Gracias por continuar leyendo pese a la poca estabilidad en las actualizaciones.
La verdad es que estaba un poco cansada de tanto dramatismo, así que he empezado a meter algo de comedia y a partir de ahora es probable… que empiece a subir algún lemon, como en este capi, que aparece uno. Ya me contaréis que os parece ^^
Muchas gracias a todas por leer y por los Reviews, pese a que hay temporadas en las cuales no actualizo en mucho tiempo :S Lo siento muchísimo por ello, pero es que últimamente tengo algunos problemas.
Disfrutad del capi!
PD: Se aceptan y se agradecen Reviews :D
Inspirar, espirar. Inspirar, espirar. Me preparaba mentalmente delante del espejo, antes de asistir a la entrega de regalos con mis amigos. Por supuesto ya había averiguado que Edward era mi amigo invisible, ¡Fue evidente después de que me dijese que me había comprado una carísima joya y que había cortado con su novia!
¿Cómo podía tomárselo con tanta parsimonia? No había que le entendiese. Para mayor desgracia, Alice había comentado a mis amigos que Jake y yo teníamos problemas. ¿Problemas? Para tener problemas hay que poder verse, que es algo que Jake y yo no hacíamos desde al menos dos semanas. Pero por supuesto, la sola mención había desatado el caos entre mis amigos. Emmet y Rose no paraban de hacer alusiones respecto a ir a buscarle y darle una paliza, Alice aprovechaba cualquier oportunidad para burlarse de mí, mientras que Jasper… En dos días me había ofrecido hablar con él veinte veces… Lo peor es que no era una dramatización. ¡Las había contado!
Y Edward… Un caso aparte. Había duplicado sus visitas, cosa que parecía imposible, y sus atenciones hacía mí habían sido elevadas a infinito. Como por ejemplo, pese a que la casa de mi mejor amiga estaba a quince minutos andando había decidido que era mucho más caballeroso venir a buscarme con el coche. Lo cual había conseguido que yo le bufase indignada, mientras que mi corazón se derretía por dentro ante su detalle. Lo peor de todo es que él lo sabía. Lo leía en sus ojos, en su sonrisa pícara al mirarme. Sabía que estaba cediendo… Es más, a veces me daba la impresión de que hasta sabía lo de los sueños… Porque esa es otra: Los sueños.
SUEÑO DE BELLA:
Un suspiro se escapa de mis labios. Sus manos recorren mi cara en una suave caricia, ligera como una pluma; mi cuerpo ansía más. Sus labios rozan los mios y se alejan prestamente, abro los ojos, le dedico una mirada de frustración. Él sonríe con picardía, mientras repite otra vez su travesura, esta vez soy más rápida y rodeo su cuello con mis brazos, prolongando brevemente el contacto, aun así, siendo él más fuerte, se separa. De mis labios escapa un gemido de frustración. Me mira, de nuevo sonríe, y en sus ojos verdes lo leo tan claro como si de un libro se tratase: Ansiosa.
Le libero de mi abrazo, indignada, retrocedo unos paso y me doy la vuelta, alzando la cabeza con orgullo. Dentro de mí late el deseo, las ansias de más... Pero no me pienso humillar. A regañadientes doy un paso, y otro. No doy un tercero.
Sus brazos rodean mi cintura y me hace girar acabando apoyada sobre su ancho y musculoso pecho. Solo puedo emitir un jadeo de sorpresa antes de que ataque mis labios con pasión. Al principio solo mueve sus labios contra los míos, con pasión, casi con rudeza... Me sorprendo al notar su lengua dibujando el contorno de mis labios. Los entreabro para dejar escapar un suspiro, él aprovecha este momento de debilidad para introducir su lengua en mi boca.
Nuestras lenguas batallan, tratando de dominar, finalmente separa sus labios, pero me sorprende de nuevo al succionar de forma intensa mi labio inferior. Una punzada de deseo recorre mi columna. Otro gemido escapa de mis labios.
Mis manos encuentran un camino hasta su pelo y se enredan en él, tratando de unir más nuestras bocas. Apenas podemos respirar, ya no lo necesitamos. Solo puedo emitir jadeos, suspiros y algún gemido.
Deslizo mis labios por su cuello, mientras que mis manos abandonan su pelo y se centran en desabrochar la camisa. Cada porción de pecho revelada es saboreada por mis labios. Deslizo mi lengua y no puedo evitar la tentación de un suave mordisco. Un gemido ronco, casi un gruñido, resuena en lo más profundo de su pecho. Siento su placer, siento su excitación.
Una vez liberada su camisa, sin que mis labios abandonen su cometido, le empujo suavemente sobre la cama, dando una mayor libertad a mis manos. Sigo repartiendo besos y pequeños mordiscos por todo su pecho, mientras que mis manos, ahora con mayor facilidad de acción, se deslizan hasta el broche de sus pantalones. Lo ignoro.
Sobre la tela del vaquero, no puedo evitar acariciar su excitación. Vuelve a gemir, esta vez en su gemido puedo distinguir mi nombre. ¿Dónde queda el orgullo? A los pies de la cama, esperando a que acabemos, sin duda.
Mis manos, con destreza, desabrochan su pantalón, cuando ya casi puedo degustar el poder... las tornas cambian. Me veo apresada entre la cama y su cuerpo, sus brazos impiden cualquier huida posible. Como si la idea de huida fuese imaginable. Esta era la mejor de las torturas.
Juega conmigo. Acaricia mi pecho por encima de la camiseta. Sus caricias arden sobre mi piel, necesito más... Necesito sentir su piel.
Gimo, suplico más. Él sonríe arrogante, mientras que sus manos siguen deslizándose por mi cuerpo por encima de mi ropa. Besa, muerde mi cuello, provocando estragos en mi cordura. Sus labios se deslizan hasta mi oreja, me exige que le diga que es lo que deseo, antes de succionar mi lóbulo.
No cedo, al menos no hasta que no noto su erección estregándose contra mi cadera. En un gemido desesperado, le suplico que me acaricie, que me deje sentir su piel.
Sonríe con arrogancia, sin embargo se deshace rápidamente de mi camiseta, el sujetador no tarda en sufrir la misma suerte. Se inclina, exhala su aliento sobre mi pecho, acaricia los pezones con suavidad. Necesito más.
Finalmente, sin dejar de atender el otro, se lleva uno a la boca. Lo lame, lo besa, la sensación es sumamente placentera. Noto como la excitación se acumula, mi espalda se arquea facilitándole el acceso, mi clítoris palpitaba, sensible, deseando ser notado.
Sus labios abandonaron mi pezón, para deleitarse con el otro. Sus manos, calientes, constantes, se deslizaron hasta la hebilla de mi pantalón. No tardó en deshacerse de él también y sin dejar de succionar mi pecho empezó a estimular mi zona sensible con la mano.
No aguantaría mucho más. Las punzadas de placer eran cada vez más fuertes, el calor, la necesidad... Necesidad inmediata. Mi cuerpo entero ardía y latía anhelante. Lo necesitaba.
No tardo en complacerme. Se liberó de sus pantalones y boxers, noté su miembro en mi entrada, sin olvidar el preservativo. Balanceé mis caderas, ansiosa, necesitada de su contacto… Entonces…
FIN DEL SUEÑO DE BELLA.
Entonces despierto, jadeando, sudando e increíblemente excitada. Esto no sería un problema… Si no fuese Edward el protagonista de todos y cada uno de mis sueños eróticos. Hacía tiempo que no soñaba con él, y volverlo hacer era sin duda un mal presagio
—Edward…
Su nombre escapó cual suspiro de entre mis labios. Al rememorar el sueño, no pude evitar que mis manos dibujasen el contorno de estos, recordando los ardientes besos.
—¿Me llamabas?
Me sobresalté.
—¡Pero qué fijación tienes últimamente de aparecer cada vez que digo tu nombre, y por sorpresa!
Me giré hacía él, tenía un precioso ramo de rosas rojas, y su sonrisa… Sí, esa que era mi favorita, que lograba que me temblasen las piernas y apenas pudiese decir cosas coherentes, dibujada en el rostro. Sus ojos me miraban, llenos de picardía.
—Quizá sea que últimamente dices mi nombre demasiado.—Me tendió el ramo.—Rosas para la más "bella"
Las arranqué de sus brazos, mientras que él reía de forma queda por su broma y mi actitud.
—Ja, ja, ja.—Repliqué con sarcasmo. —¿Para la más "bella"? Como si no hubiese oído eso antes…
Él se encogió de hombros. Se fue a tirar sobre mi cama, de forma despreocupada, evidentemente él no consideraba necesario un permiso o una invitación, a fin de cuentas estaba en su casa, ¿no? Daba igual la de veces que le dijese que luego me tocaba a mí hacerla, él siempre se tiraba sobre ella, como si de una colchoneta se tratase. Pero antes de que lo hiciese, le arrastré fuera de la habitación y de mi casa, sin olvidarme del regalo.
Al llegar a su coche, su despampanante volvo plateado, me abrió la puerta del copiloto, como todo un caballero, y la cerró antes de ocupar su lugar.
En mi interior, rezaba por no volver al tema de su nombre, pero… ¿Alguna vez había mencionado que mi suerte es pésima? Pues por si acaso… ¡Lo es!
—Entonces, ¿por qué pronunciabas mi nombre?
Comentó, enarcando una ceja en mi dirección, mientras arrancaba el coche y ponía rumbo hacía casa de mi amiga.
—¡Por nada!—Me miró incrédulo, le señalé la carretera y el volvió a centrarse.—No es como si soñase contigo ni nada parecido…
Una carcajada, tremendamente sensual y erótica, llenó el vehículo.
—Así que sueñas conmigo, ¿eh?—Me sonrojé violentamente.—No quiero ni imaginar que clases de sueños serán…—Me guiñó un ojo, mientras que mi rostro alcanzaba niveles de rojo que iban en contra de cualquier ley física o biológica.
—Te odio.—Siseé furiosa, desviando la vista hacía el verde, pero que novedad, paisaje que había a través de mi ventana.
Hubo un silencio.
—Me alegro de que sueñes conmigo…—Su voz rompió el silencio, yo me negué a mirarle.—Yo también sueño contigo, desde hace meses, me hace feliz pensar que pese a todo no te soy tan indiferente como aparentas.
Colocó su mano sobre mi pierna, provocando mil descargas eléctricas en mi interior. ¡Oh, no, definitivamente no me era NADA indiferente! Al sentir su caricia las imágenes del sueño volvieron a mi mente.
¡Malditos sueños! ¡Malditas hormonas! Sensatez… ¡SÁLVAME DEL PECADO!
