CAPITULO 10

— ¿Alice, que viste? – pregunto Jasper, apenas estuvieron fuera de la oficina.

Alice miro en todas direcciones, comprobando que nadie les oyera. – Vi su futuro, Jasper. Lo vi.

— ¿De verdad?, creí que no podías. Que él era inmune a los poderes.

— Yo también lo pensaba, pero cuando lo toque. . . – Alice ni siquiera sabía cómo describirlo. – Lo vi, vi a la bruja viviendo hacia nosotros, con un ejército bajo su mando.

— ¿Un ejército?, podremos con él, Alice. Siempre hemos podido.

— Lo sé, pero no. . . No es eso lo que más preocupa. – Alice no se podía creer que lo estuviera diciendo, por supuesto que un ejército desconocido era de temerse. Aun que quizás no tanto como la siguiente parte de de la visión.

— ¿Entonces que te tiene tan asustada?

Alice suspiro para tomar valor. – Es Edward.

— ¿Edward?, oye se que Carlisle se veía furioso pero no creo que el vaya. . .

— No, no me refiero a eso. Yo. . . Vi a Edward con sangre corriendo por sus labios, y creo que esa sangre era de Demian.

— Edward jamás lo lastimaría, Alice.

— ¿Que no?, tú mismo viste como lo trata.

— Si, pero una cosa es que no le agrade el chico y otra muy distinta que vaya a asesinarlo por ello. Edward no es asesino, Alice.

— Lo sé, yo solo. . . no sé qué pensar. Esta visión no fue como las otras, no la sentí como algo que pudiera pasar, si no como algo que seguro pasara. Es complicado.

Jasper no sabía que pensar, pero con el paso de los años había aprendido que hacer caso de las palabras de su amada siempre era lo correcto. Aun que aquella vez, estaban hablando del honor de su propio hermano. Y el tampoco podía darle la espalda a la fe que tenía en Edward.

— ¿Entonces, qué quieres hacer, amor?

— No quiero desconfiar de Edward, pero tampoco quiero arriesgarme a que algo malo pase cuando pudimos impedirlo. – Se quedo un segundo callada, esperando que Jasper recordara la lección más importante que ambos habían aprendido durante su corto viaje a los Apalaches, cuando conocieron a un viejo curandero, especialista en hierbas.

Y como siempre, Jasper tenía en mente lo mismo que ella. Estaban conectados.

— ¿Segura que quieres hacer eso? – le pregunto.

Ella asintió. – Bastante. Pero no puedo hacerlo sola. Por favor dime que vas a ayudarme.

Jasper no tuvo ni que pensarlo. Después de todo, la idea secreta de su novia no sería ir en contra de la confianza de Edward, si no, un simple seguro para garantizar que pasara lo que pasara, Demian y su hermano saldrían bien librados.

— Hagámoslo.

Alice sonrió, le tomo de la mano y empezaron a correr.

El tiempo aun estaba de su lado.

. . .

Ángel escucho pacientemente todo lo que el Sheriff, o como él se llamaba a sí mismo, el jefe de la policía de Forks, le dijo. Que al parecer una banda de ladrones habían atacado a un par de jóvenes con armas eléctricas, y que Demian lo había presenciado todo, y que necesitaban una declaración de los hechos para poder investigar y dar justicia a los pobres chicos que en ese momento seguían hospitalizados. Sin embargo, Ángel supo desde el preciso momento en que escucho la palabra "electricidad", que no hubo ninguna banda de ladrones, solo su hijo y sus poderes.

— Entonces, ¿tengo su permiso para tomar la declaración de su hijo?

Ángel se paso una mano por la cara, de verdad no se podía creer que Demian hiciera tal cosa con sus poderes, solo esperaba que hubiese una buena explicación o su hijo estaría metido en muchísimos problemas. — ¿Qué pasa si no lo hace?

Charlie Swan esperaba otro tipo de respuesta, pero como padre, entendía por completo su reacción. – Bueno, tendría que pedirle a un juez una orden para que le obliguen a declarar.

Ángel sonrió, pero no de una manera agradable. – Oficial Swan. Soy abogado. – dijo muy confiado, pues no era del todo mentira. Había dirigido la compañía legal del diablo por más de un año, y eso le había enseñado muchas cosas. Sin embargo, no aplicaría el conocimiento legal, sino algo mucho más fácil. Su poder.

En casa, Ángel tenía la habilidad de controlar las mentes de las personas, y si lo que había visto con los poderes de Demian era cierto, entonces él debía de seguir conservando dicha habilidad. Se concentro en abrir la mente de Charlie, y luego de unos segundos noto como la mirada del hombre se volvió perdida y profunda. Estaba funcionando.

— Soy el abogado de mi hijo, usted no necesitara una declaración suya, porque. . . – lo pensó un segundo, armando la única coartada que legalmente impediría a Demian dar declaración ante un juez. — Usted mismo fue testigo de lo que paso, la banda de. . . – se sentía tonto por decirlo, pero no tenia opción. – La banda de ladrones poseía armas de electroshock, atacaron a los dos que están en el hospital, luego fueron a por mi hijo, pero usted. . . Usted llego a tiempo para salvarlo. Y se lo agradezco muchísimo, usted persiguió a los. . . – Ángel pensó rápidamente en un número adecuado de atacantes. – Tres sujetos, no les vio la cara porque llevaban pasamontañas, pero eran 3. . . Y se escaparon. . . Mi hijo no tiene nada que ver en ello. ¿Entiende?

Charlie palideció y asintió, el hombre tenía razón.

— Tu hijo no tuvo nada que ver, yo vi a los tres asaltantes y se me escaparon. Eran tres. – repitió como un robot.

A Ángel no le daba ningún gusto tener que jugar con las mentes de las personas, pero a veces, como en ese momento, era algo más que necesario.

— Entonces, ¿puedo llevarme a mi hijo? – Ángel saco su mente lentamente de la de Charlie, y una vez que lo logro, el semblante del hombre volvió a la normalidad. Como si nada le hubiese pasada.

— Sí, claro. No hay razón para que siga aquí.

Ángel sonrió, complacido. Se puso de pie y extendió su mano. — Gracias por todo Oficial Swan.

Charlie estrecho su mano, con firmeza. – No, a usted señor Galway. Lamento haberle hecho perder su tiempo.

— Tratándose de mi hijo, el tiempo nunca se pierde. – dijo muy seguro y salió de la oficina con paso firme. Demian y Emmett se levantaron de sus asientos en cuanto vieron que se aproximaba.

— Papá

— Vámonos. – Ángel puso su mano tras su espalda y lo impulso a caminar, antes de que Charlie o algún oficial más tuviera la inteligencia para preguntarles algo más.

— ¿Y la declaración? ¿Qué ha. . .?

Ángel no dejo terminar al chico sus preguntas. — Demian, vámonos. Ya me encargue de eso. – le dijo.

— ¿Te encargaste?, como lo. . . – Demian se quedo callado, pues la mirada que su padre le acababa de dirigir era más que mil palabras, más que cientos de explicaciones. — Ah, ya entiendo. – murmuro finalmente.

Ángel suspiro, y lo tomo de la mano para llevárselo de ahí. — Vámonos, tienes algunas explicaciones que dar. – dijo.

— Oup – murmuro Demian, sintiéndose tonto por haber pensado que Ángel no se daría cuenta de lo que había hecho. – ¡Espera! Debo regresar esto. – levantando la orilla de la manta roja que llevaba puesta.

Ángel asintió. Y Demian se acerco al mostrador fuera de la oficina del oficial Swan, para entregarle la cobija a la secretaria. En eso, Emmett se acerco a Ángel.

— Yo los llevare de vuelta, Carlisle pidió que le disculparas. Tuvo un. . . – no sabía cómo llamarlo para no avergonzar a su hermano con el castigo que estaba seguro, estaría recibiendo ya. – Mal entendido con Edward, y tuvieron que irse.

— Entiendo, ¿puedo conducir el auto? – pidió Ángel, de verdad necesitaba concentrarse en otra cosa antes de empezar una discusión con su hijo, sobre el uso de poderes.

Emmett se encogió de hombros y le entrego las llaves. — Claro. Te guiare por el camino de vuelta.

— Gracias. — Demian regreso. — Salgamos de aquí.

Ángel puso una mano tras la espalda de cada chico para impulsarlos a salir. Aun que no estaba seguro de si la palabra chico aplicaba del todo en Emmett. Pues aun que era obvio que seguía conservando el espíritu fresco de un joven, su cuerpo era demasiado maduro como para dudar. Incluso, era exactamente igual de alto que el mismo Ángel y ni hablar de cuando grande eran sus brazos en realidad.

Subieron al auto de Carlisle, Ángel al volante y los dos chicos en la parte trasera.

— Cinturones. – ordeno Ángel, lo último que quería es que alguien fuese a pararlo más adelante y volvieran a involucrarlo de nuevo con la policía.

Los chicos obedecieron, y Ángel avanzo.

— Bien, ¿cuéntame que paso realmente? – pregunto Ángel. No podía esperar más tiempo para saber todos los hechos.

Los chicos se miraron algo confundidos, aun que los dos sabían perfectamente a quien se estaba dirigiendo.

Demian asintió levemente y empezó a hablar. – La bruja me ataco.

Ángel casi frena bruscamente, pero logro contener sus reflejos. — ¿Qué dices? – no podía creer lo que estaba escuchando. — ¿Cómo que la bruja te ataco? ¿Por qué no lo dijiste desde el principio?

Demian se encogió de hombros. – Uh, no lo dije porque por si no recuerdas, estábamos rodeados por policías. – dijo con demasiado cinismo para el gusto de Ángel, sin embargo, hasta el tuvo que admitir que el chico tenía un buen punto.

— De acuerdo, la bruja te ataco. – repitió, juntado toda la rabia en su interior. — ¿Dónde estaban ustedes? – pregunto a Emmett entonces.

Emmett iba a responder con la verdad, su verdad, pero Demian le arrebato la palabra de la boca.

— No fue su culpa, papá. Los chicos me estaban cuidando muy bien, pero yo. . . – Demian se dio cuenta de que lo estaba por decir, era una confesión de haber roto más que un par de reglas primordiales de su padre. Y aun que estaban en otro mundo, estaba seguro de que Ángel no lo dejaría pasar. Aun así, no podía mentirle, no sin inculpar a los Cullen. — ¿Recuerdas lo que te dije que. . . sentí la vez pasada en la escuela?

Ángel se puso frio. – Si

— Pues paso de nuevo, yo. . . la sentí cerca de nosotros. Me aleje de los chicos sin que se dieran cuenta y. . . Y la encontré.

Ángel no sabía si estar aliviado de que su hijo estuviera bien luego de dicho encuentro, o furioso. Habían hablado muchas veces ya sobre pedir ayuda a un adulto cuando esa clase de problemas sucedían, pero Demian parecía estar empecinado en ponerse en peligro así mismo y a hacer las cosas a su manera.

— ¿Y luego que paso? ¿Por qué hay dos sujetos en el hospital? – Ángel se armo de paciencia para escuchar el resto.

— Ellos aparecieron de la nada, pensaron que yo estaba agrediendo a esa mujer.

— Y tú los atacaste.

— ¿Qué? – Demian estaba ultrajado. — ¡No! claro que no los ataque.

— Demian, el oficial dijo que fueron atacados con una descarga eléctrica. Como la que dijiste que tus poderes emitían y que recuerdo haberte dicho que no usaras. – dijo, remarcado cada palabra para hacerle ver que no estaba para juegos.

— No tuve opción ¿sí? – respondió de malos modos. — La bruja uso un hechizo en ellos, los convirtió en bestias y ellos me atacaron. . . Tuve que usar mis poderes para evitar que me arrancaran los brazos. ¿Sabes si están bien? – de verdad le preocupaban ellos.

— El oficial no lo menciono. Pero eso no es lo que me molesta.

— ¿A no? – Demian estaba genuinamente sorprendido.

— No, lo que me molesta es que hayas vuelto a escaparte sin decirle a nadie. Lo que me molesta es que no se te ocurrió decirles a ellos que te acompañaran, mejor, que les advirtieras que se alejaran de ahí – después de todo, el enfado en Ángel había ganado.

Demian negó con la cabeza, por supuesto que esperaba escuchar tal reproche de su padre. – Yo no quería. . .

Ángel no dejo que continuara.

— Lo sé, Demian, lo sé. No querías escaparte, repites mucho eso hijo, pero sigues haciéndolo. – el tono de voz de Ángel fue subiendo peligrosamente, igual que su enojo. Imaginar a Demian solo, a merced de aquella bruja no fue para nada reconfortante. — Sigues haciendo cosas sin pensar y sigues jugando con tu vida. A veces me pregunto si eres así de estúpido o si en verdad quieres morir. . — Desde el mismo segundo en que sus palabras salieron por su boca, Ángel se arrepintió. Supo que había cometido un grave error. – Hijo, yo no quise. . . – trato de arreglarlo, pero ya era tarde. La mirada de Demian estaba llena de desilusión, y ni siquiera le dejo disculparse.

— No, yo no soy tu hijo. – Demian hablo con todo el resentimiento del mundo, pues era así como se sentía por dentro. – Solo soy el estúpido que rechazo cortarte la cabeza para poder regresar a mi mundo.

— ¿Qué? – Ángel estaba desquebrajado.

— Lo que oíste, la bruja no ha venido tras de mí. Si no de ti, Ángelus. – dijo con veneno intencionado en sus palabras. Y funciono, pues la cara de Ángel se volvió más pálida de lo normal. El nunca había escuchado a su hijo llamarle de esa forma, y ahora se daba cuenta de que era aun peor de lo que pudo imaginar. – Así te llamo, y dijo que merecías morir. Así que supongo que te conoce o ha charlado contigo.

— ¡Demian! – le reprimió Ángel, no le gustaba para nada cuando le hablaba así.

— Lo siento, soy demasiado estúpido para saber lo que digo. – dijo, desviando la mirada hacia fuera del automóvil. Como hacia siempre que no quería seguir hablando. Y Ángel no dijo nada mas, pues no sabía que decir para arreglar las cosas. Odiándose a sí mismo por no haber pensado mejor antes de hablar.

. . .

Carlisle y Edward regresaron a casa en completo silencio. Edward no había querido decir nada porque estaba tan molesto, que sabía cualquier comentario que hiciera terminaría dañando aun mas su relación con Carlisle. Y este último tampoco había dicho nada, porque sabía que Edward llegaría al punto de hacerle perder la paciencia y entonces terminaría castigándole a media carretera o forjándose un castigo mucho peor para cuando llegaran a su casa.

Carlisle estaciono el automóvil de Edward junto a la casa, y antes de abrir los seguros, decidió hablarle. Lo último que quería era armar una escena dentro de la casa, con Esme escuchándolo todo.

— Edward, ¿Por qué odias tanto a Demian?

La expresión de odio de Edward se torno en una de confusión. ¿De verdad su padre estaba preguntándoselo?

— Es un monstruo, nos ha puesto a todos en peligro al venir aquí.

— No fue su decisión, Edward. Los enviaron aquí en contra de su voluntad.

— Lo sé, pero eso no significaba que tuviesen que intervenir en nuestras vidas.

— Esa tampoco fue su decisión, Edward. Fue mía, yo los traje a nuestras vidas. . . Cúlpame a mí por ello.

Edward se cruzo de brazos. – Esta bien, te culpo a ti. – Dijo con demasiada insolencia en su voz, aun que su mirada lo único que Carlisle podía ver era miedo, un profundo miedo que estaba consumiendo su bondad y transformándola en odio. Ahora lo entendía todo. – Y si. . . – la voz de Edward de quebró. – Si alguno de nosotros muere por su culpa, yo nunca voy a perdonarte.

— ¿Por qué lo. . .? – Carlisle no tuvo ni que preguntar, conocía muy bien la conexión mental que Edward compartía con Alice. — ¿Viste la visión de Alice, cierto? ¿Sobre la bruja y Demian?

Edward asintió miserable. – Ella podría matarnos a todos, y por culpa del mocoso.

— Oh, Edward. – Carlisle trato de alcanzarle el rostro con la mano para limpiarle las lagrimas, pero Edward no lo permitió. – Edward yo nunca dejaría que nada te pasara, ni a tu madre o tus hermanos. Daria mi vida antes de que algo les pasara a las suyas, ¿entiendes?, daría mi vida. Porque ustedes lo son todo para mi, son lo que más amo.

Edward lo miro a los ojos entonces, Carlisle tenía el poder de la compasión y por ende, del amor, pero casi nunca decía que les quería en voz alta.

— Hijo, lamento mucho haberlos puesto en peligro. No soy tonto, lo supe desde el momento en que conocimos a Ángel y Demian. . . Pero no puedo darles la espalda, hijo. Y no solo porque literalmente mi compasión no me dejaría. Si no porque son buenas personas. . . – Edward dio un bufido, mientras se limpiaba las lágrimas. – Se que tu no lo crees, pero lo son. Demian no es tan diferente a ti. . .

— Claro que lo es, es una abominación.

— No, no lo es. El es especial, es mitad humano y mitad vampiro. . . Mitad como nosotros, mitad como tú, y mitad lo que solíamos ser. ¿Acaso no recuerdas lo que es ser un niño de esa edad?

Edward jamás lo admitiría en voz alta, pero ese era justo parte del problema. Recordaba bastante bien ser un adolescente, de hecho, el solía tener el mismo espíritu valiente que Demian había demostrado tener, el mismo. . . temple para hacer frente a las situaciones, aun que fuesen superiores a él. Quizás por eso chocaba tanto con el chico, porque era un recordatorio andante de la persona que solía ser, y que jamás podría volver a ser. Quizás, sentía un poco de celos por ello, pues aun que Demian compartiera parte de su maldición, no compartía las peores partes. El no tendría que contenerse nunca para no arrancarles la garganta a las chicas, podría crecer, dejar la preparatoria y tener una familia, tener hijos. Todo lo que Edward en algún momento deseo.

— Supongo que. . . – admitirlo, aun que fuese de una manera más implícita, era mucho más difícil de lo que Edward esperaba. – No le odio, solo. . . Me asusta pensar en lo que puede hacer.

— Lo sé, y lo entiendo. Pero si te das tiempo para conocerlo, te darás cuenta de que no nos lastimaría nunca. Es un buen chico, Edward. Solo dale una oportunidad.

Edward aspiro fuerte, su padre no se detendría, y quizás, solo quizás, tenía razón aquella vez.

– Bien, lo hare.

Carlisle sonrió. – Genial, entonces vayamos a dentro para terminar esto.

Edward abrió muchos los ojos, de verdad esperaba que su padre perdonara su actitud y su consecuente castigo. — ¿De verdad vas a castigarme?

— Si, te advertí lo que pasaría si seguías con esa mala actitud.

— Pero ya dije que lo siento.

— Lo sé, y te creo. Pero aun así, te portaste mal y sabias que habría consecuencias por ello. Así que lo siento, pero no me dejaste opción. Vamos a subir directo a tu habitación, y te daré las nalgadas que te ganaste. . .

Edward asintió miserablemente, conocía bastante bien a su padre como para saber que una vez que tomaba una decisión, jamás cambiaba de opinión.

— Bien, entonces vamos.

Carlisle abrió los seguros de las puertas y dejo a su hijo salir. El espero unos segundos más en el auto para pensar bien su decisión, castigar a Edward no era de su agrado, pero entendía muy bien que a veces, ser padre no tenia porque ser agradable. Así que haría aquello, castigaría a su hijo por su propio bien.

Salió del auto y camino lentamente tras su hijo.

* Por favor Review!