- ¿Tú hiciste esto? – preguntó ella señalando el camino marcado por las luces. Él asintió, orgulloso.

Ron y Hermione iban caminando de la mano, él siendo todo un caballero y ella feliz de pasar un tiempo a solas con él sin que alguno estuviese preocupado. Durante la tarde, Hermione había llegado a la conclusión de que no ganaba nada preocupándose: si estaba embarazada no podía hacer más que aceptarlo y seguir adelante; si no estaba embarazada, tendrían más cuidado de ahora en adelante.

- ¿Recuerdas nuestra primera cita oficial? – le preguntó Ron. Ella lo miró con las cejas levantadas.

Claro que la recordaba. Luego de la guerra y una vez que sus vidas volvieron a una normalidad más estandarizadas, Ron la invitó a comer y a ver una película muggle que ella quería ver hace tiempo. Sin embargo, la comida les cayó tan mal que tuvieron que devolverse a la Madriguera para que Molly Weasley pudiera curarlos.

- La recuerdo muy bien – murmuró ella, sonriendo.

- Bueno, no por eso. ¿Recuerdas lo que te dije luego de que mamá nos curara? – Hermione calló, pensativa, y luego negó con la cabeza – Te dije que lamentaba haber sido un tonto y haber esperado tanto para poder tenerte entre mis brazos. – Ella se sonrojó mientras Ron le besaba la mano.

- Valió la espera – le dijo ella.

Llegaron a un campo donde las luces formaban un corazón. Ambos guardaron silencio, dándose un momento para observar el paisaje. Ron notó que Hermione comenzó a temblar levemente. Él también estaba nervioso, por supuesto, pero lo había pensado mucho desde hace meses y tenía sentido. Su vida tenía sentido junto a ella. La morocha hacía sus días mejor. Aun cuando el trabajo los consumía y casi no podían verse, los pocos momentos que podían pasar juntos eran lo mejor. Por eso habían decidido irse a vivir juntos: porque al menos podían pasar las noches juntos. Y no se trataba del sexo que eran libres de hacer cuando les placiera; se trataba de poder hablarse luego de un día agotador y demostrarse que había amor en el mundo, el cual valía la pena conservar.

Había una manta en el suelo, y Ron le ayudó a sentarse ahí. Ella tenía los ojos muy abiertos, casi pareciera que no estaba respirando. Él se sentía satisfecho con ese gesto. No hacía falta esmerarse tanto para hacerle aquella pregunta, él lo sabía, sabía que ella diría que sí. Pero ella se merecía todo y lo mejor, y él trabajaría el resto de su vida por dárselo. Una vez que él se sentó junto a ella, movió la varita y aparecieron entre ellos fresas con chocolate y unas copas con champaña.

Hermione se sentía incapaz de hablar. Sentía que lloraría si lo intentara, y quería guardar su voz para responder el monosílabo adecuado cuando llegara el momento. Sentía los fuertes latidos en su pecho, pero nada arruinaría ese momento. Alzaron las copas, brindando por tantos años de esa compleja relación. Aunque Ron sabía que ambos estaban listos para la pregunta, él no quería apresurarse y disfrutar el momento.

Se quedaron allí sentados, ella recostada en su hombro, él abrazándola. Con la otra mano tanteó en su pantalón, pero no encontró la cajita que estaba buscando y su sonrisa se desdibujó.

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- ¿Qué está pasando aquí? – murmuró Draco. No estaba seguro si Potter le estaba proponiendo matrimonio a la Weasley y el solo pensarlo le incomodaba mucho. La pelirroja tampoco decía nada y el rubio estaba seguro que ella estaba pensando lo mismo.

- Es… es de Ron – dijo Luna. - ¡Harry! Tenemos que ir a dejársela.

- ¿Ron? – dijo Ginny, la decepción en su voz. Carraspeó. – Momento, ¿Ron le va a pedir matrimonio a Hermione?

- No sin esto – dijo Luna. Zarandeó a Harry, poniéndose en pie.

El chico parecía no reaccionar. Se sentía un tonto. ¿En qué momento se le había podido olvidar devolverle eso a Ron? Tendría que apresurarse, antes de que el pelirrojo hiciera la pregunta. Él también se puso en pie y comenzó a buscar la capa invisible en su canguro.

- Vamos – le dijo a Luna.

Ambos salieron de la tienda de campaña sin mirar a Draco ni Ginny, que todavía parecían no reaccionar a lo que estaba pasando.

- Tenemos que ser muy silenciosos, no podemos arruinarles este momento – murmuraba Luna. Se pusieron la capa y sus pantorrillas quedaron expuestas. Ambos bajaron la mirada, sintiendo el aire en la zona. Se volvieron a ver a los ojos. – Yo te llevo. – Harry hizo una mueca. – O… o yo me quedo y vas tú.

Algo en su tono de voz le dio a entender a Harry que ella realmente quería ir. Sin decir nada, le ofreció su espalda y emprendieron el camino. Fue un tanto incómodo, porque Harry tenía que ir muy encorvado para que la capa los cubriera, y Luna iba casi acostada en su espalda aferrándose a él con un brazo alrededor de su cuello.

- Ahí están… ya los veo… Luna, esto es lo que vamos a hacer…

- ¿Harry?… Llegamos tarde

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Ron trató de fingir que no se le había olvidado lo más importante. Le decía a Hermione lo mucho que la amaba, la besaba y le recordaba momentos de su relación. Estaba tratando de maquinar algo, tal vez murmurar algo "accio anillo" …pero entonces mataría el momento. Se maldijo por un segundo. Y a Harry. Maldito, Harry.

- ¿Amor? – dijo de pronto Hermione. Lo dijo suave y Ron notó que se había estado aguantando las ganas de hablar desde hace rato. – No te pongas tenso...

Como había dicho, no hacía falta esmerarse para hacer la pregunta, pero cómo hacer la pregunta sin el anillo. La miró a los ojos. Ella lo miraba con amor, lo miraba diciéndole que estaba lista, diciendo que era el momento. Se pusieron uno frente al otro.

Ron tomó aire: era el momento. Con o sin anillo, ambos se merecían esto.

- Mione, como dije antes…En nuestra primera cita pude admitir lo tonto que había sido por esperar tanto. Me lamento no haber iniciado nuestra relación desde antes. Y es que… todo el tiempo contigo ha sido maravilloso. Poniendo de lado lo increíble que me haces sentir, son las ganas de hacerte sentir maravillosa lo que me tiene aquí frente a ti. – ella no aguantó más y dejó las lágrimas correr por su cara. – Quiero esforzarme por darte todo lo que te mereces. Quiero pasar el resto de mi vida contigo, porque eres lo mejor que me pasó en la vida y no quiero desperdiciar más tiempo. Hermione, ¿te casarías conmigo?

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Ocultos bajo la capa de invisibilidad, Harry y Luna fueron incapaces de decir o hacer algo. Se quedaron en silencio viendo como Hermione susurraba un "¡Sí!" antes de tirarle los brazos alrededor del cuello al pelirrojo y abrazarlo. Harry sintió que Luna lo estaba abrazando, no solo aferrándose a él. El ojiverde sonrió y le dio unas palmaditas a la rubia. Esta sacó la caja con el anillo de la capa de invisibilidad y con la varita la llevó flotando a unos centímetros de la pareja, la caja se abrió y permaneció flotando a centímetros de la espalda de Hermione.

Ron vio la caja y la tomó en su mano derecha. Ni siquiera trató de observar a los alrededores, buscando a la persona responsable, porque nada de eso importaba. Separó a Hermione un poco y puso el anillo entre ellos. Ella no dejaba de llorar; una vez que él le colocó el anillo, ella tomó la cara de él entre sus manos y lo besó.

Harry y Luna dieron media vuelta y comenzaron a devolverse hacia la tienda. Una vez que estuvieron en la entrada, se quitaron la capa, pero Luna no se bajó. Harry percibió que estaba llorando. Probablemente no quería que la viera. Él le acariciaba el antebrazo. Luna se limpió las lágrimas y se bajó. Harry se dio media vuelta y le frotó la mejilla. La gente se comprometía todos los días, pero ver a dos de sus amigos darse tanto amor era algo inexplicable.

- El amor es la maravilla más especial de todas, ¿no crees?

- Es lo más poderoso. – acordó Harry.

Ambos entraron en la tienda y Ginny los atacó con preguntas, a las que ellos respondieron alegres. Draco sonrió de medio lado al ver a la rubia tan contenta.

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Entrada la noche, Harry y Ginny se fueron a su habitación y cerraron las cortinas. Habían estado tan melosos en los últimos minutos que Draco y Luna prefirieron ir afuera de la tienda, en caso de que la pareja no fuera exactamente a dormir. Ella no dejaba de sonreír. Se sentaron en el suelo, disfrutando de la noche fría. Él se sentó cerca, sin querer admitirlo, no quería estar lejos de ella.

- ¿No te hace feliz, Draco? – Él la miró sin entender. – El amor.

- Pero es entre ellos, ¿yo que tengo que ver?

- Pues nada directamente, supongo. Pero existe. El amor existe y eso me hace feliz.

Luna colocó los brazos encima de sus rodillas y se volteó para ver al rubio. Este parecía estar pensando mucho lo que ella acababa de decir. Ella se sentía intoxicada en felicidad. Le parecía increíble que dos personas se amaran tanto para jurarse estar juntos el resto de sus vidas. Y estaba feliz por ellos, además.

¿- Te has…? ¿Has amado alguna vez?

- Sí, muchísimas veces – respondió ella y Draco levantó mucho las cejas. – Amé a mi mamá y a mi papá. Amo a mis amigos. Amo muchas cosas, Draco.

- No… pero… ¿Has amado como… ellos dos se aman?

Luna no había dejado de ver al rubio. Dejó de sonreír, pensando en una respuesta. Draco parecía incómodo, como si estuviese deseando no haber preguntado. Se frotaba los brazos, tratando de no sentir el frío. Ella se le acercó un poco, pero él no pareció notarlo. Luna recordó, de pronto, tenerlo en su cama y poder observarlo. Se ruborizó un poco.

- Supongo que no… Creo que, para llegar a ese nivel de amor, se necesita alguien que devuelva el sentimiento. ¿Tú…? – el aire se escapó de su cuerpo y no pudo continuar. No estaba segura de querer saber. Tal vez eso había sentido el rubio al preguntarle a ella. Tal vez no. Tal vez… De pronto recordó haberlo visto en Hogwarts en diferentes ocasiones con diferentes mujeres. Tragó saliva.

- No. – respondió el secamente. Miró a Luna y le sonrió amargamente: - "Los Malfoy no tienen tiempo para esas tonterías".

Él comenzó a mirar el cielo. Podían observar demasiadas estrellas. No había rastro de la luna, pero la noche era bastante hermosa. Luna tocó el hombro de él con el índice y le dio unos golpecitos, para llamar su atención. Él asintió, pero no la miró.

- Si no tienes tiempo, tal vez… No, estoy segura que llegará una persona que detenga el tiempo para ti.

Guardaron silencio por un gran rato. Disfrutaban estar uno a la par del otro, no solo porque eran la fuente de calor del otro, sino porque el silencio no era incómodo. Luna no quería mirarlo, sin embargo, había algo en sus ojos que la hacían sentir un tanto débil. Estaba tan feliz por sus amigos que sentía que las paredes que la protegían estaban fallando, se sentía vulnerable. No le disgustaba, pero se sentía intranquila. Estaba segura que Draco no haría nada para lastimarla en ese momento; pero era esa confianza en él lo que la inquietaba más.

Draco suspiró. ¿En qué estaría pensando Lovegood? La chica llevaba mucho rato en silencio y eso lo estaba volviendo loco. Quería saber qué pasaba por la mente de ella. Se sentía muy a gusto con ella, pero tanta comodidad le molestaba. ¿Qué tenía ella para que él reaccionara así? ¿Qué pasaría con ella si se acercara más a él? Quería asegurarse que ella seguiría siendo el increíble ser que era: soñador, inocente y puro. Se regañó a sí mismo por pensar de esa manera y, al mismo tiempo, se maldijo por haber sido participe de su tortura mientras estuvo en la Mansión Malfoy. Estaba harto de pertenecer a esa familia.

Ella dijo que había amado a sus padres. Él no entendía mucho eso. Él respetaba a su papá y le tenía cariño por haberle dado todos sus caprichos. Pero cada uno de esos caprichos se los había cobrado en su adolescencia y Draco no estaba seguro ahora de querer a su padre. Su mamá, por otra parte, muchas veces lo mimaba de más. Eso le gustaba a él, que alguien hiciera más de la cuenta por mantenerlo feliz. Pero su mamá demandaba lo mismo de otros y su padre nunca le dejó ser ese tipo de hijo. Ella quería que él estuviese siempre con ella; en especial ahora que su padre seguía en Azkaban. Su madre le rogaba constantemente para que hiciera algo con el fin de sacar a su padre de la prisión mágica. Nunca podría confesarle que él no tenía intención de que eso pasara.

Por otra parte, todavía había conflictos sin solucionar, por supuesto, como el hecho de que su cuerpo parecía rechazar cualquier acción de amabilidad o gratitud; pero en una semana se iría de esa casa de playa y comenzaría una nueva vida. Estaba listo para demostrarse que era capaz de llevar la vida que quería. De pronto se sintió emocionado por la idea de vivir solo y fuera de la sombra de sus padres. Sonrió. Entonces se dio cuenta que Lovegood lo estaba mirando.

- ¿Dijiste algo? – preguntó, un tanto desorientado. Ella negó con la cabeza, sonreía, pero no disimulaba que lo miraba. Él no sabía porque sonreía ella, pero él no quería hacer más que sonreír en ese momento y ella parecía ser la compañía adecuada para sonreírse así.

Ella lo miraba fascinada. Ese día había empezado un tanto extraño, pero todo estaba mejorando. El hecho de que él decidiera dar el paso y atreverse a pasar el día con personas que antes repudiaba significó mucho para ella. Le encantaba que las personas dieran chance a cambiar de veces en cuando. La vida era muy corta para experimentar las mismas cosas todo el tiempo. En especial aquellas que envenenaban el alma. Luna bostezó y recostó la cabeza en el hombro de él.

Draco se quedó estático, no quiso moverse para evitar incomodarla. Él tenía frío, la ropa que andaban (que era la misma que habían sudado todo el día) estaba hecha para que la persona que la usara se sintiera fresca; pero en un clima como ese lo que provocaba era frío. Sin embargo, no pudo evitar los escalofríos que sentía a causa del viento. Luna sonrió, ella también comenzaba a sentir frío. Lo mejor sería ir adentro, de por si comenzaba a sentirse cansada por todo el esfuerzo físico que había hecho. Levantó la cabeza, le iba a dar un beso en la mejilla a Malfoy antes de ponerse en pie. Pero él la estaba viendo…

Durante un segundo, sus labios estuvieron unidos. Ambos abrieron los ojos gracias a la sorpresa. Se separaron rápidamente. Luna se pasó la lengua por los labios y Draco dirigió la vista a ellos. Ella se dio cuenta y miró los de él. Ambos se ruborizaron y miraron en direcciones opuestas. Malfoy carraspeó. Ella se puso en pie mascullando cosas.

- …A la cama – murmuró Luna, tan avergonzada que ni cuenta se dio que la primera parte de su oración se perdió. El rubio se volteó tan veloz que sintió que su cuello se tensaba.

- ¿Q-qué? – soltó él, apenas audible. Fue casi un susurró del viento. Tragó saliva, sin poder creer lo que acababa de ir. Ella se dio cuenta de lo que, en realidad, había dicho. Él se pasaba la mano por la nuca, tratando de calmar el dolor.

- Yo. Yo me voy a mi cama. – dijo lentamente. – Bu-buenas noches. – añadió y entró en la tienda.

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Durante el desayuno, Harry y Ginny seguían bastante melosos. Estaban tan empalagosos que no habían notado que los rubios ni se miraban. Estos últimos habían dormido bastante mal. Luna daba vueltas en su cama, inquieta. Cada vez que recordaba el roce de labios sentía la sangre irse a su cara. Mientras que, en la sala de estar, Draco se había quedado en el sillón con los ojos abiertos, esperando a que las horas pasaran. Escuchaba a la rubia moverse y se preguntaba si estaba dormida. Tal vez ella estaba pensando lo mismo que él. Tal vez ninguno podía borrar ese momento de sus mentes.

Ron y Hermione entraron mientras ellos recogían los platos. Ginny se abalanzó sobre ellos. La pareja no quiso contar mucho, tan solo anunció que estaban comprometidos. La felicidad que inundaba a Luna ayer en la noche había desaparecido. Estaba feliz, por supuesto, pero luego de felicitarlos con un abrazo, no tocó el tema. Draco se limitó a decir "Felicidades", antes de salir de la tienda. La rubia pensó en ir detrás de él para ver qué le sucedía, pero decidió que era mejor permanecer lejos de él hasta entender por qué le afectaba tanto lo que sucedía con Draco. Ellos miraron a Luna, sin entender por qué no había salido con él.

Decidieron que lo mejor sería empezar el viaje hacia la casa. Draco y Luna iban de últimos nuevamente, ambos mirando el suelo. Ninguno podía entender siquiera por qué tenían tanta pena. Draco tenía una idea… Pero si esa idea era verdadera y él sí había querido besarla de verdad, ¿por qué ella también sentía vergüenza? ¿Será que ella también quería besarlo? Luna, por su parte, sentía que se había expuesto mucho frente al chico y eso la incomodaba. Él no entendería a menos que ella se lo dijera, pero ese roce de labios fue más intenso que los besos que había dado en la fiesta. Eso le daba pena. ¿Cómo era posible? Ella no dejaba de pasarse la lengua por los labios, y cada vez que lo hacía echaba miradas furtivas al rubio.

Cuando llegaron al inicio del camino. Draco se despidió y comenzó a caminar en dirección a la casa de sus padres. El resto miró a Luna, mientras se despedían del rubio con la mano, dado que no reaccionó.

Al llegar a la casa, Ginny y Hermione corrieron a los baños, listas para ducharse. Harry dijo que se le antojaba nadar un poco, y se fue al mar. El pelirrojo pasó a la cocina, dispuesto a buscar algo de comer. Luna se iba a sentar en la sala de estar, pero vio que había una pequeña lechuza negra en el sillón del frente. Debajo suyo, un sobre escarlata. Tomó el sobre mientras se dirigía a la cocina para buscar agua y algo de comer para la lechuza. Pero al leer el destinatario se quedó helada.

"Consultorio médico del Dr. Ferninand Higgins

Especializado en estudios obstétricos en brujas.

Resultados de Hermione Jane Granger"

- ¡Oh! ¡Ronald! ¡Ronald! – chilló Luna. El pelirrojo entró en la sala de estar corriendo, traía lo que parecía ser un pedazo de pan en la boca. Sus ojos estaban bastante abiertos, claramente asustado por los gritos de la rubia. Ella le dio la carta, con los ojos muy abiertos.

Tomó el sobre, perdiendo color en su rostro. Claramente estaba tentado a abrirlo, pero no lo hizo. Luna lo miraba, expectante. Tan solo anoche se habían comprometido y ya hoy debían enfrentar una batalla muy fuerte. Le ayudó a sentarse una vez que se dio cuenta que él no reaccionaba. Le quitó el pan de la boca y acarició su brazo, mostrándole su apoyo. El pelirrojo tenía la mirada perdida. Ella corrió a la cocina y le llevó un vaso con agua, que él bebió en pocos segundos. Oyeron una puerta abrir y cerrarse en el piso superior. Ron miró a la rubia, se puso en pie y ella lo abrazó.

Se quedaron así por un momento. Él temblaba levemente, y se aferraba a ella. Aunque se moría por abrir ese sobre y matar su angustia, existía la posibilidad de ser padre a la que no podría huir más. Le reconfortaba la presencia de la chica, pero debía enfrentar aquello con su, ahora, comprometida. Sabía que cuando Luna lo soltara, habría llegado el momento de encarar la situación. Ella le dio unas palmaditas en la espalda y se separó lentamente. Sin decir una palabra, le abrió el paso hacia las escaleras.

Ron entró en la habitación. Hermione estaba de espaldas a él, escogiendo la ropa que se colocaría. Parecía tranquila y feliz después del baño. El viaje cerro abajo no había sido más sencillo que la subida, por lo que ella debía estar muy cansada. Ron pudo ver el anillo en su mano y suspiró.

- ¿Mione? – Ella se volvió, sonriendo al verlo. De pronto la cara del chico le preocupó. Se acercó y antes de que pudiera decir algo, él le enseñó el sobre. - ¿Lo vemos juntos?

Hermione miró el sobre y luego a su novio. Se mordió el labio y tomó el pequeño sobre rojizo. Negó con la cabeza y se sentó en el borde de la cama. El chico permaneció donde estaba. Aunque podía tratarse de su futura hija o hijo, debía respetar que en ese momento se trataba más del cuerpo de ella que otra cosa. La morocha abrió el sobre, temblando, y sacó las dos hojas que estaban dentro. Comenzó a leer, por un segundo se le formó una sonrisa en el rostro (el corazón de Ron dio un vuelco), pero esta desapareció inmediatamente. Ella comenzó a llorar y se tapó la boca con la mano izquierda. Una vez que hubo terminado, dejó el papel de lado y miró a su novio.

Lentamente, él se acercó a la cama y se sentó a la par de ella. La abrazó, todavía sin entender que pasaba. Luego de unos minutos de silencio, él murmuró:

- ¿Estamos embarazados? – Notó que ella tenía los ojos cerrados, no había dejado de llorar en todo este tiempo. Tomó aire y negó con la cabeza. Él le dio un beso en la frente, pensando en que necesitaba consolarla. Ella sí quería tener hijos y esta era la manera en la que él se enteraba. Pero ella exhaló lentamente antes de decir aquello que rompería el corazón del pelirrojo:

- Estuvimos.