Esta historia es una adaptacion del libro Ugly Love de Collen Hoover

Asi que la historia ni los personajes me pertenecen

La historia no la escribo yo


Capitulo 9

—Enfermera —grita Neji. Entra a la cocina y Sasuke está siguiéndolo. Neji se hace a un lado y apunta hacia Neji. Su mano está cubierta de sangre. Está goteando. Sasuke me mira como si yo tuviera que saber qué hacer. Esto no es una sala de emergencias. Esta es la cocina de mi mamá.

—¿Un poco de ayuda? —dice Sasuke, agarrando su muñeca con fuerza. Su sangre está goteando por todo el piso.

—¡Mamá! —grito—. ¿Dónde está tu botiquín de primeros auxilios? — Estoy abriendo gabinetes, tratando de encontrarlo.

—¡En el cuarto de baño de la planta baja! ¡Debajo del fregadero! — grita.

Señalo hacia el baño y Sasuke me sigue. Abro el gabinete y saco el kit.

Cerrando la tapa del inodoro, le ordeno a Sasuke que tome asiento, luego me siento en el borde de la bañera y jalo su mano hacia mí. —¿Qué hiciste? —

Empiezo a limpiarlo e inspeccionar el corte. Es profundo, justo a través del centro de la palma.

—Agarré la escalera. Se estaba cayendo.

Niego con la cabeza. —Deberías haberla dejado caer.

—No pude —dice—. Neji se encontraba en ella.

Levanto la vista hacia él y me mira con esos ojos azules intensos.

Miro su mano de nuevo. —Necesitas puntos.

—¿Estás segura?

—Sí —le digo—. Puedo llevarte a la sala de emergencias.

—¿No puedes coserla aquí?

Niego con la cabeza. —No tengo los suministros adecuados. Necesito puntos. Es bastante profunda.

Usa la otra mano para hurgar en el botiquín de primeros auxilios.

Saca un carrete de hilo y me lo da. —Haz tu mejor esfuerzo.

—No es como coser un maldito botón, Sasuke.

—No voy a pasar todo el día en una sala de emergencia por una cortada. Haz lo que puedas. Estaré bien.

No quiero que pase el día en la sala de emergencias. Eso significa que no estaría aquí. —Si tu mano se infecta y te mueres, voy a negar cualquier participación mía en esto.

—Si mi mano se infecta y muero, estaría demasiado muerto para

culparte.

—Buen punto —le digo. Limpio la herida de nuevo, luego tomo los suministros que necesitaré y los pongo sobre el mostrador. No puedo conseguir un buen ángulo con la forma en que estamos posicionados, así que me pongo de pie y apoyo la pierna en el borde de la bañera, poniendo su mano sobre ella.

Pongo su mano sobre mi pierna.

Oh, diablos.

Esto no va a funcionar con su brazo colocado sobre mi pierna así. Si quiero que mis manos mantengan la calma y no tiemblen, voy a tener que reposicionarnos.

—Esto no funcionará —le digo, volviéndome hacia él. Tomo su mano y la apoyo sobre el mostrador, y luego me paro directamente delante de él.

La otra forma funcionaba mejor, pero no puedo tenerlo tocando mi pierna mientras hago esto.

—Te va a doler —advierto.

Se ríe como si conociera el dolor y. para él, esto no fuera dolor.

Perforo su piel con la aguja y ni siquiera se estremece.

No hace ni un sonido.

Me mira trabajar tranquilamente. De vez en cuando, levanta la vista de la mano y mira mi cara. No hablamos, como siempre.

Trato de ignorarlo. Trato de concentrarme en su mano, en su herida y cuán desesperadamente necesita ser cerrada, pero nuestros rostros están tan cerca y puedo sentir su aliento en mi mejilla cada vez que exhala. Y comienza a exhalar mucho.

—Tendrás una cicatriz —le digo en un susurro silencioso.

Me pregunto a dónde fue el resto de mi voz.

Empujo la aguja por cuarta vez. Sé que duele, pero él no permite que se note. Cada vez que esto perfora su piel, tengo que detenerme de hacer una mueca de dolor por él.

Debería concentrarme en su herida, pero lo único que puedo sentir es el hecho de que nuestras rodillas se están tocando. La mano que no estoy cosiendo está apoyada en la parte superior de su rodilla. Una de las puntas de sus dedos está rozando mi rodilla.

No tengo idea de lo mucho que puede estar pasando en este momento, pero en todo lo que me puedo concentrar es en la punta de ese dedo. Se siente tan caliente contra mis vaqueros como un hierro de marcar. Aquí está él, con una herida grave, empapando de sangre la toalla bajo su mano, mi aguja perforando su piel, y lo único en lo que puedo concentrarme es en ese pequeño contacto entre mi rodilla y su dedo.

Me hace preguntarme cómo se sentiría ese roce si no hubiera una capa de tela entre nosotros.

Nuestros ojos se encuentran durante dos segundos y luego, rápidamente, vuelve la mirada a su mano. Aunque no la mira del todo ahora. Me observa y hago mi mejor esfuerzo para ignorar la forma en que respira. No puedo decir si su respiración se ha acelerado por lo cerca que estamos o porque lo estoy lastimando.

Dos de las puntas de sus dedos están tocando mi rodilla.

Tres.

Inhalo de nuevo y trato de concentrarme en terminar sus puntadas.

No puedo.

Es deliberado. Este contacto no es un roce accidental. Me está tocando porque quiere tocarme. Sus dedos se arrastran alrededor de mi rodilla y su mano se desliza hacia la parte posterior de mi pierna. Pone su frente contra mi hombro con un suspiro, y me aprieta la pierna con la mano.

No tengo ni idea de cómo todavía estoy de pie.

—Hinata —susurra. Dice mi nombre dolorosamente, así que hago una pausa en lo que estoy haciendo y espero que me diga que le duele. Espero que me pida que le dé un minuto. Es por eso que me toca, ¿no es así? ¿Porque lo estoy lastimando?

No habla de nuevo, así que termino la última puntada y amarro el hilo.

—Se acabó —le digo, recolocando los artículos en el mostrador. No me libera, por lo que no me alejo de él.

Su mano lentamente comienza a deslizarse hacia arriba por la parte posterior de mi pierna, hacia mi muslo, alrededor de mi cadera y hasta mi cintura.

Respira, Hinata.

Sus dedos agarran mi cintura y me tira más cerca, aún con la cabeza presionada contra mí. Mis manos encuentran sus hombros, porque tengo que aferrarme a algo para no perder el equilibrio. Cada músculo de mi cuerpo de alguna manera se olvidó de cómo hacer su trabajo.

Todavía estoy de pie y él sigue sentado, pero estoy posicionada entre sus piernas ahora que me puso tan cerca. Poco a poco comienza a levantar su rostro de mi hombro y tengo que cerrar los ojos, porque me pone tan nerviosa que no puedo mirarlo.

Siento que levanta su rostro para mirarme, pero mis ojos siguen cerrados. Los aprieto un poco más. No sé por qué. No sé nada en este momento. Sólo sé de Sasuke.

Y en este momento, creo que Sasuke quiere besarme.

Y en este momento, estoy malditamente segura de que quiero besar a Sasuke.

Su mano se arrastra lentamente por mi espalda hasta que está tocándome la nuca. Siento que ha dejado marcas en cada parte de mí que ha tocado. Sus dedos están en la base de mi cuello y su boca se encuentra a menos de un centímetro de mi mandíbula. Tan cerca que no puedo distinguir si son sus labios o su respiración lo que está abanicando mi piel.

Siento como si estuviera a punto de morir, y no hay absolutamente nada en ese botiquín de primeros auxilios que pueda salvarme.

Aprieta su agarre en mi cuello... y luego me mata. O me besa. No puedo decir cuál, puesto que estoy bastante segura de que se sentirían igual. Sus labios contra los míos se sienten como todo.

Como vivir, morir y renacer, todo al mismo tiempo.

Buen Dios. Me está besando.

Su lengua ya está en mi boca, acariciando suavemente la mía y ni siquiera recuerdo cómo sucedió. Sin embargo, estoy de acuerdo con esto. Estoy de acuerdo con esto.

Comienza a ponerse de pie, pero su boca se mantiene en la mía. Me guía unos pocos metros hasta la pared detrás de mí, reemplazando la mano que se encontraba en mi nuca. Ahora está tocando mi cintura.

Oh, Dios mío, su boca es tan posesiva.

Sus dedos están extendidos de nuevo, clavándose en mi cadera.

Santo infierno, acaba de gemir.

Su mano se mueve de mi cintura y se desliza hasta mi pierna.

Mátenme ahora. Sólo mátenme ahora.

Levanta mi pierna, la envuelve alrededor de él y luego se presiona contra mí tan maravillosamente que gimo en su boca. El beso llega a un abrupto fin.

¿Por qué está alejándose? No te detengas, Sasuke.

Deja caer la pierna y su palma golpea la pared al lado de mi cabeza como si necesitara el apoyo para seguir en pie.

No, no, no. Sigue adelante. Pon tu boca en la mía de nuevo.

Trato de mirarlo a los ojos otra vez, pero están cerrados.

Están lamentando esto.

No los abra, Sasuke. No quiero ver que te arrepientes de esto.

Presiona la frente contra la pared al lado de mi cabeza, todavía inclinado contra mí, mientras permanecemos en silencio, tratando de devolver el aire a nuestros pulmones. Después de varias respiraciones profundas, se aleja de la pared, se da la vuelta y camina hacia el mostrador. Por suerte, no vi sus ojos antes de que los abriera y ahora se encuentra de espaldas a mí, así que no puedo ver el arrepentimiento que obviamente siente. Toma un par de tijeras médicas y recorta un rollo de gasa.

Estoy pegada a la pared. Creo que me quedaré aquí para siempre. Ahora soy un papel tapiz. Eso es todo. Eso es todo lo que soy.

—No debería haber hecho eso —dice. Su voz es firme. Dura. Como metal. Como una espada.

—No me importa —le digo. Mi voz no es firme. Es como líquido. Se evapora.

Envuelve la mano herida, y luego se gira y me enfrenta.

Sus ojos son firmes al igual que su voz. También son duros, como el metal. Como espadas, cortando las cuerdas que sostenían la poca esperanza que tenía para él y para mí en ese beso.

—No me dejes hacer eso otra vez —dice.

Quiero que vuelva a hacerlo más de lo que quiero la cena de Acción de Gracias, pero no lo digo. No puedo hablar, porque su arrepentimiento está atrapado en mi garganta.

Abre la puerta del baño y se va.

Todavía estoy pegada a la pared.

¿Qué. Diablos?

Ya no estoy pegada a la pared del baño.

Ahora estoy pegada a mi silla, convenientemente sentada en la mesa junto a Sasuke.

Sasuke, a quien no le he hablado desde que se refirió a sí mismo, a nosotros, o a nuestro beso, como "eso".

No me dejes hacer "eso" otra vez.

No podía detenerlo si quería hacerlo. Quiero "eso" tanto que no puedo ni comer, y él probablemente no sabe lo mucho que me gusta la cena de Acción de Gracias. Lo que significa que realmente quiero mucho "eso", y "eso" no se refiere al plato de comida delante de mí. "Eso" es Sasuke.

Nosotros. Yo besando a Sasuke. Miles besándome.

De repente estoy muy sedienta. Agarro mi vaso y tomo la mitad del agua en tres grandes tragos.

—¿Tienes novia, Sasuke? —pregunta mi madre.

Sí, mamá. Sigue haciéndole preguntas como esa, ya que estoy demasiado asustada para hacerlas yo misma.

Sasuke se aclara la garganta. —No, señora —dice.

Neji se ríe por lo bajo, lo que suscita una nube de decepción en mi pecho. Al parecer, Sasuke tiene el mismo punto de vista sobre las relaciones que Neji, y Neji encuentra divertido que mi madre asuma que él es capaz de comprometerse.

De repente, encuentro el beso que compartimos mucho menos impactante.

—Bueno, ¿no eres un buen partido, entonces? —dice ella—. Piloto de aerolínea, soltero, guapo, educado.

Sasuke no responde. Sonríe débilmente y empuja un bocado de papas en su boca. No quiere hablar de sí mismo.

Eso es muy malo.

—Sasuke no ha tenido una novia en mucho tiempo, mamá —dice Neji, confirmando mi sospecha—. Sin embargo eso no quiere decir que sea soltero.

Mi mamá inclina la cabeza, confundida. Yo también. Lo mismo ocurre con Sasuke.

—¿Qué quieres decir? —pregunta. Sin embargo, sus ojos se amplían de inmediato—. ¡Oh! Lo siento mucho. Eso es lo que me pasa por ser entrometida —dice la última parte de la frase como si acabara de llegar a una conclusión a la que todavía no he llegado.

Está disculpándose con Sasuke. Está avergonzada.

Todavía confundida.

—¿Me estoy perdiendo algo? —pregunta mi papá.

Mi madre apunta su tenedor a Sasuke. —Es gay, querido —dice ella.

Um…

—No lo es —dice mi papá con firmeza, riéndose de su conjetura.

Estoy sacudiendo la cabeza. No sacudas la cabeza, Sasuke

—Sasuke no es gay —digo a la defensiva, mirando a mi madre.

¿Por qué dije eso en voz alta?

Ahora Neji parece confundido. Mira a Sasuke. Una cucharada de patatas se detuvo en el aire delante de Sasuke y su ceja está arqueada. Él está mirando a Sasuke.

—Oh, mierda —dice Neji—. No sabía que era un secreto. Amigo, lo siento mucho.

Sasuke baja la cucharada de puré de patatas a su plato, todavía observando a Neji con una mirada perpleja. —No soy gay.

Neji asiente. Levanta las manos y murmura—: Lo siento. —Como si no tuviera la intención de revelar un secreto tan grande.

Sasuke sacude la cabeza. —Neji. No soy gay. Nunca lo he sido y estoy bastante seguro de que nunca lo seré. ¿Qué demonios, hombre?

Neji y Sasuke se miran uno al otro, y todos los demás están mirando a Sasuke.

—P-pero —tartamudea Neji—, dijiste... una vez me dijiste...

Sasuke suelta la cuchara y se tapa la boca con la mano, sofocando la risa en voz alta.

Oh, Dios mío, Sasuke. Riendo.

Ríe, ríe, ríe. Por favor, creo que esto es lo más divertido que ha pasado, porque su risa también es mucho mejor que la cena de Acción de Gracias.

—¿Qué te dije que te hizo pensar que era gay?

Neji se recuesta en la silla. —No recuerdo exactamente. Dijiste algo sobre no estar con una chica en más de tres años. Sólo pensé que era tu manera de decirme que eras gay.

Todo el mundo se está riendo. Incluso yo.

—¡Eso fue hace más de tres años! Todo este tiempo, ¿pensaste que era gay?

Neji sigue confundido. —Pero...

Lágrimas. Sasuke tiene lágrimas de reírse tan fuerte.

Es hermoso.

Me siento mal por Neji. Está de cierta forma avergonzado. Sin embargo, me gusta que Sasuke piense que es divertido. Me gusta que no lo avergüence.

—¿Tres años? —dice mi papá, atorado en el mismo pensamiento en el que todavía estoy un poco atascada.

—Eso fue hace tres años —dice Neji, finalmente riendo junto a Sasuke—. Probablemente ahora son seis.

La mesa lentamente se vuelve tranquila. Esto avergüenza a Sasuke.

Sigo pensando en ese beso en el baño y como sé que es un hecho que no han pasado seis años desde que estuvo con una chica. Un tipo con una boca tan posesiva como esa, sabe cómo usarla y estoy segura de que la usa mucho.

No quiero pensar en ello.

No quiero que mi familia piense en ello.

—Estás sangrando de nuevo —le digo, bajando la vista a la gasa empapada en sangre que todavía está envuelta alrededor de su mano. Me vuelvo a mi madre—. ¿Tienes algún vendaje líquido?

—No —dice ella—. Esas cosas me asustan.

Miro a Sasuke. —Después de comer, la revisaré —le digo.

Sasuke asiente pero nunca me mira. Mi madre me pregunta por el trabajo, y Sasuke ya no es el centro de atención. Creo que está aliviado por eso.

Apago la luz y me arrastro en la cama, sin saber qué hacer con lo de hoy. No volvimos a hablar después de la cena, incluso aunque tardé unos buenos diez minutos vendando su herida en la sala de estar.

No hablamos durante todo el proceso. Nuestras piernas no se tocaron. Su dedo no tocó mi rodilla. Ni siquiera me miró. Sólo miró su mano todo el tiempo, se centró en eso como si fuera a caerse si desviaba la mirada.

No sé qué pensar de Sasuke o de ese beso. Él obviamente se siente atraído hacia mí, de lo contrario no me habría besado. Lamentablemente, eso es suficiente para mí. Ni siquiera me importa si le gusto. Sólo quiero que se sienta atraído por mí, porque el gusto puede venir después.

Cierro los ojos y trato de conciliar el sueño por quinta vez, pero es inútil. Ruedo hacia mi costado, de frente a la puerta, justo a tiempo para ver la sombra de los pies de alguien acercarse a ella. Miro la puerta, esperando a que se abra, pero las sombras desaparecen y los pasos continúan por el pasillo. Estoy casi segura de que era Sasuke, pero sólo porque ahora él es la única persona en mi mente. Libero unas cuantas respiraciones controladas con el fin de calmarme lo suficiente como para decidir si quiero seguirlo. Voy sólo en la tercera respiración cuando salgo de la cama.

Debato si cepillarme los dientes de nuevo, pero sólo han pasado veinte minutos desde la última vez que los lavé.

Reviso mi cabello en el espejo, luego abro la puerta de mi habitación y camino lo más silenciosamente que puedo hacia la cocina.

Cuando giro por la esquina, lo veo. Por completo. Apoyado en la barra, frente a mí, casi como si me esperara.

Dios, odio eso.

Pretendo que es sólo una coincidencia que termináramos aquí al mismo tiempo, a pesar de que es medianoche. —¿No puedes dormir? — Camino por su lado hacia la nevera y alcanzo el jugo de naranja. Lo saco, me sirvo en un vaso y luego me apoyo en la encimera frente a él. Me mira, pero no responde a mi pregunta.

—¿Eres sonámbulo?

Sonríe, empapándome, desde la cabeza a los pies, con sus ojos como una esponja. —Te gusta mucho el jugo de naranja —dice, divertido.

Miro mi vaso, luego de nuevo a él, y me encojo de hombros. Da un paso hacia mí y señala el vaso. Se lo entrego, lo lleva a sus labios para tomar un trago lento y me lo devuelve. Todos estos movimientos son completados sin siquiera romper el contacto visual conmigo.

Bueno, ahora definitivamente me encanta el jugo de naranja.

—También me encanta —dice, aunque nunca le respondí.

Dejo el vaso junto a mí, agarro los bordes de la encimera y me impulso hasta sentarme sobre ella. Pretendo que no invade todo mi ser, pero sigue estando en todas partes. Llenado la cocina.

La casa entera.

Está demasiado tranquilo. Decido hacer el primer movimiento.

—¿De verdad han pasado seis años desde que tuviste una novia?

Asiente sin dudarlo y, a la vez, estoy sorprendida y extremadamente complacida por esa respuesta. No estoy segura de por qué me gusta. Supongo que es simplemente mucho mejor de lo que me imaginaba que era su vida.

—Vaya. ¿Por lo menos has tenido...? —No sé cómo terminar esta frase.

—¿Tenido sexo? —interpone.

Me alegro que la única luz sea la que se encuentra sobre la estufa de la cocina, porque estoy absolutamente ruborizada.

—No todo el mundo quiere las mismas cosas de la vida —dice. Su voz es suave, como un edredón de plumas. Quiero rodar sobre ella, envolverme en esa voz.

—Todo el mundo quiere amor —digo—. O al menos sexo. Es la naturaleza humana.

No puedo creer que estemos teniendo esta conversación.

Cruza los brazos sobre su pecho. Y sus pies en los tobillos. He notado que esta es su posición de armadura personal. Pone su escudo invisible de nuevo, protegiéndose de dar demasiado.

—La mayoría de la gente no puede tener uno sin lo otro —dice—. Así que me parece más fácil simplemente renunciar a ambos. —Me estudia, midiendo mi reacción a sus palabras. Hago mi mejor esfuerzo para no darle una.

—Entonces, ¿cuál de los dos es lo que no quieres, Sasuke? —Mi voz es vergonzosamente débil—. ¿Amor o sexo?

Sus ojos siguen siendo los mismos, pero su boca cambia. Sus labios se curvan en apenas una sonrisa. —Creo que ya sabes la respuesta a eso, Hinata.

Vaya.

Dejo salir un suspiro controlado, sin importarme si sabe que esas palabras me afectaron como lo hicieron. La forma en que dice mi nombre me hace sentir igual de nerviosa como lo hizo su beso. Cruzo la pierna sobre mi rodilla, esperando que no note que es mi propia armadura personal.

Sus ojos caen a mis piernas y lo observo inhalar suavemente.

Seis años. Increíble.

Miro hacia mis piernas también. Quiero hacerle otra pregunta, pero no puedo mirarlo cuando la formulo—: ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que besaste a una chica?

—Ocho horas —responde sin dudar. Levanto la mirada hacia la suya y sonríe, porque sabe lo que le pregunto—. Lo mismo —pronuncia en voz baja—. Seis años.

No sé lo que me sucede, pero algo cambia. Algo se derrite. Algo duro o frío, o cubierto en mi propia armadura personal, se convierte en líquido ahora que comprendo lo que significó ese beso. Siento que no soy nada más que líquido, y líquido no funciona bien para ponerse de pie o alejarse caminando, así que no me muevo.

—¿Estás bromeando? —pregunto, incrédula.

Creo que ahora es él quien se sonroja.

Estoy tan confundida. No entiendo cómo lo he juzgado tan mal o cómo es siquiera posible lo que dice. Es guapo. Tiene un gran trabajo. Definitivamente sabe cómo besar, así que ¿por qué no lo ha estado haciendo?

—¿Cuál es tu problema entonces? —le pregunto—. ¿Tienes alguna enfermedad de transmisión sexual? —Es culpa de la enfermera en mí. No tengo ningún filtro médico.

Se ríe. —Estoy bastante limpio —dice. Sin embargo, sigue sin explicarse.

—Si han pasado seis años desde que besaste a una chica, ¿por qué me besaste? Tenía la impresión de que yo ni siquiera te gustaba. Eres muy difícil de leer.

No me pregunta por qué tenía la impresión de que no le gustaba. Creo que si es obvio para mí que él es diferente cuando está a mí alrededor, lo ha hecho intencionalmente.

—No es que no me gustes, Hinata. —Suspira profundamente y pasa las manos por su cabello, agarrando su nuca—. Es sólo que no quiero que me gustes. No quiero que nadie me guste. No quiero salir con nadie. No quiero amar a nadie. Yo sólo... —Cruza los brazos de nuevo sobre su pecho, y mira hacia el suelo.

—¿Tú sólo, qué? —pregunto, pidiéndole que termine la frase. Su mirada lentamente se levanta hacia la mía y me esfuerzo por permanecer sentada sobre la encimera, debido a la forma en que me mira; como si fuera la cena de Acción de Gracias.

—Me siento atraído por ti, Hinata —dice en voz baja—. Te quiero, pero te quiero sin ninguna de esas cosas.

Me quedo sin mente.

Cerebro = líquido.

Corazón = mantequilla.

Sin embargo, todavía puedo suspirar, así que lo hago. Espero hasta que soy capaz pensar de nuevo. Entonces pienso mucho.

Acaba de admitir que quiere tener sexo conmigo; simplemente no quiere que suceda nada más. No sé por qué esto me halaga. Debería hacerme querer golpearlo, pero el hecho de me eligiera para besarme después de no besar a nadie durante seis años consecutivos, hace que esta nueva confesión se sienta como si hubiera ganado un gran premio.

Nos miramos de nuevo. Se ve un poco nervioso. Estoy segura que se pregunta si me molestó. No quiero que piense eso, porque honestamente, quiero gritar "¡Gané!" a todo pulmón.

No tengo idea de qué decir. Hemos tenido las conversaciones más extrañas e incómodas desde que lo conocí, y ésta definitivamente lleva la delantera.

—Nuestras conversaciones son tan raras —digo.

Se ríe con alivio. —Sí.

La palabra es mucho más hermosa saliendo de su boca, mezclada con esa voz. Él podría, probablemente, hacer que cualquier palabra suene hermosa. Trato de pensar en una palabra que odie. Creo que odio la palabra buey. Es una palabra fea. Demasiado corta y abreviada. Me pregunto si su voz podría hacer que me guste esa palabra.

—Di la palabra buey.

Su ceja se levanta, como preguntándose si me escuchó bien. Piensa que soy extraña.

No me importa.

—Sólo dila —le digo.

—Buey —dice, con una ligera vacilación.

Sonrío. Me encanta la palabra buey. Es mi nueva palabra favorita.

—Eres tan extraña —dice, divertido.

Descruzo las piernas. Lo nota. —Así que, Sasuke —digo—, déjame ver si lo entiendo bien. No has tenido sexo en seis años. No has tenido novia en seis años. No has besado a una chica en ocho horas. No te gustan las relaciones, obviamente. O el amor. Pero eres un chico. Los chicos tienen necesidades.

Me mira, todavía divertido. —Continua —dice con esa sonrisa involuntariamente sexy.

—No quieres sentirte atraído por mí, pero lo estás. Quieres tener sexo conmigo, pero no quieres salir conmigo. Tampoco quieres amarme. Ni que yo te ame.

Todavía lo divierto. Sigue sonriendo. —No sabía que era tan transparente.

No lo eres, Sasuke. Créeme.

—Si hacemos esto, creo que debemos tomarnos las cosas con calma —digo en broma—. No quiero presionarte para que hagas cualquier cosa para la que no estés listo. Eres prácticamente virgen.

Pierde su sonrisa y da tres pasos deliberadamente lentos hacia mí. Dejo de sonreír, porque se ve seriamente intimidante.

Cuando llega junto a mí, coloca las manos a cada lado de mi cuerpo, entonces se inclina cerca de mi cuello. —Han pasado seis años, Hinata. Créeme cuando te digo que...estoy listo.

Todas esas también se convirtieron en mis nuevas palabras favoritas. Créeme, cuando, te, digo, que, estoy, y listo.

Favoritas. Todas ellas.

Se aleja y puedo decir, más que probablemente, que no respiro en este momento. Regresa a su lugar frente de mí. Mueve la cabeza como si no pudiera creer lo que acaba de suceder. —No puedo creer que te pedí tener sexo. ¿Qué clase de persona hace eso?

Trago. —Casi todas.

Se ríe, pero noto que se siente culpable. Tal vez tiene miedo de que yo no pueda manejar esto. Podría tener razón, pero no se lo haré saber. Si piensa que no puedo manejar esto, se tendrá que retractar de todo lo que ha dicho. Si se retracta de todo lo que ha dicho, significa que no experimentaré otro beso como el que me dio antes.

Estoy de acuerdo con cualquier cosa si eso significa que obtendré otro beso suyo. Especialmente si significa que experimentaré más que un beso.

Simplemente pensar en eso hace que mi garganta se seque. Tomo mi vaso y bebo otro trago de jugo mientras en silencio resuelvo esto en mi cabeza.

Él me quiere por el sexo.

Extraño el sexo. Ha pasado un tiempo.

Sé que definitivamente me siento atraída por él, y no puedo pensar en nadie más en mi vida. Prefiero tener sexo casual y sin compromiso con mi vecino piloto que "dobla ropa recién lavada".

Dejo el vaso de jugo de nuevo, luego presiono las palmas en la encimera para inclinarme ligeramente hacia adelante. —Escúchame, Sasuke. Eres soltero. Soy soltera. Trabajas demasiado y yo estoy centrada en mi carrera de una forma casi enfermiza. Incluso si quisiéramos una relación fuera de esto, nunca funcionaría. Nuestras vidas no encajarían juntas. Tampoco somos amigos, por lo que no tienes que preocuparte de que nuestra amistad se arruine. ¿Quieres tener sexo conmigo? Estoy totalmente de acuerdo en que lo hagamos. Mucho.

Mira mi boca como si todas mis palabras acabaran de convertirse en sus nuevas palabras favoritas. —¿Mucho? —pregunta.

Asiento. —Sí. Mucho.

Me mira a los ojos de forma desafiante. —Está bien —dice, casi como un reto.

—Bien.

Todavía estamos a varios centímetros de distancia. Acabo de decirle a este chico que tendría sexo con él sin ningún tipo de expectativas y él permanece allá y yo aquí, y cada vez es más claro que, definitivamente, lo juzgué mal. Él se siente más nervioso que yo. Aunque creo que nuestros nervios vienen de dos lugares diferentes. Está nervioso porque no quiere que esto se convierta en algo.

Y yo estoy nerviosa porque no estoy tan segura de que sólo sexo con Sasuke sea posible. Basada en la forma en que me siento atraída por él, tengo un muy buen presentimiento de que el sexo será el último de nuestros problemas. Sin embargo, aquí estoy sentada, fingiendo estar bien con sólo sexo. Tal vez si inicia de esta manera, eventualmente termine siendo algo más.

—Bueno, no podemos tener sexo ahora —dice.

Maldición.

—¿Por qué no?

—El único condón que tengo en mi cartera, probablemente se ha desintegrado.

Me río. Me encanta su humor autocrítico.

—Sin embargo, quiero besarte de nuevo —dice sonriendo con esperanza.

Me sorprende mucho que no me esté besando. —Por supuesto.

Lentamente regresa a donde me encuentro sentada, hasta que mis rodillas se hallan a cada lado de su cintura. Lo miro a los ojos, porque me miran como si esperaran que cambie de opinión. No cambiaré de opinión. Probablemente quiero esto más de lo que él lo quiere.

Levanta las manos y las desliza por mi cabello, frotando sus pulgares en mis mejillas. Inhala una respiración temblorosa mientras mira hacia mi boca. —Haces que sea tan difícil respirar.

Acentúa su oración con su beso, colocando sus labios sobre los míos. Cada parte de mí que todavía no se había fundido en su presencia, ya se encuentra en estado líquido como el resto de mí. Trato de recordar un momento en el que la boca de un hombre se sintiera así de bien contra la mía. Su lengua se desliza a través de mis labios, luego se sumerge en el interior, saboreándome, llenándome, reclamándome.

Oh... Dios.

Amo.

Su.

Boca.

Inclino la cabeza para que pueda saborear más de ella. Se inclina para saborear más de mí. Su lengua tiene una gran memoria, porque sabe exactamente cómo hacer esto. Deja caer su mano lesionada y la apoya en mi muslo, mientras su otra mano se envuelve en mi nuca, presionando nuestros labios. Mis manos ya no se sostienen de su camisa. Exploran sus brazos, su cuello, su espalda, su cabello.

Gimo suavemente y el sonido hace que se presione en mí, acercándome varios centímetros más al borde de la encimera.

—Bueno, definitivamente no eres gay —dice alguien detrás de nosotros.

Oh, Dios mío.

Papá.

¡Papá!

Mierda.

Miles. Se aparta.

Yo. Salto bajándome de la encimera.

Papá. Pasa a nuestro lado.

Abre la nevera y toma una botella de agua, como si el entrar a una habitación donde su hija es manoseada por su huésped fuera algo usual.

Se da la vuelta y nos enfrenta, luego bebe un trago largo. Cuando termina, cierra la tapa en la botella de agua y la coloca de nuevo en la nevera. La cierra y camina hacia nosotros, pasando entre nosotros, haciendo más espacio allí.

—Ve a la cama, Hinata —dice mientras sale de la cocina.

Me cubro la boca con la mano. Sasuke cubre su rostro con la suya.

Ambos estamos completamente mortificados. Él más que yo, estoy segura.

—Debemos ir a dormir —dice.

Estoy de acuerdo con él.

Salimos de la cocina sin tocarnos. Llegamos a la puerta de mi habitación primero, por lo que me detengo y me giro para enfrentarlo.

También se detiene.

Mira a su izquierda y luego, brevemente, a su derecha, para asegurarse que estamos solos en el pasillo. Da un paso hacia adelante y me roba otro beso. Mi espalda se apoya en la puerta del dormitorio, pero de alguna manera es capaz de retirar su boca.

—¿Estás segura de que esto está bien? —pregunta, buscando la duda en mis ojos.

No sé si esto está bien. Se siente bien, él sabe bien y no puedo pensar en nada que desee más que estar con él. Sin embargo, lo que me preocupa son las razones detrás de sus seis años de abstinencia.

—Te preocupas demasiado —digo con una sonrisa forzada—. ¿Ayudaría si tuviéramos reglas?

Me estudia en silencio antes de dar un paso atrás. —Podría —dice—. Sólo puedo pensar en dos en estos momentos.

—¿Cuáles son?

Su mirada se centra en la mía durante varios segundos. —No preguntes sobre mi pasado —dice con firmeza—. Y nunca esperes un futuro.

Absolutamente no me gusta ninguna de esas reglas. Ambas me dan ganas de cambiar de opinión acerca de este arreglo, dar la vuelta y huir, pero en cambio, asiento. Asiento porque tomaré lo que pueda conseguir.

No soy Hinata cuando estoy cerca de Sasuke. Soy líquido y el líquido no sabe cómo ser firme o ponerse de pie por sí mismo. El líquido fluye. Eso es todo lo que quiero hacer con Sasuke.

Fluir.

—Bueno, sólo tengo una regla —digo en voz baja. Él espera por mi regla. No puedo pensar en una. No tengo ninguna. ¿Por qué no tengo reglas? Sigue esperando—. Todavía no sé cuál es. Pero en cuanto piense en eso, tienes que seguirla.

Sasuke ríe. Se inclina y besa mi frente, luego camina hacia su habitación. Abre la puerta, pero me echa un vistazo por un breve segundo antes de desaparecer en el interior.

No puedo afirmarlo, pero estoy bastante segura de que la expresión que acabo de ver en su rostro era miedo. Sólo deseo saber de qué tiene miedo, porque el Señor sabe que yo sé exactamente a lo que le temo.

Tengo miedo de cómo vaya a terminar esto.


Y aqui empieza todo, que pasara en los siguientes capitulos D: