Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.
Leer bajo tu responsabilidad.
Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.
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Capítulo No. 9
Subió a la camioneta y se dirigió a Children´s Dreaming. Quería informarse acerca de la evolución de Seth. Había tenido su última cirugía y sabía que dentro de poco le darían de alta, pero no lo harían hasta que no tuviese una familia segura que se hiciera cargo de las terapias musculares y esperaba que el juez consiguiera aptos a Ben y a su esposa. Inevitablemente miró por el retrovisor al guardaespaldas que lo venía siguiendo en compañía de Tayler.
Aparcó en el estacionamiento y se dirigió hacia una de las puertas laterales, la cual lo conducía a la recepción por un pasillo que al lado derecho tenía una pared de fondo blanco, decorada con vinilos infantiles que combinaban gustos para ambos géneros.
Había hadas, castillos rosados sobre nubes trazadas de varios colores y coronados por arco iris. Algunos animales como leones, elefantes y jirafas, trenes multicolores. Todo lo que pudiese llamar la atención de los niños.
Al otro lado del pasillo, la pared era enteramente de cristal y se podía ver el gran jardín con áreas para la diversión. Contaba con castillos y toboganes inflables, ruedas y subibaja.
El área verde se encontraba invadida de niños en recuperación, algunos en compañías de sus padres y otros de enfermeras. Era un lugar hermoso, en el que la alegría nunca faltaba.
Escuchaba los pasos de Ben y Tayler seguirlo. Siempre estaban ahí pisándole los talones y tratando no hacerse sentir. Querían ser invisibles pero para Edward Cullen era completamente imposible que alguien pasara a su lado desapercibido. Siempre estaba atento al menor movimiento, a la más acompasada respiración.
A pocos pasos se sentía el frío de la recepción y al salir al amplio recibidor, vio a varias personas sentadas. Tal vez a la espera de algún resultado de sus hijos que estarían en el área de emergencia.
—Buenos días —saludó a las personas.
Se acercó hasta la recepción de madera con la decoración infantil que imperaba en el lugar.
Edith se encontraba tratando de dar palabras de aliento a una mujer afroamericana con un gran afro descuidado y en los cuales se reflejaban algunas canas.
Edward supuso que pasaría los cincuenta años. Lamentablemente, su apariencia demostraba que llevaba una calidad de vida bastante precaria.
—Buenos días señor Cullen —saludó la enfermera—. ¿Cómo se encuentra?
—Buenos días Edith, muy bien gracias ¿cómo están las cosas por aquí? —preguntó y desvió la mirada a la mujer—. Disculpe, buenos días —se sintió un poco apenado por haberla ignorado y le colocó una mano en el hombro.
—Buenos días, señor —contestó la mujer con la voz ronca y en su rostro aún habían huellas del llanto.
— ¿Tiene a algún familiar aquí? —indagó Edward sin quitarle la mano del hombro.
La mujer no respondió inmediatamente prefirió mirar a la enfermera y esperar que de alguna manera ella le dijese si podía responder.
—Es el dueño del hospital —le hizo saber con una amable sonrisa.
La mujer regresó la mirada a Edward y en sus ojos se reflejaban la gran sorpresa de conocer al dueño de tan hermosa labor humanitaria, pero lo que más le sorprendía era la juventud con la que contaba.
—Sí, tengo a mi nieto… lo traje hace un par de horas. Es que me lo atropellaron. Señor tienen que ayudarlo, es lo único que tengo, tiene apenas seis años su madre me lo dejó y se fue a Canadá en busca de un mejor futuro.
—Cálmese señora, le aseguro que su nieto está en las mejores manos —le confesó Edward dándole un apretón de consuelo en el hombro.
—Es que no puedo calmarme —replicó desviando la mirada nuevamente hacia la enfermera.
—Entiendo señora, ¿por qué no acepta que le coloquen un calmante? Eso le ayudará.
La mujer negó con la cabeza renuente a cualquier medicamento.
—No quiero dormir, sólo quiero tener noticias de mi nietecito.
—Las tendrá, seguro que el personal médico está ocupado con su nieto, no será un sedante para dormirla…
Edward le hablaba tratando de convencerla y miró a Edith.
— ¿Tienen algo que sólo sea para quitarle los nervios?
—Sí señor.
—No, yo no quiero —Se negaba una vez más.
—No van a dormirla, sólo la calmarán un poco, está algo alterada y no es bueno para su edad. Tal vez en unos minutos tendrá que ver a su nieto y si la ve de la manera en la que se encuentra va a angustiarlo. Es preciso que esté calmada, hágalo por el niño —le aconsejó con cariño.
— ¿No me dormirán? ¿Me dará su palabra?
—Le doy mi palabra —reafirmó con un asentimiento.
—Está bien, acepto calmarme un poco.
—Hace bien —susurró con una caída de párpados, demostrándole serenidad a la dama.
Desvió la mirada a Edith y con un sutil gesto le indicó que procedieran a medicar a la mujer.
La enfermera de piel trigueña levantó el auricular del teléfono y marcó al servicio de enfermería para que vinieran por la mujer a la cual el señor Cullen se la había llevado hasta uno de los asientos metálicos.
En el momento en que ella colgó recibió una llamada de la directora del hospital, que le pedía le informara al señor Cullen que necesitaba hablar con él sobre una nueva donación de la fundación Estrella Guía. Seguramente lo había visto por el sistema de circuito cerrado.
Edward regresó con pasos sólidos a recepción, mientras sus guardaespaldas en una esquina seguían jugando a ser invisibles, pero que nada se les escapaba a la vista.
—Señor Cullen, la señorita Thompson me acaba de informar que necesita hablar con usted en el momento en que se desocupe.
—Bien, infórmale por favor que antes de marcharme paso por su oficina… ¿Cómo ha estado todo por aquí? —Él prefería preguntarle a ella porque era la más indicada al llevar el control de los ingresos de los pacientes.
—Todo muy bien señor. Aunque esta semana han habido pocos ingresos, la mayoría han sido emergencias para nada graves. Gracias al Señor. Me imagino que viene a visitar a Seth.
—Sí, quiero ver cómo ha evolucionado después del último trasplante de piel. Hablé por teléfono con el doctor Sangroni y me ha dicho que fue un éxito.
—Sí señor, ha sido un verdadero éxito, son cada vez menos visibles las cicatrices.
Le echó un ligero vistazo al hombre vestido de traje negro y gran contextura parado a una distancia prudente.
—Su guardaespaldas ha venido a visitarlo constantemente y Seth parece estar muy encariñado con él y su esposa —acotó con discreción.
—Es realmente importante que eso suceda. Ben quiere la custodia del niño, pero es necesario que se ganen no sólo su confianza también su cariño.
Edward alargó la mirada hacia la cartelera que estaba detrás de la enfermera y vio las fotografías que habían tomado durante la celebración del día del niño. Ese evento fue realmente agradable con todas las distracciones y juegos de ese día. A los que no pudieron salir de sus habitaciones, les llevaron la fiesta, con magos y payasos.
Regresó su entera atención a la chica y le preguntó.
— ¿Sigue en la misma habitación?
—Sí señor Cullen. En la misma de siempre. Dice que es su favorita porque desde ahí puede ver a los demás niños jugar y eso lo entretiene —le reveló sonriendo con cordialidad.
—Gracias Edith —dijo imitando el gesto de la chica que vestía de blanco por su uniforme y que en el lado derecho de su pecho llevaba una chapa de Winnie Pooh.
Edward inhaló profundamente, llenándose los pulmones de la mezcla de olores a fármacos, algún desinfectante industrial y un ligero toque del ambientador con olor vainilla.
—De nada, señor Cullen.
El chico se encaminó con las manos en los bolsillos del pantalón hacia los ascensores. En ese momento un enfermero se llevaba a la señora afroamericana para suministrarle el sedante que él había sugerido.
Ben y Tayler, permanecieron en el vestíbulo del hospital. Sabían que no podían acceder a la habitación de los niños con el armamento.
Cuando las puertas del ascensor se cerraron y se encontró solo en el cubículo de acero inoxidable en el cual se reflejaba su imagen ligeramente dispersa. Se adhirió a una de las paredes y cerró los ojos agradeciendo la soledad de segundos que sin duda para él eran valiosos.
Aún sentía el pecho agitado por los momentos vividos junto a la señora Senna e inevitablemente los recuerdos de su infancia en ese lugar asaltaron a su memoria. Ese gran edificio que algunos años atrás había sido su pequeña casa y después un montón de escombros. Escombros que él se encargó de reconstruir y darle vida a un lugar que lo llenara de alegría y esperanza, la esperanza de su madre que ahí había quedado perdida entre los escombros.
Llegó al cuarto piso, donde se encontraba la habitación 203 de Seth. Llevaba casi un año internado. Ya todos los conocían. Se había convertido no sólo en el caso médico más complejo, sino del que todos querían saber y brindarles su cariño.
Justamente al saberlo huérfano la gente se abocaba a brindarle ese cariño que el destino se había encargado de arrebatarle.
Se detuvo frente a la puerta blanca con un afiche de vinilo con la figura de Spider Man que tenía incrustada en el pecho la placa dorada con el número 203 tallado en negro. Con moderación golpeó con sus nudillos.
—Adelante. —la voz del niño lo invitaba a pasar desde el otro lado de la puerta y Edward pudo notarla mucho más enérgica.
Giró el pomo y la puerta cedió. Lentamente asomó medio cuerpo dentro de la habitación.
—Buenos días —saludó con una gran sonrisa, la cual se amplió al llenarse de emoción cuando vio las cortinas corridas, dando una gran iluminación natural al lugar.
— ¡Hola Edward! —exclamó Seth sin poder ocultar la sorpresa y alegría en su rostro.
Sus hermosos ojos grises se abrieron mucho más y la gran sonrisa que le adornaba el rostro mostró su dentadura. Algunos de sus dientes eran prótesis fijas, ya que con el golpe del accidente perdió varios.
Edward entró y se acercó y divisó sobre el regazo de Seth un tablero de juego de palabras.
—Has regresado, ¿te has casado? —lanzó las preguntas con insistencia. En su semblante reinaba la curiosidad mientras dejaba a un lado de la cama el Scrabble.
—No, ¿quién te dijo que iba a casarme? —preguntó frunciendo el ceño ante el desconcierto y la gracia que le causaba la pregunta de Seth.
—Este… Es que el señor Ben me dijo que estabas de viaje con una señorita, que él creía que era tu novia y mi papá me contaba que él se había ido de viaje y se había casado en una playa con mi mamá… Y pensé que tú estabas haciendo lo mismo —explicó mordiéndose el labio inferior, sintiéndose apenado y desviando la mirada a sus manos que empezaron a enrollar el doblez de la sábana.
—Bueno, sí me fui… Con… Digamos que sí es mi novia. Me fui de viaje con mi novia, pero no nos casamos —confesó agarrando el Scrabble y colocándolo sobre el regazo del niño.
Seth levantó la mirada y la ancló en la de Edward. Al verlo sonriente supo que no estaba molesto y eso lo llenó nuevamente de confianza.
—Me gustaría conocerla. Seguro es muy linda, yo quiero una novia también —añoró con la mirada brillante por la emoción.
—Y la tendrás, claro que vas a tener una novia, cuando tengas edad para hacerlo —torció la boca en un gesto gracioso ante la mirada de Seth. No podía definir si era decepción por no tener la edad suficiente o era porque deseaba una novia sin importarle tener apenas doce años—. Yo creo que la conoces… —comenzó a hablarle sobre Bella—. ¿Recuerdas cuando fuimos a ver la obra de Spider Man, la modelo de la valla publicitaria? —preguntó.
En Seth se formó una gran sonrisa y ante el gesto la piel de una de sus mejillas se le estiraba más de lo que podía en una persona que no hubiese sufrido de quemaduras. Se le veía tan fina que parecía podría abrírsele. Y asintió con verdadero entusiasmo en varias oportunidades.
—En realidad es diseñadora, la de cabello negro. Aquí tengo fotos de ella… —le confió mientras buscaba alguna imagen de su novia. Alguna que podría ser mostrable para un niño y encontró una de Bella sentada sobre el capo del Ford frente a un establecimiento de comida en Santa Fe. Se veía hermosa, tanto que aún a través de la imagen lo dejaba sin aliento.
Llevaba puesta una camiseta sin mangas en color negro y en el pecho tenía los ojos de una pantera. Un Wrangler desgastado con varias aberturas en los muslos, pero no se le veía la piel sino el forro interno del jean que era de una tela de leopardo y sus infaltables botas tejanas.
Llevaba el cabello recogido en ese moño descuidado pero que la hacía lucir adorable y aunque los lentes aviadores no le dejaran ver los ojos, sabía que detrás de esos cristales tornasolados se encontraba el color de ojos más hermoso que alguna vez hubiese visto. Después de admirarla por varios segundos se la mostró a Seth.
—Es muy linda… ¿y te ha besado? —preguntó con la curiosidad burbujeando en él.
—Sí, ya nos hemos besado —contestó sonriendo y recordando lo maravilloso que era hacerlo.
—Yo besé a mi mejor amiga en el colegio y me gustó mucho, pero ella se sonrojó. Creo que yo también —dijo bajando la mirada
Edward pudo mirar su cuello enrojecido y se sintió satisfecho, porque el injerto de piel había sido perfecto. Estaba seguro de que en pocas semanas por fin el niño podría llevar una vida normal, o al menos mejor de lo que la lleva ahora.
—Es normal que eso pase, aunque mi novia y yo nos besamos a cada momento, siempre me pongo nervioso —dijo guiñándole un ojo.
— ¿Entonces todo el tiempo sentiré esa cosa en el estómago? —preguntó elevando la mirada y llevándose las manos al abdomen.
—Sí, claro que lo sentirás todo el tiempo, pero a mí me gusta sentirlo ¿a ti no? —curioseó con la mirada puesta en el niño que lo veía expectante.
—No sé, fue algo muy extraño, pensé que me había caído mal la cena —dijo sonriendo e hizo una mueca entre apenado y divertido.
Las palabras arrancaron una gran carcajada en Edward, que necesitó más de un minuto para calmarse y Seth lo acompañaba burlándose el mismo de su propia situación.
—Son los mismos nervios y emociones que se mezclan —le explicó el fiscal en medio de risas que no lograban cesar. Definitivamente Seth había logrado cambiarle el estado de ánimo.
—Me gustaría que tu novia viniese a visitarme… Prometo no decirle que te pones nervioso cuando la besas —guiñó uno de los ojos en un gesto cómplice.
—Trataré de traerla, ella no sabe que tengo este hospital, no se lo he contado —dijo cambiando su tono de voz alegre por uno más estoico.
La petición de Seth no era la más acertada, pues sabía que confiarle al Bella lo del hospital era también darle las explicaciones de por qué lo tenía y no estaba preparado para hacerlo. Agarró una de las piezas del Scrabble y fue armando una palabra.
— ¿Por qué no te gusta decirlo? —preguntó observando cómo Edward creaba la palabra justicia y el semblante en él había cambiado rápidamente.
—No sé… Tal vez es sólo que pienso que nadie va a entender por qué tengo este hospital —explicó en voz baja con su mirada anclada en las piezas del juego.
— ¿Y lo tienes por alguna razón? —indagó levantando ambas cejas, atento a la respuesta de Edward.
Edward dejó libre un suspiro y recorrió con su mirada el lugar, una y otra vez, buscando la respuesta correcta para Seth y no era a él a quien quería mentirle. Debía ser sincero con el niño.
—Sí… Aquí viví cuando era un niño. Antes había una casa en éste lugar… Aunque era muy pequeña y tuve que comprar las demás casas para poder hacer esto —contestó y su mirada que evadía la de Seth prefirió concentrarse en como armaba otra palabra.
— ¿Y por qué hiciste un hospital de niños? —inquirió incapaz de controlar su curiosidad.
—Por mi hermano y por mí… y porque a mi mamá le gustaban mucho los niños. Ella trabajaba en un kinder garden. Algunas veces me llevaba a su trabajo y muchas veces me daban celos al verla tan cariñosa con los demás niños. Sé que le hubiese gustado que su casa se convirtiera en algo como esto… Cuéntame, ¿ha venido Ben a verte? —preguntó desviando el tema de conversación para no terminar perdiendo la alegría que había recién adquirido.
—Sí, el señor Ben siempre viene con la señora Ángela… Este pijama me lo regalaron ellos y también algunos juguetes, ¿ha venido el señor Ben contigo? me gustaría verlo —le manifestó con gran interés.
—Sí, está en recepción, llámalo y dile que suba. —le entregó el teléfono móvil para que llamara al guardaespaldas.
Seth dudoso miró el teléfono en sus manos, aún lo tenía desde el momento en que Edward le mostró la foto de su novia.
—Está bloqueado —dijo cuando al fin se armó de valor para usar con confianza el teléfono.
Edward sonrió pidiendo disculpas con ese gesto y sin quitárselo le colocó el dedo pulgar en el círculo inferior del móvil. Seth con gran sorpresa admiró como el móvil con la huella de Edward se desbloqueaba.
—Está en el registro de llamadas —le hizo saber, admirando como el niño buscaba en el teléfono el número de Ben.
Seth se fue al registro y la primera llamada saliente había sido para Ben, la segunda para Jasper, la tercer era una entrante del tío Carlisle.
— ¿Quién es Jasper? —preguntó al ver el nombre—. Es el de la película ¿lo conoces? —indagó y en su cara se reflejaba una emoción sin límites.
Edward sonrió y negó con la cabeza.
—Es mi primo, él vive conmigo, somos muy unidos… más que primos somos hermanos. No sé porque mi tío le colocó ese nombre. —acotó uniendo las cejas ante el desconcierto.
—A mí me gusta, ojalá mis padres me hubiesen llamado como alguien importante. Me hubiese gustado llamarme James… —ese nombre causó resquemor en Edward, pues así se llamaba uno de los hombres que más odiaba.
—Creo que Seth es un gran superhéroe. Luchó contra la muerte y la venció… A ver dime qué superhéroe ha logrado salvarse sin llevar un traje puesto… eres mejor que cualquiera de esos que salen en las pantallas del cine o en las historietas. Así que Seth es un gran superhéroe.
— ¿Y tú nombre? ¿Sabes lo que significa? —preguntó anclando su mirada en la de Edward.
—No, nunca lo he buscado… creo que tiene que ver con algo bíblico, también lo eligió mi tío. ¿No piensas llamar a Ben? —preguntó al ver que el niño se había entretenido con los nombres.
—Eh… sí enseguida. —Intentó marcar al señor Ben pero el teléfono se había bloqueado, decidió no decirle nada, sino que le tomó la mano y utilizó el dedo pulgar de Edward para desbloquearlo. Lo desbloqueó y buscó el nombre del que sería su padre adoptivo, después del segundo repique le contestaba.
—No soy el señor —dijo soltando media carcajada—. Soy Seth… ¿cómo está señor Ben? Edward dice que puede subir a saludarme… Bien, no tarde. —finalizó la llamada y le entregó el teléfono a Edward.
— ¿Seth, te gustaría vivir con el señor Ben y la señora Ángela? —preguntó Edward para agilizar lo de la custodia del niño. Era necesario tener la opinión del niño.
—Sí, claro que me gustaría. Ellos son muy buenos. La gelatina que me trae la señora Ángela es mejor que la que hacen aquí —le confesó con la mirada en el juego del iPhone que no le parecía muy entretenido, entonces prefirió no jugar y buscar algo en Google.
—Entonces voy a hablar con el juez, porque dentro de poco te van a dar de alta y necesitarás un hogar donde vivir. Quiero que sepas que con ellos no te va a faltar nada y que siempre que quieras, podrás visitarme e igual yo iré a visitarte —le explicó para que decidiera con total seguridad si quería o no ser hijo de Ben.
—Me gusta esa idea, así podremos seguir siendo amigos —dijo sonriente elevando la mirada de la pantalla del teléfono.
—Siempre seremos amigos —señaló con entusiasmo.
—El escuchado por Dios; o mi nombre es Dios —dijo el niño de pronto y Edward lo miró desconcertado por lo que él siguió leyendo el significado que había buscado en la web—. El significado de tu nombre. Dice que Edward es el profeta bíblico, que aparece en el santoral junto a dos mártires del siglo IV. Es un buen nombre.
— ¿Te parece? —preguntó un tanto descontento con el significado de su nombre según la web, pues no había sido el escuchado por Dios precisamente. El niño asintió con energía—. Hubiese preferido que me hubiesen llamado Tony.
—Como Iron Man —dijo Seth riendo.
—Sí —contestó Edward guiñándole un ojo. En ese momento llamaban a la puerta—. Adelante —invitó Edward a pasar al guardaespaldas.
— ¡Señor Ben! —saludó Seth con emoción dejando de lado el teléfono de Edward.
— ¿Cómo estás Seth? —preguntó el hombre con un entusiasmo que Edward no le había visto anteriormente. Parecía más humano, más accesible y supuso que sería un buen padre.
— ¡Muy bien! Ahora que usted está aquí, mejor. Me ha dicho Edward que usted quiere ser mi padre adoptivo —le confesó dejándose llevar por la espontaneidad de niño.
—Así es, sólo si estás de acuerdo —le dijo acercándose más a la cama.
—Claro que estoy de acuerdo. Yo quiero vivir con usted, me gusta mucho la comida de la señora Ángela y todos los cuentos que sabe —manifestó con la mirada brillante por la felicidad.
— ¡Gracias! Serás bienvenido en casa, te daremos mucho cariño. —la voz del hombre de casi dos metros y cuerpo intimidante, se hizo ronca, delatando su intento de contener emociones.
—Bueno, yo debo regresar a trabajar. Ben, puedes quedarte un rato. Cuando llegue a la comisaría te envío a Tayler y no acepto que me contradigas —dijo Edward, imaginando que el hombre deseaba quedarse.
Intuía que tal vez, por llevar a cabo su deber de custodiarlo, se habría privado del placer de compartir con el que pronto sería su hijo adoptivo.
—Adiós Seth, prometo visitarte la próxima semana —le dio su palabra guardándose el teléfono en uno de los bolsillos del pantalón.
—Está bien, recuerda traer a tu novia —le pidió con una sonrisa.
Estaba realmente ansioso por conocer a la novia de Edward, se hacía a la idea de que sería tan agradable como él.
—Haré el intento, porque primero tengo que contarle del hospital. —prefirió ser sincero y no hacer promesas que no estaba seguro si cumpliría.
—Bueno cuéntale. Seguro le gustará la historia del por qué lo tienes.
Seth alentó a Edward con energía porque estaba seguro de que a la chica le gustaría la historia tanto como le había gustado a él.
—Sé que sí le gustará —confesó Edward con un asentimiento y se acercó un poco más hacia el niño y le dio un beso en los cabellos y se encaminó a la salida.
—Lo acompaño señor —se ofreció Ben con la firme intención de escoltarlo hasta la salida.
—No hace falta, aquí adentro es seguro… Quédate con Seth. Yo aún tengo que reunirme con la directora del hospital —señaló abriendo la puerta. Y salió de la habitación.
Edward se reunió con la directora del hospital, que era una mujer correcta y muy dada a las obras benéficas. Claire Stane, todos aún le llamaban señorita aunque hubiese pasado los cuarenta años seguía soltera y sin hijos y sin embargo le encantaban los niños.
Espero que les haya gustado el capítulo.
No creen que merezca Reviews.
Espero que me disculpen por no haber actualizado antes, pero como saben estoy full con el cierre de semestre y la pc esta en reparación.
Adelanto del próximo capítulo…..
—Bien, muchas gracias por su respuesta, que es más racional que la del señor Hardey —dejó libre un suspiro imperceptible y prosiguió—. La fotografía pertenece a la víctima Elizabeth Cullen Larsson de 27 años de edad, asesinada el 20 de octubre de 1995 a las tres horas y veintisiete minutos de la madrugada, el caso ha sido reabierto ante denuncias hechas recientemente y nuevas pruebas presentadas. Un testigo asegura haber visto al señor Riley Hardey esa madrugada saliendo de la casa de la víctima. —ante las palabras de Edward el hombre retiró las manos de la mesa y las posó sobre sus rodillas, pero el fiscal con la mirada de un lince captó el movimiento—. Podría colocar nuevamente las manos en la mesa Señor Hardey —pidió sin desviar la mirada de la hermana, y sabiendo que el más mínimo temblor lo delataría.
