Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling. Tomo prestado parte de eso en el presente fanfic sin fines de lucro. Por otro lado, trama y algunos personajes sí son míos, por lo que me reservo su uso.

Advertencia: el presente fanfic insinúa detalles que no siguen el canon debido a que está ligado a la Saga HHP, escrita por su servidora antes de leer HP6 y HP7, así que no se admiten reclamos por la ausencia y/o presencia de personajes y situaciones que Rowling jamás escribió.

Este fanfic es para los "Desafíos 2.0" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".


F6: Quiebres.

Sirius difícilmente olvidaría el uno de septiembre de su segundo año, cuando su hermano pequeño entró a Hogwarts y el Sombrero Seleccionador, tras un escaso minuto de indecisión, lo envió a Slytherin. Procuró no mostrarse decepcionado, solo le dedicó un encogimiento de hombros y un pulgar en alto, y esperaba que eso fuera suficiente para que comprendiera que no había rencores entre ellos.

Conforme transcurrió el curso, se fijó en que quizá, debió hacer algo más que saludarlo cada que entraban y salían del Gran Comedor, o cuando a veces coincidían en un pasillo y le preguntaba por las clases o si haría las pruebas de quidditch el curso siguiente, considerando que él por fin había logrado ser golpeador, teniendo como compañero infalible a Conan Graham y James, claro, se lució al hacer su prueba de cazador, quedando en el equipo y haciendo sonreír de alivio a Alice Gamp, quien por un momento, creyó que el "hijo del as Magnus Potter" iba a querer su puesto.

A Reg su madre le escribía todos los días. Por lo que el niño contaba, Sirius sabía que ella seguía sin perdonarle el haber quedado en una casa que no fuera Slytherin, sobre todo porque creía que el ambiente de Gryffindor estaba perjudicando su comportamiento. Sirius desdeñaba eso, pero mentalmente, no tenía por qué amargar a Reg con algún insulto contra la madre de ambos.

Pero aquellos instantes terminaron demasiado pronto. Para cuando fue diciembre otra vez, Sirius seguía sin recibir carta de su madre (de su padre sí, unas cuantas, casi siempre preguntando por las clases) y esa vez, James no había dicho nada de invitarlo a pasar las vacaciones juntos. Lo dudó mucho, pero en cuanto la profesora McGonagall pasó a preguntar quiénes se quedarían en el castillo, él se apuntó sin vacilar.

Reg, en cuanto se enteró de eso, tuvo un enfado monumental, preguntándole a qué jugaba, pensando que ese año sí podrían pasar los dos juntos las fiestas en Grimmauld Place porque él se aburría mortalmente.

—¿Va a ir Andrómeda? —quiso saber Sirius, sonriendo al recordar a la única de sus primas que le caía bien.

—No lo sé. Peleó con tío Cygnus, que la pescó hablando con un sangre sucia.

—Oye, que no te oigan decir eso alguno de otra casa —advirtió Sirius, antes de arrugar la frente —Quizá pueda decirle a McGonagall que cambié de opinión, aunque se pondrá hecha una fiera.

Si iba a haber revuelo en Grimmauld Place, él quería estar allí.

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Tanto tiempo sin pisar su casa y Sirius pensaba que ya no la conocía, aunque eso no tenía sentido, dado que seguía igual que siempre. Recordó la despedida de sus amigos, que se quedaron un poco extrañados de que ese año sí fuera a casa y solo se animaron cuando prometió escribirles lo más posible. Iba a tener que pedir prestada a Polaris, la lechuza de su padre, pero mientras no dijera a quién escribía…

—Parece que sí vienen nuestras primas.

Reg, después de dar un par de toques a su puerta, le había dicho aquello la tarde del día de Navidad. Sirius, que tenía sobre la cama dos túnicas de gala sin decidir cuál era la menos horrible, asintió.

—¿Qué han hecho ellas? Padre no cuenta mucho en sus cartas.

—A Cissy la vemos en el colegio —le recordó Reg.

Era verdad, Narcisa Black todavía iba a Hogwarts, pero evidentemente, para ella el hablarle a un Gryffindor era impensable, por más que fuera su primo.

—Sí, pero ya la conoces. Además, ahora es novia de Malfoy —Sirius fingió que estaba a punto de vomitar y Reg tuvo que contener la risa —De Bellatrix supe que aún no mata a su marido… ¿Lestrange, verdad?

—Sirius, eso no…

—Mira,Bellatrix está medio loca, eso lo sabemos los dos. Incluso me pregunto a veces si Lestrange no estará igual o peor que ella…

—¡Sirius!

—Ya, me calmo. ¿Y Andrómeda, qué sabes de ella?

—Lo mismo de la última vez, aunque escuché a madre decir que ya dejó de ver al sangre sucia. Pero ve a saber si es cierto. Andrómeda no es… No obedece mucho.

Sirius asintió, al tiempo que se decidía por una túnica color vino.

—¿Y quién es el hijo de muggles con el que trataba Andrómeda, por cierto?

—No lo sé, ¿acaso importa?

Encogiéndose de hombros, Sirius impidió que su hermano se enfadara con él en ese momento. Que ahora pensara diferente de los hijos de muggles no significaba que su familia lo imitaría.

Mientras se cambiaba, el mayor de los hermanos Black se preguntó si tendría la oportunidad de hablar con Andrómeda sobre eso.

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Esa noche, Sirius se sintió un poco más adulto, aunque apenas tuviera doce años. Todo porque su prima favorita, en cierto momento de la reunión navideña, pudo hablarle a solas y confió en él.

—¿El hijo de muggles que…? Sirius, ¿de verdad Gryffindor te hizo cambiar o…?

—Andrómeda, ¿tú también? Sigo siendo el mismo.

—Lo siento, solo que… Antes no habrías usado esa expresión en voz alta.

—Lo sé, lo sé… Pero cuéntame, ¿quién es el hijo de muggles?

—Se llama Ted Tonks. Iba a Hufflepuff en el colegio. Allí no le prestaba mucha atención, era rematadamente torpe. Podía tirar la mitad de los frascos de Slughorn al dar dos pasos. Fuera de eso, es… —Andrómeda compuso una sonrisa sutil, pero indudablemente soñadora, que Sirius no le conocía —Padre y madre no lo aprueban, lo sé, y en otros tiempos yo tampoco lo habría aprobado, pero se ha portado bien conmigo, así que lo superior de la pureza de sangre debe ser una patraña.

—¿Entonces qué? ¿Lo vas a seguir viendo?

—Más que eso, acércate y sabrás…

A continuación, Andrómeda le susurró a su primo unas cuantas palabras que lo dejaron más quieto que una estatua, con los ojos brillantes de admiración.

—Eres genial, Andy —susurró, usando un apodo que la joven no escuchaba de ninguno de sus parientes desde que tenía quince años.

—Gracias. Estás invitado, por supuesto. ¿Crees que tengas problemas con…?

—¡No, no! Total, madre y padre apenas me hacen caso.

Andrómeda meneó la cabeza, borrando su alegría por un instante, antes de revolverle el pelo a Sirius.

—Entonces te espero. ¿Sabes llegar?

—Sí, claro. ¿Debo llevar algún regalo?

—¡Claro que no! Con que estés allí bastará.

Sin embargo, Sirius pensó que era buena idea conseguir algo, pues "aquello" sería un gran acontecimiento.

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La cena de Navidad en Grimmauld Place había transcurrido normalmente, lo que para Sirius y Reg significaba aburrimiento total. Aunque Reg no lo reconociera delante de nadie, estaba de acuerdo con Sirius en que no sabía quién estaba más loco, si su prima Bella o el marido de esta, que cuando sonreía, daba la impresión de que iba a lanzar una maldición. Por su parte, ninguno de los dos hermanos aguantaba a Lucius Malfoy, el estirado novio de su prima Narcisa, pero ese año lo invitaron junto con sus padres a la cena, seguramente planeando la futura boda (porque Narcisa iba a casarse con Malfoy, eso aseguraba un orgulloso Cygnus Black), por lo que no pudieron librarse de él. La única que charlaba con Sirius y, a veces, con Reg, era Andrómeda, quien procuraba no hacerlos sentir mal con temas complicados, los cuales mejor trataba con tío Alphard, quien parecía sonreír por alguna broma secreta.

—Y dime, Druella, ¿algún pretendiente para Andrómeda? —preguntó Walburga.

La mesa se quedó en silencio. Ya iban en los postres, por lo cual Sirius y Reg se miraron un segundo antes de engullir el pastel lo más rápido posible sin parecer demasiado groseros. Ambos sabían cómo se ponía su prima con ese tema.

—Oh, sí, los Goyle nos han dicho que estarán encantados de emparentar con nosotros —Druella Black, que según Sirius era el vivo retrato de su prima Narcisa pero con los ojos de su prima Bellatrix, sonreía con deleite, mientras los dos hermanos se miraban de nuevo con un deje de incredulidad —Su hijo es de la edad de Andrómeda, y ella debe recordarlo del colegio.

—Oh, sí… —la voz de Andrómeda salió casi igual a la de su madre, con un tono afectado y falso, pero imprimió todo su sarcasmo al agregar —El tipo que no podía hacer una poción decente sin hacer estallar más de cinco calderos.

Sirius no pudo evitarlo, se echó a reír al imaginar tal escena. Mientras la señora Druella le dedicaba a su hija mediana un ademán de censura, Walburga amenazaba a su hijo mayor con un gesto de advertencia.

Claro, a ninguno de los dos les importó.

—Madre, padre, lo he dicho hasta el cansancio: no–voy–a–casarme–así —soltó Andrómeda, haciendo énfasis en las últimas palabras con tal firmeza, que desconcertó a casi todos los presentes —Voy a casarme con quien yo elija, porque lo quiera y no porque me lo impongan. Si les parece, será estupendo. Si no, lo lamento por ustedes.

Acto seguido, para asombro de todos (Sirius incluido), Andrómeda se levantó de la mesa, se sacudió elegantemente la túnica verde esmeralda y se retiró del comedor, escuchándose sus pasos rumbo a la puerta principal, que al ser abierta y cerrada con brusquedad, sacó a todos de su estupor.

—¿Qué haces allí, Cygnus? ¡Ve y tráela! —espetó la señora Druella a su marido.

El aludido, con mueca de querer matar a alguien, asintió y siguió el mismo camino que Andrómeda, causando más ruido que ésta al abandonar la casa.

Pero Sirius, sabiendo más o menos el por qué de semejante escena por parte de su prima, tenía el presentimiento de que tío Cygnus no iba a encontrarla.

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Bienvenidos a este capítulo de la Bifurcación "Family".

Como pueden ver al principio, Regulus sí va a Slytherin (dato canon, de hecho), pero a Sirius no parece importarle, dado que lo presentía. Lo que sí causa sensación son las noticias sobre sus primas, en específico de una de ellas, Andrómeda. Es en la cena de Navidad en Grimmauld Place, cuando todo parecía ir viento en popa, que los padres de la joven le colman la paciencia y ella simplemente se va. Sirius sabe más o menos de qué trata todo el asunto y supongo que los lectores lo sospechan, debido a la mención de cierto hijo de muggles: Ted Tonks.

Espero que les gustara y nos leemos en el siguiente capítulo de la Bifurcación.