Sonrió al verme y saludó con la mano a su hermano, quién le devolvió el gesto y dobló la esquina desapareciendo de nuestra visión. Antes de saludar a mi cita pensé en lo último que había oído sobre él. Ya había sufrido bastante. Supuse que acababa de salir de una relación y aún no estaba para tontear con chicas. Pero, ¿eso es lo que yo aparentaba? ¿Ser una fresca? Pues estaba bien equivocado y tampoco había quedado con ellos con intenciones puramente amorosas y sexuales. Necesitaba tener a alguien con quién hablar a parte de mi hermana. Aunque hubiera preferido a una compañía femenina esta tampoco estaba mal. De todos modos, una a los dieciséis piensa en otras cosas.
Si quería demostrarle al señor voy-de-tipo-duro-pero-soy-un-tierno que no era ese tipo de mujeres no me insinuaría a su hermano, ni intentaría seducirle ni nada que se le pareciera. Amistad. Eso es, sólo seríamos amigos. Igualmente tampoco buscaba un amor de verano, son simples revolcones en la playa que luego acaban por olvidarse.

— Dime, ¿qué es eso que tenías que explicarme? —me dijo con las manos en los bolsillos de sus pantalones desgastados.
— Ah, es sólo que no sabía que tenías un hermano gemelo y os confundí. Por eso estaba con él, aquí. Lo siento —dije sonriendo.

Me devolvió la sonrisa. Era más brillante que la de su hermano, pero parecía mucho más tímido y tierno que él.

— Tranquila. No eres la única que nos confundes. Mmm… —pronunció pensando qué decir —, ¿aún te apetece ir al cine?

No pude resistirme a su sonrisa y asentí con la cabeza. Cruzamos la calle, pasando por delante del grupo de borrachos sin decir nada, con la única compañía del típico silencio incómodo. Al llegar a la calle principal, más iluminada y con más movimiento de coches y de personas, se decidió a hablar:

— ¿Cómo conseguiste mi número?

Pensé que contestarle. Si le dijera que me colé en su habitación y fisgué en sus cosas pensaría que estoy obsesionada con él o peor, que estaba loca. Así que me inventé una escusa que lastimosamente no sonó muy creíble.

— Me lo dio tu hermano.
— ¿Mi hermano?— contestó con una expresión de sorpresa increíble—, no creo que mi hermano te diera mi número. En todo caso te daría el suyo. Le gustan demasiado las personas del sexo contrario.
— Quizá fue para gastarte una broma.
— No sé qué tipo de broma quería hacerme, porque es como si quisiera que quedara contigo.

Me callé y seguí andando junto a él intentando pensar en algo que pareciera mucho más convincente que todas aquellas tonterías que acabábamos de decir.

— ¿Hace mucho que no tienes una cita? —pregunté algo dudosa, ya que no era una pregunta muy habitual cuando una persona se acaba de conocer.

Por su expresión supe que no era algo de lo que le gustaba hablar.

— Déjalo, es igual. Era sólo curiosidad. Perdona si te ha molestado que te lo preguntara.

Se encogió de hombros y miró al frente.

— No, es sólo que hace poco que estoy soltero y aún estoy enamorado. Pero no pasa nada. Es normal que quieras saber.
— Bueno, si te sirve de consuelo yo tampoco estoy con nadie, y si estoy soltera no es porque yo lo haya querido. Supongo que no había encontrado el amor verdadero. Los príncipes azules últimamente no están disponibles.

Se rió y me miró a los ojos haciéndome sentir un poco más cómoda. Era diferente a su hermano y se notaba solamente en la forma con la que hablaba y miraba. Tenía razón. En lo único en lo que se parecían era en el físico, pero aún no sabía nada de su personalidad. Era cuestión de tiempo.
Nos paramos al llegar a una parada de autobuses que había cerca. Me señaló el banco para que me sentara junto a él.

— No hay más remedio que ir en autobús —me explicó—, iba a llevarte en coche al cine pero como he tenido que ir a buscarte a esos callejones…
— ¿Te da miedo que te rallen el coche? —pregunté sabiendo que había venido andando para no tener problemas con su automóvil.
— Pues sí. Es nuevo y no quiero que cuatro borrachos me lo destrocen. Además no es sólo mío, la mitad es de mi hermano.

Sonreí.

— Bueno, tampoco está mal ir en transporte público. Además va a ser la primera vez que suba a un típico bus inglés.
— ¡Es verdad! —dijo sonriendo— porque no eres de aquí, ¿cierto? Ese acento no es muy inglés.
— ¿Tanto se nota mi acento? ¿Suena bien?
— Sí, sí, mucho —rió—, el mejor acento español que he oído nunca.
— Gracias, aunque tu acento británico no es de los mejores.
— Eso es que no sabes de acentos —me dijo bromeando—, yo soy un experto en este tema y te puedo asegurar que nadie habla tan bien el inglés como yo.
— Pues será eso en lo único que superas a tu hermano.
— No sé qué te habrá dicho de mí, pero yo soy un excelente jinete.
— Eso habrá que verlo.

Le desafié de aquella forma solo por el hecho de que yo montaba a caballo desde muy pequeña y dominaba el tema. Quizá si le picaba decidiría montar una carrera a caballo y podría presumir de mi talento. Por supuesto nunca le diría que era una entendida en cuanto a la hípica.

— ¿En serio no te lo crees? Bien. Me apuesto una cena en el mejor restaurante de la cuidad a que gano yo en una carrera a caballo.
— No apuestes tanto que te puedes llevar una sorpresa.
— ¿Te da miedo correr conmigo? —me desafió levantando una ceja.
— Claro que no. Acepto la apuesta —finalicé, dándole la mano.