Capitulo 10
Los siguientes tres días transcurrieron en un silencio incomodo, roto solamente por algún comentario y/o pregunta que fuera necesario manifestar verbalmente para comunicarnos. De lo contrario, Seshomaru y yo pasábamos bastante rato al día fingiendo que el otro no estaba ahí.
Para él no debía ser nada complicado, estaba bastante acostumbrado al mutismo, pero yo por otra parte, sentía que debía estar mordiéndome la lengua a cada rato para no ponerme a gritar. Y lo peor es que era todo cosa mía: desde la noche en que me había salvado de los demonios serpiente, no le había sido capaz de decir una sola palabra, ni mirarlo a los ojos, demasiado avergonzada y confundida como para poder reaccionar acordemente. Él, lejos de preocuparse, simplemente se había sumado al silencio por comodidad.
Lo miré de reojo, y no por primera vez en el día deseé acercarme a abrazarlo. No necesariamente por una razón sexual (aunque eso aún estuviese pendiente en mi cabeza) quería abrazarlo como a un amigo a quien no veía hace mucho tiempo, y a quien extrañaba a mas no poder. Era ridículo que teniéndolo tan cerca tuviera que contenerme, como si no estuviera ahí en absoluto, como si nunca hubiera vuelto por mí en primer lugar.
Y quizás se está arrepintiendo de haber venido a buscarme, recalqué en mí cabeza, al fin y al cabo, le había causado demasiados problemas últimamente.
Sin desearlo, vinieron a mi cabeza flashes de aquella noche, imágenes de pesadilla con aquellos hombre-serpiente que intentaron tocarme, y cuyas garras aún sentía sobre mi piel. Recordé aquella sangre acida y viscosa resbalando por mi garganta en cuanto mordí a uno de ellos, y el golpe del otro en mi mejilla cuando lo enfurecí. Temblé de solo pensar en lo cerca que estuve de convertirme en picadillo, y casi deseé no haberme metido de lleno en mi campaña para seducir a Seshomaru esa noche… casi.
Sin poder evitarlo, miré de reojo nuevamente a mi compañero, y solo entonces, otro tipo de recuerdos bombardearon mi cabeza, unos que no tenían nada que ver con pesadillas. Recordé a Seshomaru observando mi cuerpo con expresión sorprendida, apartando la mirada y poniéndose rojo (o eso al menos me había parecido). Rememoré su mordida sobre mi piel, que por más dolorosa que hubiera sido, de alguna forma había sido…erótica, y muy intima.
No había visto que mordiera a la demonio pelirroja con la que se había enrrollado en el bosque unas noches atrás, por lo que para bien o para mal, al menos ahora compartíamos algo solo entre nosotros dos, y eso me alegraba enormemente.
Él giró la cabeza y clavó sus ojos en mi, y yo, roja de vergüenza, me adelanté y evité mirarlo a la cara.
Eres una idiota, me dije, disimuladamente apoyando mi mano sobre mi pecho, intentando controlar los latidos de mi enloquecido corazón. ¡Mierda, lo deseaba todavía! Aquel encuentro con los demonios, y aquel Seshomaru sangriento (que había sido nuevo para mí) no me habían alejado para nada de mi objetivo de seducirlo. Admito que me había dado miedo toda la situación, pero eso no significaba que fuera a rendirme, solo que de ahora en mas pensaba actuar de forma mas cautelosa e inteligente. Nada de desnudarme sin razón aparente, se ve que no funciona…
- Es allí – dijo de repente Seshomaru, señalando con un dedo a un pequeño lago a la distancia.
Era la primera vez que me hablaba en tres días si no era para preguntarme si tenía hambre, por lo que asumí que estábamos por llegar a un destino importante. Me pregunté si allí cerca se encontraría la aldea original de Jaken, y volví a imaginar toda una tropa de los pequeños demonios verdes. Mi corazón se alegró un poco a pesar de lo triste que era aquella misión.
- Bueno, apuremos el paso entonces.
El camino fue agotador, ya que estábamos bajo el sol, sin el refugio de los arboles, y al mediodía, pero ninguno de los dos quería descansar todavía. No creía poder soportar mas silencios incómodos, quería llegar a la aldea de una vez por todas y hablar con otras perso…bueno, demonios.
Sin embargo, un rato mas tarde, a unos cuantos metros del lago, me vino una ligera sensación de malestar, la cual parecía ir creciendo con cada paso que daba hacia nuestro destino. Por extraño que pareciera, a pesar del calor y el esfuerzo, de repente tenía frío, como si nos hubiéramos adentrado en una tormenta sin que yo me diera cuenta.
Me abracé a mi misma y seguí adelante, sintiéndome como si estuviera en el medio de una ventisca helada, y miré la espalda de Seshomaru delante de mí, sorprendiéndome al ver que no temblaba. Parecía ser solo yo la del problema.
Mis pies parecieron convertirse en plomo súbitamente, y un agujero se me formó en la boca del estomago. Ignoré la sensación todo lo que pude, hasta el punto en que se volvió tan agresiva, que fui forzada a detenerme y sentarme con la espalda a un árbol, solamente concentrándome en respirar. Traté de pensar si había comido algo en mal estado últimamente, pero nada específico se me venía a la cabeza.
- Rin – me llamó Seshomaru - ¿estas bien?
Se agachó a mi lado, y puso su mano en mi frente. Me sentí un poco mas cálida, pero no lo suficiente como para dejar de rodearme a mí misma con los brazos.
¿Por qué tengo tanto frío?
- Yo… - traté de hablar pero mi voz era pastosa, inútil – no me…siento…bien.
Él simplemente asintió con la cabeza, y me tomó en brazos. A pesar de lo agradable que era estar tan cerca de Seshomaru, no me gustaba que me cargara si yo era capaz de caminar, me hacía sentirme como las doncellas en apuros de las historias, y jamás me había identificado con ninguna de ellas. Me habría bajado, pero pronto se hizo claro que mi cuerpo no respondía a los comandos de mi cerebro, así que me dejé llevar.
- ¿Estaré…enferma? – me pregunté.
Supongo que lo habría dicho en voz alta, porque Seshomaru respondió a mi pregunta:
- Algo así, pero vas a mejorar en un momento.
Apoyé mi cabeza en su hombro al escuchar sus palabras aseguradoras, y creo que llegué a quedarme dormida con el vaivén de su cuerpo mientras nos alejábamos de aquel lago.
Desperté, después de lo que me parecieron horas, por la increíble mejora que hizo mi cuerpo. Me levanté del suelo de hojas y moví mis músculos. No me dolía nada, ya no tenía frío y volvía a tener mi usual energía. Era como si la enfermedad nunca hubiese ocurrido.
- Creí que podrías acercarte lo suficiente al lago, aunque fuera por unos minutos, pero se ve que no va a ser posible.
Me giré hacia Seshomaru, quien estaba de pie junto a un árbol, y miraba el lago en el horizonte. Por la posición del sol, me di cuenta que no debían haber pasado mas de unos minutos desde que me quedé dormida. ¿Pero como podía ser posible que en tan poco tiempo me encontrara perfecta de nuevo? Aquella no debía haber sido una enfermedad común y corriente, nada de resfríos o comida en mal estado. Aquello era algo diferente, algo sobrenatural del que yo no había tenido ningún control.
- ¿Por qué no puedo acercarme?
Él giró la cabeza entonces, y me sorprendí de ver decepción, o quizás, tristeza en su mirada. Con él era difícil saberlo, pero definitivamente algo le molestaba. Tuve el miedo repentino de haber hecho algo sin darme cuenta y que lo hubiera molestado…otra vez.
- ¿Es porque…soy humana?
Por lo que yo recordaba él no había tenido ningún problema como los que yo había tenido, así que quizás aquel lugar, fuera el que fuera, solo estuviera pensado para demonios.
- Así es – respondió él – el lago tiene una protección a su alrededor, para que los humanos curiosos no se acerquen y decidan destruir, conquistar o construir sobre esa zona. Los demonios podemos sentirla también, pero de una forma mas leve y fácil de manejar.
- ¿Por qué alguien hechizaría un lago? – pregunté confundida - ¿es sagrado o algo así?
Quizás la aldea de Jaken tuviera una deidad importante que residía en aquel lago y por esa razón no deseaban que los humanos lo corrompieran. O quizás simplemente era una zona con propiedades curativas, o algo por el estilo, pensé. De todas las respuestas que me podría haber esperado, ciertamente no me esperaba la verdadera:
- Es una tumba comunal.
Me petrifiqué sobre mis pies, sintiendo como el viento revolvía mi pelo, y la naturaleza no se dignaba a hacer ni el mas mínimo sonido. El corazón se me encogió dentro del pecho, y el pánico pareció meterse en mis entrañas. Una parte de mí no quería saberlo, la otra sabía que no me quedaba mas opción que preguntar:
- ¿Me estás diciendo que ese es el lugar...donde esta Jaken?
Él asintió con la cabeza, pero la verdad es que no había necesitado respuesta. Mientras lo decía en voz alta, me di cuenta que era cierto. ¿Porque Seshomaru nos llevaría a otra tumba que no fuera la de Jaken? Aquella era nuestra misión, y habíamos llegado para completarla. Había esperado que pasáramos por la aldea de su especie primero, pero al parecer la tumba se encontraba antes en el camino.
Sentía unas tremendas ganas de llorar, pero tragué el nudo en mi garganta y me di vuelta hacia la dirección del lago nuevamente.
- Vamos entonces, ¿Qué esperamos?
Antes siquiera de poder dar un solo paso, tuve a Seshomaru frente a mí, frunciendo el ceño y deteniendo mi cuerpo con su mano.
- Tu no vas a ningún sitio – declaró, y aquella voz inflexible me pareció lo mas injusto que escuché en la vida. ¿Cómo él estaba tan controlado y yo sentía mi interior como un desastre?
- Si, voy – le informé, retirando su mano – no me voy a quedar atrás cuando vinimos específicamente para mostrar nuestros respetos.
Rodeé su cuerpo y comencé a caminar, esperando que la segunda vez que hiciera aquel camino no me sintiera tan maltrecha.
- Estas siendo irracional – me dijo, volviendo a detenerme, esta vez sosteniéndome del brazo.
- ¿Irracional yo? – pregunté, y mi voz subió unos cuantos tonos de los que me hubieran gustado – si tengo que soportar un poco de malestar para rendir homenaje a mi amigo, lo voy a hacer.
Él frunció el ceño de nuevo y juntó sus labios en una fina línea. Claramente no le gustaba la idea de que yo me metiera en la boca del lobo por segunda vez, pero a mi me daba igual lo que pensara. Tenía en mi cabeza la idea fija de ir a su tumba, y de alguna forma u otra, llegaría a ella.
- ¿Por qué te esmeras en hacerte daño? – preguntó él de repente.
Me quedé tan sorprendida por su pregunta, que al principio no encontré una respuesta satisfactoria en mi cabeza. Me pareció que no me estaba hablando solamente de mi deseo de ir al lago, sino por el incidente de unas noches atrás, pero no estuve segura y no lo saqué a colación. No quería aquella discusión allí ni ahora.
- No llegué hasta aquí para tirarme para atrás – dije, intentando suavizar la voz para no pelear – y…quiero ir hasta allí Seshomaru, en verdad lo quiero. Se lo debo.
Él me miró por lo que parecieron horas, cuando en verdad no fueron mas que unos instantes, pero muy intensos y cargados de indecisión. Sabía que si él lo decidía, yo no podría dar un solo paso mas, ya que con facilidad podía ejercer mas fuerza sobre mí. Así que esperé, sin respiración, su respuesta.
- Bien – contestó, y yo suspiré de alivio – pero solo un minuto, no se qué clase de reacción tendrá este lugar con tu cuerpo a largo plazo.
Asentí y juntos empezamos a caminar. Al principio me encontraba bien, pero de nuevo a los pocos metros del lago, comencé a sentirme fatal. Seguí caminando, sin embargo, poniendo un pie delante del otro, a pesar del esfuerzo descomunal que aquella mínima acción conllevaba. Seshomaru pasó un brazo por mi cintura en algún momento, y me sostuvo contra él para que no me cayera, obligándome a avanzar. Estaba demasiado débil como para alegrarme de estar tan cerca de su cuerpo.
- Deberíamos dar la vuelta – dijo, y me miró de forma inquisitiva, esperando que yo le diera la razón.
Negué con la cabeza, y seguí luchándola. Lo escuché murmurar algo así como "pequeña humana testaruda", pero no pude estar segura.
- Ya casi – señalé con un dedo tembloroso, cuando vi la linde del lago.
Avanzamos los últimos pasos que quedaban, y me dejé caer sin fuerzas contra el cuerpo de Seshomaru, viendo sorprendida la imagen ante mis ojos. Frente a mí tenía el agua más oscura que había visto en mi vida, con una ligera neblina fantasmagórica que lo rodeaba todo. Había olor a muerte en el aire, y si tan solo ver me estaba provocando escalofríos, no sabía lo que sería tocar aquella agua turbia. Odiaba la idea de la tumba para muchas personas, lo hacía parecer un basurero en donde depositar a los muertos, pero era lo que había y tenía que respetarlo.
Entrecerré los ojos y concentré mi pobre visión en unos carteles sostenidos por lo que parecían pequeños barquitos de madera, separados entre sí por unos cuantos metros..
- ¿Qué es eso? – pregunté, y me sorprendí de lo rasposa y baja que se oía mi voz.
- Los nombres de todos aquellos de la raza de Jaken que están hundidos aquí. Su nombre está más allá – señaló con un dedo uno de los carteles.
Mi visión ya era doble para ese punto, y no conseguí ver nada, pero no le dije eso, simplemente asentí con la cabeza, y le pedí que me dejara en el suelo. Todo en el cuerpo me dolía, sentía músculos atrofiados que jamás había siquiera sentido, pero no me rendiría todavía. Junté las manos frente a mí y cerré los ojos, enviando una plegaria por el alma de quien había sido amigo mío en el pasado.
Ay Jaken, pensé, si pudieras verme ahora.
De repente me vino un recuerdo extraño y lejano, uno que no había pensado en mucho tiempo, y casi había enterrado en el pozo del olvido en mi mente. Una conversación con Jaken cuando era niña, cuando él había alardeado de que estaría allí por mucho tiempo más para ver a Seshomaru conquistar el mundo demoniaco, y que él sería su mano derecha. Me juró que lo vería todo, y que yo no viviría lo suficiente como para ser parte de aquella gloria.
El pecho se me cerró de tristeza, y sentí que me faltaba el aire de repente.
Eres injusto, Jaken, fue mi último pensamiento coherente, prometiste que vivirías más que yo…
La siguiente vez que desperté ya era de noche, y me di cuenta que luego de mi segundo desmayo había dormido más de la cuenta. Ya no estaba congelada, ni mi cuerpo se sentía recubierto de plomo, pero ahora estaba completamente agotada, como si alguien me hubiera drenado por completo las energías.
- ¿Te encuentras mejor? – preguntó Seshomaru.
Giré la cabeza y lo vi de pie frente a mí, con los brazos cruzados sobre el pecho y recostado casualmente contra un árbol, mirándome con aquellos fríos ojos. Me pregunté si había sido capaz de presentar sus respetos a Jaken mientras estábamos en el lago, o si simplemente se había dedicado a cuidar de que no me muriera. Algo me decía que era la segunda opción.
- Lo estoy – mentí, cuando en realidad estaba lejos de sentirme bien.
El estomago me dolía y sentía unas nauseas que no estaba siendo capaz de contener. Me parecía muy probable que me doblara al medio en cualquier segundo y vomitara mis entrañas, a pesar de que no tenía nada en el estomago que sacar hacia afuera. Quizás había pasado demasiado tiempo en contacto con aquel lago de muerte, y ahora estaba pagando las consecuencias, pero incluso pensándolo en mi cabeza, sabía que aquella no era la razón. Estaba en duelo por el amigo que no veía hacía años, y cuya tumba no podría visitar nunca mas.
Es porque soy una maldita humana, pensé con frustración, sintiéndome como el ser mas pequeño e insignificante de la tierra. ¡¿Es que no podía hacer algo bien?! ¿Era mucho pedir presentar mis debidos respetos a un viejo amigo? ¿Tanta separación había que marcar entre los demonios y los humanos?
- Rin - me llamó Seshomaru, e incluso en su semblante serio, vi preocupación por mí.
Él temía que yo aún estuviera enferma, pero la cura para lo que yo tenía era imposible de conseguir. Jamás sería una igual para él o los de su especie, nunca caminaría a su lado sin peligro alguno, nunca me permitiría acercarme lo suficiente por miedo a dañarme tal como me había lastimado a mi misma en el lago. Yo era débil, y por mi culpa no le había permitido un último adiós a su amigo.
Allí, de repente y sin previo aviso comencé a llorar, abrumada por todos aquellos sentimientos de culpabilidad. Se sintió como romper una pared en mi pecho que ya había estado goteando hace mucho tiempo: liberador, intenso e incontrolable. Tantos años fingiendo ante Seshomaru, y los demás aldeanos que yo era fuerte, que no derramaba una sola lagrima por nada del mundo…y ahora resultaba que yo era tan común y previsible como cualquier otra persona. Me sentía débil, capaz de romperme en mil pedazos como un mísero cristal. Sabía que estaba manchando la imagen que Seshomaru tenía de mí, pero fui incapaz de parar.
Me tapé la cara con las manos y me encogí todo lo que pude, esperando que él se fuera y me diera privacidad. Sin embargo, a los pocos segundos, sentí como me atraía contra su pecho, y mantenía un brazo sobre mis hombros. Me quedé tan sorprendida que por poco me echo hacia atrás, pero entonces una nueva ronda de sollozos me destrozó el pecho, y no fui capaz de alejarme.
Seshomaru no me abrazó, ni me acaricio la espalda, ni ninguna de esas cosas que hacen las parejas enamoradas, no creo que supiera cómo hacerlo, y probablemente le hubiera incomodado. Simplemente mantuvo su brazo sobre mí, haciéndome saber que estaba allí a mi lado, en un consolador silencio. Era más que suficiente.
No sé cuanto rato habré llorado sobre su pecho, pero definitivamente no fue poco, y él no dijo una sola palabra al respecto. Lo dejé salir de mi sistema hasta cansarme, y cuando fui capaz de respirar con normalidad, solo entonces me alejé levemente. Sentía que había liberado algo dentro de mi pecho y que ahora corría libre por mi cuerpo, y si bien la tristeza aún estaba (y sospechaba que por mucho tiempo estaría) definitivamente desahogarme había dado resultado.
- Ahora estoy mejor – dije, sonriéndole de una forma que esperaba fuera dulce.
Él asintió y fue a retirarse, pero antes de que me diera cuenta de lo que estaba haciendo, me vi a mi misma echándome hacia adelante y frenando su ida. Me miró de forma inquisitiva, esperando a que yo tuviera algo inteligente o importante que decir, pero la verdad es que no se me ocurría nada. Sostenerlo había sido un impulso, llevado adelante por mi miedo a que retirara la calidez de su cuerpo de la mía. Ansiaba sentirlo mas cerca, pero no tenía idea como decírselo.
- Yo…solo quería… - balbuceé, mirando sus ojos dorados y perdiéndome en el infinito que parecía haber en su interior – agradecerte.
- De nada – contestó, y nuevamente esperó a que yo hablara, o al menos lo soltara.
¡Diablos, lo deseaba! Jamás había tenido estos sentimientos por nadie mas. Mientras las chicas de mi edad en la aldea estaban ocupadas persiguiendo chicos para casarse y asentarse, a mi no me había importado en lo mas mínimo. Incluso cuando había visto de pasada alguna pareja besándose en el bosque, o peor, tocándose en lugares donde ni siquiera yo me había tocado nunca… yo ni me inmuté. Solo la vez que había visto a la demonio pelirroja con Seshomaru me había provocado verdaderamente una reacción...
No pienses en eso, me dije, porque era estúpido ponerme celosa de que otra mujer que no estaba ahí. Me molestaba que la hubiera tocado, que la hubiera tomado allí mismo en el bosque sin importarle nada. !Yo quería esa clase de libertad! Quería esa locura desenfrenada que los había llevado a encontrarse esa noche. Ni siquiera sabía con certeza que sentiría si alguien me tocaba, pero por alguna razón estaba segura que quería probarlo…y quería que fuera con Seshomaru.
- Rin – me llamó, y supuse que no por primera vez porque estaba totalmente perdida en su mirada - ¿Estas bien?
No, me dije, hace mucho tiempo no lo estoy. Pero diablos, ya no me importaba nada.
De repente hice algo que mirando para atrás me pareció muy valiente de mi parte, increíblemente estúpido porque podría haber terminado de forma muy mala, pero valiente al fin y al cabo. Sin pensarlo, me tiré hacia adelante y lo besé de lleno en los labios.
Parte de mí sabía que me estaba forzando sobre él, y lo último que deseaba era incomodarlo o hacerlo enojar…. ¡Pero dios!, su boca sabía a pecado, a un sabor rico y diferente que jamás había probado, pero del que no me quedaba duda, me podría hacer adicta en tiempo record. Exploré su boca sin saber bien lo que estaba haciendo, y recé que no me alejara demasiado rápido.
Muy pocas personas pueden decir que han besado al gran Lord Seshomaru sin su consentimiento y vivido para contarlo, pero incluso menos pueden decir que les ha devuelto el beso…y afortunadamente, yo fui una de esas.
En un instante yo tenía el rostro de Seshomaru entre mis manos y lo estaba besando de forma casi desesperada, y en el instante siguiente, perdí el poco control que me había ganado sobre él, y la situación fue tan irreal que me dio vueltas la cabeza. No me parecía probable, pero era imposible no darme cuenta que Seshomaru me había empujado hacia atrás sobre el suelo…y cubierto mi menudo cuerpo con el suyo mas grande.
No hubo contacto visual, y yo apenas deje escapar un sonido de sorpresa antes de que su boca cubriera la mía, haciendo maldades que me dejaron sin respiración y deseando más. No sabía que bicho le había picado de repente, él no era así en absoluto, pero por ninguna razón pensaba quejarme.
Oh por dios…, una voz canturreó en mi mente, y a pesar del pensamiento poco claro, di la razón completamente, porque no había otra forma de explicar como me estaba sintiendo en aquel momento. Mi cuerpo se sentía tan vivo que no estaba segura si mis nervios lloraban o cantaban, mi cabeza estaba en las nubes y el corazón me corría acelerado. Tenía la magnifica sensación de estar en el lugar y momento correcto, de estar haciendo algo bien para variar.
Muy lejos de querer detenerme, intenté quitarme la yukata.
Pero de repente, el extraño hechizo que nos había unido pareció romperse, y Seshomaru se apartó tan rápido, que me mareó solo verlo. Se alejó varios metros de mí, poniéndose de espaldas y pasándose una mano por el largo cabello.
- Esto no puede volver a pasar – declaró, con aquella voz que no admitía discusiones.
Me puse de pie de un salto y por poco me voy otra vez al suelo de lo mareada que me habían dejado sus besos. Abrí la boca y quise refutarle que si era por mí aquello podía seguir pasando muchas veces mas, preferiblemente en aquel instante. Pero me contuve. Su beso había sido intenso, y lo deseaba de nuevo, pero Seshomaru parecía enojado, y su rabia no era algo que yo estuviera ansiosa por encontrarme.
¿Y como quieres probarle que eres digna de él si te da miedo una mera discusión?, aportó una voz en mi cabeza. Y súbitamente me di cuenta de que tenía razón. Él me había devuelto el beso. ¡Diablos, me había tirado sobre el suelo y prácticamente atacado para corresponderme! ¿Me iba a decir ahora que no lo deseaba? Estaba muy equivocado si pensaba que iba a rendirme tan fácil.
- ¿Y si no estoy de acuerdo?
El aire pareció cargarse de una tensión casi palpable, y sabía que toda ella venía del interior de Seshomaru. Pero no estaba dispuesta a callarme.
- ¿Y si te digo que te deseo? ¿Qué quiero esto contigo? – le presioné mientras me acercaba a él.
- No te acerques mas, Rin – me advirtió por lo bajo.
Pero yo no hice caso. Caminé hasta llegar justo a su espalda y pregunté:
- ¿Vas a negar que no lo sentiste tu también?
Solo entonces, Seshomaru se dio la vuelta, tan rápido como un rayo y clavó sus garras en un árbol cercano, destrozando la madera como si fuera la nada. Yo me eché hacia atrás, sorprendida ante la expresión de su rostro. Había visto muchas veces una reacción así en él, puro animal, salvaje y peligroso, pero nunca dirigida a mí, nunca fuera de una batalla.
¿Es esto lo que estamos haciendo? ¿Batallando por control?
- No sigas insistiendo, Rin – habló, y su voz fue puro hielo al intentar controlarse– no te gustará lo que vas a encontrar.
Sus ojos me atornillaron sobre mi sitio, y su cuerpo pareció tenso como una cuerda. Me miraba igual que siempre, con aquella mirada fría y provista de emociones, pero allí, en lo mas profundo de su ser, intentando sin éxito ocultarlo, lo vi. Vi como muy en el fondo quería devorarme, arrancarme la yukata en ese mismo instante y darse un banquete conmigo.
Otra persona habría salido disparada, confundiendo esta reacción con un enloquecido deseo por llevar adelante una masacre. Yo lo conocía de otra manera, sabía con que rostro daba muerte a sus enemigos, lo había visto unas noches atrás, y ese definitivamente no era el rostro de alguien que quería matarme. Mas bien parecía querer poseerme de una forma que estaba segura me arruinaría para siempre, y lo mas extraño de todo es que…yo estaba dispuesta a permitírselo.
Hola, bueno varias cosas.
Esta semana mas o menos que me bombardearon a comentarios en esta historia y de verdad estoy demasiado contenta de que les este gustando, así que en serio muchas gracias por tomarse el tiempo de escribirme algo. Dejen comentario cuando quieran porque siempre leo y me alegran mucho el día :)
Quería responder también a una critica que me hicieron, de porque Rin no llama a Seshomaru con el "sama" al final de su nombre. Mas que nada es por algo personal creo, no me gustaba como sonaba que ella se lo dijera. Para Rin, ella tiene confianza con él, y quiero dar a entender también que para él, solamente ella tiene el privilegio de llamarlo por su nombre, porque es mas "especial" digamos, los demás son meros humanos para a sus ojos XD. Igual entiendo de donde viene la pregunta y no tengo problema con las criticas si eso mejora la historia, así que cualquier cosa me dicen y yo argumento o arreglo el error.
Por ultimo, quería agradecer a Hoshi no negai, porque es demasiado increíble persona y recomendó mi historia para que la lean. De verdad muchas gracias y espero que te siga gustando!
Un beso!
