Capítulo 9: El reencuentro.

Minerva despertó en la cama del hotel en cual se hospedaron, Minerva buscaba con la vista a su prometido hasta que finalmente lo encontró descansando en el pequeño sofá de la habitación. Ella sonríe.

—Buenos días amor, ¿quieres comer?

—Cállate.

—Te lo mereces.- Afirmó ella.

Sting gruñó, se levantó del pequeño sofá para saltar y aterrizar en la cama dónde se encontraba Minerva, ella se río por la actitud tan infantil de su novio. Este le fulmina con la mirada pero no le afecta en nada, es Minerva ella es la jefa de las miradas.

—¿Dormiste bien?- Pregunta con interés mientras se le dibujaba una sonrisa socarrona.

—Oh, sí dormí bien, de hecho tuve un sueño en la cual teníamos sexo duro.- Respondió con sarcasmo.

—¿Eh? No suena mal.- Ronroneó ella.

Sting guarda silencio, pensando en cómo se lo haría hasta que escuchó la carcajada de Minerva, era demasiado bueno para ser verdad.

—Es increíble lo inocente y pervertido que puedas llegar a hacer al mismo tiempo.

—¡Cállate!

Se levanta para caminar a gatas para agarrar los brazos de Minerva y forzarla a tenerlas a cada lado de su cabeza.

—¿Por qué odias tanto este lugar?

—Tengo malos recuerdos.

Sting se quedó mirando por un rato a su futura esposa, pensando en lo que va decir para no estropear el momento.

—¿Estás segura de regresar?

—Definitivamente.

—¿Qué hay de la reunión? ¿No quieres ver tus excompañeros?

—No he tenido muchas amistades y apuesto que la mayoría me odia.

—De acuerdo…pero antes daremos una vuelta, al menos quiero ver como es este lugar antes de irme, tengo mucha curiosidad.

Frunció el ceño, no lo podría convencer…al menos que tengan sexo…nah está muy cansada para eso.

—Está bien, daremos una vuelta y de ahí nos vamos ¿Okey?

—Okey.

La joven soltó un suspiro de resignación, puso los ojos en blanco para luego arquearse y gruñirle, Sting sonrió con malicia.

—Tomaré eso como un sí.

—Mejor tómatelo como vete al carajo, imbécil.

—Te amo.

Minerva resoplo, Sting le sonrió para acercarse al rostro de su futura esposa para unir sus frentes en un gesto cariñoso, Minerva se calmó un poco, no puede resistirse a los hermosos ojos de Sting, ella desvió la mirada cansada de la discusión, lo que es algo raro ya que ella siempre ganaba en las disputas.

Natsu estaba terminando de decorar el gimnasio del instituto para la reunión que se daría esa noche, estaba muy emocionado por eso, no sólo vería a sus amigos sino también vería a Minerva…tiene que venir, debe hacerlo ya que todavía son amigos ¿verdad? Esa pelea sólo fue un impulso de ambos, no significa nada…eso esperaba. No quería perder su amistad, la apreciaba mucho.

"Tiene que venir" –Afirmó él.

Sting caminaba tomado de la mano de Minerva, ella a regañadientes caminaba junto a él siguiéndole el paso, le daba mala espina esto, tal vez sea una de los trucos de su novio, sí…es muy obvio. Minerva miraba fijamente a Sting, este sintió la penetrante mirada y le sonrió con ternura, ella le gruñe como un tigre enfurecido.

—¿A dónde vamos?- Pregunta ella.

—Ya verás…es una sorpresa~…- Musitó él.

—Espero que no sea la reunión de exalumnos, porque no me importaría convertirme en viuda.-Insinuó.

—P-Pero no nos hemos casado…cielito.

—Hmp, esperaré.

El joven Eucliffe tragó saliva, esperaba que el sacrificio valiera la pena o todo lo que hizo sería en vano, Minerva no es ciega sabe lo que pasará pero le tiene amenazado. Pensaba que estar en este tipo de lugares haría que él pudiera conocerla más a fondo…si esto no sale bien, no sabría qué pasaría después, tal vez se esperaría hasta que se casaran y se vuelva viuda o peor aún… rompería el compromiso, no…Sting prefiere ser asesinado por Minerva que terminar su relación.

No podía, la ama tanto… Gracias a ella pudo salir adelante, ella le tendió la mano cuando nadie lo hizo, ella fue quien lo consolaba en las noches cuando tenía pesadillas de su pasado. Es y será siempre la única mujer de su vida. Por esa razón quiere ayudar a Minerva, de aprender a que no debe de huir de su pasado sino enfrentarlo, aceptarlo y seguir adelante, eso es lo que Minerva le enseñó inconscientemente, le pagaría con la misma moneda.

La morena de ojos esmeraldas clavaba su vista en Sting para leer sus movimientos, es su pareja lo conoce bastante bien, para ella Sting es un libro abierto que al leerlo te haga sentir en una aventura, llena de emociones, momentos y sensaciones que no se pueden describir con simples palabras.

Natsu soltó un suspiró de satisfacción al ver el resultado de su esfuerzo, también agradece el apoyo de los otros docentes que hicieron que la tarea sea más rápido.

—Terminamos a tiempo, ya quiero que los chicos vengan para celebrar.- Natsu sonrió por el comentario de su compañera de trabajo.

—Sí, estoy encendido. Ese maldito de Gray…no se salva de la paliza que le voy a dar.

—Vaya, Natsu. No sabía que tenías esos gustos.

—¡No me refiero eso!

Sra. Melón soltó una pequeña risita, sonriendo sonrojada. Natsu estaba más que emocionado por la llegada de sus amigos, quería verlos a todos y hacer locuras de por medio. Aunque eso signifique tener que limpiarlas después.

Minerva caminaba con los ojos entrecerrados, reconoció la calle por donde estaban. Era el final de Sting Eucliffe y de la futura Minerva Eucliffe.

—¿Ya te he dicho lo hermosa que estás hoy?

—¿Ya te he dicho que no me importa quedarme viuda?

—Será divertido…

—No dirás lo mismo cuando te entierren en tu funeral.- Dijo Minerva con una voz de ultratumba.

—M-Minerva…

—¿Qué?

—Ya llegamos.

Minerva sintió un nudo en la garganta al ver el instituto dónde solía estudiar, un sudor frio recorrió en su rostro, detestaba sentirse de ese modo tan…impotente y melancólico. Sting miraba atentamente a la reacción de su prometida esperando el castigo de parte de ella. Nada… no gritó, no le fulminó con la mirada, estaba congelada. No lo entendía hasta que decidió seguir el punto dónde ella estaba mirando, un hombre de cabellos rosados— Algo muy inusual en su punto de vista— que al igual que Minerva tenía la mirada clavada sólo en la morena, de algún modo se sentía excluido del lugar, en eso volvió su mirada en la joven Orland para luego ver al del cabello extraño y repitió la misma acción varias veces hasta que Natsu corrió en la dirección dónde se encontraba ella para abrazarla y pudo jurar que vio lágrimas que salían de los ojos de los dos.

Natsu hundió su rostro en el pecho de Minerva, se escuchaban sollozos, Sting observaba con curiosidad aquella escena sin mover un dedo. No quería arruinar el momento pero en su interior le pedía a gritos que interfiriera. Regresó a la realidad, escuchaba hipidos provenientes del Dragneel mientras que Minerva sólo colocó una mano que acariciaba la cabellera de Natsu y otra que daba palmaditas en la espalda.

—M-Minerva, estás aquí.- Dijo con voz quebrada.- En verdad estás aquí, estás bien.

—Estoy aquí, Natsu.- Contestó con dificultad, porque la verdad fue obligada por Sting si por ella fuera nunca hubiera regresado a Magnolia para darle la cara al primer amigo que tuvo y que abandono.