Ashley, Dean y Sam se habían dirigido hasta la comisaría de Jackson para rescatar a Judith y al resto de chicas que el fantasma de William se había llevado por la fuerza. El escondite no resultaba ser otro que una pequeña habitación contigua, en desuso y de difícil acceso, a la sala de pruebas. La rubia había pasado largas jornadas durante su niñez en aquel cuartel policial y conocía cada recoveco de éste.
Lo primero que hicieron los tres cazadores fue desalojar la comisaría, no querían que las cosas se pusieran feas para ninguno de los allí presentes, una vez estuvieron solos sellaron con sal puertas y ventanas, sabían que aquello no pararía al espíritu, ya que estaba anclado a la chica, pero sí que lo mantendría encerrado con ellos evitando que escapara.
Ashley guió a los hermanos Winchester por los pasadizos del edificio hasta que llegaron al sótano. Al entrar la cazadora pudo comprobar lo poco que había cambiado aquel lugar, las estanterías seguían polvorientas y abarrotadas de viejos informes.
Tras uno de los muchos muebles, una pequeña puerta, tapada por la gran cantidad de documentos, daba paso a aquella sala dónde se suponía que encontraría a su amiga junto a las demás jóvenes. Las manos de Ashley apartaron con rapidez todos los informes hasta que consiguió ver la entrada. En un pasado, su cuerpo de niña hubiera podido colarse a través de los estantes para acceder hasta la puerta, sin embargo, ahora que había crecido aquella opción era totalmente inviable.
-Chicos, ayudadme a mover esto. -pidió, preocupada por el estado de Judith.
Con la ayuda de Sam y Dean fue capaz de arrastrar aquella pesada estantería y tener vía libre hasta la puerta. En apenas un par de segundos el trío de cazadores irrumpía en la pequeña habitación.
La imagen con la que se encontraron los dejó sobrecogidos, había sogas que provenían desde el techo y que mantenían inmovilizadas las muñecas de las chicas, éstas sangraban a causa de las fuertes ligaduras, sus bocas también se encontraban amarradas con pañuelos y todas parecían estar inconscientes.
Ashley corrió hacia Judith alarmada, aquello no era lo que su padre le había dicho, las chicas estaban lejos de estar bien. Tomó la cabeza de su amiga entre sus manos y la alzó liberando su boca. La castaña abrió los ojos y comenzó a llorar al reconocer los azules iris de Ashley.
-Voy a sacarte de aquí. -le tranquilizó la cazadora, cortando las sogas y liberándola finalmente.
-Creo que están muertas. -sollozó Judith, refiriéndose al resto.
Ashley se volteó rápidamente para ver como Dean y Sam comprobaban el estado de las demás chicas, y se dedicaban una mirada de circunstancia. En esos momentos el alma de la rubia se le cayó a los pies. Su padre había sido el responsable de aquellas muertes.
De pronto las luces empezaron a parpadear, alertándolos a todos.
-¡Vamos! -apresuró el mayor de los hermanos, empujando a ambas chicas por la espalda. -Tenemos que salir de aquí.
-No. -negó Ashley, parándose. -Id vosotros, yo me quedaré. No pienso dejar que haga daño a nadie más.
-¿Y qué piensas hacer? -inquirió Dean, exaltado. -¡Es peligroso, ya has visto de lo que es capaz! Tu padre ya no es el hombre que una vez fue, ahora es una versión retorcida de sí mismo.
-¿Crees que no me doy cuenta, Dean? ¡Porque lo hago! -gritó la aludida, tratando de controlar sus nervios en vano. -Seamos realistas: yo soy lo único que le mantiene aquí y no pienso dejar que cometa más errores. Así que mover el culo antes de que sea demasiado tarde y salvarla. -ordenó, mirando como Judith se encontraba apoyada en ella semiinconsciente.
-Sam, saca a Judith de aquí. -dijo Dean. El aludido asintió con un ligero movimiento de cabeza y tomó a la castaña por la cintura. -Os cubriremos hasta la salida, luego me quedaré contigo. -comunicó , girándose para observar a Ashley. -No pienso dejarte sola.
-Yo tampoco, te dijimos que estaríamos contigo hasta que esto acabase y así será. -dijo Sam, mirando también a la rubia. -Llevaremos a Judith fuera y nos enfrentaremos a tu padre juntos.
Ashley se rindió finalmente ante la testarudez de los hermanos y asintió con su cabeza. Dean y ella lideraron el camino, armados con escopetas cargadas de sal de roca, mientras Sam seguía sus pasos con Judith en brazos, la castaña estaba demasiado débil y no podía mantener sus ojos abiertos.
Apenas quedaban unos escasos metros para la salida cuando la figura espectral de William se apareció ante ellos barrándoles el paso. Dean cargó su arma sin siquiera pestañear pero Ashley lo miró suplicante, no quería recurrir a ello si no era estrictamente necesario.
-¿Por qué tanta prisa? -preguntó el hombre con una sonrisa torcida.
-Por favor, papá. Detente. -le pidió Ashley. -Has llegado demasiado lejos.
-Ambos lo hemos hecho, ¿no?
-No sé a qué te refieres. -balbuceó, nerviosa de lo que su padre pudiese conocer.
-Estás trabajando con los culpables indirectos de mi muerte... Creí haberte educado mejor que eso. -soltó ponzoñoso.
-Para. -exigió la chica. -Ellos no tienen nada que ver con esto. Si quieres culpar a alguien cúlpame a mí. -se le hacía extraño defender a los Winchester de aquella manera, sobre todo cuando hasta hacía unas semanas compartía la opinión de su padre, sin embargo, el haberles conocido había provocado un cambio en su visión y ahora le parecía lo más correcto del mundo.
-¿Qué no tienen nada que ver? -rió irónicamente el espíritu. -¡Ellos abrieron las malditas puertas del Infierno! ¡Ellos rompieron nuestra familia! Y por ello van a pagar. -amenazó, dedicándoles una rápida mirada a Sam y Dean.
El mayor de los Winchester no se contuvo más y disparó contra el fantasma provocando que éste se desvaneciera en el aire.
-Lo siento. -se disculpó con la chica.
Ashley se limitó a asentir y abrió la puerta para que Sam saliera con Judith. El menor de los Winchester se dirigió hasta una de las ambulancias que esperaban por las víctimas en el aparcamiento de la comisaría mientras Dean y Ashley lo esperaban dentro.
Una vez que Judith estuvo en manos de los servicios médicos Sam se dispuso a volver junto a ellos mas las puertas del edificio se cerraron por arte de magia ante sus narices y le fue imposible abrirlas. El fantasma de William había sellado el lugar con su hermano y amiga dentro.
-¡Mierda! -maldijo Dean, cuando se dio cuenta de la jugada del espíritu. -Estamos encerrados.
-Muy observador. -le concedió William apareciendo ante él y lanzándolo contra una de las paredes del pasillo. La espalda de Dean golpeó con fuerza el muro y el arma cayó a sus pies. -Voy a divertirme contigo. -habló, surgiendo de nuevo ante el cazador y sujetándolo está vez por el cuello.
Dean trataba de forcejear contra él pero era inútil. La fuerza sobrenatural del espíritu le impedía cada uno de los movimientos que intentaba para liberarse de su agarre y los huesudos dedos de William rodeaban su cuello dificultándole cada vez más la respiración.
Ashley observaba con terror la escena, si su padre seguía manteniendo aquella presión contra la garganta de Dean terminaría por ahogarlo, un espantoso temor recorrió todo su ser ante aquel pensamiento. Entonces fue completamente consciente de que no podía permitirse perderlo, y de que haría cualquier cosa por salvarle la vida.
-¡Suéltalo! -gritó, cargando su arma.
-¿Vas a dispararme? -preguntó William, incrédulo ante la amenaza de su hija, mientras seguía sosteniendo a Dean. -¿A tu propio padre?
-Mi padre nunca hubiera dejado morir a inocentes. -respondió Ashley, con la tristeza reflejada en cada facción de su rostro. -Te has acabado convirtiendo en lo que has estado cazando toda tu vida. Voy a liberarte aunque sea lo último que haga. -añadió, apuntando el arma contra su sien.
-¿Qué estás haciendo? -se alarmó entonces el fantasma.
-Acabar con esto. -respondió la chica sin titubear. -Sé que me usas como ancla a este mundo así que si yo muero tu encontrarás finalmente la paz.
-Es un farol...
-Déjalo ir o verás de lo que soy capaz. -advirtió Ashley, observando como Dean la miraba con ojos suplicantes. El cazador cada vez estaba más débil pero no se había perdido ni un ápice de la breve conversación que la rubia estaba manteniendo con su padre. -Tres, dos... -empezó una cuenta atrás la chica.
-Está bien. -se rindió finalmente el espíritu. -No lo hagas, necesito decirte algo sobre tu hermano.
William le dedicó una última mirada de odio a Dean antes de dejarlo caer contra el suelo. El cazador se llevó ambas manos alrededor de su cuello mientras luchaba porque el aire inundara de nuevo sus pulmones.
Ashley observó a Dean y respiró ligeramente más tranquila antes de volver a encararse a su padre.
-¿Qué pasa con Josh? -le preguntó miedosa.
-Tienes que encontrarlo. Creo que pudo sobrevivir, Ashley. -respondió William, esperanzado. El corazón de la cazadora dio un vuelco al escuchar aquellas palabras. -No he sido capaz de encontrarlo en el otro lado, lo estuve buscando pero no di con él. Por eso me quedé. Tal vez...
-No. No sigas. -le cortó ella, sintiendo un gran dolor en su corazón por lo que estaba haciendo. -Viste aquella explosión, tú mismo me dijiste que nadie podía haber sobrevivido a aquello.
-Lo sé, pero...
-¡Josh está muerto! ¡Así como tú también lo estas! ¡Debes aceptarlo, papá! -exclamó, desesperada. -Si no fuiste capaz de encontrarlo es porque no quedó nada, absolutamente nada que encontrar. -las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos sin control. -Él siguió adelante. Tal como tu debiste haber hecho.
La expresión de William cambió por completo cuando la realidad le golpeó. Había estado tan cegado por la pérdida de su hijo que no había sido capaz de aceptarla. En un principio se convenció de que debía encontrarlo y de que no seguiría adelante hasta hacerlo, luego se excusó a si mismo convenciéndose de que debía proteger a la ciudad tras la marcha de su hija y por último había dejado morir a cinco chicas inocentes para llamar la atención de Ashley. Se había convertido en un monstruo. Su hija tenía razón.
-Lo siento. -lamentó con sinceridad. -Yo no quería esto. Sólo pretendía seguir protegiéndoos a ti y a tu hermano, eso es todo lo que siempre hice hasta que os fallé.
-Nunca nos fallaste, papá. Nunca. -dijo la chica, bajando su arma y tirándola al suelo. Sentía que por fin se podía razonar con él. -Pese a todo lo que te tocó padecer nos sacaste adelante. Fuiste el mejor padre que podría haber deseado tener jamás. -sonrió con melancolía. -Por eso has de seguir adelante y encontrar la paz. Te lo mereces.
William sonrió.
-Estoy orgulloso de ti, Ashley.
-Pero rompí mi promesa y si supieras todo lo...
-Eso no cambia nada. -le cortó está vez él. -Por favor, no tengas en cuenta nada de lo que te haya dicho antes. Recuerda que tu siempre serás mi ángel.
-¿Por qué sigues diciendo eso? -preguntó la chica, incrédula y negando con la cabeza. -Mi llegada a este mundo te arrebató a mamá, supuse una carga para Josh... Papá, hubierais estado mejor sin mí.
-Porque acabas de demostrármelo una vez más, Ashley. Tú siempre fuiste mi luz en mi hora más oscura. -le sonrió, dulcemente, acercándose a ella. -Junto a Josh fuiste el mejor regalo que tu madre pudo legarme jamás.
La chica lo miró en silencio sin saber que decir hasta que encontró las palabras adecuadas.
-Te quiero, papá. -susurró, alcanzando las frías manos del espíritu.
-Y yo a ti, pequeña. -le respondió él, antes de desvanecerse para siempre envuelto en un halo de intensa luz blanca.
Ashley cerró los ojos cegada por la claridad y para cuando los volvió a abrir se encontró que frente a ella ya no había nada más que pasillo. Dean tosió ligeramente a escasos metros de su posición mientras lograba ponerse finalmente en pie, la chica volteó para mirarle y no pudo evitar correr hacia él abrazándolo.
-¿Estás bien? -preguntó el cazador, recibiendo a la rubia en sus brazos.
-Creo que esa pregunta debería hacértela yo a ti. -respondió Ashley, contra su chaqueta, dejando que el olor a cuero y a él le embriagara por completo.
-Estoy mejor ahora. -confesó Dean, retirándose un poco, para clavar sus ojos verdes en los azules de ella, pero manteniéndola sujeta por la cintura.
Ashley le miró embelesada y él se acercó de nuevo para apoyar su frente contra la de la rubia, ésta, lejos de sentirse incómoda por la cercanía de sus cuerpos, le rodeó la nuca con los brazos. Había estado a punto de perderlo y necesitaba cerciorarse de que no iba a irse a ningún sitio.
-Lo siento. -se disculpó, alzando la mirada. -Mi padre casi...
-Shh. Estoy bien. -la tranquilizó Dean, acariciando la pequeña y respingona nariz de la rubia con la suya. -No vas a librarte de mi tan fácilmente. -la chica cerró los ojos y sonrió con dulzura mientras el cazador imitaba su gesto.
Dean no podía seguir resintiéndose por más tiempo a los apetecibles labios de Ashley, los cuales, por cierto, se entreabrieron en clara señal de invitación, mas cuando ambas bocas estuvieron a punto de encontrarse, el sonido de la puerta abriéndose les hizo separarse.
Segundos más tarde, el menor de los Winchester irrumpió en mitad del pasillo con expresión preocupada tras haber intentado decenas de veces entrar en comisaría para socorrerles.
-¿Estáis bien? -preguntó con la respiración agitada por el esfuerzo.
-Sí, todo ha terminado. -informó la chica, recobrando la compostura y caminando hacia él. -¿Judith?
-Está fuera con los médicos. -le sonrió el más alto. Ashley se limitó a asentir y se perdió de la vista de los hermanos dirigiendo sus pasos hacia el exterior, dónde su amiga era atendida por los sanitarios.
-Sammy tienes el don de la oportunidad, ¿lo sabías?. -murmuró Dean, irónicamente. El aludido arrugó su frente sin comprender. -Déjalo. -suspiró, saliendo del edificio.
Una vez en el aparcamiento, los Winchester observaron como ambas amigas se encontraban abrazadas. Judith sólo había necesitado un poco de suero y ahora se encontraba de mucha mejor forma.
-Prométeme que no tendrán que pasar otros ocho años para volver a verte. -le dijo la castaña a la rubia.
-Te lo prometo. -sonrió Ashley.
-Bien, te tomo la palabra. -le devolvió la sonrisa la de ojos grises. -Puedes dejarte caer siempre que quieras por mi casa y más si vienes así de bien acompañada.
La rubia rió por la bajo negando con su cabeza.
-Cuídate, Judith.
-Tú también. -dijo ésta abrazándola una vez más. -Vigiládmela bien chicos. -agregó dirigiéndose esta vez a los hermanos, ambos asintieron sonrientes.
-Siempre. -respondió Dean, sin apartar la vista de la cazadora.
Motel Airways...
Ashley se había encerrado en su habitación des de que habían regresado al motel. En la soledad de su cuarto la cazadora no había podido dejar de pensar en todo lo que había sucedido durante las últimas horas, en como las cosas se habían desarrollado desde que compartía sus días con los Winchester.
Llegó a la conclusión de que no podía seguir haciendo aquello por más tiempo. Había mentido a su padre una vez más y por si fuera poco les seguía ocultando cosas a Sam y Dean, secretos que les afectaban directamente y que les ponían en riesgo.
Su vida se había convertido en un cúmulo de falsedades y no se sentía orgullosa de la persona en la que se había convertido. Con determinación empezó a recoger sus cosas. Haría las maletas y volvería a aislarse del mundo.
Sobre la cama descansaba la camiseta negra que Dean le había prestado para dormir la noche anterior cuando había terminado completamente ebria. La observó durante unos segundos, dudando entre cogerla y guardarla en la bolsa o dejarla atrás, finalmente en un gesto espontáneo se la acercó a la cara para aspirar su aroma. Olía a él. Una sonrisa se curvó en sus labios hasta que el sonido de alguien llamando a la puerta la sobresaltó.
-Ashley, soy yo. -se escuchó la voz de Dean al otro lado. La chica escondió la camiseta con rapidez en el fondo de su mochila al tiempo que el cazador entraba en la habitación. -¿Qué estás haciendo?
-Me voy, no soporto esto. -respondió Ashley, cerrando la bolsa.
-Nos iremos está misma noche entonces. -dijo él, creyendo que lo que pretendía su amiga era alejarse de aquella ciudad.
-No, Dean. -suspiró la chica, levantando la cabeza para mirarle. -No vendréis conmigo.
-¿Por qué no? -preguntó Dean, completamente confundido.
-¡Porque todo el mundo que me importa termina muerto! ¡O peor! -exclamó, colgándose la mochila al hombro, con la intención de cruzar la habitación y salir por la puerta sin mirar atrás. Sin embargo, el cazador se interpuso en su camino. -Aparta, Dean. Soy tóxica.
-No digas tonterías.
-¿Tonterías? ¡Nada más nacer me llevé por delante la vida de mi madre! ¡Condene a mi padre y a mi hermano! Por no hablar de que hoy casi te pierdo a ti también... No puedo volver a pasar por algo así.
-No voy a dejar que te vayas. -sentenció el cazador, tirando de la bolsa para quitársela.
Ashley observó como la mochila caía sobre sus pies.
-Dean, por favor...
-Escucha. Sé lo que te pasa. -dijo, cogiéndola de la barbilla. Sus miradas volvieron a encontrarse y la rubia no pudo evitar tragar saliva. -Tienes miedo, estas asustada de todo esto, pero no tienes por qué tenerlo. A mí no vas a perderme. Soy un hueso duro de roer. -le sonrió, llevando su mano hasta su mejilla.
-Tienes que parar de hacer eso. -susurró ella, cerrando los ojos para sentir su caricia.
-¿El qué?
-Tratarme así. -respondió la chica, volviendo a abrir sus ojos. -Y mirarme de esa forma, como si...
-¿Cómo si fuera capaz de hacer cualquier cosa por ti? -dijo Dean, sin rodeos. La chica lo miró sin saber que decir. -Porqué lo haría, Ashley. Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para mantenerte a mi lado.
Ashley notó un gran peso en el estómago. Nunca había sentido algo así por nadie y eso le asustaba. Le aterraba darse cuenta de que cada día que pasaba a su lado ese sentimiento se iba afianzando en su interior con más fuerza y de que, pese a intentarlo constantemente, no era capaz de ponerle fin de ninguna de las maneras. Además, el hecho de que Dean le dijera ese tipo de cosas, como si sintiera lo mismo por ella, tampoco le ayudaba a mantener la sensatez. Se estaba volviendo loca, completa e irremediablemente loca por él.
La rubia trató de deshacerse de la mano que el cazador sostenía contra su mejilla dando un paso atrás, asustada por el descontrolado latido de su corazón. Pero él no se lo permitió, la cogió del brazo y la arrastró de nuevo hacia su persona.
-No te apartes de mí.
Eso fue todo lo que dijo Dean antes de presionar sus labios contra los de ella con ímpetu, colocando sus manos a ambos lados del rostro de la chica para que ésta no pudiera alejarlo de nuevo. Ashley trató de resistirse al principio, pero pronto se dejó arrastrar por todo aquel torrente de emociones y terminó por enterrar los dedos en su cabello, cogiéndolo por la nuca y empujándolo hacia ella hasta que sus cuerpos chocaron por completo.
Dean sintió cómo Ashley se entregaba finalmente a aquel beso y se permitió separar con su lengua los labios de la chica, fue así como ambas se encontraron, iniciando una lucha desenfrenada por hacerse con el control de la boca del otro. Las manos del cazador bajaron hasta las caderas de Ashley, apretándola aún más contra él. No podía evitar que la pasión le consumiera, había esperado mucho tiempo para besarla y quería demostrárselo.
Ashley notaba el compacto pecho de Dean alzarse sobre el de ella, su respiración entrecortada y agitada le hacía perder el control llevándola a extremos que no recordaba haber sentido nunca. Él era puro fuego y ella se estaba quemando.
No fue hasta que un leve gemido escapó de sus labios cuándo Ashley puso los pies en el suelo y lo separó de ella con delicadeza, posando una de sus manos sobre su torso. Ninguno de los dos dijo nada, simplemente se quedaron mirándose fijamente mientras luchaban por que el oxigeno volviera a inundar sus pulmones.
La chica se perdió en aquellos ojos verdes que la observaban con un brillo especial y durante un instante, como hipnotizada por Dean, quiso contárselo todo: las dudas que la carcomían; el miedo que la paralizaba; los sentimientos que apenas entendía y que tan desesperadamente trataba de ocultar... Incluso quiso contarle su más oscuro secreto, aquel que sabía que lo cambiaría todo si lo compartía con él. Tal vez por eso no lo hizo, porque no podía hacerlo, porque no quería ver cómo la decepción cruzaba el rostro que ahora con tanta devoción la miraba.
La mano de Ashley abandonó el pecho del cazador para acariciarle fugazmente la mejilla.
-Lo siento, Dean. No puedo. -susurró, negando con su cabeza. -Tienes que dejarme ir.
Él la miró aturdido, observando cómo recogía su mochila del suelo, creía que después de aquel beso por fin estaban en la misma página pero por lo visto se había equivocado.
-¿Por qué estás haciendo esto?
-Por ti. -le sonrió Ashley, tristemente. -Porqué me importas.
-Pues no lo hagas. -rebatió él, sujetándola por la muñeca. -Si realmente te importo no cruces esa puerta.
-No sabes lo que me estás pidiendo... -dijo ella, lanzando un suspiro. -Yo sólo te complicaré aún más la vida.
-Pues complícamela. -soltó Dean con una risa amarga. -Complícamela, Ashley. Me da igual.
Sólo quería que la chica leyera la necesidad en su mirada y decidiera quedarse junto a él. Dean Winchester nunca había suplicado la compañía de ninguna mujer pero por Ashley estaba dispuesto a hacer una excepción, a decir verdad más de una, porque la rubia había conseguido meterse bajo su piel y no podía soportar la idea de perderla.
Ashley tuvo que apartar la mirada, sabiendo que si seguía perdiéndose en la de él terminaría por volver a lanzarse a sus brazos. Cerró sus ojos con fuerza y suspiró antes de pronunciar las palabras clave que le permitirían que Dean la dejará marchar sin parpadear. Se odiaba por tener que jugar aquellas cartas pero se odiaría más si se quedaba y lo ponía en peligro.
-Tal vez no te preocupes por ti. -le concedió. -Pero te preocupas por Sam, ¿verdad? -la frente de Dean se arrugó y aflojó el agarre con el que mantenía presa su muñeca, Ashley supo entonces que estaba funcionando. -Si me quedo también le estoy poniendo en peligro a él.
Dean la miró sin decir nada y con la frustración arañándole por dentro decidió soltarla, apartándose de su camino. Lo que Ashley le estaba insinuando terminó por superarle, había pocas cosas en la vida que no pudiera soportar pero perder a su hermano era una de ellas.
La chica sintió como un repentino escozor viajaba hasta sus ojos y se obligó a parpadear varias veces para evitar derramar una sola lágrima más mientras caminaba hasta la puerta y tomaba el pomo entre sus manos.
-Lo siento. -susurró, apenas con un hilo de voz y de espaldas al chico.
-Adiós, Ash. -se despidió Dean.
Ashley notó que las piernas le fallaban y hizo un tremendo esfuerzo por mantenerse firme. Por primera vez no le importó lo más mínimo que alguien que no fuera Josh usará el diminutivo de su nombre, pues éste había sonado demasiado bien en los labios de Dean.
Su corazón le decía que se diera la vuelta, que se rindiera ante él, porque al fin y al cabo había sido a su lado dónde se había reencontrado con ella misma. Sin embargo, su cabeza le decía que cruzara esa puerta, que se alejará de allí a toda velocidad, porque no había forma de que Dean la perdonara si llegaba a conocer las verdaderas intenciones con las que se había acercado a él en primer lugar.
Finalmente, la razón le ganó el pulso al corazón y Ashley abandonó la habitación cerrando la puerta tras ella. Dean se quedó quieto en el sitio, echo completamente un lío, e incapaz de reaccionar. Sólo cuando escuchó el rugido del motor del Charger alejándose de allí salió al aparcamiento para observar como el coche de la rubia se perdía entre las sombras de la noche.
El cielo emitió un sonido atronador anunciando la gran tormenta que se avecinaba. Ashley conducía a toda velocidad buscando alejarse lo máximo y más rápido posible de los hermanos Winchester, especialmente del mayor de ellos.
Un fuerte nudo atravesaba su garganta mientras las lágrimas se amontonaban en sus ojos y, aunque trató de reprimirlas, éstas terminaron por resbalar por sus mejillas cuando las primeras gotas de lluvia golpearon el cristal de su coche.
Por muchos años que hubieran pasado, por muchas criaturas sobrenaturales que hubiera matado y por muchas personas que hubiera salvado en el camino, su vida no había vuelto a tener sentido hasta que aquellos inesperados sentimientos le habían golpeado de lleno.
El móvil empezó a sonar sobre el salpicadero, Sam la estaba llamando insistentemente tras haberse enterado de su marcha, pero la chica se limitó a ignorarlo y pisó el acelerador con más ímpetu aún sabiendo que no era lo más adecuado con la lluvia que estaba empapando la calzada.
El sonido del teléfono empezaba a ponerla nerviosa así que, desviando la vista de la carretera, lo atrapó con su mano para silenciarlo y lanzarlo contra el asiento trasero. Cuando volvió a centrar su atención en la carretera una figura había aparecido de la nada y se encontraba en mitad de su trayectoria.
Pisó el freno con fuerza para evitar atropellar a aquella silueta que parecía humana, mas el asfalto estaba demasiado mojado y el coche patinó, obligándola a corregir la dirección de éste mediante un volantazo. Con destreza logró flanquear el obstáculo, no obstante, no pudo evitar terminar fuera de la carretera.
Por suerte, y más allá de verse repentinamente sorprendida, no sufrió ningún daño, así que con rapidez bajo del coche para comprobar qué demonios era lo que le había obligado a hacer semejante maniobra.
La lluvia caía con furia y calaba su ropa con suma rapidez, la noche se había vuelto extrañamente fría y un mal presentimiento recorrió todo su cuerpo al observar que no había ni rastro de aquella misteriosa figura.
-Hola, gatita. -escuchó Ashley, tras ella, a una distintiva voz masculina que hubiera reconocido en cualquier parte. La cazadora intentó alcanzar la navaja que llevaba en su bota pero el hombre la redujo, sujetándola por la espalda. -¿Así me recibes? -susurró contra su oído.
-¡Suéltame, cabrón! -vociferó la chica, revolviéndose.
-Ashley, Ashley, Ashley. -canturreó el hombre, volteándola para mirarla a los ojos. -¿Qué voy a hacer contigo? Creía que me serías leal después de todo por lo que hemos pasado juntos... Y, ¿cuál es mi sorpresa? Descubrir que te estás alejando de tus objetivos. -lamentó, negando con su cabeza. ¿Tan molestos te resultan los Winchester? -preguntó, burlonamente. -Puedo llegar a comprenderte cariño.
-¡Qué te den! -escupió ella, mirándolo con odio. -No pienso seguir trabajando para un demonio de mierda.
-Cuidado, Ashley. -le advirtió él. -Sabes muy bien que no soy cualquier demonio de mierda.
