Mystic Messenger y sus personajes pertenecen a Cheritz.
Universo Alterno; las cosas no serán tal cual en el juego.
Velvet.
X.
x
x
x
No había tenido descanso alguno durante poco más de dos semanas. La próxima presentación estaba demasiado cerca y el Director había enloquecido acerca de todos los pequeños detalles que aún faltaban por perfeccionar y corregir. El personal iba de un lado a otro mientras él y el resto de los actores se encontraban sobre el escenario, dando vida a sus respectivos personajes.
A pesar de que en el exterior el frío helaba los huesos de los transeúntes, dentro del amplio teatro se sentía el fuerte bochorno provocado por la calefacción encendida.
—¡Detengámonos un momento!
La voz del Director hizo eco en el lugar nuevamente, debido al desliz de una de las actrices. El hombre se veía sumamente estresado, aquel musical estaba repleto de melodías complicadas y bailes todavía más difíciles. Lo joven apenas y logró sostenerse del brazo de Zen para evitar su inminente caída contra la madera del escenario. La mujer agradeció y, al alejarse, Zen pasó una mano por su cabello, comenzando a resentir la frustración del Director.
—Creo que deberíamos parar por hoy. —Mencionó otro de los actores. —Tenemos casi tres semanas ensayando sin parar, Director.
—Esto no es un juego, muchachos. Son profesionales.
—Somos humanos. —Habló Zen, esta vez. —Usted también necesita un descanso. Tanto estrés hará que envejezca más rápido.
— ¿No tuviste suficiente descanso, Hyun? Tu repentina salida del país provocó que nos retrasáramos.
—No lo hicimos. Teníamos bastante tiempo ensayando antes de eso. —Apoyó otro actor. —Estamos demasiado cansados, Director. Hemos dado lo mejor de nosotros sin parar.
El hombre pareció meditarlo. No mentiría si pensaba en que tenía todo ese tiempo sin cenar con su familia. Suspiró profundamente y asintió.
—Bien, solo por hoy. Regresen a casa y nos vemos mañana a medio día.
Tanto actores como personal sonrieron satisfechos. Nadie había dejado de trabajar durante esos días, en los que comenzaban desde primera hora de la mañana, hasta muy entrada la noche.
—Hyun, saldremos a tomar algo. ¿Te unes?
— ¿Solo para eso pidieron terminar el ensayo? —Dijo con un deje divertido.
—Bueno, no hemos salido en demasiado tiempo. ¿O acaso tú te divertiste demasiado en América?
—Para nada. Trabajo, muy estresante
El joven rió.
— ¿Entonces?
—Está bien. Iré un rato.
Para ser honesto, esperaba un descanso solamente para ver a Jade. Sentía una enorme necesidad de verle de nuevo y hablar con ella. No entendía todavía como es que ella le causaba aquel enorme sentimiento de protección, de querer tenerla a su lado y evitar que cualquier situación le pusiera en riesgo o le lastimara. Pero no podía dejarle en claro esos sentimientos sin temer asustarla y que huyera de él. Ya bastante habían lidiado con lograr que confiara completamente en ellos y eso solo ocurrió debido a la muerte de su madre.
Se había quedado tan sumido en sus pensamientos, que no se dio cuenta que la cena había llegado y que apenas y había probado sus cerveza. El ambiente era bastante alegre y el realmente echaba de menos noches como esas. En donde no eran actores, solo un montón de personas divirtiéndose y contando chistes malos que, tal vez por el alcohol o por el ambiente, a todos le parecían divertidos.
No se había dado cuenta de que su teléfono había estado sonando. El ruido era tan alto que pasó desapercibido. Pensó en dejar que quien sea quien le llamara decidiera finalizar la llamada al notar la falta de interés del albino, sin embargo decidió observar el contacto.
Le sorprendió rotundamente ver el nombre de Jade en la pantalla de su teléfono celular, se disculpó con sus compañeros y salió del local.
Apagó el cigarrillo que había estado consumiendo anteriormente y contestó.
—Hola, linda. ¿A qué se debe tan bella sorpresa?
Escuchó un jadeo nervioso al otro lado de línea y un sentimiento incomodo le inundó el pecho.
— ¿Zen? —su voz sonaba entrecortada, como si el oxígeno no llegara a sus pulmones. —Necesito ayuda.
Escuchó como la joven comenzó a llorar, y no pudo evitar que aquel sentimiento que tuvo con anterioridad aumentara.
— ¿Jade? ¿Qué sucede? ¿Estás bien?
—Yo… No. No lo sé.
— ¿Dónde estás?
—En una cafetería.
—Bien, escucha. Necesito que te tranquilices y me expliques que ocurre.
Entró al restaurante nuevamente para recoger sus cosas y mencionar a sus compañeros que tenía que irse. Dejó su parte del pago y se dirigió a la salida rápidamente y con los nervios de punta, para llegar a su motocicleta.
—Estaba con Yoosung. Yo… Iba a regresar a casa y alguien comenzó a seguirme y… —le escuchó llorar nuevamente y sintió su corazón romperse. —Tengo miedo, Zen. Hasta de mi propia sombra.
—¿Dónde estás? —Su voz sonó un tanto ruda, pero en realidad era el reflejo del temor de que algo pasara con ella.
—No lo sé. Entré en la primera cafetería que vi. En Gangnam. Creo que no está lejos del apartamento. En realidad no tengo idea de cuánto me alejé pero temo salir. No sé si la persona siga afuera, esperando por mí.
—Abre la aplicación de la RFA, le pediré a Seven que consiga tu ubicación. Por favor, quédate en donde estás.
Apenas terminó la llamada, cuando ya estaba pulsando sobre el contacto de Seven.
Para su fortuna, este contestó al instante. Ni siquiera le permitió saludar.
—Necesito que me envíes la ubicación de Jade.
— ¿Qué? —Preguntó confundido el pelirrojo.
—Algo le pasó, me llamó aterrada.
—Demonios. —Zen se dio cuenta de la molestia con que lo dijo. Escuchó como Seven, al parecer, se movía. —Solo me descuide un momento. Se supone que debía quedarse en casa.
— ¿Qué quieres decir? ¿Ya tienes su ubicación?
—Ikovox Coffee. —Respondió rápidamente. —Y, según estoy observando, no estás demasiado lejos. Un par de manzanas.
—¿A qué te refieres con que te descuidaste solo un momento? ¿Sabías que algo estaba pasando?
—Ve por Jade, es la prioridad. No la lleves a su apartamento. Vayan a donde Jaehee, los veré ahí más tarde.
Seven inmediatamente terminó la llamada. Zen no lo pensó más y avanzó.
No fue necesario buscar demasiado. Jade se encontraba sentada, con sus piernas moviéndose demasiado rápida, como signo de la ansiedad y los nervios que probablemente la consumían, se veía pálida y jugaba con sus manos. Y aun así, Zen no pudo evitar soltar un suspiro pensando que su Jade estaba bien.
Entró a la cafetería, haciendo sonar la campana que anunciaba un nuevo cliente. Vi a Jade alzar la mirada, temerosa. Y al verlo notó como se relajó y se puso de pie. Se encontraron a medio camino y, sin pensarlo, Zen la atrapó entre sus brazos fuertemente, acariciando suavemente su espalda y su cabello para tranquilizarla. Aún tenía restos de lágrimas en su rostro, y no le importó que las personas dentro los miraran extraño. Se separó y acarició las mejillas sonrosadas de la chica, y le pareció demasiado tierno como ella cerró sus ojos al tacto.
Salió de su ensoñación y sonrió a la joven, llevándola nuevamente a la mesa donde estaba antes.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó en el idioma natal de Jade.
—Estoy aterrada. Siento que el corazón se me saldrá del pecho en cualquier momento. No tienes idea de lo nerviosa que estoy.
—Pero ahora estoy aquí, y no estoy dispuesto a dejar que nada te pasé. —Acarició la mano ajena con mucha sutileza.
—La espera fue eterna.
—Créeme, el trayecto lo fue también.
Jade puso sus manos en su rostro, respirando profundo. Con los sentimientos a flor de piel y sin poder controlarlo, dejó que las lágrimas salieran nuevamente. Esa persecución causó que todos los sucesos ocurridos hasta ahora comenzaran a dar vueltas por su mente, haciendo un caos de su mente.
Zen se acomodó en la silla, de forma en que pudiera abrazar nuevamente a la chica.
—¿Quieres que nos vayamos ya? —Ella asintió. —Bien. Andando.
Antes de salir, Zen pidió a Jade que la esperara un momento. Él se acercó a una de las dependientas, la cual solo asentía a lo que le decía. Por último, ambos hicieron una pequeña reverencia y el albino se acercó de nuevo a ella.
—¿Qué sucedió?
—Le agradecí por permitir que estuvieses aquí. Me comentó que vi cuando entraste totalmente pálida y agitada, viéndote llorar luego.
—Se acercó a mí para preguntar algo, pero estaba tan nerviosa que no pude entender nada.
—Tranquila. Notó eso. No hubo ningún problema.
Al salir del local, el ruido de las personas que aún transitaban y el viento fresco golpeo su rostro, dándole una sensación de tranquilidad.
Jade miró a todos lados, pero no había rastro de nadie que pudiera estar observándoles. Zen posó su brazo sobre los delgados hombros de Jade y comenzaron a andar.
Ella notó que Zen, a pesar de lucir extremadamente relajado, en realidad estaba tenso, como si en cualquier momento alguien se presentara frente a ellos y pusiera en riesgo a Jade. Ella sonrió un poco ante eso, pues era la primera vez que alguien que no fuera su madre o Irene se preocupara de esa forma por ella. Los hombres solamente la habían visto como un mero objeto para su placer. Así que no pensó demasiado la situación, buscó la mano libre de Zen y entrelazó sus dedos con los de él.
El joven la miró con una sonrisa de medio lado y eso le derritió el corazón.
—¿Qué? —dijo alzando las cejas, actuando como si su movimiento hubiera sido nada.
—¿Y eso? —Dijo él, con una risilla.
—Puedo soltarla, si quieres.
—Me gustaría que no la soltaras nunca, a decir verdad.
Y Zen no supo por qué soltó aquello tan repentinamente, pero el sonrojo que apareció en el rostro de la chica eliminó cualquier rastro de duda que hubiese aparecido en él. Jade le dio un golpe suave con el hombro, sin embargo no lo soltó en ningún momento.
El trayecto a casa de Jaehee fue bastante entretenido. Le había encantado, sobre todo, la cara que Jade había puesto al ver su motocicleta, diciendo que jamás había subido a una de esas máquinas porque, aunque eran fantásticas, ella temía caerse. Zen rio sobre el comentario, sobre todo cuando lo decía haciendo una mueca más adorable. Y mientras andaban, sentía como Jade se apretaba más a su cuerpo en cada curva o giro que daban, temiendo, como ella lo había dicho, caer.
Una vez en el estacionamiento del edificio, ella tuvo que sostenerse firmemente de Zen al sentir sus piernas como gelatina, quitándose el casco y peinando los cabellos que habían quedado sueltos.
—¿Te divertiste?
—Lo hiciste a propósito, ¿verdad?
—¿El qué?
—Girar tan brusco. Demonios, Zen, por un momento creí que saldríamos volando de la motocicleta.
—Soy todo un experto en conducirla, no creas que un giro tan simple me sacará de control.
—No dudo de eso, pero preferiría que no lo buscaras.
Zen le quitó el casco de las manos y lo guardó junto al suyo en el compartimiento acondicionado para eso.
Hasta ahora, Jade no se había dado cuenta de su ubicación.
—¿Dónde estamos?
—Seven me pidió que te trajera a casa de Jaehee. Ella debe estar esperándonos.
—¿Por qué?
—A mí también me gustaría saberlo.
Un ápice de culpabilidad apareció en el pecho de Jade.
—Seven me dijo que no debía salir del edificio. He estado recibiendo unos mensajes muy extraños y quería investigar primero.
Zen alzó una ceja, mirándola con cierta molestia.
—¿O sea que sabías que estabas en riesgo y aun así saliste?
—No sabía que estaba en riesgo.
—Pero había algo, Jade, algo que impaciento a Seven. Y déjame decirte que a él solo le preocupan así las cosas cuando de verdad hay algo detrás. ¿Te imaginas que ese tipo te hubiera hecho algo? —Dijo alzando la voz.
—Pero no lo hizo. —Ella también se estaba comenzando a impacientar por el repentino tono de Zen. Sabía que tenían derecho a estar molestos, pues habían mantenido su integridad a salvo y aun así había preferido hacer lo contrario al salir cuando el pelirrojo le había dicho que no, pero su orgullo era demasiado grande y no iba a permitir que alguien se molestase más que ella.
—Pero pudo haber pasado. No estamos para ver que puede o no pasar. Estas en riesgo, aunque no quieras aceptarlo. No sabemos que quieren esos tipos que te están buscando, y de verdad que no quiero averiguarlo, al menos no de esa forma.
—No quiero estar encerrada, Zen. Ya pase suficientes años de mi vida huyendo y haciendo cosas que odiaba y no quiero seguir haciéndolo.
—Nadie te está manteniendo encerrada. Solo te estamos pidiendo que pongas de tu parte.
Y eso de verdad le molestó.
—¿Crees que no estoy poniendo de mi parte? Maldita sea, Zen. No tienes idea del jodido miedo que tenía ahí afuera, porque estoy tratando de dar lo mejor de mí para que esos tipos no vean que estoy temiendo por mi vida y porque eso los lleve a ustedes contra corriente. No pienses que soy idiota, y que no sé lo que están haciendo de mí, pero ya estoy cansada de perder a la gente que quiero y que ha hecho mucho de mí por culpa de mi ineptitud por hacer las cosas y, al menos por una vez, me gustaría actuar de una forma que pueda ser de ayuda. Aunque sea simplemente fingiendo que tengo una vida fácil. Discúlpame si no actúo como ustedes quisieran, pero estoy en un país totalmente diferente al mío al cual tengo que acostumbrarme e iniciar de cero, vi a mi madre muerta, trabajé como una puta desde la adolescencia, y nadie me ha dicho en sí que tengo que hacer para evitar riesgos o lo que sea. Siempre me las apañé sola. Ustedes me han ayudado con trabajo, casa y muchas cosas pero para lo demás no sé qué demonios hacer. Y no siento que tengas derecho a decirme que estoy haciendo mal cuando ni siquiera apareciste por un puto mes a preguntarme como me sentía con todo lo que estaba pasando.
Las palabras brotaron como un rio. Zen vio cómo se estaba conteniendo para evitar decir algo más, pero no la motivó a que siguiera. Lo que menos quería en ese momento era provocar una pelea entre ellos o algo por el estilo, sobre todo porque sabía que aún había rastros de la adrenalina y el terror que corrió por sus venas momentos atrás.
—Lo siento. —dijo sinceramente. —Lamento no haber hablado contigo en este tiempo. Sé que ha sido difícil y no te estoy juzgando pero… Demonios, Jade. —Pasó una mano por su cabello, despeinando un poco las blancas hebras.
Ella miró al suelo, como si la pequeña roca entre sus pies fuera demasiado interesante. Y de repente se sintió como la persona más estúpida del mundo porque ella había aceptado ir a Corea, y había sido su error contradecir a Seven. Y diablos, ni siquiera tenía porqué reclamar la falta de comunicación con Zen en este último mes. Él no tenía que estar procurando cada cosa por ella.
—No… —Dijo suavemente. —Me dejé llevar, perdón.
Y eso fue lo último que mencionaron. El ambiente quedó algo tenso, y ambos quedaron sumidos en un silencio incomodo en el recorrido al departamento de Jaehee.
Al tocar el timbre, Jaehee los recibió inmediatamente y envolvió a Jade en un fuerte abrazo. Ambos se sorprendieron bastante.
—¡Jade! ¿Estás bien? Seven me llamó y me contó la situación.
—Sí, gracias Jaehee. Estoy bien.
Aun así, la mujer no dejaba de revisar que, efectivamente, la joven no mentía.
—¿No te hicieron daño? —Ella negó. —Dios, estaba demasiado preocupada de que algo te pasara.
Jaehee notó de inmediato la incomodidad entre Zen y Jade, y eso le pareció extraño de verdad.
Zen se alejó, pasando directamente a la sala de estar y Jaehee tomó a Jade y la llevó a la cocina.
—¿Sucedió algo?
—No te preocupes, Jaehee. No pasó nada, en serio.
—Me refiero a ti y a Zen.
La joven tragó grueso.
—Nada.
—¿Discutieron por algo?
—Nada importante. —mintió.
Jaehee fingió creerle, pero pensó que ella no quería tocar el tema.
—¿Te apetece un té?
Asintió con un poco más de emoción.
—Te lo agradecería mucho.
xxxxx
Aquella carcajada sonaba bastante fuerte entre aquella habitación rodeada de computadoras y otros aparatos. Una botella de cristal estaba destrozada en el piso y una mínima cantidad de un líquido azul junto a esta.
—Su rostro, maldita sea. Su rostro fue espectacular. —Habló para sí mismo. —No importa cuánto huyas, un día tu blanco príncipe no podrá salvarte, ni ese pelirrojo. Te tendré para mí, Jade. Pronto.
¡Hola! Lamento mucho la espera. pero había estado algo ocupada con la universidad y algunos otros asuntos personales. Sin más, espero disfruten este capítulo.
Pd. Si llegan a ver algún error de ortografía o redacción, una disculpa. No duden en mencionarmelo uwu
J.K.
