La primera impresión que tuvo de Thomas cuando le dijo que fuera su mascota era que el chico estaba chiflado, la segunda fue que tal vez era un pervertido fetichista de lo peor que la obligaría a usar orejas y cola de gato aunque no tenía nada en contra de los gatos a Hermione no le apetecía volver a parecer uno y la ultima fue que Thomas Goldsmith era un demonio. Un demonio que disfruta torturándola.
-Abre la boca bien Hemione –dijo mientras acercaba un trozo de pastel de calabaza a su boca.
- No quiero ¿Por qué tengo que hacer eso?-contesto huraña por la vergüenza de que todos los alumnos se encontraban viendo la escena.
-¿Prefieres hacerlo al revés?, lo siento pero eso no es posible.
-¡No quiero hacerlo al revés, no quiero hacer esto!-exclamo furiosa.
-Está bien pero tienes prohibido comer algo que yo no te dé, eres mi mascota y una mascota come solo lo que su amo le da –respondió con una total seriedad escalofriante.
¿Amo? Pensó temerosa la castaña por lo que aquello implicaba, además si las mascotas comieran solo lo que sus amos les dan no tendría tantos problemas con Crookshanks.
-Eso no es cierto mi gato come las ratas del castillo.
-Bueno Granger solo puedes comer lo que yo te dé o las ratas del castillo –comento indiferente.
Hermione cruzo los brazos totalmente ofendida, mientras su cuerpo la traicionaba, joder no debió haberse ido a dormir sin cenar y porque rayos Thomas tenía esa asquerosa mueca de felicidad en su cara a cada bocado que daba Al final no pudo comer nada porque su orgullo no se lo permitía, no iba a rebajarse ya le enseñaría a ese maldito de que estaba hecha, no la iba a estar vigilando todo el día y en cuanto se descuidara iría a las cocinas a pedirle algo a los elfos.
Las clases nunca fueron tan agobiantes para Hermione estaba ansiosa porque terminaran y aun más por los extraños ruidos que su estomago emitía que le hacían recordar el arrancar del auto viejo de la tía Pollie y lo peor era la gran sonrisa arrogante de aquel demonio, con aquella estúpida sonrisa como si fuera el hombre más jodidamente feliz del mundo. Quería golpearlo.
Salió mucho antes de sus clases asegurándose que Thomas no le pisara los talones paso ágilmente por el salón de entrada, ya podía saborear la comida, cuando pudo divisar el cuadro del frutero su sonrisa se transformo en una mueca horrorizada. ¿Como demonios había llegado antes que ella?
-Granger que coincidencia venia por un bocadillo – exclamo con una mueca inocentemente falsa.
Hermione estaba por irse cuando Tom expreso.
-Granger no te vayas ¿que no venias a la cocinas de los elfos?
Tom le hizo cosquillas a la pera del retrato y sin previo aviso la condujo a la cocina. Solo percibir el olor de la deliciosa comida fue suficiente para que comenzara a salivar, se sentía como si fuese uno de los malditos perros de Pavlov.
-¿Quieres comer algo Hermione? –pregunto con voz aterciopelada de forma extremadamente dulce.
La castaña negó furiosamente.
-Entonces ¿Por qué otra razón vendrías si nos es por comida?-pregunto, de la misma forma y Hermione se sorprendió por lo retorcido que podía llegar a ser.
Su mente trabajaba rápidamente y con una confianza colosal contesto.
-Vine a ver a los elfos.
Tom se mostro sorprendido pero de inmediato volvía tener esa sonrisa encantadora.
-Bueno yo vine por un bocadillo a sí que porque no te acompaño.
-¡No!
Tom volvió a descomponer su sonrisa pero al igual que la anterior vez, apareció casi instantáneamente.
-Hermione hieres mis sentimientos, nunca pensé que no fuera de tu agrado –afirmo melodramáticamente.
- ¡Me importa un comino si daño tus sentimientos, tú has estado jodiendo todo mi día!
-¿Jodiendo?, Hermione ese no es un lenguaje propio de una señorita – dijo de forma falsamente alarmada.
-¡Yo diré tantas palabrotas como quiera!
Tom iba a volver hablar cuando Hermione contesto ofuscada.
-¡Y me importa una mierda lo que creas, me importa una mierda lo que los demás crean!
-Pues eso parece mira como tienes a los pobres elfos.
La castaña volteo y no pudo evitar ponerse roja de vergüenza, los pobres elfos estaban arrinconados mirándola con sus grandes orejas agachadas y con sus grandes ojos cristalinos. Amontonados temblando de miedo. Los únicos que no se encontraban aterrorizados eran Winky y Dobby, tal vez pensó sombríamente porque ya estaban acostumbrados un poco a los gritos de sus antiguos dueños. Esa idea solo la hizo sentirse aun peor.
Como era posible que él retorciera todo de modo donde ella ahora lucia como la mala de la historia. Eso la hizo explotar aun más.
-¡Tú, retorciste todo hasta este punto!
Él la miro interrogante como si en verdad no supiera lo que había hecho, lo cual la hizo exasperar. Con este nuevo grito los elfos temblaron una vez más. Harta tomo a Thomas de la mano y lo arrastro fuera de la cocina.
-¡Suéltame! – Exigió y Hermione lo miro sorprendida por el tono totalmente carente de sentimiento con él que lo dijo, la castaña se negó por lo que él se soltó bruscamente.-Creo que no has entendido bien tu eres mi mascota, una mascota obedece a su dueño, ¿sabes lo que pasa cuando esta desobedece a su dueño?, Y aun peor ¿sabes lo que sucede si este se atreve a lastimar a su dueño? – inquirió perversamente mientras las castaña notaba algunas marcas en la blanquecina piel del pelinegro causada por la fuerza con la que tomo su mano.
Claro que Hermione sabía lo que sucedía, cuando era pequeña había tenido un perro su querido Beagle, Ringo. Cuando Ringo se orinaba dentro de la casa su padre solía golpearlo en el hocico, a la tierna edad de 3 años a Hermione le pareció un acto de lo más cruel y se pregunto a si misma si a ella la golpearían igual si orinaba la cama de nuevo, desde ese día a pesar del miedo Hermione se levantaba todas las noches al inodoro. También recordó el día que Wendy jalo las orejas de Ringo, él no se iba defender, él no iba a morder a Wendy a pesar de que chillaba por el dolor y Hermione no pudo evitar pensar que si ella no le hubiera ordenado que lo hiciera él nunca se hubiera defendido, él nuca hubiera mordido a Wendy y él nunca hubiera sido sacrificado por su padre.
-"No necesitamos a un perro que ataque a sus dueños" –había dicho su padre cuando Hermione le imploraba con ojos llorosos que no lo llevaran a la perrera, pero su padre hizo caso omiso a sus ruegos y nunca más volvió a ver a Ringo.
Thomas no la llevaría a una perrera de eso estaba cien por ciento segura., pero el solo pensar que haría para que su "mascota" se comportara le daba escalofríos. La torturaría, le haría ir a gatas como si de verdad fuera un animal, la haría tomar pociones venenosas, probaría hechizos con ella, ¿qué haría?...
-¿Vaya parece que en tu mente soy un bastardo malnacido –dedujo Tom al ver todas las caras angustiadas hechas por Hermione –no te preocupes aún no planeo nada en concreto contra ti –termino con una escalofriante sonrisa amable.
"Nada en concreto contra ti", entonces que carajos era todo el infierno que estaba viviendo en esos momentos, pobre del infeliz que fuera el objetivo que aquél sádico. Estaba tan encimada en sus pensamientos que no se dio cuenta de cómo Tom se movía ágilmente, se sobresalto cuando sintió sus cálidas manos en su cuello, ¿Qué diablos?, después sintió algo el frio. Metal…, una gargantilla.
-¿Qué haces?
-Poniéndote un collar, no hagas preguntas estúpidas.
Hermione lanzo un bufido molesta, se aparto bruscamente de su lado pero ya era muy tarde; el collar había sido puesto y la magia impregnada en él comenzaba a funcionar. La castaña lo miro entre furiosa y dudosa.
-Me encantaría decirte que hace pero creo que le quitara la diversión a que tú lo averigües por ti misma.
Hermione estaba dispuesta a sacar su varita y hechizar a Thomas hasta que le quitara ese condenado accesorio, cuando fue interrumpida por la falsa voz amable de este.
-Harry, que gusto verte.
La castaña giro conmocionada, no podía permitir que Harry conociera su situación ya bastante tenía con Umbrige y Voldemort como para que ella lo agobiara, Hermione sabía que para él, ella era algo imperturbable algo que siempre estaría para él, apoyándolo o regañándolo, ayudándole en sus tareas, alguien con quién podía desahogarse de absolutamente todo al igual que sabía que eso no aplicaba al revés, simplemente porque su relación no sería la misma.
Harry observo el nerviosismo en la cara de Hermione pero prefirió ignorarlo.
-¿Te diriges a tu castigo con Umbrige? - preguntó Tom disfrutando la cara de mortificación de la castaña al formular la pregunta
-Si –contesto secamente
- Creo que estuvo bien lo que hiciste Harry, yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo –dijo el pelinegro mostrando una sonrisa cómplice.
-Gracias Thomas – contesto el ojiverde de mejor humor, Hermione se sorprendió por el tan rápido cambio de humor de su amigo.
-Me gustaría quedarme más tiempo pero me tengo que ir, nos vemos – se despidió Thomas ante la perfecta oportunidad para escabullirse de la castaña.
-Bueno yo también me tengo que ir, nos vemos Hermione.
Cuando llego a su habitación agradeció estar sola, tenía que encontrar la forma de quitarse ese endemoniado artefacto aunque no sabía a ciencia cierta que hacía, no le apetecía averiguarlo. Cuando Thomas se lo puso no se había fijado bien pero ese collar debía ser realmente caro, era un collar estilo victoriano, con siete hermosas esmeraldas rodeadas de diamantes una pieza realmente majestuosa que cualquier chica estaría feliz de recibir pero Hermione no era cualquier chica y veía a aquella pieza solo como una marca que demostraba que ella era su mascota y que él era su dueño.
-¿Hermione vas a cenar?-pregunto Ron al verla punto de salir de la sala común.
-Si –comento cabizbaja.
-Pues vamos juntos- invito sonriente el pelirrojo sin percatarse del estado de su amiga.
-Voy a cenar en la mesa de Ravenclaw-contesto cortante.
-Prefieres cenar con "ese" que conmigo – reclamo Ron indignado.
-No es que prefiera comer con él.
-¡Entonces no vayas con él!- su tono de voz había aumentado y ahora hablaba a gritos.
-No puedo hacer eso Ron.
-¡Admítelo prefieres irte con él, desde que volvimos a Hogwarts te la has pasado pegada a él!
- ¡Ya te dije que no!
-¿Es tu nuevo mejor amigo?
- No.
-Entonces te gusta –afirmo alterado.
- Por favor no digas tonterías Ron.
-¿Tonterías?,…
Ron iba a protestar cuando fue detenido por una melodiosa voz.
-Hermione justo iba a ir por ti, es bueno saber que por lo menos Weasley sirve para algo.
-Hermione va a cenar en la mesa Gryffindor –contradijo Ron.
-siento romper tu ilusión Weasley pero esta noche la dama cenara conmigo.
-Hermione es una Gryffindor asi que cenara con los demás Gryffindors.
-Temías que tener un defecto pero es algo que pienso corregir.
Hermiobe iba a replicar, que se creían esos dos discutiendo como si ella no fuera alguien capaz de tomar sus propias decisiones.
-¡Silencio! - ordeno Thomas.
La castaña se sorprendió, su boca se cerró de inmediato y aunque tratara de hablar esta no le respondía. Debía estar haciendo unas muecas demasiado extrañas por que pronto comenzó a llamar la atención.
-No es propio de mí hacer un espectáculo tan vulgar así que nos marchamo.s
Hermione asintió con la cabeza, viendo a los alumnos que comenzaban a voltear hacia ellos y no queriendo armar un alboroto.
-Aunque he de agregar que el solo verte, Weasley, es un espectáculo vulgar –termino venenosamente.
Las orejas de Ron pronto se pusieron de un rojo incandescente y boqueo un par de veces como pez fuera del agua pensando que contestar. A pesar de que Hermione evito una pelea entre estos, algunos alumnos no dejaban de verlos, la castaña no era tonta y sabía porque. Ella era lo que llamaban un ratón de biblioteca y Thomas aunque era igual de inteligente, era el chico perfecto a ojos de muchas no una persona aburrida, mirasabilla e insoportable como la catalogaban a ella. Inconscientemente declino un poco su cabeza y su forma de caminar cambio de erguida a ligeramente encorvada.
-Mantén la cabeza en alto, Granger no vuelvas a hacer eso mientras estés conmigo –su tono de voz era segura y fuerte, Hermione volteo a verlo, él se veía tan seguro, tan brillante, tan majestuoso que no pudo evitar erguirse para imitarlo. Hermione camino orgullosa y decidida, era como cuando fue el torneo de los tres magos e iba de brazo de Viktor Krum , pero en esta ocasión hubo otro sentimiento que no pudo descifrar. Sin embargo todo eso quedo de lado cuando unas palabras rompieron su fantasía.
-Hermione abre la boca –Su boca respondió de inmediato, aunque no lo quisiera.
Donde había quedado la persona que no quería armar espectáculos, ahora estaba formando uno demasiado grande.
-No me mires así, eras tan testaruda que si no hacía nada probablemente habrías muerto de hambre antes ceder.
La castaña le lanzo una mirada furibunda.
-Te recomiendo que empieces a masticar si no quieres morir asfixiada-comento mientras metía otro bocado de comida en su boca, Hermione no tuvo otra opción que tragarlo
Desde la mesa de Gryffindor un pelirrojo malhumorado veía la escena colérico al igual que unos ojos azules llenos de antigua sabiduría que observaban, descifraban y evaluaban, a aquel chico tan parecido a él; al que no debe ser nombrado, al Señor Tenebroso, tan parecido a lo que una vez fue Lord Voldemort a lo que nunca volvería a ser.
-¡Puedes creerlo Harry, él le daba de comer a ella!- declaraba Ron furioso.
Harry agradecía que el pelirrojo estuviera tan alterado por eso que no le había preguntado nada sobre su castigo con Umbriage. Aunque verdaderamente estaba desconcertado nunca pensó ver a Hermione en una situación parecida y no acaba de creérselo.
-¡No puedo creer todo el trabajo que tenemos!- chillo lastimeramente Ron al parecer se había calmado no le convenía estar en malos términos con Hermione si quería su ayuda en las tareas.
-Bueno, ¿por qué no hiciste nada anoche?-recrimino la castaña.
-Como si tú lo hubieras hecho-contesto burlón.
-Claro que si Goldsmith y yo terminamos nuestras tareas en la biblioteca antes de ir a cenar- este último comentario mando al borde la calma aparente del pelirrojo.
-Goldsmith, ¿qué tiene de bueno ese tipo que pasas tanto tiempo con él?
-Nada… él no tiene nada…
Harry tuvo la impresión de que no era el único que ocultaba cosas y Ron pensó lo mismo porque le dirigió a Hermione una mirada colérica.
-Bien, si no quieres decírmelo será mejor que no vuelvas a dirigirme la palabra.
-Ron no seas irracional – contesto la castaña pero el pelirrojo hizo caso omiso a su voz como si no lo hubiera escuchado.
-Dile Harry, que deje de ser infantil.
Harry quien había sido introducido a la pela se quedo callado sin saber que responder, si apoyaba a Hermione aunque tuviera razón probablemente Ron dejaría de hablarle. La castaña lo miro esperanzada un, dos, tres, cuatro segundos… y el no decía ninguna palabra bufo indignada, alzo la barbilla altaneramente y se marcho.
No podría creerlo. De Ron se lo esperaba pero de Harry. Aunque pensándolo mejor ellos ya habían hecho algo como eso anteriormente, en tercer año cuando Ron creía que Crookshanks se había comido a scabbers, aunque Harry nunca lo dijo se pudo del lado de Ron y entre los dos la excluyeron. Aun recordaba esos días solitarios en los que su único a poyo fue Theodore.
Thomas estaba recostado en su habitación, no la compartía con nadie más y aunque así hubiere sido los hubiera echado. Su plan estaba saliendo mejor de lo esperado, había dado una estúpida excusa para darle el collar a las castaña, el collar hacia que ella lo obedeciera en cosas mínimas, podía ordenarle que hablara pero no lo que decía; que caminara pero no hacia dónde ir, que escribiera pero no que escribir. Pero esa no era la razón por la que se lo dio, no señor, tenía una propiedad mágica aún más escalofriante. El collar podía ver tus recuerdos; anhelos, pensamientos y sentimientos más íntimos y mostrarlos a su contraparte. Un anillo a juego, anillo que él portaba.
Tom había sido su confidente en el segundo año cuando estuvo encerrado en aquel diario pero muchas cosas habían pasado y necesitaba actualizarse, además que desde ese entonces surgió en él un interés por la mente privilegiada de la chica. Con esta acción mataba dos pájaros de un tiro saber la situación de Potter respecto a su otro yo y satisfacer su propia curiosidad.
Sonrió satisfecho observando todos los libros que había adquirido, había escondido demasiadas cosas en Hogwarts y aquella pequeña colecciona de libros era una de ellas, libros que había hurtado de la biblioteca; libros que había arrebatado a sus lacayos incluso tenia algunos libros exclusivos de las familias más puras del mundo mágico y algún otro libro que le habían obsequiado una que otra tonta adolescente al tratar de llamar su atención los cuales eran la minoría ya que por lo general aquellas chicas no regalaban más que basura.
Era demasiado apuesto y junto a su gran habilidad para seducir con las palabras lo volvían alguien de temer; acaba de entrar a Hogwarts y ya tenía a casi todos los Ravneclaw bajo su encanto todos excepto aquella chica extraña. Aquella chica rubia de ojos celestes y saltones, que le daban un toque de locura, aunque tampoco era como si lo hubiese tratado férvidamente. Se estremeció cuando sintió su anillo calentarse.
-Nunca pensé que pudieras verte más horrible Granger.
-Lárgate la persona que menos quiero ver es a ti…
gracias todos por leer y espero que les agrade el capitulo :D
