Este capitulo me trajo tantos sentimientos y me hizo llorar mientras escribía, siento que algunas partes suenan a telenovela barata, lo siento por eso. Pero bien, mejor no hago spoilers y les dejo leer a gusto. Por cierto, este es el capitulo final, espero que lo disfruten.

Advertencias: Uso de nombres humanos, incesto y muerte de un personaje.

Dinamarca: Soren

Belgica: Emma

Holanda: Willhem

Abuelo Roma: Romulus

Disclaimer: Hetalia, sus personajes ni los ángeles son míos. Los primeros son del maestro Himaruya y los segundos de dominio popular.


Capitulo 10

El jardín del Edén, el único lugar donde los ángeles de bajo nivel no podían pasar, era el lugar más parecido a la tierra, pero tal y como los escritos de los profetas decían en el Génesis: Se trataba de un lugar perfecto donde existían especies de animales que en la tierra ni podían imaginar, incluso las plantas eran tan especiales que eran de lo más valioso en el lugar en muchos sentidos. La más especial, era el árbol del conocimiento, aquel de donde Eva tomó la manzana para dársela a Adam y provocar la expulsión de ambos del paraíso.

En ese mismo lugar, estaban ahora Willhem, Berwald, Arthur y algunos ángeles más que eran considerados ahora como rebeldes, justo bajo la sombra del árbol del conocimiento. Nadie tenía permitido tocar un solo fruto, ni los arcángeles se atrevían a hacerlo, por eso solo observaban, esperando el momento exacto.

– ¿Qué piensan hacer aquí? – Preguntó Berwald desde su sitio, uno no muy cómodo al ser sujetado por dos ángeles de los brazos, mientras sus alas permanecían aprisionadas con unas cadenas y sus pies amarrados con una burda soga.

– Berwald, este sitio ¿Por qué está prohibido? – Arthur fue aquel que decidió responderle. – ¿Es porque acaso Dios no quiere que los ángeles sepamos lo que incluso los humanos son consientes de saber? ¿Es por eso? – Le interrogó con una mirada seria, sin cambio en las expresiones y ni siquiera le miraba, tenía la vista fija en uno de los frutos rojos.

– No, es porque trata de protegernos – Dijo Berwald seguro se sus palabras, o al menos eso es lo que trataba de aparentar. La verdad que esas preguntas antes se las había hecho el mismo Romulus, con ellas le convenció de seguirle y creer en él.

– ¿Estás seguro de ello? ¿De verdad puedes afirmarlo sin dudar? – Por primera vez la mirada del de cejas pobladas se fijó en el de lentes, acercándose algunos pasos para quedar cara a cara. – ¡¿De verdad te has vuelto tan ciego?! – Levantó la voz exasperado, tomando al más alto de la camisa para sacudirlo un poco. Luego de unos segundos le soltó, como si de repente hubiese perdido el interés en él.

– Sabes, entre los ángeles también existen "Hermanos de sangre" – Esta vez, Willhem tomó la palabra, haciendo énfasis en las últimas dos – Dios los crea de la misma esencia, con la misma base y solo cambia algunos detalles en nosotros, como la inclinación hacia lo femenino o masculino. Para los humanos sería como distinguir un hombre de una mujer.

Berwald no comprendía para donde iba la plática, o si acaso aquel relato tenía algo de importante para ellos en ese momento. Pero tenía que hacer tiempo, mientras trataba de ver una forma de liberarse y escapar o confrontarlos si era posible.

– A Dios no le parece que los ángeles se enamoren, eso es cosa de humanos y nosotros como seres perfectos solo debemos pensar en servirlos a ellos y al mismo Dios. No podemos amar, pero hasta hacerlo no es un pecado, claro que no, él no lo ve de esa manera. Salvo que te enamores de un hermano tuyo, ese es el mayor pecado que puedes cometer. – Willhem había decidido continuar, perdiendo la mirada en Emma, su hermanita que yacía parada junto a un árbol cercano, vigilando que nadie los interrumpiese. – Yo, me enamoré de Emma – Dijo finalmente en un murmullo casi inaudible. – Pero a Dios no le pareció ese sentimiento, me mandó a llamar y recibí su castigo de amor. –

– Dios le hizo olvidar aquel sentimiento –Arthur continuó, mostrando que ya se conocía la historia de memoria, claro después de escucharla tantas veces quien no la sabría. – Lo arrancó de raíz de su ser e impidió que Emma fuese su compañera como estaba predestinado. La alejó lo más que pudo de él, hasta la convirtió en una ayudante de un arcángel como si aquello no fuese una broma suficiente. –

Berwald había escuchado rumores de ellos, de que su gran líder de los ángeles de agua era un pecador al cual Dios había dado una segunda oportunidad. Miró de reojo a Emma, sintiendo algo de pena por ambos, él mismo comprendía cual era el peso de un amor ante Dios, pero también sabía algunas cosas que le relato del otro había omitido.

– Ella no te ama como tú lo haces – Dijo finalmente el de lentes. Antes había escuchado esa historia por parte de los arcángeles, su protector el arcángel Miguel se la había contado hace un tiempo: Willhem se había enamorado de su hermana, esta al enterarse había buscado a Dios para pedirle que la ayudase, que liberara a su hermano de la carga de tener esos sentimientos no correspondidos. Aquello solo había sido una forma de ayudarle a juicio de Emma. Lo que el sueco no entendía era porque ella le estaba ayudando en ese momento.

– Te han lavado el cerebro – Volteó Willhem y tomó a Berwald de las cadenas que ataban sus alas y con brusquedad lo arrojó contra el árbol del conocimiento. – Tú no lo entiendes – Entrecerró los ojos, sacando un cuchillo de sus ropas. – Terminaré lo que Romulus comenzó. – El cuchillo terminó sobre la cabeza del sueco, listo para asestar el golpe.

– ¡NOOO! – De la nada, arrastrando consigo a tres ángeles rebeldes y teniendo a Arthur tratando de detenerle, Soren se asomó finalmente, con algunas heridas en el cuerpo y evidentemente agotado. – Ber… wald, ya vine – Dijo el ángel de fuego con una sonrisa algo torpe.

Los ángeles rebeldes no podían creer que alguien además de ellos se hubiese arriesgado a entrar en aquel lugar, pero si alguien esperaba era a aquel.

– Soren – Intervino Willhem sumamente tranquilo.

– Will, ¿Por qué haces esto? Berwald no te ha hecho nada, él no le ha hecho mal a nadie. – El de cabellos alborotados creía fielmente en la inocencia y pureza de su compañero, algo que ni el mismo Berwald creía de si mismo. Él mismo sabía lo impuro que era.

– Soren… ¿Amas a Berwald? – Willhem mantuvo el cuchillo arriba, sin apartar la mirada del recién llegado.

– Yo… –

– ¿Si o no? –

– ¡Es obvio que si! – Dijo el antes aludido cediendo ante la presión del momento.

– Entonces entenderás lo que hago, perdóname. –

El ángel de fuego no tuvo tiempo de reaccionar, el cuchillo había caído clavándose en el cuerpo de Berwald, este no pudo moverse o alejarse debido a que sus alas estaban inmovilizadas y con ello el resto de su cuerpo. Abrió los ojos con fuerza, sintiendo la cuchilla atravesar el área donde al igual que en los humanos, se encontraba el corazón. Un poco de sangre salió de sus labios junto con un último aliento de tos.

El árbol del conocimiento se manchaba en sangre, la sangre de un ángel que hasta el último momento dejó la vista fija en su compañero e incluso trató de estirar la mano para alcanzarlo, con su ultimó aliento lo intentó todo.

– So… Soren… – La luz en los ojos de Berwald se extinguió casi al instante, dejando un cuerpo vacío descansando bajo aquel gran árbol, con los ojos cristalinos fijos en aquel que siempre amó pero no fue capaz de decirle.

El silencio reinó durante unos segundos, en lo que Gilbert y Ludwig a pesar de sus heridas, le insistieron a Tino y Lukas que los llevasen junto con Soren para tratar de ayudarlo. Por desgracia al llegar solo vieron a un ángel de fuego de rodillas en el piso, con la vista fija en el cuerpo inerte del amor de su vida, con los ojos llenos de lágrimas que repetían el nombre de su compañero. El cuerpo sin vida de aquel que trataban de salvar y al ángel de agua que había sido el ejecutor de todo parado entre ambos.

Tino se cubrió la boca, cerrando los ojos con fuerza para empezar a llorar, Lukas sentía lo mismo pero decidió mantenerse fuerte y abrazar a su compañero. Gilbert apretó los dientes y puños con frustración, queriendo saltarle encima a Willhem para hacer que su alma desapareciese como la de Berwald, pero su cuerpo no le reaccionó. Solo Ludwig se atrevió a acercarse a Soren, posando la mano en su hombro tratando de regresarlo a la realidad para hacer algo, lo que fuese por castigar a aquellos que habían cobrado la vida de un ángel.

– ¿Por qué…? ¿Por qué Berwald…? Se supone que íbamos a llevarnos bien, que íbamos a estar juntos la eternidad…¡¿Por qué?! –Gritó Soren con frustración, poniéndose en pie cuando Ludwig tocó su hombro para lanzarse contra Willhem y darle un puñetazo en la cara. Este no se defendió, parecía más interesado en el árbol del conocimiento al igual que Arthur.

Nada pasaba, los ojos de Arthur permanecían fijos en el árbol, esperando que lo que Romulus tanto les había prometido, la liberación de las cadenas de Dios sucediera, pero nada ocurrió. Solo que el cuerpo de Berwald fuese perdiendo su calor de poco a poco y se tornase cada vez más pálido.

– No… No sucede nada… – De repente Arthur abrió grande los ojos, acercándose al árbol para tocarlo, como si buscase algo en él. Willhem alejó de un puñetazo a Soren y se acercó de la misma manera al árbol, quitando sin delicadeza el cuerpo inerte de Berwald del camino, expandiendo la sangre que había manchado el lugar con desesperación.

– Hermano… Yo… Perdóname – Emma interrumpió la escena, llamando la atención de su hermano, el cual volteó de repente a verla y le abrazó con fuerza.

– Al fin, ¿Recuperaste lo que sentías por mi? – Willhem preguntó, sin comprender porque las lágrimas bajaban por el rostro de su hermanita.

– No puedo recuperar algo que jamás tuve – Sonrió con tristeza, provocando que su hermano retrocediese un par de pasos atrás y se dejase caer al suelo, mirándola sin creer y luego sus manos. Finalmente se fijó en sus alas, las cuales ahora eran de un color negro intenso.

Willhem negó con desesperación, llevándose las manos a la cabeza para luego fijar la vista en el cuchillo. Se lanzó hacia él, si su hermana no era suya, no pensaba cedérsela a nadie más. Se dirigió hacia ella con toda la intensión de atravesarle el pecho pero Soren intervino, dándole un golpe certero en el rostro, listo para ser aquel que tomase el cuchillo para cortar con sus manos la vida de aquel que alguna vez creyó su amigo.

– Eso es suficiente ¿Da? – Repentinamente Iván apareció detrás de Soren y tomó el cuchillo desde la espalda del otro cuando lo alzó listo para cometer aquel pecado. El aludido no pudo mirar con una peor cara al recién llegado, jalándose listo para arrebatarle el arma. – No te lo puedo dar, ¿No deberías estar mejor con él? – Con el cuchillo apuntó el cuerpo de Berwald, el cual ahora parecía dormido sobre el pasto verde.

– Pero él… ya no….- Se hizo un nudo en la voz de Soren, apretando los labios con fuerza para no dejar que las lágrimas se escurriesen de nuevo.

– Todavía me tomé la molestia de traerlos conmigo y no los aprovechas… – Iván se encogió de hombros, haciéndose a un lado para dejarle ver al arcángel Miguel y al arcángel Gabriel parados detrás suyo.

– ¡Ellos ya no pueden hacer nada por Berwald, se ha ido! – Respondió frustrado, alejándose finalmente para acercarse al cuerpo de aquel a quien tanto amó. Lo levantó con cuidado y abrazó con ternura, como quien sostiene a un tesoro. La luz de su vida había partido de nuevo y esta vez no podía seguirle ni hacer nada por él.

– Apresúrate antes de que sea tarde – Dijo Miguel, acercándose para tomar uno de los frutos del árbol del conocimiento y partirlo en dos.

– ¿Qué haces? – Preguntó Soren confundido.

– Romulus no estaba tan equivocado, el árbol del conocimiento es el medio para la libertad, pero se equivocó de método. No es el árbol en si aquello que tiene el poder de liberar, sino el fruto mismo. –

Para ese momento Iván ya había sostenido a Willhem y Ludwig a Arthur, el resto de los ángeles rebeldes se había rendido apenas Braginsky hizo acto de presencia.

El arcángel Miguel sostuvo la mitad del fruto entre sus manos, pasándoselo al arcángel Gabriel el cual ya se había acercado a ellos, en un movimiento pasó la mano sobre el cuerpo de Berwald, extrayendo una luz blanca con toques azules de él y uniendo a ella la esencia de la mitad de la fruta. Por su parte Miguel le entregó la otra mitad a Soren.

– Con esta mitad, Berwald renacerá en la tierra, como un humano hasta que su momento llegue, entonces su alma renacerá aquí como un ángel de nuevo. – Gabriel se alejó un par de pasos, era el único arcángel capaz de ir a la tierra y regresar sin problema alguno. –Dejaré esta semilla en el lugar más indicado para él, será fácil encontrarlo con un poco de ingenio. –Con esas mismas palabras se alejó del grupo, yendo directo a la entrada que separaba el plano humano del mundo celestial.

– ¿Tu que harás? – Miguel continuaba junto a Soren, siendo testigos de como el cuerpo de un ángel se volvía solo plumas blancas que paulatinamente iban desapareciendo, ya no tenían un alma que proteger. – Puedes quedarte aquí a esperar su regreso, olvidarte de él o… – Hizo una pausa en lo que el arcángel pasaba la mano sobre la mitad de fruta que el otro sostenía y la convertía en luz. – Puedes seguirle… no tengo garantía de que se acaben en la misma ciudad, ni siquiera de si lo harán en el mismo país y tampoco en el mismo año, pero tendrás una segunda oportunidad con él. ¿Qué decides? –

– Eso no hace falta preguntarlo… – Soren sonrió ampliamente, devorando el trozo de fruta que se la había dado. – Le seguiré hasta el fin del mundo. – Dijo en broma, como sus últimas palabras como ángel de fuego, luego simplemente se convirtió en un esfera de luz que el arcángel Miguel abrazó con cuidado.

– Hace mucho que no hago esto, pero supongo que hay que desoxidarse de vez en cuando. – Con la misma, el arcángel le dio instrucciones a los demás, de encargarse de los rebeldes y hacer que limpien sus pecados y luego, esperar, a que ambos amantes regresaran al cielo. Después de eso se perdió en la misma puerta que antes el arcángel Grabriel hubiese cruzado.

– ¡Berwald, otra vez escapándote! Ese Soren solo te mal encamina – Un pequeño rubio de escasos 10 años bajaba del muro de su casa, solo dios sabría como se había trepado estando este tan alto. Este saludo al hombre que le dijo aquello, aunque no era de hablar mucho. Luego pegó una carrera donde desde lejos vio una figura que le esperaba de pie.

– Te tardaste, pensé que tu mamá te había atrapado de nuevo. – Era un pequeño de casi la misma salvo que le llevaba un año de diferencia.

– No, no me vio, Soren – Esas fueron las únicas palabras que dijo el pequeño de mirada seria, ya que al llegar a la esquina, Soren le había tomado de la mano para llevarlo con él mientras caminaban. El menor sintió algo de calor en sus mejillas, suponía que el verano estaba por comenzar, aunque no estaba seguro de nada, ni del cambiar de las estaciones, solo de algo podía estar seguro: De que quería estar al lado de Soren por el resto de su vida.

Fin.


Gracias a todos aquellos que me siguieron hasta este punto. Solo hace falta un lindo y cortito epílogo que tengo planeado. Disculpen si es que saqué unas lágrimas, yo me estaba muriendo de dolor mientras mataba a mi querido Berwald. Pero ven, lo prometido es deuda y ya en el epílogo habrá arrumacos y esas cosas cursis que a casi todas nos encantan[?]. Gracias de nuevo ha sido un placer escribir esta historia. Ahora los invito a leer mis otros fics que espero sean también de su agrado. Hasta pronto.