Vida Nueva.
Capitulo 10.
Si había algo en todo lo alto y ancho del mundo que detestara más que cualquier otra cosa existente en el Universo, era ver a su hermosa Haru llorar, sobre todo si era por su culpa. No hacía más de cinco minutos que la ultima heredera del clan Azuma se había visto obligada a contarle la devastadora verdad a la muchacha de pelo rosa-rojizo, a quien nada más asimilar todo lo que la asesina le contaba, su sonrisa tan bella desapareció, su respiración pareció alterarse y el brillo de sus ojos se opacó entre las lagrimas que se formaron en estos. A continuación la chica se levanto de golpe de la silla, con Rin en los brazos, y se dirigió corriendo a la sala, Tokaku por supuesto la siguió temiendo que pudiese hacer alguna locura, pero en lugar de eso desde la entrada de la cocina vio como depositaba suavemente a la niña en la suave alfombra que había en medio ofreciéndole una sonaja y al oso de felpa para que se entretuviera un momento, aun con lagrimas atrapadas en los ojos.
Haru entonces se inclino de golpe sobre la alfombra dirigiéndose directamente a la pared más cercana a la puerta de la cocina, donde se encontraba Tokaku recargada mirando la tormentosa escena. La muchacha se quedo estática frente a la asesina alrededor de un minuto sin saber que decirle, haciendo solo contacto visual con sus profundos orbes azules, que a pesar de siempre mantenerse estoicos y fríos, ahora parecían preocupados, empáticos, incluso compasivos. Haru pestañeo y las primeras lágrimas se deslizaron por su rostro al tiempo en que hacía una mueca de absoluto sufrimiento. Tokaku no podía soportar eso.
-Haru, yo…— No pudo terminar la frase. De repente sintió como los temblorosos brazos de su chica rodeaban su cuello y escondía su cabeza en algún punto entre su hombro y cuello liberando el enorme nudo de su garganta en forma de sollozos.
-Tokaku… Tokaku… No, por favor, no…— La aludida, incapaz de poder decir algo acorde a la penosa situación, rodeo la cintura de su novia con la intención de corresponder el abrazo con la misma intensidad en un vano intento por tranquilizarla— No es verdad... ¡No es verdad! ¡No es cierto! ¡No es cierto! No puede ser…
De un segundo a otro, los sollozos de la chica se convirtieron en un verdadero llanto, que para evitar asustar a Rin tuvo que ser ahogado contra el cuerpo de la Azuma, quien se sentía completamente inútil al no poder tranquilizar a su novia en ese estado tan lamentable. Podía sentir las lagrimas de la pobre humedecer su piel y mojar su camisa sintiendo también unos leves golpes que daba contra su pecho como muestra de la frustración que la chica estaba sintiendo. Pocas veces la había visto llorar de esa forma, casos en los que de verdad su amada realmente estaba sufriendo, y este era uno de aquellos momentos en los que no solo era Ichinose quien sufría, Tokaku también lo hacía, pero en un silencio tan sepulcral digno de una piedra.
La peli azul dirigió una de sus manos a la cabeza de Haru para frotársela suavemente en los puntos donde Tokaku sabía, y se había aprendido de memoria, que generalmente la tenían un poco más tranquila. Pareció funcionar, pues poco a poco el llanto fue disminuyendo hasta convertirse en los mismos sollozos del principio.
-¿Por qué tú?... ¿Por qué?— Susurraba al mismo tiempo en que se aferraba con fuerza a la camisa de ella intentando contenerse. Pero es que cómo se iba a tranquilizar si la persona a la que más amaba en el mundo la estaban buscando para matar.
-Intenta estar tranquila, Haru, recuerda que Rin esta aquí— Dijo despacio a su oído, pues durante todo el rato en que Haru se había abrazado a ella Rin no les había quitado el ojo de encima y la expresión en su rostro le había dejado más que en claro a Tokaku que toda la tensión en el ambiente la estaba alterando.
-Lo siento, es solo que… no quiero perderte, Tokaku. Haru no sabría que hacer sin ti, así que por favor, no me dejes— Suplico limpiándose las desobedientes lagrimas que no paraban de salir de sus orbes rosáceos.
-Mírame a los ojos— Indico y para evitarle trabajo ella misma se encargo de alzarle suavemente el mentón para hacer contacto visual.
Una destrozada Haru había tomado el lugar que le pertenecía a la chica sonriente y alegre que Azuma había conocido y eso no hizo otra cosa más que hacer que la peli azul se despreciara interiormente por ser en parte la causa de su dolor. Tokaku negó repetidas veces con la cabeza causando confusión en Ichinose, quien ya no sollozaba pero seguía derramando lágrimas.
-Estas definitivamente no te quedan para nada, ¿sabes?
Y para sorpresa de Haru, los caminos húmedos que se habían formado en su rostro a causa de su llanto fueron secados por el suave tacto de los dedos su amada, quien prosiguió quitando también las lagrimas que amenazaban por también salir. A continuación, Azuma dirigió sus dos dedos pulgares a los extremos de los labios de ella y suavemente los alzo de forma que en los labios de Haru se formara una sonrisa que se mantuvo aun después de que la peli azul retirara sus dedos.
-Así está mucho mejor, me gusta tu sonrisa. Escucha Haru, nunca voy a dejar que algo malo te pase a ti o a Rin estando yo viva, ¿entendido?
Ichinose parecía estar dispuesta a decir algo, pero se lo guardo para sí cuando vio que la asesina planeaba seguir hablando.
-Eh~… Sé que esto no lo digo muy seguido y tal vez no lo demuestre tanto como otra gente pero, lo cierto es Haru, que eres… eres… eh…— No estando acostumbrada a decir ese tipo de cosas, Tokaku de repente comenzó a pasar por una crisis verbal que la llevo a decir cosas sin mucho sentido, pero decidida a decirlo de una vez tomo aire y lo soltó—: Lo cierto es que eres la persona más importante de mi vida, eres… ¿Cómo decirlo?... Una asesina como yo no debería tener derecho a estar a lado de una persona como tú, pero yo tengo ese privilegio y… bueno... ya sabes, me haces ser mejor persona y…
Un silencio incomodo de cinco segundos se alzo en el aire, la verdad era que Tokaku se sentía muy idiota diciendo ese tipo de palabras, mal dichas por cierto, pero por lo menos hacía si quiera un mísero intento para expresarse bien. Haru por su parte quería que su novia terminara de decir lo que estaba intentando decirle, hasta que por fin la Azuma, en una probabilidad de un millón a una, lo dijo fuerte y claro:
-…evitas que mi pasado me atormente, me comprendes y nunca te has alejado de mi lado aun sabiendo cómo soy, pudiendo incluso estar con una persona mejor. Es por eso Haru que yo… te amo, ¿ok? ¡Listo, ya lo dije!
Ciertamente la chica de pelo rosa-rojizo no podía salir de su asombro e incredulidad al escuchar esas palabras salir de la boca de la asesina, que a pensar de llevar más de cinco años de relación juntas nunca había expresado tanto como ahora, y es que la peli azul debió haber hecho un esfuerzo enorme para poder articular todas y cada una de esas palabras; de hecho, un tono rojizo no identificado apareció de pronto en sus mejillas. Feliz, Haru esbozo una sonrisa un poco melancólica al no poder superar todavía la noticia anterior, y si bien no eran las frases más románticas de la historia ni mucho menos ella entendía a Tokaku y se sentía feliz de que por fin esta última expresara, muy a su estilo, el mismo sentimiento.
Dispuesta a terminar con el calvario que significaba para la asesina el silencio que acababa de formarse, Haru río y por fin se decidió a hablar, aun sintiendo en su pecho una terrible presión.
-Yo también te amo, Tokaku. Por eso no quiero que mueras, porque Haru no sabría qué hacer sin ti aquí, menos ahora que tenemos una hija.
-Lo entiendo, tampoco es como si yo lo quisiera, pero son problemas con los que tengo que lidiar.
-¿Pero por que tú? Es demasiado duro para mí pensar que una organización entera quiere matarte.
-Ya te lo había dicho. Inferno quiere venganza por haber asesinado a los Nagato y mandaran a alguien a hacerlo, no sé cuándo ni dónde, pero creo saber a quién enviaran— La preocupación en el rostro de Ichinose creció cuando esta noto la vasta seriedad con la que había dicho eso ultimo— Haru, ¿recuerdas cuando me tuvieron que hospitalizar hace dos años?
A la muchacha eso no le cuadro muy bien, pero vaya que lo recordaba, y lo recordaba bien.
-Sí, me acuerdo— Azuma asintió, era obvio que se acordaría, pero no quería decirle todo de golpe.
-Muy bien. Antes de eso me enviaron a una misión para capturar a un agente de Inferno que le estaba dando problemas a Kaiba ¿Recuerdas a El Gato?
Nada más escuchar ese apodo los ojos de Haru se abrieron como platos. Nunca iba a olvidar ese apodo, por él casi había perdido a su novia hace dos años, y enterarse de que podría volver a aparecer precisamente ahora no hacía otra cosa más que empeorar todo a un nuevo nivel.
-¿Qué pasa con él?— Inquirió nerviosa.
-Pasa que él es el que tiene más probabilidades de que lo envíen a por mí— A la chica se le desencajo la mandíbula cuando escucho eso— Sus jefes debieron de enterarse de lo cerca que estuvo de matar a un descendiente del clan Azuma, Inferno se entera de todo de igual forma, y hay que aceptar que yo me salve de pura suerte, por lo tanto creo que es a quien consideran más capacitado para esto.
Haru estaba en estado de shock. No sabía cómo reaccionar y por pura conmoción su única reacción fue apoyar su cabeza en el pecho de Tokaku mientras esta, a sabiendas de que la pobre estaba volviendo a pasar por un momento crítico, la abrazo de nuevo intentando transmitir un poco de la seguridad que ella misma le dijo que le brindó cuando todavía estaban en Myojo.
-Hare todo lo posible por seguir contigo, ¿de acuerdo?— Susurro despacio a su oído. Ella, teniendo el rostro escondido e incapaz de ver a la chica a los ojos simplemente asintió.
Tokaku esbozo una minúscula sonrisa al sentir la respuesta de la pelirroja que no parecía querer apartarse de donde estaba. La asesina miro al frente con intenciones de saber que estaba haciendo su hija, y cuál fue su gran sorpresa cuando vio lo que paso a continuación:
-Haru, mira— Le dijo separándola suavemente de su cuerpo. La aludida se seco algunas lágrimas que había derramado sin querer y prosiguió a mirar al interior de la sala, donde vio algo que la hizo olvidar por diez segundos la tragedia por la que estaban pasando.
Rin, que hasta el momento se había mantenido en silencio mirando la inquietante escena de sus madres, de repente se había puesto en pie tambaleándose torpemente. Tokaku y Haru no salían de su asombro, pero reaccionaron cuando la vieron poner por primera vez un pie delante del otro amenazando con caerse, pero increíblemente fue capaz de dar un segundo, un tercer, un cuarto e incluso un quinto y sexto paso remplazando de golpe la angustia que se había creado en el ambiente por una euforia que hizo a ambas mujeres emocionarse, tanto así que hasta Tokaku se había emocionado.
Su hija estaba dando sus primeros pasos.
Haru se acerco agachándose rápidamente al ver que la pequeña ya estaba perdiendo el equilibrio. En efecto, luego del séptimo paso, el peso de Rin hizo que esta cayera hacía adelante, pero siendo salvada por las manos de su madre, quien llego a tiempo para evitar que se diera un golpe y ahora la tenía en brazos con una sonrisa radiante en la cara al ver que su pequeña niña acababa de hacer un gran hallazgo. A los dos segundos se les unió Tokaku, quien abrazo a su mujer por la espalda rodeando su cintura recargando su barbilla en el hombro de esta para ver a Rin sin dejar de sonreír.
De puro gusto la peli azul le dio un beso fugaz a Haru en la mejilla causando un tenue sonrojo en esta última.
-Pequeña sinvergüenza, y yo pensando que no podías caminar— Dijo a su hija, quien en respuesta jalo un mechón de su cabello, pero sin tanta fuerza a como acostumbraba hacer.
Justo ahí, en medio de la sala, luego de haberse visto obligada a hacer que su novia pasara un mal rato, Azuma Tokaku se dio cuenta de que al final la familia no siempre significaba un problema, como había sucedido en la suya para su desgracia. Miro a las dos chicas que tenía al frente, a su novia –próximamente su futura esposa— y a un pequeño demonio que a pesar de todos los pésimos malos ratos que pasaban juntas la mayoría del tiempo, con eso que acababa de hacer había hecho que se ganara el afecto suficiente para tener una razón por la cual aguantarla en sus momentos de revolución.
Sintió como Haru se apoyo sobre ella y estiro su cuello un poco para darle un beso en la mejilla. En ese momento la Azuma también había tomado otra decisión importante pues ahora que tenía a dos hermosas personas que conformaban su familia definitivamente no se podía dar por vencida. Por algo su apellido seguía siendo tan temido y le haría honores demostrándole a Kaiba y a Inferno que nadie podía con la voluntad de un Azuma.
Estaba decidido, fuese quien fuese su enemigo ella definitivamente no podía morir. Tenía una razón muy importante para seguir viva.
No, no me morí, tranquilo, y tampoco me olvide del fic.
Eh tenido un par de cosas que hacer y por eso no publicaba nada, pero ya me tienen de vuelta, para su desgracia y la desgracia de Fanfiction. ¡En fin! Espero que les haya gustado el capitulo que ya se que me quedo un poco corto, ya lo se, pero no quería alargarlo más y que no tuviese sentido. Recuerden que cualquier Review, critica o sugerencia son aceptadas.
Muchas gracias a todos los que me dejan Reviews, en serio, son los mejores. ¡Los quiero mucho, gente! Nos vemos en el próximo. Adios. Cuidense.
Riux, Chaitooo
