-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
-¡Cálmate muchacho, tiene que haber una explicación lógica para todo ésto!
-¡EXPLICACIÓN LÓGICA!...¡ÉSTO NO TIENE UNA EXPLICACIÓN, SOY PRÁCTICAMENTE CINCUENTA AÑOS MÁS VIEJO!- exclamó Timothy al borde de la histeria. Aquello no podía estar pasando, simplemente NO PODÍA suceder. Eso era una ofensa a las leyes de la ciencia. Nadie intercambiaba de cuerpos con otra persona de un día para otro, a no ser qué...
-E...espera, ya sé, sí, todo tiene sentido ahora. Ésto es una pesadilla, simplemente volveré a mi cama y cuando despierte...- comenzó a razonar el troll al tiempo que hacía un esfuerzo por meterse entre las sábanas de su alcoba.
Ramón no había perdido mucho tiempo. Tan pronto como fué capaz de ordenar sus ideas, corrió a sacar a su nieto de la cama para llevarlo al cuarto del chico para hablar de la situación "tranquilamente" pero tal y como se lo había temido, a su nieto le dió un ataque de pánico en el acto.
-No va a funcionar niño, yo ya lo intenté más de cinco veces- Ramón puso los ojos en blanco mientras se cruzaba de brazos. A él también le había dado un ataque cuando se vió al espejo por primera vez pero, tras correr por todo el cuarto en círculos como un completo loco, golpearse la cabeza con distintos objetos para "despertarse", jalarse de los pelos y volver a observarse en el espejo del baño unas cien veces más, había terminado por convencerse de la realidad en la que se encontraba.
Comparado con eso, la reacción de Tim no había sido tan escandalosa como su abuelo temía.
El chico en el cuerpo del anciano respiró hondo al comprobar que aquello no era un sueño y lentamente, se dirigió al baño para reflejarse al igual que su abuelo. Aquel ejercicio resultó ser bastante extraño. Era él quien controlaba todos los movimientos de ese viejo cuerpo frente a la superficie de cristal pero, de alguna forma era como si estuviese viendo una pintura de Ramón que cobraba vida, en lugar de a él mismo. Simplemente no se sentía como algo natural.
-Esto...es...lo... más... raro que me ha pasado en toda mi existencia. ¡Ja!, ¡cómo si mi vida no fuera lo suficientemente difícil! Dios, ¿qué es esto? alguien allá arriba me odia- se lamentó Tim, sin dejar de reestirarse la cara para verse las arrugas que tenía impresas en ella.
-Oh, vamos, mi cuerpo está en perfecto estado para la edad que tengo, no seas exagerado- lo riñó su abuelo. Pero no pudo seguir alegando nada, pues en ese momento la puerta rechinó un poco para abrirse de par en par y dar paso a la figura de Poppy, quien curiosa y espantada, los observaba desde el umbral.
-¿Qué está pasando?, ¿por qué están gritando tanto?.
-Aaaah
-Eeeeh
Ramón y Timothy intercambiaron miradas aterrados y sin saber qué responder.
-Es que...ví...una eh, una araña y ahm, me dió miedo- dijo Ramón- así que le pedí al abuelo que la matara, ¿verdad "ABUELO"?- el troll le dió un codazo a su nieto para que captara el mensaje.
-¿Eh?...ah, estem sí, yo eh...- Timothy no sabía muy bien cómo entrar en el papel de su abuelo, y tras detenerse a pensarlo por un par de minutos, optó por propinarle un buen zape- ¡deberías dejar de ser tan cobarde muchacho!- lo sermoneó con el ceño fruncido.
-¡Ao!, ¡oye eso duele!- se quejó Ramón.
-Lo siento- se disculpó Tim temeroso.
Poppy alzó una ceja extrañada por el comportamiento de esos dos.
-¿Se sienten bien?- preguntó con desconfianza.
-En realidad no- abuelo y nieto respondieron al unísono.
Ese día era viernes, un viernes soleado y lleno de color, con un cielo azul intenso y un paisaje que te invitaba a sonreír y a relajarte. Por desgracia, la situación en la cual nuestros queridos personajes se habían visto envueltos impedía que cualquiera de éstos fenómenos, por muy bonitos que estuvieran, les alegrasen el día.
Tim tenía que ir a la escuela de una forma u otra. Su clase de música empezaba a la una de la tarde y aquel sería el último ensayo que tendría con la banda antes del concierto de esa noche y no había excusa en el mundo que le hiciera faltar. Ni siquiera el haber intercambiado de cuerpo con su abuelo.
Ramón, por otra parte, no tenía muchas cosas que hacer ese día, se había citado con Arroyín y el resto para jugar al golf en la base del árbol por la mañana pero nada de importancia. Sin embargo, Timothy no tenía muchas ganas de ir a jugar al golf en medio de ese problema y Ramón tampoco quería ir a la escuela bajo la apariencia de otra persona.
Así que lo único que se les pudo ocurrir en ese momento fué caminar juntos con cierta desgana hacia la escuela del chico. Ambos teniendo la esperanza de encontrar una buena solución en el camino.
-¿Tan importante es ese concierto?- preguntó Ramón arqueando una ceja, esperando muy dentro de sí que Tim negara con la cabeza, pese a que aquella fuese la sexta vez que formulaba la pregunta.
-Es mi vida entera, ¡la única oportunidad de hacer que Lila sepa que existo!- respondió su nieto tomando a Ramón por los hombros con la misma desesperación con la cual soltaba sus palabras- no pienso arruinarlo.
Ramón observó a su nieto sorprendido y acto seguido esbozó una media sonrisa- ¡Vaya!, ¡vaya!, eso quiere decir que sí intentabas hacer algo al respecto, ¿quién lo hubiera dicho?
Tim sonrió un tanto apenado, era la chica que le gustaba, por supuesto que había planeado hacer un movimiento, el problema estaba en que no tenía asegurado el éxito del mismo, por lo que tampoco era algo por lo cual él pudiera alardear.
-Muy bien muchacho, si las cosas son así, entonces iré a tomar tus aburridas clases con gusto, mira que ya iba siendo tiempo de que te infundieras algo de valor- repuso su abuelo con marcado optimismo.
Timothy quiso explicarle que aún así, las cosas debían desarrollarse con cuidado, pues en verdad no quería que su abuelo terminara por asustar a Lila con su actitud o algo parecido, pero en ese momento, Cooper se presentó en la escena de improvisto, instándole a Tim a acompañarlo al golf.
-E...es que no es un buen momento, tengo que acompañar a mi abue...di...digo a mi nieto a la escuela- se defendió el "chico" sin saber muy bien cómo zafarse del asunto en cuestión.
-¡Y no vas a cobrar el dinero que te debía Arroyín por tirar la pelota a 300 yardas!- se escandalizó Cooper- ah no, no me importa qué tan buenos amigos sean, vas a cobrar el dinero. Apuestas son apuestas- lo sermoneó al tiempo que lo empujaba por la espalda con una de sus cuatro patas- además tú siempre dices que el chico tiene que aprender a hacer las cosas por sí mismo, ¿verdad Tim?
-¿Eh?...ah, eh, si, es cierto, pero hoy necesitaba que el chico...di...digo que mi "abuelo" me acompañara porque es la junta de padres del instituto y...
-Serán sólo un par de horas, y las juntas siempre son hasta las tres de la tarde, nos sobra el tiempo- insistió Cooper.
-Sí, pero...
-¡Llegará a tiempo, yo voy a encargarme de cuidarlo!- Cooper se despidió antes de que a Ramón pudiera ocurrírsele cualquier otra buen escusa. Tan sólo fué capaz de ver cómo el pobre de Tim lo miraba impotente mientras Cooper lo obligaba a seguir su camino.
El troll suspiró pesadumbrado, pero se dijo que esa era su oportunidad para sacar la vida de su nieto adelante, no podía ser tan malo después de todo. Y con esa resolución grabada en la mente, se encaminó hacia la escuela y entonces, por primera vez en toda la mañana, se dejó inundar por las bellezas que el aire de la primavera le ofrecía a torrentes. De alguna forma, todo lo que le rodeaba parecía ser mucho más tangible, mucho más vivo y mucho más alegre que nunca.
Ramón tomó una gran bocanada de aire y con gran satisfacción, notó como el aire le llenaba los pulmones con sobrada facilidad y cómo al mismo tiempo, éste salía de su nariz con fuerza y acto seguido, sin detenerse a pensárselo dos veces, comenzó a correr con toda la fuerza que las piernas de Timothy le permitían, luego comenzó a dar volteretas una, dos, tres veces hasta que terminó por cansarse y tumbarse en el suelo con el sudor recorriéndole el rostro. No tardó mucho en soltar una enorme carcajada en cuanto aquello hubo suedido. Era más que increíble, volver a tener tanta fuerza, ¡el cuerpo de su nieto estaba completamente en forma!, a pesar de que su complexión engañara a muchos a simple vista.
Posteriormente, la hora de llegar a la escuela se presentó y Ramón observó las butacas del salón de su nieto con cierta preocupación. No había entrado a un salón de clases desde hacía años y no estaba muy seguro de cómo era que debía comportarse en medio de esa sociedad extraña llena de jóvenes con aparatos electrónicos y los pelos de punta.
-¡Buenos días Tim!- RJ interrumpió los pensamientos de Ramón de forma abrupta al tiempo que le daba una buena palmada en la espalda.
-Eh?...ah, buenos días Rogaciano- lo saludó el otro con indiferencia. Pero antes de que pudiera preguntarle cúal era el asiento que debía ocupar entre la fila de mesas, RJ le tapó la boca en el acto con la preocupación asaltando sus pupilas.
-¡Shhhhhhh!, ¿pero qué rayos te sucede hermano?, ya sabes que odio que me llamen por mi nombre...es...¿estás haciendo ésto por la broma del otro día?, ya te dije que eso no era pipí- continuó entremezclando las palabras apresuradamente.
-¿Qué?, no, sólo se me ocurrió que quería llamarte por tu nombre, eso es to...
-¡Chicos, buenos días!- Rindol se apresuró a entrar a escena para darles un enorme y muy fuerte abrazo a sus dos amigos.
-Ri...Rindol... no...puedo...res...pirar- soltó el troll con la cara morada por la falta de aire.
-Oh, lo siento- se disculpó el enorme troll de color rojo al tiempo que los soltaba.
RJ inhaló aire una y otra vez con cierto dramatismo- ¡Dios, apenas son las ocho hombre!, ten la decencia de intentar dejarnos vivos al menos hasta el medio día- lo reprendió.
-Otra vez lo siento- Rindol agachó la cabeza compungido.
Ramón soltó un suspiro, él no era una persona sensible, pero tampoco tenía un corazón de piedra, después de todo, llevaba más de cincuenta años conviviendo con la troll más melosa y alegre de todo el árbol. Los años lo habían ablandado un poco.
-Está bien, no pasó nada, sólo siéntate- lo instó en tono conciliador.
Rindol se volteó con la mirada iluminándosele al momento- ¡Waaaaaa Tim, eres una buena persona!- exclamó abrazando a su víctima...ahem, es decir a su amigo nuevamente.
-Rin...dol...suel...ta...- clamó Ramón sintiendo cómo sus pulmones comenzaban a arderle por la falta de aire.
-Estás ahogándolo otra vez- Edrik llegó al rescate, justo cuando Ramón estaba a punto de perder el conocimiento.
Rindol lo soltó por segunda ocasión con la palabra discúlpame grabada en su semblante.
Ramón tomó grandes bocanadas de aire una y otra vez, antes de poder articular la palabra "gracias" hacia Edrik. Y no pudo evitar preguntarse tiempo después, cómo era que con ese gigante de amigo, Timothy seguía teniendo problemas en la escuela, pero la respuesta llegó algún tiempo más tarde, con la forma de un odioso troll de color morado, quien sin ningún decoro se presentó a la segunda clase del día, exigiéndole a Rindol su tarea de matemáticas.
El pobre chico comenzó a temblar del miedo mientras sacaba dos hojas tapizadas de cálculos diferenciales de su mochila y se las entregaba a Arroyín con la voz trabándosele por la angustia. Las apariencias engañaban totalmente, aquel niño era completamente manipulable, pese a que tenía un promedio de 9.5 en esa y muchas otras materias.
Ramón lo observó con cierta lástima, al igual que Timothy, él no sabía explotar sus habilidades de forma adecuada.
-¡Oye enano!, deja de pensar en la inmortalidad del cangrejo ¿quieres?- Arroyín se dirigió hacia Ramón con un tono demasiado amistoso, pese a las palabras que salían de su boca, y con una falsa actitud de cordialidad- dame mi tarea de historia campeón.
El troll alzó una ceja disgustado. ¿Qué eso iba en serio?, ¿Timothy le hacía la tarea a ese patán?.
-Perdona ¿qué?- respondió con sobrada incredulidad.
Arroyín lanzó una risotada muy poco amigable- ¿Qué estás sordo?, dije que me dieras mi tarea de historia zoquete.
-Ah, hablas de...- Ramón comenzó a rebuscar entre las cosas de su nieto hasta que encontró un ensayo acerca de la segunda guerra mundial en una carpeta de color azul- ¿ésta tarea?- dijo agitando el folder en alto como si no supiese de qué se tratara la cosa- ¿es la segunda evaluación del año no?
-¿Tú crees?- ironizó Arroyín con una sonrisa gélida.
Rindol y RJ se arrinconaron en sus respectivos lugares con el miedo recorriendo sus espinas dorsales.
-Se, creo que sí, déjame asegurarme- continuó el otro ojeando el ensayo- ¡vaya!, es un trabajo increíble, de seguro obtienes un sobresaliente- agregó con fingido asombro- pero ¿qué crees?, no pienso seguir comportándome como un idiota frente a tí- dijo al tiempo que rompía el ensayo en dos y lo lanzaba por la ventana sin mayores miramientos.
Toda la clase se giró hacia Ramón, o en este caso Timothy con marcado asombro y en menos de medio segundo, un silencio sepulcral invadió la sala. Nadie en toda la escuela se atrevía a desafiar a Arroyín, NADIE, y el enano más enclenque de toda la clase acababa de encararlo con sobrada simpleza de un segundo para el otro.
-¡Tú!- bramó Arroyín con el odio refulgiendo en sus ojos y en un arrebato de ira, tomó a Ramón por el cuello de su camisa, levantándolo a unos diez centímetros del suelo- acabas de firmar tu sentencia de muerte, ¿lo sabías?
-Y al parecer usted también Arroyín, ¿quiere hacerme el favor de bajar a su compañero en éste momento?- lo interrumpió el profesor, quien justamente en ese momento, acababa de entrar a la clase.
Todos se dirigían a él como "señor Ferguson". Era un troll de mediana estatura, de piel anaranjada y cabellera verde. Llevaba siempre una camisa a cuadros de color azul con un pantalón marrón y un par de lentes a juego. Su estilo era el de un hombre común y ordinario a decir verdad.
Arroyín se giró con pesadez hacia el señor Ferguson y lentamente, dejó escapar a Timothy de sus garras. Ramón tan sólo se limitó a esbozar una sonrisa burlona.
El profesor se acomodó sus gafas con un ademán de aburrimiento- Hágame el favor de pasar a la oficina del director, ya conoce el camino.
Arroyín cumplió con las órdenes a regañadientes, no obstante, no perdió la oportunidad de susurrarle a Ramón en el oído- Ni creas que te has librado de mí tan fácilmente pulga, aún nos queda por ver quién será el mejor en el ensayo general de la escuela"- antes de marcharse.
El aludido tan sólo se limitó a seguir sonriendole con marcada ironía. Aún tenía algunos trucos bajo la manga y eso incluía el uso de su voz como arma secreta.
Timothy por otra parte, no se la estaba pasando muy bien que digamos. Aparentar ser otra persona, en especial, aparentar comportarse como su abuelo era algo verdaderamente complicado. El anciano tenía un carácter demasiado distinto al suyo y los abuelos le hacían tantas preguntas...
-Oye Ramón, ¿recuerdas aquel día en el que bailé una pieza con Martha?- le preguntó Cooper.
-Ahhhhhhh...la...la verdad no- respondió Tim con nerviosismo.
-¿Que no lo recuerdas?, pero si se la pasa hablando de ese día una y otra vez- arguyó Diamantino con extrañeza.
-Eh sí pero es que ya no tengo tan buena memoria como antes, ya saben que los viejos somos de cabeza dura- se defendió Tim con una sonrisa forzada.
-Ja!, escucharon eso, éste hombre finalmente admite que ya está viejo- repuso Cooper al tiempo que le daba un par de palmaditas en la espalda de forma amigable- bueno, en fin, a lo que iba, el caso es que Martha está enojada conmigo porque yo no recuerdo de que color era el vestido que llevaba encima, y yo siempre le digo que ya pasaron cuarenta años de aquella fecha pero ya saben cómo es y en verdad necesito que alguien me refresque la memoria.
-¿Qué no fué el de lunares rojos?- se aventuró a opinar Grandulón con una mano apoyada en su barbilla.
-No, ya le pregunté yo por ese y dice que no es- respondió Cooper.
-¿Y el de rayas azules?- continuó Diamantino.
-Tampoco.
-¿El rojo?- continuó Tim, sólo por querer responder algo.
-Ella odiaba el rojo en ese entonces- objetó el troll de cuatro patas- ¿Tú te acuerdas Arroyín?
-Ya sabes que esa noche yo estaba en otro lado- dijo el aludido- a lo mejor llevaba el negro- opinó agitando una mano en el aire para restarle importancia al asunto.
Cooper permaneció un momento pensativo y después sonrió triunfal- ¡sí, tienes razón, llevaba el negro!, ojalá no se me olvide de aquí hasta llegar a la casa.
-Reza por que no suceda- observó Diamantino- a Martha no va a gustarle que se te vuelva a olvidar.
Justo a media conversación aparecieron Doodle y Rudy. El primero, fué en su época, el troll más bailarín y fiestero de todo el árbol. Tenía la piel amarilla, la nariz roja y el cabello de un color acuoso similar al verde, llevaba a Rudy, una leyenda en los deportes extremos, en silla de ruedas. Resultaba un tanto irónico ver al campeón invicto de lucha libre en esa clase de estado, pero como muchos sabían, ser un gran deportista siempre conllevaba sus riesgos.
Rudy tenía la cabellera del color de la paja y la piel de un tenue tono naranja, su nariz era morada y sus enormes brazos eran aún un recuerdo de la gran leyenda que alguna vez representó.
-¡Oh, miren quien está aquí, es Rudy!- exclamó Grandulón emocionado.
-Vamos Ramón, ve a saludarlo- lo instó Cooper, pero Tim no tenía intenciones de responder a más entrevistas y estaba más que preparado para negarse. No obstante, el amigo de su abuelo tenía que darle un empujón para hacerlo plantarse justo frente a la silla de ruedas del anciano. Vaya suerte la suya.
-Eh...hola Rudy, soy Ramón, ¿te acuerdas de mí?- lo saludó Timothy con pesar.
El anciano alzó su temblorosa vista en su dirección y esbozando una sonrisa de reconocimiento, exclamó- ¡Oh, Ramón, es un placer, no te veía desde que estabas así!- dijo midiendo medio metro de forma imaginaria con ambas manos.
Timothy sonrió con incomodidad al tiempo que le preguntaba a Cooper- ¿Que no se supone que estábamos en la misma generación?- ¿o sería que su abuelo ya no recordaba bien las fechas?
-No Rudy, tu no habías nacido cuando Ramón tenía ese tamaño, eres un año más joven- respondió Doodle, quien en ese momento se llevaba un cigarro a la boca entre estrepitosos estornudos.
-O...oye, ¿qué no deberías parar de fumar con esa tos?- lo interrumpió Timothy- no es bueno que fumes tanto en esas condiciones.
-Pareces una cafetera andante- observó Arroyín.
Doodle estornudó unas treinta veces más antes de poder responder- No, a mi no me afecta, es más, acompáñenme, voy a llevarlos con Buttlecup, él sí que es un fumador de verdad- los instó al tiempo que el grupo lo seguía. Tim, por otro lado, no tenía intenciones de ver a más personas con más preguntas qué responder, así que consiguió tomar esa oportunidad para escabullirse del complejo de ancianos.
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Vaya, pero cuánto tiempo de no vernos jajajaja, ya los extrañaba!
En fin, tal y como lo prometí, he aquí un nuevo capítulo. Tan sólo espero poder tener el tiempo suficiente para terminar con esta historia en esta semanita, porque de lo contrario tendrán que esperar hasta vacaciones de verano.
Les juro que ahora me la vivo en la escuela, así que no tengo de otra hehe
Pero en fin, espero que hayan disfrutado del capítulo
¡Bye!, ¡bye!
