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-Sesshomaru-

Me siento, por primera vez, enfermo. Enfermo por dentro, como si un mal que no tiene nombre ni cura me comenzara a devorar, y no tengo ni fuerzas ni ganas para detenerlo. Cómo quisiera salir a buscar algo que me devuelva a mi Rin, alguna pócima, una planta, aunque sea un sacrificio. Pero es cierto que no hay nada en los libros, y yo, que he viajado por estas tierras tanto tiempo, jamás había escuchado ni visto algo como esto. No hay forma. Además no puedo dejarla un segundo sola, finalmente he comprendido que sea como sea, estos son los últimos momentos de la pequeña. ¡Dios! Pensarlo me hace sentir nauseas, y el dolor en el pecho ya es insufrible. Un minuto lejos de ella, y como bien dijo Inuyasha, viviré para siempre arrepentido. Podría mandar a buscar a Jaken algo, lo que sea que nos dé esperanzas, pero es igual de inútil que siquiera pensarlo. Y mi hermano está tan atado ahora a esta aldea como yo.

Sí, ahora comprendo. Pero me niego a aceptarlo.

El final no debe llegar hasta que yo disponga de él. ¿No es así? ¿No siempre ha sido así? Mi madre me lo advirtió a final de cuentas, no soy un Dios, no puedo pelear con la muerte ni repelerla de Rin más de una vez. No puedo hacer nada.

Impotente.

Inútil.

Débil.

Nada me ha vencido, ningún monstruo jamás ha logrado sobrevivir mucho tiempo después de haberme retado; a nada le temo, nada me engaña, nada me conmueve. Solo ella. Ella es mi perdición, como siempre supuse. Cuando la vi sonreírme por primera vez, algo muy en el fondo de mi ser se removió, y en ese instante, veloz, inentendible, me hice adicto a ella. Necesitaba tenerla cerca, necesitaba verla sonreír, verla correr, escucharla hablar y reír, todos los días. Fue, y es, mi debilidad, como muchos dijeron y pensaron, mi única debilidad. Y yo lo permití. Me supe indefenso ante ella, y lo permití.

¡Cuántas veces no pensé que estaba mal, que debía dejarla pronto con los de su especie! ¿Cuántas? ¿Cientos? ¿Miles? Incluso cuando la escuchaba cantar, pensaba "Esto está mal, Sesshomaru, esta felicidad que sientes no es para ti y vas a acabar arrepintiéndote por el resto de tu vida." Es una humana, intentaba convencerme día tras día, sólo una humana no puede ser tan importante. Pero cada vez que su vida corría peligro… ¿A cuántos no les di la espalda? ¿Cuántas peleas no dejé inconclusas? ¿A cuántos no dejé ir vivos?

Sí, es una humana, inocente, pura, risueña.

Y es humana. Mía. Lo único que quiero proteger… Lo único que quiero. No puedo creer lo solo que estaba hasta que la conocí. Es como si todo el Universo hubiera conspirado para que la encontrara y me diera cuenta de la vacuidad de mi existencia. Mira esto, parecían decir las voces de mil espíritus del Cielo, mira lo que te has estado perdiendo. ¿Ves lo vacío que estas? ¿Ves la belleza del mundo ahora?

Y creo que parte de su absurda belleza radica en que siempre he sabido que la voy a perder. ¿Cuántos años puede durar? Y a pesar de que he sido cruel con muchos, he asesinado a más de los que alguna vez terminaría de contar, he recurrido constantemente a la venganza, se me ha concedido la gran gracia de ver pasar los años de Rin con lentitud. Para un demonio como yo el tiempo es muy relativo, pero con ella es distinto. Por primera vez vivo año por año, paso a paso, para disfrutar cada cosa, cada ínfimo detalle de mi radiante Sol Rin. Pero irse tan joven, no, eso no. Ni siquiera ha entrado a la adolescencia por completo.

Vaya, quién imaginaría que alguna vez me sentiría así o pensaría así.

Y a pesar de todo, no puedo sentirme arrepentido de haberle devuelto la vida. Aunque ella me lo recrimine ahora, no puedo. Soy egoísta por naturaleza, y lo hice basado en mi propia felicidad, no en la de la niña. Porque YO necesitaba. Yo necesito.

Inushaya se aleja de mí y agudizo el oído porque sé que se acerca a Rin, y me parece admirable, sí, lo acepto, que esté tan entero después de haber pasado toda la noche y la mañana escuchando a su mujer agonizar y nunca morir. Ya entiendo muchas cosas, padre, muchas cosas sobre él.

Escucho el césped susurrar cuando él se sienta frente a ella, y el llanto de la pequeña baja de tono e intensidad. Hay unos segundos de silencio, y creo que le está limpiando las lágrimas del rostro.

-Escucha bien, Rin –le dice al fin con la voz solemne y profunda-. Jamás vuelvas a decir que ha sido un error tenerte con vida. Jamás. Tu vida es un regalo. Te voy a contar una historia, pero debes dejar de llorar ya.

La niña se detiene inmediatamente, ¡Dios mío, no me la quites!

-Hace mucho tiempo –continua mi hermano-, Sesshomaru era un demonio cruel y despiadado que no conocía la piedad. Era ególatra, y se creía invencible.

-Eso no es posible –reclama evidentemente molesta y yo no puedo evitar sonreír por lo bajo.

-Lo es, y te puedo asegurar que nunca has visto peor crueldad que la que él esparcía por estas tierras. Ni siquiera la crueldad que tu odias tanto, la de los humanos. Él se convirtió en leyenda, pero una leyenda oscura que temer. Los niños pequeños eran atemorizados con ésta: "Si te portas mal, el Gran Señor del Oeste vendrá por ti." No había quien sobreviviera a su paso, fuera o no inocente. Y entonces…

-¿Entonces?

-Entonces llegaste tu, Rin.

Jaken comienza a llorar en silencio, el aroma de sus lágrimas me llega de inmediato, ¿quién iba a pensar que Inuyasha tuviera el poder de la palabra, aunque sólo sea muy de vez en cuando?

-¿Yo?

-Y el mundo del Señor de todas las Tierras del Oeste, el hombre que era incapaz de sentir algo por alguien, cambió para siempre. Le enseñaste la luz, Rin, lo sé, porque aunque no seamos muy unidos, siempre será mi hermano, y yo puedo sentir lo que él siente cuando estamos cerca. Verás, tu lo salvaste de sí mismo. Contigo a su lado, él comenzó a aprender lo que sea que debió aprender hace mucho. Tu le quitaste gran parte de su prepotencia…

-¿Qué es prepotencia? –pregunta inocente.

-Algo horrible –responde Inuyasha soltando una leve e instantánea risita-. Y lo mejor de todo, le enseñaste a sentir. Sin darte cuenta, le has salvado la vida a mucha gente inocente que se cruza en el camino de Sesshomaru, y a él le diste algo que cuidar y amar. ¿Entiendes lo que te digo?

-Si,

Claro que entiende, Rin es increíblemente inteligente. Me llena de orgullo.

-Dime la verdad, Rin, ¿tú crees que el devolverte a la vida fue entonces un error?

Pero la pequeña no contesta, en vez de eso escucho el tintineo horrible de las cadenas, y después el click que conlleva el habérselas quitado. Pero sigo sin alejar la mano de mis ojos, porque cobardemente ya no quiero presenciar nada más de toda esta maldita pesadilla. Sin embargo, escucho sus pasitos acercándose a mí, y aunque el aroma de demonio está suave en su piel, en este momento predomina el de la niña que en realidad es. Se detiene frente a mí, y la escucho arrodillarse, luego siento su manita fría sobre la mía.

Internamente me sobresalto, mientras ella poco a poco la va removiendo de mi rostro, como yo hice hacía unos minutos con sus manos. Y cuando la miro tan pura y bella como en realidad es, algo dentro de mí empuja el nudo de acero de nuevo a mi garganta.

Entonces se inclina sin pensarlo más, y me rodea el cuello con sus bracitos, hundiendo la cara en el hueco entre mi hombro y mi cuello.

-Perdóneme, Amo Sesshomaru… He sido tonta e ingenua. Yo preferiría cualquier cosa antes que volverlo a lastimar así. Sepa que mis palabras no fueron ciertas, no tienen ningún efecto. Yo lo quiero.

Es imposible negarme, y a decir verdad, no quiero hacerlo, así que alzo un brazo y correspondo a su abrazo, acercándola más a mí, y escondiendo la mitad de mi rostro entre sus largos cabellos de ébano, que siempre huelen a frutas y flores. No tengo nada que perdonar, en vez de eso…

¿Ella podrá perdonarme a mí?

Me atrevo a girar un poco el rostro para buscar con la mirada a Inuyasha, quien nos observa con aire mucho más tranquilo, pero mil veces mas triste y devastador. No puedo creerlo, pero le debo las gracias. Lo que ha hecho me deja sin palabras y sin saber exactamente cómo sentirme con él.

De alguna forma debo ver cómo solucionar esto. Cómo devolverle la paz a él, a su mujer, y a Rin. Y si sólo la Muerte es la respuesta, entonces yo me iré con ella, y creo que Inuysaha hará lo mismo.

Hace dos noches que llegué no sólo condené el alma de Rin, sino la de tres personas más. Mi hermano, la sacerdotisa, y la mía… Soy el portador de la Muerte, y por primera vez, detesto serlo.