Capítulo 10
Ni bien terminó de pronunciar esas palabras, Albert se puso de pie y rodeó la pequeña mesa para estar al lado de Candy. Sus movimientos en todo momento ágiles y elegantes. Se sentó con cuidado junto a ella y la obligó a verlo tomándola de las manos. Ese era el momento, no había vuelta atrás. Sus ojos se encontraron en la penumbra, sus corazones se conectaron.
-Candy… no puedo seguir guardándome ese "te amo" que quiero gritar cada vez que estamos juntos. El corazón me tiembla de ansiedad cuando estoy cerca de tí, cuando escucho tu nombre, cuando no te tengo cerca … porque haga lo que haga, intente lo que intente … te tengo clavada en el alma desde hace tanto tiempo que me niego a pasar un minuto más sin saber si me correspondes también de esta manera.
Estaba dicho. La moneda había sido lanzada al aire y ahora le tocaba ver si la buena estrella lo acompañaría también esta vez.
La oscuridad no le permitía percatarse de la tremenda palidez que invadió a la muchacha, porque el corazón se le había paralizado al escuchar esas dos sencillas palabras "Te amo". Ese era el momento que más había ansiado, con el que había soñado y emprendido innumerables fantasías ... y ahora lo tenía frente a ella … transformado en realidad, en una realidad que se le antojaba hermosa, deseable y necesaria, porque ella no podría vivir más tiempo sin él. Quería a su amigo … pero añoraba a ese compañero de vida que nadie más que Albert podría ser.
Quería hablar, pero se había quedado muda, quería ponerse en pie, pero estaba segura que las piernas no le responderían, quería transmitirle lo que ella sentía de una manera que no dejara lugar a dudas y se dejó llevar … le lanzó los brazos al cuello para perderse en un abrazo fuerte y profundo … no como amigos, sino con una entrega que sólo se le puede dar al ser que se ama.
Albert lo supo. Lo leyó en el calor de su cuerpo, en el temblor de sus brazos y la estrechó con todas sus fuerzas, con todo su amor. Su cara se entrecerró en el expuesto cuello de la muchacha y aspiró su aroma tratando de controlar su respiración porque estaba a punto de gritar de alivio y felicidad, porque era un hecho que apartir de ahora la camaradería daría un paso gigante hacia algo más fuerte, más duradero … más unico … a su amor.
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-¡Candy Andrew, eres la peor de mis pesadillas! - la muchacha estaba de pie, molesta, esperando escuchar el motor de un auto llegar - ¿Por qué tenías que haber aparecido? ¿Por qué tenías que estar ahí cuando Albert necesitaba ayuda? - en esos momentos el coraje la corroía. Quería dar rienda suelta a todos esos sentimientos que le estallaban en el interior - ¡Que fácil sería todo si él no te debiera nada … si tú no le debieras nada a él!. Si tan sólo fueras un miembro más de la familia y no la "niña de los ojos de Albert"
Estaba seriamente deprimida, pero dado su carácter, quería forzar esa depresión y transformarla en irritación. La tía Elroy no había hecho otra cosa que desmoronar sus esperanzas de conseguir algo con Albert y eso le golpeaba el orgullo, porque jamás en su vida había pasado por tanta humillación.
Para desgracia o fortuna, su padre llegaría al día siguiente y ella abandonaría la mansión Andrew y a todos sus habitantes. No vería cada hora del día a Albert … ni a su querida enfermera. Ahí se cerraba el ciclo, ahí se acababan sus intentos.
Ya era tarde y seguían sin aparecer, lo cual significaba que habían ido a otro lado después del Banco. ¡Maldición! La noche siempre era una buena aliada, y era esa Candy la que disfrutaría de esas posibles ventajas y ella se quedaba rumiando su desazón cuando jamás se le había presentado abiertamente esa posibilidad.
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Mientras Chelsea se revolvía imaginado a Candy y Albert juntos, en la casita del bosque el ambiente era otro muy distinto. En medio de las sombras, dos personas frente a frente, con sus frentes apoyadas y las manos unidas, comenzaban una historia diferente.
-Candice White … te amo como a nadie … te amo para siempre …
-Albert – murmuró la muchacha con una felicidad imposible de ocultar - … mi príncipe de la colina … mi primer amor …
No podía creerlo aún. Todas las niñas suelen soñar con el príncipe azul, y ella desde su más tierna edad no hizo otra cosa que soñar con su príncipe de la Colina ... y ahora, después de tantos años, después de una amistad a prueba de todo, ahí estaban … juntos, enamorados uno del otro ... en brazos de su primer amor.
-Tú siempre has sido y serás mi prioridad.
Candy lo sabía, y ella quería corresponderle de la misma manera.
-Albert, yo no deseo nada más que estar contigo ... que estemos juntos ... pero …
Y ahí tembló. Todo iba muy bien hasta esa pequeña palabra que lo hizo voltear a verla.
Candy se puso en pie y Albert la imitó siguiéndola.
-Tú sabes que estoy ahora entregada en cuerpo y alma a mi carrera.
-Lo sé y te apoyo – fue la respuesta del muchacho. No pensaba aceptar ningún motivo que les impidiera estar juntos.
-Sí Albert … y te lo agradezco.
-¿Entonces? ¿Qué pasa?
-Pasa que … - Estaba tratando de buscar las palabras adecuadas … pero de pronto se le hacía tan difícil … - Albert … te quiero y quiero gritarlo a los cuatro vientos … te amo y se me hacía tarde para que lo supieras ...
El ego masculino de Albert subió de improviso hasta el techo y lo hizo sonreir abiertamente.
-Estoy a una nada de terminar mi carrera – continuó.
Y lo que Albert había sospechado, se hacía realidad frente a él.
-Candy – la interrumpió de improviso – yo sabía que esto iba a pasar. Lo pensé innumerables veces – con suma delicadeza la tomó de las manos - Yo sé que estar conmigo no sólo es un sentimiento correspondido. Lamentablemente implica muchas otras cosas que sé … no puedes hacer por el momento.
Candy suspiró aliviada. Lo adoraba como a nadie, pero por ahora su carrera la mantenía ocupada al cien por ciento.
-Albert, por favor no me malinterpretes … no quiero que pienses que no eres mi prioridad.
Albert le impidió seguir hablando.
-Candy … yo mejor que nadie se lo que te ha costado llegar hasta donde estás … y sería el primero en evitar que lo echaras por la borda. No te voy a pedir jamás que hagas nada en contra de tu más grande sueño.
La rubia levantó la vista para mirarlo directamente a los ojos.
-Mi más grande sueño era estar a tu lado …
Albert le sonrió de una manera dulcísima y con su mano acarició tiernamente su mejilla, Se ablandaba sólo de escucharla decir eso.
-Corrijo … de tu segundo más grande sueño.
-Eso me parece mejor – le contestó también sonriendo y disfrutando del contacto. ¿Qué había en ese roce que cambiaba completamente sus perspectivas? Ahora que sabían que ambos se querían, parecía que el simple roce de sus cuerpos emitía unas sensaciones nuevas y desconocidas para ambos.
-¿Qué es lo que quieres que hagamos entonces?
Quería darle opciones, que ella decidiera lo que consideraba mejor en esos momentos.
-Quiero que sea nuestro secreto …
Y Albert la comprendió. Si se anunciaba una relación entre ellos, Candy sería asediada por los medios de comunicación, reporteros, revistas. No tendría un momento de paz y ella lo necesitaba ahora, porque estaba a una nada de recibirse, porque necesitaba estar fuera del ojo del huracán y él haría lo que ella le pidiese … siempre.
-Se hará como tú quieras mi princesa.
Albert tomó su rostro entre las manos. Con la mirada le pidió permiso, porque él jamás haría algo sin que ella lo consintiera. Y con los ojos embargados en un tímido deseo, acercaron sus labios por primera vez. Albert sintió que una oleada de placer le recorría de pies a cabeza. Jamás pensó que un sólo beso de ella tuviera un efecto tan avasallador. Ahora sabía lo que era tocar el cielo y Candy descubrió entre sus labios, lo que era un verdadero beso de amor.
Sus alientos se hicieron uno, y los brazos de la mujer se aferraron a su espalda provocando un beso más profundo que hizo tambalear todo el autocontrol de Albert. Estaba fuera de la realidad, dejándose arrastrar por las sensaciones que el cuerpo de Candy operaban sobre el suyo y a punto de iniciar un camino sin retorno de no detenerse en los siguientes minutos.
Candy por su parte, no era más una niña. Sentía la necesidad de él, de pertenecerle. Era una mujer de carne y hueso, y era precisamente esa carne la que estaba a punto de jugarle una mala pasada porque todo le gritaba que quería más … que quería todo de él.
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-¿Dónde carambas estarán estos muchachos?
La tía abuela caminaba en círculos por la habitación. Las horas pasaban y pasaban, se hacía más tarde y de Candy y Albert ni sus luces.
Sabía que mientras Albert estuviera con Candy no había peligro … ¿o sí? Que esos muchachos estuvieran enamorados le provocaba una inmensa alegría. Ella no podía pensar en una mejor pareja para ninguno de los dos. Pero que estuviera juntos, enamorados y "solos' a altas horas de la noche … eso ya le preocupaba, porque si algo no quería en su casa eran chismes. Y así como ella no dejaba de asomarse a la ventana, podría jurar que Chelsea tampoco … y si de algo había que cuidarse … era de una mujer celosa.
-Albert … - fué lo último que murmuró antes de cerrar la cortina y ponerse su bata.
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-Lo siento.
-No te disculpes – su respuesta fué rápida – no me estabas obligando a nada … ambos lo queríamos.
La intensidad de ese beso había estado a punto de avanzar hacia lugares que todavía no les correspondía explorar. Albert la quería y la deseaba con todas sus fuerzas, pero eso no significaba que haría nada incorrecto antes de poderle dar el lugar que le correspondía. Ella era lo más preciado que tenía, sería su esposa algún día… haría las cosas bien … y después de poderla llamar suya … sería también su mujer.
Había sudado de nervios nada más de pensar en el día en que pudieran ser uno. Ansiaba esa posibilidad y trataría de esperar pacientemente por ella. ¿Qué era un poco más de tiempo comparado con los años que había vivido enamorado de ella y sin poderle decir nada?
-Albert … no quisiera, pero creo que debemos regresar.
Sabían que era tarde, sabían que el mundo era hermoso y brillaría para ellos de ahora en adelante. Buscarían momentos para estar a solas y demostrarse su amor. La vida parecía brillar frente a ellos y trabajarían muy duro para que la llama de su amor continuara encendida por siempre.
-Sí, lo se – fue la respuesta de Albert … sólo …
No dijo más. La abrazó profundamente, tratando de grabar en su memoria el contacto de su cuerpo, su aroma …
-Albert … no es que no vayamos a vernos nunca más – le dijo divertida.
-Candice White … si no fuera porque te amo tanto …
Candy le dió un rápido beso en los labios y lo tomó de la mano para apagar las velas y disponerse a regresar a la mansión Andrew. Chelsea o cualquier otra mujer que intentara algo … ¡cuidado! … su relación era un secreto por el momento, pero que ni pensaran por un segundo que permitiría que se propasaran con su Albert … y lo mejor es que Albert permitiría mucho menos que alguien intentara algo con él … lo podría firmar con sangre.
-Albert tenemos que darnos prisa porque la tía abuela …
-No te preocupes … lo más probable es que no esté despierta …
-¿Tú crees? A mi me parece que tiene como cuatro pares de ojos extra. No sé cómo le hace pero no se le escapa nada.
Albert rió ante el comentario de su preciosa y adorada mujercita.
-¡No te rías! Si ella fue la que me dijo que tú me querías … que tenía que confiar en tus sentimientos para conmigo.
-¿La tía abuela te dijo eso? - le preguntó volteando a verla y apartando los ojos del camino por unos segundos.
-Sí.
-Entonces ella ya lo sabía – murmuró meditabundo - Yo presentía que sospechaba … pero que te lo dijera así directo... eso no me lo habría imaginado.
-Mejor hay que darnos prisa … que tal que si por brincarnos sus reglas decide no apoyarnos.
-¡Candy! ¡Es la tía abuela! ¿Olvidas cómo se deshizo por nosotros de Chelsea? ¡Yo jamás lo habría podido hacer mejor!
-Sí, quizá tengas razón, pero no quiero darle motivos para disgustarse.
-Si más que disgustada yo creo que ha de estar haciendo planes para nuestra boda. Sería la más feliz de ver a sus nietos ya sentando cabeza.
-¡Albert!
-Está bien, está bien … estoy pisando el acelerador … "mi amor"
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Se bajaron corriendo del auto para entrar por la parte de atrás de la mansión. En teoría conocían todos los trucos para poder entrar sin hacer ruido … o casi sin hacer ruido, porque cuando se dirigían a esas escaleras que casi nadie usaba para poder entrar al pasillo donde estaban sus habitaciones … la luz se encendió, dejándolos asustados y encandilados.
-Me supongo que tienen una muy buena explicación para esto …
Albert y Candy que aún iban de la mano, se soltaron inmediatamente y vieron con los ojos bien abiertos a la tía abuela, que envuelta en su bata de levantarse los miraba con unos ojos capaces de hacer saltar a las piedras.
-Tía yo … - Albert dió un paso al frente para ser él el que recibiera el regaño.
La tía abuela no soportó más su pose de enfado y se sonrió.
-¡Hasta que por fin muchachos!
Candy y Albert soltaron el aire que habían contenido desde que vieran parada a la anciana frente a ellos. Si lo que había querido era darles un susto de muerte … ¡lo había logrado!. Candy pensaba que después de eso necesitaba una cucharada de azúcar para regular sus niveles … porque se le habían bajado de golpe.
-¡Tía que susto!
-Pues agradezcan que fui yo y no alguien más …
-Por supuesto – contestó el rubio.
-Albert – le dijo la anciana a su sobrino con una tremenda sonrisa – yo también fui joven una vez ... y créeme que lo aventurero y loco no fue error genético … lo traes de herencia.
¿Qué había dicho? ¿Acaso les había confesado que ella …?
-Por favor ¡quiten esas caras! ya fue suficiente por hoy. Candy sube a tu alcoba … Albert … ven conmigo unos minutos.
El tono de la tía abuela no daba pauta para réplica, así que los dos obedecieron de inmediato después de intercambiar una mirada rápida.
-Albert – le dijo con mucha tranquilidad caminando despacio a su lado una vez que la chica desapareciera - ante todo confío en tu sentido común y caballerocidad … pero no te me vuelves a escapar con Candy de noche sin estar casados … ¿entendido?
-Tía abuela … acuérdese de lo aventurero y loco.
-No hay ningún problema - le dijo sin cambiar de expresión - pero si no me lo prometes … me mudaré a la habitación de Candy para estar segura que se respetan las reglas en esta casa.
¿La tía abuela durmiendo en la habitación Candy?
-¡Prometido!
-Perfecto, porque no quiero que haya ningún chisme sobre ustedes …
Le tomó el brazo para que la escoltara a su habitación y sonrió satisfecha todo el camino. Ya iba pensando en la nueva generación Andrew que le tocaría educar … pero con mano menos férrea porque uno se ablandaba demasiado con la edad … ¡diablos!
Continuará …
Verdad que no me tarde tantooooo? y ademas es mas largo de lo normal eh! lo acabo de terminar en este justo instante y me tengo que ir afuera a trabajar en mi jardin porque se me hace tarrrrde! asi que corriendito les dejo el capitulo, un beso y ooootro beso ... mas un abrazo rompe huesos a mis amigas preciosas que me siguen en esta historia y que me hacen dar saltitos cual conejo de Pascua cada vez que leo sus reviews! Usagi13chiba, Lety, , Mayra exitosa, monybert, Blackcat2010, patty sparda, Rosario, Himurita, Gatita Andrew, Jenny, Keilanot2, Sayuri1707, Faby Andley, RVM85, Lila, Eydie, Rosa Amanda, Rosi White, Arual, AmiAzu y Milady por uds me exprimi el chetito para poder escribir lo maaas rapido posible asi que me mandan un beso eh! para que me apure con el que sigue ... porque el papa de Chelsea entrata en escena ... y tambien mi querido Neal Legan ... que pasaraaaaa? =D
Besos!
Mis guantes de jardinera me esperannnnn!
Scarleth Andrew ;)
p.d. Le doy otra revisada en la noche ... siiiiii? ahorita ya no alcanzo :(
