Parte VIII


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He aquí la mujer que amó demasiado y el hombre que perdió el corazón en el océano.

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Génesis

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Huecos de silencio en cada habitación, se apreciaba un vacío sofocante, destrozador de pulmones.

El plato se estrellaba una y otra vez en la pared, el sonido del vidrio hacía eco, un eco que aumentaba desde el mutismo hasta lo más insoportable. En segundos, toda la oscuridad se tragó la cocina.

Observó cómo su rostro perdía color, sabor, aroma, vida. Presenció la muerte. Y después el miedo se acrecentó desde sus vísceras al presenciar el odio, la ira y la tristeza esculpidos en su rostro.

—Itachi...

Se repitieron una y otra vez imágenes de una ilusión que acababa abruptamente. Poco a poco todo se torció y sintió que su alma golpeó el fondo de su cuerpo cuando él, finalmente, la miró. Una ventana al mundo de los desencantados. Era como un anciano exhalando vaporadas de amargura y ella una flor frágil a su merced. Dio un inicio de putrefacción. A ella la estaban arrancando desde la raíz, sin misericordia, esos ojos sin fondo cubiertos de un manto medio rugoso medio filoso.

—¿Desde cuándo lo sabías?

Un velo mortal cubrió el rostro de Itachi.

—Lo sabías desde que llegó, ¿verdad?, y esperaste todo este tiempo para decírmelo justo ahora. Tenía que ser justo ahora...

Después su boca expulsaba letanías que rebotaban por todas las paredes y ella se negaba a escuchar.

Otra vez el plato rompiéndose y la sensación del mar escurriéndose por su rostro.

—No llores por favor—. Le decía una voz desde el profundo mar azul.

Ella no hizo intento alguno de obedecer, el agua salina entró por cada grieta de su rostro. Bum, bum, bum, un corazón intentando matar a su dueño. Agua le llenaba los pulmones, los pies se enterraron y echaron raíces. Los brazos le temblaban.

Realmente, ¿quién fue el que se quedó enterrado en la profundidad del océano?,

¿Él, o ella?

—¿Me estás escuchando?

Sakura ya no podía oír ni siquiera el latido de su corazón.

—Sakura.

El temblor se desplazó por sus piernas.

—¿Cuándo le viste?, ¿De qué hablaron? ¡Dímelo! ¡Sakura!

—¿Para qué? —. Escuchó que alguien contestaba. Como si su voz se separara de su alma.

—Contéstame sin otra jodida pregunta.

—Olvídalo. No tiene importancia. Olvídalo. Simplemente, hazlo.

Las ruedas se movieron hacia delante como engranajes. Él sujetó uno de sus brazos y lo apresó tan fuerte con sus dedos como pinzas.

—No tienes derecho a impedirme algo, —aumentó la fuerza en su carne— dime todo lo que sepas y no tendré que forzarte más. ¿Dónde está?, ¿cuándo le viste?

—Por favor...

—¡Dónde! ¡Déjate de estupideces!

El tono, el enojo en su grito la hizo sobresaltar e intentó retroceder. Pero él la tenía tan fuertemente sujeta que sólo logró darse un jalón doloroso en el brazo. Toda la fuerza de él estaba concentrada en su agarre, Sakura aumentó su llanto y se negó a mirarlo directamente.

Se mordió el labio, justo dónde estaba la cicatriz que en el pasado los dientes de Sasuke causaron.

La fuerza increíblemente aumentó. Sakura lo miró. El brazo de Itachi temblaba, sus ojos sumergidos en la amargura.

Un gesto tal como morderse el labio le desató una acidez de ira.

—Lo has visto, —afirmó— y te ha besado, ¿no es así?

Ella no lo negó. No dijo nada. Volvió a desviar la mirada, totalmente vencida. Sin poder.

Después de segundos, en los que sintió la penetrante mirada de él escudriñarle todo el rostro con desprecio, la soltó. Le arrojó la mano lejos de sí, como si fuera portadora de sarna. Él retrocedió, giró la silla y desapareció en la oscuridad.

A la flor la tiraron al fuego y se hizo carbón. Y de un soplido se esparció por el suelo.

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Lazos entre hermanos suelen ser complicados, más complicados que los de una pareja.

Siempre supo que Sasuke estaba tras su espalda, admirándolo con envidia, queriéndolo con dolor. Sasuke quería todo de él. Incluso su vida. A pesar de que eran hermanos, a pesar de todo lo que vivieron juntos.

¿Estaba aquí para darle un final definitivo?

¿Era Sakura parte del plan?

Cerró las manos fuertemente sobre los respaldos, enterrando las uñas en el acolchonado.

Un dolor entre los omoplatos se desplazó hasta su pecho y su brazo izquierdo.

Detuvo la silla frente al ventanal. ¿Lo estaría observando Sasuke desde el bosque? ¿Tendría la misma sonrisa plasmada en el rostro con la que él sueña cada vez que tiene la misma pesadilla de caer al mar?

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Karin movió el rostro en dirección a Sasuke, que estaba sentado en la misma posición desde hacía minutos. Se le notaba pensativo y eso no le traía buena sensación.

—¿Qué vas a hacer?

Era la cuarta vez que se lo preguntaba y comenzaba a sentirse disco rayado porque él no contestaba.

Sasuke movió las pestañas con otro ritmo y ella se dio cuenta que sí la había escuchado.

—¿Crees que el auto tenga suficiente gasolina para cruzar el bosque?

Ella dijo que sí, él se levantó, se dirigió a la mesilla de la pequeña sala y agarró las llaves del auto.

—¿A dónde vas, ¡Sasuke!?

—Eso no te incumbe.

Salió y dejó atrás un fuerte sonido al azotar la puerta. Karin no se molestó en seguirlo.

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La casa estaba silenciosa, podía sentir todo el espacio que la rodeaba pero no la presencia de su único acompañante. Secó sus manos en el trapo que colgaba de la estufa y salió lentamente de la habitación. Cuando cruzó el pasillo y entró a la sala lo encontró a él de espaldas mirando por el ventanal.

De su cuerpo ya no emergía energía alguna y podía ver el reflejo de su rostro en el ventanal, totalmente inexpresivo.

—¿Hay tomates en la alacena, Sakura?

Cada palabra tenía un nivel de sobriedad diferente y cuando pronunció su nombre lo hizo como si fuera una palabra sin significado. Para él, ella no era más que una sola presencia.

—No.

—¿Y en el vivero?

—Creo que sí—. Respondió con mesura. — ¿Por qué?

Había una barrera que los separaba, tan gruesa que ella no se atrevió a dar ni un paso.

—Tráelos. La visita agradecerá ese gesto.

Sakura dirigió por reflejo la mirada fuera del ventanal.

Y con horror, ella observó por la ventana cómo del bosque emergía una sombra que se dirigía directo a la casa.

—Sasuke.

El silencio desde lo más profundo del mar.

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El título de esta parte tiene un sentido bíblico. He dividido en tres partes por la longitud, siendo ésta la más corta.

Yo sé que es normal que varios hayan perdido el interés por mi tardanza en actualizar (un año, uy), pero sinceramente, anduve por bajos y no me resultaba natural volver a escribir. Sin embargo, vuelvo a retomar el camino para darle fin a las historias que me quedan.

De antemano,

¡gracias por leer!