Disclaimer:The Penguins of Madagascar son propiedad de Tom McGrath y Eric Darnell, lo único que me pertenece de esta historia es el argumento.
(Des) Confianza
Debido a la herida que Cabo había sufrido en su ala, Skipper le había recomendado que no siguiera acompañando a Kowalski a sus vigilancias sobre Espiráculo. Lo que, viniendo de él, significaba una orden. Cabo había intentado convencerlo de lo contrario y, cuando no tuvo éxito, sólo le dirigió una mirada impotente al científico en forma de disculpa. Después de todo, Kowalski estaba haciendo algo por lo que podía ser castigado porque Cabo se lo había pedido; si Skipper lo descubría durante el tiempo en que Cabo no estuviera participando en las vigilancias, podría culparlo exclusivamente a él. Aunque Kowalski no se preocupaba mucho por eso; sabía que Cabo hablaría para decir que él había tomado parte en el plan si así ocurría.
Aun así, él sabía que la razón por la que había estado sobrellevando la culpa de estar ayudando a su ex archienemigo a escapar del acuario donde se suponía era un prisionero era porque Cabo había estado con él día con día. Sin el joven acompañándolo, cada día se encontraba más y más exhausto tanto física como mentalmente.
Había estado viniendo al acuario dos veces al día, excepto los fines de semana, que sólo venía una vez al día ya que no había cursos.
Había estado faltando a los cursos desde el primer día que comenzaron. Había platicado de eso con Cabo una tarde que estaban solos en el cuartel, aprovechando para afinar detalles del plan de escape de Flippy y su familia.
-El segway debería estar terminado muy pronto, le daré los últimos detalles mañana –explicó Kowalski, mostrándole a Cabo los planos del segway que él había diseñado.
-Bien. ¿Necesitarás ayuda? –preguntó el joven, queriendo ser útil. Sin embargo, Kowalski rápidamente negó con la cabeza.
-No; haré los ajustes por la tarde.
-¿En la tarde? ¿No irás a los cursos disciplinarios otra vez?
-No, necesitaré más tiempo que sólo la madrugada para acabar el segway. Sólo falta una semana para implementar el plan; la usaré para hacer más investigación y visitar los muelles para asegurarme de que tengamos vía libre para el escape. Significa que no asistiré a los cursos por otra semana más.
-Kowalski. –Cabo frunció el ceño, escrutando con firmeza a su amigo.- ¿A cuántos cursos has asistido hasta ahora?
El más alto no respondió, se limitó a bajar la cabeza, mostrándose apenado frente a su joven amigo. Cabo endureció sus facciones, por una vez, siendo él quien estaba decepcionado.
-No has ido a ninguna, ¿verdad?
Kowalski se encogió de hombros lastimeramente. Desobedecer órdenes del mismísimo cuartel general no era el ejemplo que quería darle al más joven de su unidad.
Cabo suspiró. No estaba en posición de culpar al teniente por nada. No era culpa suya que las cosas se le hubieran amontonado en este momento. Después de todo, no estaba haciendo esto sólo por Flippy, sino también por él; porque él se lo había pedido.
-Te meterás en problemas con Skipper. Sabes que el cuartel general le informará de esto, -señaló Cabo. Pretendía utilizar un tono reprobatorio, pero en su voz sólo había lástima por su amigo.
-Tengo hasta el fin de mes antes de que le envíen un reporte a Skipper informándole que no he estado asistiendo a los cursos, -Kowalski trató de quitarle importancia, pero él también estaba verdaderamente preocupado.- Tengo tiempo de asistir a unas cuantas clases, tal vez Skipper lo tome en cuenta.
Cabo sonrió. Esta vez Kowalski era el optimista en lugar de él.
-¿Por qué Cabo no ha estado viniendo? –La voz de Flippy lo devolvió a la realidad.
No le dedicó más que una mirada distante antes de volver a concentrarse en las páginas en blanco de su portapapeles. No importa cuánto tratara, aún no podía soportar mirar a los ojos a Flippy. Eso no había sido un problema antes cuando eran enemigos; Espiráculo y los pingüinos prácticamente competían por ver quien daba la mirada más intimidante.
-Le pedí que se quedara –mintió Kowalski. No podía mencionarle al nariz de botella la existencia de un comando de pingüinos ni nada que le recordara a su capitán.- Para que descansara su aleta.
-¿Dónde viven ustedes?
-No muy lejos de aquí. –Tampoco iba a darle el nombre de su zoológico. Había muchas cosas que podían recordarle la vida que había tenido antes; incluso el segway que había construido era una de ellas.
El delfín sabía que le estaba ocultando información. Que no quería que supiera mucho sobre ellos. Pero aceptó las respuestas del pingüino con un asentimiento de cabeza.
-¿Cabo está bien? –preguntó, preocupado por su amigo pingüino.
-Sí –contestó secamente Kowalski, aun sin levantar la vista del portapapeles en sus aletas.
Hubo una pausa antes de que Flippy hiciera su siguiente pregunta.
-¿Tú estás bien? –Su aparente y repentina preocupación tomó desprevenido al intelectual.
Finalmente apartó la vista del portapapeles y, en ese momento, se dio cuenta de que la razón por la que no soportaba ver a Flippy a los ojos era porque sentía remordimiento. Sin embargo, no comprendía por qué debería sentirlo. Espiráculo les había hecho más cosas malas de las que ellos le habían hecho a él. Él siempre los había buscado a ellos para tomar venganza, mientras ellos no actuaban a menos que tuvieran que hacerlo para defenderse.
Kowalski suspiró. No tenía por qué sentir remordimientos. Debía ser su inestable condición emocional lo que lo hacía sentirlos. Y esto a su vez era causado por su estado de exhaustividad.
Faltaban sólo cuatro días para el escape de la familia nariz de botella. Platicar con Cabo le había ayudado a Kowalski a mantenerse cuerdo ahora que estaban tan cerca de completar su plan; ahora que el riesgo de ser descubiertos estaba más presente que nunca.
Los entrenamientos ahora eran una tortura para él. No dejaba de pensar a ninguna hora del día, lo que le hacía difícil concentrarse en los ejercicios. Y el hecho de que estaba física y mentalmente exhausto por los constantes viajes de un lado a otro y los secretos que ocultaba del equipo no le permitían tener un buen rendimiento.
-Deja de holgazanear, Kowalski –le ordenó Skipper. El más alto tuvo que procesar lentamente sus palabras para comprenderlas, hasta ahora, no se había dado cuenta de que habían estado haciendo jumping jacks* y que él apenas se estaba moviendo.
Observó a sus compañeros a un lado suyo. Rico apenas le prestaba atención pero Cabo lo observaba con una mirada preocupada sin dejar de realizar su ejercicio mientras Skipper le gritaba que acelerara el paso. El científico trató de igualar el ritmo de los otros sin éxito.
-¡Kowalski! –escuchó a su líder gritarle. Se escuchaba furioso, pero también se escuchaba tan lejano.
Miró al cielo. Apenas si podía ver el sol oculto detrás de una nube. Estaba seguro de que estaban a menos de dos grados. Entonces, ¿por qué se sentía tan sofocado?
-¡Kowalski! –Intentó ubicar la dirección de donde venía la voz de su capitán, pero sólo consiguió ver su figura borrosa. Luego todo empezó a dar vueltas.
-¡Kowalski!
Ahora era sólo un eco en las paredes (que por cierto no estaban rodeándolos), y ya no era sólo Skipper el que lo llamaba; también podía escuchar las voces preocupadas de Rico y Cabo. Antes de que su visión se oscureciera y perdiera el conocimiento, miró a sus tres amigos corriendo hacia él mientras colapsaba.
Cuando Kowalski abrió los ojos, notó que no se encontraba en su cama dentro del cuartel. Estaba dentro de una jaula en cuidado animal del zoológico. Seguro sus amigos se habían asustado y lo habían traído aquí. Había un catéter insertado en su aleta con una aguja que estaba conectado a un suero.
A juzgar por la oscuridad que veía a través de la ventana, dedujo que era de noche. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? ¿Por qué se había desmayado? Procuró no pensar mucho en ello y volver a dormir. Aquí podía olvidarse de las preocupaciones que lo habían atormentado la última semana.
Despertó al día siguiente y el doctor lo llevó de vuelta a su hábitat. Sabía que de nuevo había dormido mucho porque ya no había muchos visitantes en el zoológico y Alice estaba urgiendo a los últimos que quedaban para que se fueran y poder cerrar de una vez. Bostezó mientras el doctor lo depositaba gentilmente en el témpano de concreto y le daba unos empujoncitos en el trasero. Odiaba cuando hacía eso; ¡él no era ningún bebé!
Sin darle más importancia de la necesaria, apartó el plato de comida del pasaje secreto y bajó la escalera al interior del cuartel. Se sentía mucho mejor que ayer; tal vez todo iba a salir bien. Dentro del cuartel, sus amigos lo esperaban con una tarjeta.
-Gracias, chicos. Aunque no estoy seguro de lo que dice –admitió Kowalski viendo las letras en la tarjeta.
-Nosotros tampoco –contestó Skipper con una gran sonrisa.- La sacamos de la tienda de regalos del zoológico.
-Oh, eso explica el elefante en la portada –comentó Kowalski volteando la tarjeta. Rico y Cabo asintieron, ambos también sonriendo.- Espero que ustedes sepan qué me pasó, porque aun es un misterio para mí.
Skipper hizo un firme asentimiento con la cabeza.
-El veterinario dijo que parecía como si te hubieras desmayado por la fatiga –contestó el capitán seriamente. Kowalski ya se había esperado algo así.- Lo que me ha llevado a tomar unas cuantas decisiones durante el tiempo que no estuviste, Kowalski.
El teniente enarcó una ceja y vio fugazmente a Cabo. Su expresión lo decía todo; era algo malo, al menos para ellos dos.
-Te he retirado del caso Espiráculo completamente. Es obvio que ya no puedes con el trabajo, y si te remplazo con Rico o Cabo, les pasará lo mismo que a ti eventualmente. Así que tomaré el consejo que me diste hace unas semanas: las vigilancias quedan canceladas a partir de ahora y el caso queda archivado. Los muchachos y yo te acompañaremos mañana al acuario para que nos des tu último reporte del caso Espiráculo. No lo reabriremos a menos que se presente alguna señal de amenaza.
-Es lo que querías, ¿no? –Colocó una amistosa aleta en su hombro y le sonrió. Kowalski intentó corresponderle y asintió, tratando de fingir felicidad.
-Puedes quedarte en el cuartel y descansar el resto del día, soldado. Tienes mi permiso para faltar a los cursos de hoy.
Kowalski negó con la cabeza. Obviamente iban a estar escasos de tiempo ahora que las vigilancias habían sido canceladas, y necesitaban aprovechar todo el tiempo del que disponían. O sea la hora en la que eran sus cursos disciplinarios. Además… necesitaba advertir a Flippy.
-No –contestó el intelectual firmemente.- Iré.
Skipper y Rico enarcaron una ceja, asombrados. Cabo tragó saliva, esperando que sus superiores no comenzaran a sospechar. Por el contrario, el capitán sintió una pizca de orgullo y decidió no cuestionar la decisión de su teniente.
-Cómo tú digas, soldado.
Kowalski caminó lentamente a través de la nieve, entrando en el conocido acuario. Flippy era el único a la vista en la piscina de los delfines, flotando en el agua como si esperara a alguien. Kowalski sentía que él era ese alguien. El pingüino alto subió a la orilla de la piscina e hizo contacto visual con Flippy.
-Estaba casi seguro de que no volverías –murmuró Flippy luego de largos minutos de silencio.
Kowalski parpadeó, inseguro de si había escuchado bien.
-¿Qué?
-No viniste ayer, ni esta mañana. Estaba seguro de que… -No continuó la frase. Kowalski podía ver que le costaba trabajo seguir hablando, aunque no lograba comprender por qué. Ladeó la cabeza un poco, como había visto a Rico hacer tantas veces cuando no entendía de lo que se estaba hablando. ¿Acaso sentía dolor emanar del delfín?
-Sé que no te agrado, a pesar de que no logro comprender por qué. Pero aún así me ayudaste a regresar al acuario cuando me encontraste allí afuera y prometiste ayudarme a escapar del cautiverio y llevar conmigo a mi familia. Pensé que habías decidido no ayudarme más y que no volverías.
Kowalski parpadeó otra vez, sin percatarse en que no lo había hecho mientras Flippy hablaba.
Ahora sabía por qué sentía esos remordimientos que no lo dejaban ver al delfín a los ojos. Se sentía culpable por no confiar en él. Porque Flippy estaba siendo tan sincero con él, mostrándose cómo él era, cómo él creía que era. Flippy ya no era Espiráculo y Kowalski sentía que estaba mal el sospechar de alguien tan bueno como él.
-Te prometimos que te ayudaríamos –contestó Kowalski con un tono serio, como si le indignara que Flippy dudara de él.- El plan sigue en pie: dentro de cuatro días. Sólo que estos próximos cuatro días sólo me verás a mí y será por las tardes.
-De acuerdo –contestó Espiráculo con voz débil, no quería hacer más preguntas pues sabía que el pingüino no las contestaría.
-Hay algo más. Mañana temprano vendremos Cabo y yo con otro par de pingüinos.
-¿Amigos tuyos?
-Puede que nos veas o puede que tal vez no; lo más seguro es que no nos veas en absoluto. Pero Flippy, si lo haces: no puedes dirigirnos la palabra ni a mí ni a Cabo –le indicó, hablando lentamente para que sus palabras quedaran claras.- No puedes saludarnos ni hacer nada que indique que nos conoces, no puedes actuar amigable con nosotros.
-Pero, Kowalski, no entiendo… -El cetáceo fue interrumpido por Kowalski que dio un paso más cerca hacia él y frunciendo el ceño, repitió:
-NO. PUEDES. HABLARNOS. ¿Está claro, Flippy? Necesito que se los digas también a Tony y a tu esposa. –En realidad no le preocupaba que alguno de esos dos dijera palabra; eran muy callados.
-D-de acuerdo; no les hablaremos ni los saludaremos –acordó Flippy con un poco de miedo en su voz.
Kowalski asintió satisfecho y comenzó a prepararse para retirarse.
-Bien –suspiró y nuevamente vio a los ojos al delfín.- Sé que te pido algo que parece irracional pero créeme, es mejor así.
Flippy asintió al igual que el pingüino lo había hecho, dispuesto a confiar en él sin importar si sus argumentos no tenían sentido o si no le estaba diciendo toda la verdad.
Después de eso, Kowalski hizo un saludo militar y se alejó de la piscina, prometiéndose de ahora en adelante confiar más en Flippy.
Continuará…
*Jumping jacks: también conocido como "tijeras," es un ejercicio que consiste en dar brincos mientras abres brazos y piernas.
