-¿Dónde se habrá metido ese tipo?-bufó Lang, extrañado.

-(…) Seguro que estará subiendo.-le propuso Shih-na.

-¡Como sea! Quiero saber qué quería decirme. ¡Todo eso era muy raro!

El ascensor se oyó a sus espaldas, y Lang supuso que Shih-na podría haber acertado en su teoría. Ella, como toda respuesta, dijo algo.

-Necesito ir al baño.

-¿…? ¿Y ahora qué? ¿No me lo podías haber dicho antes?-bramó el hombre-lobo.

-Antes no lo necesitaba, ahora sí. Hay un baño aquí cerca, al lado del ascensor. ¿Puedo ir, sí o no?-inquirió Shih-na, algo molesta.

"Ni que hubiera pedido una suite de lujo", pensó indignada.

-De acuerdo, puedes ir. Anda, vamos.

-Oye, una cosa es que esté prisionera, y otra cosa es la intimidad, ¿Sabes? ¿Es que acaso Lang Zi no dijo nada sobre eso?

-No metas a Lang Zi en la conversación. (…) Pero en fin, supongo que tienes algo de razón.

Dicho esto, Lang le quitó las esposas sin dejar de mirarla.

-Vamos, ve y no tardes. Desde aquí escucharé cada uno de tus pasos, así que no intentes nada raro.

Shih-na le miró con interrogante, pero no dijo nada. Accedió a la zona del ascensor y la barra de bar. Shi-Long escuchaba todos y cada uno de sus pasos.

De repente, dejó de escucharlos, y no debido a un problema de la distancia.

-¡Aaaah!

Era la voz de Shih-na.

-¿Pero qué rayos…?

Un golpe seco retumbó por el lugar, y después otro algo distinto.

-¡Shih-na!-gritó Lang, y se apresuró a acceder a la escena. Lo que vio era difícil de describir

Lo primero que vio fue el cuerpo de una Shih-na desmayada de bruces en el suelo. Sin embargo, sujetaba un cuchillo con sangre. Y más allá… El cadáver de Dalai Sassyn.

-¡Aiya!-chilló Lang, empezando a brotarle el sudor de la frente.

No podía ser. ¡No era humanamente posible! No creía que Shih-na, en su estado, se hubiese arriesgado a hacer algo así. Pero lo peor de todo era…

Que ahora podía haberse considerado que había cometido el cuarto asesinato.

(…)

-¡¿Qué ocurre?!

Sunny entró en el lugar, y no daba crédito.

-¡Oh, Dios Míoooooooooo!

Casi al instante aparecieron Rhoda Teneiro y ese fiscal sin nombre. La primera gritó del susto, el segundo ni se inmutó.

-Debí suponer que pasaría algo así.-argumentó el fiscal como toda respuesta.

-Señor Sunsette, ¿Qué quiere decir con eso?-le preguntó, atacada, Rhoda Teneiro.

-Pues que, por mucho que esta bruja sea llevada a Zheng Fa, Borginia, Tailandia, Nueva Guinea, o lo que sea, seguirá siendo una criminal. Y seguirá matando a gente.

Lang decidió no contestarle por el momento. Le preocupaba que Shih-na hubiese recibido un fuerte golpe, o incluso hubiera muerto, porque no quería perderla. Ni tampoco su verdad.

Unos minutos más tarde, Shih-na abrió los ojos lentamente. Seguía aturdida, y algo confusa.

-¡Shih-na! ¡¿Qué rayos ha pasado aquí?!

-Yo le diré lo que ha pasado, Lang. ¡Esa criminal ha matado a Dalai Sassyn!

Al incorporarse, Shih-na se percató de que sus dedos sujetaban un estrecho cuchillo ensangrentado.

-Shih-na… Tú no…-le murmuró Lang.

Ella no contestó. Solamente le miró.

-¿Tú qué crees?-le respondió.

Lang no contestó a esa pregunta, y aunque su trabajo era detenerla en ese mismo momento… Estaba totalmente convencido de que era inocente de este crimen en particular. Algo totalmente nuevo en él.

Su misión era arrestar al culpable, limpiar las calles de criminales… Como ella. Nunca se había parado a pensar si un detenido era culpable o no. "Eso es trabajo de los tribunales", solía decir. Pero ahora… Sentía la necesidad imperosa de resolver lo que había pasado para convencerse de que no había sido ella.

Aquel pomposo fiscal, Sunsette, la agarró virulentamente del brazo y la esposó en el acto.

-Mire, Lang. ¡Esto es lo que pasa cuando se confía en una criminal!

-Suéltame, no me toques… Quítame las manos de encima.-protestó Shih-na, con rabia.

No recordaba que eso se lo hubiera dicho a él cuando la llevaba presa.

-A partir de ahora, todo lo que digas puede y será usado en tu contra… Cuando lleguemos a Zheng Fa. Este es tu cuarto asesinato, demonio de Satanás. Ahora, sí que ya no tienes perdón. Bueno, ni ahora ni antes.

Lang no pudo por menos que callar y observar con pesar la escena. Se alteró cuando notó que una mano hurgaba en su chaqueta. Era Sunsette, sin vergüenza y sin permiso.

Pero peor fue lo que sacó. La pistola.

-Prepárate, preciosa. Saluda a los peces con los que vas a dormir.

Shih-na se quedó quieta, mirando a Shi-Long. Incluso el lobo pudo avistar su pulso nervioso. ¡Eso era! ¡Se estaba aferrando a la vida! Le quería decir algo con la mirada.

Y Lang Zi decía: "Un grupo siempre permanece unido". No podía fallarle así a una subordinada.

-¿Un último deseo? Bah, si no se te va a conceder, qué más da, ¿No?

Pensó ese deseo. Lo pensó con todas sus fuerzas. Sunsette iba a disparar. La sorpresa fue mayor al ver que…

-¡NO TAN RÁPIDO!

…su deseo se había cumplido.

Lang se abalanzó contra aquel fiscal indeseable y le arrebató el arma antes de que se disparase. Pudo notar que Shih-na estaba sudando y suspirando discretamente de alivio.

-¡¿Pero qué hace, bobo?! ¡¿Está usted mal de la cabeza, Lang?!

-Eres idiota, ¿Lo sabías?-le preguntó retóricamente Shih-na sonriéndole sin querer.

-Lo sabía. Tú me lo enseñaste.-replicó Shi-Long.

-¡¿Qué es lo que pretende, agente torpón?! ¡Deje de jugar con la justicia de una vez por todas!

-¡No pienso permitir que un sucio fiscal le ponga las manos encima a mi subordinada!

-¡No sé ni para qué me molesto! ¡Usted es otro criminal, como ella!-gritó Sunsette.

-¡Caballeros, por favor!-suplicó Rhoda Teneiro.- ¡No se sulfuren!

-¡Ha habido una víctima, no necesitamos más!-gimió Sunny, asustada.

-(…) Sí, es cierto. Ahora, hemos de empezar. ¡Con la investigación!-exclamó Lang, con su pose de protesta.

-¿Está sordo o qué, Lang? ¡Hay que llevarse de aquí a la culpable de todo esto antes de que mate a más gente! ¡Yo, Quentin Sunsette, me encargaré de que se haga justicia a esta mujer!

-No, ¡Yo me encargaré! Respecto al caso del asesinato de Dalai Sassyn, Shih-na recibirá su veredicto correcto. Pero no podemos descubrirlo sin investigar. ¡Lang Zi dice: "Busca donde el agua es más profunda"! ¡Yo, Shi-Long Lang, dirigiré personalmente la investigación!

(…)

Shih-na volvió a estar bajo la vigilancia de Lang, quien intentaba creer que aquel asesinato no se produjo de manos de la reclusa. Ella, por su parte, no negó su inocencia ni confesó su culpabilidad, así que nadie sabía gran cosa.

En relación a Sunsette, estaba dispuesto a declararla culpable para así poder ejecutarla de muerte nada más poner los pies en Zheng Fa. Empezó a examinar el cuerpo, y comprobó unos papeles.

-Ajá, ahora todo tiene más sentido.-afirmó Sunsette, pensativo y con mirada malvada.

-¿Qué se supone que tiene sentido?-bufó Lang, molesto por el arrogante rol de ese tipo.

-Hasta ahora no lo entendía, pero ahora he visto que tenías un motivo, demonio de pelo blanco.-se burló Sunsette, desagradablemente.

-…

-¿Un motivo? ¿Qué motivo? ¿A qué diantres se refiere?

-La verdadera identidad de este hombre lo pone de manifiesto. Dalai Sassyn, 40 años, Zheng Faiano… Miembro de la red de contrabando.

-¡…! ¡Aiyaaa!

Esa era la confesión de la que se trataba. Sassyn iba a decir que era miembro de la red de contrabando de la que Shih-na formaba parte. Y eso significaba…

-Esta preciosa señorita tenía el objetivo de matar a este hombre para acallarlo. Eran parte de la misma organización, Sassyn tendría información muy comprometedora sobre ella. Por eso, le mató para silenciarle. ¡Esa es la verdad tras en caso!

-¡NO TAN RÁPIDO!- ¡Porque ese hombre sea miembro de la red no significa que Shih-na lo supiera ni que lo matase!

-(…) Sí que lo sabía.

-¡Shih-na!-gritó Lang.

-Pero… Yo no lo hice.-afirmó, con total tranquilidad y sin miedo a que pensaran lo contrario.

"Y yo digo lo mismo. Yo creo en Shih-na". Lang recordaba haber dicho esas palabras. Nunca había dejado de creer en ella, aunque no quisiera admitirlo. Y eso incluía aquel momento. Creía en ella. Por lo tanto… Shih-na era inocente del asesinato.

-¿Esperas que nos creamos las palabras que salgan de tu boca, maleante? ¡Cuando aterricemos vas a estar criando malvas!

-¡NO TAN RÁPIDO!- Antes de nada, voy a investigar por mi cuenta. Después, nos veremos las caras, usted y yo, señor fiscal.

-Agente Lang, si no es molestia, iré a avisar al capitán de la situación. Usted es agente de la Interpol, supongo que tendrá otorgado el permiso para investigar.-indicó Rhoda Teneiro.

-Está bien, hermanita. Yo me quedaré aquí, por si acaso.-aseguró Sunny, algo nerviosa.

Mientras tanto, Lang estaba ansioso por empezar la investigación y, por supuesto, demostrar y demostrarse que Shih-na era inocente.

-Lang Zi dice: "El primero en encontrar el cuerpo es el primer sospechoso." Lo primero: registrarte. A ver qué encontramos.-murmuró Lang, con la vista clavada en su subordinada.

Ella no respondió, solamente se quedó quieta. Mientras tanto, el hombre-lobo se dedicó a cachearla, en busca de algo sospechoso que esperaba no encontrar. No obstante, había algo interesante en el bolsillo de su sucia chaqueta: un pañuelo, machado de sangre.

-¡Shih-na! ¡¿Se puede saber qué significa esto?!

-Yo se lo explico, Lang. Eso es una prueba incriminatoria.-se cachondeó Sunsette.

-¡No hablaba contigo! Shih-na, ¿Qué haces con un pañuelo con sangre en tu bolsillo?

-… No lo había visto nunca.

-¡Ja, ja, ja, ja! He visto excusas más curradas, joven.

Si tenía que creerla, ¿Cómo encajaba en todo aquello? En el pañuelo, bajo toda aquella sangre, se podía apreciar unos detalles en azul: eran letras. Ponía "Líneas iFly". ¿Acaso ese pañuelo era del avión?

Ante la completa pasividad de Shih-na, Shi-Long se aproximó al cadáver. Lo más llamativo, claro estaba, eran las marcas de su apuñalamiento con un cuchillo. Lang se puso unos guantes y examinó personalmente el cuerpo.

Hurgando en los bolsillos de Sassyn, encontró un par de cosas: una barra de labios liliácea y una fotografía. En ella había la escena del propio Sassyn con una niña, de piel algo bronceada, de pelo verde, ojos negros, bastante parecida a Dalai. Podría ser su hija.

-¿Acaso esta barra de labios sería un regalo para ella?-se preguntó Lang.

Su atención también se posó en la poca cantidad de sangre que había alrededor del cuerpo. Sin embargo, las ropas de Sassyn estaban completamente empapadas en ella, así como uno de los bordes de la foto.

Shih-na andaba por allí, no perdiéndose un detalle de la investigación de su anterior líder.

-El brillo de labios es un gran complemento, ¿Cierto?

Lang se quedó estupefacto. Parecía que Shih-na no entendía la gravedad de la situación en la que se encontraba. Intentó ignorarla y se volvió a fijar en el cadáver. Pero gracias al comentario de la reclusa, Shi-Long se percató de algo raro en los labios de la víctima.

-¿Qué es este líquido?

Lang pasó su dedo por los labios de Sassyn y observó lo que parecía una sustancia líquida, algo translúcida, de un color blanquecino. Olía a planta, aunque procuró no acercarse mucho, por si acaso era algo malo.

El agente decidió almacenar la información por el momento. Gracias a Shih-na podían haber descubierto algo vital para la investigación. Quizás sí que luchaba por su inocencia de un modo más bien indirecto.

Cuando Lang se dispuso a centrar su atención sobre algún otro objeto de la sala, vislumbró algo raro en la mano de la víctima. Al examinar mejor, observó que la palma de la mano de Sassyn estaba impregnada de una sustancia negra, especialmente en las yemas de los dedos. Parecía tinta, o algo por el estilo.

Gracias a la sustancia extraña, el agente pudo extraer con claridad las huellas de la víctima. Le serían útiles más adelante, supuso.

El siguiente punto de interés consistía en la barra de bebidas. En ella había un café servido. En una caja, próxima a la taza, descansaban muchos finos cuchillos, idénticos al que Shih-na estaba sujetando en su mano.

-Esos cuchillos son para cortar el limón o la naranja que usamos en los cócteles. No suelen tener el filo muy pulido, pero aun así… Parece que ha sido letal…-murmuró Sunny, lentamente y afligida.

¿Un cuchillito tan sencillo podía llegar a provocar la muerte? Durante toda su carrera, Lang había visto de todos los colores, pero aquella situación era irreal.

Después de terminar con el cuerpo, el agente de la Interpol rodeó un poco la zona, en busca de alguna otra posibilidad para candidato a arma del crimen… Sin resultado.

Si era inocente… Shih-na lo tenía difícil para salir airosa.

Pero en Zheng Fa, nada es imposible. Sus habitantes lo saben mejor que nadie. Incluso pueden probar a hacer cosas imposibles… Como sacar Shih-na del atolladero. Por raro que le sonase, tenía fe en ella, incluso sabiendo que era una espía que había hecho tanto daño a su país.

-Muy bien, Lang, ¿Ha terminado ya de intentar salvar a una criminal en apuros? Si es así, esperaré a que pisemos Zheng Fa… Para poder ejecutarla al instante.

-¡NO TAN RÁPIDO!- Lang Zi dice: "Un asesino siempre vuelve a la escena del crimen". ¡Y lo mismo hace un lobo, para atrapar a su presa!

-Así que me está diciendo que usted, "guardián" de la "justicia", ¿Va a proteger a una delincuente? La Interpol da pena, en serio.

-No voy a proteger a nadie, fiscal. Pero, como Lang Zi dice, un grupo siempre permanece unido, no importan las circunstancias. Shih-na es mi subordinada, y me niego a aceptar que ya no lo sea. Por eso, quiero que se explique, que me diga la verdad… Y la creeré.

-Definitivamente, eres un idiota, Lang. ¿Vas a creerme, a mí, después de todo lo que te he hecho pasar? ¿Vas a creerme si te digo que soy inocente?-le preguntó Shih-na.

-(…) Así es. Dime la verdad. Dime que eres inocente, y te creeré.

-¿Y qué pasa si te digo que soy inocente, y luego no lo soy? ¿Qué harás?

-No será necesario hacer nada. Este fiscal ya se encargará de ti en caso de que me mientas. Y dejar que un fiscal se encargue de uno de los míos es lo último de lo que sería capaz, así que imagínate.

Shih-na vaciló por un instante. Ella estaba destinada a traicionar a todo el mundo, pero… En ese momento, y después de todo… Sería incapaz de mentirle, en especial a él.

-Adelante, dime la verdad. Solo te pido que… Si eres culpable, confiésalo ahora. No lo arrastres más.

En los ojos de Lang brillaba el deseo de que Shih-na le asegurara su inocencia y, por encima de eso, que fuera cierto. La sospechosa, sin dejar de clavar su mirada en la suya, se sintió extrañamente tranquila.

-Yo no lo hice, no he asesinado a este hombre. Esa es la verdad.

Bueno, ya lo había dicho. Si nadie la creía…

-De modo que quieres hacer esto largo, ¿Eh, preciosa? No eres más que una cobarde.

-¡NO TAN RÁPIDO!- No necesito oír nada más de Shih-na, de momento. Shih-na ha hablado, y dice que es inocente. ¡Entonces, esa debe de ser la verdad!

…Lang siempre podría encargarse de demostrarlo por ella.