Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Una luna de miel al estilo Dragon Ball

(A Dragon Ball Honeymoon)

Un fic de DarkeAngelus

Traducción por Apolonia


"Fin... cuenta, fin cuenta y udo, fin cuenta y dof, fin cuenta y cuato-"

"Cincuenta y tres, niño. Te olvidaste del cincuenta y tres."

"¡Cincuenta y tré! Cincuenta y cuato, cincuenta y cuato, uhh..." La cara de Trunks se apretó en concentración.

"Cincuenta y cinco."

"¡Cincuenta y inco!" ¿Cincuenta y once? Uhm... udo, do, tré, cuato-"

"Aquí vamos otra vez," Bulma suspiró en voz baja mientras Trunks valientemente hacía su tercer intento de contar hasta cien. El niño había estado practicando como un alma poseída para tratar de lograr 'la misión' que su padre le había ordenado tres días antes. Había pensado que lo tenía perfecto y había mandado a su abuela a llamar a sus padres para pronunciar el discurso cuidadosamente ensayado. Ahora, sin embargo, mirando el ceño decepcionado de su padre, el pequeño híbrido Saiyajin estaba sufriendo un caso severo de miedo escénico y cada intento era peor que el anterior.

"-venti cinco, venti siete, venti oto-"

"Trunks," Vegeta interrumpió, "Necesitas más práctica,"

"¡No! ¡No! ¡Lo sé, papá! ¡Cien numedos! ¡Como tú dijiste!"

"Trunks, no puedes pasar el cincuenta."

"¡Una vez más, papá!" Antes de que Vegeta pudiera abrir la boca, el niño comenzó de nuevo, "Undótrécuato-"

Bulma se deslizó más cerca de su marido y le susurró al oído, "Sé lo que estás haciendo."

El Saiyajin le arqueó una ceja.

"Estás estancando," dijo.

Sus ojos giraron a la ventana de la cabina por encima del monitor de comunicación y regresó a su dirección. "¿Me culpas?"

La expresión en el rostro de Bulma se suavizó cuando tomó en cuenta la vista más allá de la ventana del jet. Todo era la oscura mancha gris de presagio de la furia de una tormenta de nieve. La pequeña nave realmente estaba meciéndose en sus puntales de aterrizaje por la fuerza del viento frío. Era un lejano grito de todos sus sitios de aterrizaje anteriores; incluso durante su viaje en el desierto australiano por las esferas del dragón era más atractivo para los sentidos que el páramo infernal que ahora se encontraban.

La Antártida.

Ahora estaban en el lado opuesto de la Tierra de donde habían pasado una tarde en Siberia, disfrutando de la eterna luz del sol y las temperaturas lo suficientemente caliente como para camisetas. Ahora estaban en un desolado congelador bajo cero sin esperanza de luz solar para que iluminara su camino. Habían quedado atrapados en el jet durante la mayor parte del día, valientemente esperando que el viento bajara, que la nieve deje de caer, que el cielo por lo menos se aliviara, pero parecía que nada de eso iba a suceder a corto plazo.

Bulma estaba trepando por las paredes del pequeño vehículo. No era una mujer que se tomaba muy bien la ociosidad y fue a dar vueltas en la cabina en los pantalones y botas de nieve, con la chaqueta atada a la cintura. Sólo quería salir del avión, desafiar a los elementos, y juntar la última esfera del dragón de una vez por todas. Una vez que hubiera terminado y acabado, podrían salir y disfrutar de los últimos días de su luna de miel sin ninguna presión, asegurados que todo lo que quedara por hacer era pedir sus dos deseos y seguir con sus vidas.

Era Vegeta el que estaba sin moverse. Estaba mostrando, aunque sólo sea por las acciones, que su odio a la nieve iba más allá del rencor pasado de una Prueba de Aclimatación Planetario que salió mal. Era probablemente más cerca de ser genética en la naturaleza. Los Saiyajin son una raza del desierto; muy adecuados para las temperaturas ardientes, ambientes hostiles, y soles ardientes. Vegeta había experimentado la nieve por primera vez como un niño justo entrando en la pubertad y la experiencia no había sido agradable. No había peleas de bolas de nieve o excursiones en trineos para él: Sólo una carrera en todo el planeta en una prueba de resistencia que hubiera matado a un humano adulto. Apenas había tenido éxito en ese juicio en esa carrera desesperada que había contado hasta el último segundo. La casi falta no le había ganado las condiciones que yacían más allá del jet ahora.

En un nivel profundo, Bulma, posiblemente sospechaba. Se dio cuenta de cómo su rostro se endurecía cada vez que echaba un vistazo afuera, casi parecía encogerse en su asiento. Apenas estaba prestando atención a Trunks, que estaba poniendo en marcha su quinto intento, demasiado perdido en sus pensamientos. Bulma se compadeció de él (demonios, en este punto comenzaba a sentir piedad por los dos) pero ya era hora de hacer avanzar las cosas.

"Teinta y sete, ¿teinta y teinta y nueve? Cuarenta-"

"Trunks, lo estás haciendo muy bien," interrumpió en misericordia. "Mami está muy orgullosa de ti. Pero necesitas practicar un poco más, cariño. No lo tienes absolutamente claro todavía."

La alarma se levantó en la cara enrojecida del niño. "¡No mamá! Una vez más-"

"Sigue practicando, cariño. Te llamo mañana. ¡Te amo!"

"Pe-pero-" Bulma apagó el monitor un instante antes del estallido en lágrimas del joven.

Había un toque de admiración en la voz de Vegeta cuando dijo, "Maldición, mujer. Eso fue frío."

"Aprendí del mejor," dijo, sin mala intención. "Es tiempo de adaptarse, Vegeta. No más excusas."

Sus ojos miraban a la ventana de nuevo y la esquina de su boca se torció, un raro tic nervioso. Justo cuando estaba preparándose para un debate murmuró algo en voz baja, de mala gana se levantó de la silla, y finalmente procedió a cambiarse. Bulma se permitió una sonrisa de triunfo al verlo vestirse. Cualquier victoria sobre el brusco alienígena, no importaba cuan pequeña, siempre era una fuente de realización para ella. Atesoraba cada éxito cada vez que venía, a sabiendas de su rareza. Cuando él estuvo vestido con su ropa de invierno se trasladó a la puerta para abrirla, y notó que estaba colgando hacia atrás. Su sonrisa se desvaneció rápidamente.

"¿Qué es?" preguntó. "¿Qué pasa?"

"Mis botas no se sienten cómodas," le dijo, y procedió a quitárselas. Desembaló su equipo y empezó a rebuscar en sus pertenencias por algo más complaciente. Le tomó un rato. Le gustaba quejarse con Bulma acerca de su afición por empacar su vestuario completo para un simple viaje de dos semanas pero en realidad, el Saiyajin estaba un poco mejor. Era un hombre que, después de su mandato prolongado en este planeta, estaba redescubriendo una inquietud real por tener la mejor absoluta ropa y equipo. Había tenido que soportar décadas de llevar sólo la armadura de soldado, soportando alojamientos escasos, y limitados medios; estaba empezando a apreciar sus comodidades y tardó más de 20 minutos para finalmente, a fondo, ir a través de toda la ropa que había traído. Al final, él no había preparado un par extra de botas de nieve y volvió a ponerse las que había desechado.

En el banquillo, Bulma estaba haciendo un fuego lento a sabiendas de que Vegeta sólo había empacado un par de botas. "Si finalmente terminaste, podemos-"

"Tengo que ir a orinar," dijo bruscamente y desapareció en el cuarto de baño.

"¡Agh!" Bulma gritó, golpeando las manos a los lados en frustración. Se puso de pie en la puerta, irritada contando los segundos con el pie. Después de unos diez minutos, llamó a la puerta. "¡Hey! ¿Te caíste? ¡Deja de hacer tiempo!"

Salió, arrojándole puñales con la mirada, y luego dio un paso más allá de ella para entrar en la pequeña cocina.

Exasperada, ella echaba chispas, "¿Ahora qué estás haciendo?"

"¿Estás ciega? Tengo hambre."

"No, no tienes. Acabamos de comer."

"No me digas lo que no tengo. Todo lo que comimos fueron bocadillos y eso fue hace dos horas. Si pudieras cocinar algo, tendríamos algo de comida real en vez de esta mierda que estamos comiendo ahora."

Bulma sintió la rabia aumentar de inmediato en ella y luchó para sumergirla. Era una lucha pero se las arregló para mantenerla baja. "No va a funcionar esta vez, Vegeta," ella dijo con voz calma.

Abrió la puerta de la nevera pequeña y vaciló. "¿Qué no va a funcionar?"

"Estás tratando de enfurecerme para que vaya sin ti y obtenga la esfera del dragón sola. De esa manera tendrías una excusa para permanecer caliente y seco en el jet. Te digo que no va a funcionar. Yo no me muevo un paso sin ti." Con eso ella le ofreció una de sus más dulces sonrisas, se cruzó de brazos, y se apoyó en el mostrador. "Ve y haz tu sándwich, cariño. Puedo esperar."

Él cerró la puerta lo suficiente para hacer que las copas saltaran. "Ya no tengo hambre," dijo entre dientes apretados. Se bajó las gafas de nieve gafas hasta los ojos y levantó la capucha, fijándola de forma segura bajo la barbilla. "Vamos a traer esta mierda," exclamó, acercándose a la puerta.

"Ya era hora, maldita sea..." Bulma murmuró entre dientes. Ella golpeó el panel que liberó la cerradura y la puerta se abrió. Casi al instante, la temperatura en la pequeña cabina cayó a la congelación. Estaba empezando a preguntarse si su ropa de invierno, especialmente clasificada para excursiones sub-árticas, eran en realidad lo suficientemente calientes como para este viaje. A su lado, Vegeta tenía la cara hacia el viento, inquebrantable por la nieve que azotaba junto a ellos y comenzaba a instalarse en la cabina. Antes de que pudiera decir nada, salió primero en la tormenta de nieve, rápidamente rodeado por los elementos duros.

Preparándose en contra de un viento que parecía ser soplado horizontal, corrió tras él. "¡Más despacio!" gritó. "¡Ni sabes a donde vamos!" Estaba limpiando el hielo fuera del dial de su radar para ver la luz intermitente en la lectura constante que marcaba que su objetivo estaba a sólo a unos metros a su izquierda. "¡Vegeta!"

En el contexto de constante azote de nieve, la vaga silueta gris del Saiyajin desaparecía de su vista. Apenas podía creer lo pobre que la visibilidad se había vuelto. El jet estaba a su espalda, apenas a diez pasos, y apenas podía verlo en la feroz tormenta. Vegeta había salido, obviamente enfadado con ella, y ahora ella no tenía ni idea de donde estaba. Sus pisadas ya se habían llenado.

¡VEGETA! Trató de proyectar con su mente. No hubo respuesta. Podía ser cualquier número de razones para eso; ella no tenía ningún ki para la telepatía, Vegeta tenía su propia receptividad "apagada", ya estaba fuera de rango, o quizás la razón más probable -

-la estaba ignorando deliberadamente.

"Maldito sea ese hombre," dijo entre dientes, sin saber qué hacer. Después de varios segundos de rara indecisión decidió ir a buscar la esfera del dragón primero, su mente genial tranquilizando al resto de su ser que Vegeta realmente no estaba en peligro. Esto no era una prueba JAP en donde estaba prohibido el uso de sus poderes; y si estaba en peligro podría retirarse a un lugar más seguro en el destino hasta que pasara la tormenta.

Retiro. Suena como un plan, Bulma pensó mientras las temperaturas drásticas penetraron en su chaqueta y capas de ropa, congelándola hasta los huesos. Si salía a buscarlo ciegamente, sólo se perdería; a ninguno de ellos le serviría. Tan preocupada como estaba por su temperamental compañero, estaba condenado si iba a ser el blanco de alguna de sus bromas de "débil, pequeña humana". A su manera, tenía su propio chip de orgullo en su hombro.

Tambaleándose contra los elementos, siguió la lectura del radar y de pronto se arrodilló ante un montón de nieve y empezó a cavar. No pasó mucho tiempo antes de que sus esfuerzos se vieran recompensados por esa visión familiar naranja. Haciendo caso omiso de la tormenta por el momento, Bulma levantó la esfera del dragón de tres estrellas al nivel visual, inundado por un sentimiento de realización y remordimiento. Era un sentimiento común para ella; uno que surgía después de un proyecto complicado completado, o cuando una aventura terminaba. Eso significaba que pronto estaría de vuelta en casa después de que Vegeta pidiera su deseo.

Bulma no quería que la luna de miel terminara pero sabía que no era realista continuar como un ajeno amor de recién casados. Cuanto más pensaba en ello, más iba cobrando conciencia de que tal vez estas vacaciones no eran su última aventura, como había temido desde el principio. Tenía un hijo que criar, un negocio que atender, y un marido alienígena que domesticar. En su manera, todo eso parecía un viaje mucho más convincente y sonrió cuando se guardó la esfera del dragón en el bolsillo de su chaqueta con la cremallera cerrada.

Preparándose contra el viento, se tambaleó su camino de regreso al jet. Estaba en el proceso de bajar la rampa, cuando sintió vibrar el suelo bajo el acolchado grueso de sus botas.

"¿Qué diablos?" murmuró, mirando hacia abajo. El temblor aumentó a una repugnante estacada y hubo un ruido como de un tronco de árbol rompiéndose lejos en la nieve azotada de oscuridad. Fue seguido por otro, y otro, cada vez más fuerte mientras parecía acercarse a ella. De repente la nieve se separó entre sus piernas mientras la capa de hielo se rompía con un chasquido que era ensordecedor.

Uno de los puntales del jet se metió en la brecha cada vez más grande y Bulma apenas tuvo el ingenio para agarrar el lado de la puerta. Se las arregló para levantarse en la cabina mientras el vehículo se volcó hacia su lado, en precario equilibrio sobre la grieta. Acostada sobre su estómago y sin poder hacer nada mirando por la puerta abierta, Bulma tuvo una visión adormecida en su mente del negro fondo de la fisura debajo de ella; parecía no terminar nunca. Miró por encima de su hombro preguntándose si sería capaz de llegar a la cabina sin balancear la nave. La decisión fue tomada por ella cuando otro discordante de complemento de huesos resonó en la pequeña cabina y la fisura se abrió aún más. El jet cayó en el fondo negro, los lados de los chillidos contra las paredes de hielo y creando una lluvia de chispas.

Aferrándose a un puesto para salvar su vida, Bulma entró en pánico con pensamientos que se repetían una y otra vez: Vegeta me salvará. Al igual que en África. Él va a aparecer justo a tiempo y me salvará-

Eso no sucedió.

Hubo una sensación de ingravidez que duró unos siete segundos (que parecía no terminar nunca), antes de que la nave impactara con algo duro. El choque arrancó a Bulma fuera de su asiento, la lanzó contra el techo, y cayó al suelo de la cabina, aturdida. Se quedó allí durante varios minutos en la oscuridad completa antes de intentar mover sus extremidades. Milagrosamente estaba ilesa; su ropa pesada la había protegido más allá de los elementos. Arrastrándose al armario de suministros, revolvió en el equipo de emergencia hasta que sus manos se cerraron sobre una forma familiar. La luz de la linterna fue un alivio y cerró los ojos y respiró hondo varias veces, obligándose a relajarse antes de hacerla brillar alrededor de la cabina. La ventana de enfrente de la cabina se había destrozado y la nieve se había derramado a lo largo sal tablero y los asientos. Todo el casco había asumido una forma de elipse con cúpula por la fuerza del impacto.

¿Impacto con qué? Se preguntó y obligó a sus piernas a moverse. Escalando la nieve, se arrastró fuera del vehículo en ruinas y brilló su linterna, sin saber qué decir. Los lados de la grieta se deslizaron hacia arriba en rodajas con la gélida precisión de una navaja de afeitar, desapareciendo a la oscuridad que iba mucho más allá de la linterna. Tuvo la sensación de que estaba muy abajo, tal vez a un kilómetro de profundidad, tal vez más. La caverna hizo eco con los sonidos alienígenas de la plataforma de hielo mientras el cambio de tensión de peso y temperatura forzaba millones de toneladas de nieve comprimidas a moliéndose contra sí misma. Era como escuchar a las uñas arañando una pizarra y Bulma sintió que su cuerpo caía en picada por la temperatura de algo más que el aire helado. Comenzó a temblar de miedo. Aquí y allá, el muro de hielo se acribillaba por agujeros de diversos tamaños y parecía hacer cuencas vacías mirándola de manera fija a ella.

"Basta ya," dijo entre dientes castañeantes. "Sólo te asustas más." El haz de la linterna estaba visiblemente temblando y ella lo estabilizó con ambas manos. "No es tan malo como parece. Aún dispones de cápsulas de repuesto, ¿recuerdas? ¡No estás atrapada aquí!"

Se asintió a sí misma. "No estoy atrapada," se aseguró y estaba empezando a sonreír cuando el suelo comenzó a temblar de nuevo. "Oh, mierda, no otra vez-" se tiró hacia el interior de la nave en ruinas mientras hubo una tremenda explosión que hizo eco de arriba y abajo de la fisura, sonando como si una guerra se librara muy por debajo del hielo. La nieve y granizo cayeron sobre la cabina y los ecos se desvanecieron en inconexos retumbes hasta el... silencio.

Por último; "¡Bulma!"

Atreviéndose a mirar hacia arriba, vio a Vegeta de rodillas fuera de la cabina en ruinas. Su linterna se había apagado y no debería haber sido capaz de verlo excepto que él estaba brillando como una estrella pequeña. Su capucha estaba fuera y pudo ver las afiladas púas de cabello rubio, indicativo de la transformación de un Super Saiyajin. Tan aliviado como estuvo al verlo, lo único que podía pensar en decir fue: "¿Por qué huiste, idiota? ¡Mira lo que pasó!"

"¿Estás diciendo que esto es culpa mía?" gritó en respuesta. Echó un rápido vistazo y luego la miró como si ella estuviera loca. "Yo no soy el que separó este hielo. Se-"

"¡Eso no es lo que estoy diciendo!" Luchando de regreso en la nave, se levantó y lo golpeó directamente en el pecho. "Tendríamos que haber permanecido juntos. Sabías que la visibilidad era pobre. ¿Por qué no viniste cuando llamé por ti?"

Sus ojos esmeralda se redujeron en creciente ira. "Yo no soy tu mascota."

"¿Qué se supone que significa eso?"

"Mujer estúpida, yo no estaba en peligro. Podía sentir donde estabas."

¡Entonces por qué demonios te fuiste!" Ella le gritó, golpeándole el pecho de nuevo con un puño enguantado.

Él la tomó de la muñeca y la miró. "Porque eras tú quien estaba en peligro."

Se quedó sin aliento en la garganta. Antes de que pudiera preguntar, hubo un crujido muy por encima de ellos y una sección de la pared de hielo cayó en el suelo a pocos metros de distancia. Escasos segundos después, otra cayó en la oscuridad como un misil y destruyó eljet con el impacto, arrojando esquirlas de hielo. "Baja el poder, Vegeta."

"¿Qué-? ¿Por qué?"

"Tu ki afecta la gravedad. Este hielo es frágil y reacciona ante el estrés que estás radiando."

"Patrañas," se burló pero cuando encendió su aura, el hielo cerca ondeó y una pieza tan grande como un Volkswagen se cizalló y se derrumbó a su lado. Lo miró por unos segundos y luego apagó su ki sin decir una palabra de debate. Fueron rápidamente envuelto por la oscuridad.

Su voz se derivó hacia ella, chorreando sarcasmo, "Eso fue brillante."

"Cállate, tengo una linterna."

"¡No me digas que me calle!"

"Escucha arruinador-"

Bulma lo sintió hacerla retroceder mientras otro gran trozo de pared de hielo cayó justo a su lado. Encendió la linterna y vio una piedra del tamaño de una porción de nieve que se cernía sobre ambos.

"Yo no me enojaría si fuera tú," dijo con seriedad mortal, tirando de ella de nuevo mientras más piezas llovían desde arriba. "¡Tenemos que salir de aquí ahora mismo!" La envolvió con sus brazos alrededor de su cintura y despegó en un curso vertical deliberado, sin perder tiempo en la técnica. Sólo quería llegar a arriba.

Bulma iluminó la linterna por encima de ellos y gritó en advertencia cuando otra roca cayó hacia ellos. Reaccionando instintivamente, Vegeta atacó con un disparo de ki y las paredes de hielo se estremecieron por el ataque, rompiéndose de inmediato en tamaño de cuerpos de trozos de metralla mortal.

"Mierda-" fue todo lo que Vegeta tuvo tiempo de decir antes de desviar su curso en el aire.

Voló a uno de los agujeros que ensuciaban las paredes laterales de la fisura, en colisión con el hielo mientras el agujero se arqueaba bruscamente hacia abajo en un ángulo de 90 grados. Bulma estaba en caída libre hasta que su pecho cayó contra la pared de hielo resbaladizo y se encontró deslizándose de cabeza a una velocidad vertiginosa. Logrando mantener un dominio de su linterna, pudo ver que estaba en un túnel de hielo puro. Las superficies eran perfectamente lisas, imposibles de controlar, y era como viajar por una rampa con trineo sin equipo de protección.

Hubo un sonido raspado detrás de ella, seguido por una multitud de maldiciones y ella golpeó su linterna por encima de su hombro izquierdo, mirando hacia atrás. Vegeta se deslizaba en su espalda y lo único que veía eran las piernas agitando los esfuerzos para intentar frenar su progreso a lo largo de los muros lisos. Estaba arrastrando sus uñas por el hielo, creando profundos surcos mientras trataba su lento descenso pero no fue suficiente. Su ángulo de descenso era demasiado agudo.

"¡Trata de relajarse y simplemente déjate llevar!" Gritó ella.

"¡A la mierda eso!" fue la respuesta previsible. Apoyó sus piernas a cada lado del túnel y los tacones de las botas rallaron contra el hielo mientras se cavaba dentro.

Bulma miró hacia adelante de nuevo y sintió que se le helaba la sangre en lo que veía. "¡Vegeta-!"

"¡Cállate!"

"Junta las piernas. ¡Rápido!"

"Dije que te ca-"

El túnel de repente se separaron en una "Y" y Bulma corrió rápidamente por el túnel. Todo lo que pudo hacer es una mueca de dolor cuando se escuchó el hueso impactarse mientras Vegeta chocaba con la cuña difícil separar de los dos túneles, y sabía que él no se había golpeado de cabeza, tampoco. Justo cuando estaba comenzando a llamarlo otra vez, salió en una cueva de hielo y había frenado su impulso por los montones de nieve y lodo antes de llegar contra el otro lado de la inmensa caverna. Unos segundos más tarde, el Saiyajin cayó fuera del segundo túnel. Gimió, se sacó a sí mismo en una bola de escalofríos, y quedó inmóvil.

Se puso rápidamente de pie para ir por él y fue recompensada por el sonido de las grietas de hielo. Se miró las botas en consternación. "Oh mierda, no de nue-" Su peso rompió el hielo frágil que cubría un lago subterráneo y cayó en el agua helada antes de que pudiera terminar su última palabra. Inmediatamente jadeó todo el aire en sus pulmones mientras el embotamiento frío envolvía su opacidad, sus pensamientos. La linterna pasó rodando sus dedos con espasmos y se hundió en el fondo negro, el haz haciéndose más débil y finalmente desapareció de su vista.

Eso serás tú, tonta, si no empiezas a moverte, vino el pensamiento a su mente conmocionada. Frenéticamente pateando sus piernas, se las arregló para tomar agarrar la orilla de la pista sólo para romperse la mano. Estaba tratando de llamar a Vegeta en busca de ayuda, pero el frío estaba afectando su coordinación y todo lo que pudo hacer era hacer eran sonidos sin sentido de desesperación. Su chaqueta la hacía caer y en un arrebato de pánico, luchó por salir de ella antes de que el peso la bajara más. Agarrando un medio soplo de aire, se retorció en el agua, luchando contra la cremallera y finalmente logró sacarse el abrigo pesado. Se hundió como una piedra y Bulma, sin cargas, hizo otro desesperado por captar el borde del hielo. Mientras su mano se deslizaba de nuevo, otra cerrada de forma segura alrededor de su muñeca.

A través de su visión oscurecida, podía ver a Vegeta tirado en el hielo. La tenía con una mano mientras que la otra brillaba con la energía reprimida de ki. Rápidamente la sacó del agua, haciendo que la barrera de hielo delgada gimiera con el peso añadido, y la arrastró hasta la pared más cercana de la caverna.

"E-e-es-eso-"

"Aquí," sacándose de su propia chaqueta. "Incluso medio helada, tu lengua no para de moverse, ¿no?" Si hubiera tenido alguno de sus sentidos se hubiera dado cuenta de que se movía despacio, mucho más lento de lo normal, pero sólo estaba aliviada de la calidez de la chaqueta cuando él se la ofreció. "G-gracias," logró finalmente decir a través de sus dientes apretados mientras se la ponía sobre los hombros.

Lo único que le ofreció fue una inclinación de cabeza y cerró los ojos, de repente sentado a su lado y sosteniendo su entrepierna.

"¿Estás bien?"

"No, ¡no estoy bien!" le espetó. "Acabo de ser castrado allí y me duele como el infierno, ¿de acuerdo? ¡Mierda!" Se inclinó brevemente y respiraba con dureza con los dientes apretados.

Como la mayoría de las mujeres, Bulma se comprendió verdaderamente la gravedad de la vulnerabilidad masculina en particular y sólo pudo frotarle la espalda, sin saber qué más hacer por él. "Tal vez podemos usar el segundo deseo para deshacer cualquier daño," ofreció, medio en broma y medio en serio. Realización repentina vino a ella y miró al agua con horror en aumento. "¡Oh no! ¡Maldita sea! ¿Cómo pude ser tan estúpida?"

Él la miró. "¿Qué?"

"¡La última esfera del dragón estaba en mi abrigo!" estaba señalando al agua. "¡Tuve que sacármelo antes de ahogarme!"

Parpadeando en confusión durante unos segundos, finalmente cayó en cuenta de lo que estaba diciendo. En un instante, él se puso en pie y corrió para la apertura en el hielo. Antes de que pudiera llamar una advertencia, se zambulló en el agua helada sin dudarlo un segundo.

"¡VEGETA!" gritó.

Había tomado la preciada luz de ki con él y ahora se quedó sola en la fría oscuridad, demasiado asustada para moverse en alguna dirección. Todos sus esforzados sentidos podían detectar los sonidos de grietas de hielo y el crujir bajo de los gemidos de la plataforma de hielo mientras se acomodaba a su alrededor. Vegeta podía contener la respiración durante un máximo de treinta minutos en condiciones óptimas. Con la temperatura del agua cerca de la congelación ese momento era probablemente la mitad. Tal vez estaba ya sin aliento, agarrándose frenéticamente en el hielo, incapaz de encontrar la apertura...

"Vuelve... Por favor, vuelve a mí," susurró Bulma, poniendo sus manos temblorosas en su cara y mirando por entre los dedos extendidos. Las lágrimas se filtraron por las comisuras de sus ojos y se congelaron en sus pálidas mejillas. Nunca se había sentido tan impotente en toda su vida. La última vez que se había sentido tan vulnerable, habían quedado varados en Namek mientras que Gohan y Krillin se habían ido y la habían dejado atrás para buscar las esferas del dragón. Los soldados de Freezer habían estado en la caza de todos ellos y añadido a la mezcla había estado el terror de otro pícaro mortal también al patrullaje del planeta. Sus siestas agotadas habían estado llenas de pesadillas terribles de Vegeta encontrándola sola y atacándola. Ella había tenido tanto miedo de él en aquel entonces. Había sido cruel, fuera de control, diabólico, malo hasta los huesos

- Y sexy como el demonio. Podía admitirlo ahora incluso si estaba en negación en ese entonces. Lo había estado observando enfrentarse contra el alienígena llamado Zarbon que lo había hecho. El Saiyajin había jugado con él como un gato con un ratón, alardeando en frente de ella. ¿Todo para su beneficio? Ella no estaba segura pero después de la batalla, no le había hecho daño. Había sido en el momento en que ella sentía que había cambiado desde ese terrible conflicto en la Tierra, y definitivamente para mejor. Había abierto posibilidades infinitas que su mente de genio de inmediato comenzó a resolver.

Cuatro años más tarde y ahí estaba ella, pensando que su vida iba a llegar a su fin si su marido; ese mismísimo despiadado, fuera de control, diabólico, malo hasta los huesos, sexy como el infierno, se atrevía a morir en ella. Eran divertidas las curvas que la vida te arrojaba, pero ella no estaba dispuesta a reírse de ello todavía. Él había estado bajo el agua durante cerca de cinco minutos y de repente sintió un cosquilleo en la parte posterior de su mente, lo que significaba que estaba tratando de pasarle pensamientos a ella.

¿Vegeta...? intentó.

- ¡Irradia tus pensamientos! ¡Tan duro como puedas! ¡Esta caverna maldita es enorme y no sé adónde ir!

¿Quiere decir que estás perdidos? ¿Es esta tu forma de pedirme direcciones?

La mente de Vegeta brevemente aprobó tonos sombríos de ira y vergüenza fugaz puntuado con un par de maldiciones coloridas en buena medida. – ¡Basta! ¡No estoy solo aquí!

"¿Qué-?"

-¡CONCÉNTRATE MALDITA SEA!

Temblando por el tono de su nota mental, Bulma acomodó sus pensamientos y proyectó una y otra vez: - Estoy aquí, estoy aquí. Estoy aquí -

Unos treinta segundos más tarde, Vegeta estalló a través de la capa de hielo jadeando por aire. Podía oír su respiración rápida en la oscuridad y retrocedió en sorpresa cuando de repente incrementó su poder, tapándose los ojos por la iluminación repentina. "¡Baja el poder! ¿Qué te dije acerca de la gravedad?"

"¡Al carajo!" le espetó, levitando fuera del agua y volando hacia ella. Ella se sorprendió al ver que él realmente había logrado recuperar su chaqueta. "¡Nos vamos de aquí ahora mismo!"

Hubo una expresión en su rostro pálido que nunca había visto antes y se dio cuenta con espanto que era puro pánico. "¿Qué has visto? ¿Qué había ahí abajo?" El hielo frágil a lo largo del techo de la cueva comenzaba a resquebrajarse a lo largo de varios puntos de tensión, lloviendo sobre ellos y amenazando con derrumbarse. Ella oyó otro ruido detrás de ellos y se volvió a tiempo para ver como la capa de hielo sobre el lago congelado subía hacia arriba y se hacía añicos. El agua comenzó a agitarse y a espumar con un movimiento creciente.

Alguna... cosa venía hacía ellos. Algo enorme.

"¡Vegeta!" Bulma gritó en alarma.

El Saiyajin tenía sus dos manos metidas en el lado derecho, concentrando fuertemente en juntar tanto ki como pudiera, y las levantó, disparando un rayo de energía concentrada de sus manos y cuerpo. Bulma reconoció la explosión como Garlic Gun, el ataque que casi había destruido la Tierra. Era similar en fuerza y alcance al Kamehameha de Goku y no se tranquilizó al verlo usándolo ahora.

La descarga de energía se estrelló contra el techo y derritió un agujero de tres metros de ancho mientras explotaba su camino hacia la superficie. Antes de que pudiera cuestionar lo que estaba pasando, Vegeta agarró la chaqueta y la atrajo a ella hacia sí y saltó a la nueva salida mientras algo estallaba a través del lago gritando con un agudo tono de rabia que estaba casi en el rango ultra sónico. Ella golpeó sus manos contra sus oídos pero su grito de dolor se perdió en el grito inhumano. Tras la estela de su explosión de energía, Vegeta parecía pasarla por alto pero su velocidad incrementó hasta que Bulma se encontraba luchando para recobrar el aliento. Sus ropas estaban empapadas congelándose rápidamente en su piel y para el momento en que llegaron a la superficie, su pelo era una estera congelada y había perdido la sensibilidad en todo su cuerpo.

La tormenta todavía estaba furiosa y Vegeta no detuvo su ascenso hasta que estuvieron muy por encima de las nubes batidas. Miró alrededor con cautela, aliviado al ver el brillo familiar de las estrellas y finalmente comentó en un tono más calmado, "Ellos no pueden volar. Estamos a salvo aquí."

No obtuvo respuesta y echó a Bulma un vistazo. Parecía inusualmente pálida en la penumbra y cuando la tocó, estaba tan fría como la cripta de hielo de la que habían escapado. "¿Bulma?" Tardó unos segundos en comprender lo que estaba mal y cuando lo entendió, se sintió con ganas de golpearse a sí mismo; se había empapado en agua helada y rápida retirada de temperatura había bajado a niveles alarmantes. Esta altitud estaba empeorando las cosas.

Aunque estaba con el poder incrementado, su forma infundida de ki no proyectaba ningún calor corporal más que la forma normal sin incrementar su poder. Sus ropas estaban tan cubiertas de hielo como las de ella y había un mechón de pelo congelado que se mantenía colgando en su cara, interfiriendo con su visión. Mientras la adrenalina que corría por su encuentro cercano bajo el agua comenzaba a ceder, podría empezar a sentir el frío peligroso penetrar la ropa tiesa. Su piel alienígena era más dura para hacer frente a cambios drásticos de temperatura que un ser humano pero que no le gustaba el frío, a ningún Saiyajin. Si estuviera solo, simplemente aceleraría un curso rápido para el refugio más cercano.

...solo... Pero no estaba solo y no tenía intenciones de vivir como así nunca más, no si podía evitarlo.

"¡Bulma!" Dio una palmada en su mejilla y se sintió aliviado al ver un breve aleteo de sus párpados, pero eso fue todo. Tenía hipotermia, comprendía eso pero que tenía que luchar con una forma de ayudarla. Esto no era su fuerte y resultaba ser bastante carente en esta área en particular. Matar gente, hacerlos sufrir; podían ocurrírseles al menos mil maneras diferentes de lograr esa tarea. ¿Pero salvar una simple vida? Tenía una alarma encendiéndose...

"Refugio. Empezaremos con eso," dijo en voz alta, esperando que en algún nivel ella pudiera escuchar su voz y tal vez se confortara con eso. O se divirtiera. Todavía no podía entender bien cómo trabajaba su mente. "Estamos en el culo de este miserable mundo, en un continente sin ciudades o pueblos y es la muerte del invierno. Mierda." Sabía que bajar a la superficie rápidamente pero la idea de acercarse a esos... esas cosas lo hacían temblar. Continuó debatiendo el problema en su mente hasta que Bulma hizo un gemido adolorido y eso acomodó todo de una vez. Él creó una barrera alrededor de sus figuras para protegerlos de lo peor de los elementos y cayó de nuevo en la tormenta.

Buscando en los bolsillos de la chaqueta encontrada, sacó el paquete de cápsulas de Bulma y miró a las diminutas cinco cápsulas dentro de la carcasa congelada. Una era para guardar cosas, otra un auto, otra un jet de repuesto, otra una casa hoi poi, y la última era un bote. Estaban llenas de agua y congeladas como su dueña pero Vegeta sacó el jet con la esperanza que pudieran hacer una cálida retirada. El nivelador no bajaba. Estaba congelado.

"Pedazo de mierda," maldijo y trató con el auto. El nivelador bajó pero cuando lo arrojó a un lado, no se activó. Estaba inútil. Levantó la cápsula Hoi Poi y la miró con temor. Los Saiyajin anteriores habían sido una raza supersticiosa pero nunca había habido ninguna deidad o símbolo que invocara la necesidad de orar. Un humano podría usar este momento para ofrecer un tratado a su Dios pero Vegeta sólo hizo lo único que supo hacer:

"Es mejor que funciones," le siseó y bajó el nivelador con su pulgar. Cuando lo arrojó de inmediato detonó y se emocionó por su cambio de suerte hasta que se acercó. Sólo la mitad del domo amarillo se había materializado y la otra estaba enterrada y deformada por su exposición al frío. Aún así, era eso o podrían estar usando un estúpido bote como refugio (y eso sólo si la apestosa cosa funcionaba, cosa que dudaba de todos modos).

Cargó a Bulma dentro de la pequeña estructura y cerró la entrada. Estaba congelado adentro pero mantenía el fuerte viento a raya. Cuando intentó activar la energía, descubrió que el lado que no se había materializado completamente había sido donde estaba el lado que daba la energía a la casa. Sin luz, sin calor. La cocina no se había formado tampoco. Pellizcando la punta de su nariz, trató de mantener su ira a raya y esperó desesperadamente que no fuera una batalla perdida. Bulma lo necesitaba; tenía que mantenerse recordando ese hecho. Volver a su antiguo yo egoísta no ayudaría a nadie.

"¿Qué hago luego?" murmuró entre dientes, mirando desesperado a su temblorosa novia. "¡Maldita sea! ¿Qué se supone que debo hacer?"

Tienes que sacar las ropas mojadas, una vieja voz susurró en sus recuerdos. Era del sanador reptil que lo había tratado, a Nappa, y a Radditz después de su JAP en la tormenta de nieve. No habían estado en mejor estado físico de lo que él estaba ahora. ¿Qué más había dicho? Dijo- "Tu temperatura está demasiado baja y tiene que levantarse lentamente. Inmersión en agua tibia es lo mejor pero, aparte de eso, el contacto con otra piel lo arreglará."

Vegeta recordó a Nappa extender sus brazos a Radditz y decir, "¡Acércate un poco más para que pueda abrazarte!"

"¡Aléjate de mí!" Radditz había gritado, sin duda recordando el enorme beso del Élite durante su misión.

"Contacto con piel," Vegeta murmuró. Supuso que tenía sentido. Las ropas mojadas estaban chupando el calor de sus cuerpos. Se quitó las suyas primero y, sí, hizo una diferencia aunque una pequeña. Realmente estaba empezando a sentirse frío ahora y las puntas de sus dedos y pies estaban perdiendo su sensibilidad. Arrodillándose al lado de Bulma, comenzó a desvestirla después. Una parte de él esperaba que se despertara mientras estaba haciendo el acto e hiciera una de sus usuales réplicas, demonios que incluso un gruñido le hubiera dado seguridad de que ella estaba bien, pero ella permaneció ajena.

Cuando terminó arrojó sus ropas a un lado y buscó alrededor por algo que los cubriera. En desesperación rompió la alfombra y acercó el cuerpo desnudo de Bulma junto al suyo, siseando por cuán fría estaba su carne. Abrazándola fuertemente, tomó un puñado de la alfombra suelta y la giró sobre sus cuerpos hasta que se acunaron en varias capas de dura tela. Ciertamente no eran las sábanas egipcias de 500 hebras en la que le gustaba dormir pero definitivamente cumplía su propósito. Ya estaba empezando a sentirse un poco mejor y pensó que podía detectar un cambio en la temperatura corporal de Bulma también. De a poco, sus temblores hasta los huesos estaban empezando a desaparecer. Supuso que era una buena señal y su ansiedad comenzó a detenerse finalmente.

"Eres ruda," murmuró en voz alta. "Puedes no tener el ki para luchar y salir a la fuerza de una bolsa de papel, pero eres ruda como las uñas." Frotó su mejilla contra la de ella de arriba a abajo; parte de eso era para compartir su calor corporal, otra era como una señal de afecto. Besar era un concepto humano. Bajo alguna otra circunstancia encontraría la situación altamente erótica: Atrapado en lo salvaje de una tierra indomable con una hermosa mujer desnuda, sus brazos y piernas enredadas alrededor de las suyas, mientras un enemigo desconocido los buscaba. Lamentablemente, ella estaba inconsciente - eso no era divertido. Y, a decir verdad, todavía estaba muy adolorido por su impacto con el hielo como para querer una erección. Sólo lo lastimaría más. Ahora mismo, estaba contento con abrazarla en la oscuridad y esperar que se despertara.

...¿Qué si no se despierta?... La pregunta entró en él mientras yacía con ella en la oscuridad y largos minutos pasaron en su reloj interno y se volvieron horas. Los humanos eran una raza frágil y ella podría haberse dañado por su intensa exposición. Los humanos podían morir con las cosas más triviales; una caída, una infección, a veces incluso sin ninguna razón explicable. Esto lo obligaba a considerar un asunto serio que había evitado adrede hasta ahora: ¿Qué pasaría si Bulma muriera? Esa era la pregunta que comenzaba a carcomerlo mientras la abrazaba. Se preguntó cuando su preocupación por esta humana comenzó realmente a tomar agarre en él y se sorprendió cuando no pudo encontrar ninguna respuesta concreta. Había sido un cambio tan imperceptible... ¿Le hubiera importado si ella hubiera muerto en Namek? No. ¿Cuando Androide 20 había disparado al jet? Dudó allí. Entonces en algún lugar en ese lapso de tres años había comenzado a sentir alguna medida de cariño por ella. ¿Cómo era eso posible? Él era el Príncipe Vegeta, el azote de siete sistemas y malvado hasta el alma. Él no se unía, no cuidaba, no adoraba - todos esos eran conceptos humanos. ¿Entonces cómo era posible que esta mujer humana sin poder hubiera logrado encontrar una manera para domarlo y hacerlo sentir... contenido?

¿Qué sucedería si ella muriera? Estaba bloqueado por su incapacidad de pensar en alguna respuesta y quería que ella despertara desesperadamente para poder detener estos pensamientos sin sentido. Siempre supuso que él sería el primero en morir en esta extraña relación; la profética advertencia de Kami de su deceso temprano no obstante. Nunca había habido ninguna pista de un rumor de un Saiyajin que muriera alguna vez de viejo. La raza en guerra había vivido poco, vidas violentas y muertes en brutales maneras. Nappa había sido el más grande que había conocido, muriendo a los 68. El avezado veterano de cientas batallas sangrientas, el enorme Élite había expresado a menudo remordimiento por no caer en combate con sus compañeros cuando había estado en la flor de su vida. Por eso, Vegeta supuso que le había dado a su guardaespaldas un favor por matarlo personalmente. Él mismo no tenía miedo de la muerte, sólo de morir mal, y ser el primero en morir en esta relación lo sacaba de manera conveniente de responsabilidades y obligaciones que nunca se había molestado en considerar. Hasta este momento.

Sin tener mucha imaginación, tuvo que racionalizar la situación con el desapego de un estratega: Si Bulma moría aquí, él-él... llevaría el cuerpo de nuevo a la Corporación Cápsula, explicaría lo que había sucedido (y soportaría las críticas de sus descerebrados amigos y familiares), y asistiría a cualquier rito de funeral sin sentido que la Tierra tenía en la manga para un cuerpo. Tratar de sondar el impacto emocional que la situación podría tener en él era prácticamente imposible. Los humanos sufrían las muertes de las personas que les importaban. Era de esperar, incluso alentador. Él nunca se había preocupado por nadie antes. Incluso su propio sentido de auto preservación era una cosa precaria. No sabía cómo reaccionaría ante la muerte de Bulma. Sólo considerar la mera posibilidad lo dejaba extrañamente aturdido. Sólo sabía que estaría solo de nuevo, sabía muy bien lo que era la soledad, y supuso que todo lo que podía hacer era irse de la Tierra y seguir con su vida en algún otro lugar. Asintió en satisfacción. Sí, ese sería el orden de las cosas. No quedaría nada más-

-Excepto por Trunks.

"¡Mierda!" gruñó, golpeando su cabeza contra el suelo en frustración. ¿Cómo demonios podía olvidarse de su hijo? No había manera que dejara al niño en manos de esos perdedores come carne de los Guerreros Z de la Tierra. O, incluso peor, los padres de ella. ¿Cómo se suponía que viajara al espacio con un niño bajo el brazo? Y no era cualquier niño, un híbrido Saiyajin/humano que estaba descubriendo una inclinación por la travesura.

Bulma liberó un gemido bajo y Vegeta tuvo que sumergir el deseo de comenzar a sacudirla frenéticamente. No quería pensar más sobre estas cosas. Eran... inquietantes. "¡Mujer, despierta!" Sólo en su forma Oozaru tenía alguna clase de visión infrarroja que soltar pero podía divisar el borde de sus facciones mientras ella luchaba con su consciencia. "¡Bulma!"

"...no quiero ir a la escuela hoy, mamá..." murmuró, y comenzó a roncar.

Esta vez Vegeta SÍ la sacudió. "Yo NO soy tu descerebrada madre, mujer. ¡Despierta!"

"...¿Uhm? ¿Qué- Vegeta? Dónde-" Sus ojos se abrieron en shock. "¡Caray! ¡Qué frío!"

"No bromees," comentó, agradecido en privado que ella no pudiera ver lo aliviado que estaba realmente de verla consciente. No parecía haber ningún efecto posterior por su exposición y volvió a su estridente y exuberante ser. Realmente estaba sonriendo.

Eso fue hasta que Bulma empezó a moverse en el confinado espacio y su rodilla se conectó con su ingle aún adolorida. La garró de sus hombros para acomodarla; "¡Estamos bien! Abrí una cápsula Hoi Poi para resguardarnos."

"Pe- pero no hay luz- ¡No hay calor!-"

"La cápsula se dañó por el agua."

Ella tembló contra él y registró que sus manos estaban haciendo contacto con su carne desnuda. "Tú... ¿me desvestiste? ¿Tú hiciste todo esto?"

"Yo-" No sabía qué decir, inseguro de si ella estaba enojada o aliviada. Ella repentinamente envolvió sus brazos alrededor de su cuello y comenzó a bañar su rostro con besos mientras decía a borbotones: "¡Me salvaste, Vegeta! ¡Salvaste mi vida! ¡Gracias! ¡Te amo taaaanto!"

"Uhm," Gruñó, todavía sin saber qué decir. En el fondo de su mente, estaba corriendo una carrera constante del número de veces que ellos se habían salvado la vida mutuamente. Bulma ganaba por lejos, incluso por acciones que ella no conocía. Él sabía que tenía mucho que recuperar pero era un comienzo alentador.

La besó en respuesta pero fue un gesto superficial y ella de inmediato notó la distancia en su comportamiento. "¿Qué pasa?"

Él le frunció el ceño. "¿Qué te parece? No podemos quedarnos aquí."

"¿Oh no?" Extendió sus brazos sobre su cabeza y arqueó su espalda. "Dos jóvenes, hermosos recién casados atrapados juntos en una pequeña habitación, solos sin nadie cerca en millas..."

Era sorprendente lo parecido que funcionaban sus mentes, Vegeta pensó, pero ella estaba equivocada en una cosa: "No estamos solos, mujer. Ni un poco."

Eso rompió el momento. Bulma se agarró a él de nuevo. "En esa cueva subterránea, algo estaba saliendo del agua tras de ti. ¿Qué era?"

"Quieres decir: ¿'Qué eran'?"

"¡Vegeta!"

"Gusanos vacíos," le dijo, traicionando un revuelto temblor ante la idea. "Han tomado control completamente en esta zona."

"¿Gusanos? ¡Eso es repugnante! ¿De dónde venían?"

"Sus huevos navegaron en el espacio y se agarraban a naves que pasaban y viajaban más lento que la velocidad de la luz. Sólo pueden vivir en regiones frías, lo que explica por qué se adaptaron a este ambiente. No sé cómo llegaron a la Tierra. Pero están aquí. Y ansiosos."

La mente de Bulma corría con la información, recordando las heladas paredes agrietadas con agujeros perforados de variados tamaños. "¿Qué comen?"

"Cualquier cosa que se mueva. Se alimentan de ellos mismos cuando no hay suficiente comida. Es casi lo único que mantiene bajo su número-"

"¡Pero sus números no son bajos! Tú viste todos los agujeros en el hielo. ¡Están en todas partes!"

"Las aguas aquí están probablemente llenas de vida acuática. Debe ser lo que los está sustentando."

"¡Bueno, tenemos que detenerlos!"

"¡A la mierda con eso!"

"Están comiendo ballenas y focas y-y pequeños pingüinos indefensos. No podemos dejar que eso suceda."

"Esos 'pequeños pingüinos indefensos' pueden muy bien defenderse solos. Tenemos que salir de aquí antes que los gusanos capturen nuestro aroma."

"Aroma-"

"Son ciegos pero todo su cuerpo está hecho de receptores olfativos. Tuvimos suerte con la tormenta afuera. Los vientos nos están enmascarando."

Ella lo miró de cerca en la oscuridad. "Pareces saber mucho de estas cosas. ¿Los has visto antes?"

"Puedes decir."

"¿Dónde?"

Se debatió no responder, ansioso de salir de la zona. Sin una explicación sabía que ella no se movería una pulgada. "Freezer había perdido contacto con una de sus naves de guerra. Nos envió a Nappa, a Radditz y a mí para investigar."

"Niño, los eligió para todos los trabajos de mierda, ¿no?" dijo con sorprendente amargura.

"Uhm. De todos modos, encontramos la nave de guerra flotando en el espacio, sin poder, y llena de agujeros. Al principio pensamos que fueron hechos por una batalla hasta que entramos y descubrimos un enjambre de gusanos vacíos se habían apoderado de ella y se habían comido a la tripulación. Todavía tenían hambre cuando entramos. Apenas llegamos a la base vivos."

"¿Te lastimaron? ¿Cuánto?"

"Tuve un número de mordidas superficiales por todo mi cuerpo pero eso no fue el problema. La saliva de los gusanos vacíos está cargada de huevos. Para el momento en que llegamos a la cámara de regeneración, teníamos gusanos haciendo su camino de salida a mordidas de nuestras heridas."

El estómago de Bulma se revolvió en asco. Hablaba del incidente con su tono normal descarado pero no la engañó la indiferencia. Cuando habían estado atrapados debajo de la superficie, había escuchado su miedo en sus pensamientos proyectados, y lo había visto claramente en su rostro cuando había salido del agua. Odiaba a los gusanos pero estaba asustado de ellos, también. "Eso es horrible, Vegeta. Dios mío, te han puesto pasar por tantas cosas-"

"Nada de pena, Bulma," dijo en una voz dura. "Hemos pasado por esto antes."

"Lo sé, lo sé." Tuvo que guardar sus pensamientos cuidadosamente para que él no los escuchara. Justo cuando había pensado que había escuchado una historia de horror de su pasado, él salía con otra y ella ni siquiera había empezado a arañar la superficie de su vida pasada todavía. "Pero Vegeta, no podemos dejar que estas cosas se apoderen de la Antártida."

"¿'Nosotros' no podemos? La última vez que revisé, yo tenía el poder aquí y te estoy diciendo que no voy a luchar con otro enjambre de gusanos vacíos. Esa única vez fue suficiente."

"Pero-"

"El asunto está cerrado, mujer. No habrá más debate de este tema." La abrazó más fuerte y giró saliendo de la cubierta protectora y una vez que el frío aire hizo contacto con su piel descubierta, Bulma se olvidó todo sobre los gusanos. Gritó y volvió a ponerse bajo la alfombra. "No hay manera que vaya a salir en esa ropa mojada. ¡Me voy a quedar aquí!"

Vegeta sacó una cápsula de abajo de su brazo y levantó su mano libre para iluminarla con algo de ki. "Es la cápsula de almacenamiento del paquete congelado. La entibié pero no quise forzarla. ¿Funcionará?"

La tomó y la examinó tan cerca como pudo en la tenue luz. "Tenemos las esferas del dragón guardadas adentro de esto, ¿no?"

"Entre otras cosas, como ropa seca."

"Mantén tus dedos cruzados," dijo ella y presionó el nivelador y la arrojó a través de la habitación. Explotó en una nube de humo y dos maletas se materializaron, junto con otros souvenirs y, más importante, las otras seis esferas del dragón, todo perfectamente intacto. Daban un tenue brillo dorado en la habitación. ante la vista, ambos Vegeta y Bulma suspiraron en alivio.

"Nunca probamos las cápsulas para condiciones en bajo cero," Bulma comentó mientras se vestía. No habían ropas de invierno en su maleta pero se puso tantas capas como pudo encontrar. "O siquiera molestado en hacer una prueba de agua. Supongo que tengo cosas de trabajo que hacer cuando lleguemos a casa."

Vegeta asintió y se puso varios pares de pantalones, cuatro camisetas y luego un rompeviento. Cuando terminó, parecía que había ganado veinte libras. Mientras volvía a empacar lo que quedaba de sus pertenencias, alzó la vista fuertemente e inclinó su cabeza a un lado.

Bulma lo miró de cerca. "¿Qué pasa?"

"Creo-" Se quedó en silencio de nuevo y esta vez ella lo escuchó; un gemido en un tono alto, casi más allá del rango de audición humano. Se arrojaron mutuamente una mirada cómica y luego comenzaron a apresurarse en el dañado refugio. Bulma consiguió la séptima, y última, esfera del dragón de la congelada chaqueta y la encapsuló con las demás. Ni siquiera podía disfrutar el momento de satisfacción que ellos hubieran logrado con éxito su meta. Vegeta fue a la puerta, la destrabó y la abrió, y ella corrió a su espalda cuando él se quedó congelado en el umbral.

"¿Vegeta?"

Él no respondió y ella tuvo que mirar sobre su hombro. "¡Oh Dios!" gritó en horror.

Toda la casa Hoi Poi estaba rodeada de un enjambre de palpitantes y retorcidos gusanos vacíos. Estaban rodeando lentamente el pequeño edificio, sus blancos y tubulares cuerpos arrastrándose sobre cada uno en un desfile de nunca acabar de carne ondulada. Extendían sus cabezas ciegamente al viento, haciendo sonidos de frustración. Mientras Bulma continuaba mirando, ellos comenzaron a registrar un cambio en el aire. Uno por uno, sus movimientos se volvieron lentos y comenzaron a inclinar sus cabezas hacia la puerta. Allí fue cuando ella vio los círculos que había en sus bocas. Y dientes. Muchos y muchos dientes afilados. "Tenemos que salir de aquí- ¡AHORA MISMO!" gritó directamente en el oído de Vegeta.

Él se alejó de ella y parpadeó por unos segundos. "Lejos... Correcto," murmuró. El vacío de su rostro repentinamente se volvió animado de nuevo y se transformó en una máscara de ira. "¡Asquerosas criaturas!" Gritó, liberando una explosión de ki que incineró a un gusano más pequeño que estaba arrastrándose hacia ellos rápidamente. La acción de inmediato atrajo al resto del enjambre y él envolvió un brazo alrededor de Bulma y salió por el techo mientras cientos de hambrientos gusanos atacaban.

Saltaron sobre el pequeño refugio, demoliéndolo de inmediato, y comenzaron a apretarse en una fuerte, asquerosa bola. Eventualmente, el círculo de cuerpos arrastrados comenzó a volverse ámbar, manchando la nieve alrededor.

"¿Qué están haciendo?" Bulma preguntó en confusión, mirando desde su segura elevación desde donde levitaron sobre el enjambre.

"Alimentándose frenéticamente," Vegeta remarcó, alejando la mirada deliberadamente y tratando desesperadamente de no vomitar frente a Bulma. Tuvo arcadas una vez y mantuvo su asco parcialmente bajo control por un acto de mera voluntad. "Se están comiendo mutuamente." Se obligó a bajar la vista y extender su mano, liberando un disparo de ki que rápidamente despachó al resto de los asquerosos parásitos. Cuando el humo se alejó rápidamente por el viento, todo lo que pudieron ver era un cráter con un par de cenizas a su alrededor.

Hubo otro grito que llamó su atención, y pudieron distinguir una masiva sombra en la distancia. Comenzando a temblar por algo más severo que sólo el frío, Bulma se dio cuenta que algo enorme estaba yendo hacia ellos. "¿Es su madre?" se atrevió a preguntar.

"No," dijo él, mirando la sombra que se acercaba con una expresión de repulsión y miedo. "Sólo uno que creció totalmente."

"¿Cuán grande se vuelven?"

"Su tamaño se limita a la cantidad que pueden comer. Tal vez cien pies de largo, tal vez incluso doscientos."

Sus brazos se apretaron a su alrededor con urgencia en pánico. "¡No podemos dejar vivir estas cosas, Vegeta!"

No respondió, mirando al cráter bajo ellos.

"Los hielos de la Antártida se han estado rompiendo por más de una década. Los científicos pensaron que eran agujeros por el calentamiento global o que era culpa de la capa de ozono, ¡pero son ellos! ¡Esos mugrosos gusanos están haciendo romper el hielo por masticar agujeros en él! Están llegando al nivel del océano. ¡Está afectando a todo el planeta!"

La estudió más de cerca. "Lo único que puedo hacer es volar esta región con un Final Flash. ¿No será peor eso?"

"Tiene que haber otra manera mejor que dejarlos esparcirse por todo el Continente."

"No los matará a todos."

"Pero los volverá más lentos, ¿no? Yamcha y el resto de los Guerreros Z pueden manejarlo después. ¡Para eso les paga el gobierno! ¡Para limpiar amenazas en la Tierra!"

Una pesada ceja se levantó por esa pequeña información. La idea de los guerreros desprendidos asociado con su primera derrota teniendo que soportar esta tierra fría y buscar y destruir a insaciables gusanos vacíos vino como algo de una extraña fuente de comodidad para el Saiyajin. Brevemente entretuvo la atractiva fantasía de un gusano agarrándose al pie del idiota ex amante de Bulma.

Sin ninguna buena razón que Bulma pudiera sondar, pensó que vio una sonrisa cruzar el rostro de su marido antes que la sumergiera. "¿...Vegeta?"

"Muy bien. Pensé en algo que podría ayudar, pero no te va a gustar."

Eso la puso en guardia de inmediato. "¿Por qué no?"

La miró con firmeza. "¿Confías en mí?"

Apenas un minuto después, Bulma estaba de pie temblando con nieve hasta las rodillas y echó miradas ansiosas a su alrededor árido. Esa sombra que se avecinaba en la distancia estaba acercándose con alarmante velocidad y ella estaba tratando de divisar más gritos viniendo de otras direcciones, añadiendo su voz al enorme monstruo. Los fuertes vientos y la nieve estaban limitando su campo de visión a no más que una distancia de diez metros.

"No puedo creer que esté soportando esto," murmuró entre dientes.

- Deja tus quejas y gemidos, no estás en peligro, Vegeta replicó de inmediato. En el cielo a una distancia lejana, apenas podía ver el punto brillante que era su marido juntando el ki necesario para un exitoso ataque.

"¿Es un hecho? ¡Estoy segura que estarías más que contento de intercambiar lugares conmigo si yo tuviera el poder!" No hubo respuesta a eso y ella cruzó sus brazos y bufó, "Por supuesto que no. Hipócrita."

El suelo bajo sus pies tembló y varios gusanos salieron de la nieve a su derecha. A tiempo, Bulma pensó con temor, a su alrededor. "¡Hey tú! Sí, te estoy hablando a ti, ¡horrible! ¡Por aquí! ¡Hey!" Saltó una y otra vez, moviendo sus brazos de atrás a adelante y gritando con todas sus fuerzas. Vegeta le había dicho que eran ciegos pero no creía que fueran sordos.

No pasó mucho hasta que sus acciones atrajeron la atención de los gusanos y se acercaron a ella, sus mandíbulas abriéndose ansiosas en anticipación de una simple comida. Uno se movió como una serpiente y saltó por ella. Bulma se abrazó cuando el gusano repentinamente rebotó de la barrera que Vegeta había formado a su alrededor. Golpeó al aire en furia y saltó hacia ella de nuevo, creando un destello de estática roja. Cuando volvió, su hocico gritaba desde la barrera y estaba babeando moco de color ocre espolvoreado con fragmentos de dientes rotos. Ese daño sólo atrajo a sus compañeros y varios gusanos más grandes se metieron y destrozaron al primer atacante en líneas ante los ojos de Bulma. Estaba impotente para hacer algo sino mirar mientras el enjambre se incitaba por el olor a sangre y comenzaba a morder cualquier cosa que se acercara a sus mandíbulas. En menos de un minuto quedó atrapada en un centro muerto en el medio de una frenética alimentación que acompasaba a miles de gusanos de varios tamaños. Los más pequeños eran rápidamente consumidos por los parásitos más grandes hasta que la barrera alrededor de Bulma estaba brillando por la sangre y fluidos por el asesinato.

Bulma estaba completamente asqueada ante la vista. "Vegeta..."

- Casi... llego, proyectó él.

El suelo bajo ella tembló y estuvo ese grito en tono alto de nuevo. Bulma tuvo que juntar sus manos sobre sus oídos antes que sus tímpanos se rompiera. Hubo una segunda entrada en la masacre justo el tiempo suficiente para que algo enorme cayera y subiera sobre cien de los gusanos haciéndolos desaparecer en una simple mordida. Bulma logró un sorprendido parpadeo antes de girar su cabeza y mirar hacia arriba, y arriba... Habían cuerpos ondulantes todo a su alrededor, pero a través de partes de la revuelta bola vio una sombra sobre ella, masticando con satisfacción. ¿Cien pies? Su cabeza realmente desaparecía en la baja cubierta mientras se levantaba con toda su altura. Si esa cosa no era más de quinientos, estaría sorprendida. "¡Vegeta!"

- Espera-

"¡VEGETA!" gritó mientras el inmenso gigante comenzaba a bajar de nuevo por otra comida. El resto de los gusanos parecían ajenos a la amenaza, la auto preservación claramente no estando en su limitada inteligencia, y continuaban su insaciable alimentación en cada uno de ellos. Perdió vista del monstruo hasta que hubo otro ruido penetrante y todos los gusanos lucharon sobre la barrera repentinamente desaparecida en una simple mordida. Esta vez, Bulma vio completamente al enorme gusano, mucho más claro de lo que le hubiera gustado. Sus dientes se movían de atrás hacia adelante apenas a diez pies de distancia de su conmocionada mirada, royendo a los pequeños gusanos en una pulpa ámbar. Gotas de baba caían de sus mandíbulas y aterrizaban en la barrera y sí, cuando se atrevió a mirar más cerca pudo verlos: Diminutos huevos y gusanos que se retorcían era lo que componían la saliva del gusano, inmediatamente sentenciando todo en una pequeña y agonizante muerte si no recibían tratamiento rápidamente. La idea de Vegeta teniendo que soportar esa tortura disolvía cualquiera de sus miedos y comenzó a gritar en ira: "¡Apestos, asquerosos bastardos! Voy a volver a casa y diseñar algo que les haga desear que estén de vuelta en el espacio-"

- Mujer-

"-¿Me escuchan, gusanos super desarrollados? ¡Sí tú! Espero que te ahogues, asqueroso pedazo de-"

"¡Bulma! Yo- yo-

" –¡un rápido final es demasiado bueno para mierdas como tú! Mereces sufrir por todo lo que le has hecho a la tierra-"

- ¡Maldita sea! Te-

"-Saldría yo misma y te patearía tu grasoso trasero si pudiera-"

- ¡BULMA! ¡ESTOY LISTO!

"¿Huh?" Se dio vuelta, parpadeando con fuerza como si saliendo de un hechizo. Cerniéndose sobre ella, incluso el enorme gusano parecía hipnotizado por la diatriba. Sacudía su enorme cabeza y de repente liberó otro chillido de furia y se lanzó hacia ella. La barrera se mantuvo, pero apenas, iluminando fuego rojo mientras los campos trataban de repeler al enfurecido atacante. Bulma esquivaba mientras un diente lograba romper a través de la barrera antes que se rompiera y se hiciera trizas. Frenéticamente pateó nieve sobre ella mientras trataba de conseguir la mayor distancia posible en lo que podía manejar en el pequeño espacio. "Está bien, creo que terminé de jugar a ser el cebo para estos monstruos, Vegeta. ¿Me escuchas? ¡Holaaa!"

No hubo respuesta pero pudo sentir el suelo comenzar a temblar y sus oídos saltaron mientras hubo un repentino cambio en la presión del aire. Los gusanos que todavía estaban enteros o parcialmente intactos pudieron detectar el cambio y finalmente cesaron en su imparable mordida, alzando sus ciegas cabezas al viento y tratando de buscar un sentido a lo que estaba mal. No podían ver que la zona se volvía más brillante, como si el sol hubiera decidido hacer una aparición, pero Bulma estaba muy consciente de lo que se estaba acercando; el Final Flash de Vegeta en toda su gloria. Había escuchado de él de Krillin, de todas las personas. Fue el disparo que casi destruyó a Cell Perfecto. Mirai Trunks había estado seguro que iba a destruir la Tierra en la ganga, pero Vegeta había mostrado un enorme control al desviar el disparo para que se alzara al océano y fuera hacia el espacio.

Estaba esperando por ese control ahora.

La luz se estaba volviendo incómodamente brillante y los gusanos estaban comenzando a entender que algo estaba muy mal. Comenzaron a alejarse, empezando a sentir el calor, que era fatal para ellos. Bulma se tapó sus ojos por la esfera que se acercaba rápidamente con su poderosa energía, capaz de ver la luz incluso desde sus párpados cerrados. Ni siquiera tuvo el tiempo para preguntarse si iba a sufrir el mismo destino que los gusanos cuando Vegeta repentinamente apareció junto a ella, jadeando y sin aliento. Cuando apareció de nuevo, la llevó con él y apenas dos segundos después, el Final Flash obliteró la zona, azotando al gigante enjambre, incluyendo al enorme adulto, instantáneamente en cenizas. Derritió el hielo de inmediato al nivel del océano en una fisura en expansión que, en lo más ancho, tenía más de ochocientos metros. Las nubes alrededor se evaporaron mientras el disparo salía y, como su predecesor, golpeó el agua y se inclinó hacia la estratosfera, desapareciendo sin hacer daño en el espacio.

"Wow," Bulma logró susurrar desde su punto de vista sobre una roca a un kilómetro de distancia. "¡Eso supera a cualquier fuego artificial que hubiera visto en mi vida!"

"Estoy... contento que... te entretuve," Vegeta jadeó a su lado.

"¿Vas a estar bien?"

"Sólo... me tomó mucho, eso es todo."

La luz del Final Flash estaba desapareciendo y sacando su visión del daño. Desde lo que podía ver su plan había funcionado. Ella había sido una atracción para que los gusanos se congregaran en una zona para que finalmente él pudiera matar tantos como fuera posible con un simple disparo. "¿Cuánto porcentaje de gusanos conseguimos, crees?"

Limpió su ceja con una mano temblorosa y se puso de pie. Sus rodillas amenazaron con doblarse pero se mantuvo erguido por mera fuerza de voluntad. "El cincuenta por ciento. Tal vez sesenta."

Lo miró en consternación. "¿Eso es todo? ¡Debían haber miles en ese enjambre!"

"Sólo es una suposición. No sé cuanto tiempo han estado establecidos aquí. Tus amigos perdedores pueden atrapar al resto. Nos vamos."

Lo miró con ojo crítico. "¿Estás seguro que tienes la fuerza para volar. Te ves bastante cansado."

"Estoy seguro," admitió. Por un momento, la examinó mientras consideraba sus pensamientos anteriores en el refugio. Había estado cerca de la muerte dos veces hoy y ambas él la había salvado sin pensar en su propia seguridad. Su tiempo con esta mujer lo estaba cambiando. No sabía cómo era incluso posible pero no podía negar su efecto. No era la misma persona que había tratado de destruir la Tierra. Hoy, realmente la había defendido. Era una sorprendente revelación.

"¿Vegeta?" Bulma examinó su rostro tanto como pudo en la pobre luz. La estaba mirando tan extraño... "¿Estás seguro de que estás bien?"

Sacudió su cabeza y guardó sus pensamientos para otra vez. Tomándola en sus brazos, le aseguró, "Estaré bien. Sólo quiero alejarme lo más posible de ese congelado agujero del infierno como pueda," dijo y despegó en el aire.


Capítulo 10: ¿Qué es una luna de miel sin una diversión tropical? Un paraíso espera...