CAPITULO X
A Hogwarts y con nueva alumna.
El día siguiente a las pruebas de aparición, y día anterior al regreso a Hogwarts, fue muy calmado. Se levantaron tarde, ayudaron a la señora Weasley en la cocina, plancharon su ropa y recogieron todas sus cosas durante la tarde. Hermione se ocupo de enviarle a McGonagall una carta donde le decía que si volvería al colegio. La profesora no tardó en contestarle y enviarle todas las indicaciones, y, por supuesto, su insignia de Premio Anual.
- Creí que ya le habías escrito diciendo que no volveríamos – le había dicho Harry.
Hermione sólo le había sonreído diciendo algo como que ella guardaba la esperanza de volver.
Ninguno hablo mucho ese día. La casa Weasley se sentía tétrica, como nunca antes. Todo se debía al regreso al colegio, este año sería muy distinto a todos los demás, no sólo estaban atravesando por uno de los peores momentos en la comunidad mágica con el regreso de Lord Voldemort, también tenían que enfrentarse de nuevo con la muerte de su querido director Albus Dumbledore. Era inevitable pensar en Hogwarts y no pensar en la 'rata traidora de Snape' y en como había sido capaz de matar a Dumbledore, la persona que había depositado toda su confianza en él.
Ron y Hermione, por su parte, no terminaban de arreglar su condición. Estos dos pasaron el día asediándose con miradas impúdicas y ocultas a la vista de otros. Más de una vez quedaron sólo permitiendo un momento de alta tensión que constantemente los empujaba el uno hacia la otra; de manera que descubrieron que las caricias y besos que se propinaban les resultaban de lo más gratificante y placentero.
- ¡Ron! – exclamó Hermione en un tono muy bajo apartando sus labios de los de Ron.
- ¿Que sucede? – preguntó Ron en un susurro.
- Creo que viene alguien – dijo Hermione.
- Esta bien – Ron se desembarazo de Hermione, se alisó un poco su camisa (Hermione lo imito) y desapareció con un 'Clic' en el piso de abajo.
Hermione se acomodo un poco los cabellos con la ayuda del espejo que había ahí y se apresuro a salir del baño justo cuando venía el señor Weasley.
- Buen día Hermione – le dijo.
- Buen día señor – lo saludo Hermione.
- Se te ve un poco agitada, estas muy colorada ¿te sientes bien? – quiso saber
- Oh! ¡Si, Si, muy bien! No tiene por que preocuparse – le contesto y cada uno siguió su camino.
Ya era de noche cuando Harry esperaba fuera del baño a que lo desocuparan y poder entrar para lavarse los dientes y de una vez ir a dormir un poco; esperaba no volver a tener uno de sus vívido sueños, verdaderamente quería dormir tranquilo siquiera unas cuatro, o tal vez sólo tres, horas. En ese momento Ginny salió del baño, él (Harry) estaba sentado en el piso junto a la puerta.
- ¿Llevas mucho tiempo esperando? – preguntó Ginny algo divertida por la situación en que estaba Harry.
- No, no, sólo estaba descansando un poco – respondió Harry a la vez que se levantaba del piso.
- Harry, no se los había dicho, pero me alegro de que hallan decidido volver a Hogwarts – dijo Ginny en un tono muy dulce.
- Aun que no lo creas, a mí también – contestó Harry acercándose un poco más a ella – después todo, tu, tenias razón, no sabemos por donde empezar a buscar. Aún no logramos saber quien RAB. Creo no hay mejor lugar por donde empezar que Hogwarts.
- Puede que sea así – dijo Ginny.
Por un instante, los dos, se quedaron callados tan sólo mirándose.
- Ginny, quiero que sepas que nuestra situación seguirá igual que hasta ahora, yo no…
- No te preocupes. Eso lo entiendo – le dijo Ginny sonriéndole de aquella manera que alguna vez ya la había visto hacer en el funeral de Dumbledore cuando le dijo que no podían seguir juntos.
»Sólo me gustaría – dijo de golpe, pero en su mismo tono calmado, cuando Harry hizo ademán de seguir al baño – que me dijeras: ¿Que puedo hacer con estas ganas que tengo de besarte?
Harry deslizo una de sus manos por la mejilla de Ginny y la contemplo por un instante.
- Yo no soy el más indicado para responder esa pregunta – dijo al fin.
Ginny lo miró con los ojos brillantes (por lagrimas que se apretaban unas contra otras para salir) y le dio un beso en la mejilla.
- Buenas noches, Harry – le dijo y se dio la vuelta para ir hasta su cuarto, en ese momento una lagrima corrió rápidamente desde uno de sus ojos hasta caer sobre su camisa.
- ¡Ginny! – la llamó Harry
Ginny limpio con disimulo el rastro de la lágrima y volteo.
- ¡Que duermas bien! – le dijo Harry.
Ginny le sonrió de nuevo y se dirigió a su dormitorio. Giro el pomo de la puerta y se adentro en la habitación.
- ¡Ron! – Exclamó - ¿Qué haces aquí? – le pregunto.
- Este… Yo… yo sólo… - Ron tartamudeó - quería entregarte esto – dijo mostrándole unos calcetines – Mamá los metió entre mis cosas.
- ¡Ya veo! – dijo Ginny algo extrañada tomando los calcetines.
- Bien, que tengan buena noche – dijo Ron – ¡Hasta mañana Ginny, Hermione!
Hermione le deseo buenas noches y Ron salió.
- ¿Qué le sucede? – preguntó Ginny a Hermione señalando con la mano, y el brazo extendido, hacia la puerta por donde había salido su hermano.
- ¿Por qué? No le veo nada raro – dijo Hermione arreglando la ropa en su baúl sin mirar a Ginny a la cara.
Ginny murmuró algo y dijo:
- ¡Ustedes están bastante raros!
- No se porque lo dices – dijo Hermione y levantando la vista a la altura de Ginny le dijo - : Voy a cepillarme los dientes ¡Ya vuelvo! – y salió del cuarto de la misma manera que Ron.
Esa noche, todos, se acostaron a dormir con muchos pensamientos rondando en la mente. Para Harry conciliar el sueño se veía de una manera inalcanzable. Pensamientos iban y venían dentro de su confundida cabeza; sentía una gran necesidad de conseguir los horrocruxes, no quería volver a Hogwarts, eso lo retrasaría en su búsqueda. Pero ¿Qué podía hacer? Fuera del colegía tampoco haría mucho y estaría perdiendo la oportunidad de terminar sus estudios y ser un auror, uno de sus mas grandes sueños desde hace un poco mas de un par de años. Por otro lado estaba Ginny, cada vez se le hacia más imposible no pensar en ella, en la madriguera la veía todos los días y a cada momento ¿Cómo podía sacarla de su cabeza de esa manera? Por suerte en Hogwarts no la vería tan seguido, normalmente no se juntaba mucho con ellos. Ron y Hermione, por su parte, tenían también mucho en que pensar esa noche; no era sólo el asunto de ir tras Harry en la búsqueda de los horrocruxes, también estaba el asunto de su relación. Entre los dos había surgido una relación amorosa y nadie en la casa lo sabía aun, la manera en como se los dirían le estaban devanando los ceso.
A la mañana siguiente todos se levantaron muy temprano. Harry sentía que no había dormido nada. Al señor Weasley le habían facilitado dos autos del Ministerio, y Moody y Tonks los acompañarían hasta la estación, a parte del Sr. y Sra. Weasley. Todo esto era por la seguridad de los chicos, especialmente de Harry que era como carnada fresca para tiburones.
- Remus dijo que nos esperaría en la estación – le comento Tonks a la señora Weasley, al esta notar que Lupin faltaba.
Moody ayudo a los chicos a subir sus baúles a la maletera de los autos. "Pig" se encontraba muy inquieta esa mañana, aleteaba y ululaba fuertemente cuando Ron fue a colocarla en el maletero, Harry tuvo que obsequiarle unas galletitas de las de Hedwig, algo que Hedwig no vio con buenos ojos. Al fin todos estuvieron dentro y listos para partir.
En la estación se encontraron con el profesor Lupin, tal como había dicho Tonks, los estaba esperando. Todo estuvo como siempre, aunque la protección que había sobrepasaba los límites esta vez. Del otro lado del andén nueve y tres cuartos había un agente del ministerio tomando nota de toda la gente que llegaba y otros más anotando todos los que subían al tren e inspeccionando el equipaje de cada alumno con una vara de metal relativamente larga que brillaba y expelía chispas de color azul. Todo era por protección, verdaderamente McGonagall tenía razón en lo que decía en la carta. Lo mejor es que esto ayudo a relajar a la señora Weasley, todo el viaje desde la casa hasta la estación de tren estuvo muy tensa. Antes de abordar el tren, como de costumbre, se despidió de de sus hijos, Harry y Hermione con un gran y fuerte abrazo y unas cuantas palabras, y como no, unas cuantas lagrimas:
- Cuídense… ¡No se metan en Problemas! Si necesitan algo sólo avisen…
- ¡Los estaremos esperando en Hogsmeade! – les dijo Tonks.
- Recuerden cargar siempre la varita a la mano y estén Alertas – le grito Moody cuando ya partía el tren
En el tren todo corrió normalmente, salvo por unos tipos del ministerio que se pasearon durante todo el viaje por cada uno de los vagones del tren. Al llegar a Hogsmeade fue casi el mismo proceso que en King's Cross, gente haciendo anotaciones de los alumnos y verificando el equipaje. Allí, entre todos, pudieron divisar a Tonks, que los saludo desde lejos porque estaba ocupada, y a Hagrid que estaba ocupado con los de primero. Harry se sintió verdaderamente aliviado al montarse en las carrozas que los llevarían a Hogwarts.
¡Por fin, habían llegado al castillo, tan imponente como siempre! Harry sintió una ráfaga de un frío aire recorrer su nuca y una sensación de pesar en el estomago. Miró hacia arriba "la torre golpeada por el rayo" y pudo revivir cada doloroso segundo vivido allí tan sólo unos meses atrás. Estaba tan ensimismado que no se dio cuenta cuando Malfoy pasó a su lado. Ron, que estaba al otro lado de Harry, le dio un golpe por las costillas despertándolo de todo pensamiento.
- ¿Qué pasa?
- Es Malfoy ¿No lo has visto? – preguntó Ron señalando a un lado.
- ¿Pero que hace aquí? ¿Cómo es posible que le hayan permitido volver al colegio después de lo que hizo? – dijo Harry completamente indignado
- ¿Cómo dices? – dijo Hermione abriéndose espacio para mirar hacia donde se encontraba Draco - ¿Malfoy aquí? – dijo Hermione claramente sorprendida.
- A alegado estar bajo el maleficio Imperius – dijo Ginny frescamente acercándose por detrás de los tres amigos. Harry no la había visto desde que tomaron el tren, al parecer tenía que encontrarse con alguien.
- ¿Tu como lo sabes? – inquirió Ron alzando una ceja con un dejo de perplejidad y desconcierto.
Harry y Hermione se encontraban en la misma situación
- No me miren así. Me he enterado en el tren. Veo que están muy desinformados – dijo Ginny mientras seguía su camino. Había caminado unos pasos más allá de Harry, Ron y Hermione cuando se volteo para decirles algo más - : ¡Ah! Se me olvidaba. Tenemos nueva alumna este año, entra al mismo año que ustedes – Ginny les guiñó un ojo y siguió junto a una amiga.
- No me puedo creer lo de Malfoy. ¿Cómo es posible que se tragaran todo ese cuento? – dijo Harry
- ¿Nueva alumna que entra al mismo año que nosotros? ¿Cómo es eso? – preguntó Hermione más para ella misma que para sus amigos.
- ¿Cómo es que ella sabe todo eso? ¿Por qué nosotros no nos habíamos enterado? – fue lo que dijo Ron, aun confundido.
Todos los alumnos entraron al Gran Comedor. Harry, Ron y Hermione con sus interrogantes en mente. Había algo especialmente curioso que los chicos habían notado, aunque no lo habían expresado ¡Malfoy no se había molestado en insultarlos, aun cuando había pasado junto a ellos! Algo verdaderamente extraño en el chico. ¿Qué había pasado con el? Ya habría tiempo para averiguarlo, mientras esperaban la Ceremonia de Selección para poder cenar, tenían mucha hambre.
Pronto se abrieron las puertas del Gran Comedor dando paso a Hagrid, quien llevaba el sombrero seleccionador en un brazo y el taburete en el otro, liderando al grupo de chicos del primer año. Hagrid colocó el taburete delante de las mesas y entrego el sombrero al pequeño profesor Flitwick que se haría cargo de la Selección. El sombrero fue colocado en el taburete y como de costumbre recitó su canción anual de selección.
- Cuando pronuncie su nombre, deberán sentarse en el taburete y colocarse el sombrero para que los seleccione a una de las cuatro casas – dijo el profesor Flitwick dirigiéndose a los alumnos de primero extendiendo un largo pergamino.
Después de que hubiese acabado la selección la profesora McGonagall se levanto y todos callaron.
- ¡Bienvenidos, alumnos a un año más en Hogwarts! – dijo – No quiero quitarles mucho tiempo, se cuan hambrientos deben de estar, sólo quiero presentarles a su nueva compañera de clases – Una chica de cabellos oscuros y penetrantes ojos azules entro al salón.
Iba vestida con una mini falda plisada de color negro, camisa blanca y unas botas bastante altas, y como sobretodo llevaba una fina túnica azul petrolizada.
Muchos de los chicos no tardaron en reparar cuan guapa era la chica. Todos miraban atentos.
- ¡Es ella! – se le escucho decir a algunos alumnos en las diferentes mesas
- Esta es la señorita Anabella Black – anunció McGonagall – Entrará al 7mo año gracias a una excepción que se ha hecho en el consejo escolar, viene de Durmstrang y les pediré que por favor le ayuden en lo que puedan – la profesora McGonagall se giro y dijo algo al profesor Flitwick, este se levanto y tomo de nuevo el sombrero seleccionador.
» Señorita Black sería tan amable de probarse el sombrero.
Anabella asintió y se sentó en el taburete con el sombrero en la cabeza.
El sombrero se tomó su tiempo para colocarla en una casa. ¡Quizás sería más difícil estando a esta edad! Pensó Harry, pero eso era lo que menos le importaba. Lo que verdaderamente le llamaba la atención era su apellido "Black" como Sirius, su padrino ¿Serían parientes? Sirius le había mostrado el árbol genealógico y a pesar de que los Black se habían mezclado con familias como los Weasleys y Malfoys, no recordaba a ninguna Anabella Black ¿O tal vez era de los que habían sido borrado del tapiz?
- ¡SLYTHERIN! – gritó el sombrero sacando a Harry de su cavilación.
La mesa de Slytherin irrumpió en aplausos. La chica se levanto y se fue a sentar a la mesa de las serpientes donde rápidamente saludo a Malfoy, lo que no se escapo a la vista de Ron.
- Has visto, parecen viejos amigos - dijo Ron
- Chitón – dijo Hermione porque McGonagal iba a hablar.
- Bien, bien. Es hora de comer – dijo y las mesas se llenaron de ricos manjares.
A Ron se le olvido rápidamente el asunto de Malfoy y la nueva alumna, y se dispuso a comer. Y Harry decidió que pensaría en el "parentesco" entre Sirius y la nueva chica después de la cena, seguida del postre.
Al desaparecer el último plato de postre, McGonagal se levanto nuevamente pidiendo silencio y la atención de todos. Anunció, como era costumbre, que el bosque dentro del colegio estaba prohibido y que Filch había prohibido unas cuantas cosas más, la mayoría proveniente de "Sortilegios Weasley". Hablo sobre la seguridad implantada en el colegio, los aurores que custodiaban dentro y fuera de el, mencionó a Dumbledore y lo agradecido que estaría de ver tantos alumnos de vuelta al colegio a pesar de los malos tiempos que atravesaban, dijo que haría todo lo posible por mantener todo bajo control. Al final del discurso presento a los nuevos profesores, porque como recordaran ya no tenían a Snape, y McGonagall ya no podía hacerse cargo del puesto de profesora.
Slugron seguiría como profesor de pociones, este se había ofrecido como voluntario para que el colegio siguiera en pie. Como profesor de defensa contra las artes oscuras tendrían a un profesor recomendado por el Ministerio… un tal John Braddock. Había un joven muchacho que ayudaría a supervisar los entrenamientos de quidditch… Si! Supervisar el quidditch ¡Ni eso podían hacer solos! Este muchacho era, nada más y nada menos, que Oliver Wood, el antiguo capitán del equipo de Gryffindor. Harry no entendía como no se había dado cuanta antes de que el estaba sentado en la mesa. Quizás sería porque, no sólo había crecido más, sino por su larga melena castaña que llevaba atada atrás con una coleta. Ha estas alturas debería contar con unos 21 años. Justo cuando McGonagall se disponía a presentar a la más nueva adquisición del cuerpo docente y la persona que tomaría su antiguo puesto entro Tonks al Gran Comedor apresuradamente hasta donde se encontraba McGonagall. Todos sintieron una oleada de miedo repentina, sabían que Tonks era una de los aurores que custodiaban el colegio, pero McGonagal hablo antes de que el pánico creciera más.
- No se preocupen muchachos. La señorita Tonks a sido muy amable al ofrecerse, no sólo para custodiar el colegio, sino también para ocupar la vacante de Transfiguración. Saluden por favor a su nueva profesora de Transfiguración – Tonks sonrió amablemente y su cabello color chicle brillo bajo la luz de las velas.
Al terminar de hablar McGonagall les pidió a los alumno que se fueran a dormir, todos obedecieron con gusto, estaban cansados del viaje y después de comer solo querían recostarse en su camas.
El barullo de alumnos era muy grande, todos se movían con rapidez y hablaban descontroladamente. Anabella avanzaba detrás de algunos Slytherins, cuando fue arrastrada a una de las aulas.
- ¡Ven acá! – le dijo Draco halándola por el brazo e introduciéndola a un aula vacía; hechizo la habitación para que nadie escuchara.
- ¿Que sucede? - interrogó Anabella
- ¿Me puedes explicar que haces aquí? – le pregunto fríamente Draco
- ¿Qué crees que se pueda hacer en una escuela, ¡Draqui!? – dijo Anabella con sarcasmo.
- No me trates de estúpido, Sabes que quiero decir. Te pedí que te fueras lejos, me jugué por ti, pero no, tu vienes justo hasta la boca del lobo ¿En que estas pensando...?
- ¡Primero! Yo no te pedí ayuda.
- Vaya! Ahora me vas a decir que querías que te entregara a ellos ¿no? – dijo irónicamente Draco
- Obviamente no... – contestó, algo apenada, a lo que le siguió un corto silencio - … Volví porque quería poner sobre aviso a Dumbledore... ¿Porque no me dijiste nada?
- Se me paso por alto... a demás no creí que te importara...
- Como no, sabes que no estaba de acuerdo con eso... y ¿Cómo es posible que se te pasara por alto algo tan importante? – le dijo casi a gritos.
- NO SE. Quizás será porque estaba preocupado de NO revelar tu Paradero a ELLOS – dijo alterado Draco
Anabella no dijo nada
- Quiero que sepas que ¡yo no lo hice! – dijo Draco después de calmarse
- ¡Lo se!. No serias capaz. Se que Snape lo hizo por ti.
- ¿Cómo te enteraste?
- ¡Me extraña que aun no lo sepas primo! Estoy de vuelta. El Sr. Tenebroso ha perdonado mis idioteces - dijo con arrogancia Anabella - Le he dicho que volví por el, y me...
- Pero que dices... ¡que sarta de estupideces!... eres... ¿Eres idiota acaso?
- ¡No te permito que me insultes Malfoy!
En este punto de la conversación ninguno de los dos se pudo controlar más y reventaron en gritos
- ¿Porque no huiste como te lo perdí?... Eres masoquista... no comprendes...
- ¡NO! ¡El que no comprende eres tú! Es nuestra obligación, nuestro deber - y subiéndose la manga de la camisa - ves esto - dijo mostrándole a Draco su antebrazo izquierdo - Jamás habría podido huir , esta cosa es como un radar, fuera a donde fuera, tarde o temprano me encontrarían y la paga... no, no me quiero ni imaginar, no viviría para contarlo...
- No sabes lo que daría por haber tenido tu oportunidad
- Y que te impide irte si según tu es tan fácil... ¡Ah! se me olvidaba, no eres más que un cobarde...
- Sabes que no es así ¡Mi situación es otra completamente diferente! – le contesto Draco y salió golpeando fuertemente la puerta.
Anabella se quedo en la habitación tratando de pasar su enojo cuando calló en la cuenta que no sabía como llegar a la sala común.
- ¡Maldición! – susurró para sí – ¡Hey! ¡Draco! – lo llamó abriendo la puerta, nadie quedaba ya en los pasillos – Espérame, No se donde queda la sala común de Slytherin.
