¡Muchachos! ¿Cómo están? Yo estoy que me lleva el tren...
Como se habrán dado cuenta, me tardé un poco en actualizar la historia. ¿Por qué? Bueno, pues ya empecé con el nuevo semestre y, francamente, es el más horrendo horario que he tenido. Estoy, lunes, miércoles y viernes, DIEZ horas en la universidad; martes TRECE; jueves ONCE e ¡incluso voy los malditos sábados! Cierto, sólo por dos horas, pero ¡son sábados, por amor a Dios! Además, hay un maestro que nos ha hecho trabajar como mulas y con tanta tarea, solamente he podido escribir en DOS noches de las dos semanas de clases que he llevado. Por suerte, fueron suficientes para terminar este capítulo...
Así pues, de una vez les digo que va a pasar un buen rato para que actualice de nuevo. Espero que lo haga antes de abril. Al menos, con esta historia tengo la ventaja de que sólo debo traducir... En fin, ténganme paciencia, por favor.
Ahora, respondiendo a tu pregunta, Dark Ryoga, el elegido que mencioné al capítulo anterior es Aladino, no Sora. Lo que pasa es que me apego a la historia de Kingdom Hearts en general, pero también le meto detalles de Disney... Ahora sabrás qué es lo que le ocurrió a Sora y a los demás :)
Bueno, pues los dejo. Espero reportarme con ustedes más temprano que tarde, pero no puedo prometer nada. Mientras tanto, disfruten el capítulo. ¡Y muchas gracias por las reseñas!
Posdata: un personaje que sale en este capítulo (ya sabrán quién es) no me pertenece. Es propiedad de uno de mis mejores amigos, Jorge Octavio Colmenero Acevedo. Él lo creó y le pedí que me dejara incluirlo en esta historia, a lo cual accedió. Así pues, ahí lo tienen :)
Capítulo nueve: Las puertas del monte místico
Narrador: Ranma
Nos alejamos de la vista de la Reina tan rápido como pudimos. ¡Caray, vaya que era molesta! Huimos de ella y sus guardias tan rápido que ni nos preocupamos acerca de los dos nuevos sujetos que venían con nosotros. Nadie de nosotros les preguntó sus nombres y francamente, en ese momento no importaba. Sin embargo, yo estaba impresionado con el hombre del Karate-gi blanco. Después de todo, había derrotado a un ejército entero sin ayuda de nadie. Bueno, fue un ejército de cartas, pero habían estado armadas con lanzas y hachas. Y no tenía ni un rasguño. No pude evitar el preguntarme si ese hombre era tan fuerte como yo o Leon...
Logramos salir del laberinto y entramos al insólito cuarto en el cual nos habíamos hecho pequeños. Una vez ahí, Link se volteó a nosotros y dijo:
- Temo por Alicia. Es un don extraño, el desaparecer tan repentinamente frente a los ojos de todos. Y dudo que una niña tan pequeña e inocente posea una habilidad tan tremenda. Simplemente no puedo comprenderlo.
- Tampoco yo. – añadió el elfo que venía con nosotros. – No es simple el desvanecerse, ni siquiera cuando uno tiene la suerte suficiente para utilizar las Capas del crepúsculo para su conveniencia. Y si esa chica alguna vez hubiera visitado el claro de Yiartish y de los demás hombres-árbol, me hubiera enterado. Aquellas noticias habrían viajado hasta mis oídos con los vientos que soplan desde las entrañas del hermoso bosque de Fingoth.
¡Vaya que podían decir choco-aventuras! Podrían convertir una simple oración en un soneto si así lo desearan. Tal y como Wilheim. Me recordaban mucho a él. Por supuesto no tanto, pero podía ver que Ucchan no podía librar su mente de su memoria tan fácilmente. Es decir, vamos... Era probable que nunca se vieran de nuevo y ahí estaban ellos, hablando como él lo hacía. No me era grato verla así. Tenía una mirada muy triste en sus ojos. Fui a su lado y puse mi brazo a su alrededor y pregunté:
- ¿Estás bien?
- Sí, estoy bien. Gracias, Ran-Chan. – replicó.
Pero entonces, sus ojos se llenaron de curiosidad, como si de repente hubiera recordado algo que ha de ser recordado. Y, al pensar en ello, me percaté de que los nombres de "Yiartish" y "Fingoth" me resultaban muy familiares. Los había escuchado por primera vez... en el restaurante de Ucchan, con Akane. Rápidamente fui a su lado y le susurré:
- ¡Akane, creo que ya sé quién es este sujeto!
- ¿El elfo? – preguntó. - ¿A qué te refieres, Ranma?
- Disculpe... – Ukyo dijo, aproximándose al elfo. - ¿Cuál... cuál es su nombre, eh? No nos ha dado su nombre todavía.
- Damián. – replicó él. ¡Lo sabía! ¡Ya había oído ese nombre antes!
- ¡¿Damián! – exclamamos Ucchan, Akane y yo al unísono. Supongo que la vieja marimacho recordó el nombre también. Todos nuestros amigos se voltearon a nosotros con miradas extrañadas y Ukyo añadió: - ¡Yo te conozco! Es decir... ¡sé quién eres! ¡Eres el elfo que estuvo con Wilheim por tres años en el bosque de Fingoth! ¡Eres aquel que lo salvó de las arañas gigantes en los bosques de Ungolin!
- ¡¿Qué! – exclamó Damián, anonadado. - ¿Cómo es que lo conoces? "El vampiro melancólico": así lo llama la hermandad de los hijos de Caín... ¿Cómo es que sabes quién es? Eres una muchacha humana, sin duda... Y ustedes también son mortales. – añadió, mirándonos rápidamente y dándose cuenta de que nosotros sabíamos quién era por igual.
- Él es mi novio. – Ukyo replicó, para sorpresa del elfo. – Ran-Chan, Akane, otros amigos y yo le ayudamos a derrotar a Magnus.
- ¿Magnus ha muerto? – preguntó Damián con una sonrisa en su rostro. – No deseo expresarme como un malvado pero, ¡éstas son buenas noticias! El asesino despiadado ha sido eliminado... ¡Finalmente, los Vampyrs podrán estar en paz! Sus fraternos nunca más serán embrujados por la malicia del Nosferatu Exiliado. ¡Gracias a Dios! ¡Entonces su poder ha aumentado tremendamente! ¡Finalmente es libre!
- Disculpen, pero, ¿quizá podrían continuar con la conversación después? – Leon interrumpió. – La verdad, no me gusta cómo se ve esto...
- ¿Cómo se ve qué? – preguntó Aeris.
Leon señaló hacia la mesa gigantesca sin decir palabra y al voltear nosotros a verla, vimos a un gato púrpura mirándonos con una sonrisa.
- ¡El Gato Cheshire! – gritó Sora. - ¡Oye! – le llamó. - ¿Sabes en dónde está Alicia? ¿La has visto?
- ¡Sí que la he visto! – rió el gato. - ¡Los Heartless se la han llevado! ¡Se fue con las sombras! ¡No la encontrarán aquí!
- ¡¿Qué! – gritamos todos. Akane dio un paso al frente (últimamente había estado más irritable que de costumbre... lo cual no es exactamente una buena noticia) y vociferó: - ¿Y qué es tan gracioso, eh? ¡Deja de sonreír, gato y dinos en dónde está!
- ¡Qué sensitiva! – rió el gato (honestamente, hubiera hecho lo mismo de haber sido él). – ¡No está en este mundo, como he dicho! ¡Pero no se preocupen! ¡Pronto podrán disfrutar la compañía de alguien quien buscan! – añadió, señalando al techo. Ahí había un par de lámparas de aceite que de repente se prendieron con fuego amarillo. – Las sombras estarán aquí pronto. Espero que estén preparados para lo peor. Y si no, ¡pues así es la vida! ¡Adiosito! – y así, desapareció.
Y tan pronto terminó de decir esto, un enorme Heartless apareció. ¡Éste era incluso más grande que la armadura que habíamos enfrentado en el pueblo Traverse! Bueno... a escala, por lo menos. Si no nos hubiéramos encogido, seríamos tan grandes como él. Pero no. Tuvimos que seguir el consejo de ese estúpido cerrojo. Bueno, no era su culpa. Ninguno de nosotros sabía que un monstruo con cuatro patas, quien poseía brazos negros como de papel, lo que parecía ser una columna de cabezas y que hacía malabares con un par de bolos, nos iba a tomar por sorpresa. Aun así, estaba muy molesto con el cerrojo quien, encima de todo, ¡dormía!
Pero no pude quedarme enojado con él por mucho tiempo. La cosa gigante agitó uno de sus brazos hacia nosotros e intentó aniquilarlos con un fiero golpe, pero todos fuimos lo bastante rápidos como para quitarnos de en medio, a excepción de Aeris y Donald, mas ellos conjuraron un extraño hechizo sobre ellos mismos y fueron rodeados de un viento protector que los salvó de todo daño. Qué suerte. Sin embargo, el resto de nosotros todavía estábamos a la merced de los ataques del Heartless. Era lo bastante alto como aplastarnos y lo sabía, pues intentó poner sus piernas sobre nosotros.
Por fortuna, había muchos de nosotros con la capacidad para resistir los embistes del enemigo. Desafortunadamente, su trasero era mucho más duro que el del caballero armado del pueblo Traverse. Primero intentamos atacar sus piernas: Akane y yo lo golpeamos como locos y sólo nos lastimamos las manos; Yuffie le arrojó muchos shurikens pero no hizo nada; Sora, Leon, Cid, Link y Ucchan intentaron atacarlo con sus armas mas rebotaron en él como una pelota lo hace cuando toca el piso; Goofy trató de golpearlo con su escudo en la cara y... de hecho, esto enrabió a la criatura y, aparentemente, le causó algo de daño. Sin embargo, utilizó casi todo su poder para saltar tan alto y rápidamente huyó del Heartless en cuanto comenzó a agitar sus bolos hacia él. Desean utilizó sus flechas para atacarlo a distancia y a pesar de que tenía un tino excelente, parecía que sus proyectiles le causaban muy poco, si es que algún, daño a nuestro enemigo. Poco después, Link se unió en estos ataques de lejos con su propio arco y flechas al igual que Ukyo y Yuffie, con sus pequeñas pero afiladas espátulas y sus shurikens. Poco a poco, comenzamos a cansar a la cosa enorme. Akane hábilmente brincó de un sillón a otro y luego a la mesa y le propinó una patada aérea. Yo intenté molestarlo con mi Moko-Takabisha mientras Goofy regresó de su viaje y golpeó al Heartless con su gran escudo. También Aeris y Donald comenzaron a conjurar muchos hechizos en el Heartless. Pronto, bolas de fuego y picos de hielo arremetían contra la criatura, debilitándola más a cada instante. O al menos eso parecía...
Después de algún tiempo, el Heartless se enfureció BASTANTE. Con un fuerte rugido, encendió sus bolos con llamas y empezó a atacarnos con ellos. Sus golpes se volvieron más rápidos y difíciles de evadir. Yo fui alcanzado por uno de ellos y por poco quedé inconsciente. Todo mi cuerpo se vio envuelto por una fiera llama por unos segundos y luego se fue, pero me pareció que estuve sumergido en los suburbios del infierno por el más largo tiempo. Supongo que adivinarán cómo me sentía. Escuché a otros gritar mi nombre, pero no podía levantarme. Akane corrió a mi lado y rápidamente me dio una poción que Aeris le había arrojado. Y no sólo fue eso, sino que también sentí como el pato y la hechicera conjuraron un hechizo de curación en mí y volví a la vida. Pero no fui el último paciente de Aeris y Donald... Más tarde, el monstruo golpeó a Leon y a Cid y después de ellos, a Sora. Ukyo rápidamente arrojó su cuerpo sobre el del muchacho para protegerlo y fue atacada por igual. Su grito penetrante se volvió más intenso cuando el monstruo puso una pierna sobre ella. Ella y Sora estaban por ser destruidos... No podía pararme ahí y dejar que mi mejor amiga fuera aniquilada por esa bestia. Reuní toda mi energía y arrojé un poderoso Moko-Takabisha al Heartless. Tan sólo se tambaleó, pero Ukyo aprovechó el momento y huyó con Sora en sus brazos. Sin embargo, estaba malherida y parecía que no resistiría mucho más. Aeris se retiró a una esquina del enorme cuarto y comenzó a conjurar el más poderoso hechizo de curación en ambos... En cuanto al monstruo... no parecía estarse debilitando. Más bien, se había convertido en una amenaza letal para todos nosotros. Dentro de poco tiempo, Akane fue golpeada por un ataque del Heartless y voló hacia el otro lado del lugar.
- ¡¡AKANE! – aullé. Normalmente, puede ser una molestia, pero no puedo soportar verla herida. Me puse furioso conforme corrí hacia ella y la vi observándome con una mirada débil. Y supe entonces que ya no podía ayudar más, porque sólo podía atacar al monstruo con el Moko-Takabisha y esa técnica sólo sirve con energía positiva. Y en aquel momento, no tenía ninguna. Sólo podía mantenerme cerca de Akane y cuidarla. Pensé en ejecutar un Hiryuu-Shoten-Ha en él, mas era demasiado arriesgado. Podría pisarme y Akane quedaría desprotegida... Mis otros amigos intentaron desesperadamente de derrumbar al Heartless, pero nada parecía servir. Los únicos ataques que parecían tener alguna especie de efecto eran las flechas de Link y Damián (el elfo, por su parte, no había sido herido una sola vez. Era el más rápido de entre nosotros, mientras que el brazo de Link estaba severamente lastimado, pues había utilizado su escudo para repeler los ataques del enemigo... y eso no había resultado muy bien), las espátulas de Ukyo y las estocadas de Sora con su Keyblade. Aun así, esta cosa era mucho más resistente que la otra, como ya lo he dicho antes, y no se amedrentaba, ni siquiera ante el amo de la Keyblade. Únicamente podía mantenerme ahí, protegiendo a Akane y mirando... Esperando, de hecho. Esperando a que la batalla llegara a su fin.
De pronto, escuchamos un grito atronador. Todos se congelaron en el acto, incluido el Heartless. Entonces, un enorme rayo de energía azul provino de un lado del cuarto mientras las palabras del alarido hicieron eco en nuestras mentes:
- ¡¡SHINKU-HADOKEN!
Esta ola de poder repentino golpeó al Heartless en el pecho y lo derribó. Pude incluso ver una mirada adolorida proveniente de sus numerosos ojos... Aulló y cayó al suelo. Y cuando lo hizo, decidimos darle fin. Todos nosotros atacamos a la vez. Link desenvainó su Espada Maestra y Damián sacó dos cuchillos (creo que se llaman las Dagas Quendi) y comenzaron a cortar al monstruo con ira. Yo corrí hacia él y lo ataqué repetidamente con el Truco de las Castañas. Fue Sora quién le dio el golpe final con su Keyblade y con un hórrido grito, la criatura se desvaneció... Su corazón salió de su cuerpo y brilló por unos instantes. Y luego, se fue.
Todos nos volteamos hacia el hombre con el Karate-Gi blanco, quien había desatado aquella ola de energía final. No podía creerlo... ¡Incluso el Shishi-Hokoudan de Ryoga a su máximo poder combinado con mi Moko-Takabisha palidecían ante el ataque de este hombre!
En cuanto Akane, lentamente se puso de pie y caminó hacia mi lado.
- Gracias, Ranma. – dijo.
No podía responder. Estaba demasiado anonadado. Hubo silencio por unos momentos y luego sólo escuché su voz diciendo, junto con un suspiro:
- Tarado.
- ¿Qué demonios fue eso? – preguntó Cid. – Y yo que creía que te habíamos perdido... ¡No te había visto desde el inicio de la batalla!
- Cuando los vi atacando sus piernas... – replicó el hombre. – Supe que eso no funcionaría. Por eso junté toda mi energía en ese único ataque y lo tumbé. – sonrió, se cruzó de brazos y añadió: - Sólo un fuerte golpe fue lo que se necesitó para detenerlo. Sus ataques lo estaban debilitando, pero no eran suficientes para vencerlo.
- Bueno, eso fue algo muy sabio. – dijo Damián, aproximándose al hombre y estrechando su mano. – Supongo que ya sabes nuestros nombres. Al menos yo los he aprendido, pues los gritos de nuestros compañeros han llegado a mis oídos. Sin embargo, aún no sé el tuyo.
- Ni los demás. – respondió el hombre, con una risilla. – No sé qué ocurrió... Solamente aparecí en un extraño bosque... Les diré lo que recuerde cuando salgamos de aquí. Y me da gusto conocerlos a todos: mi nombre es Ryu.
- Bueno, supongo que podemos llevarlos a ambos en nuestra nave Gummi. – Goofy dijo. – Después de todo, sin su ayuda, esa cosa nos habría destruido. Gracias, señor Damián y señor Ryu. Ahora, si nos siguen, les explicaremos todo lo que necesitan saber. Pero antes, hay que llegar a nuestra nave.
- Fantástico. – gruñó Donald. – Más tripulación qué cuidar...
- Qué escándalo... – el cerrojo bostezó de repente. Todos lo miramos y añadió: - Me despertaron... Ah, veo que han vuelto de su viaje. Si quieren volverse de tamaño normal, deberían de tomar de la botella con la etiqueta roja. Sólo deben de escalar la mesa. Supongo que no les será difícil... – se detuvo y volvió a despertar. Y cuando lo hizo, Sora realizó algo inesperado... Apuntó su espada a la boca del cerrojo y de su punta, un rayo provino. Golpeó una oscura cerradura en la garganta del ser y luego se desvaneció... y el cerrojo volvió a dormirse sin notar lo que había ocurrido.
- ¿Qué fue eso? – preguntó Sora, mirando su arma. - ¿Por qué hizo eso?
- Sonó como si algo se hubiera cerrado. – añadió Goofy.
- La cerradura... – Aeris susurró alegremente. - ¡Hemos cerrado nuestra primer cerradura!
(Cambio de escena)
Y así fue que, por pura suerte, sellamos nuestra primera cerradura, poniéndole fin, por consiguiente, a los Heartless de aquel mundo. De cualquier modo, sentí que estábamos obligados a volver y buscar a Alicia. Sólo podía suponer que el enemigo le estaba haciendo cosas terribles... Recé porque mis sentimientos me engañaran.
Abordamos la nave y nos embarcamos a un nuevo mundo. Parecía que Cid había instalado una especie de aparato de navegación que grababa los lugares en los cuales habíamos estado y ahora, podríamos volver a la Tierra de las Maravillas y al pueblo Traverse cuando nos viniera en gana. Donald estaba maravillado con este equipo y, día a día, creo que sentía que había tomado la decisión correcta al llevarnos con él y sus compañeros. Comenzó a platicar con nosotros más y más y pronto, pudimos conocerlo muy bien. Se encariñó mucho con Sora, Ukyo y Aeris...
¿Qué más ocurrió durante esos días...? Ah, cierto. Ante todo, le explicamos a Ryu la situación en la cual estábamos todos nosotros (al parecer, Damián ya sabía lo que acontecía. Nos dijo que un tal Yiartish le había dicho que algo estaba muy mal y le reveló lo que ocurriría). Él y el elfo accedieron a ayudarnos, especialmente Damián, puesto que él también quería encontrar a Wilheim, aunque no tanto como Ukyo, naturalmente... Esos dos podían hablar y hablar por horas acerca de él. Damián le dijo a Ucchan lo que había ocurrido durante la estancia de Wilheim en el bosque de Fingoth y ella le contó la batalla contra Magnus... Y cuando finalmente no había nada más respecto a Wilheim de qué hablar, platicaban de sus vidas. Ukyo ya sabía mucho del elfo, pero él no sabía nada de ella. Bueno, pues la vida de Ukyo resultó ser mucho más interesante de lo que creí, pues hablaron por un buen rato...
En cuanto a Akane, se enojó conmigo. No sé porqué. Supongo que fue por el hecho de que nunca le pude decir "de nada" cuando la salvé. Supongo que lo tomó como si hubiera estado obligado a salvarla, como si fuera una cosa parecida a un estorbo. Traté de explicarle que eso no era lo que sentía, pero no me escuchó. Bien, pues no pude hacer nada al respecto... Desafortunadamente, ese jueguito de Akane también me enojó y ambos nos mantuvimos al margen el uno del otro por un largo rato. Cuando hablábamos, únicamente intercambiábamos un par de oraciones, como "buenos días" o "disculpa" y eso era todo. Aeris y Yuffie intentaron contentarnos, pero yo les dije que no me acercaría a ella hasta que se percatara de su error... Y me importa un comino lo que ella dijo.
De cualquier manera, no estaba aburrido o solo. Ya que Akane estaba muy molesta conmigo (y yo con ella) para hablar y Ucchan y Damián no dejaba de hablar entre ellos, logré conocer a mis otros compañeros un tanto mejor... Bueno, quizá exagero un poco. Al único que pude conocer muy bien fue a Ryu. Era un peleador callejero quien gustaba de viajar por el mundo en busca de alguien más fuerte que él. Durante sus viajes, se volvía más y más poderoso y no dejaba de contemplar cuál el significado de la palabra "guerrero". Yo mismo jamás había pensado en ello... También era muy, muy sabio y listo... con respecto a este tema específico. Porque no sabía mucho de historia, de ciencia o de lo que fuera. Me enteré de esto porque él entrenó en un dojo solitario por diez años sin más compañía que la de su mejor amigo, Ken.
- Me recuerdas a él, en cierto modo. – me dijo. – Como tú, es un hombre temperamental con mucha fuerza en él. Es un bufón innato y un chico sentimental. Me río mucho cuando él está cerca. Nunca sabes qué va a decir. También es un fiero guerrero que añora demostrar que él es el más fuerte peleador de todos. Siempre que nos vemos, peleamos. Pero no batallamos con furia: eso es lo peor que podría suceder. Y aunque no estés peleando contra algún amigo, nunca deberás luchar con furia, o todo estará perdido. Mantente frío y concéntrate; ése es un gran modo de ganar una pelea. Y siempre recuerda que, aun cuando pierdas contra algún terrible oponente, una derrota aprendida es mejor que una victoria vacía.
"Vaya." Pensé. "Éste sabe de lo que está hablando."
Por supuesto, Ryu no siempre era tan serio y tenía un lado divertido. Por lo común, podíamos verlo a la hora de comer. Sé que yo soy una especie de Demonio de Tasmania, pero este hombre comía como si fuera su última cena. ¡He visto leones que comen menos que él! Y eso no era lo peor: comía lo que fuera que estuviera en su plato. Se los puedo decir porque en una ocasión, Donald intentó jugarle una broma al poner una manzana de cera en su comida. No dije nada, pues quería ver como Ryu reaccionaría... Supuse que patearía el trasero de Donald. Pero en vez de ello, el pato y yo solamente vimos con asombro como Ryu se tragó la manzana entera sin decir nada al respecto...
- No me gustaría estar a su lado en un desierto. – Donald me susurró después. Yo asentí sin decir palabra.
Pero además de todo esto, algo más ocurrió una noche...
No podía dormir. De algún modo, el sonido de las turbinas se había vuelto mucho más molesto y repicaba en mis oídos. Primero intenté cubrirlos con mi almohada, pero no resultó. Entonces intenté contar ovejas (sí, así de desesperado estaba), mas nada pasó. Me levanté de la cama y estaba a punto de salir del cuarto para decirle a Cid que apagara las cosas esas o algo así, cuando escuché su voz y la de Aeris hablando entre sí. No quise husmear, pero me llené de curiosidad, puse mi oreja contra la puerta y escuché... y entonces jadeé al percatarme de que Aeris lloraba.
- No sé qué hacer, qué decir... – sollozó. – Es sólo que... no estaba preparada para esto. Su recuerdo es todo lo que me mantiene moviéndome. ¿Qué pasará ahora que no hay razón para buscarlo? Yo...debí de quedarme en el Pueblo Traverse.
- No digas eso. – dijo Cid, con voz firme. – Nunca digas eso. Escucha, Aeris... Tienes que olvidarte de él, ¿de acuerdo? Tienes que dejarlo ir. Olvídate de Cloud. No hay más que eso.
- No puedo. – replicó ella. – Simplemente no puedo. Caith Sith dijo que éramos perfecto el uno para el otro. Esas palabras siguen haciendo eco en mi mente. Dijo que el brillo que nuestras estrellas emitían era el mismo. Resplandecían con la misma hermosa luz... No puedo olvidarme de él. Todavía estoy enamorada de él... – pausó y luego musitó: - ¿Por qué pasó esto?
- No fue tu culpa. Así pasan las cosas, Aeris. Cuando moriste, ninguno de nosotros creyó que te volveríamos a ver, obviamente. Cloud estaba devastado, al igual que el resto de nosotros. Todos encontramos consuelo en cosas diferentes. Cloud lo encontró en los brazos de Tifa y ella en los suyos. Jamás creímos que, de todas las personas, te hallaríamos a ti cuando los Heartless tomaron los mundos. Hasta donde yo estoy enterado, Cloud todavía cree que estás muerta... – pausó y luego añadió: - Debes dejarlo ir.
- No puedo... simplemente no puedo...
- Cloud y Tifa se aman el uno al otro... Y tú encontrarás a alguien. Quién sabe; quizá todo esto ocurrió por algo, como sucede con la mayoría de las cosas. Quizás encuentres a alguien mejor que a Cloud, alguien que te ame tanto como él te amó.
- Eso es algo difícil de creer, Cid. ¿Cómo podría haber sabido que se enamoraría de ella? Dijo que me protegería de todo daño. Incluso cuando salimos en la cita más romántica que puedas imaginarte cuando estábamos en el Golden Saucer... ¿Y para qué? Para que jamás volviera a pensar en mí y...
- Tranquila, tranquila, no digas más, ¿de acuerdo? Tranquilízate, chica, tranquilízate... – murmuró él y luego, escuché como la abrazó y ella lloró sobre su camisa.
En verdad quería ir allá y consolarla. Pero obviamente no podía hacer eso, pues hubieran sabido que había estado escuchándolos. Suspiré y me mantuve quedo.
- Oye, cálmate. – Cid dijo. – Apuesto a que hay cientos de muchachos ansiosos de salir con una mujer como tú. Eres hermosa, Aeris. Y... ¿quién sabe? Estamos conociendo mucha gente. Es probable que te enamores de alguno de ellos y viceversa, ¿no te parece?
- ¿De qué estás hablando? – Aeris preguntó. Me di cuenta de que sonaba un poco ofendida.
- No lo tomes a mal. – Cid dijo. – Pero he visto la manera en que ves a Link... Es decir...
- ¿Link? – interrumpió ella. – Link... no, es sólo que... No. Claramente está enamorado de su princesa. ¿No te parece que él ama a Zelda?
- ¿Y qué hay de ti?
- Apenas lo conozco. ¿Cómo puedo enamorarme de un hombre que no conozco? Es tan ridículo como decir que... que...
Suspiró y se quedó callada por unos momentos. Y justo cuando Cid estaba a punto de decir algo (con respecto a Link, me imagino), empezó a llorar de nueva cuenta y sollozó con voz quebrantada:
- Amo a Cloud... No puedo olvidarme de él así como así. Me pides que ya no lo recuerde. Es como pedirle a la luna que olvide al sol. El único brillo que ella emite es el que viene de él. Siempre intenta capturarlo, pero jamás tiene éxito... ¿Por qué no podemos fusionarnos en un eclipse mágico? ¿Por qué... por qué tuvo que ser ella y no yo?
Escuché como Cid frotó su espalda con gentileza... y no dijeron más. Volví a la cama con sólo un pensamiento en mi cabeza: incluso los zorros envidiarían el oído de Link...
(Cambio de escena)
No pasó mucho más durante nuestro viaje en el espacio. Sin embargo, noté dos cambios muy importantes en mis compañeros...
El primero se dio en Aeris. Conforme pasaban los días, se volvió más y más callada y su rostro empezó a perder toda la felicidad que una vez estuvo ahí. Sabía que eso tenía que ver con la plática que había tenido con Cid. Sabía que no podía hacer nada al respecto, pero aún así, estaba preocupado. Vi como mis amigos reaccionaron a su silencio en diversas formas; Ucchan, Akane y Yuffie le preguntaban constantemente si estaba bien y si quería hablar con ellas acerca de algo. Por supuesto, ella solamente dibujaba una sonrisa falsa en su rostro y decía que no había nada de qué preocuparse. Cid también se volvió más callado... En cuanto al resto de nosotros, casi no le prestamos atención al asunto. Ni siquiera Link... y no podía evitar el preguntarme si había oído la conversación entre el piloto y Aeris.
El segundo cambio se dio en Akane. No hay mucho qué decir, pues lo que ocurrió fue que comenzó a hablarme, finalmente. Como ya lo habrán adivinado, jamás aceptó que todo lo que había pasado había sido culpa suya y no tenía nada que ver conmigo...
De cualquier manera, un día Cid dio un aplauso alegre y anunció en voz alta:
- ¡Finalmente, señores! ¡Ahí hay un nuevo mundo! ¡Todos alístense para desabordar!
(Cambio de escena)
El nuevo mundo era muy diferente de la Tierra de las Maravillas y el Pueblo Traverse. Todo lo que podíamos ver ante nosotros eran dos puertas gigantescas con gladiadores pintados en ellas, o al menos eso parecían aquellos dos hombres con espadas y escudos. A nuestra izquierda y nuestra derecha, había dos grandes antorchas y el calor de sus llamas acariciaba los lados de nuestros cuerpos junto con el brillante sol que resplandecía ferozmente en el cielo. El suelo no era nada mas que arena amarilla y después de unos segundos, decidimos que era tiempo de abandonar este minúsculo desierto y buscar un poco de sombra para mantenernos frescos. Entramos a través de las puertas y nos hallamos a nosotros mismos dentro de un pequeño cuarto de piedras amarillentas. Y ahí, justo ante nosotros, había un sátiro. Un pequeño ser con el torso de un hombre (corrijo... un hombre gordito y barbudo) y las piernas de una cabra. Parecía estar escribiendo algo en un pizarrón y ni siquiera nos prestaba la más mínima atención. Conforme volteaba su cabeza ligeramente a la derecha y a la izquierda, noté que tenía una nariz grande y redonda y ojos negros y pequeños. Caminamos hacia él y antes que pudiéramos decirle algo, nos habló.
- Qué bueno que estés aquí. – dijo. - ¿Podrías mover ese pedestal por mí? Tengo muchas cosas qué hacer y no puedo terminar con la lista de concursantes que deben entrar a los juegos.
- ¿Juegos? – Sora preguntó. - ¿Qué juegos?
El sátiro finalmente se volvió hacia nosotros y musitó, con un jadeo:
- ¡Ah, me equivoqué de sujetos!
- ¿Qué es esto de los juegos? – pregunté. - ¿No te has dado cuenta de lo que está ocurriendo, con los Heartless y demás? ¿Por qué estás organizando juegos? Y... ¿de qué se tratan?
- ¡Ranma! – me regañó Akane.
- Yo mismo me hago esa pregunta, la segunda, es decir. – replicó el sátiro, saltando de la piedra en la cual estaba y caminando hacia nosotros. – No sé por qué estamos organizando estos juegos. Sólo sé que el jefe ordenó que así fuera. Sólo soy un peón, tengo las manos atadas, ¿saben?
- ¿De qué estás hablando? – Goofy preguntó. – Todavía lo puedes hacer, ¿no?
- ¡Es una metáfora, amigo! – exclamó el sátiro... Sí, Goofy no vio cuerdas en las manos del ser y todos nos percatamos de ello. – No sé exactamente qué está ocurriendo... Lo que entiendo es que Zeus está buscando alguna especie de nuevos héroes...
- Un momento... – Ucchan interrumpió. - ¿Zeus? ¿Zeus el dios, el que reina sobre todos los otros como Apolo, Diana y demás?
- ¡Vaya! – dijo la criatura. – ¡Veo que ya saben quienes son! ¿Vivían cerca del monte Olimpo antes de que todo esto pasara?
- Esto es bastante raro. – Akane murmuró.
- De cualquier manera, creo que quiere encontrar a una especie de héroe o algo así. Por eso está organizando un torneo en el Coliseo. Recompensará al equipo que gané los juegos con algo muy especial. – dijo el sátiro.
- ¿Con qué? – preguntó Donald.
- ¿Cómo voy a saberlo? – refunfuñó el sátiro. - ¿Tengo la cara de un consejero real? ¡Nadie me dice nada! ¡Ni siquiera Hércules, mi mejor amigo y mi pupilo, me ha dicho nada respecto a esto!
- ¿Hércules? – preguntó Damián. – Eso es en verdad muy extraño. Me pregunto si, de alguna manera u otra, no hemos entrado a un reino irreal de algún tipo o si nuestras mentes nos están jugando malas pasadas.
- No estamos interesados en participar en los juegos. – dijo Link. – Estamos aquí para buscar a nuestros amigos y sellar la fuente de este mal. Es vital que hagamos eso, pues sólo entonces desaparecerán las sombras de esta tierra.
- Supongo entonces que son héroes. – dijo el sátiro. – Muy bien. ¡Los inscribiré en el torneo! Sin embargo, los dividiré en dos grupos, así que decidan quién va a estar con quién, ¿entendieron?
- ¿De qué hablas? – Damián intervino. – Acabamos de decirle que no deseamos involucrarnos en esto. Tan sólo sería una pérdida de tiempo, dado nuestro objetivo. ¿No puede entender que, para librar su mundo de las fuerzas maléficas que sin duda lo atacan, no podemos distraernos con nada? ¿O es muy difícil para usted entenderlo?
- Empezarán mañana. – dijo la criatura, sin prestarle atención a las palabras del elfo. – Espero que me digan en qué equipo querrán estar o los inscribiré como a mí se me ocurra, ¿de acuerdo?
- ¡Ah, demonios! – musitó Donald, con ira.
- ¡He conocido orcos quienes poseen más sesos que tú, sátiro! – Damián exclamó.
- ¡Oye, para ti soy señor Phil, elfo! – replicó el ser. – Deben participar. Todos parecen dignos de enfrentar el reto... Bueno, quizás no todos. – susurró, echándole una mirada a Sora, Donald y Goofy. – Pero si ganan, obtendrán una gran recompensa. El torneo dura sólo dos días. ¡Deben pelear, todos los héroes deben pelear!
- ¿Pelear? – Ryu y yo murmuramos. – Jamás dijiste nada acerca de pelear. – añadió. – Si este torneo consiste en ganar batallas contra oponentes feroces, cuenta conmigo.
- Conmigo también. – dije.
- ¿Qué? ¡Ranma! – regañó Akane.
- ¡Ranma! ¡Ryu! ¡¿Qué demonios están diciendo! – Cid demandó.
- Hay muchos hombres y mujeres fuertes que no dejarían pasar una oportunidad como ésta. – Ryu respondió. – Ken es uno de ellos. Quizá lo encontremos aquí. ¿Quién sabe? Puede que encontremos a algunos de sus amigos.
- Pero... – Cid comenzó a decir, pero Sora lo interrumpió al declarar:
- Está bien. Yo también entraré. Puedo estar en su equipo, amigos.
- Cuenta con ello. – Ryu dijo.
- ¡Sora! – Ukyo exclamé y noté enojo en su voz. - ¿Qué crees...?
- ¡Si el amo de la Keyblade entra en la arena, entonces estaremos felices de acompañarlo! – Goofy añadió, con una risilla.
- Yo también iré, si ese es el caso. – Donald dijo. – Quiero saber cuál es la recompensa. Además, soy un héroe.
- Sin duda alguna... – Phil susurró, riendo suavemente.
- Muy bien. – dijo Link. – Si ese es el caso, que así sea. – También entraré a la competencia.
- Al igual que yo. – suspiró Damián. – No estoy muy entusiasmado respecto a ello, pero supongo que no tengo opción. Triunfaré en este torneo.
- ¡Fantástico! ¡Los pondré a todos en el pizarrón, entonces! – Phil dijo. – El torneo comienza en un día... Afortunadamente, eran los únicos que faltaban para que comenzáramos. ¡Así que no se enojen! En cuatro días, a lo mucho, saldrán de aquí con una gran recompensa en sus manos... Bueno, eso es si siguen mis consejos y entrenan conmigo.
- ¡Ah, al diablo con todo! – Ucchan exclamó y no sonaba nada contenta... De hecho, era claro que ni ella, Akane, Aeris, Cid o Yuffie querían participar en esto (en cuanto a Leon, creo que no le importaba) y nos lo iban a restregar en nuestras caras tanto como pudieran. - ¡Muy bien! ¡Anótanos! ¡Pero en cuanto termine el torneo, con recompensa o sin ella, nos largamos de aquí!
- ¡Olvídense de los viajes de primera clase, tarados! – Cid añadió, mientras él y las chicas nos dejaban solos en el pequeño cuarto con el sátiro.
- Entonces, ¿quiénes estarán en los equipos, amigos? – Ryu preguntó, con una sonrisa nerviosa.
(Cambio de escena)
Dormimos en dos tiendas afuera del pequeño cuarto amarillento. Cid, Leon y las chicas dormían en una tienda y el resto de nosotros en la otra. Creo que el único que no tenía ganas de estrangularnos era Squall, pero el resto de ellos... Si hubiéramos muerto, ni les habría importado (si acaso porque ellos no hubieran tenido el gusto de hacerlo). Al menos entonces... Adiós a la tregua entre Akane y yo.
Todos dormíamos pacíficamente. Ni uno de mis compañeros roncaba, por suerte. Sin embargo, eso no quiere decir que no me desperté en medio de la noche. Unas voces perturbaron mi sueño. Una de ellas era la de Phil y la otra venía de un hombre desconocido para mí. Me arrastré fuera de la tienda y los escuché sin ser visto...
Como hube adivinado, ahí estaba Phil, hablando y saltando de un lado a otro. Parecía estar muy molesto respecto a algo. No podía ver muy bien al sujeto que hablaba con él porque la noche era muy oscura y las cuatro antorchas que iluminaban el lugar en el cuál estábamos no desvanecían suficientes sombras del suelo y las paredes. Sin embargo, pude distinguir que vestía una capa roja y tenía cabello güero y puntiagudo. Era alto y tenía una enorme espada, casi tan grande como él mismo. Tenía dos guantes de cuero en sus fuertes manos y vestía botas de batalla color café. Tenía una voz grave y varonil...
- ¡¿Cómo que no vas a participar! – Phil demandó, con un aliento de desesperación.
- Pues eso mismo, que no voy a participar. – replicó el hombre. – Creí que eras lo suficientemente listo como para entender eso. ¿Qué quieres que haga para explicártelo, entonces? ¿Uso manzanas o te hago un dibujito?
- ¡Oye, no te pases de listo conmigo! – replicó el sátiro. - ¡Además, no puedes renunciar! ¡No ahora, cuando la competencia está por empezar! ¡No es justo!
- Hay muchas cosas en la vida que no son justas. – dijo el hombre. – Tendrás que acostumbrarte a eso, Phil. Apesta, pero no hay nada que puedas hacer al respecto. ¿Te queda claro? Sólo piensa en esto: todo está tranquilo.
- ¡No! ¡Tienes que competir! Escucha, ¿ves esas tiendas de allá? – Phil dijo y señaló la dirección en la cuál estábamos. Rápidamente me oculté en la tienda y continué escuchando sin sacar mi cabeza de nuevo. – ¡Ahí hay trece sujetos que me matarán si el torneo no comienza mañana! ¡Sin ti, no hay mañana! ¡Tienes que quedarte a pelear! ¡No me abandones, hijo, no lo hagas! ¡No puedes hacerlo! ¡Te mato si lo haces!
- ¡Eso será algo difícil, considerando que esas personas te asesinarán mañana! – rió el hombre. No tenía una risa malévola, más bien una juguetona... Cuando se percató de que Phil no apreciaba la broma, aclaró su garganta y dijo con seriedad: - Escucha, encontrarás a alguien más. No puedo competir en este torneo. Volveré para el próximo, ¿de acuerdo?
- ¡¿Qué te hace pensar que habrá otro! – exclamó el sátiro.
- Pues porque Hércules no está en éste. Y por eso no voy a pelear.
- ¡Pero Hércules no es imprescindible para este torneo!
- Efectivamente. Será imprescindible en otra ocasión. Y cuando eso ocurra, volveré. Créeme, no hay nada de qué preocuparse. – concluyó y comenzó a alejarse de él. Phil corrió tras él pero el hombre no se detuvo. Salió del lugar y momentos después, escuché el rugido de las turbinas de una nave Gummi. Phil emitió un grito enrabiado y caminó hacia el cuarto amarillento.
Entonces decidí salir de la tienda para hablarle.
- ¿Qué fue todo eso? – pregunté.
- ¡Oh! – jadeó y se volvió a mí con una sonrisa nerviosa. - ¿Eso te despertó? Quizás deberías tomar un vaso de leche... Eso me ayuda a volver a dormirme, ¿sabes?
- Escuché todo lo que estuvieron diciendo. – dije.
- ¡Ay, perfecto! – gimió. - ¡Ahora tú y tus amigos me atravesarán el estómago con sus espadas y me asarán como si fuera un cerdito! ¡Por favor, no sean tan bruscos! Primero péguenme en la cabeza con algo para que duerma mientras se lleva a cabo la... ya sabes... masacre.
- No estoy molesto contigo. Es sólo que no entiendo como puedes agitarte tanto cuando hay soluciones tan fáciles.
- ¿No estás enojado conmigo? – preguntó Phil, con suavidad. Pero luego de un segundo, dijo. – Pero tus amigos lo van a estar. Bueno, te recordaré cuando me hagan escribir mi testamento... si es que me dejan escribir un testamento.
- Escucha, es muy fácil. – dije. – No tienes que cancelar nada. Sólo di que este tipo no se presentó y que su oponente ganará por ello.
- Ojalá fuera así de fácil. – replicó. – La cosa es que no puede haber ausentes. Zeus lo dijo. Dijo que todos aquellos que participen en los juegos tendrán que pelear sin importar qué. ¡Pero a este sujeto ni le importó! ¡Ah, no, porque no recibirá un rayo en su pequeña y estúpida cabeza mañana! ¡Ni será cocinado por una muchedumbre enardecida!
- De acuerdo... – murmuré. – Entiendo que los equipos que pueden participar en el torneo pueden tener hasta siete integrantes, ¿cierto? Si ese es el caso, entonces sólo parte a uno de nuestros equipos a la mitad. Seguramente se van a enfurecer, pero no será tanto como lo harán si les dices que las peleas han sido canceladas.
- ¿No entendiste, muchacho? – Phil aulló. - ¡Él ya se ha enlistado en el torneo! ¡Al igual que tú! ¡Sin importar lo que pase, habrá un lugar vacío! ¡La única cosa que puedo hacer es enlistar a algún sujeto nuevo que llene el sitio de este pelmazo!
- ¿Un torneo? – dijo una voz que venía desde atrás de nosotros. Había sido una voz muy, muy grave... Nos volteamos a él y vimos a un hombre enorme. Era mucho más alto que Leon y era muy corpulento. Era incluso más grande que el mismo Ryu. Vestía una gran capa que parecía estar echa de piel de oso. Podía ver que estaba equipado con una katana y una escopeta. Tenía cabello corto y oscuro y una expresión seria en su cara. Sus ojos eran negros y en ellos, había algo que me perturbaba... ¿Cómo podría describirlo? Lo pondré así: parecía que estaba carente de todo sentimiento y, a la vez, una gran tristeza e ira lo atormentaban y sus pupilas lo reflejaban de manera espeluznante... Hubo silencio entre nosotros por unos momentos y luego, dio un paso al frente y volvió a hablar. - ¿Un torneo se lleva a cabo? Esto es algo sorprendente; el aprender que, incluso cuando las sombras de la maldad se han apoderado de los otros mundos, hay quienes todavía pelean entre ellos. ¿Y para qué?
- ¿Qué? ¿De dónde viniste? – Phil preguntó. ¿Qué...?
- ¿Puedes decirme los nombres de quienes van a pelear? – preguntó el hombre. – Quiero saber si esto vale mi preciado tiempo o si debo buscar en el brillo de la luna más diablos de nueva cuenta. Quiero saber si esto va a satisfacer el hambre que me mantiene vivo... O si debo escudriñar al gélido mal en otro lugar.
- No puedo hacer eso, amigo. – replicó el sátiro. – No puedo decir quién va a pelear y quién no.
- Si eso es cierto, entonces, ¿cómo es que ese tipo sabía que Hércules no iba a pelear? – pregunté, comenzando a enojarme. En verdad. ¿Cómo lo había sabido?
- ¡Yo no le dije! ¡¿Crees que lo hice! – Phil refunfuñó, pero el hombre lo interrumpió.
- ¿Hércules? Ahora sé que he vivido para ver toda locura que el universo tiene por ofrecer. ¿Quién adivinaría que los mitos eran reales? – dijo y soltó una risa sombría... aunque no sonrió del todo. – Pues que así sea. Pelearé. Sólo espero que el destino me cumpla mi deseo.
- ¡¿Pelearás! – Phil exclamó. - ¡¡Oh, gracias! ¡Me salvaste el pellejo! ¡Sí, ya viene un nuevo retador! – tomó su pizarrón y un pedazo de tiza. Yo ya me había tranquilizado, pues el torneo no sería cancelado... También deseaba agradecerle al sujeto, pero le tenía algo... de miedo. –El torneo empieza mañana, así que asegúrate de dormir bien, ¿de acuerdo? ¡Pero antes, dime tu nombre!
- Georgio Octavius Crónico Acvedus. – respondió él.
- Eso es un poco largo... – musitó el sátiro.
- Entonces Octavius. Espero que con eso baste. Ahora, dormiré un poco. Asegúrate de despertarme antes de que el torneo dé inicio, sátiro. – añadió y se alejó sin decir ni una sola palabra más. Lo vi en silencio mientras comenzó a levantar su tienda...
- ¡¡Magnífico! ¡Gracias, Octavius! – rió el sátiro y luego dijo: ¡Cloud Strife, estás fuera!
- ¡¿Cloud! – grité. - ¡¿Cloud Strife! ¡Oh, no! ¡Ése es el sujeto que Aeris estaba buscando! ¡¿Es él que se fue!
- Sí... ¿eso es malo? – Phil preguntó.
- ¿Malo? ¡Es una tragedia griega! ¡Maldición! – caminé en círculos un rato, tratando de calmarme. La había regado. Si hubiera salido mientras el sujeto todavía estaba hablando con Phil, lo habría detenido. ¡Ahora sólo Dios sabía en dónde estaba! Aun cuando hubiera despertado a los muchachos en aquel momento, no lo habríamos encontrado, pues no sabía ni cómo se veía su nave... Después de respirar profundamente, finalmente dije: - Escucha, no viste nada, ¿de acuerdo? Ninguno de los dos lo hizo. Ningún Cloud Strife se enlistó en el torneo y luego se fue. ¿Entendido?
- No puedo dar ningún tipo de información, aunque quisiera. – Phil replicó. – De cualquier manera, no diré ni una palabra. Mis labios están sellados.
- Gracias... supongo que debería descansar un rato.
- Cierto. Ve, pues. ¡Dulces sueños! – rió y saltó hacia el pequeño cuarto amarillo.
Dejé escapar un suspiro y me regresé a la tienda. Octavius ya había construido la suya y ahora dormía plácidamente en ella. No podía evitar el pensar lo formidable que resultaría ser como adversario. Es decir, es cierto que las apariencias engañan, pero estaba seguro de que este sujeto sería tan poderoso como el más fuerte de nosotros... Quizás incluso más. Meneé mi cabeza y entré a la tienda. Una vez ahí, vi que mis compañeros todavía estaban sumergidos en sueños y no habían despertado con todo aquel alboroto... Pero por un momento, vi a Link parpadear, girar sobre su espalda y cubrir su cuerpo con cobijas.
Y así pues, después de unos segundos, dejé de fingir que no había notado nada, me recosté y pensé para mí mismo:
"Lo escuchó... Lo escuchó todo. Demonios."
