Disclaimer: Bleach sigue bajo autoridad de su creador original, por eso si ves OCs por aquí no te permito quejarte, no mucho.
08: Una presentación diferente
Por la tarde las ventanas altas, sexagonales, de la majestuosa cúpula transparente que techaba la edificación, brillaban con las escazas luces provenientes de dentro. El gris de la gigantesca sala, aguardaba en la más absoluta quietud de su expansión el sonido de cualquier voz que rompiera el silencio. Con permiso de audiencia y una extensa corte de personas de aspecto menos humanoide que el chico que estaba en un nivel más bajo de la edificación, ese lugar era ocupado especialmente para el juicio de los miembros del ejército. Algo que Juushiro conocía a la perfección.
Sobre un metálico podio pintando de negro, el sujeto, del que su vejez seguro se notaba a kilómetros, contraía los huesos salientes sobre su cara, al hablar.
—Cadete 16 —la aguda voz comenzó— posee el derecho a permanecer en absoluto silencio. Cualquier palabra que utilizase para su defensa quedará arraigada a su expediente para
—... respectiva investigación en caso de un juicio de primer nivel, por traición a su suprema autoridad —repitió el albino como si se supiera el párrafo entero. Probable, según el aburrimiento de su rostro. —Viejo sé que te caigo mal pero, ¿nunca te retrasaste en tus tareas una hora?
Uno de los arrancars, de estatura baja y composición corpulenta, asentía a las palabras del chico. Otro a su lado en cambio lo encontró absurdo y se quejó abiertamente. —¿¡Por esta mierda nos llamaron, joder!?
—¡En lo que estoy acá podría estar terminando mi turno de patrulla! —gritó uno de las primeras filas de arriba.
—¡Yo tenía una cita importante! —otra voz de abajo.
—A NADIE LE INTERESA.
—¡TÚ CÁLLATE!
La verdosa piel del anciano se puso morada, un color que representaba enojo en su ser. —¡SILEEENCIOOO! —golpeó fuertemente con sus manos. —¡Yo soy el Co-representante de La Baraja! ¡Cuando se infringe una ley por más pequeña que sea deben! ¿¡A dónde van!?
Todos comenzaron a levantarse criticando el accionar del Representante, el tipo siempre hacía lo mismo y no le gustaba a ninguno perder su tiempo.
—Si no es problema, voy a hacer lo mismo —Jirou puso un pie, comenzando a retirar su cabeza de la guillotina. Para variar.
El viejo arrancar se estiró los cabellos.
—¡Hay algo raro en ti, Hitsugaya Juushiro! ¡Lo presiento! ¡No creas que te salvaste solo porque la muerte de Sarugaki Hiyori no dejó pruebas que te inculpen, cuando las tenga haré que te ejecuten!
Girando los ojos Jirou siguió caminando. —Eso va a ser un dolor... Para usted.
Llegando al final del estadio, varias decenas de arrancars salían en grupos por las colosales puertas del edificio.
—Buenos días, Dieciséis —saludó el bajito de antes, mostrando simpatía al de aspecto humano.
Su compañero, uno alto y de musculatura, superior a un fisicoculturista, miraba al albino con rabia. —¿Acaso eres tan retrasado como para no saber tus horas de trabajo?
Jirou rió por la pregunta, internamente asqueado de a lo que ellos se referían con la palabra trabajo.
—Lamentablemente no soy de los que se escapan y nadie lo nota, porque los encubre el del bar —dio aviso haciendo gruñir al que preguntó— Pero prometo que no vuelve a pasar, Fex.
—Hablando de la hora feliz —el arrancar amistoso le dijo— Nosotros iremos para allá, puedes acompañarnos si quieres.
Alzando la mirada con una sonrisa avergonzada Jirou negó con la cabeza.
—Un trago me haría bien hoy Debris —de un salto bajó los tres escalones que le faltaban— ¡Pero me acordé que al salir por la noche rompí la ventana de la cocina y debo aprovechar que Daviid todavía no fue a casa!
El tal Debris que pareció entender, se puso tenso y gritó para animarlo.
—¡Corre Jirou, corre!
—Ojalá Daviid le rompa la pierna otra vez —Fex reía con gusto, caminando junto a su compañero.
Utilizando su velocidad se dio carrera a contrarreloj, pasando de la plaza central que enfrentaba al Edificio de Juzgado, giró a la derecha entrando en una de las tantas calles laberinto que cubrían los acilos de los soldados. Me sorprende... gracias a Urahara, logré llegar solo una hora después de mi partida. No importa si los demás me vieron cruzar o no, es como si nunca me hubiera ido. Al reportar que no fui a cumplir mi horario, enviaron a Daviid y Zakuro a buscarme pero obviamente aquí y no al pasado, como fue realmente. El que me acompañaran antes sirvió, Daviid no tuvo problema en escribir un reporte que de total credibilidad, los demás piensan que mi corta desaparición fue causada por un experimento fallido de Sarugaki-san y que enviaron soldados tras de mí por la alerta de aquel viejo que exigía pagar por mi tardanza, ya que actualmente el portal está destruido y no hay pruebas de mi traición a excepción de la muerte de Zaahari. Claro que Daviid va a mentir y decir que lo mató porque era un inútil, si es que alguien se acuerda del pobre, él tiene la impunidad que su puesto le otorga y ese es un beneficio del que yo carezco.
Dio vuelta al final de la calle de cuya esquina destacaba un luminiscente faro, de foco ovalado de diez metros. Deben haberlo hecho, le dieron una misión donde yo soy el blanco. Significa que voy a estar bajo supervisión de él... ¡Cierto, me pusieron bajo su supervisión de ahora en más!
Se detuvo como si sus pies se hubieran pegado al piso, teniendo la mala fortuna de haber retrocedido por la sorpresa. Terminó chocado la nuca con el poste del farol.
—ODIO MI VIDA —tirado en el suelo gritó, boca arriba. Bueno, no tengo tiempo para esto. Zakuro y Daviid deben estar esperándome. Se puso de pie, levantándose con rapidez mirando hacia adelante. Que mala suerte que tuve de no poder visitar bien el mundo pasado, realmente valía la pena. Sus ojos se mostraron desinteresados de enfocarse al frente, donde la extensiva hectárea estaba llena del mismo color blanco, formado en edificaciones medianas del mismo tamaño cubículo que las que se extendían muchos metros adelante, una frente a otra, una tras otra.
Sonrió con pena.
—Dulce hogar —se quedó varios segundos observando la puerta de su vivienda, al acercarse la placa con el G14 - G16 inscrito estaba tan reluciente como al partir. Considerando todo, no hace mucho que salió, al menos para todos los demás.
Un repentino recuerdo se abrió paso en su cabeza, haciendo que su piel se erizara. Mientras ese estúpido no lo sepa, todo estará bien para mí.
Fue un retraso de una hora en su rutina de trabajo, incluso para tan estricto mundo solo era eso: un simple retraso. Al menos para cualquier imbécil basándose en cualquier otra persona que expresara el miedo hacia su gobernante, pero cuando se trataba de personas con antecedentes tanto genéticos como anuales de falta de respeto junto con lazos sanguíneos que los unían a aquellos que una vez, de una forma no física pero sí mental, fueron considerados sus enemigos; para la supremacía del un gobernador universal, la llamada de atención fue la gota que derramaba el vaso y permitirse pasar por alto esto, como antes, no volvería a ser posible.
Daviid observaba el platinado color de su cabello rubio cocido en una trenza floja, moverse con lentitud al alzar la cabeza arriba con una tranquilidad que mostraba inocencia. Debajo de la túnica blanca comparable a un vestido liso, se notaban poco de sus piernas al rascar sus pequeños pies descalzos unos con otros por el aburrimiento.
Sus ojos azul marino lucharon por mantenerse calmados, haber dicho que falló en su anterior misión era una vergüenza muy grande para él y mucho peor haberlo admitirlo a quien tenía delante.
—Son muy fuertes —su melodiosa voz fue como el zumbido de una abeja pasar en su oreja, cerca. De repente sus grandes ojos, sin pupila o del color mismo que su iris, se acercaron directamente a su rostro, el Guardia pudo apreciar el color de un cielo limpio de nube en ellos sin embargo la cercanía era intimidante para alguien con poca sociabilidad.
Se quedó admirando al incomparable ser sin tener tiempo de saber a qué venían esas tres cortas palabras.
—¿Perdona? —parpadeó sintiendo perder algo importante.
—Lamento mi descortesía, ha sido una pregunta.
Una sonrisa suave en sus carnosos labios que hizo al Guardia querer caer al suelo por la expresión tan repentina.
—Todos poseen la fuerza de insectos comparado con...
—No hablo de comparaciones, Catorce —le detuvo haciendo un gesto de tristeza—, es tu problema. Asemejar.
El Guardia se vio indignado.
—Los números son una representación, su anterior o posterior un menor o mayor equivalente, ¿pero cómo saber el grado que se debería otorgar si no existieran algo en qué basarse? —estuvo apunto de gritar.
La sonrisa de la persona que tenía delante se fue cuando entendió la lógica.
—Supongo —volvió a darle la espalda al Guardia. Sus ojos estaban puestos en la pared de vidrio inmensa que le mostraba el exterior, parte del gran imperio que Aizen una vez formó —, que como todo lo que haces es luchar por mí, debes tener razón.
—Diría que me es reconfortante oír eso pero —observó la panorámica, las dos personas que tenía detrás estaban serias en un grado superior al que el mismo Daviid no era capaz de imitar— tener a su Guardianes ni de lejos me ha permitido sentirme así.
Su risa fue corta al volver a darle toda su atención al tajante Guardia.
—¿Realmente lo crees, Daviid?
—Lo aseguro —comentó figurativamente— Azriel-sama.
Ya lo sabía. No le sorprendía en absoluto aquel comportamiento en alguien tan difícil de pensamiento. Hitsugaya Juushiro estaba destinado a ser soldado antes de su nacimiento.
A los cinco años tomó una espada por primera vez.
A los siete años entró en el ejército.
A los diez años asesinó al compañero que su escuadrón le asignó.
A los trece, catorce y quince años intentó matarlo. Por un motivo desconocido, siempre mientras dormía.
¿Acaso lo creía tan estúpido como para que no notara qué es lo que hacía junto con Sarugaki Hiyori?
—S-Señor —el recluta nuevo estuvo haciendo bien su trabajo hasta ese momento, no todos los días la Estación de Suministros era visitada por uno de los mandatarios más poderosos— ¿R-Requiera otra cosa?
Se dio la vuelta, haciendo que el soldado de clase baja se aliviara viendo que partía. Debía hacerlo cuanto antes, ir al otro mundo a revisar en qué nuevo lío se metió aquel niño. No le importaba qué tipo de castigo le dieran sus superiores, solo él tenía derecho de usar la fuerza para hacer entender a Jirou.
Porque Jirou era su hijo.
Como pensaba, Daviid lo esperaba en la cocina con los brazos cruzados y Zakuro era quien limpiaba con la aspiradora de mano, el desastre que hizo él esa noche.
El rostro de Zakuro se puso rojo al sentir la presencia de Jirou. Bajó la cabeza, esperando que no se diera cuenta de que estaba allí.
—¡Buenos días! —de los más feliz dijo el albino, causando que la pelirroja tragara ya que, como predijo, Daviid de inmediato le dio un fuerte golpe con la palma, en la cabeza, al chico.
—¡MI CEREBRO! ¡Qué te pasa! —se puso a sobar la nuca nuevamente— Lo necesito para vivir.
—Nunca perderás lo que no tienes —le miró con odio el Guardia, señalando con el dedo el marco vacío—. ¡Mestizo inútil, es la novena vez que haces pedazos la ventana de mi casa!
—¿Inútil? —repitió con una vena roja sobre la cabeza— Soy YO el que fabrica los estúpidos cristales de la estúpida ventana de la estúpida casa. ¡¿Y cómo que TU casa?! ¡Es MI casa también!
Zakuro se quedó de pie delante de ambos, sin saber que hacer para detener su, según parecía, diaria discusión. Nunca tuvo la oportunidad de ver a ambos conviviendo, la verdad le resultaba más normal verlos intentando matarse y con verlos se refería a ver a Daviid intentando liquidar a Jirou porque, como decía siempre, odiaba al mestizo.
—¡DAME TU PIERNA DE UNA VEZ! ¡Será más fácil que la rompa y evitarás gastar energías corriendo!
—¡LA NECESITO PARA CAMINAR, CORRER, TENER HIJOS-!
—No necesitas piernas para engendrar.
—Si quiero disfrutarlo, sí.
De cuclillas en el suelo Zakuro se sonrojó, avergonzada de escuchar eso.
Daviid le hizo a Jirou una seña de que se acercara. —Si le pides que salga a esa bastarda, pueda informarte el tema de nuestra conversación con Azriel.
Jirou tuvo una gota sobre la frente de inmediato.
—Tío si no soy yo no hay a ti quien te entienda —comentó riendo, con un acento diferente al habitual. Daviid se preguntó a qué se refería.
—¿Qué haz dicho?
El albino cruzó los brazos, pensando en cómo explicarle bien a Daviid que hablaba como los diarios humanos de los años 30, solo le faltaba que agregara a su peculiar diccionario mental palabras como "hallábase, dijose, permitiose, cansabase" y miles de otras que estaban fuera del mundo moderno.
—Te criaste con viejos que hablan como viejos más viejos que ellos —pensó que era la mejor forma de hacerle saber—, y la gente natural y genial como yo no te entiende un carajo.
El Guardia puso la mirada en blanco, preguntándose en qué punto resultaba verdad lo anterior. ¿Por qué estoy dándole tal importancia? Buscó hacerse el indiferente aunque le picaba la curiosidad.
—Además ella se llama Zakuro, a mí dime como quieras pero al menos trata mejor a tu compañera —respondió un tanto enfadado de que su amiga recibiera aquel sobrenombre— Tengo que darte clases para que dejes de hablar como anciano, así puede que te quite lo molesto —resopló al tiempo en que dejaba la cocina para buscar a su amiga en la sala principal.
Todavía incómodo por lo anterior, Daviid no tuvo mejor manera de nivelar el ambiente también haciendo enfadar a Jirou. —A diferencia tuya, nunca he gustado de decir falsedades.
—Sigue diciendo cosas no cuerdas, viejo. —no quiso darle importancia y siguió caminando. Quiso no prestarle ahondar en el sentido oculto que le especificaba su compañero de trabajo, pero Daviid dio una risa que le hizo sentir incómodo. Tuvo que mirarle para asegurarse de que el Décimo Cuarto Guardia no se hubiera vuelto loco.
—Realmente te crees tus propios engaños —le divertía decirlo— ¿Acaso malinterpretas mis intenciones? Desde que te declararon enemigo de Azriel te nombraron mi enemigo. Habrás llegado a la conclusión de que me pidieron vigilarte y sigues pensando en que puedes evadirme. Tú y yo nunca hemos estado más cerca de tener que cortar la cabeza del otro —su risa se hizo estruendosa mientras se llevaba la mano a la frente para secar el sudor provocado, debajo de los mechones de cabello— ¡¿Y crees que puedes pedirme algo tan idiota?!
Lo último lo detuvo.
—No eres mi niñera, sé bien en lo que me meto.
En un impulso de ira, Daviid lo empujó con fuerza haciéndole chocar la frente con la pared. Jirou pudo voltearse, para quedar viendo, sorprendido, los enloquecidos ojos furiosos del Guardia.
—Tu cabeza no está puesta de adorno en la lanzas que decoran la plataforma personal del palacio de Azriel, ¿te das una idea de por qué? Vamos, eres un genio, ¿no?
Jirou bajó la cabeza, conteniendo de usar su propia fuerza. De hecho aunque la usara, Daviid lo superaba a creces.
—Aún cuando los mismos científicos no se dieron cuenta, tú omitiste los verdaderos detalles de mi huida a las sospechas de Azriel.
—¿Piensas que lo hice porque me agradas, mestizo ingrato?
—Ojalá —Esta vez fue el turno de Jirou de sonreír —lo hiciste porque planeas ver a dónde llego con todo esto —lo miró a los ojos directamente— para considerarme un mestizo inútil, me tienes muchas esperanzas.
—Me agrada que entiendas que... Nos estamos usando el uno al otro.
—Por supuesto No trabajaría contigo de otra forma. Cuando obtengamos lo que queramos del otro, solo quedará una cosa por hacer.
El Guardia sonrió de lado, soltándolo y dándole la espalda al salir.
—Matar de inmediato al otro.
El albino se reacomodó su kimono blanco, sentía el reiatsu de Daviid dejar la casa. Seguro tenía que dar otros informes más.
—No te confíes. —sonrió también, pensando en lo reciente. De ninguna forma dejaría que alguien usara su espada en él, no sin terminar su objetivo. Parte de la advertencia a Ichigo, darle medicinas para evitar su muerte, solo fueron una de las pocas cosas que significaron el viaje al pasado.
La vida de Ichigo estaba asegurada, ¿pero y qué con la suya propia?
—Solo tengo que ganar, ¿sabes? —susurró sacando de su ropa el frasco que antes sus amigos le ayudaron a conseguir—. Con este poder será sumamente fácil —contuvo la risa de la felicidad que estaba sintiendo— ¡YA QUISIERAN SER YO, IMBÉCILES!... ¿Por qué mierda sueno como un villano?
Zakuro se acercó tímidamente solo para escuchar a Jirou preguntarse lo mismo una y otra vez.
Nunca lo supuso. Lo que esperaba luego de adentrarse en un agujero inestable de dudosa procedencia, era terminar cayendo al final de este; pero al ser la primera caída de su vida que no terminaba en menos de medio segundo, supuso que esto no tenía fin y que ella y Toushiro acabarían cayendo eternamente sin tocar nunca el suelo. Tenía miedo de abrir los ojos, encontrarse con un escenario desalentador, pero reunió el valor necesario y lo hizo.
Su alrededor era igual a una hoyo, sin laterales existentes más que como una intensa luz que se veía como la extensión del espacio. En medio de esa imparable caída, un ruido de choques gruesos le puso alerta.
Inmensas rocas, veían a la velocidad de meteoritos a ellos.
No, ellos iban a las rocas.
Por instinto sus brazos se aferraron con más fuerza a los hombros del capitán, en un lugar abajo de su cuello. La primera roca era uniforme y plana, como la pared de una casa promedio demolida. La premonición de un final le hizo entrar en shock al creer que iban a impactarse. En una acción que no vio venir, pudo sentir la elevación de su cuerpo. Toushiro había pisado el obstáculo, usándolo como un objeto escalinata. Karin no tuvo tiempo de pensar en ello como una victoria, porque experimentó la sensación del mismo acto, una y otra vez de derecha a izquierda, seguidamente. Karin se alivió, feliz ante la estrategia y habilidad del capitán. La felicidad no pudo durar, el fin de la luz se acercó dejando ver una oscuridad invasiva. Relámpagos comenzaron a aparecer, anunciando que uno de los escudos de seguridad estaba presente. Una descarga de energía que por algún motivo, solo cayó sobre el joven capitán con una precisión que perforaría su espalda si no se movía. Ella sentía el tambaleo del cuerpo que la sostenía, preguntando por qué solo él resultó como el blanco. Los ojos le ardieron al tratar de ver en la luz cegadora, al hacerlo pudo apreciar la boca de su viejo amigo abrirse para gritar. Se estaba conteniendo de hacerlo.
En ese momento el rayo de energía se potenció sobre el capitán, provocando un dolor tan atroz que las manos le temblaron y por ese pequeño descuido terminó soltándola. Karin sentía cómo la velocidad de su caída aumentada, provocaba que pudiera sentir viento entrar por las aberturas de lo que llevaba puesto. Estaba cayendo de espaldas.
Al menos, a la velocidad en que el viento la golpeaba, lo bueno es que no tardaría tanto en impactarse.
Sentía sangre fluir pero el adormecimiento que le produjo el desmayo, por el dolor, no le permitía saber de dónde. Abrió los ojos, cayendo en cuenta de que la herida estaba no estaba en ninguna de sus manos lo cual resultaba bueno ya que no le dificultaría tanto usar su zanpackutou. La mala noticia es que sentía húmeda su espalda, al parecer su herida era grande porque al tocarse con la palma una buena cantidad de sangre quedó en sus dedos. Maldijo con molestia. Como si con la enfermedad en su cuerpo no fuera suficiente, ahora sus defensas corporales bajarían al intentar detener la hemorragia externa con su energía física. Lo sabía bien, estaba cansado. Se sentó tratando de mirar qué lo rodeaba.
Arena blanca, viento, nadie alrededor. ¿Acaso cayó en Hueco Mundo?
—Identifícate —la ropa de aquel sujeto que le habló, fue suficiente para que pudiera comprender que sí tuvo la desgracia de caer allí.
A la velocidad en que recogía su katana dispuesto a atacar, en su cabeza se eliminaba la posibilidad de buscar a Kurosaki Karin en este momento. Se lo había dicho antes, no podría protegerla todo el tiempo.
SHINIGAMI CUP!
—Acabo de decirle que he sentido el reiatsu del capitán shinigami —habló en voz alta —pero me ha hecho oídos sordos.
Jirou se puso de rodillas frente al frasco, mirando como alguien que observa una lámpara de lava. Se recostó boca abajo, volviendo a mirarlo con los ojos brillosos.
—Por fin juntos los dos —se reía como maniaco— mi precioso, precioso.
En la puerta con Zakuro a su lado, Daviid lo observaba con una gota anime rodando su cabeza.
—No sé bien que le ves.
Zakuro se hizo un facepalm, con la cara tan roja como su cabello.
Preguntas troll del día 1: ¿Cuál es el sexo de Azriel? ¿Quién sigue creyendo que es hombre y quién cree que es mujer? 2: ¿Qué hay en el frasco que tiene Jirou? 3: ¿Dónde está Karin? 4: ¿Qué piensan del corto nombramiento de Hitsugaya del futuro? 5: ¿Me perdonan por hacer todo corto? ¬¬U
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