Miradas frías.
Alice POV
Había pasado el tiempo y como siempre comenzaba a hacer más frío. Me gustaba salir a pasear con mi mamá y con Komosabe después de clases, eso me ayudaba en mi rehabilitación pero ahora era mucho más lenta que en agosto y eso obviamente era un motivo de tristeza. Era gracioso ver como el perrito intentaba correr más rápido y como mamá lo retenía con la correa para que caminara a mi ritmo lento y pausado.
-¡ No hagas eso Komosabe!- le regañaba mamá riendo y sonriéndome un poco.
-Lo siento Komosabe- respondí sonriendo cuando redujo su marcha aunque también quería seguir corriendo.
Comienza a hacer más frío y a llegar el invierno. Yo también quiero correr para que mi cuerpo entre en calor. Pero... se está haciendo más difícil, incluso el poder caminar. Mientras mamá y yo paseamos puedo sentir las miradas llenas de lástima de las demás personas. Yo no quiero que me tengan pena o me miren como si fuera anormal, se supone que yo soy igual que los demás aunque mi enfermedad se empeñe en demostrar lo contrario. Por mi parte yo me limitaba a sonreír y a no darle importancia a esas personas ya que quiero ser fuerte y poder ser feliz pese a todo.
-Oye- llamé a mi madre cuando vi a un niño que estaba practicando como lanzar penales contra una pared- ¿Ese de ahí no es mi primo Anthony?
Anthony era el hijo de la hermana de mi madre e iba al mismo colegio que mi hermana Cynthia. Le hicimos señas y nos encaminamos hacia donde estaba él, al parecer quería practicar para el próximo partido de fútbol y no era muy bueno con los penales ni tirando a puntería. Le sonreí un poco y caminé hasta donde había una piedra con una punta algo filosa.
-¿Alice? ¿Pasa algo?- preguntó mi madre mirándome con preocupación.
-Anthony ¿sabes cuánto mide una portería?
- Cinco metros de ancho y dos metros de largo. Más o menos- me frunció un poco el ceño, de seguro no entendía por qué lo preguntaba pero pronto se lo diría.
Caminé hacia la pared sobre la que practicaba y calculé visualmente los dos metros antes de comenzar a rallarla con la piedra que tenía en mis manos. Mamá entendió la idea y tomando otra piedrecilla comenzó a ayudarme a trazar la portería imaginaria para Anthony.
-Creo que ya está- dije cuando terminamos de dibujar el rectángulo-. Anthony, no deberías lanzar sin una referencia. Tienes que apuntar a zonas que estén dentro de esta área. Forma una imagen mental, y después entrena una y otra vez.
-¿Entrenamiento visual?-preguntó mamá sonriendo.
-Eso es- respondí feliz de seguir siendo útil en algo.
Mi primo comenzó a entrenar de inmediato, le faltaba practica pero sabía que quedaría seleccionado para el proximo partido de su equipo. Me gustaba verle entrenar porque eso era algo que yo ya no podía hacer con el baloncesto. Es triste ir al club y pasarme sentada las dos horas de entrenamiento. Sin embargo, no quería ponerme triste así que decidí prestarle atención al juego de Anthony.
El chico se quedó practicando hasta unos minutos antes que se iniciara la puesta del sol, nosotros le llevaríamos a su casa así que comenzamos a caminar lentamente hacia donde mamá había estacionado el auto.
-No sabía que Alice supiera tanto de fútbol-comentó Anthony mientras seguía jugando con su balón.
-Siempre he estado en el equipo de baloncesto-respondí sonriendo- y las bases del fútbol y el baloncesto son las mismas. Ambos necesitan entrenamiento visual.
-¿En serio?- mi primo tomó mi mano y me miró con cariño- Jugaré en el próximo partido para que puedas venir a verme. Si ese día llega tienes que venir a animarme ¡prométemelo!
-¡Sí!
En ese momento Komosabe pasó corriendo por mi lado, lo habíamos dejado un minuto sin la correa para que hiciera sus necesidades y jugara con otros perros. Sin embargo, ahora se dirigía hacia la carretera por donde pasaban los autos por lo que Anthony se apresuró en alcanzarlo. Mientras mamá y yo seguíamos caminando nos cruzamos con unas vecinas quienes nos saludaron muy amablemente y se quedaron un minuto mirándome con curiosidad, lo que por supuesto me hizo sentir muy incomoda.
-Oye ¿esa no era Catherine Brandon? -le preguntó una señora a la otra.
-Sí y esa es su hija mayor
-¿De veras? -preguntó la otra como si no se lo creyera- ¿la hija que va al instituto de Forks?
-Sí así es- podía sentir como un nudo se iba instalando lentamente en mi garganta y como la pena que no quería volver a sentir llegaba nuevamente a mi alma-. La que es muy lista y muy buena deportista. Aunque no estoy muy segura, parece que tiene una enfermedad.
No entendía por qué ellas decían esas cosas de mí. Aunque yo no pueda caminar como lo hace la mayoría sigo siendo una persona y es injusto que hablen de mí como si fuera un fenómeno. Ya suficiente tenía con los regaños de los profesores como para tener que soportar comentarios de personas que ni siquiera entienden lo difícil que es caminar con dificultad como si fuese un pingüino.
Apenas llegué a mi casa lloré un poco antes de escribir en mi diario. Hace mucho que no lo hacía pero ya me sentía un tanto cansada de fingir que los regaños y las miradas de la gente no me importaban. Aunque no pueda divertirme ni correr, y aunque solo puedo caminar despacio, aun así, hay cosas que estoy segura que todavía puedo hacer.
Aun seguía con visitas periódicas al hospital donde el doctor Cullen después de mis ejercicios de rehabilitación me pedía casi siempre que intentara tocar mi nariz con mis dedos o pararme con un solo pie. Sin embargo, casi siempre fallaba en ambas tareas y era ahí cuando el doctor me pedía mi diario de vida para leer mi letra y determinar como va mi degeneración espinocerebral. Casi siempre terminaba llorando en la consulta o en la sala de espera producto de la frustración de ya sea no poder tocar mi talón con la rodilla o no poder hacer algo tan básico como mantener el equilibrio por más de dos segundos.
Los días seguían pasando y las cosas cambiando. Por ejemplo durante la cena mamá me servía mi plato con todos los alimentos previamente picados y cortados ya que había perdido gran parte de la fuerza en mis manos. En un principio era muy frustrante pero ya con el paso del tiempo me fui acostumbrando.
- ¡ oye! ¿No están entusiasmadas?- preguntó papá durante la cena- El supermercado de enfrente de la estación ¡ usará nuestro tofu para las ventas de mañana!
La venta de tofu era el negocio de mi padre. Antes de la enfermedad me levantaba todos los días a las cinco de la mañana para ayudarle, pero después de que di el examen para entrar al instituto de Forks las cosas cambiaron de forma definitiva y ya no podía ayudar como antes.
- ¡¿ En serio?! - pregunté sintiéndome muy feliz por papá- ¡ Eso es genial!
- Además si las ventas van bien nos dejaran vender oficialmente en su supermercado.
Para festejar eso mi madre había preparado comida china, todos comenzaron a comer con sus palillos menos yo ya que debía utilizar sí o sí un tenedor para comer . Era triste pero ya me había acostumbrado.
- Mañana iré al supermercado- comentó papá mientras cenábamos -. Ah Cynthia mañana después del colegio, ven a encargarte de la tienda.
- Lo siento, no puedo - dijo mi hermana sonriendo con suficiencia-. Tengo una reunión del consejo estudiantil.
- No me sirves - mi papá parecía bastante gracioso cuando hizo un puchero como si fuera un niño pequeño- , tendré que pedírselo a Anthony
- mañana él tiene entrenamiento- dijo mamá recordando aquella información tan importante.
- Da igual si es que no va un día- refunfuñó mi padre.
- ¡ No, no da igual! - exclamé algo enfadada- Este entrenamiento decidirá si es que Anthony puede jugar en el próximo partido. Es el más importante para que entrene... Ah ¡ Déjame encargarme de la tienda! No hay actividades del club y no tengo nada que hacer
- Pero...- papá parecía algo incomodo y buscó la mirada de mamá creo que en busca de ayuda a lo que ella sonrió.
-Está bien- dijo mamá sonriéndome con ganas y luego se dirigió a papá-. No necesitas preocuparte tanto ¿verdad?
-¿En serio?-papá parecía muy sorprendido y puedo decir que algo avergonzado de no entender que estaba sucediendo pero luego me miró y esbozó una pequeña sonrisa- Siento tener que molestarte Alice.
-No pasa nada-afirmé sonriendo con ganas.
Al otro día debía ir a clases así que me dormí temprano y alisté mis cosas. Durante todo el día las cosas transcurrieron de manera normal pero a la hora del club de baloncesto decidí pasar por el salón de biología antes de irme a casa.
-Buenos días-saludé a Jasper mientras intentaba llegar a su lado. Estaba dando de comer a los peces y me sonrió apenas llegué.
-Hola- me saludó- ¿Hoy estás tu sola?
-Sí-respondí sonriendo- Bella y Rose se han ido a entrenar. El partido de los novatos es pronto y no siempre puedo estar dependiendo de ellas.
-¡Alice!-era la voz del entrenador de baloncesto- ¿como estás?
-Estoy bien
-Me alegra- dijo sonriéndome-. Cuando te pongas mejor serás bienvenida de nuevo al equipo.
El profesor nos dirigió una sonrisa amable a Jasper y a mí, pero en vez de sentirme mejor lo único que pude hacer fue fruncir el ceño y asesinar al entrenador con la mirada.
- Con estos pies es imposible jugar al baloncesto- pensé en voz alta mientras le miraba irse. Luego me giré hacia Jasper que aun seguía entretenido con la pecera-¿Verdad?
-Perdona ¿puedes pasarme eso?-señaló un frasco que estaba al borde de la mesa, él no lo podía tomar porque tenía sus manos ocupadas y yo era la única que estaba en el salón.
Después de que le pasé el frasco me pidió que le trajera otro vaso con agua. Sin quererlo me pregunté si es que Jasper era ciego o no se daba cuenta de que me costaba caminar y seguirle el ritmo a sus ordenes. La verdad yo ni siquiera debería estar anudándole, debería estar camino hacia el paradero del autobús para poder irme a mi casa. Aunque él fuera mi amigo se notaba que aún seguía siendo el mismo arrogante camuflado de amable que fue siempre.
-¿Encuentras divertido el dar ordenes?-le pregunté antes de pasarle el vaso- Por si no te habías dado cuenta, estoy discapacitada.
-No sigas diciendo eso.
-No sigo diciendo eso-me defendí-, es la verdad.
Me pidió que le hiciera el gran favor de anotar en un cuaderno del club de biología algunos datos que él iba a dictarme. Mientras anotaba el PH del agua sin saber realmente que era eso, pensé en lo mucho que ha cambiado mi vida. Antes de la enfermedad ni siquiera habría pensado en que podría estar en el salón de biología por gusto, de hecho estaba completamente segura de que terminaría el instituto siendo parte del club de baloncesto y ahora ni siquiera me animo a ir a ver como mis amigas practican para el próximo partido. Sé que el tiempo es mi principal enemigo pero no puedo luchar contra él, es imposible ganarle al paso de los segundos y los días. Estaba segura de que el día en el que ya no pudiera volver al instituto mi vida se habría acabado para siempre.
-Oye-miré a Jasper con algo de curiosidad- ¿me estás tratando como si fuera parte del club de biología?
-¿No está bien?-me preguntó mientras instalaba el microscopio- No tienes nada que hacer de todas formas.
-Es verdad-reconocí riendo aunque él ya no me prestaba atención porque estaba mirando algo por el microscopio- ¿Qué estás mirando?
-Plancton-dijo sin despegarse de su tarea.
-¿por qué?-pregunté acercándome a su lado.
-Tenemos que ir a La Push para una investigación en el exterior- ¡que coincidencia! pensé, mi primo practica fútbol cerca de La Push.
-Ah-dije sin despegar mi vista del microscopio-. Yo también quiero verlo.
Me cedió su lugar para poder mirar el plancton y dijo que debería ir con él a la Push para ayudarle. Yo no sabía que decir, era obvio que no era una cita porque también irían Emmett y Edward pero de todas formas sería raro tomando en cuenta que yo ni siquiera formo parte del club de biología, además de que sería molesto para los chicos el tener que cuidarme todo el tiempo y no poder divertirse en la playa por la culpa de una pobre discapacitada. Le dije que lo pensaría antes de cambiar el tema rápidamente para hablar sobre las tortugas que pronto nacerían en el laboratorio.
Me quedé hasta la hora de salida ayudándole. Sabía que gran parte de las personas en el instituto pensaban que Jasper y yo estábamos saliendo porque pasábamos mucho tiempo juntos pero era obvio que eso era imposible. Después de lo que había pasado con James me había decidido a no dejar que nadie entre en mi corazón ni mucho menos en mi vida. Sería mucho sufrimiento adicional si es que llegara a enamorarme y esa persona sufriera o me fallara, sé que es casi imposible pero yo ya no quiero sufrir más y si para eso tengo que sacrificar al amor estoy más que dispuesta a hacerlo. Era triste pensar en eso, sin embargo, era necesario tener un poco planificado mi trágico destino.
Llegué a casa bastante temprano y comencé a hacer mis tareas sentada en la mesa del comedor mientras mi padre se alistaba para ir al supermercado. Quería ayudar en la tienda para demostrarme a mi misma y a mi familia que no soy una carga y que puedo llevar una vida igual que antes.
-Ya tengo que irme-murmuró mi padre a lo que yo me puse de pie. Él quería ayudarme pero yo le hice una señal de que podía pararme sola- Lo siento.
-No-dije yo frunciendo el ceño-. Debería ser yo quien tendría que decir lo siento.
-¿por qué necesitas disculparte? - hacía mucho que no decía lo siento y la verdad me había acostumbrado a no decirlo pero esta vez era muy necesario.
-Porque por mí, el número de clientes ha disminuido- dije bajando un poco la mirada- ¿verdad?
-Por supuesto que no-dijo él acariciando mi mejilla-. Tu eres el ángel de esta casa y Cynthia... bueno... Cynthia es el demonio pero no se lo digas porque se pondrá brava con migo- me guiñó un ojo para indicar que todo se trataba de una broma y me abrazó con fuerza-. Cuídate mucho y ten mucha suerte con la tienda.
-Sí papi- respondí sonriendo aunque la alegría no me llegó a los ojos-. Tu también cuídate.
Había trasladado mis cuadernos y mi diario de vida al mostrador de la tienda. La gente pasaba pero apenas me veían a mí como vendedora se iban rápidamente, no podía entender por qué ocurría eso si yo seguía siendo yo. No le di mucha importancia y decidí escribir en mi diario para matar un poco el tiempo que me quedaba de estar sola.
-Buenas noches-era la voz de una vecina que entraba a toda velocidad a la tienda-. Quiero tofu fungi.
-¡Sí!-dije yo sonriendo a lo que la señora me miró algo extrañada.
-Alice ¿estás cuidando de la tienda?-me preguntó aquello como si fuese una cosa abominable de hacer, algo que estaba prohibido para mí bajo cualquier circunstancia.
-Sí-dije yo mientras intentaba ponerme de pie-Quiere fungi ¿verdad?
-No te preocupes- murmuró antes de que terminara de pararme-. Lo cogeré yo misma. ¡Alice, tu siéntate!
-Pero...-la señora comenzó a recorrer la pequeña tienda en busca del producto haciendo que yo me sintiera una tonta por creer que podría llevar una vida normal.
-¡No pasa nada!-dijo ella mientras yo la miraba muy apenada- ¡En serio! No sé en qué están pensando, dejándote aquí sola ¡que malos padres!
Mis padres no son malos pensé mientras la señora terminaba de sacar su tofu. Es injusto que piensen que mi familia es malvada por mi culpa, yo no quiero que hablen de ellos y que el mundo piense que son crueles por dejar a una inútil discapacitada a cargo de una tienda, además yo fui la que quiso hacerlo porque quiero mi vida normal de vuelta. No soporto que las personas me tengan lástima aunque creo que tendré que acostumbrarme también a eso.
-Estoy en casa-dijo Cynthia mientras entraba a la tienda y la señora la miraba con el ceño fruncido.
-Espera Cynthia- murmuró la vecina con severidad-. Rápido, ayuda a tu hermana en la tienda.
-¿He?-preguntó mientras me miraba con preocupación a lo que yo le sonreí un poco. De seguro estaba cansada de venir del colegio además de que el viaje es agotador desde Seattle hasta Forks. Obviamente no la iba a obligar a trabajar en la tienda cuando yo podía hacerlo sola.
-No pasa nada-dije sonriendo
-Está bien-dijo Cynthia dejando su bolso en el suelo-¡Déjame ayudar!
-Pero...
Me quedé de pie aguantando mis propias lágrimas a la vez que veía como mi hermanita trabajaba para terminar de atender a la señora. Dolía el saber que yo era una inútil que siempre necesitaría depender de otros. Pensé que las cosas mejorarían al día siguiente pero no hicieron más que empeorar: Después de clases me dirigía hacia el paradero del autobús pero éste había llegado antes y todos corrían para alcanzarlo. Yo no podía correr pero por lo menos intenté caminar un poco más rápido sin muchos resultados. Me di cuenta de que el conductor había decidido esperarme y cuando pude llegar el corazón me latía muy rápido porque me había esforzado muchísimo y estaba agitada y cansada.
-Lo siento mucho-dije al conductor cuando subí.
-No hay prisa, linda- me dijo sonriendo con algo de compasión. Pude ver que todos los pasajeros del autobús me estaban mirando con mucha curiosidad.
-Muchas gracias- aun seguía agitada y mi voz transmitía todo el cansancio que sentía por hacer esfuerzo físico.
Saqué mi billetera para mostrarle al conductor mi tarjeta de identificación para discapacitados. Con eso tenía la obligación de cobrarme la mitad de lo que cuesta el pasaje normal.
-Lo siento- dije tratando de normalizar mi respiración a la vez que pagaba mi boleto.
Era más que horrible o raro, humillante sentir todas esas miradas llenas de lástima sobre mí. Me miraban caminar como si estuvieran viendo a un fenómeno de circo en vez de a una persona tan normal como ellos. Cuando llegué al lado de una señora ésta se paró de su asiento y me miró con pena.
-Siéntese aquí- nunca antes me habían ofrecido un asiento en la locomoción pública y se sentía muy raro. Sobre todo porque todos los pasajeros miraban detalladamente mi reacción
-No se preocupe-contesté un poco a la defensiva. No quería sentarme, quería ir de pie como cualquier persona que no ha podido obtener un asiento.
-No hace falta que seas tan educada-insistió la señora-. Si te caes, no estará bien.
Prácticamente me obligó a sentarme y otra vez no pude evitar decir "lo siento". Durante todo el trayecto mucha gente me miró y no puedo evitar decir que fue muy doloroso psicológicamente hablando sentirse como una carga. Quería ser fuerte pero cada vez que lo intento siento que toda mi fuerza se esfuma en menos de un segundo.
Apenas llegué a casa pude ver que estaba mi primo y que en sus manos tenía la camiseta de fútbol de su equipo. No pude evitar sonreír, eso significaba que lo habían seleccionado.
-Todo es gracias a Alice- dijo mi primo sonriendo mientras me mostraba su camiseta de fútbol.
-Definitivamente iré a ver el partido y te animaré-me sentía muy feliz y ya quería que llegara el día para animar a Anthony en el partido.
-Sobre el partido-dijo Anthony con algo de nerviosismo-. No quiero que te esfuerces en venir a apoyarme. Está bastante lejos.
-Está bien-pude ver que Cynthia observaba a Anthony con los ojos entrecerrados. Al parecer mi hermanita sabía algo que yo no pero no importaba si es que ellos dos tenían secretos-, iré definitivamente.
Luego de la cena me quedé hasta muy tarde en la noche cosiendo el nombre de Anthony en el uniforme del equipo en mi cuarto que servía de taller. Tenía muchos diseños de ropa que aun no terminaba pero tal vez lo haría dentro de poco aunque me costaba mucho coser dada la fuerza reducida que tenía en mis manos.
-¿Qué haces?-me preguntó Cynthia entrando al cuarto de seguro sorprendida porque la luz estuviera encendida.
-Estoy cosiendo el nombre de Anthony en el uniforme-respondí sin dejar mi labor.
-Deberías dejar que mamá hiciera esas cosas-murmuró mi hermana antes de sentarse a mi lado.
-No- dije sonriendo-, esto también me sirve de rehabilitación para los dedos- y en ese momento me pinché un dedo con la aguja. Sí que me he vuelto mala en esto, pensé de inmediato, pero me dediqué a sonreír para no preocupar a mi hermana menor-. Oye mañana ¿te apetece venir de compras con migo?
-Claro
-Gracias
Continué trabajando hasta que me dio mucho sueño y tuve que irme a dormir. Por supuesto Cynthia me acompañó durante todas esas horas porque tenía algo de miedo en el caso de que me fuera a caer al momento de subir las escaleras. Mi hermana se había vuelto muy paciente con migo y en el centro comercial siempre estaba a mi lado y no me apuraba para caminar como pensé que lo haría.
Jamás pensé que Cynthia tuviera un lado tan dulce y amable ya que siempre había conocido de ella la parte dura e insensible. Estábamos buscando toallas ya que le quería regalar una a Anthony por su partido de fútbol, cuando mientras caminaba nos topamos con un niño pequeño.
-Oye -dijo el niño mirándome con algo de temor-¿por qué caminas de forma tan rara?
Pude ver que Cynthia se tensó de inmediato y que me miró con evidente preocupación. Por supuesto que yo no le di importancia ya que era como si primita pequeña lo hubiera preguntado, solo me limité a sonreír hasta que el padre del niño con evidente vergüenza me pidió disculpas y se lo llevó de ahí. Sin embargo, mi hermana no dejó de mirarles sobre todo cuando el hombre reprendió al niño y le dijo " No vayas por ahí diciendo esas cosas, esa chica no puede caminar bien". Yo seguí caminando como si no hubiera ocurrido nada pero mi hermana ya había cambiado su humor y se notaba que estaba algo triste.
Una vez en casa pude percibir que algo andaba mal entre mi hermana y mi primo, ya que ella lo miraba enfadada y mi primo dijo que ya no jugaría en el partido de fútbol. No podía entenderlo porque se supone que eso era lo que más quería en el mundo y era raro que Cynthia se hubiera enfadado con él solo por eso. Algo más estaba pasando pero al parecer yo no debía o no querían que me enterara.
Al día siguiente había quedado de ir con Bella y Rose a la biblioteca para hacer un trabajo de historia. Cuando estaba a punto de irme escuché que a mi primo se le había quedado algo y que Cynthia debía devolvérselo en el campo donde entrenaban fútbol. Íbamos casi llegando a la biblioteca cuando recordé que había olvidado mi cuaderno así que lentamente decidí volver a mi casa por él en compañía de mis amigas.
Cuando llegamos les pedí que me esperaran fuera y apenas entré pude escuchar y ver que Cynthia estaba muy enfadada.
-Esa persona es mala-le decía mi hermana furiosa a Anthony-¡pero tu eres peor!
-Cynthia ¿qué ha pasado?-preguntó mi mamá confundida.
-¿Dé qué te avergüenzas?- preguntó ella ignorando las caras de confusión de mi familia-¿por qué estás tan avergonzado de Alice? - ellos conversaban en el cuartito que yo ocupaba de taller y yo estaba escondida en la puerta de la cocina viendo y escuchando todo porque estaba la puerta abierta- Alice es realmente increíble-mi hermana tenía su voz quebrada y yo podía sentir como las lágrimas se acumulaban en mis ojos.
-Oye ¿qué ha pasado?-preguntó mi papá visiblemente preocupado.
-Alice... se esfuerza mucho todos los días en la rehabilitación,- Cynthia seguía hablando y puede que estuviera llorando al igual que mi primo pero yo aun seguía sin entender mucho- de forma muy optimista. Si... Si yo tuviera su enfermedad no tendría valor para salir de casa. Si la gente me mirara de forma extraña y hablara de mí, no sería capaz de sonreír como ella. Yo... por primera vez, siento que Alice es increíble.
Sabía que tenía mis ojos brillantes por las lágrimas que aun no caían y que mis padres estaban llorando pero cuando Cynthia subió corriendo por las escaleras me oculté un poco más porque quería saber que estaba ocurriendo y por qué mi primo se avergonzaba de mí tan de repente. Podía soportar todas las miradas y comentarios pero no podría aguantar que alguien de mi familia sienta vergüenza por mi culpa.
- Esto...- dijo Cynthia cuando bajó con el uniforme de fútbol de mi primo- Alice cosió esto. Para Alice, coser tu nombre le supuso un gran esfuerzo ¿Lo sabías? ¿sabes cuánto tiempo le costó coserte esto? ¡ Ha sacrificado incluso sus horas de sueño!- Anthony estaba llorando y yo también aunque me costaba un poco morder mis labios para que mis sollozos no se escaparan y me delataran- ¿por qué estás tan avergonzado de Alice?- le gritó Cynthia antes de tirarle a la cara la camiseta del uniforme.
-Cynthia ya es suficiente-murmuró mamá abrazando a mi hermana mientras lloraba.
-¡La gente que piensa como tu me hace sentir avergonzada!- le grito Cynthia.
Yo no podía dejar de llorar, todo había sido mi culpa desde el principio. Pasó que Anthony le dijo a sus compañeros de equipo que yo le había enseñado a jugar fútbol, sin embargo, ellos me vieron con Cynthia en el centro comercial además de que en el colegio de ambos ya se hacían comentarios sobre mí. Por esto comenzaron a molestar a mi primo hasta que el día de hoy mi hermana fue al entrenamiento y un chico comenzó a imitar mi manera de caminar. Cynthia se enfado muchísimo y le dio un puñetazo a aquel chico y luego regañó a mi primo por no defenderme cuando decían cosas tan feas sobre mí.
Se suponía que el partido era el domingo pero yo le había inventado a mis padres y a mi primo que iría al cine con Bella y Rosalie. La verdad es que no haría eso si no que le pediría a Jasper si es que me dejaba ayudarle en el laboratorio de biología, así no estaría sola y no pondría a llorar por la culpa que siento aun en mi alma.
-Mañana vendré a ayudarte- le dije a Jasper mientras él limpiaba a las tortugas.
-¿mañana?-preguntó confundido- ¿mañana no es el partido de fútbol de tu primo?
-Sí-contesté bajando un poco mi cabeza para ver a las tortugas que habían nacido ayer-, pero no voy a ir.
-¿por qué?-me preguntó mirándome con preocupación.
Decidí contarle toda la historia ya que necesitaba desahogarme con un amigo y no sé por qué razón Jasper me daba mucha confianza. No lloré pero aun me sentía muy triste.
-A mi-dije sin atreverme a mirarle a los ojos- no me importa como me miren los demás. Pero no pensaba en los sentimientos de Anthony. Debe haber sufrido porque es un buen chico. Soy el peor tipo de prima y hermana mayor ¿no?
-Entonces -Jasper parecía pensar un poco en lo que le había dicho-¿por qué no vas? ¿no se ha arrepentido tu primo de lo que ha hecho?-me preguntó mientras miraba por el microscopio- Él realmente quiere que vayas a verlo jugar. Espero que no salgas corriendo. Los chicos también pueden ser sensibles ¿sabes?
Me quedé mirándole por un rato hasta que dejó de observar por el microscopio y me miró. Sin embargo, no pude contener la risa porque alrededor de su ojo había un círculo de tinta negra proveniente del aparato que Jasper acababa de usar.
-¿ Qué es eso?-dije mientras reía.
-¿Qué?-me preguntó confundido.
-¡Tu cara!-murmuré divertida con la situación a lo que él prácticamente corrió a verse en el espejo y a darse cuenta de que la tinta no se quitaba.
-Veo que te gusta reírte de mí- murmuró después de ponerse unos lentes de sol-. De todas formas estoy seguro de que no te imaginas el nombre que le puse a una de las tortugas.
-Dijiste que elegiríamos los nombres juntos-murmuré fingiendo estar ofendida- ¿qué horrible nombre le has puesto?
-Se llama Alice.
-¿Alice?-pregunté extrañada y mirando a la pequeña tortuga que Jasper había tomado con cuidado en sus manos- ¿por qué?
-Porque las dos son muy lentas-dijo en tono de broma a lo que yo también me reí.
Al otro día yo estaba durmiendo cuando Cynthia comenzó a removerme en mi cama.
-Alice levántate-decía ella a lo que yo refunfuñé un poco-. Si de verdad vas a ir al cine, es mejor que le digas eso.
-Voy a ir- afirmé medio dormida.
-¿De verdad?-preguntó Cynthia antes de retirarse de mi habitación.
Me levanté con mucha pereza y dificultad cuando vi que había algo sobre la mesa del escritorio. Llegué hasta allí lentamente y vi que era una invitación para el partido de fútbol de mi primo. Él había escrito "tienes que venir" " por favor ven". Mis ojos se llenaron de lágrimas a la vez que mi mamá entraba con una sonrisa a mi habitación. Me abrazó y me sonrió con ternura igual que todas las mañanas.
-Vamos, Alice-murmuró con cariño-. Anthony realmente espera que vayas.
-¿De verdad está bien que yo vaya?-pregunté sin dejar de mirar la invitación.
-¿Qué dices?-preguntó mamá acariciando mi cabello- ¡Mira lo que te ha escrito!
Sonreí a la vez que se me escapaban algunas lagrimitas de felicidad. ¡Mi primo aun me quiere y quiere que vaya a verlo jugar! No podía sentirme más feliz por aquello así que me alisté y decidí ir al partido de fútbol.
-¡Alice!-exclamó mi primo apenas me vio llegar me sonrió con ganas antes de gritarle a sus compañeros de equipo y apuntarme con un dedo-¡ Esa es mi prima mayor! Es realmente maravillosa ¿verdad? ¿no están celosos? ¿ y no creen que tiene la sonrisa más bonita del mundo?
Mi hermana sonreía orgullosa y yo también estaba muy feliz. Mi padre estaba orgulloso de que Cynthia hubiera golpeado al chico que molestaba a Anthony y yo no podía evitar reír junto a mi madre por verlos pelear como si fueran hermanos.
Mientras veía a mi primo jugar no pude evitar sonreír y pensar que aunque esas miradas frías me han hecho daño, esto también me ha ayudado a entender que a mi alrededor, aún existen miradas amables.
Hola n.n como estan? espero que les haya gustado el capitulo de hoy aunque quedó muy raro ... Devo irme rapido asi que gracias por leer y nos leemos pronto n.n Lamento no contestar los reviews pero es que debo estudiar... un abrazo gigante a todos
