entendiendo que ese era un momento intimo, y lo mejor sería que Alucard no lo viera, sería como mostrar un paño rojo a un toro. – Llámame si paso algo.

Sintió quedamente. Ella, se inclinó sobre él y susurró. – Queda muy poco, solo tienes que resistir. – llevó una de sus manos al rostro de Dimitri, y acomodó sus cabellos. – Te estoy esperando.

Anderson subió velozmente las escaleras saltando de dos o tres peldaños. No se escuchaba ningún sonido luego de que dejó de temblar, todo estaba demasiado en calma. Se preguntó si se habría escuchado o sentido en el ático lo que ocurrió en el salón. Cuando se encontró ante la puerta, comenzó a inquietarse con lo que se podría encontrar, así que no perdió más tiempo y tocó mientras decía. – Señorita Victoria soy yo.

No recibió ninguna respuesta del interior, solo su agudo oído captó un ligero quejido y un sollozó. Abrió los ojos asustado, y ya sin pizca de delicadeza forzó la puerta con su hombro rompiendo en el intertanto la cerradura encontrándose con una imagen nada alentadora, extendido sobre una alfombra estaba el pequeño Lionel aparentemente inconsciente, pálido y con la frente perlada en sudor, a un metro de distancia con expresión histérica Victoria intentaba acercarse pero no era capaz de moverse de su posición en el suelo a punto de caer en la inconsciencia también. Anderson corrió hacía a ella. – ¿Qué ha pasado? – la levantó con cuidado y la afirmó contra un sillón acomodándola lo mejor que pudo. Puso una mano en su frente, y pudo comprobar que ardía en fiebre.

Ella se sentía absolutamente mareada, todo le daba vueltas, pero lo peor era la preocupación de ver a Lionel sin moverse, pálido como un muerto. – Antes de que comenzara a temblar, se desplomó en…en la a-alfombra… - dos lágrimas rebeldes descendieron por sus mejillas. – Y no reacciona, y me siento tan mal que no soy capaz de ayudarlo, ni… ni siquiera…se si tiene fiebre o… - sollozó desesperada. – pulso… ¿que tiene? ¿Por qué está inconsciente?

-Tranquilízate Victoria… - dijo Alexander, mientras comprobaba el pulso del niño y tomaba su temperatura. También respiro tranquilo, cuando logro cerciorarse de que solo estaba desmayado. – Está bien. Solo está inconsciente.

-¿Q-qué? No. No es nor-normal que esté desmayado. – se quejó entre lágrimas queriendo tocarlo. – Es solo un bebé…

Cuidadoso lo tomó entre sus brazos y lo levantó, buscó con la vista algún lugar donde recostarlo, rápidamente dio con un sofá-cama lo llevó hasta allá y lo acomodó con cuidado. Nuevamente revisó sus latidos, era algo lentos, pero dentro de lo común, solo quedaba esperar, hasta que se completara su transformación.

Luego de asegurarse que estaba bien, fue nuevamente con Victoria, que seguía llorando. No pudo evitar conmoverse verla tan compungida, y se preguntó si realmente esa naturaleza compasiva y dulce variaría una vez que retornara su esencia oscura, y llegó a la simple y certera conclusión de que no pasaría. Nuevamente lo aguijoneó la culpa de sus encuentros anteriores, había sido un completo animal con ella. Así que con una renovada simpatía hacía la chica intentó calmarla. – Victoria necesito que me escuches. – le tomó ligeramente el rostro para que centrara su atención en él. Ella le miró sin dejar de llorar, y con la vista algo descentrada, pero prestándole toda la atención que el miedo y el malestar le permitían. – Lionel está bien. Solo es el efecto del quiebre del sello, que te afecta a ti, a Dimitri y todos los vampiros que retomaran su naturaleza. – gimoteó más fuerte al escuchar de la transformación de pequeño, pudo distinguir un "no, él no". – No hay nada que podamos hacer al respecto, es su herencia. Como tampoco se puede modificar tú naturaleza.

Asintió lentamente, pero sin perder su expresión. – Al menos no le duele. – dijo bajito. – Cuando….cuando se completara… - hizo una mueca de dolor. – esto.

-No estoy muy seguro. – acaricio paternamente su cabeza. – Todo dependerá de Dimitri. Pero creo que no tomara demasiado tiempo, su sello esta por romperse.

Asintió nuevamente, ahora más lento. – Solo quiero dormir.

-Duerme entonces. Yo me ocupare que no pase nada. – la miró mientras la joven terminaba de dormirse. – Estarán bien. Hare lo que sea para lograrlo.

Nuevamente se levantó y fue hasta la puerta necesitaba ver como iba todo con Integra.


Hacía frió. Aunque no era nada extraño cuando estaban a mitad del invierno en la ciudad más lluviosa de Inglaterra, el antiguo y venerable Londres. Ya pasaba la media noche y la temperatura bajaba junto con el acercar del alba. Las calles del centro aún pese al frío la gente seguía pululando en los pubs y clubes nocturnos, la vida nocturna no se detenía solo por un par de grados bajo cero. Pero una historia distinta se contaba en esa parte de la metrópolis, específicamente un sector cercano a los centros públicos, todo estaba en calma rota simplemente por el transitar aleatorio de algún auto.

En un enorme edificio, bastante antiguo y con aspecto de imponente, a esas horas se podía ver una sola luz encendida en el tercer piso en una de las últimas ventanas. Esa ventana correspondía a la de un destacado académico, Robert Olson, y ese edificio era el Museo Británico, y él como curador tenía un estudio en ese lugar para realizar libremente sus investigaciones utilizando los archivos de la logia.

El profesor Olson era un hombre de edad madura, su cabello castaño comenzaba a vetearse de blanco, al igual que su cuidado bigote. Las arrugas alrededor de los ojos eran bastante notorias por su viejo hábito de entrecerrar los ojos al leer, pese a los lentes. Su traje de un color gris impoluto, acentuaba ese aire intelectual, todo el conjunto se completaba con unos lentes de montura oscura y pequeña. De personalidad algo retraída, pero con el don de la palabra, era una eminencia dentro de su área, específicamente su conocimiento en religiones y lenguas muertas.

En esos momentos estaba sentado nerviosamente en su sillón, y no dejaba de observar la hora de tanto en tanto, aún faltaban cinco minutos para que apareciera, debía estar tranquilo llegaría justo; conocía de muy cerca esa marcial puntualidad. Con varios antiguos pergaminos extendidos sobre su mena, y un cuaderno en la otra mano reviso algunas notas con impaciencia.

Justo a la hora programada, se abrió la puerta de su oficina, y dio lugar a la figura alta de un hombre de apariencia más bien juvenil, pero al observarlo con cuidado se notaba la experiencia en su mirada. Hizo un ligero gesto con la cabeza, antes de saludar. – Que tal Olson. – fue la seca, pero no menos que indiferente respuesta.

-Que gusto verlo señor Walter. – dijo lentamente ya con el control de su cuerpo recuperado. – ¿trajo lo que le encargue?

De su largo abrigo, de un bolsillo anterior extrajo un contenedor de pergaminos pequeño, y una daga de oro. Se acercó con trancos largos hasta la mesa y se los entregó al académico. – Aquí tiene. – fue la seca respuesta.

-Oh. – dijo ahogadamente. – Increíble. – alabó emocionado. – No creí que lograría obtenerlo en tan poco tiempo… - terminó ensimismado.

-Soy un profesional. – dijo brusco. – El ritual hay que realizarlo dentro de tres días, como podrá observar en los pergaminos. – señaló sin dejar de su expresión seria. – Hemos conseguido los elementos que nos faltaban para completar el rito.

-Lo sé. – aseveró tomándose la barbilla pensativo. – El vigilante primero me lo comunico hace unas horas, que el venerable maestro dispuso que la reunión será dentro de dos días.

-Entonces no hay nada más que agregar. – le cortó sin interés. Se volvió hacía la puerta. – Nos veremos en dos días.

Y sin más se dirigió hasta la puerta y salió de la habitación sin volver la vista o detenerse en ningún momento. Por otro lado Olson quedó con la vista puesta por donde ese muchachito tan extraño salía, había algo en él que lo intrigaba. Aunque no lograba determinar que era.

Solo fueron unos segundos que tardo en reaccionar y volver su atención a los pergaminos tenía menos de cuarenta y ocho horas para descifrarlo. Era trascendental para su ritual el contenidos de esos pergaminos, que hasta donde sabía pertenecían a un coleccionista árabe, que como varias veces antes había señalado que no los vendería, ahora extrañamente los había facilitados. Prefirió no pensar como lo hizo ese muchachito para obtenerlos, solo pensar en las posibilidades le erizaban los cabellos.

Y ya era bastante escalofriante de por si.


Integra con un pañuelo blanco que llevaba en su pantalón limpió con cuidado el sudor de la frente de Dimitri. Habían pasado solo dos horas desde que había empezado todo ese proceso, por llamarlo de algún modo. A esas alturas ella se había quitado el saco negro y arremangado su camisa rosa hasta los codos, con los primeros botones desabrochados. El cabello se lo había tomado en una desordenada coleta.

Junto a ella tenía una pequeña fuente con agua fresca, y cada tanto mojaba el pañuelo y se lo acomodaba en la sudorosa frente. Se había movido solo en intervalos cortos, para subir a ver a su pequeño hijo y cuidar su fiebre y la de Victoria, que hasta ese momento no estaba mejor que ninguno. Alexander mantenía un ojo en ellos mientras ella vigilaba a Dimitri. Lo más seguro para todos es que la viera a ella primero que a todos, después de todo Integra era su humanidad viva. Revisó nuevamente la hora, y ya era media noche con el paso de los minutos se sentía más y más inquieta. Solo quería terminar con esta pesadilla.

-Vuelve Alucard, necesito que vuelvas de una vez. – murmuró pasando el trozo de tela cuidadosamente por su rostro. Cuando iba a pasarlo por el cuello del hombre, se sobresaltó al sentir la mano de Dimitri deteniendo su movimiento. Ella se quedó quieta, esperando ver que haría. Por unos momentos todo se mantuvo estático, o eso fue hasta que él la soltara con brusquedad, apretó los ojos y se llevó las manos a la cabeza nuevamente.

-¡No resisto este dolor! – se quejó con voz ronca.

Ella no quiso tocarlo, pero se mantuvo a su lado atenta a cualquier cambio, y nuevamente él empezó a temblar, y a su vez todo a su alrededor. Dimitri apretó la mandíbula manteniendo la tensión en todo el cuerpo, cuando de pronto abrió los ojos. Asustada tomó su pulso y acercó su oído para escuchar su respiración, ambas estaban muy débiles. Centró su mirada en sus ojos abiertos y en las pupilas dilatadas, la tensión crecía y el se contraía aún más, cuando llegó al punto culmine rugió con tal fuerza que creyó que él desgarraría su garganta y pecho, y en ese momento de tensión pudo ver como esos ojos grises se volvían carmín, y como sus dientes apretados se volvían colmillos, tomó nuevamente su muñeca para chequear su pulso y ya su corazón se había detenido. Poco a poco el dejó de convulsionarse y la calma y el silencio volvieron a envolver todo la habitación. Pudo sentir como esa piel se iba enfriando y endureciendo como si se tratara de un diamante, ya no se podía ver el bronceado porque se había vuelto pálido como la luna, no había ninguna imperfección en su piel absolutamente tersa, y esa conocida energía y fuerza volvió a envolverla.

Se preguntó si Victoria o su hijo abrían despertado, pero había sido tan fuerte el tronar de esa habitación que aunque hubiesen gritado no lo habría escuchado. Pero por esta vez tenía que volver su atención en Alucard, lo necesitaba tranquilo y centrado, sino sería un peligro para su hijo. No podía permitir que nada le sucediera a su pequeño.

Solo transcurrieron unos pocos segundos cuando Alucard empezó cerró los ojos enfocando su vista, aún ligeramente desorientado tomó su cabeza mientras siglos de historia encajaban en su mente como si hubiese soltado una represa en un río seco, uniendo toda esa historia con estos cortos años de vida mortal. Se sentía mareado como si pisara algodón. Finalmente abrió los ojos y se sentó flexionando una pierna, mientras masajeaba sus sienes, sin parar de atar cabos.

Integra se había alejado unos metros, y lo miraba con aprehensión atenta a cualquier movimiento brusco. No dijo ni una palabra, y respiraba muy lentamente no quiero llamar prematuramente su atención. Alucard en su lugar y aún sin mirarla, comentó lentamente. – Es realmente hábil a quien se le ocurrió hacer todo esto, - la mujer se tensó, intentando interpretar el ánimo del conde. – y haberte dejado a ti como a la primera persona a quien viera al despertar, es un pasó magistral. – concluyó con un tono alarmantemente tranquilo, ella puso la mano sobre la pistola en su pantalón. – Si hubiera estado cualquier otro que no fueras tú lo habría asesinado sin siquiera pensarlo.

-Es una sorpresa escuchar eso. – respondió queriendo mantener su semblante frió, algo difícil cuando se sentía tan preocupada, y porque no decirlo temerosa. – Pero no puedo decir que no es conveniente.

-Siempre tan locuaz. – se burló ahora estudiándola cuidadosamente con sus profundos ojos borgoñas, de una manera tan detenida que la hizo estremecer de ansiedad. Esto era lo que tanto había anhelado, volver a ver a ese condenado vampiro vivo. Tenerlo enfrente con esa mirada malévola, y expresión ladina. – Esto era algo que no estaba en mis cálculos. No pensé que volvería después del ritual de ese día.

-Yo tampoco creí que te volvería ver… - dijo lentamente pero sin acercarse. No quiso decir vivo porque no era una expresión adecuada, después de todo acababa de volver a morir.

-Lo sé, tú expresión y tú mente es un absoluto caos. – entrecerró los ojos astuto, pero sin dejar esa expresión de arrogante desenfado.

-No intentes entrar a mi mente Alucard. –ladró más por costumbre que por estar verdaderamente molesta. Se sentía cada vez más agotada, y la adrenalina bajaba a niveles alarmantes y no tenía ganas al menos por el momento de seguir su protocolar comportamiento, después de todo ¡Alucard había vuelto, demonios!

Sonrió sagaz. – Ya lo hice. Me disculparía pero bien sabes que sería de colmillos para fuera. – su amplia sonrisa blanca con esos grandes colmillos brillaron en ese rictus loco tan normal en él. – Tengo muchas preguntas, tantas que creo que de inmortal es la primera vez que necesito respuesta. – se levantó sin dificultad, y con una elegancia señorial de la que hacía gala. – También tengo la certeza que las respuestas me podrán furioso y querré las cabezas de quienes nos hicieron esto… – comenzó acercarse hacía la mujer, Integra tuvo que refrenar el primer impulso de echarse hacía atrás, no podía dejar que la intimidara era la primera regla para manejar a este vampiro.

-Probablemente. Y creo no culparte de ello. – respondió con una energía y estoicismo, que disfrazaba la confusión de la que era victima.

-Losé pensamos igual. Solo que tú muy bien trabajada humanidad te detiene. – ya estaba frente a ella solo a unos centímetros mirándose fijamente a los ojos buscando la debilidad en el otro. – Pero yo ya no soy humano, Dimitri Dudnic es solo una gota dentro del océano de mis vivencias. Aunque eso lo dejare para más tarde, ahora solo tengo otra cosa en mente…

Integra lo miró con desconfianza, pero sintiendo el nerviosismo haciendo mella en su usual calma marcial. – ¿Hay sangre o desmembramiento de por medio?

-Puede llegar a ser tan divertido como eso. Especialmente en el fuego de la alcoba… - su expresión se volvió como la de un cazador, y ella conocía también esa expresión. Y pese a todo, no era el momento adecuado para eso.

Frunció el ceño con incredulidad. – Es en todo lo que piensas. – dijo con reprobación, rodando los ojos.

Amplio su sonrisa. – Claro, soy un libertino, no tengo decencia y además… - dejó la frase inconclusa ya sin ganas de dar tanto rodeo, solo quería besarla. Él, y Dimitri, estaban ansiando hacer eso desde que la había visto aún cuando no la recordaba su instinto la llevaba a ella, lo atraía como aún imán. Sin dejar de avanzar la tomó por el brazo atrayéndola hacía él, sin dejar de devorarla con los ojos antes de finalmente besarla con ardor, con una necesidad que traspasaba los limites del conocimientos. Pasó una de sus manos por su nuca profundizando el beso, mientras que con su otro brazo lo pasaba por su cintura, quería consumirla, y el entusiasmo con que respondía su amo solo terminaba de alentarlo, a no querer separarse de ella.

Integra con dificultad pudo apartarse solo un poco con la respiración entrecortada. – Tenemos que ir a verlos. – dijo abrazándolo, solo en ese instante se dejaría ser débil frente a él. – Hay cosas que solucionar antes. – concluyó, pero sin separarse de él. Su boca decía una cosa pero su cuerpo se aferraba.

-Algo más importante que el reencuentro de un par de amantes alejados por tantos años… - dijo retóricamente con voz profunda. – Ya sé que esta historia va estar aderezado con mi furia contra quien nos haya metido en todo esto. Solo quiero aplazarlo y no asesinar de inmediato. – terminó de una forma que a él mismo le causó una inquietud extraña, había un extraña sensación que aún le molestaba aunque no sabía de que se trataba, pero decidió ignorarla por ese momento.

- Hay que ver como están Victoria y… - buscó su mirada borgoña, sin temor. Porque ella no le temía, y aún se enfrentaría a él por su hijo. – Y Lionel. Necesito saber como resulto la transformación en ellos.

-¿Lionel? – cuestionó con una mirada que no fue capaz de descifrar.

Ella sonrió levemente. No sabía si era la forma correcta de decírselo, pero debía hacerlo ahora. Y dependiendo de lo que hiciera daría el siguiente paso. – Mi hijo… - agregó ella sin despegar sus ojos azules de los de él.

Alucard alzó las cejas con humor, y torció una sonrisa afectada. – ¿Tu hijo?... – cuestionó con un ligero toque de burla. – No querida. – ella le miró por un instante alarmada. – Nuestro hijo, mi vástago. Tú heredero. Mi sangre, y tú sangre, que ya es una. Un Hellsing y un Laus Dracul en un solo niño. – terminó en susurró solo para que ella oyera. La beso profundamente pero solo unos segundos.

Nuevamente frunció el ceño, taladrándolo con sus ojos azules. – Tú lo sabías no es así.

Enarcó una ceja sin perder su retorcido sentido de la diversión. – Por supuesto que sí. Lo supe a los poco días, tengo sentidos muy finos con los que pude percatarme rápidamente.

Integra bufó enojada. – Y porque demonios no me lo dijiste. – reclamó, apuñándolo con la mirada. – Pude haber echo una tontería y…

El agudizó la mirada, pero su expresión fue caustica. – ¿Acaso piensas que yo iba a permitirlo? ¿Crees por un segundo, que alguno hubiese tenido el poder para tocarlos mientras yo estuviera cerca? – ahora su expresión era de arrogancia pura. – Para eso querida mía, tendrían que haberme destruido, y como sabes ni yo sé como hacerlo.

Definitivamente no se esperaba esto, aunque escuchándolo hablar y utilizando la fría lógica era evidente que Alucard hablaba en serio, después de todo durante ese tiempo él estaba siempre a su lado, jamás la dejaba. Ahora entendía él porque, que visto desde este perspectiva tenía mucho sentido. Odiaba ceder a su ira tan rápido, era como dejarse ganar. – Supongo que con esto me has ahorrado muchos problemas. – dijo secamente, con algo de resentimiento. – Él no sabe nada, ni siquiera sé como explicarle, que su padre está vivo, y que es un dhampir.

-Entenderá. – dijo con una calma que irritaba a Integra. – Es un niño inteligente. – hizo una pausa y agregó. – Siento su energía tan familiar y a la vez distinta por ser otro ser, cuando lo vea, mis ojos terminarán de comprobar lo que mi instinto me grita.

-Entonces vamos. No alarguemos más esto.

Reticente la soltó, pero no permitió que se alejara del todo, pasando su brazo por el de él, Integra lo dejó demasiado desconfiada para alejarlo, no quería quebrar esa estabilidad que le parecía tan frágil y que a la vez le hacía temblar como a una niña insegura.

Todo empezaba a tejerse desde aquí, y pronto se verían su verdadera envergadura de los que se le venía encima, pero por ahora solo quedaba encajar lo más cercano e importante, que eran sus propias vidas.


Bien como les adelantaba al principio ya tenemos de vuelta a nuestro conde favorito. Si sé lo que están pensando, porque demonios está tan tranquilo, no le arrancó la cabeza a nadie no era algo que se viera venir. Pero créanme después de mucho pensarlo, llegué a la conclusión que ante todo Alucard acaba de volver de una serie de vivencias humanas, pese a lo que se crea Dimitri era humano pero seguía siendo él mismo, por lo tanto no puede suprimir esa serie de aprensiones nuevamente reavivadas de esa vida mortal que acaba de abandonar. Es parte sí mismo. Por otra parte me decante por este despertar fluido y sin tanto escándalo, pero no se crean que está será la tónica porque créanme que pronto el Conde se verá realmente cabreado. Así que esa explosión solo será dirigida a quien la merece.

Ahora también elegí este tipo de línea pensando en ustedes y por algo de ansiedad que yo misma tenía al pensar en que las cosas se complicarán desde ya, me costaría bastante más darle algunos momentos algo más fogosos por decirlo de alguna forma. Ahora les digo desde ya que no prometo ningún lime porque la verdad no me atrevo a escribir en esa área en particular, no confió en hacer algo más artístico que no caiga en la vulgaridad, no puedo abusar de mis escasas capacidades. Pero si puedo decir que intentare aumentar esa tensión (inserte el tipo que ustedes más les encaje xD) entre ese par con algunas insinuaciones.

En fin por otra parte ante la falta de sorpresa por parte de Alucard ante su vástago, si leen con detención el prólogo este hizo un insinuación hacía ellos, que intente fuera lo más vaga y amplia cuando dice, "se los debía". Ahora con todas esas memorias en su lugar simplemente tiene que atar cabos algo no difícil para él con ese agudo intelecto. Integra intente mostrarla más sentimental, pero buscando evitar la pastelosa cursilería que para que decir no les sienta nada.

Ahora cualquier duda ya sabe, review hare lo posible para aclararlos.

Es un gusto estar de vuelta, y espero que podamos leernos más seguidos.


Les saluda atte.


Brisa Black