Hola de nuevo! XD. Se que me quieren matar o al menos hacerme sufrir un poco por la espera jajaja. Pero como les habia prometido ayer en mi otra historia (que les pido le den una oportunidad y lean) aqui esta el nuevo capitulo que estaban esperando, no es el mas largo pero espero que lo disfruten.

En el ultimo capitulo muchos se preguntaron igual que Regina "¿Porque no?", creame yo tambien me hice esa pregunta la primera vez que la lei jajaja. Eso si, creo que en este capitulo muchos diran, que la rubia esta loca o que Regina esta todavia mas loca jajajaja no lo se, ya veremos que dicen.

Ahora vamos con los review

Lupitha95: Perdon por haberlo dejado hasta ahi, pero tenia que mantener el drama y suspenso ajajajaja, pero aqui esta la continuacion y si te entiendo el capitulo anterior te provoco mucho igual a mi.

Guest: todos nos quedamos como Regina, te cuento que mi reaccion cuando lei por primera vez el libro fue la de agarrar la laptop y sacudirla haciendo esa pregunta, quede como loca frente a mi mama.

Kykyo-chan: pienso igual que tu, la rubia debio de haber dejado de pensar y dejarse llevar pero no, le encanta poner el drama.

CCMLectoraEscritora: jajajajajaja, si eso dice mucho XD, espero estes feliz de que este actualizando seguido, ojala que asi se mantenga.

ThityLoveSwnQeen: antes que nada me da curiosidad tu nombre, como se te ocurrio? jajaja. Creo que quedaron con mas que el corazon a galope, pero es entendible no jajaja, quien no quedaria asi despues de semejante encuentro. No pude actualizar muy pronto que digamos pero al fin aqui esta.

Love Girl: Hola de nuevo jajajaja, aqui esta la otra actualizacoin que prometi. La rubia no sabe lo que se perderia si se echa para atras, y estoy completamente de acuerdo que Regina tiene las armas suficientes para hacer caer todavia mas a la rubia, y en este capitulo creo que afinara o conocera nuevas "armas" o al menos tendra mejor conocimiento XDjajaja si quien no se lo plantearia.

Kyoshiob69: si tambien me he leido varias adaptaciones, creo que eso me animo mucho el querer hacer mi adaptacion, es uno de los mejores libros que me he leido y no me canso de leer el original ni las adaptaciones, como dices debe ser que los personajes son peculiares y el humor es unico jajaja.

MarieShir: me emociona que te guste, esa es la idea que la disfruten y les encante esta gran historia.

Guest: perdon por la tardanza, pero al fin aqui esta la actualizacion ojala te encante :D

Afan108: son buenas preguntas las que hicistes,¿ dejaran esto hasta ahi? o ¿caeran ante la tentacion XD? creo que este y el proximo capitulo te contestara esas dudas, me alegra saber que te hayas tomado la molestia de ponerte al dia jajaja, es bueno saber que aun sigues mis historias XD.

lilzv: quien tiene que agradecer soy yo, gracias por tomarte tu tiempo para leer y comentar la historia, es un gran impulso para mi, anima a seguir, y no te preocupes ya acabo la larga espera, ya podras saber que pasara.

Guest: tu comentario me hizo darme prisa con la actualizacion sabes jajaja, el que aun despues de meses de la ultima actualizacion alguien comentara y escribiera que ya necesitaba el nuevo capitulo me hizo darme cuenta que no los podia seguir haciendo esperar, asi que, gracias y espero disfrutes.

Bien pues lo unico que queda por decir es que esta es una adaptacion, la historia ni los personajes no me pertenecen (lastima) pero bueno, adelante y disfruten, por cierto cuando escribia el capitulo, habia olvidado cuanto me habia hecho reir por Regina jajaja ojala tambien les haga reir. ¿Creen que Emma aceptara? XD


El Ladrón de Novias

Capítulo 10

- ¿Que por qué no? – Emma clavó los ojos en ella, perpleja. Regina la miraba a su vez con la cabeza ladeada, aguardando una explicación. Tras lo que se le antojó una eternidad, ella se aclaró la garganta por fin y dijo - Estoy segura de que comprende la razón por la que no podemos seguir adelante con esto. Podría haber repercusiones... y no me encuentro en situación de poder ofrecerle matrimonio. - Regina levantó las cejas.

- Y no espero ninguna propuesta matrimonial.

- Entonces ¿qué es lo que espera exactamente?

- Que compartamos una aventura maravillosa

A Emma se le disparó el corazón. Trató de coger aire; pero parecía tener los pulmones comprimidos, como si se hallaran bajo el peso de una roca enorme.

Aquella respuesta le había dejado atónita. Desde luego, se alegró inmensamente y anheló compartir una aventura con aquella mujer, pero ¿cómo iba a hacer tal cosa? Su conciencia le asediaría sin piedad. Entre ellas iba alargándose el silencio y comprendió que tenía que decir algo.

- Por mucho que me halague la disposición que usted muestra, me temo que debemos dejarlo así.- Ella frunció el entrecejo, desconcertada.

- Oh, vaya ¿Es que ya tiene una amante? - Emma sintió un intenso calor que le ascendía por la nunca.

- No, en este momento no. - La expresión de Regina fue de alivio.

- No puede negar que me desea.

- Es evidente. Pero hay en juego mucho más que el mero hecho de satisfacer mis deseos – Sus dedos se tensaron levemente sobre la cintura. La soltó y se pasó las manos por la cara. - Está claro que usted no ha recapacitado sobre esto...

- Todo lo contrario, sí lo he hecho.

- ¿De verdad? Pues no ha tenido en cuenta su reputación, que resultaría completamente arruinada.

- Sólo si se enterase alguien. Yo no pienso contárselo a nadie. ¿Y usted?

- Por supuesto que no. Pero por más discretas que fuésemos, alguien sospecharía y haría correr el rumor: un criado, un vecino, alguien de su familia. Resulta imposible esconder una aventura en un pueblo tan cerrado como Tunbridge Wells.

- No estoy de acuerdo – Regina respiró hondo y entrelazó las manos - En este pueblo se me considera rara, excéntrica, insulsa, una solterona y un ratón de biblioteca. Nadie, ni por un instante, daría crédito a la idea de que una mujer, y mucho menos una mujer como usted, me concediera más que una mirada fugaz. A mí misma me resulta casi imposible de creer. De hecho, me atrevería incluso a decir que si las dos estuviéramos en una sala atestada de gente y anunciáramos que nos habíamos convertido en amantes, nadie nos creería.

Muy probablemente la joven tenía razón y eso le provocó una oleada de rabia contra cada uno de los mastuerzos que le habían negado su atención. Despreciables idiotas.

- Me estoy acercando rápidamente a los veintiséis – prosiguió ella. - Hace tiempo que acepté las limitaciones que me imponen mis inusuales aficiones, pero eso nunca me ha impedido anhelar una aventura en mi vida. Y pasión.

En sus ojos centellearon una frágil esperanza y un profundo anhelo, que a Emma le encogieron el corazón. Maldición, tenía que convencerla de que era una mala idea tomarla a ella como amante, pero debía hacerlo sin humillarla. No obstante, le estaba resultando muy difícil: le dolía la entrepierna de deseo y al parecer había perdido el habla.

Le cogió la mano y enlazó sus dedos en los de ella. Su contacto le provocó un agradable calor a lo largo del brazo, y tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no estrecharla con ardor y mandar al diablo su maldita conciencia.

- Desde mi encuentro con el Ladrón de Novias – dijo ella suavemente - no he podido reprimir mi necesidad de aventuras. Es como si él hubiera abierto una compuerta en mi interior. Emma se quedó petrificada.

- ¿El Ladrón de Novias? ¿Qué tiene él que ver con esto?

- Me hizo sentir... viva. Me hizo darme cuenta de lo mucho que deseaba... ciertas cosas. - Emma apretó la mandíbula y entrecerró los ojos.

- ¿Cosas como un amante? - Ella le sostuvo la mirada sin mover un solo músculo

- Sí - Emma sintió una irracional punzada de celos, y le soltó la mano con brusquedad.

- En ese caso, quizá deba acudir con su oferta al Ladrón de Novias.

Ella se sonrojó y a Emma le rechinaron los dientes. No había tenido en cuenta la posibilidad de que Regina pudiera albergar sentimientos de... amante hacia su otra personalidad.

- Es improbable que vuelva a verlo - "Sí, de lo más improbable"

- ¿Y si lo viera?

- No me hizo insinuación alguna de que me... deseara.

Diablos ¿qué quería decir con eso? ¿Que deseaba experimentar la pasión con el Ladrón de Novias? La idea de que ella deseara a otra persona, con independencia de que en realidad fuera ella, le nubló la vista con un velo rojo. Pero se tragó su creciente cólera y dijo con frialdad:

- ¿Se ha parado a pensar que su aventura podría dar como resultado consecuencias para usted y su familia?

- Sí, pero, como le he dicho, es difícil que algo así pase y en tal caso estoy dispuesta a afrontarlas. En este momento son otros aspectos los que realmente me preocupan.

- ¿Otros aspectos?

- Aun no tengo idea de cuáles sean los métodos que utilizan dos mueres para hacer el amor.

- ¿Aún? –Se pasó la mano por el pelo- ¿Y cómo piensa averiguarlo? - Ella alzó las cejas

- ¿Los conoce usted?

- Naturalmente. - Los labios de Regina se curvaron en una sonrisa de alivio.

- Perfecto. Entonces podrá decirme todo lo que necesito saber.

- No pienso hacer nada de eso. No necesita esa información, porque yo no voy a ser su amante. –Se pasó la mano por la cara y sacudió la cabeza - ¿Y si en el futuro decide casarse? – En el momento en que lo dijo, pasó por su mente otra imagen de ella, rodeada por los brazos de una persona sin rostro, una imagen que a punto estuvo de ahogarla.

- No tengo el menor deseo de casarme. Me siento realizada con mis trabajos científicos, y espero poder viajar algún día. Si quisiera ser una esposa, podría haber accedido a una boda que recientemente arreglaron mis padres. Le doy mi palabra de que no intentaré sacarle una propuesta de matrimonio.

- Eso es muy sensato, ya que yo tampoco tengo intención de casarme nunca. Y no me gustaría nada que me obligasen a ello.

- Entiendo. Pero ¿qué pasará con su título nobiliario?

- Morirá conmigo – contestó Emma con tono rígido y decidido.

- Ya – Regina lanzó un suspiro y dijo - Bien, pues ya que hemos hablado del tema y superado todos los obstáculos...

El cielo sabía cuánto ansiaba ella hacerle el amor. Pero con aquella maldita voz de la conciencia que no dejaba de martillearle el cerebro, se sentía empujada a salvarla de sí misma, porque, pese a sus protestas, se veía a las claras que aquella joven no se daba cuenta de lo mucho que tenía que perder.

Contuvo el intenso deseo que amenazaba con pulverizar sus buenas intenciones, la tomó por los brazos y la miró a los ojos. Rogando que ella viera cuán profundo era su pesar, le dijo:

- No puedo ser su amante. Y no es porque no la desee, porque sí la deseo –dejó escapar una risita seca - y con desesperación. Pero no puedo, no quiero ser la responsable de su deshonra.

Ella alzó la barbilla un poco más.

- Ya le he dicho que nadie le pediría cuentas de cualquier efecto adverso que pudiera acarrear nuestra asociación.

- Entiendo. Pero no soy capaz de marcharme sencillamente o volver la espalda a las responsabilidades. - En los ojos de ella brilló la confusión.

- Pero ¿qué sucedió con sus anteriores amantes? ¿Acaso no le preocupaba la reputación de ellas?

Emma experimentó una oleada de ternura. Tomó su rostro entre las manos y le rozó las mejillas con los pulgares.

- Ninguna de mis anteriores amantes era tan inocente. Su relación conmigo, o con cualquier otro, no ponía en peligro su estatus social. Pero el de usted resultaría arruinado. Y yo no puedo desentenderme de eso. - Aquellas palabras robaron toda expresión a sus ojos.

- Entiendo – Se apartó de la condesa con un movimiento brusco - En tal caso, supongo que lo mejor será que regrese a mi casa. ¿Me da mis gafas, por favor?

- Por supuesto.

Emma sacó las gafas del bolsillo de su chaqueta y se las entregó. Observó cómo se las ponía, sintiendo una aguda punzada de pérdida. Tras ajustarse las gafas, Regina le dedicó un gesto formal con la cabeza.

- Me despido de usted, ladi Swan – Y, girando sobre los talones, emprendió el regreso.

Una despedida. No había forma de confundir el significado de aquellas palabras ni el tono de su voz. Estaba claro que era la última vez que esperaba verla. Mejor así. Debería estar contenta. Pero, maldita sea, sentía un profundo dolor en el pecho ante la idea de no verla nunca más. De no ver su sonrisa, ni oírla reír, ni tocarla, besarla, hacerle el amor...

Apretó los labios para no gritar su nombre, plantó los pies al suelo firmemente para no echar a correr tras ella, apretó los puños para no abrazarla. Y finalmente cerró los ojos con fuerza, para no tener que ver cómo se alejaba de ella.

Había obrado correctamente. Con nobleza. Por ella. Aunque jamás sabría dónde había encontrado fuerzas para resistirse a su oferta.

Jamás lo sabría. En efecto, ya nunca sabría cómo era tener a Regina Mills debajo de ella. Encima de ella. Enredada en ella. Pronunciando su nombre en un gemido. Despertar en ella la pasión que tanto ansiaba conocer... y que deseaba compartir con ella.

Entonces abrió los ojos. El sendero por el que se había marchado se veía ahora desierto. Se obligó a moverse y dio media vuelta con intención de irse, pero sus pies se pararon en seco al fijarse en la jarra de miel. La había dejado junto a unos matorrales antes de acercarse a ella. Al instante le asaltó un tropel de imágenes: el placer que experimentó ella al ver el regalo, sus ojos brillantes de deseo cuando ella la besó, su expresión seria y dolorosamente esperanzada mientras le preguntaba si quería ser su amante.

Se maldijo a sí misma.

Sí, ciertamente era una mujer noble.

Una noble idiota con un pesar en el corazón que no desaparecería jamás.

.

.

.

Regina, sentada en su escritorio, tamborileaba con los dedos sobre la pulimentada superficie de madera de cerezo. "Ha rehusado. He de quitarme la idea de la cabeza". Por desgracia, su cabeza no colaboraba en absoluto.

Apretó los labios y dejó escapar un lento suspiro. Aquel rechazo debería haberla avergonzado, humillado, escarmentado. Pero sólo se sentía frustrada y decepcionada. Y más decidida que nunca a salirse con la suya.

Pero ¿cómo? ¿Cómo convencerla... incitarla... seducirla? ¿Por qué tenía que ser tan insoportablemente noble?

Sin embargo, aun cuando se formulaba aquella pregunta, la admiraba todavía más por preocuparse de su bienestar y su reputación. Si no fuera tan honorable, seguramente no la habría atraído tanto. Con todo, no podía dejar pasar aquella oportunidad de experimentar la pasión. No se imaginaba siquiera desear vivir semejantes intimidades con otra que no fuera ladi Swan, y si no lograba convencerla a ella, temía hacerse vieja sin conocer nunca el amor físico. Tal vez si no hubiera aparecido la condesa se hubiera contentado con simplemente transcribir aquellos sueños en su diario.

Pero ahora que había probado sus besos, que conocía la fuerza de sus brazos alrededor del cuerpo, que había sentido el calor del deseo, tenía que saber más. Y ya que estaba decidida a seguir adelante, necesitaba aprender cómo hacer el amor con ella.

Sacó una vitela del cajón superior y escribió una breve nota a Ruby, rogándole que la recibiese aquella noche después de cenar. Dobló la misiva, la selló con lacre y acto seguido fue en busca de Henry. Sabía que el chico se alegraría de llevar la carta a la casa de su hermana en el pueblo, ya que Ruby siempre tenía en la despensa una caja repleta de las galletas de miel favoritas de Henry.

Mientras aguardaba la respuesta de Ruby, confeccionaría una lista de preguntas que formular a su hermana respecto a los métodos. Y esperaba tener un motivo para hacer uso de aquella información.

.

.

A las nueve en punto de aquella noche Regina entró en la acogedora salita de Ruby, pero se quedó perpleja al encontrarse con las miradas inquisitivas de tres pares de ojos.

- Buenas noches, Regina – entonaron al unísono Ruby, Belle y Zelena.

Ay, Dios. Aquello no era en absoluto lo que tenía pensado. Normalmente, se habría alegrado de pasar una velada con todas sus hermanas, pero esta vez no se trataba de circunstancias normales. Comprendió que tendría que esperar otra ocasión para hablar del tema, y le desilusionó tener que postergarlo. Tragándose su decepción, avanzó y abrazó a sus hermanas.

Una vez finalizados los saludos, las cuatro tomaron asiento en sillones de cretona alrededor de la chimenea. Ruby, mientras servía generosos vasos de jerez, preguntó:

- Muy bien, adelante Regina ¿Cómo van las cosas con ella? - La mano de Regina se quedó paralizada cuando iba a coger su vaso

- ¿Cómo dices?

- Venga, no seas tímida – la reprendió Belle al tiempo que acercaba su sillón. - Nos morimos de ganas de que nos lo cuentes todo.

Regina cogió el jerez y dio un buen trago. Cielos. Tenía el terrible presentimiento de saber a qué se referían sus hermanas con "ella" y "todo". Sus sospechas se vieron confirmadas cuando Zelena, que compartía con ella el diván, se le acercó tanto que casi se le sentó en el regazo.

- Oh, es tan hermosa, Regina – suspiró con ojos brillantes - Y además es muy rica y...

- Con título –terció Ruby dejando la licorera sobre la mesa que había junto al sillón-. De un linaje de lo más impresionante. Es el octava condesa ¿sabes?

- No, no lo sabía –murmuró Regina - Pero...

- Su aversión al matrimonio es bien conocida, pero si está cortejando a nuestra Regina, por lo visto ha cambiado de idea respecto de tomar esposa – dijo Belle al tiempo que aceptaba una bandeja llena de galletas que le ofrecía Ruby.

Regina estuvo a punto de atragantarse con el jerez, pero se lo tragó, aunque casi se ahogó. Aunque sabía que nadie podría creerse que la condesa iba detrás de ella, debería haber imaginado que sus leales hermanas sí admitirían una idea tan improbable. Zelena le dio unas palmaditas en la espalda y agregó:

- Imagino que ella afirmará que no piensa casarse nunca. Qué tontería. Todos sabíamos que cambiaría de opinión cuando encontrase a la mujer adecuada. - Con lágrimas en los ojos, miró a Regina con algo parecido al respeto - Lo que ocurre es que jamás pensamos que la mujer adecuada ibas a ser tú. - Regina tosió y agitó la mano delante de sus ojos llorosos.

- No – exclamó ahogada – No es así.

- Pásame su vaso para llenarlo, Zelena – ordenó Ruby - Y sigue dándole palmaditas en la espalda. Mira, ya le vuelve el color.

- ¿Cuándo piensa visitarte de nuevo? –Inquirió Belle mientras Ruby le servía más licor - Debes procurar no estar disponible cada vez que venga ella.

- Belle tiene razón – convino Zelena - Y cerciórate de que la haces esperar por lo menos un cuarto de hora antes de aparecer. No te preocupes por eso; una dama mundana como la condesa está bastante acostumbrada a esas cosas.

- Y además – intervino Ruby -, debes pasar al menos media hora al día practicando miradas de coqueteo en el espejo. A mí siempre me ha funcionado ésta. – Bajó la barbilla y dirigió la vista hacia abajo con expresión recatada; luego levantó la mirada muy despacho y agitó las pestañas.

- Oh, lo haces maravillosamente –dijo Zelena aprobando con la cabeza - También puedes mirarla por encima del borde del abanico...

- Y poner los labios así –dijo Belle frunciendo la boca para formar una o perfecta - Y asegúrate de que... - Regina alzó una mano.

- Basta. Callaos todas. Debéis escucharme.

Sus hermanas guardaron silencio y la miraron con expresiones ávidas, inquisitivas y extasiadas. Cielos, qué embrollo; tenía que cortarlo de raíz antes de que fuera a más. Se ajustó las gafas, que le habían resbalado hasta la punta de la nariz al toser, y dijo:

- Habéis interpretado erróneamente la situación. Entre la condesa y yo no hay nada.

- Pero si mamá ha dicho que fue a verte y te llevó flores –protestó Ruby.

- Desde que me secuestraron, todos los caballeros solteros del pueblo hacen lo mismo, pero sólo pretenden sonsacarme acerca del Ladrón de Novias. Ladi Swan no está enamorada; al igual que los demás, es sólo una buscadora de curiosidades. - Belle vació su vaso de jerez y lo tendió para que se lo volvieran a llenar.

- Pero mamá ha dicho que te invitó a su casa y...

- Que envió su carruaje a recogerte –terminó Ruby.

- En ese caso, os habrá contado que la condesa nos invitó a mí y a Henry con el único propósito de enseñarnos su telescopio Herschel. Su invitación fue enteramente de carácter científico. - El ceño arrugó la frente perfecta de Belle.

- ¿Ha ido a verte desde entonces?

- No – respondió Regina, razonando rápidamente que el hecho de que la hubiera encontrado en el lago aquel mismo día no se podía calificar de visita intencionada - Ni yo esperaría que lo hiciera. Mamá ha creído ver demasiadas cosas en su forma de actuar.

"Dios santo, si mamá sospechase siquiera lo que ha incluido la "forma de actuar" de la condesa, se desmayaría de verdad".

La encantadora sonrisa de Zelena desapareció con evidente desilusión.

- Entonces quieres decir que ella no...

- Quieres decir que no ha... – interrumpió Ruby con una expresión idéntica a la de Zelena.

- Pues no – contestó Regina con su tono más entusiasta - Entre ladi Swan y yo no hay absolutamente nada. – Apretó los labios y compuso una expresión de lo más remilgada, rogando que el rubor de su cara no delatase su descarada mentira - Os sugiero que os olvidéis de este asunto.

Aunque obviamente decepcionadas por aquel giro de los acontecimientos, sus hermanas asistieron con un murmullo. Zelena le apretó la mano y le dijo:

- Bueno, si ladi Swan pasara una noche en tu compañía y no fuera capaz de reconocer lo especial que eres, es que no es más que...

- Una idiota –sentenció Belle al tiempo que ponía su mano encima de las de ella.

- Una Ignorante –afirmó Ruby con firmeza, y tuvo un muy poco femenino golpe de hipo - ¿Alguien quiere más jerez? - Todas ofrecieron sus vasos vacíos. Mientras los llenaba, Ruby comentó:

- Si no quieres hablar de tus relaciones con la condesa...

- No hay relaciones de las que hablar –logró decir Regina con los dientes apretados.

- Conforme. En ese caso ¿por qué querías hablar con nosotras?

Regina no mencionó que no pretendía hablar con todas ellas, sino sólo con Ruby. Era evidente que ésta había enviado mensajes para atraer a sus hermanas con la promesa de averiguar los detalles de la relación de Regina con la condesa. Se sintió tentada de abandonar todo el plan, pero sus hermanas eran la única esperanza que tenía de obtener la información que buscaba. Mientras dejase claro como el agua que deseaba dicha información sólo con fines científicos, todo iría bien.

Así pues, después de beberse otro buen trago de jerez, dijo:

- En realidad, necesito vuestra ayuda en un asunto científico. - Aquella declaración fue recibida por tres caras inexpresivas.

- Nosotras no sabemos nada de esas cosas – dijo Zelena tras dar un pequeño mordisco a una galleta - Deberías preguntar a Henry. - Regina rogó que no se notase su vergüenza.

- Me temo que el tema no es para hablarlo con un... Hombre. - Belle frunció el entrecejo.

- Entonces tal vez pueda ayudarte mamá

Regina se las arregló para no hacer una mueca de disgusto ante aquella sugerencia.

- No lo creo. Ya sabes lo excitable que es mamá y temo que malinterprete la intención de mis preguntas.

- Puedes preguntarnos lo que quieras – cedió Ruby al fin.

- Muy bien. Necesito saber cuál es el proceso físico que experimenta una pareja, sexualmente hablando.

Tras aquella frase encontró con tres caras boquiabiertas y de ojos como platos. Se le cayó el alma a los pies. Diablos ¿Sería que sus hermanas no lo sabían? Pero tenían que saberlo, ya que todas estaban casadas. ¿Acaso no estaban al tanto de aquellas cosas todas las mujeres casadas? Las tres intercambiaron miradas de extrañeza y a continuación volvieron su atención a Regina, que de repente se sintió como un espécimen bajo el microscopio. Ruby bebió un buen trago de jerez y dijo:

- Creía que habías dicho que no había nada... - Zelena sorbió de golpe su bebida:

- Entre tú... - Bell se echó al gaznate lo que le quedaba en el vaso:

- Y la condesa. - Regina sintió una oleada de intenso calor y hasta le pareció que las orejas le echaban fuego.

- Y en efecto, no hay nada entre nosotras. – "Todavía" - Sólo necesito esa información para un experimento científico que deseo llevar a cabo. Naturalmente, se trata de un tema sumamente delicado y por lo tanto no puedo preguntárselo a cualquiera.

- Resulta de lo más impropio hablar de cosas así con una mujer soltera – declaró Zelena con el entrecejo fruncido y la lengua un poco torpe.

- Así es – convino Belle - ¿Qué clase de experimento puede requerir una información como ésa?

Adoptando el tono monótono que sabía que aburría mortalmente a sus hermanas, Regina afirmó:

- Deseo realizar un estudio comparativo de los ciclos reproductivos de varias especies, entre ellas las ranas, las serpientes y los ratones, respecto de los seres humanos. – Como accionadas por un resorte, la sola mención de ranas, serpientes y ratones hizo que sus hermanas pusieran una cara como si acabaran de morder un limón amargo. Fingiendo entusiasmarse con el tema, Regina prosiguió - Tomemos, por ejemplo, la serpiente. Después de mudar la piel...

- Un tema fascinante, Regina – la interrumpió Ruby rápidamente - pero no es necesario entrar en detalles. – Le acercó el plato de galletas.

Regina cogió una y se tragó su sentimiento de culpa por manipular a sus hermanas de manera tan desvergonzada. Zelena carraspeó y acto seguido comenzó con tono discreto:

- Bien, mientras sea por el bien de la ciencia, tengo entendido que algunas mujeres se lavan "ya sabes dónde" con vinagre, después. - Regina se la quedó mirando, sorprendida y atónita. Cuando al final pudo hablar, dijo:

- ¿De verdad? Y... eh... ¿Para qué hacen eso?

- Para eliminar "ya sabes qué". – Zelena se ruborizó, y se apresuró acoger otra galleta. - Regina abrió la boca para seguir preguntando, pero entonces intervino Ruby:

- Bueno, yo he oído que... – Echó un rápido vistazo a la habitación para cerciorarse de que no había entrado nadie, y luego se inclinó hacia delante. Su cautivado público hizo lo propio, y Regina incluso estuvo a punto de caerse del cojín. Bajando la voz hasta convertirla en un murmullo, continuó - Algunas mujeres llegan incluso a ducharse con vinagre. - A Zelena se le agrandaron los ojos.

- ¡Qué dices!

- O con zumo de limón – añadió Belle, asintiendo - Aunque eso es más difícil de encontrar. – Tomó la licorera y fue llenado todos los vasos hasta el borde - Yo he oído comentar que hay mujeres que utilizan esponjas marinas.

- ¿Y qué hacen con ellas? – quiso saber Regina, preguntándose dónde diantre iba a encontrar ella una esponja marina.

- Empaparlas en vinagre...

- O en coñac – terció Zelena

- Y luego las introducen "donde ya sabes" – terminó Belle.

- Y... hum... ¿para qué sirve eso? – inquirió Regina, esperando que el "donde ya sabes" fuera lo que ella creía que era. Un delicado eructo escapó de los labios de Zelena.

- Impide que el "ya sabes qué" llegue a "ya sabes dónde" y termine fabricando un bebé.

El grupo se quedó en silencio por unos segundos. Estaban vagando por un punto que a Regina no le interesaba, sin embargo no sabía cómo llevar esa conversación a lo que realmente deseaba saber, sin que sus hermanas sospecharan.

-Afortunadamente eso es algo de lo que dos mujeres no tienen que preocuparse - tercio Zelena.

-Dime Regina, sabes cómo hacen el amor dos mujeres - se interesó de pronto Belle.

-Pues yo…

- Oh, yo he escuchado muchas cosas al respecto - interrumpió Ruby. El grupo se juntó aún más.

-He escuchado que normalmente se tocan una a otra "ya sabes dónde" y que en ocasiones también usan otras cosas para penetrarse…. - Regina hacia notas mentales mientras sus hermanas no dejaban de sorprenderse ante las palabras de Ruby.

-Ah, me han dicho algunas conocidas que hacer el amor entre mujeres es lo más hermoso que puede existir - dijo Zelena - que hay tanta pasión, romance – sus manos abrazaron su cuerpo y su mirada se tornó soñadora con un dejo de excitación en ella - es algo que me encantaría comprobar.

- ¡Santo cielo, Zelena, no estoy segura de querer saber eso!

Belle se echó a reír sin querer y enseguida se tapó la boca con la mano, apenada. Su risa fue contagiosa, y en pocos segundos las cuatro estaban dobladas por la cintura, partiéndose de risa.

- Bueno, por lo que a mí respecta, no soñaría siquiera con emplear ninguno de esos métodos ni estar con una mujer – dijo Ruby secándose las lágrimas con el borde del vestido - Tengo muchos deseos de ser madre.

- Yo también –dijo Zelena -. Aunque la idea de dar a luz me da bastante miedo. Una de nosotras debería tener un bebé, para que pueda contarnos a las demás qué se siente. Ruby, voto por que la primera sea tú.

- ¿Yo? – Ruby miró ceñuda a su hermana - ¿Y por qué no tú? - Zelena se volvió hacia Belle.

- Tú eres la que lleva casada más tiempo, Belle. Debes ser tú la primera en tener un bebé.

- Muy bien. Ya que insistís, daré a luz antes de que termine el año.

- Oh, pero eso es imposible – se burló Zelena - Hacen falta nueve meses, y ya estamos en julio.

Belle se limitó a enarcar las cejas al tiempo que esbozaba una ancha sonrisa. Regina lo comprendió y lanzó una exclamación:

- No es imposible – dijo mirando a Belle con asombro - si ya está encinta.

Hubo un silencio de asombro por unos instantes, y acto seguido estalló un verdadero revuelo cuando todas se pusieron a chillar al unísono, riendo, llorando, abrazándose y hablando a la vez.

- ¿Cuánto tiempo hace que lo sabes?

-¿Cómo te encuentras?

- ¡No tienes aspecto de estar embarazada!

- ¿Lo sabe mamá? – Belle rio

- ¡Cielos, un poco más despacio! Lo sé desde hace unas semanas, no quería decírselo a Rumple antes que a nadie, y hasta ayer mismo no regreso de visitar a su madre.

- ¿Por eso no fuiste con él? – apunto Zelena y Belle asintió

- Sospechábamos que podía estar encinta y no queríamos correr el riesgo que entraña un viaje tan largo. El medico lo confirmo mientras Rumple se encontraba ausente. Por lo demás, me siento de maravilla y mi estado se hará más evidente a lo largo de las próximas semanas. Hoy mismo le he dado la noticia a mamá, pero le hice prometer no contároslo, porque quería hacerlo yo misma.

Siguió otra ronda de abrazos. Después, Regina se reclinó en su asiento y escuchó cómo Zelena y Ruby bombardeaban con preguntas a Belle.

Experimentó una punzada de anhelo y se rodeó con los brazos ¿Cómo sería llevar dentro el hijo de la persona a la que una amaba, en el interior del cuerpo, sentirlo crecer? Un hijo que habrían creado juntos. A juzgar por la expresión radiante de Belle, debía de ser una sensación maravillosa, muy hermosa.

En los planes de Regina nunca estuvo el tener hijos, ya que sabía que con otra mujer no era posible y desde que tuvo uso de razón supo que los hombre no le venían para nada. Sus alternativas eran convertirse en una seca solterona o intentar vivir una aventura apasionada, y ahora que tenía una idea de cómo hacer el amor con una mujer, nadie le impediría cumplir la segunda.

Excepto ladi Swan.

Pero seguro que lograría convencerla.

¿Verdad?

Sí, informándole de manera lógica de todas las razones por las que ambas deberían comenzar una relación, y junto con los datos que había sonsacado a sus hermanas, seguro que lograría convencerla.

Pero, sólo por si acaso, supuso que no le haría ningún daño practicar las miradas de coqueteo en el espejo.

.

.

.


Much s diran que la rubia es idiota, lo se yo tambien lo pense, pero hay que entender se preocupa por Regina, eso todavia la hace mas encantadora. Ahora la pregunta es lograra a Regina convencerla o no, o la misma rubia caera sola ante los encantos de la morena. Ya se vera en el proximo capitulo, que juro subo entre mañana y el jueves, todo depende de mi tiempo y claro de que digan ustedes XD.

Por cierto, ¿algun aqui tomo nota de los concejos de las hermana Mills o fue a practicar sus miradas al espejo? jajajajajaja. Hasta la proxima