Mario Bros y toda sus franquicia no me pertenece, y esto solo es un pobre intento de Fic (¬¬)
Mil disculpas por el retraso, se que no debería abandonar así por otros proyectos. Me costó mucho hacer este capitulo y solo espero que haya salido bien. Agradezco a los favoritos y las suscripciones que han hecho a este fanfic. Tal vez tenga que agregarle más capítulos para cerrar bien la historia, espero que no haya problemas con eso.
Los visitantes del Reino Pompe-ia
Capitulo 10
(...)
Eris no necesitaba que le explicaran lo mucho que había cambiado Luigi en aquel momento, siquiera antes de que le atacara directamente. Con solo echarle un vistazo a su forma de moverse o de hablar, pudo entender en qué situación se había metido y lo mucho que iba a costarle salir viva de esta pelea. Sintió como el ambiente se estaba ionizando a su alrededor, y después de ver el terrible ataque que apenas había esquivado, supuso que Mr. L estaba fuera de control.
—Que genio— Era lo único que pudo decir al sentir el calor del rayo que el sujeto acababa de lanzar de sus manos. Eso le habría arrancado su brazo derecho, si se hubiese descuidado solo un poco.
—Nadie se va— Les grito Mr. L de repente, como sí no le importara quemarse a sí mismo para conseguir destruirlos —Todos ustedes morirán aquí y ahora—
Eris no podía creer lo mal que había salido su plan, debía admitir que había tenido sus dudas con aquel asunto de traer a los hermanos Mario con ella, pero no podía creer que todo este tiempo su mentor haya tenido razón.
Luigi no era confiable.
Era increíble que los rumores sobre Mr. L hayan sido reales todo el tiempo. Si le hubieran contando esto de segunda mano, ella no se hubiera creído que un sujeto como Luigi ocasionaría tanto mal en tan poco tiempo. Que equivocada estaba. Al parecer, las personas no pueden ser juzgadas siquiera por sus actitudes.
—¿Quién eres exactamente?— La voz de aquel hombre sonaba distinta a la de Luigi, la falta de acento y esa carga de rencor que emergía en cada letra que pronunciaba, hizo que fuera más fácil tratarlo como un enemigo más.
—¿Importa quién soy? De todos modos no vamos a sentarnos a tomar el té y hablar del clima— Y ahora que Eris lo pensaba, ella tampoco sabía exactamente quien era Mr. L. Supuso que debía dejar de ser cabeza dura y confiar de una vez por todas en la información que le dejo su antecesor.
Mr. L parecía estar furioso (al parecer ella había sido demasiado sarcástica para su gusto), y no dudó en atacar a Eris nuevamente, cargando sus manos con electricidad. Era demasiado rápido, ella no pudo esquivarlo del todo y la descarga le terminó afectando. Para su suerte pudo escapar del castigo, pero su brazo derecho ya había perdido sensibilidad.
—Tienes razón, lo único que importa aquí es que podré vencerte fácilmente— Mr. L parecía haber encontrado un punto flaco en ella (de los muchos que tenía), y Eris se dio cuenta de la abismal diferencia que había entre ellos dos.
Si no pensaba en algo pronto, iba morir en esa pelea, no le cabía dudas.
—Eso lo veremos, subnormal— Eris frunció el ceño molesta, aunque estaba un poco abrumada. Tan solo esperaba que dentro de unos segundos, Peter pueda aterrizar esa nave infernal. Esperaba que él hiciera buen uso de su sombrero, y que por lo menos consiga escapar a salvo, tal como le prometió minutos antes...
-…-
Había conseguido rescatar a Peter, pero situación parecía ir de mal en peor. Eris se sentía como una niñera mal pagada, al estar siendo acompañada por un puñado de niños. No tenía idea porque koopas tan jóvenes habían sido reclutados por Bowser para una operación tan peligrosa de infiltración y secuestro, pero ahora se sentía responsable por todos ellos.
Su último mentor había sido un koopa muy viejo, proveniente de Kappa Unido, y le había dicho que los suyos no permitían a los niños involucrarse en conflictos bélicos, siendo que al tener menor población femenina, estos eran escasos. Tal vez, al ser niños especiales, con talento para la magia al igual que su mentor, los iniciaban más temprano. Pero eso era lo de menos, lo que le molestaba era que sus vidas dependían de las decisiones que ella tome, y estaba preocupada de no cumplir con las expectativas.
No fue hasta que Peter le hizo caer en cuenta que necesitaba calmarse y pensar en un plan. Autodestruirse con ellos a cuestas no era una buena idea.
—Eris, tenemos que devolver la energía y reactivar los motores— Peter parecía estar centrado en el problema, y no había forma de que pueda hacerle retroceder. Eris supuso que él no iba abandonar esa nave sin haberlos salvados a todos.
—Me parece fabuloso— Ella trató de no sonar tan sarcástica, pero no pudo evitarlo. Miró a los dos niños koopas que estaban con ellos, y decidió dirigirse al que parecía estar más calmado —Mocoso ¿Dónde está el cuarto de maquinas?—
—Yo no soy un mocoso, vieja mandona— El joven koopa de cabello celeste le apuntó con su báculo, dispuesto a atacarle. Eris rodó los ojos, le quitó el arma con suma rapidez y en el mismo movimiento, le golpeo la cabeza con esta, murmurando "Si vas atacar a alguien solo hazlo, mocoso". Wendy parecía que iba a protestar por verla dañar a su hermano, pero Peter intentó ser diplomático, para que todos mantuvieran la calma.
—Larry, si llegamos al cuarto de maquinas es posible que pueda reparar la falla de energía, es peligroso que los motores sigan trabajando con tan bajos suministros— El joven príncipe parecía estar muy seguro de resolver la situación, y Eris pensaba que eran la mejor opción que tenían. Ella no sabía absolutamente nada sobre maquinas.
A pesar de que Larry no protestó, parecía seguir molesto y miró a Eris con aprensión. Decidida hacer las paces, ella hace girar el báculo del koopa en sus manos y se lo devuelve, confiando en que no vaya atacarla.
—Está abajo, en el pasillo de la derecha— Larry le arrebato el báculo de las manos de Eris, frunciendo el ceño con desconfianza, pero miro con cierta duda a Peter —¿Estás seguro que podrás repararlo?—
—Sí, pero mientras más rápido lleguemos será mejor—
—…—
Eris suspiró al verse guiada por el pequeño koopa y su hermana, ambos estaban usando su báculos para iluminar el camino, ya que las luces de emergencia habían dejado de funcionar. Peter caminaba a su lado a paso firme, parecía estar tranquilo pero de seguro sus niveles de estrés habían subido más de la cuenta. Era peligroso que siguiera exponiéndose a estas situaciones tan peligrosas y demandantes, si no supiera controlar sus emociones, de seguro habría estallado en pedazos.
—¿Cómo lo llevas chico?— Preguntó con cierta duda la mujer mientras miraba las expresiones del joven.
—Estoy bien— Peter parecía estar demasiado controlado cuando habló —No es que no tenga miedo, estoy pensado en tantas cosas que simplemente mi cabeza no tiene espacio para eso—
—Vaya, y yo que pensaba que eras listo— Bromea Eris, haciendo que Peter se sonría un poco. Por lo menos no estaba siendo tan adusto como su madre.
—Ya casi llegamos ¿Eh? Qué raro…— Larry se detuvo delante de una puerta que parecía estar abierta de par en par, sin embargo sus cerraduras electrónicas estaban destrozadas, con los cables haciendo cortocircuito, lanzando pequeñas chispas hacia los lados.
Eris frunció el ceño, y detuvo a los dos hermanos koopas, llevándolos detrás de ella, junto con Peter. Hizo una señal para que apaguen las luces de sus báculos, permanezcan quietos y en silencio. Usando solo un par de gestos con sus manos, les indicó que vería que sucedía más adelante.
Se acercó a la entrada y tocó la solapa de su sombrero con las puntas de los dedos de su mano derecha. Por un momento, parecía que iba hacer algo con este, pero se detuvo. Eris había visto algo que le llamó la atención a pocos metros de aquella puerta y decidió entrar, mirando con el rabillo del ojo a los demás niños que venían tras ella.
—¿Qué es eso?— Dijo en voz baja Wendy señalando unos bultos esparcidos en el suelo. Eris encendió uno de sus naipes y la habitación se iluminó con una suave luz violácea. En ese momento, se dieron cuenta que el suelo de la habitación estaba regado de koopas y goombas, que al parecer se encontraban inertes.
—¿Por qué no se mueven?— Murmuró Larry, mientras que Eris y Peter comprobaron el pulso de todos, con sumo cuidado. Ella miro al príncipe del otro lado de la habitación, y este negó levemente. Tal como temía, todos estaban muertos.
Wendy se quedó inmóvil por el shock, y cuando Larry trato de tomarle la mano, estaba temblando como una hoja. Esto alertó a Peter, que parecía estar un poco apático después de comprobar los cadáveres. Tal vez se dio cuenta que había ignorado las emociones de la joven koopa y se sentía mal por no poder consolarla. Eris no podía culparlo, estaba en la naturaleza de su familia ser tan obsesivos en buscar soluciones a cualquier problema.
—¿Quién hizo esto?— La joven koopa parecía estar indignada pero su voz se quebraba al tratar de elevarla. Por otro lado, su hermano menor se encontraba taciturno a su lado.
—Posiblemente el mismo sujeto que saboteo la nave— Eris suspiró resignada y miró con algo de tristeza aquellas vidas perdidas. Posiblemente, la mayoría eran conscientes de los planes del saboteador, y se sacrificaron con el propósito de detenerlo. No sabía porque, pero esto le hizo sentir un poco de melancolía, una emoción que no experimentaba hace mucho tiempo.
—Va a pagar por esto…— Murmuró Larry con rabia, mientras cerraba sus manos formando dos puños. Eris elevó una ceja, un poco preocupada de que alguien tan joven tenga tanta sed de venganza, y se sorprendió al escuchar —…Cuando encuentre al desgraciado…—
—¡Oh, no…!— La voz de Wendy se escuchó al otro lado de la sala, nadie se había percatado lo lejos que había llegado —¿Roy? ¡Roy! ¡Despierta, Roy!—
Eris y Peter no tardaron en llegar alrededor del joven koopa, que al parecer, estaba inconsciente. No podían creer lo malherido que estaba, y con facilidad pudieron detectar que grandes cantidades de carga eléctrica habían pasado por su cuerpo, las palmas de sus manos y pies, presentaban quemaduras graves y se encontraban llenas de horribles ampollas.
—Roy…— Larry quedó demasiado afectado al ver el estado en el que se encontraba su hermano, pero Eris estaba más preocupada por el koopa que estaba inconsciente y apenas respiraba. Se concentró en revisar sus signos vitales, y sintió un leve latido. Estaba muy débil, pero posiblemente puedan recuperar al muchacho si actuaban rápido.
—Wendy, tu hermano necesitará primeros auxilios y pronto ¿Puedes curar sus heridas? Tal vez vendar sus pies y manos bastara por ahora— Peter trató de ayudar a la joven koopa a recuperar la compostura, mientras Eris comenzó a presionar el pecho de Roy, revisando su ritmo cardiaco. Había aprendido primeros auxilios para aplicarlos en el campo de batalla, pero ella nunca había pensado que estaría en una guerra. Comenzaba a pensar que tal vez no estaba muy lejos de estar en una ¿Eso le provocaba melancolía?
—Sí… creo que puedo hacer algo, aún me queda energía, voy a usar mi báculo— Wendy conjuro con hechizo, y las heridas de Roy comenzaron a cerrarse lentamente. Aún así, iba a necesitar vendarse los pies si quería caminar. Peter miró con cierta duda a Eris, y ella asintió. Al parecer esa situación estaba bajo control, así que él podía solucionar el problema de las maquinas.
—Larry, necesito que me indiques donde se encuentra la fuente de poder— Dijo Peter con un tono neutral.
Larry reaccionó exageradamente, vaya saber en que estaba pensando en aquel momento. Miro a Peter por unos instantes y finalmente asintió. Eris esperaba que el muchacho se recupere pronto, el príncipe iba a necesitar su ayuda de seguro.
—¿Wendy…?— La voz entrecortada de Roy llamó la atención de Eris. Le quito las gafas, y le pidió a Wendy un poco de luz para revisar sus pupilas. A simple vista, no parecía haber daño cerebral, pero era seguro que le llevaría meses recuperarse por completo.
—Escucha claramente chico, necesito que respondas a un par de preguntas…— Dijo Eris con algo de solemnidad, tratando de no presionar demasiado al koopa —… Solo responde, y podrás tomarte un descanso—
—¿Quién…?— El joven koopa parecía estar confundido, pero Eris lo interrumpió.
—¿Cómo te llamas?— Dijo la mujer con cierta calma, tratando de tomar el pulso del chico a medida que hablaba. Roy respondió, un poco dubitativo, pero ella no dudó en continuar con su interrogatorio.
Preguntó por el nombre de sus hermanos, si recordaba en qué fecha estaba y si pudo identificar a su agresor. Al llegar a la última pregunta, el pulso del muchacho aceleró.
Miedo. Una emoción un poco difícil de manejar, sino estas acostumbrado a confrontarla.
—El sujeto de verde, yo… Pensé que sería fácil manejarlo, él siempre tiene miedo de todo…— El chico vaciló por unos instantes, pero Eris trató de ocultar su sorpresa, le dio espacio para que hablara todo lo que quisiera —…Pero estaba diferente—
—¿Notaste algo extraño? ¿Algún cambio físico notable? ¿Dijo algo fuera de lugar?— Eris sentía que su corazón se le iba a escapar del pecho. Los nervios la estaban traicionando, y se dio cuenta que estaba preguntando cosas que el muchacho no podría haberse percatado. Solo una adicta a los detalles como ella, se hubiera dado cuenta de algo así.
—Sí, creo…— Roy miró de forma apática a Eris —Dijo que iba hacer todo lo posible para matar a Mario—
Eris asintió levemente, y maldijo por lo bajo sin poder evitarlo. Había sido muy estúpida, una confiada a causa de su propia arrogancia. Había traído con ella al sujeto del cual le habían advertido. Su mentor debería estar retorciéndose en su tumba, seguramente con deseos de gritarle por ser tan cabeza dura, tan engreída como para pensar que el mundo entero tenía seguir sus enfermas maquinaciones.
Hasta podría justificar a Borsalino si quería golpearla por poner en peligro a Peter.
—No hay otra salida, voy a tener que lidiar con esto— Eris miró a Peter que parecía estar haciendo avances con las reparaciones. El muchacho estaba usando sus hábiles dedos para pasar entre los cables y los circuitos que el maldito saboteador había destruido. Estaba hablando con Larry, feliz de estar en contacto con tecnología avanzada, como si la oscuridad que le rodeaba no le afectara. Él iba a poder con esto, pero no completamente solo.
—Peter ¿Cómo lo llevas?— Preguntó Eris con cierta vehemencia.
Peter se apartó de la explicación que le estaba dando a Larry, y miró a Eris con una ligera sonrisa. Rápidamente, el joven pomp cambio su expresión y dejó lo que estaba haciendo.
—¿Eris? ¿Pasa algo malo?— Peter pudo leerla de inmediato, y Eris podía estar orgullosa de lo observador que se había vuelto el joven pomp. Presentía que probablemente no vuelva a verlo de nuevo, para asegurarse de su progreso. Le hubiera gustado verlo crecer y convertirse en un gran rey, y ella retirarse al igual que su mentor, con un buen pupilo que tome su lugar.
Pero no iba a ser posible, el enemigo que iba a enfrentar la superaba con creces.
—¿Sabes? Tu madre me dio un regalo interesante cuando decidí usar este traje— Eris se quitó su sombrero, mirando a su futuro rey con determinación. Para alguien como ella que había nacido con pocas esperanzas de triunfar de la vida y ser solo un despojo de la sociedad, estar a punto de dejar a una persona tan importante, cuyo futuro afectaría a miles, le hacía plantearse lo que había hecho hasta ahora.
—¿Te refieres a…?— Peter soltó las herramientas que tenía en la mano, y miro extasiado el sombrero —El proyecto secreto de madre ¿Funciona?—
—Hay un límite en la masa que puede teletransportar, pero considerando que peso diez kilos más que tú y no he tenido problemas, creo que te será útil— Eris mira con cierta seriedad a Peter, y con cuidado coloca su sombrero en su cabeza —Escúchame atentamente, hay un tiempo límite para que le comuniques tu situación a tu madre, y necesito asegurarme que estés a salvo para entonces—
—¿Qué quieres que haga?— El príncipe no se andaba con rodeos y eso era de gran ayuda. Tenía solo un veinte por ciento de plan formado en su cabeza, y no había tiempo para discutir sobre eso.
—Soluciona el problema del motor, aterriza en un lugar seguro y utiliza el comunicador de la nave para contactar a los nuestros— Los ojos de Eris se tornaron duros y más oscuros de lo habitual —Escapa de este sitio y no mires atrás—
—¿Y qué pasará contigo? ¿Y Borsalino?— Preguntó preocupado Peter.
—Borsalino te alcanzará, él es muy tenaz…— Ella no pudo terminar de responder que Larry la interrumpió.
—¿Qué sucede? ¿Por qué le dices que escape?— El joven koopa le miró con cierta inseguridad, tal vez temiendo que le ataquen en aquel momento de vulnerabilidad. Eris suspiró con cierta calma antes de hablar.
—No voy a mentirles, la persona que saboteo la nave está dispuesta a eliminar a Mario, a la princesa Peach y a tu padre— Eris miró con seriedad a Larry —Cuando se dé cuenta de que esta nave esta en plenas funciones ¿Qué crees que hará?—
—Volverá a sabotearla y seguramente buscara eliminar al que pudo solucionar las fallas— Razonó Larry, al pensarlo por un momento. Peter parecía estar de acuerdo, pero se mantuvo callado.
—Vamos a separarnos, me haré cargo de este sujeto y ganaré tiempo, ustedes van aterrizar esta nave y escapar— Eris paso ferozmente su mano derecha en su corto cabello gris, desordenándolo aun más. Resopló molesta antes de agregar —Trata de darle buen uso a ese sombrero Peter—
—Lo haré, si me prometes una cosa— Dijo el joven pomp mientras miraba el interior del objeto, donde todos los circuitos y transistores brillaban con una tenue luz azul.
—…— Eris se rascó los ojos con sus dedos, sintiendo que la vista le engañaba. Por un momento sintió que el tiempo se trastocaba, y estaba hablando de nuevo con aquel rey que había muerto hace tanto tiempo. La voluntad a veces no se hereda por medio de la sangre, debía recordar esto día tras día.
—¿Qué cosa?—
—Demuéstrale a ese sujeto que no puede jugar con la vida de los demás sin considerar las consecuencias y…— Peter miró con determinación a Eris —…Dale la paliza de su vida—
Eris se sonrió levemente, mientras ajustaba sus guantes en sus manos. Ella no era una adolescente despreocupada, había pasado once años entrenando y era una adulta que conocía muy bien sus límites, pero aún así…
…Era muy probable que no vuelva a ver a Peter, ni volver a poner un pie en Pompe-ia.
"Por lo menos, no hay motivos para evitar autodestruirme"
-…-
—¿Por qué me estás siguiendo?—
Eris apenas había dejado el cuarto de máquinas y caminaba por el oscuro pasillo, cuando se percató que la estaban siguiendo. Su pequeño acosador parecía estar sorprendido. Sus ojos azules se clavaron en ella y adoptó una posición amenazante. La postura de combate era terrible, posiblemente el pequeño koopa haya estado entrenando por su cuenta, sin supervisión.
"Que desperdicio" No pudo evitar pensar Eris.
—Yo voy a vengarme— Dijo Larry con una determinación que no se le podría adjudicar a un niño de trece años. Esto era interesante.
—Olvídate de eso, vete con tus hermanos y déjale esto a los adultos—
—¿Por qué debería hacerlo?— Larry miró furioso a Eris, y no dudó en retrucarle —Tú fuiste la que trajiste al sujeto de verde aquí, todo es tu culpa, yo no tengo porque escuchar las ordenes de un adulto solo hace estupideces—
Eris sonrió levemente, y se rascó la cabeza un poco divertida. Se parecía mucho a ella cuando era mucho más joven, el chico era un latoso y cabeza dura, pero le caía bien.
—Debo admitir que tienes un buen punto— Trató de no burlarse del joven cuando le miró sorprendido —Mira, no te detendré, pero si vas a hacer esto tendrás que trabajar conmigo—
—¿Por qué haría eso?— Larry no confiaba en sí mismo, pero tampoco iba a confiar en ella.
—¿Piensas cargar solo con él? Derrotó a tus hermanos, y diezmó tu ejército fácilmente— Razonó Eris con tono casual.
—De acuerdo, pero nada de ridiculeces, no podemos darnos el lujo de fallar— Larry le miró con algo de incomodidad y preguntó con cierta molestia —¿Cómo debería llamarte?—
—Maestra Discordia— Dijo Eris con un rostro inexpresivo. Larry frunció el ceño, molesto tal vez por su horrible nombre, pero asintió levemente mientras se presentaba a sí mismo.
(…)
Larry se quedó con la boca abierta cuando vio a Discordia, esquivar a duras penas aquel ataque eléctrico. Su enemigo era más veloz de lo que esperaba, y estaba seguro que él no hubiese podido reaccionar a tiempo para escapar de esa forma. Ella no parecía estar afectada por la rápida ofensiva, pero podría estar tratando de guardar las apariencias. No había forma de saberlo hasta que se acerque más a la pelea.
Pero ¿Qué podría hacer él para ayudar? La diferencia de fuerza parecía ser abismal ¿Cuánta energía le quedaba a ese sujeto? Había asesinado a la mayor parte de su ejército y había peleado con sus hermanos mayores, y aun así no parecía perder la fuerza, ni su velocidad al atacar.
Sin embargo, Larry no estaría conforme con proteger a su hermano y a la princesa, venía a vengar la muerte de sus camaradas.
—Necesitamos más espacio, los ataques a distancia podrían ser más efectivos— Larry movió su báculo hacia un lado, deshaciendo el campo de energía que protegían a Peach y a Iggy. Ellos no dudaron en pedirle que se aleje de aquel lugar, que era demasiado peligroso meterse en aquella pelea, pero no les hizo caso. Ya había tomado una decisión. Les indicó que se escondieran y guarden silencio. En lo que a él respecta, solamente iban a estorbar.
—Maestra Discordia, veinte paso a hacia la izquierda, la puerta lleva a un recinto mucho más grande donde se agrupan los soldados— Larry se acercó a la derecha de Discordia, para cubrir su lado más débil en aquel momento.
—¿Planeas atacarlo a distancia? Escaparíamos por un tiempo de su mano eléctrica— Ella le sonrió levemente al ver aquel gesto, y sacó un par de naipes de su manga izquierda, moviéndolos con los dedos de su mano buena —No me quejo de la idea—
—Nada de lo que planeen va a salvarlos, soy mucho más fuerte que…— El hombre de verde dejo de hablar cuando el pasillo se llenó de una espesa neblina. Larry movió su báculo hacia un lado, dándose cuenta que el hechizo entro en efecto demasiado rápido, y no podía ver a su alrededor. Sin embargo, Discordia se lanzó de inmediato sobre el enemigo, sin necesidad de decirle donde estaba ¿Iba a poder encontrar aquel sujeto entre la bruma? Él apenas podía ver sus propias manos.
—Deberías revisar tus bolsillos— Dijo de repente Discordia. Si hubo risas malignas que acompañen a esa frase, le pudieron haber dado un buen toque, pero ni Larry ni Mr. L tuvieron tiempo de escucharlas tras el chasquido de unos finos dedos.
La explosión que acababa de detonar, estaba demasiado cerca de Larry. Acostumbrado a este tipo de cosas, le impresionó un poco como sus oídos sentían un leve zumbido cuando todo terminó. El toque de los dedos de Discordia en su brazo derecho, le hicieron entender que debía moverse pronto. Ella no se molestó en hablarle, tal vez porque debían ocupar la energía en acorralar aquel sujeto.
El hombre de verde, conocido como Mr. L, estaba furioso cuando entraron aquel salón que servía para las reuniones del ejército. Su aspecto había desmejorado mucho más que antes. Sus ojos color plata estaban vacíos y llenos de un frio resentimiento. Su bigote y cabello estaban despeinados, y su ropa había sido destrozada tras la explosión.
Larry sentía que estaban acorralando a una criatura salvaje, pero era consciente que era la única forma de ganar. Ninguno de los dos había planeado hacer tiempo desde el principio, tan solo querían noquear a ese sujeto y asegurarse que no lastime a nadie más.
—Son patéticos…— Les habló con una voz venenosa Mr. L, mirando directamente a Discordia —…Con sus trucos baratos y sus pequeñas habilidades, me dan ganas de vomitar—
—Se ve molesto— Comentó con tono casual Discordia, mientras Larry se preguntaba si iba a seguir disparándoles rayos. Al ver que la mano de Mr. L volvió a brillar, reuniendo electricidad en esta, solo consiguió resoplar por la frustración.
Sin embargo, su compañera había notado algo extraño en su oponente.
—Al parecer no tienes la mínima idea de lo que pasa a tu alrededor, ni siquiera con tu propio cuerpo ¿verdad?— Discordia se quedó observando a Mr. L, hablando sin buscar una provocación, pero intentando advertirle de algo que Larry aún no entendía —El no tener miedo a nada y confiarse demasiado tiene un precio muy alto, uno termina quemándose a sí mismo, sin medir las consecuencias ni tomar recaudos—
—¿Qué estás tratando de decir…?— Mr. L intentó de moverse para atacarlos, pero no pudo. Larry le miró con desconfianza pero no cabían dudas, ese sujeto tenía las piernas entumecidas.
—Finalmente llegó al límite —Murmuró Larry con cierto alivio, pensando que aquella pesadilla pronto iba a terminar.
No sabía lo equivocado que estaba.
—Gracias por la advertencia, solo por eso no te haré sufrir tanto antes de matarte— Mr. L sacó lo que parecía ser una seta 1-up, y se la comió delante de ellos dos, antes que pudieran hacer algo para detenerlo.
—Es por esa razón que ha aguantado tanto, se ha curado a sí mismo después de cada pelea— Discordia no sonrió después de esto, simplemente metió su manos en los bolsillos, viendo como su enemigo se curaba delante de sus propias narices.
—¿Qué vamos hacer? Nos quedaremos sin energía antes de vencerlo— Larry estaba aterrado, y sintió que todo su cuerpo temblaba de miedo. Escuchó un leve gemido, y miró hacia atrás, notando que la princesa Toadstool seguía allí, junto con su hermano.
¿Por qué les seguían? Era demasiado peligroso para ellos.
—Larry, vete de aquí y llévate a esos dos, él no va echarse para atrás a partir de ahora— Discordia dijo esto tan rápido como pudo, pero fue demasiado tarde.
Larry no alcanzó a moverse en ese instante. Mr. L se lanzó sobre él para atacarlo directamente y se quedó inmóvil por la impresión. Pudo ver el resplandor cegador del rayo, escuchar la risa maniaca del hombre de verde y sentir el sabor metálico de su propia sangre, al morder por accidente el interior de sus mejillas.
Era su final, y no podía mover un solo musculo por el terror que sentía. Cerró sus ojos en el último instante y esperó aquel ataque eléctrico. Pero la sensación de ser electrocutado nunca llegó, solo sintió un intenso frío que le quemaba la piel y le hizo estremecerse. Abrió lentamente los ojos, y se encontró con la espalda de Discordia delante de él.
Ella le había protegido sin siquiera dudarlo. Con horror, notó que el ataque de Mr. L le había dado en la cara, y que la descarga eléctrica seguía encendida en sus manos. Pudo ver que el hombre era mucho más grande que ellos dos, y le miraba enfurecido, detrás del pequeño cuerpo de Discordia.
Larry estaba asustado, pero el frio que sentía a su alrededor le hizo reaccionar. Finalmente pudo notarlo, la mitad del cuerpo de Discordia estaba cubierto de una gruesa capa de hielo, que se extendía desde su pie derecho hasta su cabeza. La mitad de la cara de aquella mujer estaba cubierta de una armadura de hielo.
El joven koopa intentó hablar, pero la garganta se le resecó. Solo salió un jadeo de su boca y pudo ver su aliento. La habitación era demasiado grande para enfriarse tan rápido, pero sentía sus dientes castañar ¿Qué había pasado?
Mr. L por su parte, sacó con dificultad su puño izquierdo de la cara cubierta de hielo de Discordia. Al parecer no podía mover los dedos de aquella mano, y se la sujetaba como si le doliera. Los casquetes que cubrían la mitad del cuerpo de Discordia, comenzaron a desprenderse, para caer al suelo y romperse. Larry no podía ver la cara de aquella mujer, pero podía imaginar una mirada llena de furia. Su voz de por sí, sonaba muy aterradora.
—No te olvides quien es tu oponente, Mr. L— La voz Discordia era horrible cuando estaba enfadada. Tal vez era el frío, pero Larry tenía un mal presentimiento. Algo le decía que no debía acercarse aquella mujer, ni mucho menos tocarla.
—Mi mano…— Mr. L parecía estar más alterado que antes, mientras retrocedía del alcance de Discordia —…Está congelada, no puedo moverla ¿Qué hiciste? ¿Por qué mi ataque no te afectó?—
—El hielo no conduce la electricidad— Discordia sonó impasible, mientras terminaba de masticar y tragar lo que tenía en su boca, lo cual parecía ser una flor de hielo. De seguro cuando llevó las manos a sus bolsillos, la había sacado para usarla.
—¿El plan de atacarlo a distancia sigue en pie?— Ella se dirigió a Larry, con una mirada casi tan fría como el hielo que la rodeaba
—Sí…Tenías otro truco bajo la manga— Larry siquiera le preguntó lo que había hecho, era obvio que Discordia estaba esforzándose más de lo que quería aparentar.
—Un buen mago deja lo mejor para el final— Dijo la mujer, mientras las venas de sus rostros se marcaban notoriamente de un intenso color negro. No era una visión agradable, parecía que su rostro iba a partirse en pedazos —Estoy forzando demasiado esta habilidad, tal vez solo dure unos tres minutos—
—Es todo lo que necesitamos— Larry no estaba seguro de aquella afirmación, pero estaba agradecido por encontrar una forma de enfrentar aquel sujeto. Tan solo esperaba asistir de forma adecuada a Discordia.
Mr. L descubrió que había gastado su última seta hace un momento atrás, por lo que prescindió de su brazo izquierdo para volver atacarlos. Larry salió detrás de Discordia, y atravesó el recinto, girando con su caparazón. Aprovechó para golpear al hombre de verde justo del lado donde no podía defenderse, para salir disparado hacía el lado contrario de la habitación. Al salir de su concha, levantó su báculo mágico, el cual brilló con intensidad. De repente, el agua comenzó a brotar de los tubos que rodeaban las paredes.
La masa de agua rodeo a los tres contendientes en un círculo, una especie de pared que los separaba de la princesa Peach e Iggy. Larry esperaba que esto funcionara, porque el agua y la electricidad no se mezclan muy bien. El sonido del chapoteo a su alrededor se intensificó cada vez más, y los gritos de su hermano mayor se oían a lo lejos
Ya no había vuelta atrás.
Larry lanzó un chorro de agua encima de la cabeza de Discordia, y esta se congelo sin que ella llegue a tocarla. El joven koopa tragó saliva al darse cuenta que en ese estado, todo lo que se acerque aquella mujer terminaría siendo congelado. Fue acertado no intentar entrar en contacto con ella.
La estaca de hielo siguió su trayectoria, directo hacía Mr. L. Su mano eléctrica no le era eficiente para defenderse del ataque, pero pateo aquel trozo de hielo con sus botas, reduciéndolo a escarcha. Larry frunció el ceño, pero no se sintió intimidado por aquella acción.
Decenas de chorros de agua salieron en dirección hacia Mr. L, y estos se congelaron al pasar cerca de Discordia. El hombre de verde trató desesperadamente de escapar, pero sus movimientos eran cada vez más limitados, debido a los carámbanos que caían a su alrededor. Finalmente había quedado confinado en una celda de hielo, pero no por mucho, ya que había comenzado a patear desesperadamente aquellas heladas paredes para escapar.
Larry vio en ese momento que Discordia había saltado hacía las paredes metálicas, para luego llegar al techo. Le gritó confundido, al verla correr encima de ellos, con los pies pegados al techo metálico. Era un poco surrealista verla de cabeza, dirigiéndose hacia donde estaba Mr. L. El joven koopa movilizó la masa de agua hacía arriba, siguiendo cada paso que ella estaba dando. Cuando llegó justo encima del hombre de verde, el líquido la envolvió y se congelo de inmediato.
Discordia comenzó a precipitarse hacia Mr. L, con su cuerpo rodeado de hielo. El hombre de verde se negaba a perder, y antes de que aquel témpano helado consiga aplastarlo, le dio un puñetazo con su mano en buen estado, haciendo que estalle en pedazos. Sin embargo, aquel sujeto no había escapado ileso de aquel ataque.
Discordia no dudó un solo instante y le dio un fuerte cabezazo, usando todo el peso de su pequeño cuerpo. Larry vio como la sangre de los dos saltaba hacia los lados, por lo brutal que había sido aquel ataque. Mr. L cayó pesadamente al piso, completamente inconsciente, mientras la emisaria de Pompe-ia rodó por el suelo y terminó desparramada, a pocos metros de este.
Larry sintió que el calor de la habitación regresaba y el hielo a su alrededor comenzaba a derretirse. Miró a su hermano y le dedicó una ligara sonrisa, a pesar que lo miraba estupefacto, de la misma forma que lo hacía la princesa. Finalmente había terminado, y no podía estar más aliviado por aquella victoria.
(…)
Ante el silencio abrumador de aquella habitación, Peach jadeo por la impresión que le provocó presenciar el final de aquella pelea.
Cuando Eris se incorporó de aquel terrible cabezazo, que terminó desmayando a Mr. L, su cuerpo se tambaleaba peligrosamente hacia los lados. Peach noto que su frente estaba ensangrentada y su flequillo color ceniza se estaba mojando por aquel líquido escarlata.
Los ojos de aquella mujer estaban vidriosos por un momento. Eran un par de lagunas oscuras y tumultuosas que se dirigieron primero a los pequeños koopas, y luego a ella. Parecía que estaba comprobando si se encontraban a salvo, lo cual podía decir hasta el momento de que era un hecho.
Luigi estaba inconsciente en el suelo, y Eris parecía querer decir algo, pero no se le entendió del todo. Probablemente tenía una contusión cerebral.
—Maldita sea, todo da vueltas— Eris se movió lastimosamente hacia Luigi y le pateo la pierna derecha con un poco de torpeza. Nadie dijo nada al respecto, pero ella parecía estar más enfadada de lo que aparentaba —Te juro que si mis piernas no estuvieran como gelatina y pudiera enfocarme lo suficiente, te estaría pateando con más fuerza—
Peach iba a protestar ante aquella amenaza hacía la integridad de Luigi, pero noto que la mujer se cae al suelo, estrellando su cara contra el duro metal.
—¿Maestra Discordia?— Dijo de repente Larry, separándose de Iggy para acercarse al cuerpo inerte de Eris —¿Se encuentra bien?—
—Seh, solo no puedo moverme… Ya pasará, es molesto pero pasará— Eris no se molestó en hablarle más al joven koopa, parecía estar refunfuñando para ella misma. Peach no sabía cómo reaccionar, era un poco desconcertante todo lo que sucedió delante de ella.
En el fondo de su mente escuchó una extraña alarma. No se había percatado hasta entonces, pero finalmente parecía haber alguien que podía hacerle frente a uno de los hermanos Mario, y vencer. Espantó esas ideas de su cabeza, y se concentró en Luigi. Estaba muy maltratado, pero esa expresión de furia que tenía durante aquella pelea había desaparecido, dejando en su lugar un rostro calmo y gentil.
Ella se sintió un poco conmovida al ver la herida que le provocó Eris en su frente y en su puño izquierdo. Con suavidad, levantó su cabeza para apoyarla en sus piernas y tomo sus manos, tratando de entender como Mr. L podía compartir la misma cara de aquel buen hombre.
"¿Qué harías en mi lugar, padre?" Se preguntaba abrumada Peach, mientras limpiaba con cuidado la sangre de la frente de Luigi.
—Oh, vaya… Ahora entiendo, la voluntad de las estrellas— Eris parecía hablar con un tono más profundo de lo normal, pero seguía tirada en el suelo como una muñeca de trapo —No se preocupe, saldrá bien—
—¿Cómo lo sabes?— Preguntó Peach. Eris trató de mover su cuerpo, pero apenas pudo levantar su cabeza.
—Sigue habiendo un buen hombre allá adentro, solo tiene que recordar a quien es leal—
—A su hermano, a Mario. Luigi seguiría a Mario hasta el fin del mundo— Afirmó Peach, como si fuera algo obvio.
—¿No hay nadie más? No, no lo creo. Siempre hay alguien más, princesa Toadstool—
Al escuchar esto, Peach cerró sus ojos, y trató de recordar. Había detalles que a veces se escapaban de su cabeza, tras años de haber conocido a Mario y Luigi, pero siempre estuvo pendiente de los dos. Era su deber cuidar de ellos, y había fracasado rotundamente, siempre terminaba viéndolos heridos y magullados, y lo único que podía hacer era curar sus heridas…
…Ella recuerda haber curado a Luigi en el pasado, pero nunca se molestó en volver a pensar en ese momento. Fue extremadamente doloroso, no solo para ella sino para él.
En esos días, él estaba desesperado, enfermo y paranoico, Mario no podía hacerle entrar en razón, y se había empecinado en buscar una tubería warp para volver a su hogar. Recordaba lo abrumado que estaba Mario en aquellos días, al darse cuenta que no podía vigilar a Luigi, para que deje de cavar hasta destrozar sus manos, y se vio a ella misma con la obligación de intervenir.
Lo encontró aquella noche al lado de un pozo, hecho un ovillo, sollozando como un niño perdido. Estaba hablando en una lengua que no podía descifrar, seguramente clamando por regresar a casa y dejar atrás su mundo.
Peach se anunció para no asustarlo, y al no ver una reacción de su parte, se le acercó. Lo primero que atino hacer Luigi es apartarse de ella, y darle la espalda. Eso no la detuvo, y con cuidado le dio unas palmaditas en la espalda, esperando que se desahogara.
No había forma de regresar al otro mundo, al menos que ella sepa, pero no tenía porque obligarlo a sentirse mejor por eso.
—Déjame solo— Logró articular Luigi en aquella ocasión. Ella frunció el ceño levemente, y trató de ser paciente. Mario estaba demasiado cansado, ya que pasó la semana en vela vigilándolo para que no se lastime, y ya no podía ayudarlo.
—No— Se escuchó hablar Peach, con un poco más de dureza de la que solía usar —Vine a verte porque me preocupas—
—Yo no quiero… ayuda— Luigi estaba fuera de sí.
—¿No estás cansado? Dejaste de cavar hace mucho ¿Cómo están tus manos?— Peach insistió nuevamente y trató de tocarlo.
Antes aquel contacto, Luigi dio un manotazo que terminó tirándola hacia atrás. Cuando se dio cuenta de lo que hizo, trato de disculparse. Peach respiró sentada en el suelo, se serenó, y se trató de incorporarse de nuevo.
No podía culparlo por aquel ataque de nervios, Luigi estaba hecho un desastre. Sus ojeras eran peor que las de Mario, sus ojos inyectados de sangre, el bigote desarreglado y la barba que asomaba su cara, eran señales de que no se había aseado en días. Pero eso no era nada, las manos que había visto cubiertas por guantes blancos, ahora estaban desnudas y en carne viva. Esas ampollas que supuraban pus se veían casi tan mal como debería sentirse.
—Dame tus manos— Peach sonó un poco más autoritaria en aquella ocasión. Luigi no le dijo nada, sus ojos estaban vacíos en ese momento, y le mostró ambas manos a la princesa. Ella las sujetó desde las muñecas, y comenzó a curarlas como solía hacer con los animales pequeños y las plantas moribundas.
Cuando terminó, noto que Luigi se le quedó mirando, pasmado, como si no pudiera creer lo que acababa de pasar.
—Hora de ir a la cama, tu hermano está preocupado…—
Peach recordaba haber arrastrado a Luigi hasta la casa que compartía con su hermano, asegurándose de que llegue en una pieza y no comience nuevamente con aquella locura. No se había dado cuenta que además de curar sus manos, había curado su estado de ánimo, sacándolo de la desesperación y el terror que sentía.
¿Por qué se había olvidado de eso? Ella podía ayudarlo en ese momento.
—Luigi es leal al Reino Champiñón— Dijo de repente Peach. Por su parte, Eris solo resopló molesta.
—Uno no le da su lealtad a un pedazo de tierra, sino a las personas en las que puede confiar— La mujer de traje negro se habían vuelto a incorporar, ante la mirada asombrada de Peach. Se la notaba inestable, pero estaba tratando de aparentar invulnerabilidad ¿Un mecanismo de defensa? Pasó su antebrazo por su frente, y limpió la sangre de su cabeza con la manga de su deteriorado traje negro, mientras hablaba con un tono impasible —Voy a necesitar un traje nuevo—
Peach evitó rodar los ojos por la exasperación. Era obvio que Eris estaba luchando por moverse y no caer inconsciente por el cansancio. Hasta daba lástima verla arrastrándose ¿Por qué se hacía esto? Era tan extraña.
—¿A quién eres leal, Eris?— La pregunta de la princesa tal vez estaba fuera de lugar, pero debía averiguar que motivaba aquella persona a pelear hasta ese punto.
—¿Yo?... A la reina de Pompe-ia, claro está— Eris dijo esto sin dudarlo, pasando su mano por su cabello corto, despeinándolo aún más. Luego señaló con algo de desdén a Luigi —¿Qué harás con respecto a este sujeto?—
—Su nombre es Luigi…— Peach estaba molesta por aquella actitud, pero no podía culpar a Eris. De seguro estaba resentida con el hermano de Mario por todo lo que les hizo pasar —…Solo déjame concentrarme para que lo cure…—
—No lo hagas, volverá atacarnos— Dijo de repente Iggy, que había recuperado la compostura de presenciar como su hermano menor arriesgaba su vida, luchando con un sujeto que le superaba en fuerza. Peach iba a defender a su amigo, pero Eris la interrumpió.
—Ya, no se preocupen por esto— Eris trató de sonar lo más elocuente posible, y por suerte los niños le prestaron atención en ese momento —Vayan por el resto de sus hermanos y saquen a los sobrevivientes de esta nave—
Larry no parecía estar de acuerdo al principio, pero Iggy tiró de él para llevárselo de allí, mientras protestaba en voz baja —Si ellas quieren arriesgarse, allá las dos—
Después de ver cómo los pequeños koopas salían de aquel recinto, Peach suspiró con algo de tranquilidad —Eres muy mala para confortar a los niños—
—Ya, ni que fuera a tener hijos… Hey, parece que está despertando— Eris señaló a Luigi con un movimiento de su cabeza.
—¿Luigi?— Preguntó dubitativa Peach, mientras el hombre abría con lentitud sus enormes ojos azules. Se veía confundido, pero su expresión seguía siendo suave y tranquila, parecía haber despertado de un sueño muy pesado.
—Peach… Eris…— Luigi les dedicó a las dos una mirada preocupada, de seguro por el estado en el que estaban. Ambas habían visto mejores días, tal vez por eso se alteró aún más —¿Qué les pasó…? ¿Dónde está Mario?—
—Recuerda nuestros nombres y pregunta por su hermano ¿Eso es suficiente?— Dijo con algo de desdén Eris.
—Para mí lo es— Replicó Peach, mientras levantaba con cuidado el cuerpo de Luigi, para que se siente —Ayúdame, Eris—
De mala gana, Eris se acercó para ayudar a la princesa a incorporar al hermano menor de Mario. Cuando ella bajó la guardia, Peach aprovechó a rodearla con su brazo izquierdo, sujetando a Luigi con su brazo derecho, abrazándolos al mismo tiempo. Era incómodo para ellos, pero curarlos de esa forma iba a ser más sencillo. Era un abrazo de grupo para levantar los ánimos y curar sus corazones heridos.
—¿Peach?— Luigi tenía la cara roja en aquel momento, mientras Eris ya estaba refunfuñando como una vieja huraña, al darse cuenta que los brazos de la princesa eran lo suficientemente grandes como para retenerla. Tal vez era por su altura, pero a los ojos de Peach, los dos parecían un par de niños pequeños que habían tenido una riña.
"Espacio personal" Protestó irritada Eris, por la vergüenza. Mientras Luigi murmuró un tímido "Esto no es necesario, princesa"
—Necesito esto tanto como ustedes dos— Dijo de repente Peach, sintiendo como la energía le volvía a su cuerpo —Me alegra que estén bien—
(…)
TBC
N/A: ¡Hola! Es posible que este capítulo tenga errores, voy a tratar de editarlo lo más pronto posible. Saludos.
