¡Buenas a todos! Aquí estoy casi una semana de vacaciones :D :D :D así que a descansar hasta el jueves! Pues nada, muchas gracias a todos por vuestras lecturas y comentarios. Espero que este capítulo os guste tanto como el anterior ;)

Son cerca de las doce de la noche. Chris y yo hemos estado todo el día elaborando el plan para infiltrarnos en la casa de Irons… una locura por la que estamos dispuestos a arriesgar nuestro pellejo. Barry y Rebecca se han quedado en la casa… sin saber absolutamente nada. Les hemos dicho que íbamos a salir a por comida… y parecían convencidos con nuestra explicación.

Chris y yo hemos elegido una vestimenta completamente negra que incluye un pasamontañas. Al menos podremos camuflarnos entre las sombras, pero eso no quiere decir que sea completamente eficaz.

La casa de Irons está cerca del Ayuntamiento, un enorme caserón de dos plantas que destaca entre los edificios colindantes. Es una suerte que sea una calle donde no hay negocios nocturnos; nos habría sido imposible entrar. Un rápido paseo esta tarde por los alrededores de la comisaría me sirvió para descubrir que Irons sigue desatendiendo un poco sus obligaciones, pero que esta noche iba a estar rondando por allí.

La jugada perfecta para descubrir qué se trae entre manos… si es que hay algo. Sé que todas y cada una de las sospechas de Chris tienen su fundamento, pero necesitamos algo que nos demuestre que, efectivamente, el jefe de policía está compinchado con la corporación.

-Oye, Jill… ¿estás segura de que quieres seguir adelante? Ya sabes que no quiero meterte en nada peligroso –murmura Chris cuando nos colocamos detrás de un árbol, ocultándonos de la luz de las farolas y de la vista de cualquier curioso.

Aunque no me ve, pongo los ojos en blanco. Anoche me lo repitió varias veces, y a lo largo del día también.

-Te dije que te seguiría hicieras lo que hicieras… y aquí estoy –contesto con voz cansada. Me gusta que se preocupe por mí… pero a veces es demasiado protector.

Lo cierto es que anoche no pude dejar de pensar en ese morboso polvo que echamos en una de las habitaciones de la casa de Forest. Creo que hasta que no llegó el último turno, el de Rebecca, no me quedé dormida. Mi mente también estuvo dándole vueltas a esto de meternos en casa de Irons… y cada vez lo veo más peligroso. Pero si Chris piensa que es lo mejor, es lo que haremos.

-Bien… ve por la derecha, yo iré por la izquierda –vuelve a susurrar mi compañero-. Nos vemos en la parte trasera.

Tras mi visita a la comisaría, decidí echarle un vistazo por encima a la casa del jefe de policía, para tener una ligera idea de su distribución externa. Tiene dos entradas principales; una delante y otra detrás. Hay varias ventanas por las que podemos colarnos sin muchos problemas, y así puedo evitar forzar la cerradura.

Sé que hay muchas cosas que debemos tener en cuenta. La primera de ellas es el tiempo. Chris y yo hemos hablado de que si en quince minutos no conseguimos obtener absolutamente nada, nos retiremos y volvamos antes de que nos pillen. ¿Qué ocurre si Irons se presenta de pronto en la casa? ¿O si tienen algún sistema de seguridad que esté camuflado?

Hemos considerado todas y cada una de esas posibilidades… y aun así hemos accedido a arriesgarnos. Miro de un lado a otro. No hay moros en la costa. Corro hacia el lateral derecho de la casa, y me detengo de pronto al oír unos pasos. Mierda. Hay alguien vigilando.

Permanezco quieta apoyada contra la pared. Miro hacia mi derecha. Chris no está por ninguna parte. Maldita sea. Debo advertirle. Si nos pillan… estamos acabamos. Me quedo quieta unos segundos más, escuchando. Los pasos se detienen cerca de mí; la respiración se me corta. Si el tipo gira, me verá.

-Joder, qué puto aburrimiento… ¿Quién cree que va a venir? ¿Alí Babá y los cuarenta ladrones? –bromea el tipo riéndose de su propio chiste.

Una horrible idea se me cruza por la cabeza, pero no tengo tiempo de pensar en ello. Desenfundo mi arma. Suerte que llevo un silenciador. Chris dijo que intentáramos no usarlas… pero creo que es el momento. Corro hacia donde creo que está el tipo y salto sobre él derribándolo. Le pongo una mano en la boca y la pistola en la cabeza.

-Ni se te ocurra llamar a nadie o te vuelo la tapa de los sesos –amenazo quitándole el seguro a la pistola. Sé que va contra mis creencias matar a una persona… pero si mi vida corre peligro, no lo duraré ni un segundo -. Bien… dame tu arma y el walkie que tengas. Rápido.

El tipo me señala el bolsillo de su pantalón y la pistolera que tiene en la parte izquierda. Sin perderle de vista ni un segundo, extraigo la pistola y le quito el walkie. Así al menos me aseguro de que no pueda ponerse en contacto con nadie. Puede que Chris se haya topado con alguien más.

Bien. Ahora viene lo más difícil. ¿Qué hago con él? Tengo que pensar algo rápido; el tiempo se agota. Sin pensarlo, golpeo al tipo con la culata fuertemente en la cabeza. Cae desplomado en el acto. No está muerto, pero estará inconsciente un tiempo, quizá el suficiente para entrar y salir. Además, cuando despierte tendrá un dolor de cabeza y un chichón considerables.

Vuelvo a oír pisadas. Me pego contra la pared. Quien quiera que sea… viene rápido. Me despego de la pared y apunto hacia la persona que viene hacia mí. Tardo unos segundos en darme cuenta de que es Chris. Bajamos nuestras armas lentamente.

-Irons lo sabía –comenta dando unos pasos inspeccionando el lugar y deteniéndose junto al tipo que he dejado inconsciente -. Su amigo también está echando una siesta… Espero que tengamos tiempo suficiente.

Es lo que más me preocupa ahora mismo.

-Todas las ventanas de la otra ala están cerradas… y parece que aquí también –sigue hablando mi compañero intentando abrir una sin demasiado éxito. Vamos a tener que colarnos por una de las puertas.

Saco el juego de ganzúas de la riñonera que llevo en la parte derecha.

-Antes deberíamos comprobar que no hay ningún tipo de alarma –sugiero mirando por los alrededores. La poca luz no me permite distinguir mucho, pero sí lo suficiente para ver una caja plateada a unos dos metros de altura -. Allí arriba hay una caja de lo más sospechosa. ¿Podrías ayudarme a alcanzarla?

-Claro. Súbete a mis hombros –Chris se arrodilla junto a la pared y yo me coloco sobre sus hombros. Me elevo hasta quedar a la altura de la caja -. Pensaba que no pesabas tanto… -murmura Chris mientras abro la portezuela.

-Anoche no decías lo mismo –bromeo cogiendo unos alicates. Chris se queda en silencio. Quizá mi broma ha ido demasiado lejos -. Lo siento… No debería…

Corto los cables oyendo a Chris suspirar debajo. Jolines, creo que me he pasado un poco. Desde luego que no hemos hablado nada de lo que ocurrió anoche, pero… lo cierto es que noto que ambos queremos repetir. Al menos yo sí. Termino de cortar el último cable.

-Listo –anuncio guardando los alicates. Chris se agacha y de un pequeño salto me sitúo de nuevo en el suelo. Es una pena que no pueda verle la cara a mi compañero con el pasamontañas.

-Bien. Vamos a por esa puerta.

Caminamos hasta la parte trasera. La observo unos segundos. No parece que sea una cerradura demasiado complicada. Espero que no se active ningún sistema más. Tardo poco más de quince segundos en conseguir que la puerta ceda. Dejo a Chris entrar primero, y luego lo hago cerrando la puerta a mi paso.

-Echaré un vistazo en la planta de arriba. Estoy seguro de que Irons guardará todo lo importante en su despacho –ordena Chris cogiendo su arma con ambas manos. Su proposición me descoloca.

-¿Y qué hago yo?

-Vigilar por si algún amigo más se une a la fiesta –su comentario me hace sonreír, aunque sé que no puede verme bajo el pasamontañas -. Ten mucho cuidado, Jill.

-Tú también.

Su voz parece realmente preocupada. La verdad es que a mí también me dolería que le pasara algo. Le tengo muchísimo aprecio. Le veo marcharse de la cocina a buen ritmo.

Me acerco a una de las ventanas y observo el exterior distraída. Es una suerte que no se haya activado ningún tipo de alarma… pero no podemos cantar victoria hasta que no salgamos de allí.


Abandono la cocina y subo rápidamente por las escaleras que conducen hacia la planta de arriba. El tiempo apremia… y no me siento nada seguro dejando sola a Jill. Sé que es una auténtica profesional, y que puede lidiar con cualquier situación que le echen encima. Basta decir que ha conseguido noquear a ese payaso de la entrada sin problemas.

Y ha escapado de la mansión Spencer después de una noche tortuosa y larga para todo el equipo… ¿Quieres más pruebas?

Llego a un gran pasillo con varias puertas. ¿Cuál será? No tengo tiempo de ir mirando una a una… pero no tengo otro remedio. Corro hacia la izquierda, donde hay tres puertas. La primera es un cuarto de baño. La segunda una pequeña habitación con un enorme ropero, y la tercera la habitación de Irons, la más alejada de ese sector.

Un rápido vistazo me sirve para darme cuenta de que el jefe de policía también ha mantenido su retorcido gusto en casa. Cuadros de dudoso gusto, alguna que otra cabeza de animal… Espeluznante.

Vuelvo mis pasos hacia la otra dirección, y abro la primera puerta que encuentro a la derecha. Bingo. Nada más y nada menos que el despacho de Irons. No debo encender la luz. Eso sólo alertaría a cualquiera que pase por la calle o a algún vecino. Saco mi linterna y alumbro la estancia.

-Esto está mejor… -murmuro sin saber bien por dónde empezar.

Una gran mesa de madera ocupa casi toda la estancia. Hay también una estantería con muchas carpetas y archivadores. Decido empezar por ahí. Cojo varias carpetas al azar y las pongo sobre la mesa. También hay un portátil. Le echaré un vistazo si tengo tiempo.

Hay dos carpetas que contienen papeles de la comisaría, pero nada interesante. Hay otra carpeta con papeles del Ayuntamiento. Les echo un vistazo. Vaya, vaya. Hay un cheque de cinco mil dólares del concejal de obras a Irons por unos servicios prestados. Interesante. Hay otros documentos de colaboraciones del jefe de policía con el alcalde, pero todo parece legal.

Me pregunto a qué se deberán esos cinco mil dólares… El siguiente archivador que encuentro me deja boquiabierto. Tardo unos segundos en reaccionar. El nombre de Umbrella está escrito en él. Mierda. Sabía que de alguna forma u otra Irons estaba metido en el ajo.

De: Richard Mason

Para: Brian Irons

Señor Irons:

Por si no lo sabe ya, le pongo en conocimiento de que las instalaciones de las montañas Arklays han quedado destruidas como consecuencia de la ineptitud de uno de sus hombres: Albert Wesker.

Esta misma mañana he enviado a una unidad de limpieza para que recojan todas las pruebas. La policía y los medios no tardarán en inmiscuirse. Debe seguir manteniendo la tapadera. Haga lo que estime oportuno para levantar las sospechas sobre la corporación. De ser así se le compensará con diez mil dólares.

De: Aaron Brooks

Para: Brian Irons

Señor Irons:

La corporación agradece que haya desviado la atención sobre nuestras acciones. Los S.T.A.R.S. pueden suponer un problema a corto y largo plazo, así que es vital que los miembros supervivientes sean eliminados: Burton, Chambers, Redfield, Valentine y Vickers.

En el caso de que se viera con problemas para localizarlos, la corporación facilitaría ayuda de primera mano para capturarlos y matarlos. Repito. Bajo ningún concepto la verdad debe salir a la luz.

Hay un documento referente al virus T, ese virus que sufrimos en nuestras propias carnes en la mansión Spencer. Pero ninguna referencia al supuesto virus G. Estoy convencido de que en el ordenador tiene que haber algo. Espero que Irons sea tan gilipollas que ni siquiera se le haya ocurrido ponerle contraseña.

Enciendo el ordenador sin saber exactamente cuánto tiempo ha pasado. Ya debe quedar poco… y los tipos que dejamos inconscientes deben estar a punto de recobrar la conciencia. Tendría que haberme traído un sistema de comunicación para estar en continuo contacto con Jill…

Aunque tal vez no sea buena idea. Con toda probabilidad nos están vigilando, y si pinchan nuestro sistema de comunicación podrán localizarnos con mayor facilidad. Suspiro aliviado al ver la pantalla principal del ordenador. Sonrío soltando casi una carcajada. Irons es tan gilipollas hasta en casa.

Hay un documento del Medical Children Service de Philadelphia que me llama la atención. Es la asociación para la que dimos el dinero que ganamos en el torneo de baloncesto. Frunzo el ceño mientras abro el documento. Tiene fecha de hace dos meses.

Estimado señor Irons:

Remitimos este email para agradecerle su confianza y sus ganas de apoyar nuestra iniciativa para ayudar a niños que padecen algún tipo de enfermedad rara.

A la finalización del torneo que su equipo ganó, nos prometió la donación completa de los honorarios recibidos. Usted mismo nos envió una carta para asegurarnos que el ingreso se había efectuado.

Sin embargo, a fecha de hoy, la asociación sigue sin tener constancia de ese dinero. Hemos comprobado el número de cuenta que se le facilitó, y todo está en orden. Nos gustaría que comprobara si hay algún problema con la entidad desde la que realizó el ingreso.

Esperando su respuesta. Un cordial saludo.

Margaret Green

Vuelvo a quedarme boquiabierto. ¿Dónde está el dinero que ganamos? Recuerdo que hasta dio una rueda de prensa para confirmar que las ganancias habían sido transferidas a la asociación… ¿Qué demonios está pasando?

Una carpeta con el nombre "Umbrella" llama mi atención. Nada más abrirla me doy cuenta de que hay varios archivos con el nombre William Birkin. Vaya, ahora que lo pienso, Birkin es mencionado en varias ocasiones en los documentos que Brad consiguió descargar de la base de datos de Umbrella.

Sé que debo controlar el tiempo, pero es que quiero tener el máximo de información posible para desenmascarar a todos los que nos están causando problemas.

De: Annette Birkin

Para: Brian Irons

William sigue muy ocupado con sus investigaciones. Es muy posible que hasta la semana que viene no pueda reunirse con usted. Me ha pedido que le diga que las obras empezarán en breve. El personal está trabajando en los planos, y cuando estén listos le mandaré una copia.

Informe sobre cualquier incidente o problema que encuentre.

De: Matt Byron

Para Brian Irons

Señor Irons:

Su contribución va a servirnos poder iniciar las obras que tanto tiempo llevamos esperando. Esperemos que la conexión sirva para que, tanto sus intereses como los de la corporación, queden cubiertos.

El concejal de obras me ha visitado esta mañana, y me ha confirmado que los negocios entre usted y él han llegado a buen puerto.

Una vez más, le agradecemos su contribución.

Y hay un cheque de diez mil dólares a nombre de la corporación Umbrella por parte de Irons. ¡Diez mil dólares! ¡Lo que ganamos en el torneo! ¡Maldito cabrón embustero! Hay varias fotografías de lo que parecen ser unos laboratorios: salas de experimento, maquinarias… ¿Qué es todo eso? No me suenan a las instalaciones que Umbrella tenían en las montañas Arklays.

¿Tendrán otros laboratorios funcionando? Parece bastante probable.

Debería bajar ya. El tiempo tiene que estar a punto de agotarse. Hay dos cajones en la mesa que aún no he investigado. Tal vez encuentre algo útil. Será un segundo. Lo primero que encuentro es una enorme carpeta con el título G.

-¿G? ¿Se referirá al virus G? –murmuro sin dejar de contemplarlo. Parece interesante. Debo cogerlo.

-¡Chris!

El grito de Jill me sobresalta. Me escondo la carpeta bajo la ropa y me vuelvo hacia la puerta nervioso. Su grito parecía… aterrador.

-¿Qué ocurre? –grito echando a correr hacia el comedor.

-¡Arriba las manos! ¡Vamos! –escucho una voz autoritaria de un hombre.

Me paro en seco. Oigo más pasos. Me tiembla todo. Están aquí. Han cogido a Jill.


:O :O :O OMG! ¿Qué está pasandoooo?

Muchas gracias a Xaori y TheLastHokage por vuestros comentarios en el capítulo anterior. ¡Sabéis animar el día! Pues nada, lo dicho, que disfrutéis del capítulo y yo de mis pequeñas vacaciones :D