Capítulo 10. El encuentro

Los primeros rayos de sol de la mañana entraron por la ventana y despertaron a Bruce. Mientras se despertaba, comenzó a poner orden en sus pensamientos, recordó todo lo que había ocurrido la noche anterior: la conversación con Harley, la reconciliación entre ambos y la confesión de la chica de su amor hacia él. Por último, recordó el beso entre ambos, un beso que llevaba años esperando. Bruce se miró y se dio cuenta de no llevaba nada de ropa encima, en ese momento se acordó de lo que había seguido al beso. Rememoró todos los besos, los abrazos y las caricias que compartió con Harley aquella noche. Bruce se dio la vuelta en la cama y vio que la chica se encontraba a su lado, aún dormida. Observó silenciosamente la expresión de tranquilidad que tenía ella en su rostro mientras dormía con una pequeña sonrisa en sus labios y con su pelo rubio despeinado cubriéndole el rostro con algunos mechones. Al igual que Bruce, su cuerpo se encontraba cubierto únicamente por las sábanas de la cama. Bruce se inclinó hacia Harley y acarició su brazo derecho mientras le daba un pequeño beso en la mejilla. La chica soltó un pequeño gruñido y comenzó a abrir sus grandes ojos azules.

-Buenos días, Brucie.-dijo ella sonriendo, una vez se hubo despertado.

-Buenos días, Harley.-dijo él sonriendo.

Bruce continuó acariciando el brazo de Harley y ésta emitió un leve ronroneo mientras volvía a cerrar sus ojos. Bruce volvió a inclinarse hacia ella, ésta vez para hablarle al oído.

-Te quiero.-dijo suavemente.

La sonrisa de Harley se hizo más grande al oír aquello.

-Y yo a ti.-respondió ella abriendo los ojos de nuevo.

Harley se incorporó para abrazar a Bruce y pegar sus labios a los del chico de nuevo. Bruce, en respuesta, cerró sus brazos alrededor de su espalda desnuda. Mientras la besaba, no pudo evitar dejar de sonreír.

-¿Qué te pasa? ¿ocurre algo, Bruce?-preguntó la chica al romper el beso y separarse de él.

Harley se dio cuenta de cómo la miraba Bruce y cuando bajó la mirada pudo ver que la sábana que cubría su cuerpo había caído, dejándola totalmente expuesta ante él.

-¡Oh!-dijo la chica, sonrojándose un poco y volviéndose a cubrir con la sábana.

Bruce abrazó a la chica mientras reía levemente.

-No tienes por qué avergonzarte, Harley. No hay nada que no viera anoche.-dijo Bruce mientras acariciaba el cuerpo de la chica.

-Lo sé.-dijo ella.-...Lo de anoche fue genial.-dijo de pronto.

-¿Te... gustó?-preguntó Bruce un poco nervioso.

Harley asintió con todas sus fuerzas.

-Fue la noche más increíble de toda mi vida.-dijo sonriendo.

-Me alegro de que lo fuera.-dijo Bruce sonriendo a la chica también.-Porque no estaba muy seguro de que te gustara. La verdad, nunca había hecho esto antes.

-Ni yo.-dijo Harley.-Tú eres mi primer novio, Bats.

Bruce la miró extrañado.

-¿Qué pasa?-preguntó la chica.

-Nada. Es solo que me resulta raro oírte decir que soy tu novio.

-Tendremos que acostumbrarnos. Porque es lo que somos ahora.-respondió Harley besando a Bruce de nuevo.

Pasaron unos minutos hasta que Bruce volvió a hablar.

-Creo... que deberíamos vestirnos y bajar a desayunar.

-Aún es temprano.-refunfuñó Harley.-Déjame abrazarte un poco más, Bats. Lo voy a pasar muy mal hoy en clase sin ti a mi lado.

-Vamos, ya lo has hecho muchas veces.-dijo Bruce riendo.

-Ahora es diferente.-respondió Harley.-Ahora sé que me quieres y no quiero separarme de ti nunca más.

-Alguna vez tendrás que soltarme.-dijo Bruce.

-¡No!-replicó Harley.-¡Desde este momento no pienso volver a soltarte nunca, nunca más!

-¿Eso significa que vas a ir a todos lados conmigo? ¿y además desnuda? Empiezo a pensar que no es mala idea...-bromeó Bruce.

-Pervertido.-dijo Harley riendo.

-La idea era tuya.-dijo Bruce forcejeando para que la chica le soltara.-Ya no tiene gracia, Harley. Suéltame.

-Oblígame.-le retó ella.

Bruce continuó intentando que la chica le soltara pero ella no cedía, finalmente encontró la forma de que le soltara.

-Si no me sueltas, no podré darte mi regalo por tu cumpleaños. Tenía pensado dártelo cuando nos reconciliásemos.-dijo el chico.

-No me importa.-insistió Harley.-Mi cumpleaños fue hace mes y medio. Llegas muy tarde. Guárdalo para el siguiente.

-No. Quiero dártelo ahora.-Harley miró a Bruce a los ojos.-Te prometo que te gustará. Suéltame.

Harley lo pensó un momento y al final accedió. Bruce se inclinó para abrir el cajón de su mesita de noche y encontró el estuche con el regalo de Harley, lo abrió y se lo dio a la chica.

Harley abrió los ojos hasta el máximo, el regalo de Bruce se trataba de un colgante que llevaba la figura de un murciélago y en el interior estaba partido por la mitad en dos colores: rojo y negro. Harley sacó el colgante del estuche y observó que detrás del murciélago había una dedicatoria. "Para mi mejor amiga: Harlequin. Con cariño. Bats." Harley se rió con la dedicatoria de Bruce.

-¿Te gusta?-preguntó el chico.

-Bruce... es precioso.-dijo Harley emocionada.

La chica le entregó el colgante a Bruce y se levantó, dando la espalda al chico mientras se recogía el pelo dejando su cuello al descubierto.

-Pónmelo.-dijo ella.

Bruce colocó alrededor del cuello de Harley el colgante y ella se giró para mirarle.

-Bien, ¿qué tal me... ¡Oh, espera!-dijo la chica mientras se tapaba el pecho con los brazos.-Ya, así seguro que mirarás el colgante. ¿Qué tal me queda?-preguntó riendo.

-Perfecto.-dijo Bruce simplemente, besando de nuevo a la chica en la mejilla.

La chica cayó de nuevo en la cama y abrazó a Bruce mientras miraba el colgante.

-Me lo pondré todos los días. Muchas gracias, Bruce.-dijo mientras le besaba en la mejilla.

Durante un tiempo los chicos permanecieron en silencio tumbados sobre la cama hasta que Harley rompió el silencio.

-Brucie...

-¿Sí?-respondió Bruce.

-¿Qué le vamos a decir a Alfred?-preguntó Harley.

-Pues la verdad.-dijo él.-Que hemos hecho las paces y somos muy felices juntos.

-Vale, pero deja que se lo diga yo. Tú si quieres se lo puedes explicar luego.

-¿A qué te refieres?-preguntó Bruce, intrigado.

-Se me ha ocurrido una forma muy divertida de que se entere.-dijo Harley.

-¿Cuál?-quiso saber Bruce un poco inquieto.

Harley sonrió maléficamente.

-Ya lo verás.-dijo ella.

-No me gusta esa sonrisa.-dijo Bruce riendo.-Me temo lo peor.

. . .

Bruce y Harley bajaron juntos al comedor, donde Alfred les estaba esperando. Cuando el mayordomo vio las sonrisas en la cara de los chicos, supo inmediatamente lo que había ocurrido.

-Parece que habéis vuelto a ser amigos.-dijo Alfred sonriendo también.

-Sí.-dijo Harley.-Anoche, Bruce y yo hablamos y decidimos arreglar las cosas.

Bruce miró a Harley extrañado. Creía que habían acordado con ella que se lo contaría a Alfred pero en lugar de ello, la chica parecía ignorar el tema. Bruce se sintió aún más confuso cuando Harley le dirigió una mirada de complicidad cuyo significado no entendió, pero se mantuvo en silencio.

-Me alegro por vosotros.-dijo Alfred.-Espero que no volváis a perder vuestra amistad.

Al decir aquellas palabras, Harley le dirigió a Alfred un pequeño "gracias" mientras cogía la mano de Bruce por debajo de la mesa sin que el mayordomo lo notara. Bruce se puso nervioso, no entendía nada.

-¿Te encuentras bien, Bruce? Estás muy callado.-preguntó Alfred un momento después.

-¿Qué? Ah..., bueno. Estoy como siempre. Yo...-balbuceó el chico.

-Es que se ha quedado de piedra cuando le he besado en la mejilla al darme mi regalo de cumpleaños, ¿verdad, Bruce?-dijo la chica, mirándole a los ojos, mientras enseñaba a Alfred el colgante que Bruce le había regalado.

-¡Ah, sí!-dijo Bruce, fingiendo reírse.-No me esperaba que fuera a hacerlo después de casi un mes sin hablarnos.

Alfred miró a los chicos con recelo.

-Ya veo.-dijo mientras tomaba un sorbo de su taza de café ocultando una sonrisa. Sabía que mentían, los chicos le ocultaban algo y creía saber el qué. Bruce nunca estaba tan nervioso y Harley parecía haber olvidado todo en una sola noche. Era demasiado obvio. Sin embargo, decidió esperar a que ellos se lo dijeran.

Más tarde, Alfred llevó a los chicos a la universidad, mientras conducía, miró un par de veces a Bruce y a Harley. En ocasiones pudo ver que la chica lanzaba a su amigo varias miradas que no parecía entender. Cada vez que miraba a los chicos, más convencido estaba de sus sospechas, aún así, el mayordomo permaneció impasible. La primera facultad a la que llegaron fue a la de psiquiatría. Alfred detuvo el coche frente al edificio y se giró para mirar a Harley.

-Bien, ésta es tu parada, Harley.-dijo.

La chica recogió sus cosas y abrió la puerta del coche.

-Hasta luego, Alfred.-Y al terminar de decir aquello, la chica miró a Bruce sonriendo.-Hasta luego, Batsie.

Antes de que Bruce pudiera reaccionar, Harley se abalanzó sobre él y le dio un apasionado beso. Tras separarse de él, Harley susurró algo al oído de Bruce.

-Ya lo sabe, ahora te toca a ti explicárselo.-dijo la chica volviendo a mostrar su sonrisa maléfica.

Alfred, que había visto el beso, sonrió para sus adentros. "Lo sabía." Pensó.

Harley bajó del coche y fue hacia el edificio, dejando en el coche a Bruce impactado por lo que su novia acababa de hacer y bajo la mirada divertida de Alfred.

. . .

-¡Eh, Harley, espera!- gritó Jess mientras corría hacia su amiga. Harley aminoró el paso hasta que su amiga la alcanzó.

-¿Adónde vas con tanta prisa?-preguntó Jess.

-A dar un paseo.-dijo Harley mientras mostraba una amplia sonrisa.-Hace un día fantástico ¿no crees?

-Oye, ¿se puede saber qué te pasa?-preguntó la chica intentando retenerla.

-¿Qué me pasa de qué?-preguntó Harley.

-Llevas unas semanas paseando por la universidad como un alma en pena y hoy, de repente, eres la chica más feliz del mundo ¿qué te ha pasado?

-Algo maravilloso.-suspiró Harley, mientras se llevaba la mano al colgante que le había regalado Bruce.

-¡Eh! ¿desde cuándo tienes eso?-preguntó Jess al ver el colgante.-No lo había visto nunca.

Harley miró el colgante y después a su amiga.

-Me lo ha regalado esta mañana alguien muy especial.-dijo simplemente Harley.

-¡Oh, ya veo! ¿Es ese chico con el que vives ahora? ¿no?-dijo Jess sonriendo.-¿Me lo presentas?

-De eso nada.-dijo Harley apretando el paso.

-¡Venga, Harl! Tú no le prestas atención desde que vives con él, si no lo quieres para ti, al menos déjame conocerle. ¿Es guapo?-preguntó Jess a su amiga.

Harley no respondió a la respuesta de su amiga, en su lugar se quedó parada un momento y después salió corriendo. Jess intentó alcanzarla, pero Harley corría con todas sus fuerzas. Tras unos segundos, Jess paró y vio como su amiga abrazaba a un chico alto de pelo negro que iba acompañado con otro chico y una chica. "Debe de ser ese amigo del que tanto habla Harley." Pensó Jess y se acercó a intentar conocerle. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para distinguir su cara, no pudo evitar sorprenderse.

. . .

Bruce caminaba por el campus de la universidad junto a sus dos amigos Lucius Fox y Kate Kane, mientras caminaban, Bruce le contó a sus amigos cómo había recuperado su amistad con Harley y como habían llegado a un nivel nuevo en su relación.

-¿Así que te dijo que estaba enamorada de ti así de golpe?-preguntó Lucius incrédulo.

-Más o menos.-dijo Bruce.-La conversación ya estaba dirigida hacia allí.

-¿Y tú que le dijiste?-preguntó Kate con curiosidad.

Bruce se sintió avergonzado por la pregunta de su amiga, por lo que tardó unos segundos en responder.

-Nada.-confesó al fin.

-¿Nada?-preguntó Kate sorprendida.

-¿Qué querías que dijese? Me lo dijo al instante. No sabía cómo reaccionar.-intentó defenderse Bruce.

-¡Tenías que haberle dicho que sentías lo mismo!-le replicó Kate.-¿Cómo se te ocurre quedarte callado en ese momento?

-Te he dicho que no sabía que decir. No quería estropearlo diciendo cualquier tontería.-dijo Bruce, sabiendo que en el fondo Kate llevaba razón.

-Si hubiera sido yo, habrías perdido la oportunidad conmigo.-respondió Kate a la excusa de Bruce.

-Vamos, Kate. No seas tan dura con Bruce. Es su amiga de la infancia, lleva enamorado de ella desde dios sabe cuando.-respondió Lucius riendo.

-Gracias por defenderme, Lucius, pero...-Bruce no pudo seguir hablando. En ese momento oyó el grito de una chica joven a sus espaldas. Al girarse, vio que se trataba de Harley, que venía corriendo hacia él con los brazos abiertos.

-¡BRUUUCE!-gritaba la chica mientras se acercaba.

Al llegar junto a él, Harley se lanzó a sus brazos y besó a su novio con todas sus fuerzas mientras éste la levantaba del suelo.

-Te he echado mucho de menos.-dijo la chica una vez que el beso terminó.

-Y yo a ti.-dijo Bruce sonriendo.

-¿Qué tal se ha tomado Alfred lo nuestro?-dijo Harley sonriendo.

-Simplemente me ha dicho que hemos tardado demasiado.-dijo Bruce.

Harley se rió y volvió a abrazar a Bruce. El chico la agarró con fuerza.

-No vuelvas a hacerme pasar algo así, ¿entendido?-dijo Bruce poniéndose serio un minuto.

-Vaaaale.-dijo Harley.

-¿¡Bruce Wayne!?-gritó Jess sin poder creérselo aún. Bruce y Harley la miraron sorprendidos.-¿Tu amigo de la infancia es Bruce Wayne? ¿el huérfano millonario?

-Sí.-contestó Harley sonriendo.-Y lo siento Jess, no voy a presentártelo para que salgas con él. Bruce es mi novio.

-No me lo puedo creer.-dijo la chica.

Harley miró a Bruce y a Jess y los presentó el uno al otro.

-Bruce, te presento a una amiga de la facultad: Jessica Carpenter. Jess, éste es Bruce. Ya sabes quién es.

Bruce saludó a la chica, que aún seguía impresionada por estar frente a Bruce Wayne en persona.

-¿Ahora tengo yo que cabrearme porque tú tienes otras amigas?-dijo en voz baja Bruce, bromeando.

-No seas malo.-dijo Harley riendo levemente.

-Bueno, yo también quiero presentarte a otro amigo.-dijo Bruce señalando a Lucius.-Harley, te presento a Lucius Fox.

-Encantada.-dijo Harley sonriente.

-Lo mismo digo, Srta. Quinzel.-respondió Lucius.

-Por favor, llámame Harley, como todos.-contestó la chica.

-Me alegra ver que habéis vuelto a estar juntos.-dijo Kate a Harley mientras se acercaba a ella.

-Gracias, Kate.-dijo Harley a la chica.

-¡Hey, me encanta ese colgante! ¿Dónde lo has comprado?-preguntó la chica señalando el murciélago del colgante de Harley.

-¡Oh! Ha sido un regalo de Bruce por mi cumpleaños. Me lo ha dado esta mañana.-respondió Harley mientras volvía a mirar aquel murciélago rojo y negro.

-Esto...-comenzó a decir Bruce.-¿Os apetece que nos todos vayamos a tomar algo?

-¡Sí!-dijo Harley volviendo a lanzarse a los brazos de Bruce.

-Claro, ¿por qué no?-dijo Jess, mirando a Harley.-Tienes que aclararme muchas cosas.

-Sí, lo mismo digo yo.-respondió Kate mirando a la pareja.

-Está bien, por mí, podemos irnos.-dijo Lucius.

. . .

En el salón de la mansión Wayne, Bruce se encontraba leyendo un libro, mientras Harley, tumbada boca abajo en el sofá, se dedicaba a mirarle. Bruce se percató de ello en varias ocasiones, hasta que finalmente dejó el libro y la miró.

-¿Qué estás haciendo?-preguntó el chico.

-Mirarte.-respondió Harley.

-¿Por qué?-dijo él.

-Porque estoy muy enamorada de ti.-contestó la chica con una sonrisa.

-¿Y no tienes otra cosa mejor que hacer?-dijo Bruce, un poco incómodo.

-Sí, seguir mirándote.-dijo Harley, intentando provocar a su novio.

-¿No puedes hacer otra cosa?-preguntó Bruce, volviendo a coger el libro.-Resulta muy incómodo que te estén observando.

-Ignórame.-dijo Harley.- Si te molesta, podríamos hacer algo juntos.-propuso la chica.

-¿Algo como qué?-preguntó el chico.

-No sé...-dijo Harley mientras se acercaba al sillón donde estaba sentado Bruce.-Cosas de novios, podríamos dar un paseo, hablar de algo, besarnos...

Bruce miró a la chica, que estaba sentada en uno de los brazos de su sillón.

-Está bien.-dijo finalmente.-Daremos un paseo en cuanto termine de leer esto.

-¡No, yo quiero ahora Brucie!-protestó Harley.-¡Deja el libro y vámonos ya!

-¡Espera diez minutos!-dijo Bruce.

-¡Eso es mucho tiempo!-se quejó Harley.-¿Cómo puedes darle más importancia a un libro que a una chica que se muere por ti desde hace años?-dijo intentando dar pena.

-Cuanto mas me distraigas, más tarde nos iremos.-respondió Bruce.

Harley se quedó quieta un momento hasta que no puedo aguantar más y se levantó del sofá.

-Bats, sabes que lo he intentado por las buenas.-dijo simplemente, y entonces le quitó el libro a Bruce de las manos.

-¡Eh! ¿qué estás haciendo?-dijo el chico.

-Salvar nuestra relación.-bromeó Harley.

-¡Devuélvemelo!-dijo Bruce abalanzándose sobre la chica que lo esquivó y echó a correr por la sala.

-Antes tendrás que cogerme.-dijo ella riendo.

Bruce corrió detrás de Harley intentando alcanzarla durante unos minutos hasta que por fin la acorraló y ella calló en el sofá. Cuando estuvo atrapada bajo él, Bruce comenzó a hacerle cosquillas.

-¡Basta, Bruce!, ¡por favor! ¡esperaré! ¡para, tú ganas! ¡seré buena! ¡por favor, para!-dijo la chica riendo descontroladamente.

Finalmente, Harley le entregó el libro a Bruce y éste paró las cosquillas, cuando tuvo de nuevo el libro en su poder, Bruce se quedó mirando a Harley.

-Ya puedes seguir leyendo.-dijo ella.

-Ya lo sé. Pero ahora estoy interesado en otra cosa.-dijo Bruce sonriendo mientras dejaba el libro en la mesa.

-Así que... ¿mi plan ha funcionado?-dijo Harley sonriendo.

-No fuerces tu suerte.-dijo Bruce antes de besarla.

Los chicos permanecieron en el sofá unos minutos hasta que Alfred entró en el salón. Bruce y Harley miraron al mayordomo.

-Bruce, Harley. ¿Podemos hablar?

Los chicos asintieron y se sentaron en el sofá mientras Alfred se sentaba en un sillón cercano.

-Bueno, en primer lugar, me gustaría decir que me alegro que seáis tan felices el uno con el otro.-comenzó el mayordomo.

-Gracias, Alfred.-dijo Harley.

-Pero me gustaría establecer unas normas, para poder convivir a partir de ahora.-dijo el mayordomo.

-¿A qué te refieres?-preguntó Bruce, confundido.

-Bueno, entre otras cosas. Me gustaría deciros que espero que vuestra relación no os impida centraros también en vuestros estudios.-dijo Alfred.

Alfred, Bruce y Harley, pasaron alrededor de una hora hablando de cómo iban a convivir a partir de aquel momento cuando el teléfono sonó y Alfred se levantó a responder.

-¿Sí? Dígame.-preguntó el mayordomo al coger el teléfono.

-Sr. Pennyworth, soy el jefe de policía Harvey Bullock. Me gustaría hablar con el señor Wayne.-dijo una voz a través del auricular.

. . .

Bruce miró la foto que el jefe de policía le mostraba. Era un hombre mayor, de unos cuarenta y cinco años, corpulento, de pelo castaño corto y escasa barba, Bruce observó que también mostraba algunas cicatrices en su rostro. El jefe de policía le había informado de que se trataba de uno de los grandes hombres al servicio de la mafia de Gotham y que había sido detenido aquella misma mañana, pero a él no le importó nada de aquello. Nunca había olvidado aquella mirada de frialdad que tenía aquel hombre en sus ojos. Aquel hombre era el asesino de sus padres.

-Se llama Joe Chill.-dijo el jefe de policía Bullock.- Entre los delitos de los que se acusa se encuentra el robo, allanamiento de morada y tráfico de drogas. Pero sospechamos que también puede ser el culpable del asesinato de Thomas y Martha Wayne.

Bruce miró la foto de Chill de nuevo, sin duda era él.

-¿Por qué piensan que puede ser él?-preguntó Bruce al jefe de policía.

-Cuando estábamos investigando los trapos sucios de los Maroni, varios de sus matones hablaron de Chill como su hombre de confianza. Dijeron que corrían rumores de que él había asesinado a los Wayne y eso le hizo escalar posiciones en la mafia.-explicó Bullock.-Pero los rumores no son pruebas sólidas. Te he llamado para saber si puedes identificarle como el autor del crimen.

Bruce observó al ladrón y después miró a Bullock.

-Es él, no tengo ninguna duda.-dijo Bruce.-¿Pero por qué han tardado tanto en encontrarle?

-Al parecer, los Maroni le ayudaron a ocultarse durante unos años, y no es fácil llegar a un alto cargo de la mafia como lo era él. Si hubiera seguido siendo un vulgar ratero, le habríamos encarcelado rápidamente tras la muerte de tus padres.-dijo el jefe de policía.

Bullock permaneció callado unos minutos hasta que volvió a hablar.

-Sé que es duro, chico. Tener que reabrir viejas heridas...

-No se preocupe, estoy bien.-dijo Bruce.-¿Por qué me ha llamado? ¿qué quiere que haga?

-Necesitamos que nos ayudes a encerrarlo.-dijo tajantemente Bullock.-Si le acusamos de tráfico de drogas y de colaborar con la mafia, los abogados de Maroni lo sacarán de la cárcel en un abrir y cerrar de ojos. Pero tus padres... eran gente muy querida y apreciada por Gotham. Con tu testimonio, podemos asegurarnos de que no podrá salir de la cárcel.

Bruce miró la foto otra vez. Quería aceptar la oferta de Bullock pero por alguna razón se sentía vació, triste por estar allí. Había planeado toda su vida atrapar al asesino de sus padres y ahora que se encontraba allí, arrestado y detenido en la comisaría de Gotham, no sentía ninguna satisfacción. Quería haber sido él quien lo atrapara, no la policía. Él le habría encontrado, le habría dado su merecido y cuando hubiese terminado con él lo entregaría a las autoridades. Esa era su meta, y ahora se había cumplido pero no del modo que deseaba. Bruce respiró profundamente. Si aquello iba a terminar así, quería hacer una última cosa.

-Lo haré.-dijo Bruce.-Testificaré en el juicio, pero antes me gustaría hablar con él cara a cara.

Bullock lo miró atónito, Bruce sostuvo la mirada del policía y éste la apartó finalmente.

-Mira, hijo.-dijo Bullock pensativo.- Tengo una idea aproximada de lo que pretendes y te aseguro que no funcionará. No encontrarás una explicación lógica de lo que ocurrió aquella noche. Sería mejor que olvidaras a ese tipo para siempre.

-Mató a mis padres, señor Bullock. Nunca voy a olvidarle.-replicó Bruce enfadado.

Bruce sintió que la sangre le hervía, para aquel policía era fácil decir aquello. No tenía ni idea de la angustia que había pasado Bruce, de todo lo que había sufrido desde que sus padres murieron. Intentó calmarse, no era necesario enfurecerse en aquel momento.

-Está bien.-dijo Bullock.-Déjame pensarlo un momento.

Bruce salió del despacho de Bullock hacia el pasillo de la comisaría, donde, a un lado, estaban sentados Harley y Alfred. La chica y el mayordomo se dirigieron hacia él. Alfred fue el primero en hablar.

-¿Qué ocurre Bruce? ¿es él?-preguntó, nervioso.

Bruce asintió.

-Bruce, lo siento...-dijo en voz baja Harley, cogiéndole de la mano.-Sé que esto ha sido muy duro para ti.

-Aún no ha terminado.-dijo Bruce seriamente.

-¿Qué quieres decir?-preguntó Harley.

-Quiero hablar con él. Necesito saber por qué mató a mis padres.-respondió el chico.

-¡Bruce, no!-dijo Harley.-¿Qué intentas conseguir? Solo conseguirás sentirte peor. ¿Por qué te haces esto?

-Harley.-dijo Bruce cogiendo a la chica de la barbilla y mirándola a los ojos.-Necesito hacerlo. Si tú pudieras hablar con el responsable de la muerte de tu padre, ¿no lo harías?

Harley se quedó callada tras la pregunta de Bruce.

-Bruce ¿quieres que entre contigo?-preguntó Alfred.-Tus padres eran mis amigos, yo también lo pasé mal cuando murieron.

-No. Necesito hacer esto solo, Alfred.-dijo Bruce.

El mayordomo lo comprendió y asintió. Minutos más tarde, Bullock avisó a Bruce de que todo estaba preparado, Bruce vio como llevaban a Chill esposado a una sala de interrogatorios. El prisionero lanzó una rápida mirada a Bruce, Harley y Alfred y sonrió.

Antes de entrar en la sala, Harley dio un beso a Bruce en la mejilla.

-Ten mucho cuidado.-dijo ella en voz baja.-Y no hagas ninguna locura.

Bruce entró en la sala donde estaba Chill y los policías cerraron la puerta. Ambos pasaron un momento mirándose. Bruce luchaba por mantenerse en el asiento, la rabia que experimentaba en aquel momento le impulsaba a lanzarse sobre aquel tipo y darle su merecido, pero se contuvo. Chill le miraba sonriendo.

-Bien, ¿de qué va esto?-dijo el prisionero.-Me habían dicho que tenía visita pero no eres nadie que conozca. ¿Quién coño eres, mocoso?

Bruce respiró profundamente. A cada momento, se le hacía más difícil permanecer sentado en la silla.

-Soy Bruce Wayne.-dijo el chico.-Hace diez años mataste a mis padres.

Chill pareció sorprenderse de las palabras de Bruce, durante ese momento miró fijamente a Bruce, como si pensara que le estaba mintiendo.

-Así que eres el chico de los Wayne, ¿eh?. Vaya, ¿qué tal papá y mamá?-dijo burlonamente.

Bruce apretó los puños.

-¿Por qué mataste a mis padres?-dijo Bruce directamente.

-Pues... la verdad, no lo recuerdo. ¿Por qué los maté?-preguntó Chill.

-Les atracaste pidiéndoles dinero.-dijo Bruce ignorando la provocación de Chill.-Ellos iban a dártelo pero entonces te abalanzaste sobre mi madre y les disparaste.

-Um, pues fíjate. No me acuerdo.-dijo Chill, riendo.

-¡Mataste a dos personas a sangre fría!-gritó Bruce mientras daba un golpe en la mesa.-¿Cómo puedes olvidar algo así?

Bruce estaba furioso. Durante un momento, pensó en bloquear la puerta y desahogar toda su rabia sobre Chill, pero entonces supo que debía tranquilizarse. Si hacía aquello perdería la oportunidad que tenía de oír la explicación de Chill. Perdería la oportunidad de entender un poco mejor al enemigo contra el que planeaba luchar.

-Je, je, je, je-rió Chill.-Vaya genio, chico. Deberías aprender a controlarte en situaciones como éstas. Como hizo tu padre antes de que le disparara.

Bruce trató de ignorar aquello.

-Mira, chaval. No tenía intención alguna de matar a tus padres. No era nada personal. Necesitaba la pasta. Pero no pienso arrepentirme de lo que hice. Gente como tu padre es la culpable de la situación en la que estoy.-dijo el ladrón.

Bruce miró a Chill interesado.

-¿Alguna vez has deseado hacer algo con todas tus ganas pero te has sentido como si el mundo te impidiera hacerlo?-preguntó Chill.-Yo no quería acabar trabajando para Maroni, ni disparar a tus padres, pero gente como ellos me empujaron a hacerlo. Yo era un hombre normal, tenía una vida, una casa, una mujer... No deseaba nada más. Pero entonces me lo arrebataron. ¡Me lo quitaron todo y no pude hacer nada! Yo no había hecho nada malo. Intenté ser optimista pero no funcionó, acabé en la calle, sin dinero, ¡sin un lugar donde caerme muerto!-gritó el ladrón.-Por culpa de esos ricos chupasangres que no desean otra cosa más que llenarse los bolsillos, ¡gente como tus padres!. Por eso, aunque ellos no tuvieran nada que ver directamente con lo que ocurrió, no me arrepiento de haberles disparado. Es la triste verdad, chico. Esta ciudad lucha contra ti para arrebatarte todo lo que tienes y dejarte sin nada, a no ser que le demuestres quién manda. Deberías aprender eso, o correrás la misma suerte que tus padres.

Bruce escuchó la historia de Chill con interés. En parte sentía que el asesino tenía razón en cuanto a que Gotham arrebataba a todo el mundo su oportunidad de ser feliz. Había experimentado aquello gracias al mismo Chill y conocía otros casos de gente que había pasado por lo mismo. Por eso decidió entrenarse. Por eso quería luchar contra el crimen, para evitar que nadie tuviese la misma suerte que él. Pensó en Harley y en la muerte del doctor Quinzel. Aquel día se prometió que nadie más de sus seres queridos sufrirían. En varios aspectos, pensaba igual que aquel hombre, pero solo se diferenciaban en un importantísimo detalle.

-No.-dijo Bruce fríamente.-No tienes razón. Es cierto que la vida en esta ciudad es dura y que hay personas que lo único que desean es el sufrimiento de otros. Pero eso no justifica matar a nadie. Sea inocente o culpable. Tú eres un asesino Joe Chill, un criminal común. Y vas a pasar el resto de tu vida en la cárcel.

Bruce se levantó de la silla y se dispuso a salir de la habitación cuando Chill habló de nuevo.

-¿Crees que eso funcionará, Wayne? No tienes ni idea de cómo funciona esta ciudad. Si yo fuera tú me iría de aquí hoy mismo si no quieres que tus seres queridos sufran por tus errores. ¿Crees que tu mayordomo está a salvo? ¿O esa rubia con la que ibas?, ¿quién es?, ¿tu novia? ¿crees que la chica se merece lo que le ocurra por tu culpa?

Bruce salió de la habitación y de la sala contigua salieron el jefe Bullock, junto con Alfred y Harley que se lanzó a sus brazos al instante.

-Lo he visto todo, Bruce. Y has estado fantástico.-le dijo ella, emocionada.

-Ha terminado.- dijo Bruce aliviado.-Todo ha terminado, Harley. Ahora puedo vivir mi nueva vida completamente, con Alfred, y contigo.

Bruce abrazó a la chica y le dio un apasionado beso. Todo había acabado de una vez por todas.

. . .

Henri Ducard despidió a los alumnos de la clase aquel día. Había pasado casi medio año desde que Bruce había abandonado las clases, incapaz de aprender nada nuevo. Ducard se dispuso a cerrar la escuela cuando vio que alguien le observaba desde fuera. Al descubrir de quien se trataba, el viejo maestro sonrió.

-Sabía que volverías algún día, Bruce.-dijo.

-Entonces sabrá por qué he venido.-dijo Bruce entrando en la escuela.-Necesito que vuelva a darme clases.

-Ya te enseñé todo lo que sé, Bruce. Fuiste uno de mis mejores alumnos. No puedes aprender nada más.-respondió el profesor.

-Sí que puedo.-dijo Bruce.-Usted sabe cómo lucho. Tengo aún rabia e ira que no puedo evitar dejar salir cuando peleo. Necesito que me enseñe a ser el mejor luchador del mundo.

-¿Para vengar la muerte de tus padres?-preguntó Ducard y Bruce se quedó sorprendido.

-No es por eso-dijo el chico, inquieto.-Además ya detuvieron al asesino de mis padres.

-No me tomes por tonto, Bruce.-dijo el maestro.-Te conozco desde hace años. Sé que estas clases para ti fueron algo más que una simple afición. Tú te tomabas esto muy en serio, tienes alma de guerrero. Puedo reconocerlo. Tu deseo siempre ha sido combatir. Mi pregunta es ¿a quién?

Bruce sintió que el pulso se le aceleraba. Ducard parecía saber más de él de lo que aparentaba. Nunca le reveló sus propósitos a nadie en la escuela de lucha, de modo que Ducard no podía saberlo con seguridad, pero decidió que debía ser sincero con su antiguo profesor. Era importante revelarle la verdad a su profesor para dar el siguiente paso.

-Quiero combatir a los que impiden a los demás ser felices. A aquellos que solo entienden la fuerza como lenguaje y usan el sufrimiento para tratar con los demás.-dijo firmemente el chico.

Ducard sonrió.

-Imaginaba que dirías eso.-dijo.

Ducard hizo un gesto a Bruce indicándole que se sentara. Después le miró fijamente.

-Lo que te voy a enseñar a partir de ahora, Bruce, no es simplemente luchar. Es poner la mente a prueba, descubrir hasta qué punto puede llegar uno a convertirse en un héroe y hasta qué punto en un villano. No es un juego, debes estar muy seguro de querer hacer esto.

Bruce pensó en Alfred y en Harley. Ellos eran las únicas personas que realmente le importaban, desde que salió de la comisaría no dejaba de pensar en la advertencia de Chill de abandonar Gotham. Sin embargo, decidió no rendirse. Decidió que demostraría a Chill que estaba equivocado. Él protegería a sus seres queridos y a la vez, protegería a los habitantes de Gotham.

Él sería un héroe.

-Estoy listo, maestro.-dijo Bruce con decisión.