Malachite estaba furioso. Después de que Jedite le informara, que su cautiva ya no estaba en la casita, se levantó y corrió al lugar, observó todo lo que ella había hecho para huir y comprendió que, en verdad, la había subestimado. Regresó hacia la puerta y se acercó a Jedite.

– ¿Hace cuánto te diste cuenta?

– Hace media hora.

– Eres un inútil, maldito desgraciado ¿cómo la dejaste ir? – Jedite recibió una fuerte bofetada de parte de su jefe – Es apenas una mujer. ¿Cómo pudo escapar? – Jedite no pudo decir nada.

– Trae de inmediato los caballos, la seguiremos, no puede estar muy lejos, ella no conoce por aquí y la carretera principal no está cerca. – siguió ordenándole mientras caminaba lleno de ira.

– Te mataré si se nos escapa, te juro que te mataré.

Jedite tenía la mirada en el suelo y sólo hizo lo que le ordenaba, no podía decir palabra alguna que justificara su ineptitud.

– Neflyte está por llegar. Y ruega que me traiga buenas noticias, porque si no, entonces sí me desquitaré contigo – le dijo alzando la voz mientras Jedite se retiraba.

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En la mente de Darien resplandeció una luz, se ubicó frente al ordenador «que sea Dios, que sea…» y digitó un nombre: Morgana Evil.

– ¡Sí! Ella es su testaferro. – De inmediato, en el sistema catastral de la nación, aparecieron propiedades a nombre de la mujer. Miró todas las ubicaciones, encontró dos cerca de la capital; una al sur y otra al norte, al noroccidente, un predio, muy amplio, llamado El Porvenir. Tenía que ser ese sitio, ahí tenían a Serena. Revisó el reporte de la furgoneta, la propiedad en cuestión estaba hacia la misma dirección, sólo que a unos 20 km de distancia.

Lo pensó de nuevo, no podía equivocarse, la vida de Serena dependía de sus razonamientos. Cerró los ojos y escuchó a su corazón. Se levantó de inmediato, debía darse prisa, tenía que rescatarla.

Llamó, a su oficina, a Andrew y a otros oficiales para que apoyasen en el operativo. Kakyuu también estaba presente.

– Creo que ya sé dónde la tienen – Darien les habló a sus compañeros. – Estoy casi seguro que es este lugar. Les contó lo que había investigado.

Seiya también se presentó en su oficina y le pidió lo dejase colaborar directamente en el rescate.

– ¡No Kou! – Darien se levantó molesto. – Usted no puede ayudar en esto, es peligroso y no quiero exponer a nadie más, innecesariamente.

– Mayor Chiba, necesito salvar a Serena – Seiya respondió con igual ímpetu – Yo me he enfrentado a situaciones peligrosas antes. Necesito colaborar.

Darien tenía ganas de encerrarlo y que lo dejara en paz, no iba a permitir que se involucrara. Pero, decidió hablarle con calma.

– Créame Kou, comprendo su situación, más de lo que se imagina, pero no irá con nosotros. Usted puede quedarse aquí y tendrá información, de primera mano, sobre la operación de rescate. Utilice sus contactos para obtener información sobre las actividades de Malachite Shitennou, así tendremos suficientes evidencias para encerrarlo, es todo lo que podría hacer. No puedo ofrecerle nada más.

Seiya apretaba sus puños, la frustración no lo abandonaba desde que se la llevaron, ahora que parecía estaba más cerca de encontrarla, tenía que continuar esperando.

El fax de la oficina de Darien comenzó a recibir información. Todos se paralizaron a la espera de saber de qué se trataba. Apenas terminó de imprimirse, la hoja fue tomada, por el Mayor, rápidamente.

Darien se sobresaltó. Era el informe del atentado en la oficina de correos, éste explicaba que el asaltante que recibió los tiros en la oficina de correos, fue identificado. Su nombre era Neflyte y tenía antecedentes policiales. «Ya sabía que era una escoria.» La motocicleta encontrada era robada. El otro sospechoso era un muchacho llamado Peruru, sólo tenía 17 años; le había parecido joven al verlo, pero en realidad era más joven de lo que había pensado. Había pasado a manos del Concejo de la Niñez y Adolescencia. Cuando revisó la información del menor y casi da un grito. La dirección del chico decía: sitio El Porvenir.

– ¡Por Dios! Este es el lugar donde tienen a Serena – Darien se sentó en su ordenador para verificar la información. Todos los presentes estaban muy atentos a lo que Darien dijera.

– ¡Kakyuu! Comuníquese con Nicolás Kumada del equipo a cargo de la vigilancia del menor, que averigüe cuál es la relación que tiene con el tal Neflyte y por qué estaba apoyándolo, díga que le habla de mi parte, que es urgente y que el muchacho tiene que acompañarnos – enseguida salió la chica a comunicarse por teléfono.

En la pantalla del ordenador apareció una fotografía aérea del territorio de las municipalidades contiguas a la capital. Por medio de un comando, Darien proyectó la información en la pantalla gigante que tenía en la pared.

– ¡Andrew, apaga las luces! Quiero que todos vean esto. – el oficial obedeció de inmediato mientras Seiya y los demás se movieron para cerrar las persianas. Había siete personas en la oficina. Darien hizo un zoom en el lugar donde se encontraba el sitio denominado El Porvenir.

– Este es el sitio. – Se levantó – Kakeru, ven al ordenador – le ordenó a otro de sus oficiales, un experto en SIGs.

Observaron el territorio en el que realizarían el operativo, identificaron el sitio donde se halló la furgoneta y luego la vivienda de Morgana Evil, en realidad no había conexión directa entre ellos; tendrían que recorrer 30 kilómetros desde la carretera principal para llegar a la vivienda, siguiendo un camino sinuoso que estaba lastrado, ya que el relieve del terreno no permitía un acceso en línea recta.

– Vamos Andrew, tenemos que capturar a ese maldito y rescatar a Serena Tsukino. – organizó dos grupos de tres personas, cada uno llevaría un aparato GPS y un radio transmisor. En ese momento regresó Kakyuu con la información.

– Señor, hablé con el teniente Kumada, dice el chico se encuentra bien, y que afirma fue obligado a actuar bajo las órdenes de Malachite Shitennou. Deben pasar por la oficina del Concejo de Menores y firmar unos formularios para que puedan llevárselo, junto con el informe oficial.

– Gracias. No perdamos más tiempo.

– Andrew, adelántate hasta el sitio, ve directo a la vivienda de Morgana, yo pasaré por el chico y te alcanzaré. Todos acomodaron sus armas, sus chalecos de protección y sus equipos, entonces, partieron de la oficina.

Darien estaba seguro que encontraría a Serena. Sintió esperanza y recordó una frase que alguna vez le dijo ella, se sintió feliz. Luego, dejando de lado cualquier rivalidad, se dirigió a Seiya, quien observaba todo y seguía, callado, a la espera de la decisión del Mayor.

– Kou, la encontraremos, lo prometo. – Seiya tuvo que aceptar que no iría, pero también tuvo un buen augurio. Miró a Darien.

– Está bien Mayor, confiaré en usted, pero por favor, comuníqueme cualquier detalle. –Darien asintió con la cabeza y miró a Kakyuu antes de salir.

– Mantenga al señor Seiya Kou al tanto de todo.

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La ira de Malachite iba en aumento, mientras cabalgaban en busca del rastro de su víctima. No sólo había perdido a Serena, Neflyte no aparecía con noticias sobre los documentos que fue a buscar en la ciudad. Se había quedado sin nada, sin pruebas y sin rehén.

Él y Jedite habían subido a los caballos en dirección al camino, éste estaba a una distancia de cien metros de la vivienda en la que se encontraban, luego debieron recorrer casi un kilómetro, camino abajo, hasta el sitio a donde, supuestamente, Serena descendió. El relieve del terreno era, en verdad, irregular. Tenían vehículos de lujo, sin embargo, no los usaron para evitar llamar la atención entre los habitantes del sitio.

Una vez que llegaron al lugar desde donde podían ver la casita en la que retuvieron a Serena, se detuvieron a revisar. Jedite se había sobresaltado.

– Encontré sus huellas. – Le dijo a su jefe, esperando que éste suavizara la mirada para con él. – siguió el camino, seguro la alcanzaremos, no creo que pueda estar tan lejos.

– ¡Vamos tras esa perra! – le había contestado, sin hacer otro comentario más.

Aunque el camino era lastrado, había mucho polvo sobre la calzada, las huellas de Serena se mantenían claras mientras avanzaban.

El sol resplandecía en el ciel azul y ellos iban a paso constante cuando escucharon el ruido de una motocicleta. Entonces se detuvieron para esperar a los vehículos, Malachite esperaba mejores noticias. Tener ya los documentos en sus manos.

Cuando al fin el móvil giró en la curva, la cara de Malachite se descompuso, esperaba ver a sus tres hombres, inclusive al periodista, en las dos motocicletas; pero sólo era uno.

– ¡Maldición! – Dijo bajando del caballo – ¡es que no he podido rodearme de más ineptos!

– Detente, qué pasó con los otros dos – le dijo, amenazante, al joven de la moto; él era hijo de Bandana, servía a Malachite para que éste tratara bien a su madre. – ¿Dónde está Neflyte?

– Neflyte está muerto, señor. Peruru fue detenido. La policía los sorprendió cuando iban a atacar al reportero. Era cierto, fueron a la oficina de correos, había un paquete. Neflyte intentó asaltarlos, pero el Mayor Chiba les estaba cubriendo las espaldas, se encargó de Peruru y luego abatió, a tiros, Neflyte; no pude hacer nada, por eso vine a informarle antes de que me descubrieran. Fue a las ocho de la mañana.

– ¡Maldita sea, maldito Chiba, malditos sean todos! – ahora sólo me queda encontrar a esa maldita sabelotodo o desaparecer. Todos mis planes se están arruinando ¡maldita la hora en que esa perra metió sus narices en mis asuntos! Ahora, ya estarán viniendo para acá. – Malachite no paraba de maldecir, ya no le quedaban opciones; la policía tenía las pruebas y él ya no tenía a Serena para negociar.

– Jedite, quédate con él y encuentren a esa mujer; no la subestimen más. Debió hablar con alguien, amenacen a quien sea con tal de saber su paradero.

– Y Jedite, escúchame bien, en verdad te mataré si fallas esta vez. – Jedite, sintió en todo su cuerpo la amenaza, pero junto al otro joven, asintieron ante la orden.

– Captúrenla y llévenla a la otra propiedad. La cambiaré por mi libertad. Dame la motocicleta, si tengo que desaparecer, no esperaré más tiempo. – Malachite intercambió el caballo con la moto y regresó por el camino, hacia la vivienda donde Bandana.

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Darien y su equipo iban a toda velocidad, eran casi las diez de la mañana, si se apuraban, alcanzarían a Andrew en cuarenta minutos.

– Por qué estás ayudando a Malachite. ¿Qué sabes de la mujer a la que secuestraron? – Interrogó al muchacho apenas lo tuvo en el carro.

– Señor, no es como usted piensa, yo no estuve en el secuestro. – El chico se veía asustado y tenía la mirada baja, parecía arrepentido. – Yo… creí que podía agradar al señor Shitennou para que él no molestara a mi familia.

– ¿Dónde la tienen? – Darien no parecía conmovido.

– En una casita, en lo más alto del terreno. Junto a la casa del señor Malachite. La vigilan junto con el señor Jedite.

– ¿Por qué vinieron a asaltar al periodista? – Necesitaba la información precisa.

– El señor Neflyte dijo que teníamos que vigilarlo, que él tenía unos papeles, por eso vinimos en la madrugada a esperarlo a que saliera de su casa, cuando vimos que iba con el oficial, lo seguimos y el señor Neflyte decidió atacarlo, yo tenía que cubrirlo, pero, no sabía cómo, nunca he matado a nadie, se lo juro.

– ¿Cuántos eran?

– Tres, el otro es el hijo de Bandana, una señora que sirve en la casa del señor Malachite; él se quedó a esperar en su moto, seguramente huyó en cuanto escuchó los disparos.

Darien lo escuchaba fríamente, era posible que Malachite supiera ya que sus hombres fallaron y que ahora la policía iba tras él. El peligro amenazaba, mucho más, a Serena. El maldito la usaría como escudo para salir del problema. No iba a permitirlo.

– Conecta la radio y dame el transmisor – Kakeru hizo lo que pidió.

– Cóndor dos, responda, aquí cóndor uno, ¿me copia? – Darien trató de comunicarse con Andrew.

– Aquí cóndor dos, hemos tomado el camino lastrado, esperamos instrucciones. Cambio – Andrew contestó desde el otro transmisor.

– Cóndor dos, el sospechoso se encuentra en la casa de la cima, tiene a la víctima en una casita contigua, rodeen el sitio y protejan a la mujer con su vida. – Darien enfatizó la última frase. – Cambio.

– Comprendido cóndor uno, tengan precaución al subir, hay mucho polvo y el camino tiene demasiadas curvas. Cambio y fuera.

Darien pensó rápido y se comunicó a la Oficina Central.

– Cóndor uno llamando a Central, me copian, cambio.

– Señor, aquí central – contestó Kakyuu – Cambio.

– Kakyuu, dígame, ¿el oficial Gurio llegó? – Preguntó el Mayor – Cambio.

– Acaba de llegar con la testigo – contestó Kakyuu – Cambio.

– Comuníquelo.

– Mayor, espero sus instrucciones – Se escuchó la voz de Kevin – Cambio.

– Kevin, mira los papeles de mi escritorio, dirígete a la segunda propiedad de Morgana Evil. Lleva un equipo contigo, me comunicaré. – Cambio.

– Copiado Mayor. – Cambio y fuera.

Darien cerró la comunicación y pidió al conductor que pusiera la sirena y aumentara la velocidad. Tenía el tiempo en contra. Aún iban por la carretera principal, al descender hasta el valle que formaba el cauce del río, divisaron la montaña donde se encontraba El Porvenir, a Darien se le aceleró el corazón; tenía razones suficientes para que la adrenalina le recorriera el cuerpo, pero prefería centrarse en las profesionales. La vida de Serena estaba primero y luego la captura de Shitennou.

– Son cinco kilómetros hasta la entrada, señor – Kakeru le indicó.

Darien asintió y se quedó pensando, en medio de la esperanza que sentía, el miedo se coló y se imaginó a Malachite maltratando a Serena y situándola en la línea de fuego.

Serena, resiste, ya voy por ti.


Saludos cordiales a todos las lectoras y lectores. Les dejo un nuevo capítulo de la historia. Espero actualizar antes del siguiente fin de semana.

yesqui2000, gracias por estar siempre atenta. Un abrazo.

Cotita83, aquí llega el siguiente capítulo, yo también quiero que el destino les permita reencontrarse, aún hay que esperar. Gracias por tu comentario.

azucenas45, y sigo. Espero que sigas pendiente de la historia.

Gracias por sus reviews.